Capítulo 2: El encuentro los Black
En la habitación de séptimo de Gryffindor, tres muchachos dormían profundamente, mientras un ojimiel planeaba como despertarlos. Se acercó a su compañero regordete, el cual soñaba con montones de comida, y lo zarandeó lo suficiente como para que sus diminutos ojos se entreabrieran y despertara. Sonrió satisfecho, uno menos. Se acercó a un moreno, quien estaba enredado entre las sábanas y, cuyas extremidades, colgaban a los lados de la cama. Volvió a sonreír, pero esta vez con malicia, le apuntó con la varita y susurró aguamenti. Momentos después, el ojigris estaba dando saltos arriba de la cama por el agua fría que le había caído en la cara. Bufó molesto.
- Hay formas mejores de despertarme, Lunático...- Sentándose nuevamente en la cama y bostezando.
- Bien sabes que es difícil despertarte.- Riendo divertido.- Pero peor es James, con él me doy por vencido.- Tomó un toallón, ropa limpia, y su varita.- Despiértalo tu, siempre lo consigues.- Metiéndose en el baño y cerrando con llave desde adentro, ya que sus amigos le habían jugado una buena treta en su segundo año allí.
-------FLASH BACK-------
Un niño de unos aproximados doce años, se despertaba para el primer día de clases de su segundo año. Bostezando, se levantó pesadamente de su cama a despertar a sus amigos, como cada mañana. Empezó por Peter, Sirius y por último James, para ese entonces aún no dormía tan profundamente. A los últimos dos, decidió despertarlos juntos mediante el hechizo rictusempra, consiguiendo que ambos morochos despertaran a las risotadas.
- Jaja... Remus... jaja... ¿Quieres... jaja... parar... jaja... esto... jaja... YA?... Jajajajaja.- Riendo sin parar el ojigris.
- No puedo... jajajaja... es muy divertido verlos así.- El joven licántropo se hallaba echado en el suelo, sosteniendo su estómago a causa de las risa que tenía.
- ¡Para... jaja... esto... jaja... YA... jaja... Lupin! jajaja.- Le espetó lo más furioso que pudo James, sin poder alcanzar sus gafas para poder mirar bien.
- Ya, de acuerdo. No tenían que llamarme por mi apellido.- Molesto, movió nuevamente su varita y sus amigos dejaron de reír.- Iré a ducharme, me divirtieron un rato amigos, gracias.- Les sonrió traviesamente y se metió al baño a ducharse.
Sirius y James se miraron con complicidad, bajo la mirada temerosa de Peter. Los dos amigos sonrieron perversamente y se cambiaron rápidamente, mientras tenían una conversación en voz baja.
- ¿Estas pensando lo mismo que yo James?- Terminando de acomodarse su corbata.
- Desde luego que si, mi querido amigo.- Se volteó a mirar a Peter con cara de santo.- Ve yendo al comedor, nosotros tenemos que ir a buscar unos libros que nos olvidamos en la biblioteca ayer.
Aquella era obviamente una mentira. ¿Quién se creería que ellos irían a la biblioteca alguna vez en su vida a estudiar? Si iban era para molestar a Snape, y nada más. Sin embargo, Peter creyó aquello y salió de la habitación. Dejando a los morochos solos. Entraron sigilosamente al baño, mientras el castaño se duchaba, tomaron sus prendas, absolutamente todas, y su varita. Guardaron todo en el armario, y lo cerraron mediante magia, al igual que los baúles y los otros armarios. Rieron satisfechos y salieron de la habitación.
-------FIN DEL FLASH BACK-------
- Nunca me olvidaré la cara que tenía Remus aquel día, estaba colorado como un tomate.- Reía Sirius, también recordando el hecho. Se volteó a mirar a Potter.- A ver... ¿Cómo te despertaré el día de hoy?-Haciendo como que pensaba.- Ah si, como más me gusta hacerlo.- Se bajó de su cama, se acercó a la de su amigo, y le dijo al oído.- Oye James... Evans esta muerta contigo, te esta esperando abajo para pedirte una cita.
El moreno se despertó de un salto de la cama, tomó sus gafas y se vistió rápidamente con el uniforme. Cuando estaba tomando el picaporte de la puerta, escuchó las risas de sus otros compañeros de cuarto, incluido Remus que había salido de bañarse. Los miró enfadado. Una vez más le habían jugado la misma treta.
- ¿No se cansan de hacerme eso?- Bufando molesto.
- La verdad que no, Jamsie.- Diciendo empalagosamente el apodo.- Si vieras tu cara... ¡Cada vez me divierte más!.- Hecho a reír nuevamente Sirius.
- No me hace gracia, Black.- Dijo secamente, aunque cambió su actitud enseguida. No podía pelear con su hermano del alma.- Venga ya, vamos a desayunar que me muero de hambre.
- Yo te sigo mi buen amigo.- Dijo Sirius siguiendo a James.
- ¿Cuándo no tienen hambre ustedes dos?- Dijo rodando los ojos el licántropo que salía seguido por Peter.
Los cuatro amigos se encontraron en el Gran Salón a desayunar, no había mucha gente, ya que tan sólo faltaban quince minutos para la primera clase y, generalmente, todos se levantaban cinco minutos antes de éstas. Se sentaron plácidamente en la mesa y se dispusieron a tomar su desayuno como de costumbre. El único que lo tomaba ligero era Remus, dado que sus otros tres amigos siempre comían de todo.
- No puedo comprender cómo es que pueden comer tanto, y estar en plena forma...- Comentó entre divertido y serio.
- Pasa que Canuto y yo somos deportistas, mi querido Lunático. Todo lo que comemos, lo volvemos a desgastar.- Contestó feliz, James.
- Esta bien, ni modo...-Terminando de beber su café y leyendo El Profeta, sobre nuevos ataques a los hijos de muggles.
- ¿Ue nemos ora, emus?- Preguntó con la boca llena, Sirius.
- Déjame que me fije en el horario.- Comprendiendo a la perfección lo que había dicho su amigo, siete años juntos valían la pena.- Tenemos dos horas de herbología, una de Defensa contra las Artes oscuras, una de Transformaciones, el almuerzo, un recreo y dos horas interminables, y seguidas, de Pociones con los Slytherins.- Echándole un vistazo al horario que compartían, puesto que él tomaba algunas clases extra-curriculares y sus amigos no.
- Herbología¿con quién tenemos?.- Preguntó Peter, una vez que había acabado con su comida.
- Pues como siempre Colagusano, Herbología tenemos con...- Comenzó a contestar con auto-suficiencia el ojigris, pero tuvo que cortar sus palabras, puesto que una bella joven, había entrado al comedor y se sentaba en la mesa de Beauxbatons.
- Oye Canuto... ¿Me oyes, Canuto?- Le hablaba James, como si fuera a una pared..- ¡SIRIUS ORION BLACK, ESCÚCHANOS!.- Perdiendo la paciencia, gritando y dándole un golpe en la cabeza, consiguiendo, por fin, que saliera del ensimismamiento.
- Ouch, eso dolió Cornamenta. ¿Qué sucede?.- Acariciándose la cabeza, en la parte golpeada.
- Nada Sirius, se nos esta haciendo tarde para ir a clases con los Hufflepuff.
Los cuatro amigos se levantaron de la mesa, y caminaron hacia el hall. Había especialmente uno que no quitaba la vista de la mesa de los franceses, y sonreía para sí mismo. Caminaron por los terrenos de Hogwarts, hasta llegar al invernadero. Para suerte de James, Lily Evans se hallaba allí charlando animadamente con unas amigas. Cuando el moreno pasó al lado de ella y le guiñó un ojo, todas, excepto la pelirroja, suspiraron ante los encantos del Merodeador. La profesora Sprout llegó y anotó la clase de aquel día, hablarían de las Alihotsys.
En las tediosas clases de aquel día, donde en DCAO leyeron la teoría del hechizo relashio, cómo camuflarse en el ambiente en Transformaciones, y los doce usos de la sangre de dragón en Pociones. Aquella clase hubiera sido totalmente aburrida, si no hubieran molestado a Snape y no habrían conseguido que le quitasen puntos el primer día. Al finalizar las clases, James y Sirius se separaron de sus amigos, ya que Peter tenía que encontrarse con 'alguien' y Remus debía a ir a la biblioteca.
- Oye Sirius, dime¿entrarás al Torneo?- Preguntó James mientras que subían por las escaleras al primer piso, y notando como varios alumnos subían corriendo al tercer piso, lugar dónde se hallaba el cáliz de fuego.
- No lo se, James. El dinero y la gloria me vendrían bien, ya sabes...-Rascándose la cabeza desganado.- ¿Tu?
- Pues tal vez si, tal vez no. A mi no me importa ni el dinero, ni la gloria... Si entro es para ganarme el corazón de MI pelirroja.- Mirando hacia arriba y viendo como la susodicha subía las escaleras con gracia y elegancia, a la vista del Merodeador.
- ¿Le echamos un vistazo?
- A Lily no te acercás.-Poniéndose colorado de furia.
- No a Evans, estúpido.- Riendo.- Al cáliz, esta en el próximo piso...
- Esta bien, no estaría nada mal.
Los dos amigos subieron al tercer piso y entraron al aula vacía dónde se hallaba el objeto tan preciado. Había un gran tumulto de gente, varios chicos que vitoreaba a aquellos que metiesen su nombre en aquel cáliz. Los amigos se miraron sonrientes, y se sentaron en un banco muy cerca de allí a observar a quienes podrían ser los próximos campeones. Entre la gran marea de gente, Sirius divisó a la chica de aquella mañana. Ahora de cerca, la podía observar mejor. Tenía cabello azul y unos bonitos ojos violetas. 'Metamorfomaga', pensó el ojigris. El joven la miró embelesado, mientras su amigo hacía lo mismo, pero mirando a una ojiverde que, por raro que pareciera, estaba por echar su nombre al fuego, junto aquella francesa.
- Esta decidido, entraré.- Dijeron ambos morenos y sonrieron abiertamente, tenían una razón más para querer competir: estar junto a ellas.
Escribieron sus nombres en un pergamino, se acercaron al cáliz, pendientes de mirar las expresiones de las chicas, quienes les estaban indiferentes, y arrojaron los papeles allí. Estaba hecho, tenían la posibilidad de competir. Salieron del aula contentos y, a la vez, temerosos. Si salían como el campeón de Hogwarts¿qué peligrosas pruebas les esperarían? Tragaron en seco y se miraron preocupados. Sin embargo, ya no había vuelta atrás. Sólo les quedaba que la suerte estuviese de su lado y no salieran en el sorteo.
Una pelirroja caminaba contenta y despreocupada por los pasillos de la institución. Llevaba su mochila colgada al hombro, e iba con paso apresurado. Ingresó, como siempre, a la biblioteca y se dirigió hacia el fondo, dónde, normalmente, se sentaba a estudiar tranquila. Vio de espaldas a un chico de pelo castaño claro y se le acercó por detrás, abrazándolo sonriente. Éste se dio vuelta, mirándola nervioso con sus ojos color miel. La ojiverde le tranquilizó con la mirada.
-¿Y…?
-Anda, quédate tranquilo que ya esta hecho.
-Oh. ¿En serio?.-Se levantó y abrazó a la joven.- Muchas gracias, Lily.
-No fue nada Remus, por ti cualquier cosa. Eres el único de esos animales que es decente.- Espetó las últimas palabras venenosamente.
-¡Hey! Que son mis amigos.- Ofendido.
-Por eso dije que eras el único. Tú no te pareces a ellos.- Intentado rectificarse.- Tu no andas hechizando a cualquiera que se te cruce, sin razones algunas.- Refiriéndose a James.
-Eso es lo que tu crees.- Dijo en vos casi inaudible.
-¿Qué dijiste?
-Nada, nada, olvídalo.- Riendo nervioso.- Oye, dime¿había alguien ahí?
-¿Aparte de tus pesados amigos Black y Potter?
-¿Ellos estaban?
-Pues claro que si. Cuando vieron que una chica de Beauxbatons y yo, agregamos dos pergaminos con nuestros nombres, en mi caso supuestamente, ellos hicieron lo mismo con el suyo
-Era sabido. Me imaginé que ellos intentarían entrar.
-¿Es por ello que no pusiste tu nombre tu mismo?
-Exacto. Se supone que yo soy el que no corre riesgos, el tranquilo, el que no le interesan aquellas cosas ni los deportes.- Se quedó callado y pensativo.- ¿Qué dirían si saliera yo como campeón?
-¿El engreído de Potter y la bestia de Black?- Preguntó la ojiverde, a lo cuál, el licántropo asintió.- Supongo que si realmente son tus amigos, no se enojarían ni nada, sino que te apoyarían.- Suspiró.
-Gracias nuevamente, Lily.- Le besó la mejilla sonriente.- ¿Estudiamos?.- Propuso finalmente. Ambos, compartían las mismas materias optativas, cómo ser Runas Antiguas. Mientras los chicos se sentaban, el estómago del castaño rugió fuertemente.
-Creo yo que tienes hambre.- Riendo divertida.
-Crees bien.- Uniéndose a las risas.
-Toma Remus, ya me he acostumbrado a estudiar contigo.- La pelirroja sacó una tableta de chocolate de su bolso y se la entregó al ojimiel, quién la aceptó con cara de niño bueno.
-¡Eres genial!- Con voz infantil, al momento en que mordía un pedazo y sacaban los materiales para estudiar.
Las semanas seguían corriendo y nadie, excepto Lily Evans, sabía del pergamino de Remus en el cáliz de fuego. Los cuatro amigos acababan de terminar la última clase de, aquella última semana de septiembre, del día viernes. A pesar de que era primavera, aún se podía sentir el calor que iba dejando el verano. Los Merodeadores salieron a caminar por los terrenos de Hogwarts. Se sentaron bajo un árbol, frente al Lago Negro, y cada cual optó por hacer lo que más les gustaba hacer aquellos días. James se dedicaba a jugar con su pequeña snitch, Remus leía aún el libro de "Hocico peludo, corazón humano", Peter dormía bajo la sombra, y Sirius observaba a quién se podía ligar. Por fin el joven Black encontrón la presa de aquella tarde, una joven de Durmstrang que se encontraba caminando por allí. Tenía el pelo de color rubio y unos bellos ojos celestes. Se acercó a ella con paso elegante.
-Hola, dulzura.- Le susurró al oído, haciendo que la rubia voltease.
-Hola¿quién erres tu?- Preguntó la Durmstrang
-Oh, pero que descortés he sido. Mi nombre es Sirius Black, un gusto.- Besándole el dorso de la mano.- ¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombrre es Dagmarr Verrick, también es un gusto conocerrte.- Intentado seguir caminando, acción que es bloqueada por el Merodeador empedernido.
-¿Por qué te marchas tan rápido?- Poniéndose delante de ella con su típica sonrisa seductora.
- Porrque deseo irr a entrrenarr a su campo de Quidditch…
-¿Juegas Quidditch?- Intentando entablar conversación, raro en Sirius "el Grande" Black.
-¡Porr supuesto que si!- Con un tono de voz que pudo sonar indignado.
-¿De que juegas?- Acercándola con él.
-Juego de buscadorra…
-Se nota que eres buscadora, porque me haz encontrado.- Le plantó un beso. La búlgara, a quien no le había gustado para nada aquella acción, lo separó y lo encantó con relaskio, haciendo que el ojigris cayera en el lago.
-No te vuelvas a acercar Black.- Le espetó furiosa la ojiazul.
Sirius nadó hacia la orilla del lago. Divisó una sombra que se acercaba hacia él, y salió rápidamente del agua cubierto de algas. La sombra que veía era el calamar gigante que estaba saliendo a la superficie, por la molestia que le había causado el Merodeador. Sus otros amigos se quedaron petrificados al verlo parado frente a ellos de aquella manera, y no pudieron contener la risa que tanto exasperaba al moreno. Pero una risa, que también se le era familiar, se juntaba a la de los Gryffindors. Una melena negra y grasienta se acercaba al joven Black, a su lado, caminaba otro muchacho. El primero tenía melena grasienta color negro, nariz aguileña y unos fríos ojos negros, iba vestido con una túnica de Slytherin. El segundo, también vestido con la túnica verde, era un joven de quinto año, con cabellos castaños oscuros y ojos grises. Sirius al ver al último, empalideció.
-Vaya, vaya¿a quién tenemos aquí?.- Hablando el primero.- Creo ver a Black cubierto por algas y temeroso del calamar gigante.
-Vaya hermano, creo que esta es la primera chica que te rechaza, sin contar las chicas de mi casa.- Ridiculizó el segundo.
-Cállate Regulus, esto no es de tu incumbencia.- Le espetó ferozmente el Black mayor.- Y tu menos, Lloricus.- Apuntándolo con la varita, mientras los otros dos hacían lo mismo.
-Pobre Blackie, se le ha arruinado su precioso cabello con el agua.- Continuó Snape.
-Para tu información, el cabello se lava con agua, Quejicus.- Dijo James dando su presencia.- Pero dudo que sepas lo que es ello, sino el tuyo no estaría tan mal.- Apuntando al ojinegro.
-¡Potter, vete de aquí!- Intervino el menor de los Black, apuntándolo.
-Para nada, Reg. James no se va, iba a ser injusto dos contra uno.- Dirigiendo su varita a su hermano.- Aunque pude haber acabado contigo más rápido de lo que puedes pronunciar Queerditch.
-¿Con que Black necesita la ayuda de Potter en un duelo contra dos Slytherins?- Burlándose Severus.
-Ninguno de los dos necesitaría ayuda para enfrentarse a dos serpientes.- Contestó indiferente James.- Tu eres el que necesitaba ayuda. ¿Al pobre Quejicus no le bastó con lo que el bueno de Jamsie y Sirius le hicieron hace dos años?
-¡No me llames Quejicus!- Espetó en un grito, mientras les lanzaba un hechizo.
-¡Protego!- Conjuró el ojigris mayor, haciendo que el hechizo rebote.
Los cuatro alumnos comenzaron un duelo en pleno patio de Hogwarts. Varios curiosos, incluyendo los de las escuelas visitantes, se habían acercado, rodeando a los cuatro chicos, para ver como peleaban. Los hechizos y encantamientos, iban y venían. Luego de un fuerte hechizo lanzado por Snape, y repelido por James, el primero quedó fuera de combate, mientras el segundo se iba junto a Remus y Peter para intentar curarse las heridas provocadas. Sirius y Regulus no paraban, tenían la misma sangre en las venas, los que los hacía tercos. Entre ellos era sabido, aquello no terminaba hasta que alguno yaciese en el firme pasto, o llegasen los profesores. Hacía bastante que venían posponiendo aquel duelo, ya que eran menores de edad, o el pequeño de los Black no se animaba a enfrentar a su hermano mayor.
-Hasta que por fin te decides a enfrentarme.- Comentaba Sirius, tras esquivar un petrificus totalus.
-Hasta que por fin encuentras dónde vivir. Papá y mamá están más que felices desde el día en que te fuiste por la puerta de casa. Hasta Kreacher es feliz con ello.- Mientras recibía un fuerte impacto encantamiento en el pecho.
-Si sabía que les iba a dar una alegría, hubiera aguantado un tiempo más.- Volviendo a la guardia y esperando el movimiento de su hermano.- Al menos, no tengo que ser una vil, rastrera y apestosa serpiente como todos en la familia, excepto, claro, Andrómeda… ¡Uhg!- Regulus le había enviado un hechizo no verbal, bombarda, que por suerte no era muy potente, sino Sirius ya estaría muerto.
Ambos continuaron su duelo, cada vez más curiosos se acercaban, y más querían entrar sus amigos a ayudarlos, cosa que él impedía. Rato después, a penas podían mantenerse en pie. Tenían toda la ropa rasgada, y varios cortes leves y profundos. Tenían magulladuras en la cara y brazos. Con su mayor esfuerzo, se pudieron erguir. Aquel iba a ser el último hechizo, quien lo lanzara primero ganaría. Pero¿qué es lo que ganarían? Sólo ellos, como hermanos lo sabían. Se apuntaron ambos al pecho y se quedaron en silencio un rato.
-¡Sectusempra!- Gritaron ambos al unísono
Ambos hermanos permanecieron inmóviles unos momentos, se quedaron allí parados mirándose. Se sonrieron y cayeron de espaldas al piso. Tenían un corte muy grande en el pecho y habían perdido la conciencia. James y Peter tomaron a Sirius de los brazos y lo arrastraron hacia la enfermería, mientras que Remus, se llevaba el cuerpo de Regulus. Ambos Black entraron a la enfermería con heridas profundas y peligrosas. Madame Pomfey regaño a los tres Merodeadores por no haberlos parados y haberlos llevado allí hacía rato. Los amigos se marcharon a la sala común sin más nada que hacer, bastante preocupados por Sirius, y aunque fuese poco posible, por Regulus también.
