Capítulo 2. Él también rompió su promesa.
John parecía no ser el mismo de antes, ya no lo buscaba por las tardes, ya ni siquiera le enviaba mensajes entre clases, más bien, ya nunca le enviaba mensajes.
Sherlock trató de que eso no le afectara. Siempre los evitaba, siempre que podía. Aunque había ocasiones en las que no podía escapar. Los observó besándose recargados en el casillero de Mary.
Sherlock se quedó ahí, con sus libros en la mano. Los miraba, y Mar, ella sabía que los miraba, besaba aún con más fibra al rubio, y lo abrazaba con pertenencia, como si creyera que Sherlock se lo robaría en cuanto tuviera la intención. Cualquiera que los observara besarse de esa manera pensaría que eran la pareja perfecta.
Sherlock no podía decir si era real o no, no quería saberlo, por lo que pasaba junto a ellos, con el rostro desprovisto de cualquier emoción, mientras se movía a su próxima clase.
No quería mirar hacia atrás, realmente, pero justo antes de doblar en la esquina, se permitió mirar superficialmente sobre su hombro. John le devolvió la mirada de forma intensa.
Sherlock se detuvo, con el pie en el aire y la boca abierta.
Mary se separó de John para buscar algo en su casillero y John seguía mirándolo. Mary estaba hablando, pero era obvio que el rubio no estaba escuchando, él y Sherlock siguieron mirándose de forma muy extraña.
A Sherlock se le olvidó a dónde iba, y donde estaba y como se llamaba.
Sherlock recordó esa noche de viernes.
¿Olvidarlo? No podía. Él y el rubio que estaba en ese momento mirándolo fijamente, habían tenido sexo y por primera vez desde que ocurrió, estaba consciente de que fue real y no había sido producto de su imaginación.
Retuvo la respiración, intentó volver, y luego se dio cuenta de que Mary estaba mirándolos y se apresuró a desaparecer por la esquina.
Se estaba poniendo ridículo. Ahora ni siquiera podía sentarse en él almuerzo con John, a pesar de que sus otros amigos se sentaban allí también.
No quería ver a John ser feliz, o pretender ser feliz, o lo que sea que estuviera haciendo.
Él no quería ser parte de eso. Él sólo quería olvidarlo, tal como prometió. Se sentó en el salón de clase con la mente amortiguada y sus ojos huyeron por la ventana.
John no estaba ahí, se sentía agradecido y angustiado al mismo tiempo. Era una estupidez.
John lo buscaba, antes, para ser amigos, buenos amigos. John maldecía y se quejaba de que todos pensaran que ambos tenían algo más que amistad. Sherlock se reía de él y no prestaba atención.
No había señales ocultas o mensajes mixtos o cualquier cosa que le diera a Sherlock la idea de que John quería tener algo con él, o que le gustaba más que como un amigo. Sherlock estaba bastante seguro de que nunca había pensado en John de esa forma.
Claro, él tenía celos de Mary, a veces, pero sólo porque ella tenía que pasar mucho más tiempo con John, y ella lo trataba a veces como una basura, pero Sherlock no quería a John de esa forma.
Bueno, luego tuvieron sexo y las cosas cambiaron. Por un lado, estaba su virginidad, que se fue al demonio esa noche, y ahora no sabía dónde estaba su cabeza. Era como si John hubiera cortado una pieza de él cuando se fue, dejándolo solo en la cama por la mañana.
Sonó la campana y Sherlock fue a dejar sus libros al casillero. Los chicos gritaban a medida que salían en fila de las puertas.
Sherlock estaba buscando las llaves en su mochila, cuando sintió el roce de una mano en su hombro. Se volvió, tan sorprendido por el rubio que estaba a su lado, que su tarea y sus libros salieron volando y terminaron en el suelo.
Las cejas de John estaban arriba, las manos levantando la palma hacia adelante.
—Lo siento.—John trató de reír, pero la risa fue hueca.
Sherlock reaccionó, agachándose para recoger sus cosas, y en el camino, la parte superior de su cabeza chocó contra la puerta abierta de su casillero. Se quejó, tocando su cabeza con ternura mientras se inclinaba en contra del casillero, apretando sus cosas en la mano.
— ¿Sherlock, estás bien?— La mano de John se extendió hacia su cabeza y lo acarició ligeramente, antes de congelar el gesto y retirar su mano como si el contacto con Sherlock le hubiera hecho algún daño.
Sherlock apretó sus libros en el pecho, con las mejillas ardiendo. Luego se dio la vuelta al casillero.
Sherlock quería estar loco, trató de estar loco, por lo que hizo su cara de irritación, mientras empujaba sus libros dentro del casillero. Poner cara de enojo y de pocos amigos, era muy natural en él, por lo que debía ser fácil. Sin embargo, fue bastante seguro que su gesto de reproche estaba reflejando más daño que ira
—Sí, estoy bien—Respondió a la anterior pregunta del rubio.
La parte racional de su cerebro estaba diciéndole que se marchara de inmediato, mientras lo que quedaba de su comprensión le envió pulsos dolorosos a través del pecho, como si estuviera buscando el pedazo que le faltaba en alguna parte dentro de los ojos de John.
Sherlock soltó un resoplido—Bueno, adiós—dijo dándose media vuelta.
—Espera— Había una mano en su codo, tirando de él hacia atrás.
Sherlock miró fijamente los ojos de John con el ceño fruncido, antes de mirar a los dedos alrededor de su brazo.
— ¿Qué quieres?— Sherlock trató de hacer que su voz sonara fría y fastidiada, pero sólo fue un susurro, un gemido lastimado, sin nada detrás.
Sus ojos delataron sentimientos heridos, su corazón golpeteó y su estómago se volvió un hueco vacío. Inclinó la cabeza cuando John lo jaló más de cerca..
—Mira, sé que dijimos que íbamos a….olvidar lo que pasó.— Las palabras de John apretaron el cerebro de Sherlock.
Oh Dios, ¿John estaba rompiendo la promesa?
Sherlock lo miró alucinado, mirando alrededor del pasillo. Los demás chicos ni siquiera los miraban. John no dejó de apretar su brazo con suavidad. Sherlock nunca había deseado que Morstan apareciera antes, pero él quería desesperadamente que lo hiciera en ese momento. Que apareciera y retirara a John de su lado, porque lo estaba matando.
—Pero no puedo, no puedo dejar de pensar, Sherlock…
La cara de Sherlock reflejó pánico extremo. Tragó, la saliva trató de deslizarse por las paredes repentinamente secas de su garganta.
No era como si pudiera huir, una parte de él estaba muy contenta de que John no pudiera dejar de pensar en él, en ellos dos juntos. Lo hizo sentir de pronto completo.
—Yo tampoco— respondió sin querer
— ¿En serio?— La cara del rubio contenía una amplia sonrisa.
El moreno asintió con la cabeza, ofreciendo un atisbo de sonrisa y luego de unos segundos agitó su cabeza para volver a la realidad.
—Bueno, deberíamos ir… a mi casa, ¿está bien?
Una alerta se encendió en su cabeza, en algún lugar, gritándole que debía correr, que eso no era correcto.
Él lo sabía. Él sabía lo que John estaba pidiendo.
Tal vez si Sherlock hubiera tenido algo de sentido común hubiera dicho no, y tal vez si hubiera tenido antes alguna experiencia con las relaciones, se hubiera negado. Tal vez si no se sintiera de esa forma respecto a su amigo, lo mandaría la mierda. Pero él no tenía ninguna de esas cosas, y John lo hipnotizaba de alguna manera, así que Sherlock asintió, sin decir nada.
Sherlock subió con John a su auto y todo el camino fue silencio.
Su corazón se aceleró y estaba agarrando su mochila con tanta fuerza que sus nudillos se blanquearon. John ni siquiera encendió la radio, sólo condujo, tan firmemente como podía.
—Mira, Sherlock…sé que esto está mal, ¿de acuerdo?
Sherlock se quedó en silencio, sus ojos perdidos estaban mirando a través del parabrisas. Apretó los dientes. Y dejó escapar un sonoro respirar a través de sus labios.
Llegaron al estacionamiento de la casa del rubio. John suspiro mientras se estacionaba y apagó el motor del vehículo, salió aprisa y abrió la puerta de la casa. Sherlock abandonó el coche, y entró en la casa, siguiendo a John hasta su habitación en el segundo piso.
Él había estado ahí cientos de veces desde que conoció a John, pero de repente la habitación era diferente y extraña. Sherlock entró con torpeza y caminó hasta el centro de la habitación. John cerró la puerta detrás de él. Y el sonido del giro de las llaves pareció excesivamente fuerte.
Sherlock no sabía qué hacer con sus manos, por lo que les permitió pasar el rato a su lado.
John se dio la vuelta, mirándolo con duda.
—Esto va a ser sólo por diversión, ¿de acuerdo? Quiero decir, tú eres... eres, yo…nosotros sólo somos amigos.
Sherlock intentó sonreír pero no pudo y John ni siquiera se dio cuenta.
Quiso decir algo sobre Mary, pero estaba demasiado distraído por el repentinamente cercano cuerpo de John, que tomó pasos lentos hacia él, hasta que su espalda se encontró con la pared.
Las manos del rubio se situaron a ambos lados de él, manteniéndolo allí. Sus ojos se clavaron sobre sus labios y su cadera fue en marcha adelante hacia el cuerpo de Sherlock.
Todas las preocupaciones del moreno se apagaron cuando los labios de John se posaron sobre los suyos, suaves y cálidos, al igual que lo fue en su dormitorio, hace más de un mes.
Sherlock se derritió y con sus manos se aferró a la espalda de John, tiró de él, atrayéndolo más cerca.
John dejó escapar un suspiro y sus manos se deslizaron por la camisa de Sherlock, hasta llegar al final, estrujó la cadera de su amigo atrayéndolo más hacia su cuerpo. Sherlock se hundió contra él, entre sus brazos, entregándose totalmente.
Trató de recordar lo que había de malo en ello, pero con John tan cerca, era como si tuviera una especie de amnesia y no sólo no recordaba, no quería hacerlo, porque así se sentía mucho mejor.
John luchó por conseguir que la camisa de Sherlock saliera del juego, y luego la suya cayó al piso, su pecho desnudo chocó con el pecho de Sherlock, quien se quejó de los labios en su cuello, que estaban chupando suavemente su piel pálida.
Sherlock enterró sus dedos en el cabello de John, lloriqueando sin sentido. John besó el camino hacia abajo sobre el torso temblorosa de su amigo, y la mente de Sherlock se puso felizmente en blanco.
No había daño ahí, no había castigo, sólo los labios de John y sus dedos en la cinturilla de los pantalones vaqueros. El botón cedió voluntariamente. La cremallera descendió, los calzoncillos se engancharon sobre sus tobillos y la respiración del rubio resbaló sobre su erección, en una forma en la que sólo podía ser comparada con la tortura.
Podía sentir en su cuello lesiones dolorosas donde John lo mordisqueo, pero el dolor se desvaneció cuando la boca húmeda y caliente de John engulló su miembro con lentitud.
Sherlock sólo pudo sostenerse con una mano en la pared y la otra enredada en el cabello rubio que se movía lentamente entre sus piernas.
Sus caderas estaban temblando, fue un milagro que pudiera estar de pie.
Las manos de John en se clavaron en sus muslos, y antes de que se diera cuenta, Sherlock estaba agarrando un puñado de cabello rubio, instándolo a ir más rápido, moviendo sus caderas para llegar más profundo, y lo que John hacía, estaba haciendo su visión borrosa.
Sherlock prácticamente gritó, en un gemido, tratando de advertir al rubio que estaba de rodillas frente a él, que estaba a punto de llegar, pero no pudo hablar, no pudo manejar más que un ruido inentendible.
— Ah…Nhg…¡Jo-hn!
John deslizó sus labios sobre su erección por última vez, mientras el líquido caliente chocaba contra su garganta. Después lo miró sonriéndole. Sherlock respiró agitado y se hundió en la pared que lo sostenía, las piernas le fallaron y el rubio apenas alcanzó a tomarlo de la cintura.
—La cama — susurró en su oído de forma sugerente
