2
Desde King's Cross
Caminó algo lento unos cuantos pasos atrás mío, pero escuché como se quejaba y no podía estar mucho tiempo en pie.
Gritó mi nombre lo suficiente para que yo la escuchara, pero era muy tarde pues yo ya estaba ahí, temiendo que lo de su tobillo fuera algo grave. La sujeté por la cintura antes de que cayera al suelo, y sin querer nuestros rostros quedaron lo suficiente cerca para poder mirar más allá de sus ojos, donde me reflejaba yo, unas cuantas lágrimas y un brillo precioso… Eso era lo que yo buscaba que pasara desde antes de la batalla, donde me juró que me volvería a ver, con un "Nos vemos luego", había tomado su posición, siempre junto a mí, siempre, desde siempre y para siempre. Yo nunca, nunca lo noté. Ése fue mi gran error.
-Disculpa… disculpa –le dije apenado apartándome de ella, no sin soltarla -¿Estás bien?
-No, nunca lo he estado Harry. –Me dijo y mientras yo me incorporaba, con ella, me volvió a abrazar mientras yo miraba como Ron y el resto de los Weasley se acercaba para ver si estábamos bien. –Pensé que serías más valiente… pero ya es tarde para eso, ¿no crees? Ahora puedes irte, ve con Ginny ella te está esperando en la tienda porque está herida. Te ama, ve.
-No, –le dije evitando llorar –si tú no estás bien no me voy a ir. Eres todo para mí… mi mejor amiga, mi…
-¡Tu mejor amiga! –Repuso mientras me apartaba enojada -¡Solo eso soy Harry, tu mejor amiga! Nunca me viste… como, –su respiración se aceleró- como a alguien más, solo estaba para ayudarte, y hablar contigo pero nada más, por eso fuiste novio de Ginny, por eso yo me alejé de ti, no quería sufrir Harry… no.
-Mi mejor amiga, mi vida –le dije para un suspiro profundo por parte de ella y para volver a esa sonrisa hermosa que tanto deseaba… Esos labios que pronto se abrieron para preguntarme algo:
-¿Qué quieres decir?
-Pensé que eras inteligente Hermione, –le dije bromeando. Yo estaba emocionado, tenía que decirle lo que sentía, era mi gran oportunidad, no podía perderla… Los Weasley estaban ya cerca y por lo que pude ver, estaban al tanto de lo que ocurría por que la señora Weasley tenía las manos en la boca y miraba a Ron y luego a nosotros dos. –Yo t-te…
-¿Qué? ¡No digas mentiras Harry! ¡Estoy harta de esas!
-No son mentiras, te amo Hermione. Te quiero con todas mis fuerzas, con todo mi corazón. –Sonaba algo extraño lo que decía pero en realidad era lo que tenía y sentía que debía decir. –No me importan Ginny ni mucho menos Cho, para mi existes tu y nadie más, mi fuerza para acabar con Voldemort, ¿sabes quien fue?
Ella negó con la cabeza, pero claramente sabía la respuesta pues no espero ni un minuto para mirarme a los ojos y analizarme con sus ojos miel, tan hermosos. No tardó mucho y luego sonrió emocionada, se puso las manos en la cara para evitar las lágrimas y volvió a verme segundos después…
-Tú. –Un grito ahogado salió de su garganta. Con el tobillo fracturado y con su túnica rasgada y molida acortó rápidamente los pasos que se había alejado, se abalanzó contra mí y por poco ambos caemos al suelo. Mi cabeza ya no dolía pues estaba a punto de mandar a mi cuerpo el impulso más esperado: "Bésala"
Obedecí. La bese, el primer beso ahora sé, de muchos otros. Sus labios eran suaves y deliciosos, sabían… a fresas, ahora estaban correspondiendo mi beso, el cuál tanto ella como yo habíamos esperado desde que nos conocimos. Ella estaba temblando, yo la tomaba de la cintura y la atraía más a mi… fue el mejor momento de mi vida y con éste recuerdo, fui capaz de crear mis mejores patronus… Sus labios se separaron de los míos.
-Yo también te amo Harry… ¡Te amo!
Juntamos nuestras frentes y luego nos unimos en otro y otro delicioso beso, bajo el aplauso de cientos de personas que se habían dado cuenta de lo nuestro mucho antes que nosotros mismos.
Fred y George se nos acercaron, junto con Ron y más tarde llegaron los demás. Hasta Ginny que una vez pareció odiar a Hermione estaba calmada, no feliz porque no la vi tan contenta pero estaba calmada y aplaudiendo también como los otros. Los señores Weasley nos miraban sonrientes, Ron por su parte había apartado a Hermione y me había felicitado, pero como nunca faltaba su humor me dijo:
-Cuídala bien Harry, o yo mismo te rompo la cara.
-Lo haré –le dije recibiendo su abrazo para luego acercarme a Hermione, que estaba con los gemelos.
-Si hermano… lo sé. –Me dijo Ron acercándose conmigo hasta donde sus hermanos gritaban victoriosos que por fin algo bueno había ocurrido.
- ¡Ya era tiempo Harry! No tuviste que esperar tanto.-Me dijo Fred frunciendo el entrecejo.
-Me debes veinte knutts Fred, te lo dije terminarían juntos. –Le dijo su gemelo para risas de todos los presentes.
Ahora sé que no todo en la vida está escrito, y que lo único que necesitaba para vencer a Voldemort, no era estar solo como pensé una vez que decía la profecía, sino estar junto a ella, junto a mi Hermione, quien meses después de la batalla accedió a casarse conmigo y que sellamos ese compromiso con un hermoso anillo de diamantes que según ella dijo eran "lágrimas de tierra", que solo encontraban ese tipo de piedras en los volcanes. Yo reí y le dije que lo había conseguido ahí, cosa por la que luego también sonrió y me dijo que también había hablado con el enano. Me sentí un idiota, pero ahora ambos reímos sobre eso.
Y yo estoy aquí, recordando el mejor momento de toda mi vida, en la estación de King's Cross, junto con Ron y Lavander, quienes nos habíamos encontrado ahí.
-Ya está lista Harry, despídete de ella. –Me dijo la voz de Hermione, de la mujer más hermosa de todo el mundo, la cual estaba de pie junto a mí sosteniendo la mano de nuestra hija, nuestra segunda hija: Jane.
-Adiós papi. -Me dijo la pequeña de ojos esmeralda y cabello castaño, era la imagen viva de su madre, con todos sus gestos, sus ideas brillantes, una cosa la diferenciaba, le encantaba el Quidditch.
-Te cuidas hija, mucho, ¿sí?
-Claro, para eso tengo a Sirius, ¿no? –Me dijo señalando a su hermano, el cuál era dos años mayor que ella y ahora iba para su tercer curso en Hogwarts, en esos momentos le estaba entregando una lechuza gris al hombre de los equipajes y subía al tren con su mejor amigo y una chica quien me hizo recordar a nosotros tres, Ron, Hermione y yo, el "Trío Dorado". Los tres eran de Gryffindor.
-Tienes razón. –Le dije, y miré a Hermione para que mirara a su hijo mayor y se despidiera con la mano. Sirius es de pelo azabache, algo que sacó de mí, y unos ojos negros con un brillo igual a los de su madre. –Ahora ve que no vas a encontrar asiento. Adiós.
Jane subió al tren junto con el hijo menor de Ron, que tenía su misma edad, se llamaba Tomas y era de cabello rubio y ojos azules, la combinación perfecta, según decía su orgulloso padre, luego subió Emma, la segunda hija de Ron y Lavander, la cual estaba en segundo año y se parecía mucho a Ginny, pues tenía sus mismos ojos y cabello.
Desaparecieron de nuestras miradas, los cuatro chicos, pues el tren había partido. Pronto Hermione me alcanzó pues yo me había ido caminando hasta ya no ver más la mano de Sirius salir de la ventana.
-¿Viste a los chicos que estaban con él?
-Claro, terminarán como nosotros. -Le dije y la besé, entre el tumulto de gente que se movía a nuestro alrededor nos quedamos ahí, agradeciendo a Dios por haber cruzado nuestros caminos… Solo por un estúpido sapo de nuestro amigo Neville…
