El lodo le llegaba hasta las rodillas y el hecho de dar un paso en aquel maloliente cenagal ya se podia considerar toda una proeza. Un breve vistazo a su alrededor le bastó a Misaiko para comprobar que se encontraba rodeada de las criaturas que localmente eran conocidas como grhus. Antiguos guerreros que lucharon contra el abismo, caidos y deformados hasta convertirse en demonios. El pensamiento de acabar como uno de ellos le helaba la sangre. Pero estaba decidida y su pulso era firme, ya habia pasado por cosas peores o eso quería creer. En sus años como mercenaria, aquellos días en los que deambulaba de una ciudad a otra pasando por todos los territorios en busca de alguna guerra en la que empeñar sus servicios. Ahora añoraba aquellos días aunque habían sido duros y añoraba su tierra, sentimientos que le hacían enfadarse consigo misma:
"¿Acaso no llevaron el dolor y sufrimiento a nuestra tierra esas interminables guerras?"
"¿Acaso no fue esa misma tierra la que una vez acabadas las guerras nos tacharon de asesinos y nos obligaron a desertar?"
Y cuanto daño habia causado ella durante aquellos días sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos. Pero este viaje era distinto, llegado el momento expiaría sus pecados y limpiaría el honor de su familia. Lo único que debía hacer era librar al mundo del autoproclamado adalid de la ceniza y para ello estaba dispuesta a pasar cuanto fuera necesario.
El rugido del grhu la alertó justo en el momento en el que dos de estos seres se abalanzaban sobre ella. Se maldijo a si misma por haber llamado la atención y por haberse distraido lo suficiente como para no haber visto venir a las criaturas. Sus reflejos le salvaron del primero que fallo un zarpazo que iba directo a su cara, no tardó en desenvainar y y con un agil movimiento de muñeca y un giro se colocó a la derecha de la bestia que ya se volvía hacia ella y le asesto un golpe seco decapitandolo en el acto. El segundo grhu caminaba erguido y portaba una rudimentaria lanza y un escudo de madera, le había dado la espalda para acabar con su compañero y cuando se dió la vuelta Misaiko comprobó que ya se encontraba bastante cerca. Su enemigo lanzó un golpe recto en dirección a su abdomen, pero no le resultó dificil pararlo y contraatacar y con un certero golpe partió por la mitad al monstruo.
Terminado el combate pudo observar de cerca a estas horrendas criaturas, tenían rasgos que recordaban a una cabra, sin embargo aún se podían intuir una forma humana en estos seres, aunque ya corrompida y deformada. Mirándolos de cerca le dió por preguntarse a cuantas personas habrían asesinado, no más que ella, pero mientras cruzaba la cienaga había podido cruzarse con unos cuantos imprudentes guerreros que se habían adentrado y que fueron tan insensatos como para intentar pelear contra los demonios; Sus cadáveres junto con los monstruos que habían atacado a Misaiko ahora contribuían a que la atmosfera de aquel lugar fuese más tóxica y opresiva. Por primera vez desde que llegó a Lotrhic se preguntaba que había ocurrido en aquel lugar para que ahora se encontrase en ese estado. Ahora más que nunca añoraba su tierra y estaba más cansada que antes. Se encontraba en un cementerio en el que algunos de sus muertos aún podían moverse y eran peligrosos.
Llevaba ya varios días caminando o al menos eso le parecía, los arboles eran tan grandes que apenas dejaban pasar la luz de ese sol constante y debil que brillaba en aquella tierra, y todo parecía igual, no encontraba una dirección clara que seguir y pasara por donde pasara encontrba cuerpos de gente que también intentaron cruzar. Ahora simples recordatorios para ella de que el peligro al que se enfrentaba ya le había costado la vida a muchos otros. Un temblor en la tierra le hizo colocarse en guardia y de detrás de uno de lo arboles apareció un gigantesco ser con la forma de un reno que caminaba sobre dos patas y que en sus brazos blandía lo que parecía ser un arbol mientras rugía con una ferocidad aterradora, la sorpresa y el pavor inicial dejaron paso a un fuerte instinto de supervivencia y la guerrera pronto comenzó a huir con una energía que creía perdida desde hacía días. Corrió sin rumbo hasta darse cuenta de que había logrado despistar al terrible monstruo. Al pararse a descansar junto a unas rocas pudo sentir una ligera brisa y al levantar la mirada se percató del largo sendero que atravesaba unas enormes puertas de piedra y que la alejaban de aquella cienaga moribunda.
Mientras seguía el sendero pudo sentir un gran alivio y se lleno de ánimos y esperanza,lo peor ya había pasado. Siguió el largo sendero que parecía conducir a una iglésia o antiguo santuario, probablemente un lugar donde poder descansar. Un pequeño giro a la izquierda le revelaron la realidad, dos figuras negras, caballeros oscuros. Aquel largo sendero no era el final y aún no podría descansar, solo era una parte más del camino. Dió un largo suspiro y volvió a sacar su espada, tocaba seguir luchando.
