Disclaimer: Pokémon no me pertenece. Este fanfiction es por entretenimiento; sin ánimo de lucro ni la intención de ofender a nadie. Valoro y agradezco profundamente todo su apoyo, opiniones y comentarios; cada uno de ellos me ayuda a mejorar.
Con mucho cariño para Kya y Galita, verdaderas amigas además de ser las más fieles lectoras que cualquiera sería afortunado de tener.
Inspirado en canciones del drama coreano My Girl.
Porque extrañaba escribir.
Cuéntame un secreto.
No sabría explicarlo, pero creo que fue así desde un inicio, seguía yendo hacia él, aun sabiendo que eso me lastimaría.
Capítulo 1
Pero te recordaré en silencio.
Algunas veces quisiera pensar que no he cambiado en nada, que soy la misma implacable Misty Waterflower que una vez se escapó de casa proclamando que no regresaría hasta demostrar que era la mejor entrenadora de Pokémon acuáticos. Ésa que preferiría tener de enemigo al mundo entero antes de aceptar estar de acuerdo en algo en lo que no creía. Ésa que era tan impulsiva para hablar que no se detendría a reparar en las consecuencias.
Pero no lo soy. No soy nada de eso ya.
Cómo explicarlo, es como si la vida misma me hubiera obligado a quedarme en un lugar para hacerme cargo de algo que era mucho más grande que yo, y hubiera tenido que madurar según esas responsabilidades, hasta convertirme en alguien que piensa cuidadosamente en qué es lo que se espera de mí en todo preciso momento.
Fue algo tan gradual que no creo que nadie diría que he cambiado, y, por cierto, me parece mejor que no se enteren de que mi vida perfectamente estable y mi yo siempre correcto no era lo que tenía en mente para mi futuro.
Y, no es que me desagrade del todo. A veces lo que no se imaginaba puede convertirse en lo mejor que te pudo pasar en la vida, y en mi caso fue como encontrar una vocación distinta a la que creía tener; como si mi profesión me hubiera elegido a mí y no al revés.
¿Que si aún soy entrenadora de Pokémon acuáticos? Por supuesto. ¿Que si soy la mejor? Sí, de hecho, lo soy; bueno, algunas veces, cuando algún niño de diez años así lo declara.
Pero mi trabajo no es ser la mejor entrenadora de Pokémon acuáticos, sino saber dar enseñanzas de vida, o, al menos, algún consejo decente sobre cómo entrenar a sus Pokémon a cada niño que intente ganar una medalla en mi gimnasio.
Es lo que espera la Liga de mí, quiénes resultan ser mis jefes a los que no puedo contradecir sino buscar agradar y dialogar con ellos en el peor de los casos, porque la última palabra es la suya, no la mía.
Y, ellos no quieren que sea dura, ni que sea difícil ganar mi medalla; ellos esperan que sea una mentora acertada.
No me gusta admitirlo en voz alta, pero en cierto modo, hace tantos años atrás, cuando discutí con mis hermanas por regalarle la medalla del gimnasio a Ash, tenían razón.
La mayoría de las veces tendremos que otorgar medallas más a base de méritos implícitos que después de luchar contra novatos usando todo nuestro potencial y experiencia; me parece muy obvio ahora: los niños merecen la oportunidad de avanzar, en vez de hacerlos estancarse y probablemente renunciar a su sueño demasiado pronto.
Así que mi principal papel como líder de gimnasio es impulsarlos a continuar con su viaje, hasta superar todo obstáculo al que se puedan enfrentar en el camino.
Sin embargo, contrariamente a lo que predico, yo renuncié a mi viaje.
No me malentiendan, no me avergüenzo de ello; es cierto que amo mi nueva profesión (mis hermanas dicen que es porque soy naturalmente maternal y por eso los niños me escuchan) pero de vez en cuando me siento tan restringida, tan obligada a nunca salirme de las líneas finamente marcadas que echo en falta esa pieza de mí más libre y aventurera.
Ahora soy como alguien que a veces se siente sofocada, pero debe ocultarlo por el bien de los otros. Alguien que entre el ajetreo de la vida se quedó sin ningún amigo íntimo a quien pudiera confesarle que en ocasiones se siente sola en medio de muchas exigencias.
Y cuando me siento así extraño a Ash, y lo que él significaba en mi vida; mi amigo de infancia, mi primer compañero de viaje, el que nunca podía quedarse quieto y animaba todo a su alrededor, al que yo hubiera acompañado hasta el fin del mundo, pero hace años que me prometí por fin dejar de seguirlo.
En realidad, ésa fue una decisión profundamente difícil para mí, porque por fin dejar de seguirlo significa soltar cualquier vestigio del pasado y de mi infancia.
Por fin dejar de seguirlo significa aceptar que él ya no volteó para ver si yo estaba atrás suyo.
Dejar de seguirlo significa permitir que se aleje de mí.
Y, aun así, no lo he olvidado y no dejo de preguntarme si él sigue siendo el mismo por dentro como me parece ha de seguir siendo en apariencia. Si todavía cree en sus sueños con la misma intensidad como cuando éramos niños, si él algún día después de todo volverá para decirme que lo ha conseguido y que es el mejor maestro Pokémon de la historia. Si con su sonrisa satisfecha, de algún modo, me traerá de vuelta algo de lo que yo perdí, porque en algún punto compartir y formar parte de sus sueños se volvió más importante que incluso alcanzar los míos.
Y, mientras miro su imagen entre mis contactos telefónicos admito que en estos años sin hablar hay mucho que habría querido contarle, pero nuevamente hoy no me permito mandarle ningún mensaje.
Mantengo su número sólo por si acaso él decide llamarme alguna vez.
No, no se trata de orgullo ni mera terquedad. Tampoco tuvimos una pelea fuerte.
Simplemente estoy cansada, ¿saben?, de ser la única que parece importarle mantener nuestra amistad; de que cada vez que le envié un paquete con algún detalle mío, o que le llamé para preguntar cómo estaba, o si alguna vez me visitaría me hizo sentir como alguien que ruega, alguien que se está esforzando en demasía hasta el punto de sentirse acosadora.
Sí, fue algo de lo que hablamos muchas veces, pero después de discutirlo, siempre terminábamos en lo mismo: él me aseguraba que era su amiga y que sabía que podía contar él; me repetía lo mucho que me apreciaba y al instante me volvía a explicar lo ocupado que estaba y lo culpable que lo hacía sentir cuando le decía esas cosas.
¿Se supone que la amistad sea así de complicada?
En el fondo, ambos debemos saber que no, (aunque no me queda del todo claro lo que Ash piense), así que, por ahora, he aceptado la realidad, nuestras circunstancias, y lo dejo tranquilo para enfocarse en sus medallas y sus batallas, en sus Pokémon y en sus sueños; no soy más una distracción.
Pero, tengo un secreto que no le contaría a nadie: Ash fue la primera persona que genuinamente consideré mi amigo y aún me hace feliz cuando me entero que a él le va bien.
A veces creo que me he convertido en su fan número uno, animándolo desde lejos, creyendo firmemente en el día en el que por fin se alzará victorioso; ésa es mi manera de seguir siendo su amiga, la única forma que conozco de mantenerme fiel a nuestras promesas de amistad.
Y algún día cuando regrese le diré que siempre supe que lo lograría, comenzaremos nuestra historia de nuevo entonces.
"Disculpe por hacerla esperar." El dependiente de la tienda de suministros para acuarios llama mi atención. "Esta es la pieza que pidió."
Sonrío amablemente ocultando mi teléfono dentro de mi bolsillo, y regreso una vez más a mis obligaciones.
Mi tren de regreso a Celeste desde ciudad Carmín será hasta dentro de media hora, así que me permito caminar con calma por las calles viendo los escaparates de las tiendas; las bolsas que cargo en ambas manos no son realmente pesadas y no me molesta la espera.
El sol está a punto de ocultarse, y el mar a lo lejos brilla con un resplandor dorado. Es un día muy agradable pero también terriblemente ordinario; he hecho este viaje para surtirnos de alguna pieza o comprar algún material cientos de veces.
Entonces, ¿por qué me sentiré más nostálgica de lo normal hoy?
Suspiro sin saber exactamente la respuesta, y justo cuando me giro para seguir andando, la persona que sale de una de las tiendas básicamente me golpea en la cara con la puerta.
"¡Oye, fíjate antes de salir!" Le espeto molesta a la vez que me llevo una mano a mi ojo izquierdo que me palpita, haciendo que la bolsa que cargaba en ésta se deslice hasta mi codo.
"Hey, lo siento. ¿Estás bien?"
Su voz se me hace vagamente familiar, así que alzo el rostro para encontrarme justo delante de Gary Oak, y su nombre inmediatamente me trae malas impresiones.
No es tanto que lo conozca personalmente, porque más allá de algunas reuniones en Paleta y otros encuentros casuales no lo he tratado de cerca, pero a mí nunca se me olvidará el Gary grosero y mordaz que era de niño.
Será el nieto del más respetado profesor de la región de Kanto, pero la razón por la que tiene tantas seguidoras está más allá de mi entendimiento. Gary es altanero. Arrogante. Y viéndolo, de cerca, admito casi por instinto, que también es innegablemente atractivo.
Lo escucho aclararse la garganta.
"¿Estás aturdida por el golpe o te quedaste asombrada por mi inusual atractivo?" Me sonríe más jugando que altivo, y entonces, yo regreso al presente, haciendo a un lado su mano que parecía tener la intención de tocar mi ojo.
"Estoy bien. Sólo ten más cuidado."
Comienzo a caminar rápido esperando que él tome el sentido contrario, y siento cómo mi cara está algo sonrojada tras haber sido tan transparente en lo que pensaba (debo pasar demasiado tiempo con mis hermanas últimamente).
Lo escucho reír bajito como si le diera gracia mi actitud, y lamentablemente, al instante me alcanza y comienza a caminar junto a mí.
"Vas a tomar el tren de las 7:30, ¿no? Yo también."
No respondo nada y me limito a caminar.
"Por cierto, ¿sabes con quién hablé justo esta mañana?" Me dice después de un momento como si acabara de encontrar el mejor tema de conversación que hubiera podido ocurrírsele.
Disminuyo un poco mi velocidad, y lo miro con un gesto que está entre la que solía ser y la que soy, una mezcla de desde cuando somos amigos, y un silencio que le permite seguir hablando si así quiere.
"Tu viejo compañero de viaje, Ash. Ahora está en una de esas islas cuyo nombre ni siquiera se acuerda. Él nunca va a cambiar, ¿no crees?"
"No, al menos espero que no." Me sorprendo a mí misma respondiendo con genuina añoranza y Gary me mira como si acabara de descubrir un secreto mío, lo cual me hace sentir bastante incómoda.
"Él y tú eran unidos, ¿no?"
Y parece que un qué pasó se desprende de su mirada.
"Sí, lo éramos. Cuando éramos niños."
Hasta hace unos pocos años, agrego para mis adentros.
"Es triste cuando se debilitan las amistades. Yo he perdido varias."
Me dice como queriendo crear un vínculo entre nosotros y entonces lo miro con suspicacia.
Mi lado sensato siempre me ha dicho que no hay que confiar en quien una vez ya mostró ser un patán en muchos sentidos, qué importa si eso fue cuando era un chiquillo consentido de diez años y no un conmemorado investigador Pokémon de veinticinco. Puede que las personas maduremos, pero en esencia, ¿no todos terminamos volviendo a lo mismo? Para bien, si se nos inspira, para mal, si se nos tienta.
Me tomo unos segundos antes de responder.
"Realmente no me molesta mucho. Nos saludaríamos con gusto si nos viéramos. No creo que ninguno de los dos piense que perdimos nuestra amistad o algo así."
Siempre he negado lo mucho que sinceramente significa para mí Ash, y con el tiempo eso incluso se convirtió en un tratar con indiferencia nuestra antigua amistad. ¿Lo ven? No cambiamos por dentro, sólo nos ajustamos a la vida.
No sé por qué lo hago, pero tampoco veo por qué tendría que decirle mis verdaderos sentimientos a Gary.
Él me mira en silencio un momento como analizando mi respuesta, y me doy cuenta que eso debe ser algo que ha adquirido después de años en su profesión. Una obvia tendencia a analizar todo.
"Suenas como alguien muy práctica."
Me encojo de hombros, como si no supiera de otra forma de ser.
Él se ríe, aunque yo no veo el porqué.
"También suena a una obvia mentira."
Nos miramos un instante, y luego, sonrío cortésmente.
"La vida es así, Gary, no siempre se puede seguir por el mismo camino que tus amigos, pero una separación no significa que la amistad termine."
Ésa soy yo enseñando sobre la vida, sobre las inevitables despedidas en los viajes Pokémon.
Hemos llegado a la estación del tren y sin esperar una respuesta me dirijo a sentarme en una de las bancas; y de algún modo me sorprende cuando él no me sigue.
¿Por qué me siento un poco desilusionada?
Sonrío no intentando meditar mucho en esa incongruencia mía, porque después de todo, a todos nos gusta un poco de atención, aunque ésta sea de Gary Oak.
El sol está casi completamente oculto cuando el tren que me llevará de vuelta a casa por fin se pone en marcha.
Todo lo que quisiera es un rato tranquilo pero un grupo de mercaderes que abordaron a último momento pasa uno tras otro junto a mí disculpándose por rozarme con sus pertenencias, provocando un pequeño escándalo de voces dentro del vagón, y de repente, siento cómo algo frío presiona suavemente mi ojo izquierdo.
Cuando levanto la vista, me encuentro con un sonriente Gary, y lo que presiona mi ojo, resulta ser un helado de esos que venden en las tiendas de conveniencia.
"Toma; te ayudará a calmar el dolor."
Sujeto el helado sin saber si se refiere al golpe o al obvio dolor emocional que intento ocultar cada vez que hablo de Ash con alguien.
Él se sienta frente a mí sin comentar más, y quizás es porque realmente amo los helados, o porque su expresión es tan agradable, como si fuéramos amigos en lugar de apenas conocidos, pero me parece que Gary no es tan malo como creía.
Y sonriéndole por un instante, se me pasa por la mente, si no es precisamente así cómo se inicia una amistad.
Continuará…
Notas de la autora: Lamento muchísimo la demora, la verdad es que todo lo que tenía en mente para esta pequeña historia ha ido cambiando conforme la escribo (así que, no es una advertencia, pero esperen cualquier cosa) y creo que soy un caos (por no decir caso perdido).
Ahora bien, creo que ya me siento mucho más inspirada y estoy superando mi bloqueo de escritora (¡viva!).
Muchísimas gracias como siempre por leer hasta aquí.
