Nunca hicieron la expedición que llevaría a Eren a convertirse en titán para combatir a la titán hembra, mejor conocida como Annie. Lo único que se le ocurría a Levi que pudiera explicarlo, sería que tal vez Annie Leonheart nunca salió del Muro Sina; no buscó a Eren ni a la destrucción de la humanidad. Todo siguió su curso, lo que le permitió a la Tropa de reconocimiento dar pasos agigantados hacia el exterior. Hubo pequeñas expediciones, las cuales se situaban en torno al Muro Rose; era lo más parecido a una cuarentena de titanes que Levi pudiera imaginarse. Cuando hubo territorio seguro, finalmente Eren salió. Aquel titán de quince metros fue una ayuda fundamental para retomar el Muro María; varias estrategias de Armin Arlett ahorraron tiempo, recursos y vidas humanas. El enorme agujero que permitía el ingreso a los titanes se minimizó en un 70%.
La primera vez que Levi lo vio, montado sobre su caballo, le recordó a una fea cicatriz. Las reparaciones no eran refinadas ni elegantes, como las constucciones de las principales ciudades dentro de los otros dos muros, pero debían ser mucho más fuertes y resistentes en contra de titanes. La grieta que relucía aún después de las constantes reparaciones, era como un recordatorio de la inmensa herida que se formó no solo en la pared de piedra, sino en la vida de muchas personas.
Como era de esperar, para llegar a tales avances se tuvo que hacer grandes sacrificios.
La primera operación para hacer un perimetro seguro en el afuera se llevó a una gran cantidad de soldados. Erwin parecía reacio a tocar el tema. Sin embargo, había algo que Levi no pudo ignorar conforme recorría el reconquistado Muro María... habían muchos más reclutas de los que recordaba. Nunca aquella tropa tuvo tantos hombres y mujeres.
Viendo su mirada confusa, cuando se disponían a subir en el pequeño elevador hacia la cima de la última muralla, Petra sonrió.
— Se reclutaron cuando escucharon los planes que teníamos para este muro. —explicó con suavidad, llamando su atención. Levi la observó como si hubiese olvidado que estaba ahí, aunque desde que despertó en el campamento horas atrás, tenía una consciencia perfecta de su presencia.— Se suponía que era un secreto. El comandante Erwin no quería que la gente perdiera la esperanza después de la primera operación, que era por sí misma una de las partes más difíciles. Pero a alguien se le ocurrió hablar... —su sonrisa se volvió más cálida, lo que no pasó desapercibido por el pelinegro. Él levantó una ceja y, cuando ella notó que se había quedado callada de pronto, soltó una risa nerviosa.— Fue sorprendente la reacción de los graduados, quienes eligieron la Tropa de reconocimiento por encima de las otras dos. Incluso hubo quienes rechazaron la Policía militar para venir aquí. Todos querían formar parte de esto. Ver... el horizonte.
Justo cuando lo decía, la luz del atardecer bañó su rostro, convirtiendo sus ojos en brillantes piedras de ámbar. Recordó que algún día Erd y Auruo discutían sobre el nombre de Petra, debatiendo sobre su procedencia. Al final, Gunter les explicó que significaba "Piedra" en griego. Sí, era como ver una gema.
La tarde era fresca y la brisa mecía los cabellos de los soldados sobre el muro. Lentamente, Levi siguió la dirección de su mirada. El horizonte. Era algo que pocas veces había visto con tanta paz. Le dio un vuelco al corazón, como si la costumbre lo impulsara a mantener las manos sobre el equipo de maniobras. La joven a su lado pudo notarlo, y reprimiendo el impulso de tocarlo, sólo dijo:
— Capitán, estoy aquí.
Fueron las palabras indicadas para relajarle los músculos, aunque no de inmediato. Miró hacia sus propias manos.
— ¿Qué tan cerca estamos, Petra? —preguntó hacia su subordinada, quien comprendió a qué se refería. Los orbes ambarinos se volvieron rígidos y serios, aún con vista al exterior.
— Lo suficiente. —murmuró.— Aún nos falta mucho por avanzar. La humanidad no puede decir que ha ganado al fin sobre los titanes, pues nuestras vidas siguen dependiendo de estos muros. Sin embargo... —su voz bajó una octava.— Sin embargo, yo creo que la luz que se puede ver aquí, tan cerca del exterior, es la esperanza que todos los soldados necesitan. Creo que finalmente tenemos una oportunidad.
Levi dejó que el susurro del viento los acariciara unos minutos. Observar la magnitud de aquel avance, la forma en como el sol pintaba las interminables curvas de los árboles, las montañas y cada desnivel del suelo, era un espectáculo que incluso para una persona como él, resultaba difícil no impregnarse de emoción. Pero ya en alguna ocasión lo había dicho; las emociones eran para aquellos poétas afortunados dentro de las murallas. La belleza era un lujo al que ni él ni ningún otro capitán o comandante podían aspirar.
Cuando la muchacha pensó que la conversación había llegado a su fin, él hizo eco de sus pensamientos.
— Mirar esto es una distracción para mi. —confesó. Sí, sonaba a una confesión, a algo que no debería decir a nadie. Al tipo de secreto que sólo le confiaría a alguien como Petra. Ella lo observó fijamente.— Hay cosas que hacer.
La noche llegaría pronto y sería entonces el momento ideal para seguir con las reparaciones del muro. Su trabajo era, basicamente, el de un guardaespaldas activo. Los titanes rondaban esa zona como moscas cuando el sol estaba en lo más alto, pues aunque todos los constructores subían a la muralla a descansar, ellos parecían querer derrumbar sus grandes esfuerzos. Ahí es donde entraban ellos.
Mantener a las bestias a raya era quizás una de las peores tareas de un soldado, pero lo poco que faltaba para sellar completamente la puerta principal era motivación suficiente. Muchos morían, pero casi todos lo hacían con una sonrisa en el rostro.
Esa noche sería decisiva para la humanidad. Entre los cálculos de Armin, que había sido pedido exclusivamente por Hanji, existía la optimista posibilidad de terminar todo esa misma noche.
Por supuesto, aún estaba el asunto de los titanes que aguardaban en el interior, buscando inutilmente algún humano al cual devorar. Matarlos sería la exquisita venganza que todos los soldados esperaban, incluso los de altos rangos, si bien no lo decían en voz alta. No por ocio ni falta de tiempo, ni siquiera por pereza o irreflexión, muchos subían a la muralla cerca del creúsculo. Un vistazo al mundo interior y exterior era la motivación más satisfactoria de todas para continuar peleando, aún a costa de sus propias vidas. La existencia nunca fue tan dulce.
Levi no podía creer lo que sus ojos veían, lo que su cuerpo le indicaba que era verdad, pero su mente no podía procesar. Él venía de un sitio donde la desesperanza era pan de cada día, donde las lágrimas, los gritos y la decepción consumían poco a poco a la humanidad restante.
Quería tocarlo... todo ese glamur, toda la belleza. Quería romper las reglas y empezar a confiar.
¿Desde cuando un sueño complido podía doler tanto? Se negaba a creer que las cosas pudieran ser tan sencillas. Aunque el viento en la cara y el olor a pino le dijera que eso no era un sueño, las risas de sus compañeros al bromear, los cánticos de algunos borrachos y las fantasías susurradas en oídos amorosos le parecían irreales.
Y al final cayó la noche, y la promesa no dicha de un mejor futuro actuó como un revitalizante para los constructores y soldados, que trabajaron juntos para acabar por fin con esto.
El equipo de Levi lideraba a otros cuatro, hallandose del lado exterior del muro, donde los titanes eran mucho más impredecibles.
A diferencia de las expediciones ordinarias, ese era un trabajo en equipo colosal. Había muchas personas saltando de un lado a otros, pero tomando en cuenta la cantidad de titanes que seguían conscientes para devorarlos, era lo más indicado. Ni siquiera la falta de sol impidió que titanes anormales de quince metros comenzaran a correr hacia la reciente "cicatriz", como decidió llamarla el capitán de ojos grises.
En un despliegue de velocidad, precisión y fuerza, un solo salto bastó para impulsar a Levi y acabar con el gigante en espirales brillantes. Algunos novatos lo observaron con fascinación, mientras otros preferían centrar su atención en los aterradores titanes faltos de alguna extremidad; no faltaba aquel que se dejara consumir por el miedo y fallaba con su equipo de maniobras tridimensionales.
Petra, que estaba justo encima de la "cicatriz" y luchaba codo a codo con Erd, fue la primera en verlo. Un muchacho no mayor de dieciseis años pelirrojo y pecoso calculó mal su disparo con las ganzúas y a poco estuvo de caer en manos de un titán de doce metros. Sin embargo, ella fue más rápida y le cortó la mano a la bestia. El niño sufrió una mala caída en tierra firme, pero no se rompió nada.
Por otro lado, Petra no tuvo la misma suerte. A veces no se trataba de cuanta atención pusieran en el combate, a veces la inercia, la física misma, los deseos e intenciones (si es que tenían) de los titanes... todo figuraba una diferencia que marcaba la vida o la muerte.
En esa ocasión, la suerte quiso que Petra cayera en la mano restante del titán al que mutiló.
Erd gritó su nombre, Gunter y Auruo ni siquiera estaban cerca. Nadie parecía percatarse de la delicada situación que vivía la mujer, a la cual le zumbaban los oídos y la sangre en las manos atrapadas le latía dolorosamente. Que mal aliento tenían esas cosas. Que húmedas y calientes podían ser sus bocas. Que fuerza podían poseer en una sola mano. Que mirada vacía podían llegar a tener.
Sus ojos desorbitados se movieron en dirección a un pequeño destello plateado por encima de la monstruosa cabeza. La fuerza ejercida en torno a su cuerpo fue suficiente para provocarle el peor dolor de su vida. Unos segundos después era liberada y caía al suelo. La sangre que levitó fugáz en el aire, cayó a sus zapatos y los impregnó de vapor.
No podía moverse sin sentir un ardiente dolor que le calaba los huesos.
— ¡Petra! ¡Petra! —escuchó gritos a lo lejos, probablemente de Erd y Auruo. Debían tener serios problemas si no podían acercarse más.
La mirada de la joven se clavó en la bóveda estrellada que era el firmamento. Pensó en lo que acababa de ocurrir. Ciertamente no lo entendía. Por un instante, todo parecía ir muy bien. La felicidad, la esperanza, la victoria. Todo era ahora tan insipido como el vinagre. Pero debía estar contenta, se recriminó, porque su muerte no sería en vano. Incluso si otro titán la alzaba en vilo y la devoraba, el niño pecoso de antes podría vivir un día más para ver a la humanidad vitorear su nombre.
Pero la sombra que descendió junto a ella era casi tan pequeña como su propio cuerpo. Eclipsando la brillante manta de diamantes, el capitán Levi se inclinó hacia ella inspeccionando el daño. A simple vista, su expresión era la misma de siempre, pero a esa distancia y conociendolo como lo hacía, supo que algo era diferente.
Vio en él desesperación y tortura.
Estaba tan cansada que no pudo pensar más en eso. En su lugar, permitió que la agridulce anestesia de su cuerpo para con su mente la indugera en un profundo sueño. Necesitaba desesperadamente la inconsciencia, pues entonces no soportaría que nadie, ni siquiera Levi, la tocara.
¡Ay, mil gracias a todos los que me leen! No pensé que tuviera tantos lindos reviews en tan poco tiempo *-*
AR, GirlShifffer, Galeidi, Master Lady: Muchas gracias de leer, me alegra que les haya gustado. ¡No dejen de leer! Les prometo que se pondrá más interesante~
Valee: Ahm... no puedo dar spoiler, pero digamos que soy un poco mala con Levi. No puedo ponerle todo color de rosa xD
Maddie: Jajaja es posible que no entiendas muy bien hasta el tercer capítulo, pero al menos quedó en claro que Levi está igual de perdido que el lector(?) xD jaja. Espero impresionar a todos.
De nuevo gracias por leer. Ayer me quedé sin internet así que pude dejar de lado las distracciones y escribir el segundo capítulo.
