olaa bueno... estoy escribiendo rapido para que no se me vaya la idea. No se si les guste pero bueno ^^ reviews siempre son bien recibidos.
Odio decir que muchas noches después del baile en la casa de los Nott, soñé con sus ojos azules. Me levanté exaltado, por así decirlo, al terminar la pesadilla, porque, ¿qué otra cosa pudo ser? El soñar con Parkinson no me hacía bien, así que no era un sueño placentero… ergo debía ser una pesadilla.
No sé si estoy diciendo patrañas o si estoy diciendo la verdad… o tal vez maquillo la verdad para que luzca como quiero. No lo sé.
Despierto en mi departamento hoy, 29 de Junio del presente año. Nunca me importaron las fechas, pero hoy por ejemplo, es el día en que saldré por fin a las calles, sin tener que mandar a un elfo a hacer las cosas por mí. Hoy tendré que ir obligado al Ministerio a ver a mi padre, quién quiere que le haga un favor, como si eso fuese cierto.
Sé que es un plan de mi madre para que yo deje de ser un ermitaño sin sentido, sé que quiere que vuelva a socializar y sé que me vio bailando con Parkinson unos seis meses atrás. Sé que me vio porque unos días después del baile, me abrazó gustosa y me dijo que estaba orgullosa y contenta al saber que estaba reiniciando mi vida. Cuan decepcionada se veía cuando le dije que no pensaba cambiar.
Y ahora estoy aquí, en este 29 de junio, caminando hacia mi sala, que es un poco sencilla. No tiene nada de elegante porque bueno, me da flojera tener que arreglar y salir de compras no es de mi agrado. Claro que los muebles son caros pero… dudo que combinen o que hagan juego. Los elegí al azar y no me importó como se veían.
En el momento que lo pienso, se ve un poco mal. A veces despierto con ojo crítico y rajo acerca de mi departamento, lamentándome de que se vea tan mal, pero luego me olvido de lo que me molestaba. Así que no presto atención y me ahorro todas las frases como: "esto no debería estar aquí", "no combina con el resto", "mañana voy de compras y lo arreglo". Simplemente vivo la vida como venga. Sé que suena un poco vago pero… así soy en estos momentos de mi vida.
Estoy, (no se ofendan) prácticamente desnudo caminando hacia la ventana que da a la calle. Solo estoy usando mi bóxer de seda negro. Eso sí, me encanta comprarme ropa que combine y que sea ropa de marca. Me acerco más a la ventana y la abro, doy una bocanada de aire y hasta en un momento puedo encontrarle el sabor a la materia. Mi cabello rubio se desordena con el pasar del viento y observo que una joven desde el otro lado de la calle me está observando. Como les conté, estoy semidesnudo y mi tórax está a la vista del mundo. Si tan solo pudiera cobrar por cada mirada matadora que me lanzan mis vecinas…
No me hablo con ninguna, no me molesta el hecho de no tener amigos. Casi todas me han pedido alguna vez algo: "señor, ¿de casualidad tendrá una tasita de azúcar que me regale?", "me quedé afuera de mi casa y no traigo varita, ¿me ayuda?"
No se dan cuenta que las veo como tontas cuando me preguntan estupideces… simplemente las miro con desprecio y las ayudo, sin dirigirles la palabra y parece que a ellas les complace eso.
No entiendo a las mujeres. Por ejemplo Parkinson, ella era feliz siempre que yo era feliz… no me lo decía pero estaba casi seguro que cada vez que yo sonreía ella también lo hacía. No le importaba que yo la trate como basura, no importaba cuantas veces nos dábamos gritadas que se escuchaban en toda la sala común, al día siguiente seguíamos siendo los mismos, seguíamos juntos sin tener que estarlo y ella seguía a mi lado, siéndome fiel en todo instante.
Nuestra relación se derrumbó en sexto año, cuando poco a poco me fui alejando de ella, con intención claro… no quería que forme parte del horrendo mundo en el que yo estaba metido. No quería que le hagan daño y no quería hacerle daño. Simplemente la alejé y ella, sorprendentemente entendió, no me buscó nunca más y pocas veces me dirigió la palabra.
Las personas hablaban de nosotros, éramos siempre la noticia y en ese entonces en que habíamos "terminado", todos pensaron que yo me había conseguido a otra mejor que ella… pero la verdad de la milanesa era que no había nadie mejor que ella para mí. En un pacto silencioso, ella me había entregado toda la confianza que poseía y yo encontraba en ella, un apoyo emocional y físico. Nadie me entendía como ella, porque ella también vivía y vivió lo que yo; nunca llegó a ser mortífago, pero estuvo a punto y yo bueno, ustedes ya saben.
Siempre la cubro, como verán… la marca. Sé que si las personas me vieran me relacionarían como la peor peste que arrasó con Londres, sé que verían que era un mortífago. No estoy seguro de que lo haya sido algún día… una marca en tu piel no dice que seas algo al cien por ciento. No me sentía un asesino, nunca maté a nadie… pero traté.
La marca no me traumaba, no necesito a un psicólogo para enfrentar mis miedos… pero basta con decir que trato de olvidar mis días negros. Tampoco busco tener días felices y llenos de luz y amor… guácala, eso es para débiles. Busco algo neutro, algo en el medio del blanco y el negro… gris… o como quieran llamarlo.
No me gustan los colores felices, es decir, el amarillo, rojo, naranja, rosado… en especial odio el rosado porque me hace recordar a ella. Parkinson siempre, desde que tengo memoria, ha usado rosado, ya sea en vestido, pantalón, polo, pijama. Sí, la he visto en pijama miles de veces y no crean que por ser morboso… simplemente que a veces disfrutábamos de una plática en la media noche o de un buen partido de ajedrez mágico.
Acepto los colores oscuros, como el negro, verde azul, plomo… a veces uso blanco y nunca, y lo digo en serio, nunca uso los colores que odio. Tal vez si me vieran pensarían que estoy yendo a un velorio… pero no me importa lo que piensen.
No tomo desayuno antes de salir, no siento hambre, además estoy retrasado y si llego tarde mi padre mostrará su ira… no es que le tenga miedo pero ya saben el dicho: mejor prevenir que lamentar.
Me aparezco en el Ministerio, cerca de la oficina de mi padre y paso por un espejo. Me doy un minuto para verme y bueno, contemplarme. Me veo bien… llevo un polo blanco simple, y un traje plomo, con zapatos negros relucientes. No me veo elegante como para una reunión, pero me veo casual y… aceptémoslo… me veo simpático. Ya vamos, me veo guapo. Siempre en el colegio fui el chico que todas querían y la envidia de todos los hombres.
Toco la puerta de la oficina y luego de ser invitado a pasar, veo a mi padre sentado en su gran silla con alto respaldar.
-¿querías verme padre?- le pregunto, mi rostro no muestra ninguna expresión, está en blanco, como mi polo.
-siéntate Draco- me ordena mi padre y obedezco. Lo miro y él me mira… como si estuviera haciendo algo que no es de su agrado.
-tu madre quería que hable contigo…- me dice en un tono frío, una voz que conozco muy bien. Doy un suspiro de desesperación. Mi madre sí que tiene agallas.
-usted dirá señor…-
-Draco, tu madre está preocupada por ti… y bueno…- me dice, pero yo, con respeto, le corté.
-señor, estoy seguro que a usted le incomoda esta conversación tanto como a mí, ¿por qué no le dice a mi madre que habló conmigo y que le voy a hacer caso?- le propuse y él sonrió maliciosamente.
-le diré a tu madre que harás caso entonces-
-trataré padre-
-ya te puedes retirar- me dijo, desviando sus ojos de mi mirada. Me despedí y él no respondió… no me importó y salí de la cueva de hielo que era la oficina de mi padre.
Caminé hasta el ascensor y esperé a que se abra. Entro y choco con alguien que estaba a punto de salir. Papeles se riegan por doquier.
-lo siento- era una voz femenina y muy reconocible. Esto es increíble pienso mientras observo a la pobre Parkinson recogiendo sus papeles, sin haberme notado. Esta chica me acosa pienso, mientras la observo.
Bueno, lo que acabo de decir, no es del cien por ciento verdad… Parkinson no me acosa porque es la primera vez que la veo en seis meses. Pero me gusta pensar que ella sabía que yo iba estar aquí y que creó toda una excusa para verme.
Hice un ruido molesto con mi zapato derecho, al golpear el suelo con él una y otra vez para llamar su atención. Es ahí cuando intercambiamos miradas… sus ojos azules-mar se mezclan con los míos y de pronto me siento un poco raro… como si ella estuviera tratando de ver dentro de mí. Su cerquillo oculta parte de sus delgadas cejas y sus labios dibujan una pequeña sonrisa. Le estiro una mano para ayudarla a levantarse y cuando por fin lo logró, no la suelto ni ella a mí.
-pero si es el joven Malfoy- dice en tono burlón, haciendo un esfuerzo para no reírse.
-Parkinson- le digo en un tono neutral… ni frio ni amable. Después de todo ella me entiende.
-gracias- me dice. Supongo que por haberla ayudado a levantarse. Le suelto la mano luego de su gracias y ella sonríe… no deja de sonreír la chica. Me vuelve loco su actitud de buena samaritana.
-no sabía que trabajas aquí- le digo, tratando de hacer conversación y mi mirada se enfoca en su vestido… que aunque no lo crean, es de color rosado claro, perfecto para el verano, de tiritas y hasta un poco antes de su rodilla. Sus elegantes tacos hacen juego como siempre con el vestido y la cartera. Su cabello, aún negro, está mucho más largo de lo que recuerdo, llegando a su cintura en dulces ondas… como las olas del mar. Sus labios son rojos como la caja de chocolates que una vez me regaló en San Valentín en nuestro quinto año.
-oh no, no trabajo aquí. Ni loca- me dijo, soltando una carcajada ligera que me saca de mis casillas. Trato de no reírme de lo tonta que se ve riéndose sola.
-¿qué haces aquí entonces?- le pregunto, curioso. Creo que ese es mi único defecto.
-tenía que hacer algunos papeles en el departamento de abajo- me informa, colocando un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja.
-¿y qué haces aquí?-
-¿no puedo estar aquí?- me pregunta desafiante.
-no dije eso, simplemente quería saber-
-iba ver a tu padre- me responde, sin sonreír. Sabe que eso me disgusta.
-¿qué cosa? ¿Qué tienes tú que hacer con mi padre?- le pregunto, alzando un poco la voz.
-no es de tu incumbencia- me dice, haciendo un puchero infantil y alzando la nariz como cuando éramos chibolos. La miro con desagrado y la odio por no querer decirme qué cosa quería con mi padre. Tal vez mi madre también habló con ella para que juntos me salven de mi soledad.
-bueno, no irás- le ordeno, creyendo que aún somos jóvenes y que mi palabra significa mucho para ella. Pansy simplemente se ríe, mostrando sus perfectos dientes blancos.
-parece que no, tú eres una barrera. Puedo regresar mañana- me dice, mirándome de pies a cabeza y luego desviando la mirada.
-como quieras- le esputo, con desprecio. Odio su mirada, su sonrisa… odio que se vea tan inocente, que se vea tan pura, tan curada… tan completa y feliz… tan cambiada, tan nueva… todo lo que yo no era.
-ya me voy. Tengo un antojo de helado- me informa y me mira a los ojos. Dale con los ojos azules, pareciera que me estuviera leyendo como a un libro abierto.
-pues ve- le digo, sin desprenderme de su mirada. Sonríe, levantando ambos extremos de su boca al hacerlo, su lunar marrón encima del borde de su boca se ve… provocativo… basta de ver a Parkinson de esa manera.
Ella no dice nada, ni siquiera un adiós y se da una vuelta de 180 grados en sus tacones para poder marcharse, pero agarro su delicada muñeca que está adornada con muchas pulseras exageradas que en ella se ven bien. Ella no voltea y espera a que yo diga algo.
-voy contigo- le digo, no sonando amable. Sigue sin voltear y no me molesta ver a su escultural espalda y bueno… observar un poco más debajo de su columna.
-como quieras- me dice, volteando solo su cabeza para verme de nuevo a los ojos. Sin soltarla, camino junto a ella, agarrándola de la muñeca, no de la mano, jalándola como si fuera mi esclava… y a ella no le molesta y la escena parece una de cuando éramos niños/jóvenes y caminábamos así por los pasillos del castillo, nunca agarrados de la mano.
