Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo me divierto&juego con ellos. ^.^
¿Cuándo te fuiste?
Bebita
-¡Sal de una vez y busca un trabajo o algo!-Rugió Emmett mirándome tirada en su estrecho sillón; estaba viendo la televisión mientras él acababa de llegar de su trabajo.
-¿O qué? –le respondí con rudeza, parándome de golpe mientras ponía mis manos en mis caderas-. ¡¿Vas a correrme? ¡Así como lo hicieron mis padres! Ay, wooow, me da igual ya, realmente. –Lo fulminé con la mirada mientras me volvía a sentar en su asqueroso sillón.
-Pues cuando quieras, sabes dónde está la puerta –dijo, caminando hasta su habitación y azotó la puerta cuando la cerró. Awww,el pequeñito estaba enojado conmigo. Bu, bu, voy a llorar por su culpa. No lo creo, estúpido.
-¿Dónde, coños, esperas que consiga un pinche trabajo? –pregunté, parada frente a su puerta, golpeándola con la palma de mis manos.
-Rose, cálmate, quiero dormir –dijo él, cansado.
Rodeé los ojos y le azoté la puerta con todas mis fuerzas por última vez. Fue tanta la fuerza que apliqué que sentí que se caería en cualquier momento. Entonces me dirigí a la puerta de salida, volvería, eso era lógico, por el momento no sabía que otra alma estúpida se apiadaría de la Niña-mimada-Hale.
-Hola, tú eres Rosalie Hale ¿verdad? –me preguntó un chico moreno, alto, cabello un tanto largo: le llegaba como por los hombros. Su aspecto era amigable, pero su hedor era de perro faldero.
-Sí, de hecho –dije con cara de asco a causa de su mal aroma. Dios, bañarse jamás mató a nadie, y no creo que el sea la excepción-. ¿Habías considerado bañarte? –pregunté sin rodeos.
-Me acabo de bañar, de hecho –dijo, con una ceja alzada.
Pobrecito. Fue todo lo que pude pensar.
-Cambia de champo, o aprende a bañarte bien –le dije, poniendo dos dedos sobre mis fosas nasales para no tener que respirar el hediondo aroma que su cuerpo liberaba. Agg.
-¡Ey, perra-Hale! –llamó esa vocecita que yo sabía bien quién era. Esa maldita.
-¡¿Qué putas quieres, bebita? –pregunté, dándome la vuelta. Sentí como algo mojado resbalaba por mi rostro. Agua, soda, me vale madres lo que hubiese sido, embarro por completo mi ropa-. ¡¿Qué carajos hiciste? –le rugí viendo que era Coca-cola lo que me había tirado.
-Ops –se respaldó tras un chico alto, con cabello cobrizo y ojos verde esmeralda. Estaba carita, una carita que te invitaba a golpearla con todas las ganas del mundo-. Creo que se me resbalo.
-Eres una maldita perra infeliz –le gruñí.
-No –tomó la mano del chico que, aparentemente, era su novio-. Yo digo que soy muy feliz ¿y tú, amor? –le sonrió y se paró de puntillas para besarlo en los labios.
-Claro. –Luego el chico se volteó hacía mí-. No le vuelvas a decir infeliz, perra o alguna de tus majaderías de bebita mimada.
-Uyy, te tengo tanto miedo –dije, con las manos alzadas, como mostrando terror. Un falso e inmundo terror. Este tipo no causaba ni un escalofrío en la columna vertebral.
-¡Rosalie, entra! –escuché como gritaba Emmett parado en la puerta de la habitación.
-¡No eres mi padre, novio, marido, ni ninguna de esas putadas como para decirme que hacer, maldito cabrón! –le rugí con el ceño fruncido.
-No, no soy nada de eso, pero soy la mano que te da de comer, así que entra o tirare tu estúpido culo a la calle a que se enfríe con la lluvia.
Lo mire con odio y luego me volteé hacía Bella para dedicarle a ella y a su noviecito de pacotilla una pirada envenenada y ellos sólo me lo respondieron con otra que expresaba "somos intocables junto a Emmett. Eres una perra." Vagos, malditos.
-¿Para qué saliste? –Preguntó Emmett. Bueno, más bien, me rugió.
-Quería pasear…
-¿E insultar a Bella enfrente de Edward? ¿Ó joder a Jacob? Él no apesta… no para nadie que no seas tú.
-¡Cállate! –grité-. Iba a decir que iba a dar un paseó cuando tus amiguitos… esos jodones –dije lo último en un suspiro-, me cagaron la salida y ¡esa perra de Bella me lleno de Coca-cola! –hice una mueca luego de decir eso.
-Báñate y duérmete, mañana vendrás conmigo a ver donde te consigo un trabajo…
-¡Es sábado, infeliz! –le dije, alzando mis brazos al aire.
-Me vale, como no tienes una idea –dijo con tranquilidad-. Tienes que conseguir un trabajo o arruinaras totalmente mi vida.
-¿Arruinarla? –pregunté sorprendida. Wow, esa ni mis padres me la aplicaron.
-Sí, arruinarla.
-¡Nadie te obligo a acogerme en tu casa!
-Aparentemente soy una nena gay que no se pudo contener cuando te vio y dijo "Hey, ¿por qué no ayudarla? Una chica así de bonita estando afuera, sola, en la fría calle: no. Tengo que ayudarla". Gran error. Jamás vuelvo a confiar en ojos celestes tan hermosos como los tuyos –dijo negando con la mirada.
-Mira, ya. Perdón por cagar tu vida en este tiempo –dije, parándome y poniendo mis manos en las caderas-. Mañana buscare trabajo, te dejare de joder el culo y me largare y jamás sabrás de mí ¿correcto?
Él suspiró y llevo sus dedos a su nariz, para apretarla con mucha fuerza, tanta como con la que cerraba los ojos.
-No quise decir eso… Rose…
-¡Tiempo fuera! –dije, impresionada-. ¿Rose? Nadie jamás me había llamado así –dije. Me sentí bien con que me llamara así, digo, él es un castre, pero bueno, me hizo sentir bien.
-Sí, Rose… diminutivo, Rosalie es muy tedioso de decirlo siempre. Pero, en fin, no me arruinaste nada, sólo que me exaspera que siempre te andes pomponeando por aquí y por allá.
-Sí, ya, a todos. –Me dirigí al baño y no presté más atención de lo que pasaba; siquiera sé si me volvió a hablar o no.
-¡Rosalie Hale! –escuché un rugido junto a mí. Agg. Como odiaba dormir en el sofá-cama, me dejaba un poco de dolor en la espalda.
-Emmett McCarty –dije con pereza. Recordaba lo que habíamos hablado ayer a la perfección y que probablemente querría que fuésemos a buscar un trabajo o alguna tontería como esa que se le hubiese ocurrido a su hueca cabeza.
-Levántate, tengo un trabajo para ti.
-Te detesto. –Puse mi mano sobre su hombro, para impulsarme y poder levantarme, pero tropecé con las malditas sábanas del suelo. Digo, Emmett debería ser más cuidadoso y ayudarme a recogerlas para no terminar en el piso, yo encima de él, como estábamos ahorita.
-¡Rose! –gruñó.
-Deja de gruñir, mariquita. –Me levanté y le extendí la mano, justo cuando él la iba a tomar, dirigí mi mano a mis cabellos y empecé a rascar mi cuero cabelludo-. Ya levántate, perezoso.
-Eres horrible –me dijo, mirándome de un modo que me podría matar; pero no lo haría. Ja.
Alcé la ceja y fui por un vaso de agua.
-Ya; ¿cuál era ese trabajo? –dije la última palabra como si mi lengua quemara.
-Arregla mi departamento.
Me empecé a reír histéricamente. ¿Yo? ¿Arreglando su basura-apartamento? ¡Qué chiste! Muy… malo ¿¡Qué putas le pasaba a este individuo! Cuando me le quedé mirando fijamente me di cuenta que estaba hablando total y completamente enserio.
-¿Cómo se te ocurre? –Bueno, este maldito me logró irritar.
-Tú necesitas un trabajo, yo te lo doy –se encogió de hombros el muy homosexual-. Te pagaré.
-Pero… yo…
-Sé que tú nunca has tenido que levantar ni una hoja de papel, pero es en lo más fácil que pude haber pensado.
-¡Espero que te jodas, gran puto! –rugí, mientras me giraba para ver todo el desastre que era su apartamento; pequeño, pero todo un basurero andando.
-Sí, pero te pagare –dijo de un modo cortante y matador.
-Bien –dije, al fin. Tenía tantas ganas de estampar mi puño contra su carita de culo; no sería algo muy difícil, sólo estirarla y estamparla, pero no. No lo haría.
La estamparía contra su estomago.
-¡¿Qué te pasa? –rugió.
-Tentación. –Me encogí de hombros y caminé para lavarme los dientes.
-Empieza por la sala –gritó y luego escuché la puerta azotarse. Espero que hubiese sido la de la entrada.
Lavé mis dientes, pero no me bañé, me iba a ensuciar, de todas maneras.
¿Limpiar? Agg. Era cierto, jamás lo había hecho y sinceramente no era algo que tuviera que hacer antes de morirme. ¿Dinero? Puto. Lo necesitaba con desesperación, tenía que vivir lejos de esté perro llamado Emmett.
Suspire, era cierto, tendría que aprender a limpiar su casa para poder ganarme la vida… por ahora. Ojala hubiese podido elegir otro trabajo. U otros padres a los cuales les hubiese importado más que una moneda de 5 centavos.
-¡Porquería! –rugí cuando estaba tirando la basura que tenía en el piso y en los botes de basura en la bolsa grande y negra que Emmett me había dejado en el sillón.
Tardé un rato en tirar toda la basura que había. La bolsa estaba a punto de explotar. Mire con asco el piso que seguía sucio. No sabía qué hacer ahora. Esto… sería más difícil de lo que hubiese podido pensar…
Sí, se que tiene muchas palabrotas, pero es una joven que nunca la quisieron._.
₪ т.с.ωоιғ ✖
