Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Horikoshi-sensei, a excepción de los Oc's, que son míos. Yo sólo uso a sus bebés para emparejarlos y hacer historias cursis.
Nota: ¿Qué hago escribiendo esto y no los especiales de AdH? :'v
Este capítulo se alargó más de lo que esperaba.
Veintidós
II
Suspira largamente, en un vano intento de darse ánimos y terminar con sus labores profesionales. Aunque lo odia, sabe que debe corregir los exámenes de sus dulces alumnos, y con pesar, ponerle una nota a cada uno de ellos. Y lo peor es que no debe ni puede equivocarse, o estaría en serios problemas.
Y antes de empezar con el primero, oye unos pasos fuertes y firmes acercándose a la habitación, y pronto su padre ya ha abierto la puerta, portando su típico ceño fruncido y sus llamas encendidas. Es raro, se dice por un momento, él no suele entenderlas en casa.
—Fuyumi, necesito que me des un informe acerca de los gastos que han habido desde que Shōto se ha mudado a los dormitorios, también voy a necesitar que veas quienes son las mucamas que tenemos.
Fuyumi se queda helada un momentito, y siente el sudor recorrer su cuello. Luego le ve asentir y alejarse, y el calor abrasador dentro de la gran sala se disipa. Y esa temperatura era peligrosa, la joven Todoroki lo sabe. Podría afectarle a su progenitor y de verdad tenía que haber algo realmente malo para que no pudiese encargarse de ello y bajarle al calor, y eso posiblemente podría ser una enfermedad. Después de todo, Enji Todoroki no es un dios o algo por el estilo, él es un humano, y los humanos son frágiles aún cuando digan lo contrario.
Y también estaba nervioso, necesitaba calmarse.
O quizá necesitaba alguien que le echase hielo encima. Sólo es una idea, no es que ella quisiese intentarlo. No odiaba tanto su vida, en realidad, pero.
Pero la idea tampoco suena mal. Se oye como un momento alegre de una familia como la suya, la verdad, y ayudaría a calmar el posible resfrío de temporada. Si es que su padre no tuviera un orgullo más alto que su agencia o su rango de héroe, quizás sonaría posible. Sería posible porque sí, porque ella sería—
No. Porque ellos serían una familia más unida, una que no temieran al patriarca en cada momento del día y que, muy probablemente, lo ayudarían a calmar sus humor de bestia infernal cuando fuese necesario.
Fuyumi suspira. Es una imaginación tonta, es dice, pero con una sonrisa pintada en su cara. Porque a pesar de todo suena genial e imposible, y si fuese posible le gustaría inventarse una escena vivida donde su familia fuese funcional.
O donde Endeavor deje a sus familiares de hielo tratarle cuando se encuentre enfermo.
—¿Qué estás haciendo? —inquiere el hombre, seriamente, sin dejar de observar a su niña poner sus manos en su frente.
Ella le sonríe alegre.
—Mamá nos dijo que revisemos tu temperatura. —Contesta con inocencia. A su lado, Natsuo bufa.
—Dijo que ella no podría en encargarse hoy —agrega el menor, con tono algo molesto—, ya que tiene que cuidar a Shōto.
—¡Así que nosotros te cuidaremos, papá! —afirma Fuyumi, llena de entusiasmo. Endeavor no sabe exactamente qué decir al respecto, aunque claro que la primera idea es negarse cuanto antes e ir derechito a la habitación a encerrarse y negar todo lo que tuviese que ver con "enfermedad" y "Enji Todoroki" en la misma oración.
Pero antes de hacer su primer movimiento de (no huida, no es un cobarde y unos niños que apenas controlan sus Quirks no son la razón, definitivamente) retirada táctica totalmente necesaria como lo sería al estar frente a un grupo de villanos demasiado poderosos —lo que no haría, pero es un ejemplo y se vale mentir—, la jovencita ya agarrado su frente completa, y Natsuo, como buen hijo rebelde, ha preparado sus manos tan heladas como su cariño hacia él para ponerlas en su cara y causarle un respingo.
—¡Está helado, niño!
—¡Sopórtalo, viejo! —Gruñe el niño albino, y una sonrisa malvada surca su rostro—. ¿O acaso no puedes aguantar un hielito, Endeavor?
Antes de que pueda reaccionar Natsu ya le ha echado escarcha en toda la cara, para después salir corriendo y riendo como desquiciado. Fuyumi ha quedado helada en frente de su papá, alejada un par de pasos, sólo por si acaso. Y era necesario, después de todo, puesto que pronto se siente el calor aumentar y toda la nieve en la cara masculina se derrite rápidamente mientras las llamas hacen su aparición.
—¡NATSUOOO!
La niña solamente suspira con claro cansancio.
Y sí, esa era una escena bastante acorde a la relación de hielo y fuego que probablemente tendría su familia, de ser normal, claro está.
Empero su familia no es nada normal, y no debería hacerse tantas ilusiones. Aunque le gusta y se da ánimos una vez más en tanto hace sus anotaciones escolares rápidamente, para así empezar con la tarea asignada por su progenitor.
Y una vez acabado todo eso, y con un hambre atroz molestando en su cuerpo, se dirige a la oficina del dueño de la casa. Toca un par de veces y al oír la aprobación entra sin hacer mucho ruido, encontrando a Endeavor revisando varios papeles, concentrado. O intentándolo, ya que no se le ve nada bien y la temperatura del estudio es significativamente más alta que afuera, y es malo.
Pero no puede decir nada, no está dispuesta a discutirle en ese momento, y tampoco tiene el coraje necesario. Así que lo único que puede hacer es acercarse al escritorio en tanto ignora el sudor que recorre su frente y el calor que la sofoca de a poco.
—Aquí están las cuentas que me pediste —suelta finalmente, mostrando la carpeta amarilla entre sus manos, y tratando que la voz no le salga temblorosa—. Todo está organizado y terminado, desde que Shōto fue a los dormitorios, y también la contratación de las mucamas.
—Entendido —gruñe el hombre, casi causándole un respingo de lo rudo que había sonado—. Déjalo ahí, lo revisaré en cuanto termine esto.
Fuyumi asiente, y pone el archivero sobre la mesa, para después hacer una ligera reverencia y caminar directo hacia la salida de ese lugar hecho de infierno. Y en cuanto se encuentra frente a la puerta, se detiene, con la mano a punto de tomar el pomo ardiente.
—¿No... necesitas ayuda?
Enji levanta la cabeza al oír ese hilo de voz tan tembloroso, y frunce el ceño, tratando de visualizar mejor a su hija, como si ayudara a comprender sus palabras antes dichas en lo que parecía un balbuceo.
—¿Qué?
—Que si no necesitas ayuda —reitera la muchacha con un tono más alto, tragando pesado para llenarse de un valor que no tiene, pero que inevitablemente le ha surgido al ver en un estado tan peligroso a un miembro de su familia—. Con esto del calor. Es una enfermedad de temporada, ¿no es así? Yo podría-
—No necesito algo como eso —gruñe Enji, molesto. O quizá no es exactamente él, sino su orgullo, quien decía esas palabras. De veras necesitaba algo de ayuda helada y la joven lo sabía muy bien—. Estoy bien. Puedes retirarte, Fuyumi.
La albina traga pesado. Lo ha hecho de manera correcta, preguntándole y sugiriendo la solución, y él se ha negado. Y lo ideal seria que se rindiese y acabara la orden.
Pero como es una Todoroki, y los Todoroki no son esencialmente buenos siguiendo órdenes, decide hacer algo antes de irse.
Con un toque a la puerta que no va a abrir, la congela por completo junto con las paredes, teniendo cuidado de no llegar a los estantes de libros y demás documentos, ni a las ventanas. Y una vez hecho y antes de escuchar cualquier queja o reprimenda, se retira cuanto antes del estudio.
Se vuelve a encerrar en su cuarto, y allí niega con la cabeza y la voz diciéndose una y otra vez que lo que había hecho fue una locura y que seguramente estaría muerta para la hora de la cena.
Sorprendentemente, para esa hora, su padre ya no se encuentra con la temperatura rompiendo récords, y se mantiene reacio a hablarle.
Fuyumi sabe que ya no quiere gritarle algo sobre que no vuelva a hacer eso, sino que desea agradecerle. Pero como ha dicho, el orgullo del hombre era más alto que su estatus de héroe profesional. Y lo entiende, y en silencio festeja animada.
Continuará.
