FALLING APART
Autor: Macgirl (aka Agent Macgirl)
Scully POV - Post I Want to Believe
Disclaimer: Fox Mulder, Dana Scully y X Files no son míos, pertenecen a Chris Carter, a FOX y a 1013. No pretendo sacar ningún beneficio económico ni nada por el estilo, solo los tomo prestados para jugar un rato.
Gracias a todos los que de una u otra manera me han dado sus opiniones y comentarios sobre esta idea.
A Jen, gracias por tu amable trabajo de beta en mis historias, eres la mejor.
Esto se va a empezar a poner un poco más intenso en el siguiente capítulo, no se preocupen ;)
CAPITULO 2
He organizado mi horario del día de hoy para poder tener unas horas libres que definitivamente necesito para la planeación de mi siguiente paso.
Despierto con un pequeño destello de luz que se abre paso entre las cortinas y veo a mi lado en la cama. El lugar que debería ocupar él, está vacío y al tocarlo confirmo lo que ya sabía, hace mucho que se levantó y las sábanas están frías.
Creo saber dónde está, ha venido haciendo la misma rutina todas las mañanas por los últimos dos meses. Según me dice, sale a trotar, luego va a nadar al mar y se devuelve a casa.
Esto no sería problema alguno, sino fuera porque se va antes de que salga el sol y regresa cuando yo ya me he ido a trabajar.
Es casi como si no quisiera verme. Como si cualquier cosa fuese mejor a tener que pasar el tiempo desayunando conmigo, escuchándome preguntarle qué va a hacer en el transcurso de su día o incluso que le pida que haga algún mandado.
Al principio me molestaba. Ahora… creo que ya me da igual.
Mis días de correr detrás de Mulder se acabaron hace mucho y en este momento solo quiero una vida normal, con un trabajo sencillo en el que pueda hacer una diferencia y ayudar a las personas.
Si tengo que hacerlo todo yo, y literalmente me refiero a todo tanto en la casa como en esta relación, no sé qué sentido tiene que sigamos juntos.
Miro al techo y suspiro. Vuelvo a cerrar los ojos por un momento, juntando fuerzas para levantarme.
Sé que Mulder no quiere seguir viviendo acá, ya lo ha mencionado varias veces, incluyendo aquellas ocasiones en las que me recuerda que aún tiene la casa en el campo, esa que compró con el dinero heredado de su madre y que por suerte pudo conservar cuando éramos fugitivos.
En aquellos días en que nos escondíamos dejamos organizados diferentes planes de escape y sitios seguros por si alguien decidía ir tras nosotros de nuevo.
Ahora solo espero no tener que volver a pensar nunca más en eso y simplemente comprar un tiquete de avión para ir de un lado a otro, sin paranoias ni miedos.
Entre todos los sitios posibles, prefiero regresar a Washington, donde pueda reconectarme con mi madre y mis hermanos, donde pueda sentir una pizca de normalidad, y mi vida vuelva a tener la estabilidad que en una época tuve y que tanto necesito ahora.
Me levanto de la cama y abro las cortinas y la ventana. La brisa fresca del mar me alborota el cabello y acaricia suavemente mi piel.
Y como casi todas las mañanas, pienso en William, en mi bebé que ahora ya debe ser un adolescente, pero que en mi mente siempre seguirá siendo el precioso bebé que sonreía mientras yo lo acunaba en mis brazos y le cantaba.
Todos los días pienso en él, preguntándome cómo estará, y le pido a Dios que lo cuide. Sé que hicimos lo que podíamos para protegerlo y darle una vida normal, pero no por eso deja de dolerme por un segundo el no tenerlo a mi lado y no haberle visto crecer.
En más de una ocasión he pensado en mandar todo a volar e irme a buscar a William, pero luego lo pienso mejor y recuerdo que mientras esté lejos de nosotros está seguro, al menos eso es lo que yo espero.
¿Cómo podría querer privarlo de tener la tranquilidad de una vida común y traerlo en cambio a esto que tenemos su padre y yo?
Un día de estos, un día tal vez, pero no ahora.
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Conduzco camino a casa y mientras voy recorriendo la ruta de memoria, pienso en cómo el día de hoy he dado otro paso para alterar por completo el curso no solo de mi vida sino de la de Mulder.
Primero pensé en tomar simplemente un vuelo a Washington, despedirme, tomar mi maleta y subir al avión lo más rápido posible. Fue la primera idea que se me vino a la mente, justo después de decidir que si no lo hago en el menor tiempo posible, no lograré alejarme de él.
Porque por más que quisiera negarlo, aún lo amo. Tanto, que me duele el pecho a cada instante en que pienso que he decidido dejarlo.
Pero después del impulso recuerdo que llegamos a esta isla juntos y que no puedo simplemente abandonarlo como a un perro lejos de su casa para que no regrese. Al menos le debo una despedida respetuosa y de adultos, no me iré huyendo ni mucho menos.
Sé que si me voy, Mulder va a tratar de seguirme, regresará a Washington detrás de mí y volveré a enfrentarme a lo mismo que aquel día en los casilleros del hospital.
También sé que su comportamiento, su tendencia al aislamiento y su incipiente depresión pueden exacerbarse cuando me aleje de él. Cuando lo deje solo estaré dándole una opción que ahora no tiene, y es que puede buscar la ayuda que tanto le he pedido que busque, o hundirse hasta que un día toque fondo. Quiera Dios que tome la primera y pueda volver a salir por sí mismo.
En todo caso, esto sería preferible que sucediese estando en casa otra vez, de vuelta en nuestro ambiente real. Tratar de acomodarse a la vida sencilla de esta isla no funcionó porque somos especímenes de ciudad y nos hace falta la locura típica de Washington.
En todo caso, fue por esto precisamente que modifiqué esa idea y voy a plantearle a Mulder que se regrese conmigo. Una vez en D.C. supongo que las cosas serán diferentes y al menos para él, más sencillas.
En cuanto a mí, sé que mi futuro pinta oscuro e incierto, pero quiero creer que las cosas en realidad si pasan por alguna razón, todo a su tiempo es perfecto y lo que no debe ser, a larga no puede ser forzado, porque lo que debe ser, tiene su espacio reservado de una u otra manera en nuestro destino.
Recorro el camino tranquilo hasta la costa, alejándome cada vez más del ligero bullicio del pueblo. Recuerdo cuando elegimos esta zona para buscar una casa, pensé que tendríamos un sitio para relajarnos, compartir, reconstruir nuestra vida… Cuan equivocada estaba.
Estaciono el pequeño auto azul a un lado de la entrada, está oscureciendo y puedo ver que ya hay luces encendidas en la casa.
Bajo del auto y tomo mis cosas, cuando cierro la puerta, suena mi teléfono.
- Doctora Scully buenas noches, soy Cathy Sands y le hablo de la inmobiliaria Golden Sands.
Es la inmobiliaria que llamé en DC hoy.
- Buenas noches Cathy, ¿En qué puedo ayudarle?
- Me dicen que usted solicitó información sobre un departamento ubicado en el norte de la ciudad.
- Así es Cathy, solicité que me enviaran los datos de la propiedad a mi correo. Estoy interesada en alquilarla por unos meses.
- El departamento está recién remodelado y acaba de ser subido a nuestro sistema, por eso la demora en brindarle esa información doctora, pero está disponible para mudarse en cuanto lo desee.
- No se preocupe, puedo esperar hasta mañana, pero le agradezco que lo envíe cuanto antes para poder tomar la decisión y proceder a llenar los papeles del alquiler.
- Le enviaré los datos a primera hora doctora Scully.
- Muchas gracias.
Cuelgo la llamada y por un momento levantó la mirada al cielo.
El brillo de millones de pequeñas chispas en un cielo cada vez más oscuro, una vista que para muchos era indiferente pero que yo conozco muy bien. Aunque algunas veces no puedo disfrutar como quisiera de esta maravilla de la naturaleza de solo pensar que aparecerá algo maligno entre las hermosas estrellas.
Miro de nueva hacia la casa y noto que una luz se ha encendido en la habitación del segundo piso.
Ya tengo solucionado lo del departamento en DC. Algo menos de que preocuparme, ahora viene lo más difícil, como siempre.
Mulder.
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- ¿A qué se debe tu interés en mudarte en este momento Scully? - Por primera vez en muchos días me mira fijamente a los ojos.
- No creo que mi trabajo aquí sea lo que quiero realmente hacer con mi vida Mulder.
No era la única razón, pero no le estaba mintiendo y por eso, puedo sostenerle la mirada.
Lo piensa por un par de segundos.
- ¿Vas a volver a trabajar al hospital?
- Aún no lo he decidido, tendría que ir en persona a hablar con la Hermana Maria, la directora, y ver si aún tiene alguna vacante para mi. Pero eso espero.
- Yo… - Me mira extrañado pero al parecer no va a quejarse, porque hace un gesto de resignación con los hombros y con una aparente desidia mira sus manos. - Creo que está bien, nos iremos de regreso a Washington, si es lo que quieres.
Se que no suena muy convencido y que tal vez no se quiere ir. Pero no puedo simplemente irme y dejarlo en otro país, enfrentando una depresión por nuestra separación.
- Es lo que quiero Mulder.
- De acuerdo, así lo haremos entonces.
- Gracias.
- Lo que sea por ti Scully - Me dice en un tono desganado que más que amor me hace sentir tristeza.
Me giro camino a la cocina para servirme un café, le ofrezco uno pero me dice que no, y vuelve a sentarse con su laptop en el escritorio del rincón, justo donde estaba cuando entré y me lo encontré a oscuras.
Hubiese preferido que se molestara y se negara a seguir mis caprichos, al menos así sabría que tiene esperanzas y no se ha hundido aún en la oscuridad de su depresión.
Lleno mi taza y me giro para apoyarme en el mesón de la cocina. Saboreo por unos segundos el delicioso toque de café tostado suave, su aroma recordándome algunas de las más largas noches de vigilancia al lado de Mulder.
Y así mismo, algunas de las noches que más recuerdo a su lado, son de esas en las que tan solo hablábamos sobre el caso, en una lucha tácita por no ceder a la enorme tensión sexual que entre nosotros se cernía.
Pero mejor dejo de añorar esos días y me concentro en el ahora, nuestro presente confuso y triste que me llama desde las sombras para que me decida a seguir con lo que ya he empezado.
Así que me dirijo a nuestra habitación, pero justo antes de entrar al corredor recuerdo que faltan detalles por organizar en la casa, y estoy exhausta así que tal vez me quede dormida.
Regreso mi pasos y hago algo que se que no he hecho en muchos días. Le pediré que me ayude en algo.
- Mulder, ¿Podrías por favor sacar la basura?
No es nada extraño lo que le pido, pero hace mucho ya que no le tengo en cuenta para ciertas labores domésticas.
- Scully estoy ocupado, mejor sácala tú - Ni siquiera aleja la vista de la pantalla.
Y ese es el porqué no le pido nada ya, porque él simplemente no quiere hacerlo.
Suspiro cansada y resignada, y me pongo a la tarea de sacar la basura, mientras mi ideas se agolpan y algunas palabras se esfuerzan por salir de mi boca.
Yo hago las compras en el supermercado después de salir agotada de trabajar, también corro al banco o a cualquier otra oficina en la mañana temprano, así puedo asegurarme que no nos cortaran la electricidad o la conexión a internet.
La tecnología no es tan avanzada acá como en nuestro país, así que aquí todavía se hacen muchas cosas a la forma antigua. No hay pedidos a domicilio en todos lados y no puedo simplemente pagar por internet todo lo que necesito. Alguien debe ir a hacer esas cosas y por supuesto, siempre soy yo.
Ya tuvimos discusiones por esto. Hace mucho tiempo, en los días en que se escondía en el estudio de su pequeña casa de campo, cuando las cosas entre nosotros dos apenas empezaban a complicarse y su actitud se tornaba fuera de lo normal. En un principio decidí, presa del enojo y tratando al mismo tiempo de no armar una batalla campal con él, que yo misma haría las cosas y que no necesitaba estar rogándole que me ayudara.
Poco después entendí que el asunto no era quien hacía las cosas, sino el porqué Mulder no quería hacerlas, no quería ayudarme, en realidad no solo eso, sino que ya nada le importaba.
Así que pase de la ira a tratar de sacarlo de su estupor, de despertarlo y ayudarlo. Hice de todo lo que pude averiguar y leer, pero no funcionaba nada.
Obviamente sigue sin funcionar.
Termino y subo de nuevo a continuar con lo que originalmente tenía en mente. Ahora, un poco más decidida a estar de vuelta tan pronto como sea posible.
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Sentada en la cama con el laptop sobre mis piernas cruzadas, navego la red buscando el mejor servicio de transporte para contratar el despacho de todas las cosas que voy a llevarme, las que a decir verdad no son muchas, ya que solo voy a llevar conmigo a D.C. nuestras cosas personales y algunas decoraciones que me encantan y he comprado en las tiendas artesanales y mercados locales.
Pienso dejarle todos los muebles y electrodomésticos a una de las jóvenes enfermeras del hospital donde trabajo, y con la que he tenido una muy agradable relación hasta ahora, para que cumpla su sueño de mudarse a su propio departamento y no tener que desplazarse todos los días más de una hora desde la casa de sus padres para el trabajo.
La chica, Mariana se llama, es inteligente y muy responsable con sus labores, siempre preguntando con detalle para no equivocarse, algo que a otros doctores parece molestarlos pero yo he aprendido a apreciar en las personas.
La decisión está tomada y como fui yo quien terminó de amoblar la casa después de que él la comprara, no tengo siquiera que pedirle su opinión a Mulder en este sentido.
Le tengo lista la inmobiliaria para que se encargue de hacer la venta de la casa una vez nos hayamos ido y luego le consigne el dinero a su cuenta.
Llevo al menos un par de horas haciendo todo esto, y estoy verdaderamente cansada, el trajín de mi día se ha agolpado de pronto en mi cuerpo, así que sin darme cuenta cierro los ojos y empiezo a cabecear, quedándome dormida sentada, la cabeza inclinada ligeramente hacia atrás sobre la almohada.
- Scully estás quedándote dormida.
Escucho sus palabras susurrando tan lejos y yo estoy tan cansada que prefiero ignorarlo y seguir durmiendo.
- Vamos Scully, vas a lastimarte el cuello y se te va a caer el computador. - Escucho al tiempo que alguien cierra y luego retira de mis piernas el laptop.
- No estoy dormida - Murmuro mientras intento abrir los ojos y sostener sin suerte mi afirmación.
- Por supuesto, lo que tu digas. - Saca uno de los cojines que tengo en mi espalda y me toma del brazo, moviéndome suavemente para poder acomodar la almohada.
- Mmmm….
- Scully deslízate para abajo y déjame ponerte la almohada bien.
- ¿Mulder?
- ¿A quién más esperabas? ¿A Skinner? - Afirma con una cierta sonrisa en su tono de voz.
Yo me dejo llevar y me acuesto cómodamente, pero justo cuando estoy por perder mi batalla con el sueño, siento sus labios tibios sobre los míos, en un corto pero tierno beso seguido de un "Hasta mañana".
¿Cuándo fue la última vez que me había besado?
Creo que hace unos tres o cuatro días, y fue en la frente para despedirse de mí una tarde cuando salió a caminar porque en su hora habitual de las mañanas había estado lloviendo.
Una sonrisa se refleja de forma automática en mi rostro y así me quedo dormida.
Sueño con días en familia, William, Mulder y yo, junto a un lago, caminando en un parque de atracciones con nuestro hijo de unos 5 años caminando entre nosotros, tomados de la mano sonriendo, buscando un sitio para comer un helado. Días normales que por supuesto no tuvimos y que nunca tendremos, porque no es nuestro destino.
Pero por un momento eso se me olvida, y disfruto de la tranquilidad de una tarde en familia, de la felicidad profunda de ver reír a mi hijo cuando su padre le hace alguna cara graciosa. Ver a Mulder tomarlo en brazos para que pueda elegir el sabor de helado que va a comerse es para mí como encontrar una de las grandes maravillas del mundo y sorprenderme con lo más sencillo y fabuloso al mismo tiempo.
Un timbre agudo suena en el ambiente y mi sueño empieza a desvanecerse.
Se que estoy soñando, pero daría lo que fuese por no despertarme. También sé que eso es lo que indica el molesto sonido de la alarma de mi teléfono. Hora de despertarse Dana, y volver a tu triste realidad.
Abro los ojos un poco y noto que aún está oscuro.
Miro a mi lado izquierdo y la decepción toma forma de nuevo en mi ser, me despierto por completo y aquel sueño que más parece una maldición se esfuma totalmente.
Mulder, si es que en algún momento llegó a la cama, ya no está.
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