Hola, amores de mi vida.
Estoy muy feliz por esos comentarios que me regalaron en el primer capítulo a este experimento intento de historia (?) Y también, hasta hora me disculpo por los errores ortográficos, mi auto corrector hace lo que quiere el muy desgraciado .l.
Pero bien, tambien quería decirle esto a Red, una/o de la/os que se tomaron el tiempo de comentar: no te puedo decir nada por ahora xD Quiero que esos pequeños desbarajustes que la mayoría de ustedes no pueden entender se vayan aclarando conforme se desarrolle la historia, así que ruego que tengas paciencia.
También agradezco a Karen Grimm lml y a Momo Evans por comentarme :3 Y a todos sus favoritos y followers u.u
CAPITULO II
…
Por mi amor al drama
…
- Es lindo, el lugar.
- Lo sé.
De hecho, podría jurar que un chimén pasó por su pie y él se hizo el desentendido. Me quedaba poco dinero para el mantenimiento, pero tendría que hacer un esfuerzo. Su cuerpo se tambaleó y me vi reflejado en sus lentes oscuros (carísimos) con todo el rencor que pude.
Y en ellos distinguí una verdad.
Nunca estuve conforme con nada.
Pienso que no tengo otras formas de afrontarlo, sólo terminé acostumbrándome a ver como otros se pavoneaban frente a mi con sus propios éxitos. Yo no tengo una vida disfrutable, eso desde siempre lo he sabido. Los problemas para mi, son como moscas revoloteando alrededor de la mierda.
Cuando pienso optimista quiero hacerme de la idea de que yo soy un poco interesante. Pero sólo soy un tipo que huye y siente vergüenza.
A veces, quiero pretender que todo está bien y no me importa. Pero en el fondo, muy dentro de mi, siento celos. Aquellas personas que me parlotean o simplemente con su mirada de altitud me dicen lo bueno que les ha ido en la vida desde el principio sin poner ellos un mínimo esfuerzo, realmente no saben las cosas horribles que yo pienso.
O bien, tal vez lo noten en la distorsión de gestos en mi rostro y su lunático rostro sonríe.
Ah, malditos ricos jodidos.
Mis pensamientos oscuros están siendo desenterrados después de casi cinco años y no podré controlarlo por mucho. Tengo un poco de incomodidad justo ahora y siento que debo limpiar las palmas de mis manos sobre los costados de mi ropa o de lo contrario comenzarán a humedecerse aún más.
El vaciló abriendo la boca y emitiendo balbuceos que yo no alcanzaba a entender.
- Vine a ver a Sasha – Me dijo – Al fin conseguí lo necesario para poder hacerla feliz y quiero darle una sorpresa.
El se estaba esforzando, lo supe por la magnitud de su sonrisa temblante y fingida.
Pero yo no respondía, me le quedé viendo. Y no se que tipo de expresión tenía yo, pero vi en su rostro los deseos de tirarme al suelo de un puñetazo -suposiciones-
- Las cosas aquí siguen igual que antes – continuó - ¿Estás sólo?
Muchos pensarían que me preguntó algo como "¿Tú sólo atiendes la florería?" Pues si, pero su pregunta y su mirada curiosa me decían que iba más allá de lo que se escuchaba. No entendía porque se interesaría en como me está yendo ahora.
No éramos nada.
- Jean me ayuda.
- Oh...- sonrió – Jaja...¿Entonces Jean también se quedó aquí? Debí suponerlo, ustedes todo el tiempo...
El se detuvo justo en el momento indicado, estoy seguro de que no quería lidiar con un yo muy enojado que querría partirle la cara.
"Como en los viejos tiempos", pensé.
Siempre fui de esas personas impulsivas y el lo sabía.
Me miraba muy fijamente, quería que le preguntara sobre su trabajo, lo mucho que ganaba y lo feliz que sería Sasha al saber que ya tendría un posible marido rico que le pagara todos sus caprichos. Pero no lo hice, yo no quería saber nada y él estuvo consciente de eso cuando aparté mi mirada y le hablé con sequedad.
- ¿Va a ordenar algo?
No le gustó ser tratado de como una persona a la que yo no conociera y tuviera que hablarle respetuosamente, lo supe cuando frunció sus cejas.
- Un ramo de orquídeas.
- Bien.
Su tono de voz y su mirada distante me hicieron revivir malos tiempos y una opresión se instaló en mi pecho.
Tenía la vaga sensación desde hace rato, de que algo estaba ocurriendo. Fue una sorpresa que Levi estuviera en la ciudad, y si él estaba, ¿por qué no Mikasa? Había oído que ellos trabajaban juntos.
Tal vez, a la larga, eso me causaría más problemas.
Las dudas me abordaban y aquí tenía a la persona perfecta para que las resolviera. Obviamente, no le dije nada, apenas y le había hablado desde el momento en el que puso un pie en la tienda. Era un cliente más y no tendría por qué andar haciendo plática con esa persona.
Observé las flores, tan frescas y hermosas. Estaba de mas decirlo, pero si había algo que aplacara mi mal genio, eran las flores, ellas me relajaban.
Soy un ente putamente cursi, y eso es molesto.
Aspiré su olor y me giré entregándole el ramo.
- Son dos dólares.
Estuve a punto de soltar una carcajada, por la cara que puso.
- Eh...somos conocidos, tú sabes...- Buen intento.- ¡Por dios!
- ¿Qué me dices de todo ese dinero que dijiste que tenías y te sobraba? - Cuestioné alzando una ceja.- Tanto puto dinero como para comprar una jodida isla en algún lugar del mar inexplorado, creo que dijiste. Si tiendes a sólo alardear sobre ello todo el tiempo, es mejor comprobarlo, ¿no crees?-
El murmuró algo como "maldito bastardo" y metió la mano en su chaqueta para sacar su billetera. Eh de decir, una muy regordeta billetera. Sacó un par de billetes y me los entregó con el ceño fruncido, haciendo un poco de fuerza para no soltarlos.
- Gracias por su compra.- Agradecí con una sonrisa. Pero no con una sonrisa dirigida hacia él, si no al dinero que acababa de entregarme.- Vuelva pronto.
Gruñó y se dio la vuelta. Antes de salir de la tienda, alzó su mano, pero como ya lo suponía, sólo su dedo amistoso fue levantado.
En ese instante me pregunté como es que puedes cambiar tu actitud hacia una persona y peor aún, romper un lazo, cuando te es revelado un secreto que podría ser o no ser apoyado y la relación se destruye poco a poco o de inmediato.
Como este es el caso.
…
- "En la vida, una de las preguntas más importantes que nos podemos hacer es: ¿Quién soy? Todas la personas se hacen este cuestionamiento y buscan incesantemente una respuesta. Como se imagina, cada persona encuentra una respuesta diferente por el simple hecho de que cada ser humano es único e irrepetible."
Basura.
Si hay algo que detesto, aparte de las muchas otras cosas que detesto, es cuando hablan de temas tan cursis.
Buscamos innecesariamente una respuesta que resulta ser igual o menos vacía del significado absurdo de la vida. ¿Que pasa luego? Nos olvidamos o nos resignamos, decidiendo saber lo que las personas que se vuelven "del montón" saben, ya cuando sus cuestionamientos no quedan evolucionando en lo profundo.
Yo soy de esos que tendrán ideas existenciales negativas para toda su vida. Y no, no es algo bueno, persona, ¿sabes lo que pasa?
Depresiones temporales y sin sentido. Dicen que lo llaman "El síndrome del artista" o algo así. No es agradable, ya que me dan ganas de hacer nada y me quedo dándole vueltas al asunto una y otra vez.
Jean dice que tengo safado más de un tornillo y mis faltas de inspiración me dan como una vez cada dos semanas.
Pero bien, también soy de esos que no están conformes con el mundo en el que se vive, y, a causa de ello, la suerte no le es muy favorecida.
- ¿Qué es lo que piensas tu, Eren?
No había prestado atención, sólo escuchaba a alguien hablar y hablar. Pero yo conocía esta clase, sólo una "respuesta" puede resultarle convincente a él, sin importar de que mierdas esté hablando.
- ¿Que entonces nada tiene sentido y no vale la pena existir?
El sonrió, con esa sonrisa lunática que tiene cuando está complacido.
- ¡Exacto! ¡Nada tiene sentido! - Reconoció conmocionado y con una extraña expresión de desoslayo.- Nada tiene sentido y deberíamos morirnos, así son las cosas.
Algo me decía que el profesor no estaba teniendo un buen día.
- Así que, dejen de preocuparse por cosas tan estúpidas por las que las personas jóvenes se preocupan y vayan a sentarse debajo de un ciruelo a aventarle ciruelas a la gente y decirles los motivos por los cuales la vida no tiene sentido.
Hablaba de aquel libro titulado "Nada" Sobre un chico que un día descubre que nada tiene sentido y hace exactamente lo que él acaba de decir.
- Eso sólo pasa en los libros existenciales, profesor. Llamarían a la policía.
- Cállate y hazlo, o te repruebo.
¿Qué?
- Profesor West, lo llaman en dirección.
- Si, claro.
El refunfuño y antes de salir del salón nos lanzó una mirada de advertencia a todos. La reacción normal sería esta:
- Ese profesor están un poco mal de la cabeza.
- Si, deberían contratarle un psiquiatra o algo.
- Que cosas tan estúpidas dice.
Pero no, todos nos quedamos en silencio, y es que, su razón era bastante justificable y no es como si todo lo que dijo fuera mentira.
Todos nos levantamos y seguimos nuestros caminos.
Desde el encuentro con mi "estimado" conocido (sarcasmo) me siento acechado y los malos augurios rondan por mi aura pesada, siento que tal vez deba esconderme para ya no pasar más situaciones indeseadas.
En la entrada, vi a Jean recargado, mirando su celular. Cuando sus ojos se cruzaron con los míos, yo los aparté y pasé de largo de él.
- ¡Oye, espera! - Gritó tomándome del hombro.- Te llevaré a casa.
- Puedo tomar el metro, tengo algunas monedas.
- ¡Está lleno de ancianos pervertidos! - Insistió con los ojos agrandados.- ¿Quieres que te recuerde lo que una vez te...?
- Abre la puerta antes de que te deje hablando sólo.
El sonrió, aliviado. Pero de alguna forma quería evitar a los viejitos pervertidos que siempre se colaban en el metro en busca de alguna víctima, ya sea una chica linda o un muchacho indefenso.
Me abrió la puerta del copiloto y yo me senté pesado. El también se subió y comenzó a manejar.
- He oído que abrieron un buen restaurante de comida francesa...
Dios, no.
- No me gusta la comida francesa.
- Oh, si...lo olvidaba, ¡que torpe soy! ¿Cómo pude olvidarme? - Se le salió una risa de estupidez.- ¿No quieres ir a comprar libros a la librería de...?
- No, esa no.
- No me dejaste terminar.- Masculló.- ¿No te gustaría...?
- No.
El suspiró, al menos aprecio el que se esté esforzando y le preocupe contentarse con una mierda de persona como yo.
- ¿Que debo hacer para que me perdones?
Yo sabía la respuesta.
- ¿Era Mikasa "la chica" a a la que le querías mandar las flores?
El me miró sorprendido y se giró al frente.
- Si.
- Ya veo.
Jean enarcó una ceja y frunció la cara como si estuviera lidiando con algún loco de psiquiátrico. Bien, no es como si yo me sintiera la persona mas cuerda.
- ¿No deberías estar mas enojado?
- Es algo raro .- Dije.- Debería tener ganas de golpearte o distraerte del volante para hacerte chocar y que yo me salve y tu no pero...- Lo miré a los ojos.- Creo que yo hubiera hecho lo mismo en tu lugar, ya olvídalo.
- Mierda, no se si reír de la felicidad o llorar por la forma en la que me quieres ver morir.
- Eso sólo era un ejemplo.- Aclaré.
- Oh...
- Yo te daría una muerte más creativa, como mocharte en pedacitos y repartirlos por lugares estratégicos de la ciudad.
- Estás enfermo.
- Cállate, me la debes.
- Bien, bien.
Nos habíamos contentado. Pero una cosa me daba vueltas en la cabeza y tenía que resolverlo.
- ¿Te volviste a enamorar de ella?- Pregunté.- ¿Cuando la viste por primera vez desde hace años?
- No pude evitarlo, ella incluso es más bonita que antes.
Casi babeaba, ¿enamorarse a primera vista? Que asco.
- No tienes remedio.
- Pero me dio mal su dirección.- Dijo en un tono de angustia.- Hablando de eso, no me haz dicho quien fue quien las recibió en su lugar.
Mierda, es cierto. Estaba demasiado enojado con él como para dirijirle siquiera la mirada.
- ¿Eren?
- Ah...si...
- ¿Fue una anciana gruñona? ¿Una cuarentona con falta de sexo? ¿Una mujer buenaza?
- Eso...
- Oye...
- No fue una mujer.
Abrió los ojos.
- ¿Fue un hombre?
- Eso no es lo peor, Jean.
- ¿Algún conocido?
- Peor.
- ¿Quien fue?
- Levi.
El semáforo se puso en rojo y el frenó dramáticamente.
- ¡No se si estás consciente de que no traigo puesto el cinturón de seguridad, maldito imbécil!
- ¿Que carajos mierdas dices? ¿Que le envié flores a Levi Ackerman?
Me aclaré la garganta y miré por la ventanilla.
- Flores con mi nombre como remitente.
El puso esa expresión que hace cuando algo le sorprende a tal grado de quedarse con la boca desencajada.
- Esto es ridículo, estúpido, incluso más estúpido que cuando la rubia plástica te metió a la cárcel.
- Oh, cierra la boca.
- ¿Ellos abrieron su empresa aquí?
El me ignoró y yo rodé los ojos.
- No Jean, ¿cómo crees que abrirían su empresa aquí? ¿En el lugar donde sus padres tienen asentada la editorial central de su compañía? ¿Por qué estarían Mikasa y Levi aquí, cuando dijeron que no volverían a menos que fuera por trabajo?
- Santa mierda.
- Ya lo digo yo.
Mi mal presentimiento no era cosa que debía ignorarse y mucho menos cuando te la has pasado pensando en como evitar a las personas que alguna vez fueron algo importante para ti.
…
- Sólo iré si el va.
Intenté toser, pero eso me causó más dolor. Ah, mierda.
- No seas así, seguro que ya todos siguieron con sus vidas, no debe haber malas relaciones ahora que ya somos un poco más adultos.
- Tal vez ahora que todos consiguieron un buen empleo se volvieron más engreídos que antes, ¿no te das cuenta? Sigues siendo la más ingenua de las personas que conozco, no todos son tan buenos como tu crees. Somos los "desterrados", a nadie le importa si vamos o no.
Jean y ella no habían parado de replicarse mutuamente desde hace rato, y mi mal humor aumentaba. Me encuentro algo molesto porque me quemé la garganta con una sopa muy caliente. Sin embargo, ahora que lo pienso bien, el tazón donde estoy comiendo la sopa se parece mucho a un florero que tengo en casa, esto me ha causado una terrible impresión.
- Di que si, Eren.
Ah, la garganta...
- Si
- ¡Eso es genial! ¿Lo vez Jean? ¡A Eren no le importará ir!
Christa daba saltos alrededor del sillón y me sentía mareado.
- ¿Eren? - Jean me miraba con una expresión desfigurada que me causó mucha gracia.- Tiene cara de idiota, ¡casi seguro tendrá fiebre! Así que su respuesta no es válida.
- ¿Fiebre yo? ¡Estoy de puta madre, hermano! Oigan, por cierto, ¿de que carajos han estado hablando todo este tiempo?
- No puedo creer que me juntaba contigo...- Murmuró Christa topando su cara con la pared.
- Estás muy positivo, Eren. Definitivamente estás enfermo, ¿aún así quieres ir? - Yo seguía sin entender.
- ¿Ir a dónde?
La mujer que hace rato estaba pegada en la pared pronto apareció a mi lado.
- Una reunión de ex alumnos.- Comentó con las cejas fruncidas.- Todos los de nuestra clase estarán ahí. Todos, Eren. Y se que muchas cosas cambiaron a mal, pero yo creo que deben de hacer un pequeño esfuerzo por ir. Los dos.- Miró a Jean.
Y el dolor de garganta ya no me importó.
- No quiero ir.- Anticipé antes de que dijera algo más.- ¿Qué hay de bueno en eso? No tengo nada que me obligue a ir. ¿Esas reuniones no se hacen cuando pasan diez o veinte años y todos son ya unos adultos que se arrepienten del rumbo que tomaron sus vidas? ¿Todos estarán ahí? Eso lo hace aún peor...
- Me gustaría que tuvieran tiempo para charlar.- Confesó ella desviando la mirada.- Fue tan triste como todos comenzaron a alejarse de repente...
-Las cosas pasan por algo, ya pasaron cinco años y a nadie le importa.
- ¡A mi me importa! Ustedes son mis amigos, o al menos se que lo fuimos y el hecho de que no hayamos sabido uno del otro fue por la distancia que había...
- Entonces invita a Ymir también.
Jean, el muy idiota se atrevió a hablar. Ella se quedó con los músculos crispados y reconocí la tristeza en sus ojos azules.
- No eres capaz, ¿verdad?.- Murmuré yo.- ¿Ahora vez lo difícil que esto resulta para nosotros dos? Sigues siendo nuestra amiga, pero no creo pensar lo mismo de ellos.
- Vamos y ya, ¿que puede salir mal? Si empieza a ponerse incómodo más rápido de lo que tenemos contemplado nos largamos y nos olvidamos de esta mierda.- Propuso mi amigo en un cambio de actitud resignada.
- No quiero ir.
Estaba siendo infantil. Y no me gustaban los lugares con demasiada gente que yo conociera.
- No pierdes nada.- Me dijo él.- No tienes por qué hablarles.
Escuché que Christa gruñó.
- Eso es todo lo contrario a lo que yo querría. Pero con tal de que vayas...por favor, Eren.
Esos ojos tiritantes me recordaron a la Christa de antaño. Ella era esa chica guapa y gentil a la que todos querían, lo cuál también era un problema. Más de alguna vez me encontré a mi siendo intimidado por su "Club de fans" y de alguna forma siempre lograba zafarme. Acabo de comprobar de que ella no ha cambiado.
- ¿Sólo es ir y venir, verdad?
- Si.- Respondió y jugó con sus pulgares sobre su pantalón.- También...bueno, tú sabes que Mikasa estará ahí y bueno...
- Si, si, ¿qué hay con Mikasa?-refunfuñó Jean apurado.
- Todos ellos siguieron en contactos todos estos años, así que se llevan por demás bien. Lo que quiero decir es que estuvieron de acuerdo en también invitar al...hermano mayor de ella. Son socios y quisieron que estuviera presente.
- ¿Qué? Bien, pero sólo será un rato.
- Será mañana.
- Eso ya es un problema.
- No tenemos nada que hacer.
- ¿Ah? ¿Cómo? ¿Así de fácil? Eres raro, Eren.
- Impredecible se ajusta más.- Añadió Jean sobándose las cienes.- ¿Quieres que te lleve a casa o algo?
Ella rió.
- Creo que a mi madre no le gustará eso.
- ¡Ah, cierto! Olvidaba que eras la hija de una bruja. Lo siento, chica, pero tendrás que seguir sin mi.
- Entonces iré yo.- Dije.
- Sería aún más horrible.- Se quejó ella yendo hasta la puerta.- Puedo llegar sola, está sólo a unas cuadras. Espero salir con ustedes alguna vez.
- Sólo no se lo digas a tu madre, se volverá loca.
- Tienes razón.- Nos sonrió y cerró la puerta cuando salió.
- Eren, a veces estás más chiflado de lo normal, ¿qué te traes?
- Nada, pero pocas veces puedo negarle algo a ella.
- Como sea, ojalá no te arrepientas. Por cierto, tengo hambre, te acabaste toda la sopa. Así que ve a comprar algo de sopa instantánea, ¿quieres?
- Estoy enfermo.
- Enfermas mis pelotas, salte de ahí y aliméntame.
Este infeliz del demonio me jaloneó hasta la puerta, me dio dinero y me cerró la puerta en la cara.
- ¡Me las pagarás, Jean!
Hoy hacía frío y los vendedores que esperaban amedrentares fuera de sus tiendas jamás me dieron más miedo. Ellos estaban preparados para lo peor. Había pandillas por todas partes
Entré al súper y compré los malditos fideos de Jean. Los que tenían extra picante, así le darían agruras.
Bendita maldad.
- Gracias por su compra.
Si, si...Salí. Espera, creo que acabo de chocar con una pared.
- ¡Fíjate por donde caminas, enano!
¿Qué? ¿Enano yo?
- ¿Quién se pone a mitad de la calle, para empezar?
- ¿Cómo? ¿Me haz dicho algo?
Esa voz grave y salvaje se me hizo ligeramente familiar.
- Digo que...¡Ya es bastante tarde para andar en la calle! Debo regresar a casa o si no será un problema...
- Espera...
Mierda.
- Yo a ti te conozco.- Se acercó a mi rostro y su ojo comenzó a temblar.- ¡Eres el imbécil que se pasó de listo conmigo!- Me tomó del cuello de la camisa.- ¿Crees que lo he olvidado, eh?
- No he dicho nada...- me sentía un niño llorica.
- No dejaré que escapes, niñita linda.- Eso no lo sentí como un buen cumplido.- ¿Tienes idea de la vergüenza que me hiciste pasar?
- Oye, créeme que yo se de vergüenzas, y si nadie te vio no tienes porqué preocuparte.- Se enojó más.
- ¿Qué puede saber un flacucho como tú?
- Nada, sé nada. Así que golpéame si tanto quieres, moriré siendo un ente miserable.
Pero bien, también soy un ente ingenuo.
¡Me dio un rodillazo de puta madre! Si yo no fuera el golpeado, este tipo sería mi héroe con la fuerza que se carga.
- ¡Ah...!- Gemí ¿Qué más da si muero? Pensé.
Siguió dándome golpes ya tirado en el suelo. Lo que un ladrón hace por una cartera vacía haría. Bueno, eso creo. No conozco a muchos ladrones personalmente.
Los golpes habían cesado y apenas y pude pararme. Sentí una presencia. Y no es que yo sea de esas gentes con poderes sobrenaturales que luego emprenden una aventura para salvar el mundo, no. Era de esas presencias que se sentían y te hacían sentir incómodo, por lo que pude reconocerlo.
- Levi...
El me miró con esa mirada que siempre había tenido sólo para mi. Creía que era cosa mía, pero luego la gente comenzó a decirme que definitivamente a mi él me tenía una especie de rencor especial, me miraba más duramente.
- No hagas cosas tan estúpidas como salir de casa a estas horas, ¿sabes lo peligroso que es? Intenta que para la próxima yo no esté en tu camino o serás golpeado por mi.
- ¿Qué? Yo no pedí tu ayuda...- Murmuré.
- No. Y claro que no la necesitabas.
- Estaba bien.
- Eres más descuidado que antes.
- No importa. Gracias de todas formas.
Me paré sólo sintiendo una punzada en mi estómago. Sus ojos se entrecerraron un poco, sólo un poco. Algo que alguien no puede notar si no se le está mirando fijamente.
- No te metas en problemas. Niño chiflado.
Eso es lo que yo quisiera cumplir. Levi se había vuelto tan adulto y sin embargo aún era muy joven.
Nostalgia. No me gustan las reuniones. No me gustan los reencuentros y detesto a la gente. Un ser antisocial como yo no desea estar rodeado de casi todas las cosas que detesto.
Eso si, los hermanos Ackerman y otros cuantos encabezan la lista.
Continuara...
Hay algo que me incomoda justo ahora y es que estoy próxima a hacer mi examen de admisión para una institución de artes. El problema es que es de conocimientos académicos y yo soy una persona desgraciada y floja, pero me estoy esforzando u.u
¿Que tal? Siento que cada vez se torna más raro y es que a mi me encanta Jean aquí como su mejor amigo, ¿no lo aman? ¿No? Bueno, que más da.
Ya se la saben, reviews= inspiración. Vamos, no sean tan lectores fantasma xD Bien, déjenme sus dudas o sugerencias, amenazas de muerte y ya veré si es apropiado contestarlas xD
Marrie los quiere a todos (en realidad odio bastante a la gente pero mi psicóloga me dijo que hay que ser positivos xD) Sean felices y vean mucho porno gay :3
