2
Noche
"I follow the night.
Can't stand the light.
When will I begin
To live again?
One day I'll fly away,
Leave all this to yesterday."
Satine (Moulin Rouge!)
De noche en el burdel, Mai se preparaba para cumplir el turno de la tarde. Se maquilló, se peinó, y se puso uno de los mejores kimono que tenía (que en realidad no eran muchos). Al estar lista, abrió la puerta de su habitación y se dirigió hacia la entrada del lugar para comenzar a recibir a los clientes.
En cierta forma, estaba feliz de que lo del otro día no le haya causado problemas (el solo hablar con un hombre fuera de horarios de trabajo podía tener muy malas consecuencias, ella lo sabía muy bien). Asumió que en parte se debía a que Toshiro no había abierto su boca, pero apostaría que lo usaría en su contra en cuento pudiera.
Hablando de Roma, vio a Toshiro acercársele al salir de una de las habitaciones del primer piso.
- No trabajarás hoy –le dijo, con una voz imponente, mientras la tomaba fuertemente del brazo.
- ¿Qué?
Toshiro la ignoró mientras la llevaba escaleras arriba, sin importarle que Mai tropezara casi diez veces con los escalones. La llevó a su habitación, una de las más modernas y occidentales del edificio, allí la soltó, mientras se cercioraba de cerrar bien la puerta.
- No jodas, Toshiro, no estoy de humor –le informó, acercándose a la puerta y tratando de abrirla.
- Lo mismo digo yo –puso su mano sobre su hombro, apretándolo fuertemente, haciendo que la joven soltara un pequeño gemido-, pero yo lo digo en forma diferente. Desvístete.
- No.
Toshiro arqueó una ceja, con la mirada fija en los ojos de Mai. Juraría que el silencio entre ellos duro una hora o más, pero solo así lo sintió ella. Cuando quiso darse cuenta, estaba en el suelo, sintiendo un fuerte dolor en su parte posterior por el choque entre ella y el suelo.
Gimió de dolor, y no tuvo tiempo de reaccionar cuando Toshiro se abalanzó sobre su cuerpo. Tiró fuertemente de su obi, en un intento de desatarlo, mientras Mai trataba de apartarlo de su cuerpo, golpeándolo y empujándolo. Continuó gritándole que se detuviera mientras forcejeaba inútilmente contra la fuerza de quien en realidad era su jefe.
- ¡Toshiro, basta!
Cansado de la lucha que la chica le ofrecía, tomó sus muñecas y las sujetó fuertemente contra el suelo.
- Quédate tranquila. Ya hemos pasado por esto muchas veces. ¿Es que no has aprendido nada? Todo estará bien si no ofreces resistencia.
Mai lo fulminó con la mirada un rato largo, aparentando haberse calmado. Cuando la soltó, creyéndola sumisa, lo empujó fuertemente, e intentó llegar hasta la mesa al lado de la cama, donde había una lámpara de vidrio que podía usar como arma. Por desgracia, no pudo hacerlo, pues Toshiro la sujetó por los tobillos, haciendo que tropezara y cayera.
- ¡Maldita perra! –le gritó mientras la volvía a sujetar por las muñecas.
Mai arqueó su cabeza y le escupió en la cara, demostrándole todo su odio y desprecio. Él parecía sorprendido al principio, pero finalmente reaccionó golpeándole en la cara.
Casi pudo sentir su cerebro sacudiéndose en su cráneo cuando él la golpeó, haciendo que su cabeza chocara contra el suelo. Su visión se nubló durante un rato, mientras sentía perder todas sus fuerzas por lo que parecía una eternidad. Parpadeó varias veces, sintiendo algo encima de ella, obviamente era Toshiro, pero no estaba consciente de lo que en realidad pasaba.
Cuando Mai pudo recuperar el sentido, gritó fuertemente.
Toshiro volvió a golpearla, haciendo que tosiera, para después seguir gritando. Rápidamente le tapó la boca con su mano derecha, mientras se desasía de su kimono con la otra.
Mai evitó mirarlo a la cara, o a la habitación siquiera, y cerró fuertemente los ojos, tratando de, algún modo, quedar inconsciente.
Sintió el pesado olor a humo de cigarrillo llenar la habitación, y, cansada de mantener los ojos cerrados, se forzó a si misma a abrirlos.
Mai tomó su kimono, que estaba tirado a su lado, se lo puso, y trató de arreglarlo bien con el obi, aunque no estaba en condiciones para concentrarse en ello, así que se lo ató descuidadamente. Trató de abrir la puerta, cuando recordó que estaba cerrada bajo llave. Giró su cuerpo lentamente para mirar a Toshiro, quien estaba fumando tranquilamente sobre la cama.
- Esta en mi hakama –le dijo, sin siquiera mirarla.
Buscó en los bolsillos de su hakama, y abriendo la puerta, salió rápidamente de la habitación, sin mirar atrás.
Caminó apresuradamente por los pasillos, hasta llegar a su habitación. Una vez allí, se acomodó el kimono y se recogió el cabello, en un intento de verse como lo hacía antes de ir al cuarto de Toshiro.
No estaba segura de porque lo hacía. Después de eso, no sentía ganas de salir a trabajar. No es como que alguien lo notaria de todas formas, para la hora que era, seguro que no había nadie desocupado.
Se sentó al lado de su ventana, y trató de enfocar sus pensamientos en la vista que desde allí tenia.
Siempre le había gustado mucho la noche, en especial noches como esas, sin nube alguna, con una gran luna adornando el cielo.
Tuvo una retrospectiva de la primera noche que estuvo en ese burdel, hace casi 4 años. En ese entonces tenía casi 14 años, y en cierta forma había sido forzada a entrar en todo ese negocio.
La visión era casi la misma que la de ahora. Ella, sentada al lado de su ventana, mirando hacia afuera. Sus pensamientos le decían que ese "trabajo" solo duraría hasta que pudiera tener suficiente como para vivir por su cuenta. Por supuesto, ese día no había llegado, es más, si quería que ese día llegara, debería ahorrar toda su vida con lo que le pagaban.
Pero incluso aunque quisiera irse, sabía que no la dejarían, ni aunque jurara con su vida no decir nada sobre todo ese negocio de la prostitución.
- ¡Mai! –La llamó Kazumi, abriendo la puerta de su habitación-. ¡Qué bien, ya terminaste con Toshiro! ¿Puedes venir a ayudarnos abajo?
- Claro –respondió ella de mala gana. Se vio al espejo una última vez, y siguió a Kazumi por el pasillo-. ¿Cuál es la emergencia?
- Hay una fiesta abajo, cada vez llegan más clientes y se nos acaban las chicas. No es una gran fiesta, pero el que la organizó parece tener muchos amigos.
Mai escuchaba tranquilamente la historia de Kazumi, mientras bajaba las escaleras y comenzaba a escuchar risas y gritos, provenientes del salón principal. Kazumi abrió la puerta solo dos centímetros para poder espiar como iban las cosas.
- Debes atender a aquel que está en la punta, ¿sí? –Le informó, sin dejar de mirar por el pequeño espacio entre la puerta y la pared, para luego abrirla por completo-. ¡Disculpen la tardanza! Pronto llegaran más jóvenes para ustedes, caballero –explicó Kazumi al grupo de hombres allí reunidos.
Mai entró al cuarto detrás de Kazumi y miró de forma rápida a toda la gente que había allí, pero se concentró en quien debía atender. Era un hombre joven, de cabello castaño oscuro y ojos marrones; llevaba una chaqueta blanca con bordes negros y pantalones blancos. Era un hombre atractivo dentro de todo, pero, basada en su apariencia, Mai dedujo que sería una persona que necesitaba probar su masculinidad, como ya ha explicado anteriormente.
Caminó decididamente hacia él, ignorando que quizás otros hombres estuvieran pidiéndole que se detuviera para charlar con ella (debían de estar muy borrachos como para ver a la cortesana que tenían al lado sirviéndoles sake).
- Buenas noches –le saludó ella, sentándose casi detrás de él. Al hacerlo, notó que, en la parte trasera de la chaqueta, estaba escrito el kanji de "maldad". Le pareció extraño, pero no dijo nada al respecto-. Mi nombre es Mai, y me encargare de servirle esta noche. ¿Puedo servirle más sake?
El joven le pasó su vaso vacío, pero no la miró ni emitió sonido alguno. Mai suspiró ante su aparente indiferencia, pero continuó con su trabajo.
Toda la fiesta era en realidad un juego de apuestas. Quien sea que estuviera organizando eso debía de tener mucho dinero, o al menos lo suficiente como para desperdiciarlo en esa… celebración. O quizás simplemente no le importaba ganar o perder dinero.
Observó tranquilamente el juego durante un rato, mirando como los hombres apostaban, mientras que otros tiraban los dados, viendo también como "su cliente" perdía cada vez mas (le daba gracia en realidad, pero no estaba por reírsele en su cara). En cierta forma, no le gustaba verlo perder, puesto que podía perderlo como cliente, ergo, se enojarían con ella por perder a un cliente, así que decidió ayudarlo.
- ¿Puedo hacerle una sugerencia? –le preguntó al oído, mientras le servía más sake.
El joven parecía no escucharla pero después de un rato le respondió:
- No tengo nada que perder. Te escucho.
Mai permaneció en silencio, mientras veía que arrojaban los dados.
- Acaba de tirar los dados con la mano derecha. Los dados en su mano derecha son números impares. Intente apostar por un par de números impares.
El joven siguió sin mirarla, pero por lo menos la escuchaba, pues si aposto por el 5 y el 9. Aunque de todas formas no funcionó. El hombre vocifero una expresión de disgusto, y la miró, por primera vez, de forma disgustada.
- Lo siento –se disculpó ella, con una sonrisa nerviosa-. Pero tenía razón en lo de los números impares. Quizás pueda tratar de adivinar yo, ¿no cree?
- Tú dirás…
Mai le sonrió y esperó a que volvieran a arrojar los dados.
- Un par de dos.
Su cliente apostó por ellos, y finalmente ganó su primera ronda. Mai rió y aplaudió alegremente, mientras que el joven sonreía feliz de haber ganado por primera vez en toda la noche. El muchacho tomó de un trago lo que quedaba en su vaso de sake, para luego pasárselo a la chica rápidamente.
- Creo que no me ha dicho su nombre –le dijo ella, mientras hacía su trabajo, sirviéndole más sake.
- Solo dime Sanosuke.
Mai asintió con la cabeza, entregándole la copa de sake.
Un par de rondas más, y ya pudo notar cierto rubor en las mejillas del hombre, aunque no parecía del todo ebrio cuando de hablar se trataba. Pero si había dejado en claro que no tenía ningún interés en ella ni en ninguna otra chica del burdel. Eso la hacía cambiar de opinión en cuanto a que tipo de hombre era aquel: ahora era uno de los que buscaba placer, pero no el placer sexual, sino el placer de apostar y beber. Aunque seguía pareciéndole extraño que no tuviera ningún interés en el sexo.
Luego de haber pasado una hora, Sanosuke anunció su retirada, parándose y saludando a algunos de sus amigos en su camino a la puerta. Mai lo siguió por detrás (era también parte de su trabajo escoltar al cliente a la puerta).
- No tienes que seguirme hasta la salida, la conozco perfectamente –le dijo Sanosuke sin mirarla.
- De hecho, si tengo –le explicó, abriéndole la puerta principal-. Es parte de mi trabajo.
Salieron afuera, Mai sintiéndose vigilada por la señora encargada de la entrada del burdel (que en realidad estaba escondida detrás la primera puerta).
- Gracias por haberme hecho ganar aunque sea una vez en toda mi vida –le dijo él, sonriéndole.
- Fue un placer. Estoy acostumbrada a ver a ese sujeto hacer trampa al tirar los dados, no fue un problema tener que decirte sus trucos.
Sanosuke rió ligeramente.
- Si tuviera dinero suficiente como para gastar en prostitutas, lo haría contigo –le declaró, sin ningún tipo de vergüenza o decoro.
- ¡Pero si acabas de ganar casi 10000 yens! –le reclamó.
- Pero tengo deudas que pagar, ¿sabes?
Mai asintió con la cabeza, y se miró los pies.
- Entiendo. Simplemente no quieres gastar dinero en prostitutas –Él no le respondió, mas miró hacia otro lado-. El sexo no es algo por lo que en realidad se debería pagar. Además, creo que hoy no es un gran día para mí, así que debería agradecerte que no quieras acostarte conmigo. Igualmente, puedo notar que no tienes ningún interés en mi o ninguna otra chica, así que no debo sentirme mal…
- Hablas demasiado, ¿sabías eso?
- Si, lo hago a veces cuando estoy nerviosa –le respondió, riéndose ligeramente.
- De todas formas, entendiste mi indirecta. Me voy.
El joven se despidió y se alejo caminando.
Mai permaneció afuera unos segundos, viendo el símbolo de maldad en la espalda del hombre alejarse con él, para luego unos golpeteos, señal de que debería entrar de nuevo o se ganaría una paliza. Hizo lo que debía hacer, y se dirigió a su habitación.
No entendía porque lo hacía, pero cada vez que un cliente la rechazaba, se ponía nerviosa, y comenzaba a balbucear, tal y como lo había hecho recién. Creía que una de las principales razones era porque, si no atraía clientes, no le pagarían, o en casos peores, la golpearían hasta dejarla inconsciente. Nunca le había pasado, pero temía que algún día si. Si había recibido castigos antes, pero aprendió viendo a sus compañeras que había castigos peores a los que ella había recibido.
Y les tenía miedo. Tanto miedo que le gustaría salir a correr en ese instante. Sin embargo, sabía que si la atrapaban, estaría muerta.
Segundo capitulo, creo que Sano me quedo un poco OOC, pero ustedes diran. La semana que viene empiezo la universidad, asi que no se cuando voy a publicar el tercer capitulo, igual, voy a tratar de apurarme :)
