Ah, lo que yo pensaba s: os ha extrañado pero creo que a la vez os gusta (: ¡bien! Porque me encanta escribirla, y tengo muchísimas ideas. Al mismo tiempo, tengo que decir que algunos de mis fics estarán paralizados temporalmente, hasta que algo se me ocurra T-T porque tengo empezados los capítulos, todos, pero no consigo darles un fin, y puede que sea porque ahora mismo no estoy en la situación que estaba antes, así que no necesito desahogarme con ese tipo de escritura. Estoy casi segura de que es así. Perdón por las molestias, en fin, ¿qué puedo decir? Solo espero que pronto me venga la inspiración para ese tipo de historias.
Kv-chan: la oji miel es Haruna, porque tiene ojos color miel, a mí me lo parece… bueno, da igual (: era eso lo que preguntabas, ¿no?
CAPÍTULO 2
"¡Vamos, piénsalo! ¿Acaso no es hora de ser tú misma? Demuéstrales que puedes hacerlo, que tú eres Haruna Otonashi, y a ti, NADIE te controla."
-Entonces… ¿no tenéis un lugar donde montar la fiesta? –la peli azul clara les miró, con cara de fastidio. Eran los tres muy guapos, altos y estaban buenísimos. Sería una pena no poder disfrutar de una noche con su compañía, una auténtica pena, y solo porque sus padres les habían castigado. La última fiesta fue desastrosa. Eso le dio una idea a Haruna de lo mucho que iba a gustarle asistir a una.
El más alto de todos, Hiroto, propuso:
-Oye, ¿tu amiga no es la hermana de Yuuto Kido?
-Sí, lo soy –dijo Haruna, molesta porque hablaran de ella como si no estuviera allí- Ese al que llamáis "Superman"
-Jajaja, eso lo empezó Midorikawa, y si tu hermanito se quitara esa capa, no lo haríamos, bonita –respondió Burn, el arrogante del grupo, que las miraba a las dos como si las desnudase con los ojos. Haruna se sentía intimidada.
-Ah, cállate, Burn –replicó Gazel, por fin uno serio, frío como el hielo, pero con muy buen gusto para las chicas. Decían que sus besos eran los mejores. Ulvida pensó que no estaría mal comprobarlo.
-Bueno, ¿y qué? –preguntó la Otonashi.
-Creo recordar que tu hermano tiene una mansión. Y… que tú eres la única que podría convencerlo de cualquier cosa –el pelirrojo sonrió, seductoramente, atrayendo toda la atención de la oji miel.
-¿Yo…? –sacudió la cabeza, saliendo de su breve hipnosis- ¡Ni hablar!
Ulvida rió falsamente y se disculpó con ellos, llevando a su amiga a un rincón, para reprocharle:
-¿¡Estás loca, verdad!
-No, ¡tú sí que estás loca! ¿De verdad crees que voy a jugarme el culo por unos niñatos?
-¿Unos niñatos? –Soltó una carcajada- ¿Es que no sabes quiénes son?
-¡Claro que lo sé, por eso digo que son unos niñatos!
-Mira, si no lo haces por ellos, hazlo por mí. Haru-chan, venga, quiero salir de este estúpido agujero que es mi vida, y tú puedes ayudarme, porfa, porfa, porfa…
De lejos, aunque no demasiado, observaba la escena el grupito formado por Endo, Kazemaru y Midorikawa.
-Esto no acabará bien… -predijo Kazemaru- Sobre todo para Haruna.
-Y para el pobre idiota que se le acerque en la fiesta –añadió Midorikawa.
-Nadie ha dicho aún que vaya a haber tal fiesta…
-Pero la habrá. Kido nunca le niega nada.
-Eso no lo sabes –replicó Endo- Seguro que no la deja… tener novio.
-Bueno, nunca la he visto interesada por nadie –soltó Midorikawa. El peli azul que estaba a su lado se encogió un poco – En fin, ya me he aburrido de esto, ¿quién se viene de pellas?
-Estás de coña, ¿verdad? –Fubuki se acercó por detrás, con una expresión de pasotismo en su cara- Sí, seguro que lo estás, porque no creo que quieras meterte en líos, como la última vez.
-¿Qué pasó la última vez? –preguntó Kazemaru, que en ese entonces estaba de viaje y se había perdido algunas cosas. Ryuuji soltó una risotada seca.
-Atropellamos a un gato.
-¡A un perro!
-¡Bah!
-No, ni hablar, yo no pienso ir –dijo Shiro, dirigiéndose a su taquilla mientras los demás le acompañaban, a su alrededor. Midorikawa puso cara de aburrido, intentando convencer a su amigo- Di lo que quieras, Midorikawa, yo sí iré a clase hoy. Me da exactamente igual que pienses que soy un aburrid… ¿ ¿Esa de ahí es Haruna? ? –se extrañó notablemente el oji verde, señalando a la Otonashi y admirando su nuevo vestuario.
Kazemaru asintió, decaído por dentro, pero con demasiado orgullo en su cabeza como para demostrarlo.
La peli azul oscura no podía creerse que estuviera de camino al aula de su hermano, vestida con la minifalda más corta y descarada que había llevado nunca, a punto de pedirle (con esas pintas) que le dejara montar una fiesta en su casa, y además, que en esa fiesta hubiera decenas de chicos. ¡Chicos! Cuando esa palabra llegaba a oídos de Kido y en la misma frase estaban las palabras "fiesta", "noche" o "hermana pequeña", la alarma anti-peligros-masculinos de su cabeza sonaba tan fuerte que probablemente podía oírse en kilómetros a la redonda. Por supuesto, aquella no iba a ser la excepción.
-¡Espero que estés bromeando! –exclamó Kido, al oír lo que la pequeña Haruna tenía que decir. Encima, se atrevía a aparecer ante él con una ropa tan… tan…
-No, Kido. Venga, ¡nunca te pido nada!
-¡Ja! ¿Perdón?
-Bueno, vale, puede que a veces te pida cosas –admitió Haruna, molesta- pero tienes que hacerme este favor. Te lo devolveré, lo prometo.
-Ya sabes que no. Lo siento.
Ulvida, escondida tras la puerta de la taquilla continua, lo había oído absolutamente todo, y supo que era el momento de entrar en escena. Cerró la puerta con un ruido sordo y fuerte, para que Kido se diera cuenta. Lo hizo. La miró, casi babeando, con los goggles empañados. Se los quitó para limpiarlos, y así de paso pretender impresionarla con sus increíbles ojos, que normalmente escondía detrás de esas horribles gafas. Ella, en circunstancias normales, ni se habría inmutado, pero era por una buena causa, así que puso cara de idiota enamorada y, apoyándose en la taquilla sensualmente, le habló. Solo dios (y Haruna) sabe cómo diablos logró Ulvida convencer a Yuuto de que la fiesta fuera en su mansión, y que además, se encargara él de las bebidas.
Definitivamente, Endo y los demás no se iban a saltar las clases esa vez. Al final fue el conserje del instituto el que zanjó la cuestión: se colocó en la puerta, con la excusa de parar a los pelleros, aunque medio centro sabía que no lo hacía por otro motivo, sino para admirar a las nuevas bellezas que la vida había tenido la gentileza de traer a su instituto. Para el resto de los alumnos, era un asco.
Ya se hacían las diez cuarenta y cinco, y la clase de literatura transcurría con su habitual parsimonia, cuando una notita llegó hasta Ulvida. "Aléjate de los chicos" El papel era rosa, olía a fresas y tenía dibujada una mariposa en la esquina. Seguramente era una hoja arrancada de la agenda de alguna chica de esas tan pijas. En esa clase, precisamente, solo había tres personas a las que pudiera pertenecer la nota: Aki, Rika y Natsumi. Aki no era mala gente, la misma Ulvida había salido con ella a dar una vuelta alguna vez, pero era tremendamente cursi, así que no se hicieron muy amigas. Con Rika no se llevaba mal, la razón por la que Haruna y ella decidieron tomar distancia era lo ruidosa que se mostraba en cuanto Ichinose, deportista oficial del instituto y propiedad de Rika, estaba por ahí cerca. Por último, estaba Natsumi, la presuntuosa hija del director. Bueno, sobre ella, qué decir, era odiosamente perfecta, conquistaba a todos los tíos, y no les hacía ni el menor caso, eso sí, los utilizaba y destrozaba a su antojo. Para Ulvida, fue alguien cuya actitud quizás alguna vez envidió, pero ahora que ella era parecida e incluso mejor, no iba a dejarse pisotear.
La oji azul miró a esta última, que la fulminaba con la mirada, y sonrió arrogantemente, mientras le sacaba el dedo corazón. Natsumi, comida por la rabia, se cruzó de brazos, enfurruñada, y se pasó el resto de la clase mirando por la ventana. Al final de la clase Reina se levantó de su silla y por el momento decidió no hacer caso de la pija. Tenía cosas más interesantes de las que preocuparse.
-Hola, Hiroto –saludó cuando vio al pelirrojo acercarse.
-Hola, guapa, ¿cómo ha ido lo de Kido?
-Perfecto, nos deja su casa toda la noche del sábado –respondió ella, feliz. El otro sonrió.
-Bien. Oye, si la fiesta decae, siempre podemos escaparnos en el deportivo de mi padre.
Ulvida pareció muy interesada en esa proposición, pero actuó como la diva que ahora era, disimulándolo.
-Podríamos… -contestó, y se fue, al lado de Haruna, que se alegraba más que nadie en el mundo de que hubiera acabado el día.
La peli azul salió ese día del instituto con planes para la noche de sábado y una sonrisa triunfante. Haruna, por su parte, maldecía hasta las piedras que encontraba en su camino.
-¿No te parece genial?
Haruna la miró.
-No –Ulvida puso los ojos en blanco.
-Pues eres tonta, vas a tener a los tíos a los que espiábamos en la ducha en tercero, en tu casa, ¡serás la protagonista! Yo que tú lo aprovecharía, amiga.
-¿Nos espiabais en la ducha? –preguntó una voz conocida, burlona. Reina se dio la vuelta, pero era el idiota de Midorikawa- ¿En tercero? Guao, y parecíais tan inocentes…
-¿Alguien está hablando contigo? –respondió Ulvida, cortante.
-Bueno, estabais hablando de mí, seguro. Sé que soy la fantasía de muchas chicas, pero ¿tanto como para espiarme?
-¡Cretino! Largo.
-Jajaja, vale, vale, tranquila… ¿Desde dónde espiabais a quien sea que espiarais? –preguntó, esta vez más seriamente, realmente interesado en la respuesta.
-A ti no, desde luego –dijo ella, con asco- Habría que estar muy mal de la cabeza para querer algo contigo.
-Sí, eso me lo dejaste claro antes –le dio una palmadita en la espalda- Buena respuesta, aunque yo habría optado por algo más atrevido, como…
-¿Sabes qué? No me interesa lo que digas –le interrumpió- Hasta ahora, solo te has acercado para pedirnos los deberes, o contarnos algún chiste malo, no me vas a decir ahora que nos sigues porque te caemos bien, porque tú y yo sabemos la razón por la que no nos quitas ojo hoy. Adiós.
Una vez más, Midorikawa Ryuuji se había quedado sin palabras, gracias a Ulvida.
¡Fin del capi! ¿Qué tal ha estado esta vez? ¿Me merezco algún review?
Os quiero, mis queridos lectores, tanto si comentáis como si no (:
