LA LEYENDA DE LOS AMANTES DE HOGWARTS


YYYYY... YA VINE CON EL SEGUNDO CAPÍTULO Y YA ME VOY

HAHAHA, SÓLO VENGO A ENTREGARLO, USTEDES LEAN, DISFRUTEN Y ESPEREMOS QUE NO LES SANGREN LOS OJOS xD

CON USTEDES...

EL SEGUNDO CAPÍTULO :v


2: ¿CONOCES LA LEYENDA?

25 AÑOS DESPUÉS….

-¡Es una tonta!- refunfuñaba el chico mientras caminaba por un solitario pasillo de Hogwarts- ¡Tonta!- se detuvo frente a una pared y cerró los ojos pensando en un lugar solitario, un lugar donde pensar con calma y que nadie lo molestara. Una puerta se materializó frente a él, la empujó y la cerró pateándola. En la sala había un simple sofá pegado a la pared. Arrojó su mochila en él y comenzó a patearlo.

-¡Tonta, tonta, tonta!- gritaba mientras intentaba asesinar al indefenso sofá rojo. Gruesas lágrimas surcaban su pálido rostro, su cabello largo y negro se alborotaba más de lo usual-¡Tonta!

-¿Disculpa? ¿Me lo dices a mí?- preguntó alguien. Él se sobresaltó, con el corazón latiendo aceleradamente. Se suponía que nadie podía entrar a la Sala de los Menesteres mientras él estuviera dentro. Volteó para ver de quien se trataba, por un segundo creyó que no había nadie, hasta que se dio cuenta de que a unos metros de él se encontraba una chica, pero no cualquier chica, era una fantasma aunque no era Myrtle, esa niña que lo acosaba cada vez que iba al baño.

-No…-dijo mientras se limpiaba las lágrimas de sus grandes ojos color esmeralda.

Observó con detenimiento a la chica fantasma, era en verdad hermosa; a pesar de que los fantasmas eran casi blancos se podía observar levemente el color que tuvieron en vida: la chica tenía ojos grandes y marrones, su cabello largo y castaño, que caía en ondas, parecía que en su momento fue suave y sedoso, sus mejillas tenían un ligero tono rosa y sus labios eran de un bonito color rojo claro. La chica iba vestida con una hermosa túnica rojo escarlata con detalles color oro y se ceñía a la perfección con su atractivo cuerpo, usaba una capa negra y fina, en su cuello llevaba una delgada cadena de oro de la que colgaba un delicado corazón hecho de esmeralda, en su mano derecha portaba, en un dedo, un anillo que seguro fue de oro y con un gran diamante al centro, mientras que en la izquierda usaba un anillo en forma de serpiente que se enroscaba en su dedo. Ese anillo él lo había visto antes, o eso creía.

-¿Cómo te llamas?- preguntó la chica. Su voz sonaba más dulce que antes.

-Albus Severus Potter- respondió. La chica sonrió, asintiendo para ella misma.

-Mucho gusto, te pareces a tu padre- le dijo, sin dejar de sonreír.

-¿C-cómo lo…?-dijo Albus confundido-¿Quién eres…?- Albus nunca había visto a esa chica, nunca se había cruzado con ella en sus seis años de escuela, creía conocer a todos los fantasmas pero no sabía ni de la existencia de ella, se preguntaba si fue alumna del colegio pues se veía un año mayor que él o incluso de su edad.

-Ya te lo diré- dijo misteriosa- Pero tú dime, ¿por qué lloras?

-Por… una tontería- contestó Albus y se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, casi con fastidio.

-Yo escuche que dijiste una tonta- dijo la chica fantasma, sonriendo con diversión.

-Pues esa tonta es la tontería- dijo él apretando los puños- .Esa tonta es una verdadera tontería, arruinó mi vida.

-Supongo que esa tonta tiene nombre- ella se acercaba, flotando y ladeando un poco la cabeza, como si fuera obvio que él tenía que decirle el nombre de la supuesta tonta.

-Sí, el nombre más…- Albus se mordió el labio pues estuvo a punto de decir bonito-…más tonto de la historia- se corrigió a sí mismo, queriéndose dar una bofetada-. Una ridiculez de nombre. Absurdo.

-¿A sí?- inquirió ella, curvando una ceja, curiosa.

-Sí- afirmó Albus, con un seco asentimiento de cabeza.

-¿Cuál es?- preguntó la fantasma.

-Es…


-¡Maldito imbécil! ¡Cómo te odio!- decía una chica mientras subía a la Torre de Astronomía- ¡Te odio!- sus pasos eran fuertes y resonaban por todo el lugar. Sus manos blancas estaban cerradas en forma de fuertes puños.

La chica llegó a la Torre, se recargó en la barandilla y cerró los ojos cuando sintió las fría pero suave brisa acariciar su pálido rostro. Apretó en sus manos el frío metal, una lágrima surcaba su rostro. La limpió rápidamente, ella no lloraba, no era débil. Llorar era una debilidad.

-Te odio- dijo con voz temblorosa.

-¿Qué te hice?- giró velozmente, ella había comprobado que nadie la siguiera, pobre del que lo hiciera pues ese era SU LUGAR favorito donde disfrutaba de la soledad y pensaba las cosas con más claridad. Estuvo a punto de creer que estaba alucinando, se apartó el fleco de los ojos, luego los entornó y comprobó que fue un chico el que le habló, pero no cualquier chico: un fantasma.

-No te hablaba a ti- dijo ella arrugando la nariz, con desdén.

-¿Hablas sola?- preguntó el chico sonriendo de lado, con mofa.

-No… bueno casi no…- respondió ella, cruzándose de brazos-. Sólo a veces.

Miró minuciosamente al chico, le pareció un joven muy guapo, más que eso le pareció que era un joven hermoso: su cabello era color rubio platino, sus ojos eran fríos y de un gris brillante que parecía plata, era muy alto y más pálido que los otros fantasmas, vestía un traje negro debajo de una capa negra; en su mano derecha tenía un anillo que alguna vez fue de grueso y brillante oro, en la mano izquierda un anillo en forma de serpiente se enroscaba en uno de sus pálidos y largos dedos.

El chico le parecía demasiado familiar, dio otro vistazo al anillo que él usaba y luego bajó la mirada a su propia mano izquierda, donde tenía uno igual.

-¿Quién eres?- dijo sin rodeos, fruncía levemente el ceño, y su rostro lo mantenía bien en alto.

-Mejor dime quien eres tú, aunque ya lo sé- respondió él, con altanería, y se acercó a ella.

-Yo te pegunté primero- ella frunció el ceño y un ligero tinte molesto apareció en sus fríos y grises ojos-. Pero te diré, soy Malfoy, Cassiopeia Malfoy- se irguió orgullosa.

-Lo sé- el chico suspiró-. Eres hija de Lucius y Narcissa. Tus padres ya no son tan jóvenes.

-Si soy su hija, y no, ya no son tan jóvenes como los padres de los demás –afirmó, encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto de la edad de sus padres- ¿Me dirás ahora tu nombre?

-No- contestó el fantasma, con una sonrisa divertida en sus labios finos. Cassiopeia rodó los ojos- ¿A quién odias?- la chica empalideció, más, cuando él le pregunto eso.

-A nadie que te importe- dijo, en tono cortante.

-Si me importa- dijo él. Sus ojos plateados brillaban, divertidos y curiosos.

-¿Qué puede ser importante para un fantasma?- replicó ella, soltando una risita burlona.

-No porque este muerto significa que no haya cosas que me importen- dijo el rodando los ojos en un gesto idéntico al de la chica- Dime, ¿a quién odias?

-A un…- Cassiopeia dudó, sin embargo, respondió- a un estúpido mestizo.

-¿Por eso lo odias? ¿Por su sangre?- inquirió el muchacho, arrugando la nariz.

-No solo por eso… no puedo… es que el… su familia… mis padres no… no lo sé- ella suspiró profundamente, frustrada por no saber qué decir.

-Dime quien es entonces, si no puedes explicarlo quizá pueda comprenderte- el chico se sentó en la barandilla, el paisaje se veía a través de él.

-De acuerdo- Cassiopeia se alisó el cabello y se acomodó el fleco- es…


-Es Cassiopeia Malfoy- dijo Albus a la chica. Se sentó en el sofá y tiró de su largo cabello, cerró los ojos con fuerza y de ellos salieron más lágrimas, sollozó como cada vez que iba a ese lugar, era su rincón de la soledad y el llanto, su lugar de pensar. Ni siquiera le importó que una chica, una fantasma, totalmente desconocida, lo viera llorar cual bebé.

-¿Pero por qué lloras?- preguntó ella, con suavidad. Sus ojos miraban angustiados al muchacho.

-¡Por ella!- Albus alzó la vista, sus ojos esmeraldas estaban inundados en lágrimas pero no reflejaban ni desagrado ni odio, estaban cargados de tristeza y dolor-. Ella… ¡ella me odia!

-¿Eso te pone triste? ¿Te entristece que te odie?- la joven fantasma arqueó una ceja nuevamente, un tanto sorprendida por la respuesta de Albus.

-¡Sí! Yo no quiero que me odie- exclamó el pelinegro. Sorbió un poco con la nariz, y respiró profundamente, intentando calmarse- Yo quiero que… ella me… ¡pero es muy tonta!

-¿Por qué te afecta tanto?- exclamó la chica, con cierta incredulidad- No deberías vivir a expensas de lo que los demás sienten por ti, seguro que esa chica no es gran cosa, o acaso…- con solo ver a los ojos de Albus, ella comprendió- ella te gusta- respondió. Ni siquiera le era necesario preguntarlo. Ella lo sabía.

-No- contestó Albus y una nueva ola de lágrimas salió de sus ojos-. Yo la amo…

-Eso es… más complicado creo- la chica se sentó junto a Albus y trató de poner su mano en el hombro de él, pero sólo le causó escalofríos cuando lo traspasó- Lo siento- se disculpó. Sus mejillas se opacaron, como si se hubiera sonrojado.

-No es nada- Albus se secó los ojos con la manga de el suéter.

-¿De verdad la amas?- preguntó ella, sin intentar tocarlo esta vez.

-Si… nunca… es decir me han gustado varias chicas- admitió él-, he tenido 4 novias pero… no las amé jamás, si suena horrible, pero es que ella… ella me trae loco, por ella las dejo, no puedo sacarla de mi cabeza… la amo aunque sé que nunca habrá nada entre nosotros- dijo con pesar, aunque no resignado.

-¿Por qué no? ¿Qué se los impide?- la chica no llegaba a comprenderlo, era poca información, después de todo.

-Para empezar- respondió él, una risa amarga se escapó de su boca-, es una Slytherin, yo un Gryffindor.

-He visto a muchos chicos de ambas casas que se llevan bien o que salen- dijo la fantasma, y se encogió de hombros-. No veo por qué las casas los tendrían que separar.

-Dije para empezar- bufó Albus. Un mechón largo de su cabello alborotado se elevó un poco, con su aliento.

-Significa que hay más- comprendió ella.

-Exacto- Albus suspiró cansadamente. Secó nuevamente sus ojos, y sus largas pestañas negras. Miró a la chica, que lo miraba fijamente. Entornó los ojos, recordando-. Dices que conoces a mi padre.

-Bueno, lo conocí-. Ella asintió.

-Ok, sabes quienes son los padres de ella entonces- le dijo Albus.

-Sí, se quiénes son- ella reprimió un suspiro.

-Pues ahí tienes otra razón, ella ha dejado bien en claro que no su padre, o "papi" como ella le dice, no quiere que se junte ni con los Potter ni con los Weasley, mala suerte, porque soy ambos. – Nuevamente, soltó una risa amarga, totalmente carente de felicidad o diversión-. Me llama sucio mestizo, me detesta porque todos creen que soy mejor buscador que ella, está afanada en molestarme y hacerme la vida imposible, en serio, me insulta, se burla de mí en cualquier oportunidad, ¡me ha lanzado hechizos!, me ha golpeado… yo no le hago nada, no porque sea una chica, es decir; creo que es más fuerte que yo, me ganaría fácilmente en un duelo. No quiero hacerle nada porque no tolero la idea de hacerle daño- suspiró Albus, tristemente.

-Que tierno- exclamó ella. Sus ojos grandes y fantasmagóricos brillaron.

-Si tú lo dices… en fin, ni mi padre, ni mi madre… básicamente nadie de mi familia quieren que me junte con ella- agregó Albus, con tono monótono, aburrido, como si ese asunto le pareciera demasiado poco interesante como para hacerle caso o como si ya lo hubiera escuchado más veces de las necesarias.

-¡Pero por que!- la chica no pudo evitar mostrar sorpresa e indignación. Albus arqueó una ceja, mirándola con intriga y extrañeza-. Es que… deberían apoyarte…- ella carraspeó, intentando sonar más clamada, como antes.

-Eso les digo- Albus se dejó caer, abatido, en el sofá. Suspiró-. Pero simplemente no quieren, por lo que no es solo cuestión de Cassi, pues, en el muy, muy remoto caso de que no me odiara, sería cuestión de nuestras familias.

-Entiendo- Albus notó como la mirada de la chica se perdía por un segundo- ¿Qué tal si me dices cómo es la chica?

-Bueno ella… - entonces Albus sonrió. Negó despacio con la cabeza y soltó una risita, luego de reparar en el asunto-. ¡Ha! Me acabo de dar cuenta de que le estoy contando cosas a un fantasma que no conozco, cosas que no le he contado a nadie.

-¿Ni a tus amigos?- cuestionó la chica.

-No, no entenderían- dijo él, con un ademán para quitarle importancia al asunto.

A la chica le recordó a una parte de su vida cuando se sentía incomprendida y cuando no le podía contar ni a su mejor amigo lo que pasaba. Frunció el ceño levemente, mordió su labio, pensativa.

-Yo puedo ser tu amiga, te entenderé- dijo, al cabo de unos segundos.

-¿Cómo?- Albus creyó no haber escuchado bien, pues estaba bastante perdido en sus pensamientos.

-Bueno si no te molesta ser amigo de una fantasma claro- se apresuró a decir ella, pensando que lo había incomodado o disgustado de alguna forma.

-No me molesta… es extraño creo, pero…si, me gustaría ser tu amigo- Albus hizo un ademán para extender la mano para estrecharla con la de la chica, ella rio- me llevará tiempo acostumbrarme a no tocarte- él también sonrió, divertido.

-No hay cuidado- dijo ella, sin dejar de sonreír-. Bueno Albus, ahora que somos amigos yo puedo escucharte, puedo ayudarte si así lo quieres.

-¿En serio?- Albus la miró, esperanzado, como si desde hace tiempo hubiera esperado por escuchar eso de la boca de alguien.

-Por supuesto, a veces me aburro de vagar solamente, será interesante- afirmó ella.

-¿Y qué más haces?- preguntó Albus, curioso. En realidad nunca le había preguntado a un fantasma que hacía regularmente, ni siquiera a Nick casi decapitado, con el que se llevaba bien, o a Myrtle, a la que veía seguido.

-Los otros fantasmas son divertidos, sobre todo… bueno ya te hablaré de él algún día- nuevamente, las mejillas de la fantasma se opacaron, mientras sonreía.

-¿Entonces hay un él eh?- dijo el muchacho, sonriendo travieso.

-Sí, hay un él- contestó ella-. Con mi experiencia puedo ayudarte.

-Antes de continuar, ¿me dirás tu nombre? Yo te he dicho el mío.- Ella suspiró.

-Tienes razón- admitió.

-¿Sabes? Me pareces conocida- Albus entornó sus ojos verdes, mirándola con más detalle.

-¿Cómo puede ser eso?- la voz de la joven pareció temblar un poco, Albus no supo explicar por qué, y no se le ocurrió preguntar.

-No sé… tal vez ya te había visto por el castillo- dijo, aún pensativo.

-Seguro que no me prestaste mucha atención- ella se encogió de hombros, aliviada.

-Eso creo-. Pero Albus sabía que la había visto en otra parte, a su mente llegó una figura, un portarretrato de oro, sólo eso. ¿Significaba algo?- ¿Ya me dirás tu nombre?

-De acuerdo… - ella respiró, profundo, y se armó de valor- me llamo Hermione.

-¿Hermione?- repitió Albus. El nombre le hacía eco dentro del cerebro. Como si se estuviera alejando, remontándose a mucho tiempo atrás. Y de nuevo, ese portarretrato llegó a su mente-. Hermione… ya lo he escuchado, hace tiempo…- sin embargo, no supo en dónde exactamente, ni cuando, ni que significaba ese portarretrato-. Es un lindo nombre- dijo, al final, luego de no recordar lo que, sabía, tenía que recordar.

-Gracias, ahora, ¿por qué no me cuentas sobre la chica?

-¿Qué te digo?...- Albus suspiró, su mirada se perdió en algún punto del techo mientras pensaba en la dichosa muchacha que lo tenía babeando- es hermosa. Es la chica más hermosa del mundo, y no soy el único que lo dice y es tan frustrante. Es pálida como la porcelana más fina y delicada del mundo, su cabello es rubio, pero no cualquier rubio… un rubio que parece estar hecho del sol y la luna, es platinado, largo y sedoso, es alta y delgada, su cuerpo es como el de una diosa, sus labios son finos pero carnosos, no lo sé, son perfectos, rojos como las frambuesas, pero sin duda lo mejor… lo mejor de ella son sus ojos; grises, del color de la plata, son fríos, misteriosos, a veces brillan y se ven aún más hermosos, pero casi siempre se ven… indiferentes, tristes, algunas veces parecen angustiados o furiosos…son tan bellos, como un poema; un poema que expresa todo lo que Cassi no dice… ella no se permite expresarse, como si pensara que sentir es malo, es una muñeca misteriosa y extraña, es como un hielo que espera a alguien que sea capaz de derretirlo- hizo una pausa, pensando, recordando, saboreando las palabras y contemplando el retrato mental de Cassiopeia que tan celosamente guardaba-. Ella es sumamente inteligente, como si dentro de ella albergara la biblioteca más grande que puedas imaginar, llena de libros que aguardan por alguien que desee abrirlos, leerlos, conocerlos y comprenderlos sobre todo… es la mejor de la generación. Es la mejor en casi todo; ella podría pasar horas batiéndose en un duelo con el mago más poderoso y no se cansaría, podría preparar un millón de pociones en una hora, hace cualquier encantamiento sin importar lo difícil que sea, sería capaz de transformar el más delicado diamante en un enorme monumento a ella misma, juega al Quidditch como buscadora, es casi tan buena como yo aunque suene presuntuoso, no importa lo rudo que sea el juego pues ella se mueve siempre con la gracia de una princesa. Le encanta volar, le fascina el viento en su cara, la he visto estar horas montada en su escoba, se queda tan inmóvil que parece que quisiera convertirse en una nube o quisiera desaparecer para ir a un mundo mejor, a uno sólo para ella, es como si quisiera escapar de todo y de todos, pues es una incomprendida… como yo. Es tan elegante, tan refinada, su porte es arrogante e inspira respeto, pero es grácil y delicada, te repito, parece una princesa, pero es una reina, la reina de Slytherin; tan astuta y hábil, inteligente, ambiciosa y determinada, una líder nata, sigilosa y escurridiza como una hermosa serpiente, sabe cuándo es momento de atacar y hacerse notar. Es muy popular, aunque también le gusta estar sola. Sé que para ella, hablar de su familia es un tema delicado pues cree que sus padres no la quieren yo me pregunto ¿cómo no querer a ese dulce y misterioso ángel? Me tiene hechizado. Se tantas cosas sobre ella: le encanta el invierno, la nieve y el frío, su dulce favorito son los chocolates con menta, dulces pero fríos como ella, le fascina leer, le gusta el olor de los libros sobre todo de los libros más viejos o más nuevos, es una artista en verdad… su color favorito es el negro, usa ropa obscura que la hacen parecer un ángel caído o una muñeca gótica. Le gustan los gatos pero no puede tener uno porque su madre es alérgica a ellos, le encanta el rock, hasta hizo que su "papi" contratara a las Brujas de Macbeth para que tocaran en su mansión solo para ella y su élite de amigos. Sabe tocar el piano y el violín pero sé que ella quisiera aprender a tocar la guitarra. ¿Me creerías si te dijera que yo le pedí a mis padres una guitarra sólo porque me enteré de que a ella le gustan? La aprendí a tocar, incluso la eléctrica. Claro que nunca me he atrevido a tocar frente a alguien que no sean mis muñecos de felpa, pero algún día lo haré. Sobre todo, tocaré para Cassiopeia… y sí, tengo muñecos de felpa. No te rías. Te decía, le gustan los días de lluvia, no le gusta el sol; tal vez sea porque su piel es muy pálida. Cuando llueve sale a los jardines y disfruta más sus caminatas. Ella adora cantar; tiene la voz de un ángel pero no deja que nadie la escuche. Formaremos una banda, pero como somos igual de tímidos tocaremos siempre tras bastidores- Albus sonrió, levemente. Luego retomó el hilo de la conversación-. Sé sus temores, sé que la angustia y la hace sentir triste, le teme al rechazo, por eso creo que no se expresa, teme que le hagan daño si muestra sus sentimientos. Su lugar favorito es la Torre de Astronomía, le gusta subir allá y pensar a solas, así como a mí me gusta venir acá… sé tantas cosas sobre ella, tantos detalles que tal vez algunos consideren insignificantes pero a mí me resultan tan exquisitos como escucharla reír, se tantas cosas… que me vuelvo loco al pensar en si ella sabe algo de mí, si me ha prestado atención. Ella hace que salga lo más profundo de mí. Sé que sueno cursi y empalagoso pero no puedo evitarlo cuando pienso en Cassi. Y tal vez exagero algunas cosas, seguro que sí, pero… ¡Merlín, no puedo evitarlo! ¡Es frustrante!- el chico se cubrió la cara, que estaba sonrojada, con sus dos manos.

Hermione observó a Albus, enternecida. De tantas maneras… de tantas maneras le recordó a una vieja historia, a una no tan antigua leyenda de la que ella era parte.

-Dime que puedo hacer, ¿piensas que… esto tenga cura? ¿La olvido o lo que siento es correcto? No sé qué hacer Hermione. Te amaré si me dices que hacer. Te pondré un altar. Te construiré un monumento. Lo que tú quieras- rogó el chico, posando sus ojos brillantes y anhelantes en Hermione.

Tras unos minutos de silencio Hermione tomó una alocada decisión.

-¿Conoces la leyenda, de los Amantes de Hogwarts?- preguntó sonriéndole dulcemente.

-¿Qué?- Albus arqueó una ceja. No entendía lo que estaba pasando. Para nada.


-Es Albus Severus Potter- dijo Cassiopeia, al cabo de unos segundos.

-Ah, el hijo de San Potter- contestó el muchacho, con simplicidad.

-¿San Potter?- repitió ella, riendo y subiéndose a la barandilla con el chico-. Pues sí es su hijo.

-¿Y por qué lo odias?- cuestionó él, sin mirarla. Cassiopeia no entendía si el muchacho encontraba aburrida la situación o si todo le parecía especialmente aburrido, como a ella.

-Porque… ¡momento! – exclamó en voz alta. Le dio un alto a la situación. El joven alzó la vista hacia ella, confundido. Cassiopeia hizo a un lado su fleco, y bufó-. ¿Por qué te estoy hablando? ¿Por qué te lo cuento? Eres un fantasma ni siquiera te conozco.

-Tal vez porque necesitas hablar de ello- el chico sonrió de lado, y se encogió de hombros. Parecía que era obvio para él. Cassiopeia casi se sintió tonta.

-Yo no…- murmuró, sin saber que decir, en realidad.

-Te sientes sola, incomprendida, quieres que alguien te escuche-. Dijo él, como si el asunto fuese más simple que saber que los fantasmas son transparentes-. Yo puedo escucharte, es más, te diré que yo te entiendo, comprendo lo que sientes. Bueno, si quieres. No soy de los que ruega, eso te lo juro- ladeó una sonrisa, y la miró a los ojos.

-Entonces… ¿me estás ofreciendo que seamos amigos o algo así?- inquirió ella, un tanto desubicada.

-Si eso quieres, sí-. Nuevamente, el chico se encogió de hombros-. He conocido a muchos estudiantes aquí, he congeniado con bastantes de ellos, a veces me aburro, así que tener amigos a parte de los demás fantasmas, no me viene mal. Ya te lo dije, puedo escucharte y hablar contigo, no soy de esa clase de fantasmas que va contando chismes por ahí, digamos que puedo ser tu amigo y confidente fantasma, eres la primera a la que se lo ofrezco, creo que eres especial… ¿entonces?

-Viéndolo así…- la chica reflexionó un poco. No era de las que actuaran por impulso. Pero… ese extraño fantasma le inspiraba cierta… ¿confianza, familiaridad? O algo parecido. Entonces, reprochándose internamente por ello, accedió- .Sí, porque no. Seamos amigos- ambos sonrieron, pero Cassiopeia frunció el ceño- Pero debes decirme tu nombre- espetó, con leve brusquedad.

-¿Debo?- dijo él, ladeando la sonrisa.

-Los amigos conocen sus nombres, ya te dije el mío, soy Cassiopeia- la chica alzó un poco la vista-. A veces me planteo cambiarme el nombre, ¿sabes? No me gusta mucho. Pero es tradición de los Black poner nombres de constelaciones, o algo parecido a sus hijos. Entonces supongo que no está del todo mal. Pero te agradecería si me dijeras Cassi, es más corto.

-De acuerdo Cassi.

-Gracias, ahora tu nombre- ordenó, alzando el mentón afilado.

-Está bien… viendo que tienes complejo de dictadora y que al parecer lo que más te gusta es dar órdenes…- ambos rieron- Soy Draco- respondió.

-¿Draco?- entonces a Cassi le vino a la mente un recuerdo donde sus padres mencionaban ese nombre y, por un segundo, evocó una puerta de Malfoy Manor-. He escuchado ese nombre antes, no debe ser muy común, de hecho tú me pareces familiar… olvídalo- dijo al final, sin darle más vueltas al asunto. Seguro que no era nada. Como había dicho, los Black tenían la tradición de poner nombres de constelaciones a sus hijos; tal vez su madre le mencionó algún familiar a su padre.

-Olvidado- dijo él, tampoco dándole importancia al asunto… o pretendiendo no hacerlo.

-Entonces, ahora que somos amigos…- comenzó Cassiopeia, sin saber muy bien qué decir.

-Ahora que somos amigos puedes contarme lo que quieras, pero por el momento tengo curiosidad sobre tú y ese chico, ¿qué hay entre ustedes?- Draco arqueó una ceja, curioso.

-Un muro de piedra cubierto de acero, custodiado por un dragón y rodeado de inferis- contestó la rubia, firme y sin detenerse.

-Pues por muy sólido que sea el muro, cada pared tiene un punto débil- dijo Draco, solemnemente divertido-. Así como cada dragón puede ser domado; y como los inferis pueden ser ahuyentados con fuego.

-Que profundo- ambos rieron. Cassiopeia tenía cuidado en no moverse demasiado, o resbalaría, directo a una muerte segura-. Pero tienes razón… supongo.

-Bueno, después de una vida y de varios años como fantasma… uno aprende cosas- contestó el apuesto joven, cruzándose de brazos.

-Ya veo- la mirada de Cassi se posó sobre el brazo izquierdo de Draco donde un movimiento como si algo escurriera llamó su atención- ¿Qué es eso?- señaló, curiosa.

-Oh… no es nada- Draco cubrió su brazo con la capa. La chica entornó los ojos en su dirección. Sin embargo, el joven siguió-, ahora habla sobre tu amigo Albus.

-No somos amigos- replicó Cassi-. Somos simples compañeros de curso… apenas hablamos y no son grandes charlas, solo... bueno si yo no lo molestara ni siquiera hablaríamos- murmuró la rubia, lo suficientemente alto para que Draco captara cada palabra.

-¿Lo molestas? ¿Y qué más? ¿Lo golpeas?-dijo él, sonriendo burlonamente. Un leve rubor apareció en las mejillas de la chica- ¡Hahaha esto es oro!

-¿A qué te refieres?- inquirió ella, sin entenderlo… otra vez.

-En mi experiencia he aprendido que a veces cuando uno no sabe cómo expresar sus sentimientos, en este caso con la persona que le gusta, trata de captar su atención de una manera más rudimentaria, o sea molestando y atormentando la vida del chico o chica en cuestión- una oleada de recuerdos llegaron a la mente del fantasma. La chica no se imaginaba todas las cosas que estaba pensando el muchacho.

-¡Pero no me gusta!- exclamó ella, fastidiada-. Albus no me gusta.

-¡Negación! Un claro síntoma de que te gusta- exclamó Draco, asintiendo casi solemne.

-¡Que no me gusta! ¡Entiende!- insistió ella.

-Uy estás a la defensiva, sip, te gusta-. El chico se miró las uñas, con aires de suficiencia.

-Basta o dirás que si me arrojo desde acá es otro síntoma de que me gusta ese tonto- ella rodó los ojos.

-El suicidio puede ser un síntoma- afirmó él, pensativo-. Estás desesperada porque no sabes que sientes, puede pasar.

-Eres muy molesto, ¿lo sabías?- dijo la muchacha, y chasqueó la lengua.

-Eso dicen a veces…- Draco soltó una risita-pero dejando de lado mi actitud, sé que te gusta el chico.

-Tú no sabes nada- espetó Cassiopeia, y bajó la mirada, Draco notó como los ojos de la chica se aguaban.

-Entonces dime, cuéntame y así podré saber- estuvo a punto de alzar un brazo para abrazar a la chica, se contuvo a tiempo. De haberlo hecho, ya habría congelado a la chica.

-Es que… no es solo… son…- tartamudeaba la rubia, alisándose el cabello platino.

-Ese Albus no es el único problema, hay más- ella asintió- bueno soy un fantasma, me sobra tiempo y tú estás iniciando sexto año, nos sobra tiempo muñeca- le respondió, relajado y quitándole importancia al asunto del tiempo.

-¿Cómo sabes que voy en sexto año?- inquirió la rubia, entornando los ojos en su dirección.

-Se muchas cosas- contestó, misteriosamente despreocupado-. En fin, comienza, o mejor dicho, confiesa, sé que no lo odias.

-¿Estás tan seguro?- inquirió Cassiopeia, arqueando una de sus cejas finas.

-Definitivamente- aseguró-. ¿Qué te impide estar con él? Si lo prefieres, dejémoslo en qué les impide ser amigos.

Cassiopeia suspiró, miro al cielo gris y luego chasqueó la lengua.

-Ni mis padres ni su familia lo aprobarían- respondió ella, al cabo de un minuto, torciendo los labios finos y rosados- Están… empeñados en mantenernos separados, no solo a él de mí, sino también a sus hermanos y a todos sus primos. No sé si entre nuestras familias pasó algo; la verdad es que no hay un mal trato, solo la indiferencia más grande que puedas imaginar. Mis papis han dicho que no me junte con Albus porque es un mestizo, lo que es casi tan malo como ser un sangre sucia.

-¿Los Malfoy aún creen en la pureza de la sangre?- preguntó Draco frunciendo el ceño.

-No, bueno sí, es decir tal vez… no lo sé en realidad, pero no creo que sea por eso, soy demasiado astuta como para notar que hay algo más- respondió ella, segura de sí misma.

-Ya veo, sigue- Draco torció los labios finos, en un gesto idéntico al de la chica.

-Soy Slytherin, el Gryffindor.

-Un clásico dilema- asintió el muchacho.

-Exacto, también; soy hija de mortífago, él de auror, es como si todos esperaran que nos odiáramos a muerte. Creo que me dejo llevar mucho por lo que piensen los demás de mí, te juro que trato de ser perfecta porque supongo que por el pasado de mi familia todos esperan que me equivoque y siga malos pasos- se sinceró Cassiopeia, y volvió a alisar su cabello-. No quiero defraudar a mis padres, son muy exigentes… como si nunca estuviera a la altura de ser su hija, hago todo lo que me dicen. Por eso me gusta hacerle la vida imposible a Albus es…

-Es lo que esperan de ti, lo que todos esperan que hagas- terminó Draco, sabiendo lo que ella diría.

-Tú lo dijiste-. Cassiopeia suspiró, y miró al cielo. Estaba cada vez más gris.

-Te entiendo- dijo el fantasma.

-¿En serio?- ella volteó a verlo.

-Te recuerdo que también tuve una familia y amigos, que estuve vivo. No siempre he sido un fantasma, créeme- le dijo, sonriendo.

-Lo siento- se disculpó ella, sintiéndose un tanto apenada por no ser exactamente delicada con sus preguntas y respuestas. Pero es que nunca había tenido un amigo fantasma.

-Bueno, ahora se más o menos qué te limita con el chico, dime cómo es-. Dijo él, sin tomarle importancia al asunto de la poca delicadeza de la chica. No era que él fuera el fantasma más sutil del mundo, ¿verdad?

-¿Físicamente?- ella ladeó la cabeza un poco, su rubia cabellera parecía una cascada platinada.

-Sí, eso funcionará- respondió el muchacho, acomodándose en su asiento.

-Bueno, es de mi edad, o sea tenemos 16… ¿tu cuántos años tienes?- preguntó, con mucha curiosidad. El chico fantasma no se veía muy grande, en realidad, parecía de su edad.

-¿De muerto?- dijo Draco, ladeando la cabeza, en un gesto muy parecido al de ella.

-No, me refiero a…

-A cuando morí- dijo él-, ya. Tenía 17, no soy tan viejo, a pesar de estar muerto claro.

-¿En qué año moriste?- si algo tenía Cassiopeia, era que su curiosidad resultaba bastante grande. A veces, indiscreta.

-Aún no te lo diré muñeca, ya habrá tiempo, ahora prosigue- y le sonrió, de forma encantadora para que no hiciera más preguntas al respecto.

-OK. Albus es alto, no tanto como tú pero si lo es, su piel es clara, sus mejillas son ligeramente rosadas, es delgado y atlético porque juega Quidditch, es un excelente buscador… mejor que yo y lo detesto. Su cabello es largo, suave y del color más negro y brillante que puedas imaginar… y sus ojos… son grandes y verdes, no cualquier verde, sino un verde idéntico a las esmeraldas y brillan todo el tiempo como si siempre vieran el lado positivo de la vida, como si vieran lo mejor de todas las personas. Sus labios son finos y rosados, y su sonrisa es tan… ¡Qué estupideces estoy diciendo! ¡Potter es uno de los chicos más feos de Hogwarts!- Draco estaba riendo carcajadas, tanto que cayó de la barandilla y quedó flotando fuera de la Torre. Cassiopeia lo miraba, indignada.

-¡Estás loca por Potter muñeca!- Draco regresó a su lugar junto a su enfurecida nueva amiga.

-¡No es cierto!- exclamó la chica, cruzándose de brazos-. Es un tonto, además ¿Potter y yo? Por favor, sería una deshonra a mi linaje… y no lo aprobarían- añadió en un murmullo-, como sea, no, ni siquiera somos amigos, y mucho menos me gusta.

-Eres muy necia muñeca- suspiró Draco, aún con una gran sonrisa en su rostro.

-No es cierto- replicó la rubia, alzando el mentón.

-Claro que sí, te diré que soy igual, nos parecemos bastante- contestó Draco, reflexionando un poco.

-Pues si nos parecemos tú debes saber que me pasa, que es lo que siento, puedes ayudarme- la voz de Cassiopeia casi sonó ansiosa, como si ya no pudiera esperar ni un poco más.

-Si puedo- Draco se encogió de hombros.

-Por favor, necesito apoyo para… no sé qué hacer, no sé qué me pasa con Potter porque cuando estamos cerca… es raro lo que siento, quiero odiarlo pero no puedo, no puedo- se acomodó, frustrada, el fleco, que volvía a cubrir sus ojos.

-Si puedo ayudarte, ya verás cómo te ayudaré a entender lo que sientes, te ayudaré a entenderte a ti misma.

-¿Cómo? Es demasiado complicado Draco, soy demasiado complicada, no sé qué hacer- Cassiopeia apoyó la cara en la barandilla, con aire cansado y fastidiado.

Draco lo reflexionó un momento, entonces una idea le llegó a la cabeza. Una gran idea. La mejor del mundo… o eso esperaba.

-Te contaré una historia- Cassi lo miró incrédula.

-¿Un cuento para dormir?- dijo ella, burlonamente.

-Qué graciosa- dijo él sarcástico- no, una historia de verdad… dime, ¿conoces la Leyenda de los Amantes de Hogwarts?

-¿Qué?- Cassiopeia frunció la nariz, haciendo una mueca de desdén. Draco ladeó una sonrisa. Lo heredó de Narcissa, obviamente. Y entonces, sin saber por qué, y sin tener una razón, hizo la misma mueca.


TADAAAA...

¿Y BIEN?

O SEA, ¿TODO CHIDO? ¿EN ORDEN?

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BESOS, PEQUEÑOS LECTORES :*