Capitulo dos.
Makoto se sentía tan asqueado cuando entró a trabajar por la mañana que pasó diez minutos encerrado en el cuarto de baño sobre el inodoro. No podía creer lo que había hecho. No podía creer que Sousuke lo hubiera tratado con ese desprecio y asco.
¡Sabía que le gustaba a Sousuke! Había visto el interés en sus ojos desde el momento en que había entrado por la puerta.
Pero él se negó. Tal vez el niño rico no le gustaba jugar con los pobres. Tal vez tenía miedo de contagiarse alguna enfermedad típica de los pobres. Así que Makoto se había degradado a sí mismo, había ido allí poniéndose de rodillas y ofreciéndole lo único que tenía para poder salvar la vida de Tanus y Sousuke lo había despreciado.
Me odio a mí mismo.
Se sentía como si estuviera en una espiral descendente y el accidente de Tanus le hubiera empujado aún más hacia el fondo. El dinero, su trabajo, su bazofia de casa, su soledad... Todos ellos conspiraron para golpearle aún más.
Por el momento no podía ver qué camino tomar.
La culminación de vivir años así llegó rápidamente sin avisar y lo envolvió en la desesperación de una forma que nunca había conocido. Se sentía desesperado, golpeado por la vida.
Se echó un poco de agua en la cara y salió a empezar a trabajar. Eran las ocho menos veinte de la mañana y ya iba diez minutos tarde. Su corazón se sentía plomizo en el pecho. No había dormido en toda la noche porque la sólida presencia reconfortante de Tanus no se sintió en el extremo de su cama.
—¿Qué horas son estas?— Le gritó el encargado.
—Lo siento. Mi perro está enfermo. Le atropellaron ayer.
El encargado lo miró desde debajo de su casco durante un instante y por un momento Makoto pensó que le iba a dar un respiro. No hubo suerte.
—Llegas diez minutos tarde. Ponte a trabajar.
Mientras se alejaba, el teléfono móvil de Makoto - terminantemente prohibido durante las horas de trabajo- vibró contra su pierna. Makoto se escabulló detrás de una columna y respondió.
—¿Hola?
—Hola, señor Tachibana. Soy el doctor Yamazaki y le llamo de la Veterinaria de Iwatobi.— El corazón de Makoto saltó en el pecho y sintió como pasaba la bilis hasta el esófago. Estaba seguro de que Sousuke había llamado para decir que iba a sacrificar a Tanus. Estaba casi a punto de vomitar.
—Hola.— Su voz era un chillido. Se metió un dedo en la otra oreja para bloquear los sonidos de carretillas elevadoras y del estrepitoso parloteo.
—Sólo quería hacerte saber que Tanus va a ser intervenido a las ocho en punto. Ahora mismo lo estamos anestesiando.
Las piernas de Makoto se sintieron de repente sin fuerza. Se apoyó en los pilares, las lágrimas surcando sus mejillas.
—¿Estás ahí?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué no me llamas más tarde y te comento como ha ido todo?
—De acuerdo.
—Adiós.
Sousuke colgó mientras Makoto abría la boca para darle las gracias.
Se puso de pie apoyándose en la columna de hormigón con una risa temblorosa, limpiándose los ojos con una mano.
Tanus estaba siendo atendido a pesar de costar trescientos mil cuatrocientos yens. ¿Qué había cambiado en la mente de Sousuke y por qué no había mencionado la oferta de Makoto?
No importaba. La vergüenza de Makoto era lo que menos importaba ahora. Tanus iba a estar bien. Makoto se metió en la parte trasera cerca de la esquina de los fumadores a la hora del almuerzo, marcando el número con una mano temblorosa. Trató de no respirar los humos venenosos que flotaban por encima de los hombres que estaban en la puerta de atrás.
—Hola, ¿puedo hablar con el doctor Yamazaki?— Preguntó cuándo contestó la recepcionista.
—¿De parte de quién?
—Makoto Tachibana.
—Un momento por favor.— Se quedó a la espera, con una sintonía de Mozart sonando en el teléfono.
—Hola, Sr. Tachibana, soy Gou Matsuoka, una de las enfermeras del veterinario. El Dr. Yamazaki está en el quirófano ahora mismo. Él no puede atenderle.
—Oh, está bien, sólo quería saber cómo está Tanus, el ovejero.— Makoto sintió una extraña sensación de alivio al no tener que hablar con Sousuke.
—Salió bien de la intervención. No hubo mayores complicaciones. Se está recuperando en la UCI, pero está todavía un poco mareado por la anestesia.— Makoto se apoyó contra la pared, sonriendo entre unas lágrimas repentinas.
—¿Puedo ir a verlo?
—Sí. Antes de las seis, si le es posible.
—Sí, puedo. Gracias.
—No hay problema. Adiós.
Makoto colgó. Se secó los ojos con el dorso de la mano, su corazón se animó, su vergüenza seguía olvidada.
La vergüenza no se quedó desterrada por mucho tiempo. Las palmas de las manos de Makoto estaban sudorosas cuando entró en el hospital esa noche, solicitando en la recepción ver a Tanus. Rezó para que Sousuke estuviera demasiado ocupado para hablar con él.
Rezó para que estuviera demasiado ocupado para tener tiempo para Makoto de nuevo.
Una mujer de pelo rojo salió de la parte posterior, se presentó como Gou y condujo a Makoto por el pasillo hasta llegar a una puerta que decía UCI.
Makoto vio al instante a Tanus en la jaula de enfrente, con la cabeza apoyada en sus grandes patas, con unas vías serpenteando en ambas, y con los ojos cerrados. Gou se inclinó, abrió la puerta y Tanus inmediatamente miró hacia arriba.
—Hola, chico.
Tanus no trató de ponerse de pie, pero no obstante, lamió la mano de Makoto y luego su rostro con entusiasmo.
Su pierna de atrás tenía un molde rosado fluorescente. Por un momento, Makoto se preguntó si esto era una astuta especie de broma provocada por Sousuke.
Un insulto a la hombría de Tanus porque su dueño era gay. Tal vez se había equivocado. Quizás Sousuke no se había excitado en absoluto viéndolo. Tal vez ni siquiera era gay.
Él enrojeció con sus pensamientos, inclinándose para besar a Tanus en la cabeza puso sus brazos alrededor del cuello de su preciado amigo.
—Te quiero.—
Gou le dio una palmadita en la espalda.
—Voy a buscar al Dr. Yamazaki para que hablen.
Makoto abrió la boca para decir que realmente no importaba, pero ella ya se había ido.
Su corazón latía y tenía pelos de Tanus pegados a la fría y húmeda mano que lo acariciaba. Contrólate, se dijo con fiereza. Se había puesto en evidencia, pero todo estaba hecho ahora. Es probable que sólo tuviera que ver al hombre una vez más y eso sería todo. No había mencionado el pago por esto en el teléfono por lo que evidentemente lo había hecho por altruismo. ¿Había alguien realmente tan bueno en estos días? No parecía posible.
Sintió una presencia detrás de él y miró por encima del hombro. Sousuke, alto, sutilmente musculoso y de pelo oscuro, bajó la mirada hacia él.
—Sr. Tachibana.— Él le tendió la mano.
Makoto se la estrechó maldiciendo su sudorosa mano.
—Vamos a hablar por lo que me puede acompañar a mi oficina.
Makoto se levantó de mala gana, acariciando a Tanus de nuevo. Sousuke se inclinó para cerrar la puerta y luego se alejó, Makoto lo siguió.
Sousuke lo llevó a la misma habitación en la que había mostrado a Makoto las radiografías de Tanus. Pero ahora que no estaba tan angustiado, Makoto tuvo la oportunidad de mirar a su alrededor mientras Sousuke le ordenaba tomar asiento frente a su escritorio. El despacho tenía una gran librería con pesados tomos sobre toda clase de animales, aves y reptiles. Medicina y cirugía, enfermedades infecciosas, anatomía y fisiología. Diplomas enmarcados y titulaciones cubrían las paredes. Makoto nunca había visto a nadie con tantos títulos. Por un momento, sentía gratitud de haber traído a Tanus a un hombre tan altamente cualificado, sin importar lo que costara.
Sousuke se sentó detrás del escritorio. Fijó la mirada sin pestañear sobre él, con unos ojos de un azul topacio sorprendente.
La decisión que Makoto había hecho de ofrecerse a sí mismo no había sido demasiado difícil en absoluto, porque Sousuke era muy atractivo. Makoto sintió una punzada de profundo pesar por que Sousuke no había aceptado su oferta y haberlo usado para todo lo que hubiera querido. Eso no era más que una sucia fantasía y Makoto no suelen actuar sobre fantasías. El realmente no quería ser utilizado por Sousuke, en realidad la idea era aterradora.
Él se ruborizó, convencido de que Sousuke veía todos los pensamientos impuros en su rostro.
—La cirugía fue muy bien. Le hicimos una transfusión de sangre porque su hemoglobina estaba un poco baja antes de la operación, además de que era un procedimiento bastante sangriento. No tuve ningún problema para ponerle la fijación y recolocarle la fractura de nuevo bajo la piel. Debería recuperarse bien.— Makoto asintió.
—¿Cuánto tiempo se tiene que quedar?
—Un par de días. Una vez que se levante, va a estar bien para irse.
—¿Y después de eso?
—Una revisión dos días después, le quitaremos la fijación tres semanas después, luego una vez por semana durante seis semanas, momento en el que espero que la escayola se caiga. Después de eso, se le organizarán sesiones de terapia física.
Makoto tragó. Eso había sido un regalo. ¿Pero cómo se suponía que iba a pagar la terapia física y el cuidado posterior? Sousuke pareció leer su mente.
—Toda la atención de seguimiento es gratuita.
Makoto miró. Él se quedó sin habla. La bondad de Sousuke estaba por encima e iba más allá de lo que él esperaba.
Quería decirle eso, pero su garganta se cerró y las lágrimas impotentes hicieron que sus ojos le escocieran.
Bajó la cabeza un momento, tratando de recobrar la compostura y cuando miró hacia arriba, vio a Sousuke escribir algo en una hoja de papel. Él la empujó por encima de la mesa y el corazón de Makoto cayó a sus pies.
—Ve a esta dirección a las siete y media de esta noche.
Miró a Sousuke con su cara sonrojada y su corazón zumbándole en los oídos. Sousuke arqueó una ceja.
—¿Qué? ¿No esperabas que te cobrara el favor?— Se encogió de hombros, reclinándose en su silla, con una expresión arrogante en su hermoso rostro.— Sólo soy un hombre, después de todo.
Makoto le odió en ese momento. Alejando la mirada a otro lado. Obligándose a tragarse sus lágrimas. Era ridículo, de hecho pensó que lo había sacado de un apuro.
¿Por qué Sousuke haría esto de forma gratuita? Makoto le había ofrecido esto y se tendría que aguantar. Negociar con la experiencia de este hombre, y la vida de su posesión
más preciada, por sexo, era lo justo. Él tomó el papel y lo dobló con cuidado antes de
levantarse y ponerlo en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Sousuke salió de detrás del escritorio y durante un momento se sostuvieron las miradas. Makoto sabía que tenía que estar agradecido a Sousuke por su trabajo, pero de repente él no quería nada más. No desde que Sousuke le había revelado sus verdaderas intenciones y estaba dispuesto a tomar lo que Makoto le había ofrecido con tanta desesperación.
Makoto dio la vuelta y salió de la habitación sin decir nada más.
Sousuke volvió a sentarse detrás de su escritorio durante un rato. Su infrautilizado miembro había decidido en las primeras horas que no podía permitir que una pieza fundamental como el trasero de Makoto se escapara sin ser catado. Su cerebro le decía que si no tenía sexo pronto su mano derecha iba a lesionarse por tanto esfuerzo repetitivo.
Sousuke sólo había decidido ser un hijo de puta con eso cuando vio la conmoción en el rostro de Makoto. Le había irritado más allá de la razón de que Makoto hubiera pensado claramente que todo lo acontecido era gratis y no iba a contribuir con nada. Nada en esta vida es gratis. ¿Por qué Makoto debería ser diferente?
El problema de Sousuke es que era fundamentalmente un buen tipo, lo cual le había llevado a una mayor angustia y miseria de lo que podía soportar. Los chicos jodían con él una vez y luego no volvían a llamarlo, le daban evasivas y se acostaban con otros a sus espaldas. Ser un buen tipo no te llevaba a ninguna parte -ciertamente si eso no te metía en los pantalones de Makoto Tachibana-. Sólo el ser un bastardo insensible haciendo eso y él no iba a perder su oportunidad.
No importaba que el ver los ojos llenos de lágrimas de Makoto casi lo hubiera hecho retractarse, lo había hecho sentir como la serpiente más rastrera que jamás haya habido en la faz de la tierra.
Makoto tenía que saber el resultado. Se había ofrecido y Sousuke se estaba cobrando el pago. Makoto tendría que aguantar y superar sus magulladas sensibilidades. El sexo de pago se ofrece en esta vida más veces de lo que las personas se imaginan. Si salías con un hombre y te pagaba la comida y la copas durante toda la noche, luego esperaba tener sexo al final de ella, ¿era eso una forma diferente de prostitución? No. Makoto le había ofrecido una forma de pago a cambio de un servicio de Sousuke y este lo estaba reclamando.
Así es la vida.
Demasiada crueldad? Al principio pensé en juntar algunos caps, para que las actualizaciones fueran mas largas y el lemmon llegara antes, pero opte por ser bitch~
Les quería decir que esta historia no sera taaaan larga, aun no conté los caps, pero no pasan los 10, lo aseguro -y si no, existen las balas no? n.n-
Tengo una idea para otra historia SOUMAKO -esta vez es original de mua *u*- pero aun no estoy organizada TnT
Bue, la próxima actualización la haré probablemente el miércoles que viene =3
Espero que estén conformes con estos chicos sexys y que coman rábanos que es bueno para el kokoro(?
Gracias a las linduras que me dejaron un review, las jamón~
Saludos Rabanitos~
