Secreto.
- Tienes que prometer que no se lo vas a contar a nadie.
Ella, dudando, lo prometió.
- Cuando digo "a nadie" es a nadie, ni a tus papás. Es un secreto. –reiteró él mirándola fijamente a los ojos.
- No soy tan lista como tú pero tampoco soy tonta. No se lo diré. –refunfuñó.
El niño la soltó del brazo y se alejó unos pasos, entonces subió a unas cajas de cartón allí apiladas y se coló por la ventana de la nave abandonada que tenían frente a ellos.
- No creo que sea buena idea, Shinichi –susurró Ran desde abajo, asustada.
- Entonces vete –escuchó que respondía él.
Todavía sin saber muy bien qué hacer, reunió el valor y trepó por las inestables cajas. Le fue fácil pues siempre sacaba las mejores notas en clase de gimnasia.
- ¿Shinichi?
Ran se asomó por la ventana. En el interior todo estaba oscuro y desde donde estaba al suelo había bastante distancia, mucha más de la que era capaz de saltar una persona normal y mucho menos un niño.
- Muévete un poco hacia la derecha, encontrarás una cañería rota, puedes bajar por ahí –él hablaba desde algún lugar situado debajo- Ten cuidado, resbala mucho.
Minutos más tarde, después de tocar el suelo con sus propios pies, Ran se sintió mucho mejor, lo había logrado ella sola y ahora lo único que la inquietaba era saber qué era lo que Shinichi escondía en aquel lugar apartado. Él había estado actuando raro los últimos días y esa tarde, al salir del colegio, había decidido seguirlo para ver qué tramaba.
Sus ojos ya se estaban acostumbrando a la penumbra de la nave y podía
ver algo más, aun así la mayoría de las ventanas
estaban tapiadas con maderas y no dejaban que la luz de la tarde se
filtrara hasta la estancia. Shinichi apareció ante sus ojos.
- Si rompes la promesa no te volveré a hablar nunca más.
A Ran no le gustaba aquel sitio, el aire estaba viciado y caliente, y
las palabras de su amigo la estaban asustando todavía más.
- ¿Tienes miedo? –se rió él.
- Claro que no –mintió alzando la cabeza desafiante.
Se miraron durante unos instantes, entonces Shinichi se dio la vuelta
y llevándose la mano a la boca, silbó. Al principio no
pasó nada pero cuando lo repitió un sonido sordo llegó
a oídos de Ran. Aterrorizada se acercó a él y le
agarró de la manga del jersey. Segundos después lo que
parecía un enorme perro corría hacia ellos, Ran se
escondió detrás de Shinichi pero éste, en vez de
intentar huir se adelantó y saludó efusivamente al
animal, que no paraba de saltar de un lado a otro y lamerle la cara.
- ¿A que es grande? –dijo mientras le revolvía el
pelo de la cabeza. Ran había visto muchos perros en su vida
pero ninguno como aquel, medía casi tanto como ellos y
Shinichi no tenía ni que agacharse para tocarlo.- Iban a
sacrificarlo porque su dueño murió y no tenía
con quién quedarse pero encontré este sitio. Vamos, no
te va a morder.
Él notó la reticencia de Ran y resoplando tiró
de ella para que se acercara.
Aquella sería la primera de muchas tardes de escapadas después
del colegio.
Oo00oO
- ¿Shinichi? –la niña dijo el nombre con la voz
cortada por las lágrimas. Se sentía como la peor
persona del mundo pero no había podido evitarlo, cuando sus
padres le habían preguntado si sabía dónde
estaba tuvo que responderles. La madre del futuro detective había
llamado preocupada, ya era casi de noche y él todavía
no había vuelto a casa tras las clases.- Yo no quería
romper tu secreto… pe-pero… -el hipo se había apoderado de
ella.
- Tonta –cortó él mirando hacia otro lado,
avergonzado por la reacción de su amiga.- Si no hubiese sido
por ti aun estaría bajo aquella tubería.
- En-entonces… ¿no estás enfadado conmigo? –su
mirada se iluminó de pronto y el pequeño Shinichi
sintió un repentino calor a pesar de estar bajo una montaña
de mantas.
Ran se aproximó a la cama donde descansaba su amigo. Había
permanecido en el umbral de la puerta por miedo a que él le
pidiera que se marchara. Ahora, más cerca, veía que
tenía la pierna enyesada y un golpe que deformaba un poco su
cara pero no le importó. A pesar de que sus amigos de clase le
habían advertido que daba un poco de asco ella no apartó
la mirada.
- ¿Qué pasa? –preguntó él, molesto,
mientras escondía disimuladamente con la mano la herida del
rostro.
Ran la señaló con el dedo.
- ¿Te duele?
- No. –contestó secamente pero al ver la cara de ella se
apresuró a añadir.- Bueno, a veces. Pero solo un poco.
Ran se acercó más y se rió. Shinichi la miró
enfadado.
- ¿De qué te ríes?
- Parece un murciélago –explicó.
- ¿Un murciélago?
Ella asintió, contenta, mientras se sentaba en la silla que
había junto a la cama.
- Si lo miras desde aquí sí. –dijo estirándose
para llegar hasta la cara de Shinichi y contornear las líneas
del animal en su cara, sin tocarlo.
- Pero a ti no te gustan los murciélagos.
- Este sí. Es bonito. No me asusta.
Shinichi se puso colorado y desvió de nuevo la mirada mientras
ella seguía jugando con las manos. De pronto notó cómo
Ran posaba con mucho cuidado la punta de un dedo sobre su mejilla y
subía despacio hacia la herida. Aquello le hacía
cosquillas.
A veces los murciélagos no dan miedo y las heridas no duelen tanto.
Muchas gracias por el apoyo! Ya os voy contestando a los reviews conforme me van llegando así que no hace falta que diga más. Ja ne!
