Disclaimer: El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen. Sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.
Capítulo corregido por Breen Martínez
Seduciendo al conde.
Capítulo 2
Devastada.
Esa era la palabra correcta que tenía a Kagome al borde del abismo más estremecedor y agonizante que había sentido en su vida. Y no era el único sentimiento que la embargaba en ese momento, había miles de sentimientos traspasándole el cuerpo en forma de bala en el estómago o daga en el pecho, justo en el corazón. Y cuando pensaba que ya todo había pasado, las imágenes volvían a agolparse a su cerebro una y otra vez torturándola sin piedad.
Primero una inmensa sensación de vacío, luego unas horribles ganas de llorar, seguido por una rabia y ahora tenía unas inmensas ganas de correr hasta él y pedirle una explicación lógica, una explicación creíble que ella pudiera tragarse con facilidad. Pensó que tal vez era parte de su despedida de solteros, eso siempre pasaba, ¿qué hombre no se acostaba con una prostituta por su despedida de soltero? En realidad un hombre al que le importase demasiado su prometida, se dijo así misma.
Era obvio que no le importaba a Bankotsu. Eran las nueve de la mañana y no se había tomado la molestia de ir a verla para aclarar las cosas o como mínimo llamarle, pero tal vez eso también era mucho pedir para él. Ella ya sabía que no era un tipo demasiado cariñoso, de hecho si la había besado cinco veces era demasiado.
Tenía que aceptar que no eran la pareja perfecta y que el día en que se comprometieron no fue la noche más romántica de todas, pero aun así a ella le había fascinado. Y había formado una idea en la cabeza a futuro sobre su matrimonio: una bonita casa, un jardín grande, un auto, aunque eso era secundario, podría sobrevivir sin un auto, y quizá luego con el tiempo hijos, nietos y una larga vida llena de canas sentados en el porche observando a los pequeños jugar.
Tonterías, meras tonterías, todo era mentira. Y ella se había creído todas y cada una de esas mentiras.
No sabía que haría de ahora en adelante, no podía ir y cancelar la boda, sería lo más estúpido que haría en su vida, y quedaba el orgullo de por medio. No pensaba ir frente a su padre y decirle que cancelaría la boda, no cuando él se había negado a esa unión.
De nuevo la frustración la hizo querer arrancarse el cabello. Ella se había jugado todo por ese hombre, su familia, su herencia, se había opuesto contra todos con tal de que aceptaran su relación y el así le pagaba todos sus esfuerzos. Todo lo que ella había hecho por amor.
Un sórdido ruido en la puerta le atravesó la cabeza. Luego esta se abrió estrepitosamente y la larga cabellera roja de Ayame entró arrastrando su poca cordura. La vio caminar con rumbo a la ventana y luego con una sola mano abrir las cortinas dejando que el sol entrara en todo su esplendor y reinase en la habitación.
Kagome se protegió los ojos ante el dolor de la iluminación y el dolor de cabeza. ¡Demonios! Sabía que no era buena idea tomar tanto, aun así se había dejado embaucar por esas arpías que tenía como amigas.
—Kagome, cariño, ¿cómo te sientes? —Devastada, estuvo a punto de decir, pero simplemente se tapó de pies a cabeza con las sabanas—. Sango me ha contado todo y no sabes las ganas que tengo de ir y matar a ese bastardo, pero bien sabía yo que no era buena persona.
—Ayame, ya basta, no quiero hablar de eso, solo quiero que me dejes sola. —Su voz apenas le salió reconocible y más dolorida de lo que ella hubiese querido. No sería una sorpresa si sus amigas se preocupaban. Ellas siempre sabían lo que pasaba.
—Es que no lo puedo creer Kagome, él no parece de ese tipo de personas. —Sintió el colchón hundirse a su lado, lo que indicó que Ayame se había sentado—. No metería las manos al fuego por él, pero al menos tenía un voto de confianza de mi parte.
—Te juro que en este momento no sé qué pensar exactamente de él. No sé si en verdad me estaba siendo infiel o tal vez era parte de su des…
—Kagome, no te engañes a ti misma —la interrumpió—. Lo veas por donde lo veas, acostarte con otra persona que no es tu novio, tu prometido o tu esposo, es una infidelidad.
Aquellas palabras de Ayame habían dado en el blanco y era sin duda un tiro certero. Ella tenía toda la razón. Él había sido infiel y no había excusas. Era infidelidad lo viera por donde lo viera, pero eso no aminoraba sus deseos de ir por él y pedir una explicación, al contrario intensificaban su dolor y las ganas de una justificación a sus actos.
—Debes cancelar la boda. —Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Sango, venia entrando a la habitación y tenía una agenda y el teléfono en la mano. Kagome se quitó la sabana de encima y la escrutó.
—Chicas, eso es muy apresurado, no sé si quiero cancelar la boda.
—Al menos debes posponerla —intervino Ayame—, ¿o acaso crees que mañana podrás pararte frente al altar y verlo a la cara como si nada hubiese pasado?
—Ni siquiera ha venido a darte una explicación. —Añadió Sango.
Aun cuando sus razones eran ciertas, Kagome no podía dictar una sentencia así como así. Sin embargo tenía que tener una explicación por parte de él antes tomar cualquier decisión.
—Necesito hablar con él. —dijo—. Y si él no viene hoy mismo a darme una explicación lógica a todo eso, les prometo que cancelo la boda.
Ambas chicas la miraron y sus gestos no le enfundaban otra cosa más que valor. Se sentía valiente y decidida, después de todo ellas iban a estar siempre a su lado pasase lo que pasase. Tal vez si cancelaba la boda ella tendría que aceptar que había fracasado frente a su padre, pero eso no iba a significar que rogaría de nuevo por su herencia. Estaba decidida a luchar por ella misma sin necesidad del dinero de su familia.
—Bien dicho Kagome —Sango la abrazó y después Ayame la acompañó. Fue cuando no pudo más. No pudo soportar la idea de una vida sin Bankotsu. Lo amaba como no había amado a otro hombre y se sentía realmente dolida por todo aquello.
—Has sido muy valiente —le susurró Sango mientras le acariciaba el cabello—. Si quieres llorar no te reprimas. Ni Ayame ni yo te vamos a reprochar nada.
Y fue como si hubiesen abierto una puerta de su interior o la presa de algún río, porque las inmensas ganas de llorar se agolparon en sus ojos y no pudo evitar sentir que las entrañas se le retorcían de nuevo. Lloró como no había llorado la noche anterior.
—Tranquila, ya todo estará bien. —y ojalá pudiese creer en esas palabras, pero realmente no creía que las cosas fuesen a estar bien de ahora en adelante. Solo tenía en mente que su boda estaba en peligro.
Sango y Ayame se acostaron a su lado y la estuvieron abrazando buen rato hasta que se hubo quedado dormida de nuevo.
2.
A las cinco de la tarde Kagome estaba comiéndose un buen plato de chilaquiles picantes. Según Sango eso le quitaría el dolor de cabeza y las ganas de devolver el estómago una y otra vez. Aun no entendía como ella era la más afectada cuando no había tomado demasiado. Sango y Ayame por el contrario, parecían que no habían estado cayéndose de borrachas la noche anterior.
—Vamos al súper, ¿quieres algo? —Ella negó con la cabeza, lo único que quería en ese momento era volver a meterse a la cama y seguir durmiendo, no soportaba el dolor de cabeza y mucho menos los impulsos de salir corriendo y gritar.
Sango asintió y tomó las llaves que estaban a lado de la puerta. Cuando la puerta se cerró Kagome miró su plato y lo alejó de un manotazo de su lado. Sólo se había llevado dos bocados a la boca, pero no tenía hambre. Se levantó de la mesa y caminó hasta el teléfono, cuando revisó el buzón deseó no haberlo hecho y no era que tuviese algún mensaje importante, por el contrario, no había absolutamente nada.
Estaba cada vez más desesperada porque Bankotsu no le daba una explicación. En realidad con cada minuto que pasaba perdía más las esperanzas de que todo aquello fuese una confusión.
Estaba por regresar a su cuarto cuando escuchó que tocaron la puerta. Su corazón se aceleró de repente. Aun cuando no había abierto la puerta presentía que la persona del otro lado era Bankotsu. El estómago se le contrajo mientras caminaba. No sabía si podría ser fuerte delante de él. Con el corazón a mil pulsaciones por minuto se asomó por el huequito de la puerta.
Y ahí estaba él.
Venía con un traje negro tremendamente apuesto. Su nariz recta y perfilada, su mandíbula cuadrada y sus ojos azules en contraste con su cabello negro. Aun cuando la había engañado y sentía que lo odiaba en ese momento, la hacía que se le agitara la respiración. Sin poder evitarlo se dio un rápido vistazo en el espejo. Tenía unas tremendas ojeras por estarle dando vueltas al asunto toda la noche y la cara pálida y demacrada. Respiró profundo y se encaminó de nuevo a la puerta y esperó a que él volviera a tocar. Cuando lo hizo, contó hasta diez para abrirla.
Él le sostuvo la mirada y acto seguido la recorrió de pies a cabeza. Apretó los labios y luego resopló. Kagome sintió que dejaba de respirar y que la sangre se le hacía hielo en las venas.
—¿Puedo pasar? —Preguntó el y ella se hizo a un lado de la puerta para dejarle espacio. Lo vio caminar y acomodarse en el mueble. Parecía demasiado tranquilo para lo que había ocurrido. Empezaba a pensar que era un desvergonzado.
Caminó y se plantó delante de él con los brazos cruzados.
—Supongo que vienes a darme una explicación.
—Kagome, yo… —el recorrió con la mirada la sala y luego la volvió a clavar en ella—. Yo solo vengo a pedirte disculpas, sé que mi actitud de anoche no tiene explicación, así que si quieres cancelar la boda no te puedo detener.
Kagome sintió que le clavaban una daga directo en el pecho y juró que escuchó que su corazón se hacía añicos con esas palabras. Él ni siquiera estaba pidiendo perdón, él solo estaba aceptando su culpabilidad y le estaba dejando la elección a ella.
Y claro que iba a elegir, pero lo que no podía creer era que él ni siquiera estuviese rogando su perdón, ¿es que no le importaba la boda? Por su puesto que no, se dijo así misma, nunca le había importado lo que pasase con ellos dos, y eso era exactamente lo que estaba ocurriendo, que ella había confiado demasiado en él. Al menos hubiese deseado que él le dijera que lo perdonara y que todo era una confusión, que las cosas no eran como ella creía y que no cancelara la boda, y entonces ella se daría el lujo de hacerlo sufrir un par de meses dejando que él resarciera su error, pero no, él no estaba implorando nada.
Bajó los brazos y se sentó en el mueble frente a él.
—Al menos pudiste haberme dado una explicación creíble, pero veo que te importa muy poco lo que pase con nosotros. —Él negó con la cabeza y se inclinó hacia adelante del mueble y apoyó los codos en las piernas.
—Me importa lo que pase con nosotros, pero no quiero obligarte a nada. Tampoco pienso engañarte acerca de lo ocurrido anoche.
—Pues entonces dime lo que pasó anoche, ya que no quieres engañarme, puedes empezar por decirme la verdad.
—La verdad Kagome es que te quiero y que eso que pasó fue un descuido de mi parte y aceptó que estaba consciente de mis actos, pero por esa misma razón no quiero obligarte a casarte conmigo, no quiero hacerte daño y…
—¿No te das cuenta de que el daño ya está hecho? —Lo interrumpió. Kagome no pudo evitar que la voz se le quebrara por el nudo que empezaba a formársele en la garganta.
—Me doy cuenta de que no te merezco Kagome.
—Definitivamente no me mereces Bankotsu. Pero dime —su ironía hizo que la voz le saliera despectivamente—, ¿vale tan poco nuestro amor como para no luchar por él?
Lo vio volver a negar con la cabeza. Se veía frustrado de aquella conversación y en ese momento a Kagome la inundó un inmenso pesar. Él no quería casarse con ella, por eso no quería enmendar su error.
—Kagome, cariño, debes pensar en nuestro futuro, esto lo único que va a lograr es un mal comienzo en nuestro matrimonio. Debemos posponer la boda y pensar en lo que vamos a hacer y…
Kagome definitivamente no podía creer lo que estaba escuchando, él era un canalla, estúpido, desvergonzado, un bastardo. Ya ni siquiera estaba escuchando lo que decía. La sangre le golpeaba los oídos mientras la rabia y la decepción luchaban en su interior por ver quien predominaba, pero Kagome Higurashi tenía orgullo y dignidad suficiente como para no querer volver a ver a ese hombre en su vida. Tenía que detener las estupideces que estaba diciendo y sacarlo de su casa a patadas, tomar el teléfono y cancelar definitivamente la boda, pero presa del shock no podía mover ni un dedo. Ni siquiera parpadeaba. Estaba hundiéndose en un vacío inmenso y no tenía como aferrarse a la luz, él se estaba llevando toda la luz de su vida.
Y finalmente la batalla campal que había en su interior la ganó la rabia. Se levantó del mueble y cuadró los hombros.
—Quiero que salgas ahora mismo de mi casa y de mi vida. —Él la miró sorprendido por el repentino cambio que ella había tenido. Y eso la impulsó lo suficiente como para llenarse de valor y detener las lágrimas que empezaban a luchar de nuevo para salir a flote.
—Prométeme que estarás bien.
—¡Dije que salgas de mi casa! —Gritó exasperada. Él se puso de pie y caminó lentamente hasta la puerta. Kagome dejó que pasara delante de ella y luego con ambas manos lo empujó por la espalda. Él giró la cabeza para ver lo que ella estaba haciendo, pero ella le lanzó un puño directo a la cara—. Vete si no quieres irte en camilla al hospital.
Bankotsu se sobó la parte inferior de la quijada y movió los hombros bruscamente para que ella dejara de empujarlo.
—Demonios contigo, Kagome. Por supuesto que me largo.
Cuando al fin logró que el estuviera afuera de su casa cerró bruscamente la puerta. El sonido fue como un disparo directo al corazón. Y de nuevo se rindió a la palpitante ebullición de sentimientos siendo expulsados por sus ojos en forma de lágrimas.
Continuará…
Hola niñas, ¿alguna interesada en colgarme?
Siento actualizar hasta hoy, pero tenía problemas de salud, no tenía internet y toda una serie de cosas que pasaron estos días, pero en fin, aquí está el capítulo.
Gracias a las hermosas que dejaron un review en el anterior. No saben lo feliz que me hace el recibimiento del fic. No pensé que comentarían. Esperaba sólo a las chicas que siguen fieles mis historias, pero veo que se han unido nuevas. Mil gracias.
sallycullenvongola
Breen Martínez
Daniela M
Elfen Jaeger
Sara
Raquel Cisneros Taisho Okumura
Yuli
iblwe
Gracias de nuevo, no me canso de repetírselos. Bueno, también están invitadas a pasarse a mis otros fics.
El engaño (Bankotsu/Kagome)
Dulce atracción (Kōga/Ayame)
Esclava (Edward/Bella)
Y próximamente un OS que participará en el "Birthday contest" del grupo de Facebook "Élite Fanfiction"
Sin más que anunciar, me retiro deseándoles una feliz semana.
Danper.
