Ahh~ La universidad me ha tenido con las manos atadas, pero al menos terminé de editar el cap hoy! Vendrán más actualizaciones en estas semanas para ir al corriente con los meses.
¡Bien! Muchas gracias a todos los que comentaron y apoyan esta historia. No responderé reviews aquí, ya que es el regalo de mi hermana, pero se los agradezco mucho!
Espero disfrutes el capítulo Tenshi!
y quien lea, también espero que te guste! Gracias por apoyar!
Llegaré a ti
Capítulo 2:
"Aléjate/Acércate"
Umi no podía creer lo que estaba viendo. Y, aun así, sabía que era real Honoka estaba parada enfrente de ella, a lado de la profesora encargada del club de kendo, informando de la incorporación de la castaña a las filas de integrantes.
— Imposible— dijo, intentando permanecer lo más calmada que sus nervios le permitían estar —. Tenemos treinta miembros, son los reglamentarios para poder ser llamado un club grande, no hay lugar para otro miembro, menos uno que apenas y conoce lo básico en el kendo.
— Pero he estado trabajando mucho para unirme.
Umi ahora entendía toda esa dedicación que Honoka estaba poniendo el último mes en sus lecciones. No importaba qué tan inclemente fuera con ella, siempre accedía, claro que, no sin quejarse un poco antes. Muchas veces había tenido que reprimirse para no permitir que esos ojos azules que siempre habían sido su debilidad, lograran ablandarla.
Tenía un objetivo, y no iba a permitir que nada ni nadie hiciera que quitara su vista de el, aunque a veces esa resolución flaqueaba. ¿A quién engañaba? Todo ese tiempo se había estado conteniendo a medias, no había podido despegar su vista de Honoka, y quizá nunca podría. Era como la luz en medio de toda la oscuridad que embargaba su alma, pero a su vez era deslumbrante, tan deslumbrante que no le dejaba ver el camino que podía guiarla a ella, un camino que aunque no quería, sí anhelaba, y era algo que Umi no podía dejar que pasara.
Ella debía ser fuerte.
Las palabras que su padre le dijo cuando salió de su casa aquél día habían sido tajantes, habían destrozado lo último que quedaba de ella, y había tenido que reconstruirse. Más inteligente, más fuerte, más capaz, más grande de lo que nadie jamás pudo haberse imaginado, ni siquiera ese hombre que alguna vez admiró tanto.
Era su modelo a seguir, su gran héroe. No había día en que no se levantara de madrugada cuando era pequeña para entrenar con él.
Su padre y su madre se habían conocido cuando ambos estaban saliendo a descubrir el mundo y lo que les depararía. Su madre trabajaba en una tienda de aperitivos, y a pesar de la rigurosa dieta que su padre seguía, siempre se desviaba de la tienda de nutrición a aquel local en aquella plaza. No se llevaba gran cosa, sólo una bolsa de chicharrones con picante. De alguna manera les tomó el gusto, pero pronto fue por su verdadero objetivo: aquella hermosa chica que lo atendía todos los días con un tierno rubor en las mejillas. No tardaron en hacerse novios y después esposos, todo iba perfecto, hasta que… ¿qué había ocurrido? Nadie lo sabía, quizá ni siquiera los padres de Umi.
De un momento a otro, Tao comenzó a ser frío y distante con su esposa, se había vuelto a enamorar, así que ahora llevaba una doble vida. Mientras tanto, Erena había hallado consuelo en su más grande amigo, Taiyo Kirigaya. Tao sabía que, desde siempre, Taiyo y Erena habían tenido una relación cercana, y a pesar de que el pelinegro tenía su propio esposo e hijos, esto no detuvo al celoso Sonoda de explotar contra Erena una noche, misma noche en que su amante lo había dejado por una mujer con más dinero, corazón y posición, alguien que no le ocultaba nada acerca de su vida y que estaba dispuesta a tener una verdadera relación con ella.
Y fue así que, ese día que su padre golpeó a su madre, Umi pudo ver todo su mundo caerse a miles de pedazos, un mundo que, se dio cuenta, había querido mantener unido con sólo sus pequeños brazos: insuficiente e inútil, así era como se sentía.
"No eres fuerte, no fuiste siquiera capaz de ver que esto ya llevaba sucediendo desde hace años. Claro, eres una niña, sólo te importa tontear con Honoka, todo mientras tu madre sufría, ¿cómo te atreves a recriminarme algo siquiera?".
Había sido contundente, y Umi creyó que era verdad, ¿quién puede pensar claramente cuando tu madre llora desconsolada en el suelo?
Teniendo la mano de su padre presionando sus mejillas con sus dedos, una rabia desconocida la embargó, así como un sentimiento de impotencia al intentar liberarse del agarre de su progenitor y no conseguirlo de ninguna manera. Se maldijo mil veces, y una vez que los vecinos intervinieron, atraídos por los gritos, fue que esa pesadilla terminó.
Al menos esa que había vivido en su hogar, ahora tenía una nueva tormenta dentro de sí misma. Quería ser fuerte, quería proteger a su madre, y no lo conseguiría teniendo debilidades. No con Honoka en su vida, haciéndola pensar que todo era maravilloso e iba a salir perfecto cuando obviamente no era así. Honoka la hacía pensar que el mundo era asombroso, mágico, que ella podía ser feliz y que no importaban las creencias de su padre acerca de la fuerza… Y eso era una mentira: el mundo no era asombroso y mágico, era triste, traicionero, mentiroso y cruel.
Sin embargo, no podía conseguir alejarse de ella, eso la enojaba, la enfurecía, ¡¿cómo podría mirar a su madre siquiera, intentando ser perdonada por no protegerla, si no podía controlar su fuerza de voluntad?!
Tenía que ser fuerte, y ese manotazo que había dado a Honoka junto al claro mensaje de que quería que se alejara de ella, había sido un sacrificio a su objetivo que estaba dispuesta a hacer. Pero de nuevo, caía en esas trampas brillantes y azuladas que la castaña poseía por ojos, y todo se iba al diablo, al menos unas treinta veces en su día. Debía considerarse casi masoquista haber llegado al extremo de buscar la misma escuela a la que Honoka asistiría; era como un alcohólico rozando sus labios por la boquilla de una botella de coñac.
La profesora acordó que Honoka entraría en el equipo sí o sí, y al ser una chica tan agradable y tierna, no era de extrañar que las demás le agarraran cariño casi de inmediato, sin contar que varias ya la conocían.
— ¡Nos emociona mucho tenerte! Seguro las prácticas serán muy divertidas de ahora en adelante— habló una de las chicas del club.
— ¡Quedo a su cuidado! — la sonrisa de Honoka era tan grande que Umi sintió su corazón detenerse por un momento. Era malo, muy malo… Endureciendo su expresión, salió del dojo, sólo para después correr por el pasillo y respirar profundamente.
Maldita sea.
— Honoka, no es que piense nada malo de ti, ¿pero en serio estás estudiando? — preguntó Yukiho, mientras miraba a su hermana desde la puerta de su habitación.
— Eso sonó igual de mal— la castaña infló las mejillas, pero casi de inmediato volvió a su semblante usual —. Sí, tengo exámenes pronto, así que debo prepararme si quiero ganarle a Umi.
— ¿Sigues con eso?
— Ahora más que nunca— los ojos azules de la mayor brillaron con decisión.
— ¿Y cómo planeas ganarle?
— Bueno… No hay nada que con esfuerzo no se logre, ¿o no?
— Eso es cierto, pero Umi lleva esforzándose toda su vida, ¿cómo planeas competir contra eso?
— No lo sé— Honoka recargó su barbilla en su mano —. Pero de alguna manera tengo que lograr que me reconozca.
La mirada triste en los ojos de su hermana hizo que Yukiho suspirara con cierto desgano. Quizá ya era tiempo de tener una plática, a pesar de que ella era la menor, pero estaba segura de que Honoka necesitaba alguien que la escuchara justo en ese momento, y quizá después. Alguien que supiera qué era exactamente lo que pasaba y la ayudara a desahogarse.
Había querido esperar a que Honoka se lo dijera por ella misma, pero probablemente eso pasaría cuando la chica estuviera en el límite. No quería llegar a eso. Su hermana tenía que ser feliz, quería que fuera feliz, y aunque sospechaba que no sería a lado de Umi, ella estaría ahí para animarla a buscar a la siguiente, y así, hasta que encontrara a su verdadero amor, alguien que no la hiciera llorar por las noches y en cambio, le diera días de alegría y emoción.
Por el amor no había que llorar, el verdadero amor no dolía, ¿verdad?
— Hermana.
— ¿Mm?
— A tí te gusta Umi, ¿verdad?
Los colores subieron a la cara de Honoka, quien, sin pensarlo mucho, bajó la mirada y asintió con timidez. Volvió la vista a su hermana y sonrió con ternura.
— Así es.
— Lo suponía— la chica de cabello castaño se acercó a su hermana mayor y se sentó a su lado.
— Creo que no soy muy buena ocultando mis sentimientos— sonrió, nerviosa. No pensó que Yukiho fuera a enfrentarla. Aunque hace unos días había decidido hablar con ella acerca del tema. Quizá podría usar su depresión para hacerla preparar manju, uno nunca sabía.
— Eso es algo muy bueno en varios casos, aunque no sé si decir que lo es en esta ocasión.
— No sé qué hacer— Honoka suspiró sin mirar a la chica de ojos verdes —. Se supone que me había dado por vencida, pero… ahora estoy aquí, esperando patearle el trasero en los exámenes que están por venir.
— Pero si logras superar uno de los mayores peros que te pone, ¿qué será de tu relación con ella después?
— Bueno, no había pensado en eso— la mayor se rascó la nuca —. Pero creo que quiero ganar un poco de confianza para ponerme frente a ella y decirle: "hey, aquí estoy".
— No me gusta, ¿sabes? Verte triste.
— A mí tampoco me gusta estar triste— sonrió.
— Te traeré mochi— Yukiho se levantó, pero justo antes de pasar el umbral de la puerta, se detuvo, volviendo su mirada a su hermana —. Honoka…
— ¿Sí?
— Cuentas conmigo.
Los ojos azules de la castaña brillaron con alegría, asintió y la menor hizo lo mismo, saliendo por fin de la habitación.
Honoka se recostó en el piso y cerró los ojos, recordando los acontecimientos de los últimos días: Había conseguido de una u otra forma acercarse a Umi, aunque esta siguiera insistiendo en huir o empezar una pelea por todo y nada a la vez. Suspiró al recordar lo brillantes que eran esos orbes ambarinos cada que sus miradas se conectaban; no sabía cómo describirlo, pero sus mejillas hormigueaban y una calidez indescriptible envolvía su corazón, sentía el impulso de detenerse y apreciar mejor tan bonita ocasión, pero, así como era hermoso, también era rápido, y apenas Umi rompía contacto visual, volvía a la realidad, una realidad donde parecía que Umi se le iba a echar encima tarde o temprano, y no de la manera en que ella quisiera.
— ¡Maki! — Honoka abrazó a su kouhai ni bien la vio en la entrada.
— ¡Honoka-senpai!
— ¿Por qué luces tan asustada? — preguntó Honoka, refiriéndose a las casi imperceptibles bolsas bajo los ojos de la pelirroja.
— N-No es nada…
— Vamos, dime, dime ~
— Ya dije que no es nada— el sonrojo en el rostro de Maki cada vez iba en aumento, cosa que sólo incitó a Honoka a molestarla aún más.
La escena era normal, pero no lo suficientemente grata a los ojos de una persona, quien, a pesar de rogarse seguir de largo, salvando su dignidad, caminó directo a esas dos, pensando en qué decir.
— Estás representando al club de kendo ahora, será mejor que actúes honorablemente— Umi habló a sus espaldas, notablemente molesta.
— Eh… Sí…
— Incluso es una estudiante de primer año… ¿qué clase de ejemplo estás dándole?
— Lo siento, pensaré mejor en mis acciones, Umi— Honoka sonrió, flechando a la peliazulada por milésima vez en su vida.
Maki ya había sido testigo de los enfrentamientos de las dos chicas de segundo, sin embargo, era la primera vez que estaba en medio de uno, y no le estaba gustando para nada la forma en que Honoka parecía aceptar sin más lo que Sonoda Umi tenía que decir. Sólo había algo que odiaba más que el ego de su familia, y eran las injusticias. Así que, harta de todas las veces que su senpai había usado la palabra "indecente" en una oración, finalmente decidió hablar.
— Por los Dioses, ni siquiera es algo grave, Honoka-senpai es así, no es como si me estuviera molestando— dijo, para sorpresa de ambas. La chica de cabello castaño la miró como si hubiera abierto la caja de pandora.
— Maki…— Honoka no pudo ocultar su cara de "estamos en problemas".
— ¿Disculpa? — Umi no esperaba que Maki interviniera, incluso estaba por irse, satisfecha al recibir la sonrisa tonta y sincera de la castaña, pero desechó la idea tras escuchar a su kouhai.
— Ya escuchaste… Ella no me está molestando, así es nuestra relación, ¿eso tiene algo de malo? Sólo es un abrazo, ¿no conoces a alguien que estimes y quieras abrazar?
— P-Pero eso…
— Tú no sabes cuál es tu lugar, ¿verdad? — una chica de cabello verdoso se acercó, acompañada de otra más de intenso cabello negro.
— Si Umi-senpai dice que está mal, entonces está mal, ¿por qué siquiera piensas que puedes discutir con ella? Pensé que los de clase alta tenían mejores modales— se quejó.
— ¿Y ustedes interceden porque…? — Maki comenzaba a perder la paciencia.
— Defendemos lo que creemos justo, y es injusta la forma en que le hablaste a Sonoda-senpai— contra atacó la primera chica —. ¿Crees que, porque una chica de tercero te permite hablarle tan familiarmente, todas te lo permitirán? ¿De qué privilegios gozas, Nishikino?
— Y-Yo no…
Tras encontrar el punto débil de Maki, aquellas dos comenzaron a hablar acerca de los rumores que circulaban en la escuela acerca de la gran idol Nico Yazawa y la estudiante rica de primer año, Maki Nishikino. Honoka intentó decir algo, pero sus llamadas de atención fueron completamente pasadas por alto.
Le dirigió una vista molesta a Umi, rogándole que dijera algo. La chica de ojos ambarinos pareció leer esos brillantes zafiros y procedió a responder con la misma gélida mirada, marcando con sus labios las palabras "es tu culpa", sin dejar ver su incomodidad ante tal situación.
Hasta ella sabía que era algo bajo meterse demasiado con la vida privada de una persona.
Era cierto, todos en la preparatoria pensaban que Nico Yazawa tenía como protegida a aquella pelirroja, incluso se rumoreaba que era algo más, una relación sentimental; un rumor realmente escandaloso para quién, se suponía, era uno de los más grandes ejemplos de la escuela, ¿alguien tan joven y prometedor con pareja? No podía estar permitido, NO DEBÍA ser permitido. Menos en una dama recta como Yazawa. Aunque el título de "dama" era más un apodo que algo que describiera a Nico, pues también sabían que la senpai idol era mal hablaba en ocasiones, e incluso cruel si la situación lo ameritaba.
Al mirar a Honoka ser tan cruelmente ignorada por las alumnas, Umi comprendió que ella tenía el control de detener esos ataques contra Maki, quien ya estaba claramente avergonzada y sometida, pero... ¿Por qué lo haría? Ella se lo había buscado. Para empezar, eso no hubiera sucedido si se comportara, si no hiciera demostraciones de afecto tan descaradas en público… Si no hubiera dejado que Honoka le hablara tan gentilmente en ese corredor…
… No… tenía que detenerlas, estaba mal… Estaba muy mal.
— Ya fue…
— Maki, kouhais, ¿todo bien? — una chica de baja estatura y cabello negro se acercó al trío, mirando con cierta molestia a la chica de cabello azulado.
— Y-Yazawa-senpai— los murmullos comenzaron a escucharse en las estudiantes que se habían reunido a ver el espectáculo.
— N-Nosotras estábamos… estábamos regañando a estas dos por alterar la paz en la escuela, ¡Umi-senpai lo vio!
— ¿Es eso cierto? — Nico dirigió su mirada carmesí a Umi, enarcando una ceja.
Parecía un reto, era un reto, la más baja de estatura le mostró con una sola vista a sus pupilas rojizas que entendía y sabía todo, era como si la analizara, intentando buscar su punto débil, uno que Umi no le iba a permitir ver; aunque se hallara a su lado, preguntándole a Maki si se encontraba bien. Su orgullo era más grande, al menos más que Nico Yazawa, lo era.
— Ellas estaban armando un alboroto en plena entrada, simplemente es inaceptable.
— ¿Y te parece menos caos una discusión como esta? Hace diez minutos estaba del otro lado de la manzana y pude escuchar tus reclamos.
— Simplemente les pido que se comporten.
— ¿Y por qué no les pides a tus perras de ataque que se comporten también? Armaron una escena. Para alguien que quería evitar alborotos, diría que disfrutas estar en el centro de ellos si se trata de Hon… Kousaka, ¿me equivoco, Umi? — el rostro de Nico era casi inexpresivo, pero se notaba el enojo en sus palabras. Los murmullos se alzaron con más fuerza, mareando a la peliazulada.
— Con permiso— Umi siguió su camino, sin terminar la discusión.
Su rostro estaba rojo, y aunque quería estar molesta con Nico, no tenía una razón más allá de que había echado a perder su venganza contra Maki, que, para su mala suerte, estaba protegida no sólo por la chica que amaba, también por la idol de la preparatoria.
— Mal día, ¿eh? — Kotori estaba al lado de los casilleros. Umi pasó de largo, sin cambiar su velocidad.
— Si estabas ahí, ¿por qué no interviniste?
— Así no hago las cosas— sonrió —. Y tú tampoco, ¿qué te pasó ahí?
— No importa.
— Si hace que ignores tu principio de "proteger al más débil", entonces importa, y preocupa— Umi comenzó a subir las escaleras, buscando llegar a su salón de clases —. Umi— la voz de Kotori resonó por el corredor, haciendo que la peliazulada se volviera a ella, finalmente.
— ¿Qué ocurre?
— ¿Qué te ocurre a ti?
— Yo estoy bien.
— ¿Tiene que ver con el divorcio de tus padres?
La mirada desconcertada de esos ojos ambarinos le demostró a Kotori que estaba en el camino correcto, ahora sólo quedaba lo más difícil: Lograr que Umi se abriera a ella y le contara cómo se sentía.
Umi volvió a darle la espalda, sin contestar más preguntas, avanzando, casi corriendo del lugar.
— ¿N-Nico? — Maki sintió cómo la pelinegra ponía una de sus manos en su espalda. Le sonrió, intentando tranquilizarla.
— ¡Hola Nico! Gracias…— saludó Honoka, intentando dejar atrás lo ocurrido.
— ¡Hey! Que no se te olvide el "senpai", de cualquier manera… ¿qué quería ella? ¿Por qué se puso así?
— Eh— Honoka rascó su nuca, intentando buscar una excusa para el comportamiento de Umi, pero lo cierto es que ella tampoco se explicaba. Esa no era Umi, no era su Umi, ¿por qué había permitido algo así? —. ¿El periodo?
— Claro, calma a tu fiera.
— No es mí fiera… desafortunadamente.
— Qué mal gusto tienes, aunque comienzo a creer que simplemente eres masoquista.
— Puede que lo sea— Honoka sonrió.
— ¿Estás bien, Maki? — Nico se dirigió a la pelirroja con preocupación.
— Hu-Hubiera podido con ellas… Estaba por responderles— se quejó la chica de ojos violetas, mientras desviaba la mirada.
— Claro que sí, cabeza de tomate.
— ¡Oye!
— Ustedes hacen una pareja adorable— Honoka rodeó el cuello de ambas con sus brazos, mientras comenzaba a caminar.
— ¡No somos pareja! — gritaron, con la cara completamente roja.
— Cuando tengan hijos, déjenme ponerle nombre a uno.
— ¡Ni locas! — respondió Nico.
— Ah, ¿entonces sí son pareja?
— ¡Hablaba de lo de los hijos, idiota!
