Capitulo II

"Un cambio en el corazón"

Partieron al amanecer, llevaban consigo algunas provisiones, suficiente para los dos días de camino a su destino, Inuyasha solo llevaba su colmillo y Kagome su arco con múltiples flechas, además llevaba consigo algunas hierbas y amuletos de protección y purificadores. Todos esos años le habían traído experiencia y gran conocimiento sobre cómo ser una buena sacerdotisa, con la guía de Kaede, Miroku y otros amigos además de personas que había conocido en el transcurso de esos siete años. Lo que más amaba de ser una sacerdotisa era que podía ayudar a tanta gente, sabía que era una responsabilidad pero lo sentía como algo maravilloso, era tener suficiente fuerza para ayudar y proteger a otros.

El otoño ya había comenzado, así que constantemente se topaban con árboles de cerezo y caminos forrados en pequeños pétalos y flores rosas, era una visión increíble, y aún más increíble era sentir la cálida mano de Inuyasha, sosteniendo la suya a medida que caminaban, haciendole sentir invencible.

Una hora después de su partida, una jovencita de quince años, con cabellos oscuros y largos hasta la cadera salía de su hogar a prisa y miraba en todas direcciones buscando a Kaede. Por fin la encontró recogiendo algunos frutos en una canasta, debía cuidar del anciano y su nieta herida mientras Kagome e Inuyasha no estaban.

-¡Anciana Kaede!

-Ah, buenos días Rin

-¿Ya se fueron Inuyasha y Kagome?

-Sí, se han ido al amanecer- Contesto distraídamente.

-Oh…no…-La joven agachó la mirada, entre sus manos sostenía un pequeño paquete forrado en una fina tela.

-¿Necesitabas algo Rin?

-Yo…yo solo…bueno, quería pedirles que si veían al señor Sesshoumaru, le dieran esto, es un regalo especial que le hiceDice sin poder disimular una gran sonrisa.

-Oh ya veo, dudo mucho que Inuyasha y Kagome se lo encuentren y menos aún que vayan a visitarlo, en todo caso ¿por qué no se lo das tu misma?

-Pues…es que…-De pronto su sonrisa fué reemplazada por un semblante apenado-…es que el señor Sesshoumaru…no me ha visitado en meses…-dice finalmente con un hilo de voz.

-Oh…bueno, no te desanimes, seguro vendrá pronto, ahora debe estar muy ocupado –dice Kaede no muy convencida- Dale tiempo niña.

Rin asiente levemente y regresa a su hogar, una vez dentro sintió una profunda tristeza, de pronto se sintió tonta al mirar el regalo que le había hecho a Sesshoumaru: un hermoso collar de colmillos y cuentas de jade. Tal vez a él ni siquiera le gustaría aquel tipo de regalos, era lo más probable.

El señor Sesshoumaru ya no era el mismo de antes, desde el momento en que había cumplido doce años, muchos pretendientes la habían buscado, en su mayoría hombres muy ricos con grandes propiedades y comerciantes, ella los había rechazado a todos y cada uno sin estar segura de porqué, desde ese momento, la dulzura, las atenciones, el cariño y preocupación del amo habían desaparecido, parecía más distante, y cada vez aparecía menos por la aldea para visitarle, era como si ya no le importara en absoluto lo que sucediera con ella.

De pronto recordó la última vez que tuvo una larga conversación con él, ella estaba por cumplir trece años y se sentía abrumada por tantas proposiciones de matrimonio, quería huir.

***Inicio de recuerdo***

Aquel día estaba atardeciendo y el señor Sesshoumaru estaba por irse.

-Señor Sesshoumaru…yo necesito decirle y preguntarle algo.

-¿Hum?Sesshoumaru ni siquiera la miraba, parecía muy apurado por irse.

-Yo me he vuelto una chica muy fuerte ¿sabe?, pronto voy a convertirme en una gran sacerdotisa, además estoy aprendiendo a usar la espada, conozco todo sobre hierbas medicinales, y también…cocino muy bien…-Dijo esto último sintiendo un leve rubor y calor en sus mejillas, de pronto Sesshoumaru le miró con esa glacial mirada que tanto le caracterizaba, aquello por poco le hacía flaquear, pero reunió todo su valor y fuerza de voluntad para seguir- …me preguntaba si podría acompañarlo en sus viajes…como…como antes…

Sesshoumaru sostuvo la mirada en la pequeña, y esta a su vez se la sostuvo con gran decisión y gran esfuerzo por no comenzar a temblar, ella no temía de Sesshoumaru, pero era cada vez más difícil para ella estar tan lejos de él, le causaba una gran angustia, por eso había empezado su entrenamiento, para volverse más fuerte y que Sesshoumaru considerara llevarla a su lado por ser útil, tenía grandes esperanzas, sabía que su esfuerzo debía darle buenos resultados en algún momento.

-No.

-¿Ah…? pero…-No podía creerlo, y sabía que no habría forma de convencerlo, el nunca cambiaba de parecer así como asi.

De pronto sintió una mano sobre su cabeza, Sesshoumaru le acarició levemente como cuando era niña, con cariño, era su forma personal de tranquilizarla o zanjar un asunto.

Rin se sintió frustrada y agachó la mirada, cuando la volvió a levantar, Sesshoumaru se alejaba sin más como siempre, y esta vez ella no se despidió alegremente de él como siempre, esta vez se quedó en silencio mirándole alejarse, con un nudo en la garganta.

***Fin del recuerdo***

No, el señor Sesshoumaru no había cambiado, había sido ella misma quien cambió, su forma de pensar, sus intereses, sus sentimientos por él.

-Lo amo-Dijo en voz alta a la habitación vacía, sabía que nadie podría escucharla, pero decirlo era una revelación incluso para sí misma, sabía que le gustaba pero hasta ese momento no había considerado que lo amaba, pero ahí estaba, era obvio, todas sus decisiones, entrenamientos, rechazos a múltiples a pretendientes, todo eso era porque el señor Sesshoumaru ya ocupaba un lugar importante en su corazón y solamente deseaba estar a su lado.

De pronto se levantó y comenzó a cambiarse de ropa por la de entrenamiento, era una prenda muy parecida a la de la gran Sacerdotisa Midoriko, a quien Rin admiraba mucho, pero con una armadura más ligera, también peino sus largos cabellos en una trenza que caía sobre su espalda. Comenzó a empacar unas cuantas provisiones, el regalo para el Sesshoumaru y una yukata, una de sus favoritas que él le había regalado en su cumpleaños pasado.

Aún no tenía una espada propia, tan sólo una de entrenamiento hecha de madera, pero la llevaría pues seguro le serviría mucho en algún momento.

Una vez lista salió a hurtadillas tratando de pasar desapercibida, no quería que nadie se diera cuenta de que se iba, ni que intentaran persuadirla de quedarse.

Buscaría a Sesshoumaru, le enseñaría lo fuerte que se había vuelto y le confesaría sus sentimientos. No había vuelta atrás.