-Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, únicamente la historia.
Advertencias: Contiene una escena sexual.
Nuestro paraíso.
Terminé de arreglarme para salir por la noche con Carlisle. Me eché por último colonia antes de levantarme de la cama donde había estado sentada y fui al baño, donde estaba Carlisle colocándose la corbata.
Me miró por el espejo, sonriéndome mientras terminaba de colocarse la corbata azul del mismo color que sus ojos. Lo abracé por detrás, colocando mi cabeza en su gran espalda, inspirando.
Cómo huele…
— ¿Me estás oliendo, Bella? —Preguntó mientras una mueca graciosa cruzaba su cara.
Alcé una ceja y lo abracé más fuerte. Amaba sentir su fuerte espalda y escuchar su voz, era realmente excitante. Carlisle se giró sin quitar mis brazos de alrededor de él y colocó sus manos en mi cintura.
—Me encanta ese vestido. —Susurró acercándose a mis labios.
Sonreí.
—Me lo regalaste tú. —Le besé tenuemente. —Ahora vayámonos, quiero saber cuál es mi sorpresa.
—Bien. —Suspiró.
Cuando salimos de casa, me acerqué a su coche que estaba aparcado enfrente de nuestra casa. Me apoyé en él esperando a que Carlisle llegase, pero vi que estaba enfrente de mí sonriéndome. Se acercó y me cogió de la mano, apartándome del coche y comenzando andar.
— ¿No vamos en coche? —Pregunté mirándolo.
Sus dedos se entrelazaron con los míos suavemente, causando una corriente de electricidad. Me acerqué más a él y seguimos andando, varias parejas estaban en los bares y paseando. También había adolescentes que se besaban o discutían.
Sonreí.
— ¿No te recuerda a algo? —Pregunté tirándole de la mano.
—Hm… ¿Debería recordarme a algo o a alguien?
Le miré rápidamente con el ceño fruncido, haciendo que él se riese y aligerase el paso. Su mano soltó la mía, rodeándome los hombros con uno de sus brazos, pegándome más a su pecho. Inspiré su colonia, haciendo que me estremeciese.
—Oye… Ya sabes que me encanta que me mimes pero… ¿No somos ya demasiado mayores?
Carlisle se rió y me besó en la cabeza, haciendo que sonriese y le mirase mientras continuaba riéndose. Se paró rápidamente y colocó sus manos en mis heladas mejillas, las que calentó con sus dos manos. Sus ojos azules me miraban fijamente, sonriéndome mientras alzaba una ceja.
— ¿Mayores? Yo no llego ni a los treinta y cinco ni tú los veinticinco.
—Oh, bueno… —Me sonrojé. —Ya sabes, veo a tantos adolescentes…
—Olvida a los demás Bella, esta noche sólo seremos tú y yo. —Susurró antes de juntar sus labios con los míos.
Al principio únicamente los juntaba, acariciándomelos y haciendo que me pudiese de puntillas, agarrándome a su chaqueta para no caerme con los tacones. Aunque llevase mucho tiempo con él, nunca me acostumbraba a las reacciones que me producía.
Sus labios eran dulces, cariñosos y excitantes.
Entreabrí mis labios, perfilando sus labios con la punta de mi lengua, consiguiendo que gruñese y sus manos me acercasen más a sus labios, juntándolos y volviéndome el beso.
Nos separamos mientras yo jadeaba y sentía mis mejillas arder bajo las manos de Carlisle.
— ¿Aún crees que somos demasiado mayores? —Susurró divertido.
Negué con la cabeza, sonrió y me besó una última vez antes de separase.
Seguimos caminando hasta que paramos enfrente de un restaurante grande con luces. Varias personas cenaban afuera mientras conversaban, otras adentro mientras varios camareros atendían a todos. Carlisle me sonrió.
Un camarero se acercó a nosotros y nos hizo pasar, subimos unas escaleras y nos colocó en una mesa cerca de la ventana, por donde se podía ver todo el paisaje y el parque de enfrente.
—Oh, me encanta Carlisle. —Dije mirando por la ventana.
—Sé que te gusta mirar mucho por las ventanas. —Alcé una ceja, recordando perfectamente a que se refería.
Cuando solía darme clases, cuando terminaban yo solía mirar por las ventanas cómo se iba a su coche cuando había terminado su horario. Él siempre se daba la vuelta y se despedían con la mano antes de sonreírme y darse la vuelta.
Empecé a reírme mientras Carlisle llamaba al camarero.
—Tampoco miraba tanto… —Susurré. Carlisle alzó una ceja. — ¡Oh, bueno! Todas las chicas estaban así por ti. —Dije rodando los ojos.
—Pero sabías y sabes perfectamente que yo sólo tengo ojos para ti.
Sonreí mientras veía cómo se acercaba el camarero.
—Esa es una de las razones por las que te amo.
Carlisle sonrió y negó con la cabeza mientras el camarero sacaba una libreta y nos miraba fijamente. Mientras Carlisle pedía, yo miré el restaurante.
Todas las mesas tenían en el centro unas copas con servilletas. Todas las parejas que había en su mayoría eran mayores, rondaban los cincuenta para arriba, haciendo que me sintiese joven. Las ventanas eran adornadas por cortinas rojas de seda.
Parecía que estuviésemos en la Edad Media.
El camarero se fue rápidamente mientras Carlisle me miraba fijamente. Me puse nerviosa y miré por la ventana intentando no reírme. Me sobresalté al sentir sus manos acariciando las mías.
— ¿Aun te pones nerviosa conmigo, amor? —Susurró con voz aterciopelada.
Negué con la cabeza y acaricié su pierna por debajo de la mesa, deteniéndome en su pantorrilla y subiendo después de haberme quitado el tacón. Cuando quise retirar su pierna, él la cogió. Empecé a tirar de ella mientras él se reía y me hacía círculos, lo único que consiguió fue sentir excitación, lo necesitaba.
Tiré fuertemente, sintiendo que su tacto me quemaba y a la vez me aliviaba, me soltó por sorpresa mía, pero empujé mi zapato y salió de debajo de la mesa, apareciendo mientras venía el camarero.
Él se paró con las bebidas en la bandeja, mirándonos con una mueca confusa mientras yo me sonrojaba y Carlisle se mordía los labios para no reírse. El camarero cogió el zapato y me lo dejó al lado, haciendo que susurrase un ¨gracias¨.
—Aquí tienen sus bebidas, ahora traeré la comida.
—Bien. —dijo Carlisle.
El camarero empezó a servir el vino, haciendo que yo mirase fijamente como lo vertía cuidadosamente en las dos copas. Miré a Carlisle con una ceja alzada, él negó con la cabeza y sonreí cuando me dio mi copa.
—Gracias.
El camarero nos dejó solos otra vez. Vi que unas parejas se levantaban y se ponían en el medio a bailar pegados mientras una luz en el techo daba vueltas. Sonreí mientras veía como la mujer con un moño canoso sonreía con sus labios pintados de carmín.
Me toqué los labios…
¡Mierda, el carmín!
—Después bailaremos. —Miré a Carlisle. — ¿Te parece bien?
—Claro. Me alegro de que seas médico, podrías acabar con los dedos fracturados de los pies.
Carlisle rodó los ojos.
—Bella, no eres tan torpe.
—Pero soy algo torpe.
—Todo el mundo es algo torpe. —Dijo inclinándose sobre la mesa.
—Carlisle, agradezco tus palabras para animarme, pero recuerdo perfectamente cuando fui a conocer a tus padres y dejé caer los platos cuando vi la bola de pelo de tus padres.
—Bella, era un gato.
—sí, lo odiaba. —Susurré.
Carlisle se rió y se cruzó de brazos.
Mientras él miraba a las demás parejas bailar, yo le miré de reojo.
Su cabello rubio estaba echado para atrás, sabía perfectamente lo suave que era y lo bien que olía. Sus labios estaban curvados en una sonrisa tierna que amaba por encima de todo, su mandíbula masculina marcaba sus rasgos, haciéndolos más atractivos. Sus ojos azules parecían ser laxos, translúcidos.
Los tenía igual que su madre, eran azules claros y realmente los amaba. Carlisle me miró rápidamente, haciendo que yo girase la vista y mirase a las demás parejas.
El camarero se acercó con dos platos que depositó, sabía que era carne, pero no exactamente cuál.
—Gracias —Dijimos Carlisle y yo al camarero.
Cuando se fue, le llamé flojito.
— ¿Qué carne es? —Susurré empezando a cortarla.
—Buey. —Sonrió. — ¿Quieres otra cosa?
Negué con la cabeza.
—Me encanta. —Suspiré sonriéndole.
Cuando terminamos de comer, entrelazó sus dedos con los míos y fuimos a dar un paseo por el parque. Únicamente era iluminado por las farolas, era realmente hermoso. Había bancos cada unos metros y grandes fuentes sin contar un lago que rodeamos para verlo entero.
Nos hicimos una foto en una tienda pequeña que había, nos sentamos en el césped y me coloqué entre sus piernas, cerrando las piernas y apoyándome en su musculoso pecho. Sus manos me rodearon por la cintura, acariciándome.
—Gracias. —Susurré. —Me encanta Carlisle, me ha encantado esta espada.
—Sabes que no tienes que darme las gracias Bella. —Me besó en la cabeza. —Disfruto cada minuto contigo.
Una de sus manos subió hasta colocarse en mi mandíbula y girarme la cabeza hasta mirarle. Sus labios se unieron con los míos, ¡guau! Nunca nos habíamos besado de esa manera, sus labios mordisquearon los míos, tirando de mi labio inferior causando que sonriese y le devolviese el beso.
Me coloqué a horcajas encima de él, entrelazando mis manos detrás de su cuello y acariciando el cabello de su nuca, tirando suavemente de él mientras nos besábamos.
Sus manos se colocaron en mi cintura, juntándome más contra él, sintiendo sus caderas completamente con las mías y su pecho pegado completamente al mío. Nuestras lenguas se entrelazaban mientras sus manos hacían círculos en mi cintura, subiéndome el vestido a la vez que sus manos lo hacían.
Sus labios fueron bajando, besando y lamiendo mi cuello mientras yo me arqueaba y acariciaba su espalda por su camisa.
—Carlisle… —Gemí en sus labios.
Carlisle volvió a subir por mi cuello hasta mis labios, sonriendo y los entreabrió, profundizando el beso que había estado deseando desde que me había empezado la cena. Su lengua entró en mi boca, haciendo que enrollase mis piernas alrededor de su cintura mientras me frotaba contra él, olvidándome de que estaba en un parque público a las dos de la madrugada.
Su lengua me acariciaba y me sacaba varios ronroneos mientras sentía como mis pechos se tensaban y los frotaba contra su torso. Bajé mis manos, quitándole la camisa mientras seguíamos devorándonos y acariciándonos. Cuando le dejé sin camisa, empecé a bajar mis labios por su cuello, oyendo los gruñidos que tanto me gustaban de él.
— ¿En el parque? —Susurró divertido, pero sabía perfectamente que me lo preguntaba por si parábamos y nos íbamos a casa.
Me acerqué a su oído lentamente.
—Siempre he querido. ¿Tú no? —Ronroneé.
Carlisle se rió y me quitó el vestido completamente, quedándome en ropa interior delante de él. Sentía que mis manos y mis pies empezaban a helarse por el frío, aunque el frío se me olvidó al mirar a Carlisle a los ojos. Sus ojos estaban más oscuros que de costumbre y sonreía pícaramente. Sin quitarme el sujetador, me sacó los pechos.
— ¡Dios, Bella! No sabes cómo me excita esto. —Susurró mirándolos mientras se humedecía los labios. Sonreí mientras me arqueaba y me mordía los labios.
Me sonrojé, aunque sabía perfectamente que cuando estábamos solos en la intimidad dejábamos el mundo afuera para concentrarnos en nosotros. Gemí y grité su nombre, arqueándome al sentir que sus labios me besaban uno de mis pechos mientras una de sus manos acariciaba el otro. Carlisle se colocó mejor entre mis piernas. Coloqué mis manos en sus pantalones mientras cerraba los ojos y gemía arqueándome más.
Bajé su cremallera poco a poco, escuchando ese ruido que me ponía tanto.
Introduje mis manos por sus bóxers, sintiendo su vello púbico mientras intentaba llegar más abajo. Carlisle también era rubio en su vello púbico y era algo que, aunque sonase extraño, me gustaba bastante. Toda su familia era rubia, su hermana, sus padres… Todos, yo era la única castaña de la familia Cullen.
Carlisle quería tener una hija como yo, mientras que yo quería tener una casa llena de niños rubios de ojos azules correteando por la casa.
Formar una familia juntos… Parecía un sueño. Un sueño que empezaba a hacerse realidad.
Cogí su miembro, que ya estaba duro y erguido. Carlisle gruñó entre mis pechos, haciendo que me estremeciese. Empecé a apretarlo suavemente, bajándole con mis pies sus pantalones mientras buscaba algo que consolase mi intimidad. Carlisle subió hasta mis labios, mirándome fijamente.
Me sonrojé al ver que sus ojos volvían a bajar hacia mis pechos e intenté que su pecho volviese a estar pegado al mío.
—Bella, sabes perfectamente que me encantan tus pechos. —Susurró cogiéndolos con sus cálidas manos.
—Ya claro, porque son juveniles. —Rodé los ojos.
Carlisle me miró con una ceja alzada mientras una sonrisa pícara cruzaba por su rostro, haciendo que me sonrojase aun más que antes. Me besó en los labios apasionadamente, consiguiendo que me calentase más de lo que estaba.
—Porque son míos. —Gruñó en mis labios.
Terminamos de desnudarnos, sintiendo como su intimidad estaba justamente con la mía, nos miramos a los ojos y empezó a penetrarme poco a poco, cerré los ojos aunque sabía perfectamente que me estaba mirando.
—Mírame Bella. —Susurró mientras empezaba a moverse. —Mírame, mira a quién te está haciendo el amor.
Abrí los ojos lentamente, encontrándome con sus ojos más oscuros de lo normal. Gemí mientras apretaba los músculos interiores y gemía en su oído, escuchando sus gruñidos y sus caderas golpeaban las mías.
Sus manos se colocaron en mi espalda, subiendo lentamente antes de cogerme del pelo y echarme la cabeza hacia atrás, exponiendo mi cuello y dándome besos por el cuello.
—Te quiero. —Susurró. —Haré que seas feliz para el resto de tu vida.
—Lo sé. —Jadeé. —Sé perfectamente que puedes hacerlo. —Besé sus labios. —Ya lo estás haciendo.
Perdón, perdón…
Sé que tardé mucho… Pero lo he hecho el doble de largo, aunque todo me ha salido sin darme cuenta xD En el siguiente capítulo ya empieza la trama –respecto al vecino y algo más… Espero que me haya salido bien el lemmon (creo que lo llaman así por aquí) Gracias y muchas por las opiniones y favoritos, pensé que nadie leería por ser un CaxBe, estoy haciendo un OS de navidad de ellos dos=) estoy bastante emocionada (cada vez que haya una escena ¨fuerte¨ lo diré, por si alguien no la quiere leer). Agradecería mucho que me dejasen su opinión… ¿Por favor? Prometo responderlas :)
