2. El principio de todo.
Acomodada en su magnífico sillón detrás de una enorme mesa en su nuevo despacho, estaba Júlia concentrada en la decoración.
Tenía ya todo escrupulosamente organizado para el principio de curso, solo le faltaban pequeños detalles en cuanto a objetos a ubicar.
Colocó un marco con una foto de su familia encima de la mesa. Se levantó y miró el resultado. Las paredes pintadas de tonos diferentes de lila con alguna que otra foto colgada, la chimenea encendida y chispeando, una enorme ventana, en ese momento llena de gotitas que acariciaban el cristal, con unas cortinas de seda blanca que dejaban entrar la poca luz que quedaba ya en el cielo, todo con un aire tan acogedor y personal.
Sonrió satisfecha al contemplar su trabajo y se dirigió a la puerta que daba a sus aposentos. Pero alguien llamó en la otra puerta, la puerta de entrada del despacho.
Se miró en el espejo y se arregló un poco el pelo recogido en un bohemio moño.
-Adelante- dijo.
Por la puerta entró nada más ni nada menos que Severus Snape, (tan perfecto como siempre), ruborizado levemente.
-Hola Jul- dijo.
-Hola- contestó.
-Te ha quedado un despacho precioso, muy tuyo- dijo Snape cogiendo fuerzas para hablarle. No podía creerse que ella estuviera delante de él después de tanto tiempo y eso le hacía muy feliz (porque al fin y al cabo, todo el mundo tiene sentimientos, nadie es de piedra).
-Gracias, siéntate por favor. Antes de cenar pensaba ir a verte para contarte todo…- le dijo Júlia.
Con un movimiento de varita hizo aparecer un sillón más delante del fuego.
Se sentaron.
-No tienes que hacerlo si no quieres, yo entiendo que tuviese miedo y aceptaras casarte con ese hombre- comenzó Snape.
-No fue así como pasó, por eso necesito contártelo- dijo Júlia mientras bebía un sorbo reconfortante de agua que había hecho aparecer, tomó aire- Mi padre nunca te contó la verdad. No me casé con ese hombre, incluso dudo que existiera amenamente a la mente de mi padre; él no quería verme con gente como tú en esos tiempos, gente tan cercana al circulo del Señor Tenebroso, no quería que me viese implicada en lo que fue su alzamiento, por eso te mintió y a mi me envió, en contra de voluntad, a vivir con mi tía Elisa. Ahora entiendo que mi padre tenía miedo…y le comprendo, pero solo quiero que no le guardes rencor y le comprendas tú también, porque él solo quería lo mejor para mi
Snape estaba confuso, todo eso cambiaba completamente todo lo que sentía, llevaba media vida repitiéndose que la chica a la que había llegado a querer, le odiaba y por se casaba con otro hombre.
-Así que tú… ¿tú no me dejaste de querer? ¿No me odiabas?- dijo él.
-¡No! Claro que no. Pero cuando volví, lo único que sabía de ti es que te uniste a el Señor Tenebroso y nada más, me asusté… no sabía que hacer…- dijo casi llorando Júlia.
Snape se levantó y la rodeó con sus brazos suavemente.
-Ahora todo ha acabado…todo ha acabado, yo ya no soy mortífago, todo se ha arreglado- la consoló.
Snape hizo aparecer un pañuelo que le tendió a Júlia y dos tazas de chocolate caliente.
Los dos se sentaron en el suelo cubierto de aterciopelada moqueta, mucho más cerca del fuego. Tomando el apetecible chocolate y sintiéndose reconfortados, nuevos; contándose todo aquello que durante tantos años no se había podido contar. Perdieron la noción del tiempo, les parecía que el mundo se movía entorno a ellos, pero como suele pasar, el tiempo no se había parado y tuvieron que volver al mundo real.
-Oh, Sev… ¿has visto que tarde es? ¿No deberíamos estar cenando con los otros compañeros?
-Probablemente- dijo Sape con una sonrisa de un niño que acaba de hacer una travesura en los labios.
(Ya en la cama)
Júlia se movía inquieta entre las mantas, era tan feliz, aparte de que le encantaba Hogwarts había vuelto a encontrar a Sev, su Sev. Cerró los ojos y pensó en el pasado, pudo verse caminando por un pasillo con Snape hablando y riendo. Snape seguía siendo el mismo por dentro, parecido a un bombón relleno de crema, tan misterioso y duro por fuera pero dulce y tierno por dentro. Suspiró y se quedó dormida.
Un poco más lejos de allí, Snape apagaba la luz de su mesita de noche. También estaba feliz, feliz de volver a encontrarla. Estaba tan cambiada, aunque seguía siendo tan atractiva como entonces… Snape abrazó la almohada y se durmió pensando en ella.
(El primer día de clase)
Los alumnos empezaban a entrar en el Gran Comedor exaltados, cada uno se sentaba en su mesa correspondiente y poco después dio comenzó la ceremonia de selección y el discurso de Dumbledore.
-Queridos alumnos, una vez más para algunos y la primera para otros, pero para todos ¡bienvenidos! Antes de dar comienzo al apetecible banquete, quisiera presentaros a vuestra nueva profesora de pociones: la profesora Caine.
Todos aplaudían y miraban en la mesa de los profesores a una mujer cautivadora de mediana estatura, con un precioso y sencillo vestido negro, un pelo castaño, largo y ondulado, y unos ojos verdes que resaltaban en su cara redonda. Era Júlia que saludaba simpáticamente con la mano.
-Y en el lugar de Defensa contra las Artes Oscuras, a nuestro ya conocido profesor Snape.
Todos aplaudieron (los de Slytherin con más emoción).
Júlia se fijó en él, con ese aire severo y seductor, otra vez le recorrió un calor desde la punta de los pies hasta la cabeza.
-Entonces que empiece el festín- concluyó Dumbledore.
(En la primera clase)
-Hola a todos, mi nombre es Júlia Caine, aunque deberías llamarme profesora Caine- decía Júlia con una sonrisa en la cara- Los criterios de evaluación que seguiré son los mismos que utilizaba el profesor Snape- al decir el nombre un chico se estremeció- veamos…me gustaría que prepararais un filtro de muertos en vida, se que es muy difícil, pero es para ver como vais en mi materia. Podéis empezar.
Los alumnos de esa clase, que cursaban quinto curso, se pusieron a trabajar en silencio. Júlia fue pasando por las mesas dándoles consejos para hacerlo mejor. Al chico que había temblado cuando la profesora había pronunciado Snape, se le derramaba un líquido viscoso del caldero justo cuando Júlia pasaba por su lado.
-Lo-lo-lo siento profesora Caine- dijo entrecortadamente y muy rojo.
-No pasa nada- dijo ella amablemente y se sentó a su lado- ¿Cómo te llamas?
-Neville Longbottom- dijo sorprendido el chico.
-Muy bien Neville, a ver, lo primero que has de hacer…- y Júlia empezó a describirle los pasos mientras le ayudaba a prepararla.
-Gracias profesora- dijo el chico.
-No hay de que Neville, y ten confianza en ti.
Los otros alumnos al ver que Júlia había ayudado a Neville, levantaban la mano para pedirle ayuda también.
La clase había sido perfecta.
