Era algo irrazonable, totalmente asombroso.

Antes que nada, debía curar a su pequeño atacante antes que la herida se infectara o abriera peor. Al verlo desmayado, lo tomo en brazos y lo llevo al mundo humano. En el Makai no se podía curar a nadie o tener calma un minuto con tantos demonios inferiores por la zona buscando pelea. Al momento de llegar a su casa, acomodo al niño demonio sobre su cama y busco las hierbas y tónicos particulares que siempre guardaba para casos urgentes.

Era, ciertamente, a la vista y parcialmente desnudo, un niño pequeño su paciente. Le costo menos que la vez anterior, cuando conoció por primera vez al demonio que había comenzado a ausentarse de su vida por sus misiones para Mukuro, curar la herida y cerrarla. No era grave.

Se sentó en el suelo y pasó una mano por la frente, con muchas preguntas en su mente, intentando responderlas. Todas concluían en que debía esperar a que Hiei despertara, no había de otra.

Cuando el joven despertó finalmente, lo hizo luego de cuatro horas de haber llegado al Ningenkai. A pesar de ser un niño, tenía los sentidos bien desarrollados y se descubrió de inmediato en un lugar nada parecido al Makai, su forzado hogar. Busco su katana inolvidable y la encontró posando contra una ventana abierta. Salio de la cama en la que había reposado y cuando iba a por su arma de preferencia, una mano se cerró sobre su pequeño brazo. Era el mismo con el que se había enfrentado antes.

- Sabía que harías algo como esto. Tranquilo, no la necesitaras aquí.

- Tú no sabes…- gruño rudamente y vio la espada, que ahora estaba cubierta de raíces palpitantes. Rápido movimiento- ¿Qué hiciste?

- Me gustaría que tú me respondieras a mí unas preguntas.

- Apártate- se soltó de su mano con brusquedad y recelo. Como con la espada, se esperaba algo así también y, más que con todos, hizo acto de paciencia para hablar- No vuelvas a tocarme.

- ¿No me recuerdas, Hiei?

- ¡¿Cómo diablos me conoces?!

- No me recuerdas- confirmo Kurama, sin inmutarse- Esta bien, pero debes recordar lo que te paso cuando te hicieron esto, dímelo.

- ¿Decir que? No me hables en ese tono.

El muchacho de larga e intensa cabellera rojiza, ojos de joya esmeralda y rostro de extraordinaria belleza suspiro.

- Supongo que tampoco eso. De modo, ¿Qué recuerdas antes de convertirte en esto?

- ¿"Convertirme" en que?

Su replica fue una sorpresa. Kurama parpadeo, asombrado.

- ¿No sabes que ahora eres un niño? Tienes el cuerpo de un niño de diez años, Hiei. Tu yoki no es el mismo, como si…- se detuvo, lo pensó de nuevo- De verdad hubieras regresado a tener esa edad.

- No te entiendo- la expresión del joven era de confusión pero de mucha reserva a demostrarlo- Y ya se que soy un niño, maldita sea.

- Esto, será más difícil de lo que pensé.

Y Hiei, aun siendo un pequeño, no lo hacia fácil. Era terco e insistente. Quería irse por todos los medios de su protección y le gritaba cada dos por tres, y palabras demasiado fuertes. Nunca lo había visto tan activo y furioso, aunque también parecía desconcertado por lo que pasaba, pero no solamente por lo que Kurama le decía.

- ¿Por qué estoy aquí?

- Era mejor que el Makai, donde pudieron haberte matado, mas estando como estas- se sentó a la silla, uniendo los datos, vagos y escasos, en su mente para analizarlos.

No vio cuando Hiei desvió su atención de el a su herida ya vendada y cerrada. Había sido tocado y…Toco las vendas aromatizadas de algún aroma primaveral e, incrédulo, miro a Kurama.

- ¿Tu hiciste esto?

Kurama dejo para después la interrogante de cuanto tiempo había pasado de que Hiei estaba como un niño en el Makai, cuantos problemas hubiera pasado, aunque con Kurama se defendió bastante bien. Lo miro, levemente sonriente y asintió con la cabeza. Al hacerlo, los ojos del pequeño demonio le revelaron otra realidad.

Claro…Si este Hiei era realmente el mismo, pero de pequeño, entonces solo tenia los recuerdos de esa edad y por ello no era totalmente el Hiei que conocía.

- Si, Hiei- dijo su nombre para que supiera que estaban en confianza, aunque el otro no pareciese dispuesto.

- Pero…- sus labios vacilaban en un temblor que sorprendió al pelirrojo. Parecía estar esforzándose por hablar y la forma en la que que bajaba la mirada al suelo y luego la concentraba en el…Adorable- ¿Por qué lo hiciste?

En los recuerdos de la infancia de Hiei jamás alguien lo hubo cuidado en su vida. Los niños no deseados en el Makai eran perseguidos como la presa sin temporada y siempre torturados.

- Porque soy tu amigo, Hiei- cuido sus palabras, las dijo con lentitud, para que las asimilara, les tomara familiaridad.

-… ¿"Amigo"?

- Dime, por favor, ¿qué es lo ultimo que recuerdas?

No era posible que olvidase siglos como adolescente y de repente volviera a su edad infantil sin que nada le resultase sospechoso. Aunque Hiei era un niño ahora, también era inteligente.

- ¿Recordar?- el pequeño le observo con extrañeza. Recordaba, si, algunas cosas, pero no las pensaba importantes excepto aquella humillación que aquel monstruo de aspecto raro…Gruño y frunció el ceño, señal inequívoca que estaba molesto. Kurama tomo eso como un progreso positivo, ya que eso le revelaba que si recordaba, y no precisamente cosas agradables- Quiero ir al Mundo del Mal. Voy a cortar en pedazos…

- ¿A quien, Hiei, hay alguien en especial?

- Lo haré a todos.

Su respuesta no fue muy alentadora para una mejor perspectiva del problema. Bien, Hiei no recordaría nada aunque se lo dijera pero, a fortuna, todavía no desaparecía. Hiei era veloz, no había perdido su habilidad, de forma que podía sencillamente tomar su katana en segundos, a pesar de la resistencia de la enredadera que protegía la katana, y marcharse.

Hiei se quedaba con el. Era un proceso favorable.

- Hiei, me llamo Kurama. Me veré como un humano pero soy mitad youko. Escucha, quiero que te quedes aquí, este es el Ningenkai, y no te apartes de mí- la confusión y pasmo de esos ojos carmines cambio a molestia- Se que puedes defenderte y cuidarte solo, me lo has demostrado- coloco sus manos sobre los hombros pequeños de el, de forma inconciente. Hiei quedo mas estático- Pero, quiero que te reserves ese instinto de guerrero tuyo para cuando te lo pida, ¿entiendes?- su rostro no le decía nada, ni que estaba inclinado a nada- Quédate conmigo. Voy a averiguar que te paso.

- No me des órdenes, zorro.

Sonrió ligeramente nervioso. Una combinación del carácter rudo de Hiei con su forma de llamarlo; un tanto extraño viéndolo como un infante.

- Hiei, ¿Sabes que significa ser un amigo?- le gusto ver la curiosidad en los ojos de ese pequeño demonio, aun de pequeño era muy interesado- Es "confiar en alguien mas, aparte de ti mismo", confía en mi.

Confiar. Que palabra tan simple en los labios del joven zorro y tan insignificante en la memoria de Hiei. No se puede creer en algo que nunca se ha conocido, o tenido.

- ¿Y porque, zorro?

- Recuerda, yo te traje aquí para que no te atrapara una banda de demonios salvajes, te vende tu herida y no te he hecho daño alguno mientras estuviste aquí y tuve la oportunidad, ¿o no?

Adoro ver a Hiei perdido en su argumento, desarmado de replicas o dudas. Noto al instante que le costaría confiar.

- Qu… ¿Qué quieres de mí?

Inocente y ligeramente sonrojado. Un niño tímido.

- Ayudarte, quiero ayudarte.

Hiei no recordaba nada, de modo que no comprendía lo que intentaba decirle o con que razón pero al menos se había quedado a escuchar y pareció reflexionar que no debía tener reservas con alguien que le hubo salvado y, creyéndolo el pequeño, sin conocerle realmente.