Solo una pequeña aclaración, cuando Twilight llegó a la tierra aún faltaban dos años para que la profecía de Trunks se cumpliera, no uno como se vio en el anterior capítulo, disculpas lol.
Rayos, ya perdí la facilidad con la que solía escribir estos capítulos, por eso me tardé más, tengo que acomodar bien las ideas o esto se irá a la shet, bueno, espero poder ofrecerles algo nuevo la semana que viene, disfruten, y ya saben, las disculpas que nunca faltan jaja. Nos leemos después.
La luz de la mañana inundaba con calidez la ventana de su habitación, la radiación entró en sus párpados, provocando que los abriera pesadamente, parpadeó un par de veces, bostezó crudamente, se sentó sobre la cama y estiró sus brazos con fuerza, aún seguía un poco somnoliento, trató de moverse pero sintió que algo a su lado se revolcaba ligeramente, sus oídos lograron captar un pequeño gemido, quizás de molestia infirió mecánicamente en su mente, saboreó un poco sus labios y giró su rostro para ver en la dirección de aquellas leves perturbaciones, encontrándose con una pequeña niña, un poco bebé, su apariencia denotaba al menos tres años de edad, su cabellera tan fina y delicada, de tonos azules oscuro, rosados y morados hechos vuelto un revoltijo, quizás por la almohada con la que durmió. El guerrero sonrió delicadamente, observando como la pequeña fruncía levemente el ceño, forzando su pequeña mano en el vientre del guerrero, como si tratara de forzarlo a que se acostara de nuevo, era claro que la pequeña se encontraba despierta, no de muy buen humor aparente. Goku podía sentir la fuerza de su hija, era notable incluso para él, tan pequeña y ya sentía que su poder de pelea superaba al de muchos humanos en el planeta.
—Twilight, vamos hija, es hora de despertar. —Pidió el saiyajin, colocando su mano en el pequeño pecho de la bebé, acariciándolo con medida delicadeza. —Bulma me matará si no llegamos a tiempo a su casa. —Comentó, mientras colocaba los pies en el piso, para levantarse.
La pequeña saiyajin híbrida gruñó con tierna molestia, tapándose con la cobija tan rápido como pudo, en su pobre intento por bloquear la molesta luz del sol. El guerrero quien la miraba con algo de ternura suspiró, negando levemente con la cabeza.
—Twilight, si no llegamos a tiempo no podrás aprender lo que Bulma prometió que te enseñaría ¿acaso no quieres aprender hija?. —Preguntó, sabiendo muy bien que la niña, con tan solo tres años, miraba apasionada y con profunda admiración cómo es que la científica peli azul trabajaba en sus máquinas todo el día. —Además no podremos desayunar. —Agregó. Su sazón era un asco, jamás aprendió a cocinar por mas que su abuelo Gohan trató de enseñarle cómo, no era su destino aprender, supuso, estaba más ocupado entrenando para volverse el adversario más fuerte que nunca prestó atención a cosas tan mundanas como aprender a cocinar.
Finalmente la pequeña cedió su berrinche y batalla por quedarse en la cama, se destapó, mirando a su padre con esas profundas piscinas de color magenta claro y oscuro, siempre brillando con suma inocencia, los amigos del saiyajin siempre le decían que los ojos de la pequeña eran casi hipnotizantes, una belleza de las muchas que adornaban a la pequeña saiyajin. Su cola comenzó a sisear sobre la cama.
—Papá… —Mencionó dulcemente, alzando las brazos en dirección al saiyajin adulto, este captó el mensaje y rápidamente la alzó hasta sentarla en su hombro, protegiéndola con su mano para que no cayera, así ambos salieron de la habitación, el guerrero colocó su hija en una silla especial para ella, obsequiada por Bulma, porque tiempo atrás ambos se percataron que a la bebé no le gustaban para nada los corralitos, literalmente destrozando 3 en su furia por estar confinada a ellos.
El saiyajin rápidamente preparó una tina enorme con agua tibia para bañarse, y rápidamente se desvistió junto a la pequeña bañándose ambos así al mismo tiempo, ahorrando tiempo, jugando y compartiendo, además de fortaleciendo el lazo padre e hija que ya era de por sí fuerte, el guerrero lanzaba agua a la pequeña con delicadeza y hacía pequeños manoteos salpicándola a todos lados, provocando la risa tierna y acogedora de la pequeña híbrida, algo que le parecía sumamente placentero a los oídos del saiyajin. Una vez listos, el guerrero colocó su vestuario habitual, terminando de amarrar las cintas en forma de cinturón a su cintura, mientras que la pequeña llevaba un conjunto casual de niña, que consistía en un vestido algo formar de tirantes color negro mientras que por debajo llevaba una camisa y shorts morados oscuro.
El estómago de ambos gruñó con ferocidad, el guerrero soltó una risa alegre al darse cuenta, mientras que su hija se contagiaba del gesto y comenzaba a reír tiernamente. Goku simplemente había pasado por la misma rutina en los últimos dos años cuando esta sorpresa llegó repentinamente a su vida, y muy lejos de estar enfadado, se encontraba lleno de felicidad, como si ese algo que nunca se percató que faltaba en su vida había finalmente aparecido.
—¿Lista para irnos hija?. —La pequeña quien aún no dominaba mucho vocabulario solo sonrió y soltó una pequeña risa, el guerrero afiló la mirada sin dejar de sonreír, abrazó a la pequeña con la suficiente fuerza para evitar que se cayera, comenzó a levitar hasta sobrevolar su casa en las montañas y con un ritmo tranquilo y estable comenzó su vuelo hasta perderse en la lejanía.
—Papá, tengo hambre. —Articuló como pudo la pequeña, sacándole una risa al saiyajin.
El guerrero voló por varios kilómetros mientras le pequeña en su pecho miraba con profundo asombro el mundo bajo ella, soltando pequeñas risas en el proceso, su cabellera y su colaba agitaban suavemente contra el viento, y la barrera de ki que el saiyajin puso sobre ella evitaba que algún daño atacara sus ojos. El hombre más fuerte del planeta tierra logró divisar lo que estaba buscando en la pequeña entidad rural que sobrevolaba, un restaurante donde a su parecer, preparaban la comida más deliciosa que había probado hasta ese momento en su vida, rápidamente descendió, mientras colocaba a la pequeña Twilight sentada sobre sus hombros, esta por reflejo colocó sus pequeñas manos entre la cabellera alborotada del guerrero para sujetarse.
Al entrar el lugar gritaba dos cosas a los clientes, comodidad y suma humildad, el estilo realmente hacía sentir bienvenido a los comensales sin que los trabajadores dijeran algo al respecto. Encontrando una mesa al lado de la ventana, el saiyajin tomó asiento y rápidamente sentó a la pequeña en una silla especial para pequeños a su lado.
—Por favor Twilight, esta vez no destruyas la silla. —Pidió el saiyajin con algo de pena, ya que la última vez un pequeño disgusto para la princesita guerrera fue suficiente para liberar su sobrehumana fuerza y destruir una de esas sillas, dejando atónitos a todo el restaurante. Los dueños, así como los trabajadores y algunos comensales que concurrían el lugar a tomar sus desayunos a menudo ya conocían al par, tanto así que de un momento a otro eran muy bien recibidos, con cordiales saludos, y una que otra ocasión con generosos regalos.
Claro, también participaba el hecho de que el pueblo era bastante seguro, porque el saiyajin ya se había encargado en gran mayoría de los delincuentes que una vez mantuvieron sometida a la mediana población bajo su poder a base de miedo, he de ahí que incluso las fuerzas del orden del lugar en ocasiones insistían fuerte, pero moderadamente que el guerrero se uniera a las filas de la justicia, cosa que para él no resultaba para nada interesante, es decir, ningún humano era lo mínimamente fuerte para combatir con él, siquiera resistir un golpe suyo sin antes ser asesinado por el mismo, además la atención que debía brindarle a su hija era prácticamente de todo el día, sólo quedándole los periodos donde ella estaba dormida para entrenar.
Dicha pequeña, traviesamente siseando su cola de un lado a otro, se encontraba tratando de tomar una galleta de entrada que una joven mesera había traído desde que tomaron la mesa antes de tomar sus órdenes, claro, cortesía de la casa. El guerrero que se encontraba devolviendo un cálido saludo de otra mesa cercana a la suya de una pareja de ancianos parecía no percatarse de esto, la pequeña pero astuta saiyajin quiso aprovechar el momento para zamparse ese pequeño rico manjar, su pequeña y suave mano estaba muy cerca de su objetivo, ya podía saborear el chocolate en su paladar.
—Twilight, recuerda que no puedes comer dulces hasta que hayas desayunado algo saludable. —Le regañó levemente el saiyajin de gi rojo, alejando de ella el recipiente que contenía las botanas dulces, mirándola con una sonrisa ladeada. —Mientras sigas creciendo debes alimentarte bien para que crezcas sana y fuerte como tu papá ¿entendiste?. —Preguntó el guerrero, al ver el pequeño puchero que estaba haciendo su pequeña, no pudo mas que sonreír enormemente, por alguna extraña razón, cualquier cosa que hiciese la saiyajin le traía una gran alegría y felicidad, era algo difícil de explicar. —Si me haces caso te prometo llevarte a un parque de diversiones ¿verdad que quieres?. —Preguntó juguetonamente, al ver como la pequeña rompió su ceño fruncido en una sonrisa de oreja a oreja, siseando con mas fervor su cola, asintiendo.
—Si papi, paque de divechones si. —Exclamó. Sacando otra risa alegre del guerrero.
Nuevamente apareció la mesera, una joven mujer, quizás en sus medios 20's, de larga cabellera ondulada color negro, ojos verdes claro y piel cristalina, con aparentes curvas, realmente poseedora de belleza aunque estuviese vistiendo su humilde ropa de trabajo, para hacer buen contraste con el lugar.
—Señor Goku ¿Ya han decidido que van a comer?. —Preguntó en plural con una sonrisa, recordando la última vez que al sólo preguntarle a él, la pequeña se había molestado, recordando que el joven guerrero de gi rojo le había dicho entre risas bromistas que ella era una niña grande y podía decir lo que quería comer.
—Bueno, yo quiero todo lo que hay en el menú, doble ración por favor. —Contestó el saiyajin con una sonrisa, causando que una gota de sudor se posara en la mejilla de la mujer, después de tanto tiempo siendo los mejores comensales del restaurante, y aún así le seguía impresionando como sólo una persona podía comer la bestial cantidad de comida que él consumía solo, y al parecer la pequeña de su hija también tenía un agujero negro en lugar de estómago. —¿Tu que comerás Twilight?. —Le preguntó a su primogénita.
La pequeña señaló lo que habitualmente desayunaba, pancakes, tocino con queso asado y otras varias cosas que apenas podrían comer 4 personas.
—Eh-eh, muy bien… avisaré a los cocineros para que se pongan a trabajar en ello inmediatamente. —Murmuró la mesera, sin acostumbrarse al asombro que le causaba tomarle la orden a estos dos extraños individuos.
Media hora después de juegos entre padre e hija, los alimentos llegaron, y bastaron tan solo 10 minutos para el guerrero terminara por aniquilar los suyos y 15 minutos para que la peli azul con destellos rosados y morados desapareciera el de ella, los comensales, al igual que la mesera, aún después de tantas veces de ver esta hazaña, seguían mirando sorprendidos como es que sin piedad limpiaron todos los platos de cualquier comida que reposara sobre ellos.
—Aaah, estuvo muy delicioso, realmente quedé satisfecho. —Exclamó el saiyajin, golpeándose levemente el estómago en señal de placer, la pequeña a su lado eructó para después dibujar una sonrisa placentera sobre sus labios, de igual forma, satisfecha por su alimento.
Goku rápidamente tomó un par de servilletas que había sobre la mesa para limpiar todo el rostro embarrado de su hija, para después hacer lo mismo con el suyo. Permanecieron un par de momentos más ahí, sentados, él acariciando el cabello de la pequeña, hasta que les sentara bien lo que acababan de devorar.
—Aquí está la cuenta, señor Goku. —Mencionó la mesera, depositando una enorme lista sobre la mesa, dedicándole a ambos una sonrisa cálida y acogedora, no por nada eran los comensales favoritos del dueño, siempre que venían llenaban con billetes su bolsillo. —Espero que la comida haya sido de su agrado. —Comentó sonriendo con más plenitud. El saiyajin asintió con alegría, mientras cerraba los ojos y se recostaba en su silla.
—Si, La comida de aquí siempre sabe excelente. —Exclamó es saiyajin, acostumbrándose a su cómoda posición. La mesera lo miró detenidamente, mientras una sonrisa pícara se curveaba en sus labios, rápidamente, aprovechando que estaba desprevenido, se acercó a él y depositó un suave beso sobre su mejilla, cosa que extrañó ligeramente al saiyajin, quien por reflejo se reclinó más en su silla.
Los comensales miraron la escena con una sonrisa entre pícara y burlesca, quienes tenían tiempo yendo al lugar sabían, mediante las acciones y maneras de comportarse de la joven chica que sentía una sana atracción romántica por el guerrero, incluso si este ya tenía una hija. La chica se separó de él para sin esperar respuesta, dar media vuelta y retirarse dentro de la cocina.
—Puede pagar en la caja, señor Goku, espero que vuelva muy pronto. —Exclamó esto último con más énfasis y emoción la mujer, para desaparecer en las puertas dobles de la cocina.
El saiyajin salió de su impresión rápidamente, sonriendo de forma cálida, característica de su persona, sin darse cuenta que su pequeña hija lo miraba fijamente, con notable molestia, la pequeña alguna vez fue identificada por Bulma como una niña muy sobreprotectora y celosa con él, hasta incluso ella se vio encarada por su furia cuando decidió apoyarse de cuerpo completo en el guerrero, aquella vez que se encontraba muy cansada por trabajar tanto y cuidar de su hijo recién nacido, Trunks.
—Muy bien, ya fue suficiente, será mejor que nos vayamos. —Anunció el guerrero, siendo escuchado por todos en el lugar, los cuales se despidieron amigablemente de él. —Vamos Twilight, aún nos queda mucho viaje por recorrer. —La tomó entre sus brazos, cuidando bien que no se fuera a caer.
Salió del lugar hasta quedar en medio de la calle, hoy parecía ser un día tranquilo en el pueblo, casi no había movimiento de personas. Los que se encontraban adentro rápidamente se acercaron a la ventana del restaurante, para ver como el saiyajin comenzaba a levitar, para momentos después, salir volando del lugar, solo dejando una marca de ki color blanco que desapareció momentos después. Esta era otra de las hazañas que no dejaba de cautivar a los pueblerinos que lo conocían, realmente deseaban saber como podía hacer esa clase de magia para volar por los cielos.
El viaje a la corporación cápsula fue tranquilo, después de 20 minutos de volar arribaron, Bulma se encontraba esperándolos en la terraza del segundo piso de su casa, sentada sobre una silla reclinable, meciéndose para arrullar a que el pequeño producto de su vientre, un niño de cabellera morada como la de su abuelo se quedara dormido, pero este parecía ignorar los esfuerzos de su madre por completo. Una sombra se pronunció sobre su cuerpo, provocando que alzara la mirada, para encontrarse al guerrero de gi rojo, quien le dedicaba una sonrisa casi de oreja a oreja, mientras que sobre sus hombros se encontraba sentada la pequeña peli azul con destellos morados y rosados, idéntico a él, con una gran sonrisa en su angelical y dulce rostro.
—Vaya, por fin llegaste, ya estaba pensando en despechar al tutor privado, de verdad que eres irresponsable. —Masculló Bulma, poniéndose de pie, mientras se acercaba a él mirándolo casi de forma asesina. —¿Trajiste sus materiales de aprendizaje?.-
—Ehh… ¿Los materiales?. —De pronto el saiyajin sintió como un potente escalofrio recorrió su espalda, casi poniendo sus cabellos de punta, ahora lo recordaba, el día anterior la joven científica le había dado una mochila con esas cosas.
—Me lo imaginé, no tienes remedio, aún sigue sorprendiéndome cómo has podido mantener a tu hija tú solo todo este tiempo. —Miró a la híbrida saiyajin, sonrió y alzó una mano para acariciarle la mejilla con ternura, cosa que la niña aceptó soltando una pequeña risita que le ablandaría el corazón hasta el más duro.
—¡Lo siento Bulma! ¡lo olvidé por completo! ¡perdóname! —Exclamó, suplicando piedad, rápidamente tomó a la pequeña saiyajin y la deposito en una silla, para después alzar vuelo . —Los traeré enseguida, no me tardo más de 3 minutos. —Aseguró, rápidamente se transformó en super saiyajin, iluminando su cuerpo con un brillo dorado.
Rápidamente desapareció del lugar, solo dejando una pequeña onda expansiva de aire que ondeó el cabello de los tres que ahí permanecían.
—Tu papá es un problema, Twilight. —Exclamó Bulma, suspirando con pesadez, para nuevamente sonreír, observando como la niña de ojos violeta claros seguía observando y procesando con asombro lo que su padre había hecho. —Eh, te acostumbrarás.
Momentos después, el guerrero de gi rojo reapareció con la mochila y la depositó en el suelo, rascándose la cabeza con una sonrisa apenada. Observó como su hija jugaba con el pequeño Trunks.
—Ya ha crecido bastante ¿Eh?, se parece mucho a tu papá. —Comentó, atrayendo la atención de la joven científica.
—Sí, se parece mucho a él. —La sonrisa soñadora de la peli azul se borró, transformándose en un ligero ceño fruncido. —Pero el carácter arrogante y sinvergüenza de su papá lo heredó de forma idéntica. —Masculló, provocando una ligera risa por parte del saiyajin.
—Sí, supongo que no es algo de qué sorprenderse, ese Vegeta. —Comentó suavemente Goku, borrando su sonrisa y postrando en su cara un ceño fruncido, lo cual llamó la atención de la chica, quien raramente veía este gesto en él. —Ya falta poco para que se cumplan esos 3 años de los que había hablado el joven del futuro Tr-… —Se quedó a medio hablar recordando que el joven de la espada le había pedido que estrictamente no hablara de él, especialmente a su padre y a su madre, pues corría el riesgo de que por saber, él jamás nacería en esta época. Bulma captó rápidamente la idea, y no pudo mas que soltar una ligera risa seca.
—Vamos Goku, ya no te deberías preocupar por eso. —Mencionó pícaramente la chica ojiazul.
—¡Qué! ¡¿De qué estás hablando?! ¡N-no sé lo que dices jaja!. —Exclamó el saiyajin, poniéndose nervioso al pensar que la mujer ya sabía la identidad del Trunks del futuro.
—Sí, hablas de ese apuesto joven del futuro ¿verdad?, quizás al venir advertirnos lo malo que pasaría en el futuro, nuestro propio futuro se alteró, tomando un rumbo alterno. —Explicó la chica, observando como el guerrero suspiraba y se quitaba una gota de sudor de la frente, esto realmente la sorprendió. —¿Realmente entendiste lo que quise decir con eso?. —Preguntó curiosa.
—¿Qué? Ehh… si, tienes razón. —Comentó el saiyajin, era obvio que no entendió nada de lo que dijo, solo estaba tranquilo de saber que no había metido la pata. —Bueno, podrás cuidar a Twilight este día ¿verdad?. —Preguntó con esperanza.
—Ash, tú no tienes remedio, todos los saiyajines son iguales, dejando olvidados a sus hijos. —Masculló con molestia la científica, su mirada bajó a enfocarse en la pequeña de cabellos azules con rosados y morados, cambiando su gesto molesto a uno ligeramente melancólico y misericordioso. —Al menos Trunks me tiene a mi, su madre, para cuidarlo, pero ella… su mamá… —
El saiyajin dejó su gesto nervioso, para afilar levemente su mirada, sin perder su gesto suave.
—No he podido encontrar ninguna otra pista acerca de su madre. —Comentó seriamente, transformando su rostro a uno ligeramente preocupado. —Incluso Kayosama no pudo ayudarme, mencionó que quizás lo que estaba buscando se encontraba en una galaxia de las que se encargaban de supervisar otros Kayos, aún así, me preocupa un poco la energía que está dentro de Twilight. —La científica alzó la mirada hacia él ágilmente.
—¿Hay un problema? ¿A qué te refieres Goku?. —Preguntó con creciente mortificación, en los últimos dos años que había convivido con la híbrida saiyajin le había tomado un gran aprecio, casi atreviéndose a llegar al grado de llamarla como una hija adoptada. —Qué le sucede a Twilight.
—No lo sé, Kayosama me explicó que no es ki, es otro tipo de energía, se llama magia. —La mirada del saiyajin se enfocó nuevamente en su hija. —Hay algo extraño con eso, es como si parte de esa energía que se encuentra adentro de ella se estuviera escapando, lejos de este planeta, muy lejos de esta galaxia. —Su rostro se tornó serio, al mismo tiempo que el de la científica se tornaba aún más preocupado, el único ruido que había en el ambiente era el de los pequeños infantes que parecían no parar de jugar y reír entre ellos.
—¿Es algo malo Goku?. —Volvió a preguntar, esta vez era muy notorio su tono de voz asustado. —Olvida eso, prométeme que vas a protegerla, prométeme que no le pasará nada a ella, si tú le fallas como padre, jamás te perdonaré, Goku. —Amenazó, no con molestia, sino con una enorme ansiedad y preocupación carcomiéndola por dentro, el sayajin pudo entender eso, sin embargo no despegó la mirada de su hija.
—Te lo prometo, no dejaré que nada malo le pase. —En su rostro serio se dibujó una sonrisa arrogante, característica de los saiyajin. —Además la voy a entrenar para que se vuelva más fuerte, aún es muy pronto pero, dentro de un año más me aseguraré de que se vuelva muy fuerte, para cuando no pueda estar yo, ella pueda defenderse y defender a los demás. —Concluyó, incándose sobre su posición, acariciando el cabello azul vibrante de su hija, quien solo rio y recibió el afecto, para ir abrazarse al torso del saiyajin, provocando que este sonriera.
—Te amo papi. —Murmuró con su carita enterrada en la camisa azul del saiyajin.
—Yo también, Twilight. —
—Ehh, bueno, no puedo evitarlo ¿cierto?, son saiyajin, supongo que nuestros hijos. —Bulma miró a su hijo, quien se encontraba observando sentado en el piso el intercambio de cariño frente a él. —No serán muy diferentes después de todo, solo espero que Vegeta sea un poco gentil a la hora de entrenarlo.
—Sí, ellos dos se volverán muy fuertes. —Aseguró Goku, refiriéndose a los pequeños, quienes volvían a su juego. —Muy bien, me tengo que ir, puedo sentir el ki de Vegeta muy lejos de aquí, iré hablar con él. —Se despidió con un ademán de mano, colocó dos dedos en su frente y desapareció, sin dejar rastro alguno de él.
La científica se quedó parada ahí, alzando su vista al cielo, observando el hermoso clima que había ese día, escuchando las risas de los dos infantes detrás de ella, el gesto de preocupación aún sembrado sobre su cara.
—Es una promesa, Goku. —
****DBZ&MLP****
El saiyajin de gi rojo reapareció en una zona totalmente desértica, el cielo en este lugar parecía estar poniéndose, quizás en un par de horas anochecería, dejó caer la mano que mantenía en su cara al costado, observando a todos los lados, hasta que encontró lo que buscaba, el príncipe guerrero, dándole la espalda a un par de metros, un aura de color dorado ondeaba con fiereza a su alrededor, mientras que su cabellera color oro seguía el mismo ritmo. El viento corría violetamente alrededor de ambos, a pesar de estar anocheciendo, el calor se sentía insoportable para estándares humanos.
—¿Qué es lo que quieres Kakarotto?. —Preguntó el príncipe, sin moverse de su posición, el aura de ki explotó, desapareciendo al instante. —No me molestes, aún estoy entrenando.
—Falta poco para que esos androides aparezcan, Vegeta. —Comentó el saiyajin de clase baja, de forma seria. —Nuestros poderes por separado no serán suficientes para acabar con esos sujetos, nos van a matar. —Anunció, sabiendo que Vegeta también conocía lo que había pasado en el futuro.
—Yo no moriré a manos de una hojalata aceitosa como esas, Kakarotto. —Respondió el príncipe, mientras se cruzaba de brazos, aún dándole la espalda. —Deberías ser tú quien se preocupe por su vida, a mi no me digas qué hacer, y más vale que te prepares, después de que termine de aniquilar a esas basuras, tú serás el siguiente. —Gruñó con ira latente.
Goku sonrió ligeramente, sin perder su mirada afilada. Colocando dos dedos en su frente.
—Te agradezco que vayas a pelear, de esa forma ganaremos. —Cerró los ojos, sintiendo el ki del usuario en su siguiente parada. —No te preocupes, cuando todo esto acaba tendremos nuestra pelea, y terminaremos por fin lo que dejamos empezado hace mucho tiempo. — Concluyó, para desaparecer rápidamente, Vegeta gruñó peligrosamente bajo su aliento.
—Tu humillación será severa, y tu muerte dolorosa, insecto. —Masculló, prendiéndose de nuevo en un aura violenta de color dorado, para resumir su entrenamiento.
El guerrero de cabellera alborotada reapareció en una zona boscosa, el sol aún permanecía radiante en la parte más alta, el sonido del rio cerca suyo, así como los pájaros y demás naturaleza atrajeron su atención.
—Qué haces aquí, Goku. —Escuchó una voz profunda detrás de él, se dio media vuelta para encontrarse con el namekusei que estaba buscando, estaba levitando en una pose de loto, su capa blanca ondeaba al son del viento. —Veo que esta vez no trajiste a la mocosa contigo. —Comentó, refiriéndose a la pequeña Twilight, el saiyajin sonrió, rascándose la cabeza con una mano.
—Sí, la dejé con Bulma. —Afiló levemente la mirada. —Quería tomarme esto con seriedad esta vez. —Apuñó sus manos, comenzando hacer un rápido calentamiento.
—Ya veo, muy bien, será mejor que empecemos entonces. — Mencionó Piccolo, deshaciéndose de su capa y su turbante rápidamente, al igual que el saiyajin, comenzando hacer un rápido calentamiento. —Ya falta poco para que esos androides aparezcan, no nos vendrá mal un último entrenamiento.
—Lo sé, es mejor estar preparados. —Mencionó el saiyajin, tomando su pose de pelea. Piccolo también hizo lo mismo.
—¿Listo Goku? Esta vez te aplastaré. —Aseguró con voz arrogante y una sonrisa ladeada.
—Empecemos de una vez, Piccolo. —Exclamó el guerrero de dogi rojo.
Ambos se lanzaron al ataque.
Intercambio de puños y patadas, dos estilos de artes marciales únicos en su creación chocando violenta y elegantemente en la tierra, el mar y el cielo, el namekusei y el saiyajin intercambiaban sus atacadas a velocidades superiores a las de la luz, sus cuerpos únicamente dejaban rastros en forma de rayones a donde sea que fuesen, un puño impactó el rostro del saiyajin, una patada impactó el estómago del namekusei, ambos salieron disparados opuestamente a velocidades ultra cortantes que amenazaban con desgarrar el espacio de la realidad. Lograron detenerse a varios metros de distancia entre ellos, jadeando un poco, ya tenían más de 2 horas entrenando, sus cuerpos se encontraban sudados, y de sus bocas exhalaba vapor caliente, creado por el hervir de su sangre, a pesar de ello mantenían sonrisas arrogantes y desafiantes en sus rostros.
—Goku, no podremos lograr mucho avance si no subimos el nivel un poco más. —Anunció el guerrero de tez verde, cerrando los ojos y con un gruñido profundo, rodeando su cuerpo de un ki blanco, que danzaba violenta y frenéticamente a su alrededor. —Vamos, transfórmate de una vez, muéstrame el poder que reside en tus límites, maldito saiyajin. —Exclamó, sin perder su sonrisa.
El guerrero de gi rojo permaneció serio un par de segundos, sin aflojar un poco su mirada afilada, sus labios rápidamente se curvearon en una sonrisa.
—Muy bien Piccolo, te mostraré todo mi poder ¡Aaaah!. —Gritó con fuerza, irguiéndose un poco con los puños a la altura de su cara, rápidamente todo a su alrededor comenzó a temblar, un aura de ki dorado emanó desde sus botas de combate hasta lo más alto de su ser. —¡AAAAH!. —Con un grito feroz, una explosión de ki que hizo retumbar la tierra debajo de él su cabello optó un color dorado, al igual que sus cejas, mientras que sus ojos se teñían de un azul acuoso. Piccolo sonrió de sobremanera, a pesar de que podía sentir el temblor en su esqueleto por el simple hecho de ser golpeado con el feroz poder bruto de su contrincante, le emocionaba saber que podría darlo todo sin limitaciones.
—¡Vamos!. —Exclamó el namekusei, lanzándose contra el saiyajin. Este optó un rostro serio e hizo lo mismo.
Sus puños se conectaron simétricamente, una explosión de Ki seguido de una potente onda de aire salió disparada sobre la superficie terrestre, logrando así casi dar la vuelta a toda esta.
Diez minutos más tarde, la batalla había terminado, después de ser despertado por el saiyajin, el namekusei recordó como había perdido la pelea al ser nocqueado, sin embargo supo aceptar su derrota y sin decir una sola palabra se marchó del lugar, el guerrero de dogi rojo permaneció ahí parado, relajando su postura, podía sentir como estos entrenamientos habían servido a ambos para fortalecerse enormemente, ya no era el mismo que había derrotado a Freezer en Namek, su poder había incrementado considerablemente, lo mismo podía decirse de Piccolo. Una sonrisa se dibujó en su rostro, disfrutando de la calma que le brindaba el ambiente a su alrededor.
—En cualquier momento aparecerán esos sujetos que Trunks mencionaba. —Una gota de sudor resbaló por su frente, sin perder su sonrisa y su gesto carismático característico de él. —Espero que esta vez no suceda esa tragedia, estoy seguro que podremos ganar. —Pensó, refiriéndose al apocalíptico futuro del cual el joven híbrido saiyajin venía.
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Bulma se encontraba en su terraza, recostada sobre una cama para tomar el sol, sus gafas de sol reflejaban el tono ambar del sol, denotando que ya estaba cayendo el atardecer, su tranquilidad se vio perturbada únicamente al escuchar un zumbido para ver al saiyajin de dogi parado frente a ella, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Hola de nuevo, Bulma, qué tal. —Saludó el hombre.
—Goku, no pensé que llegarías en este momento, usualmente vienes en la noche. —Comentó casualmente la fémina, alzando las gafas de su rostro para ver mejor al guerrero frente a ella. —¿Ya vienes por Twilight?. —Preguntó.
—Bueno, siempre cuidas de ella todo el día, aunque hayas dicho que no lo harías. —Su gesto alegre se transformó en uno ligeramente apenado y avergonzado. —Te pido una disculpa por eso, no es mi total intención dejarla todo el día, pero necesito entrenar para estar preparado, ya sabes. —Comentó, mientras rascaba su cabellera con la mano derecha. Bulma sonrió suavemente, negando con la cabeza.
—Entiendo lo que intentas decir, es una pena que toda esa responsabilidad siempre recaiga sobre tus hombros, pero qué se puede esperar, eres el más fuerte de la tierra. —Confesó, sonriendo más plenamente, su tono era suave y amistoso. —Además no te digo nada porque tu hija es una amor de tener de compañía, es como mi amiguita perfecta. —Soltó una pequeña risa, alzándose hasta quedar sentada sobre la cama.
—¿Lo dices enserio?. —Preguntó con ligero asombro y mucha alegría el hombre de cabellera alborotada. Bulma asintió sin perder su gesto.
—Así es, ella siempre es tan ordenada, tan curiosa y tan respetuosa, me enternece ver como siempre hace su mejor esfuerzo por preguntarme todo lo que en su pequeña mentecita cabe. —Admitió, soltando otra pequeña risa, esta vez colocándose de pie. —Tienes una gran hija, Goku, a pesar de ser tuya, es muy hábil con su mente, aprende a niveles muy acelerados, probablemente sea una gran científica como yo. —Recalcó eso último, viendo con una risa contenida como la sonrisa nerviosa del guerrero menguaba un poco.
—¿Una científica?. —Preguntó el saiyajin, sin el menor esfuerzo de esconder su tono decepcionado al igual que su gesto. —Pero yo esperaba que pudiera ser una combatiente de artes marciales como yo, mi deseo es entrenarla para que se vuelva muy fuerte. —Confesó, volviendo a su sonrisa alegre. —No sé cómo hacer que le guste eso.
—Vamos Goku, necesitas dejar que las cosas sucedan al ritmo del tiempo, no te comportes como un padre responsable, me asusta tu nivel de responsabilidad. —Rio sarcásticamente, para darse media vuelta, entrando en la casa. —Vamos, ella y Trunks jugaron bastante hasta quedar agotados y totalmente dormidos, eso fue hace 4 horas, ya no tardarán en despertar. —
—Muy bien… ¿Oye no me puedes dar algo de comer?. — Fui lo último que se escucho, antes de que sus voces se perdieran en el interior de la casa.
El regreso a casa fue tranquilo, el saiyajin sobrevolaba los cielos tintados de colores ámbar, violetas y amarillosos, la noche estaba por arribar. Al divisar su casa en la montaña Paoz descendió tranquilamente y depositó a la pequeña peli azul con destellos rosados y morados en el suelo, esta entró corriendo en la casa entre risas alegres y saltos energéticos, el padre observó con un gesto enternecido la escena.
—Papi… —La voz dulce y melodiosa de la pequeña saiyajin atrajo la atención de Goku. Después de un baño con agua tibia y un cambio de ropa para dormir, ambos saiyajin se encontraban acostados, listos para dormir. —Papi… —
—¿Si Twilight? ¿Qué sucede hija?. —Preguntó, retirando la vista del techo para enfocarla en la dulce mirada de ojos violetas de la pequeña, quien parecía algo tímida, su cola siseaba de un lado a otro con una suave calma. —¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre? ¿Debes ir al baño?. —A cada pregunta la pequeña negaba dulcemente, agitando su cabello de un lado a otro. —Entonces dime. —Insistió con la misma calma.
—Me…uhm, mmm. —Murmuró con pena la pequeña, mientras sus redondas y ligeramente regordetas mejillas se teñían de un color carmín, el saiyajin la seguía mirando con expectativa.
—¿Si hija?. —
—Quero que me cuentes un cuento papi. —Solicitó la pequeña, aún con ligera dificultad para articular oraciones. —papi… quero un cuento.- Enterró su angelical rostro en el pecho del saiyajin, tratando de esconder su sonrojo avergonzado.
—¿Un cuento?. —Preguntó el saiyajin, perdiendo la confusión y dibujando una sonrisa en sus labios, sintió como la pequeña le restregaba la cara en el pecho en un "sí". —Mmm, un cuento. —Meditó un par de segundos, la pequeña se apartó un poco de él, aún siguiendo recostada boca abajo sobre el pecho de su padre.
—Si papi, cuento de princesas. —Pidió con más claridad la pequeña.
Goku sonrió nerviosamente, no teniendo idea de que se trataba un cuento de princesas, observó como los ojos de su hija seguían clavados en él, con la inocencia única que sólo una niña podía poseer, un sentimiento dulce abrazó su corazón de guerrero, aún no entendía como ella podía ser su hija, pero después de un tiempo dejó de cuestionarse ese hecho, y sin siquiera saberlo, el cariño comenzó a nacer, hasta transformarse en un amor puro de hija y padre, un instinto le decía que sus peleas, parte de ser algo que disfrutaba, ahora también serían para proteger esa sonrisa que en esos mismos momentos estaba mirando, la sonrisa de su hija.
—B-bueno, veamos… era una vez una princesa. —Comenzó con su improvisación, observando como la pequeña le ponía toda su atención. —Que vivía en un castillo. —Recordó a la hija de Oxsatán, él había dicho que su hija era una princesa y que las princesas sólo vivían en castillos. —Era muy feliz, eh… —Se quedó en silencio, pensando en lo que diría después.
—¿C-como era castillo papi?. —Preguntó la pequeña. El guerrero recordó ese lugar.
—Era un castillo muy grande, cabían muchas personas dentro de él, servían mucha comida deliciosa para todos siempre. —Comentó el saiyajin.
—¿Mucha comida deliciosa?. —Preguntó maravillada la pequeña, el brillo de sus ojos era sumamente adorable.
—Si, pero un día ese castillo se quemó. —Confesó, recordando como había ayudado a Ox a salir de ese lugar, en ese momento su hija ya lo odiaba por haberla rechazado, pero eso no quitó el hecho de que le agradeció profundamente el haberle salvado la vida a su padre.
—¿Se quemó?. —Preguntó aterrada la pequeña, el saiyajin lo notó y la abrazó con una extremidad, sin perder la sonrisa.
—Sí, pero logramos apagarlo con ayuda del Vasho Sen y una amiga de mi abuelito. —confesó, recordando al hombre que lo crio y cuidó desde pequeño hasta los 12 años. —Aunque de todos modos no quedó nada de ese castillo, el fuego acabó con gran parte de ese lugar. —Admitió.
—¿La princesa papi?. —Preguntó la pequeña de ojos violetas, refiriéndose a qué fue de ella.
—Bueno, recuerdo que Ox mencionó que habían construido otro castillo, para que él y la princesa vivieran ahí. —Finalizó, esa fue la última noticia que supo de esas personas, quizás en algún momento iría a visitarlos de nuevo, para presentarles a su hija.
—Papi… —
—¿Si Twilight? —
—Yo… quero ser princesa. —
El saiyajin soltó una pequeña risa, mientras cerraba sus ojos, sintiendo como la pequeña se arrullaba sobre su pecho, comenzando a respirar con mayor calma, señal de que se estaba quedando dormida.
—Serás mi princesa guerrera, hija. —
