II. Celos.

Aburrimiento.

La verdad era que todo lo que sentía Eliza en esos momentos podía definirse en una sola palabra: aburrimiento. Desde el interior del lugar, miraba hacia la calle a través de la ventana, con su mano apoyada en el marco de la ventana, y su cara apoyada en ella. Soltó un suspiro.

Habían pasado dos días desde su encuentro con Matt y Nickolas, y aunque no quisiera admitirlo, había pensado demasiado en esos dos jóvenes, sobre todo por el encierro en el que se había vuelto obligada a seguir, debido al castigo que sus padres le habían impuesto.

¿Había pensado en algún momento que el tema del supuesto asalto ablandaría un poco a su padre, y que se olvidaría de retarla por lo que había pasado el día anterior? Si había considerado una pequeña posibilidad de que ocurriera eso, es que había pecado de ingenua, de verdad. Porque al día siguiente, a penas se levantó (y claro, después de darse cuenta que su pie continuaba hinchado y que su rostro mostraba un interesante moretón cerca de su labio) y después de un austero desayuno, la llamó a su despacho.

Y ahí comenzó un largo sermón por parte de él, que al final intentaba no escuchar. Podía recordar algunas frases sobre el respeto que le debía a alguien como William Andrey porque, después de todo, era el nuevo cabecilla de la familia (Eliza en esos momentos había suspirado, todo eso a ratos le sonaba a la mafia, con eso de los patriarcas y las matriarcas de la familia Andrey), también hubo algunas palabras referidas a Elroy, que también le debía respeto (en ese momento volvió a suspirar, tratando de recordar si en algún momento le había faltado el respeto, porque que recordara, ni siquiera había cruzado unas palabras con ella). También la retó por lo que le había dicho a su hermano (ella ni siquiera se dio cuenta que habían escuchado cuando murmuró un "maldito traidor, cobarde", después que se lavara las manos en el tema del matrimonio) y, por supuesto, un tema que no podía faltar: Candy.

Llegado a ese punto de la conversación, Eliza en vez de sentir cansancio y aburrimiento, sentía rabia. Su padre volvió a decirle lo virtuosa, responsable y buena gente que era Candy, y de paso, lo incomprensible que consideraba aquel rencor que tenía en contra de ella. La chica simplemente se cruzó de brazos. Definitivamente, su padre no la entendía, por eso simplemente prefirió pasar por alto todo lo que le decía, sobre William, la tía Elroy, su cobarde hermano, y sobre Candy.

Sería mucho más sano para su salud mental, considerablemente más importante que cualquier cosa que su padre podría decirle sobre la actitud que tenía con los demás.

En fin, y resumiendo el largo sermón que había tenido, todo se podía resumir en una cosa: castigo. Durante varias semanas tendría completamente prohibido siquiera asomarse a la reja de la calle de su casa (salvo emergencias, por supuesto... pero si lo consideraba, con ese moretón que tenía en su rostro ni ganas le daban de asomarse siquiera a la calle) y estaría obligada a acompañar a todas las reuniones familiares (aunque estuviera Candy presente)...

Sí, definitivamente su padre había sabido darle donde más le dolía. Bonito castigo que tendría.

Y ahí estaba en esos momentos, al segundo día de su castigo, sintiendo que si se quedaba en ese lugar una hora más se volvería loca. Miró de reojo a las demás personas presentes, y torció la boca, visiblemente molesta. ¿Por qué tenía que ser aquella nueva reunión familiar, justamente en la sala de su casa?. Si hubiera sido en cualquier otro lugar, al menos podría haber respirado un poco de aire.

Peor aún, los visitantes no eran otros que los flamantes Andrey, con sus amigos y todos los que solían ir con ellos. Resumiendo, Elroy, William, Archie, Candy, Annie y Patty, que andaba de visita nuevamente. De su familia, estaban todos, aunque sólo sus padres participaban de la conversación, Neil se dedicaba a mirar al suelo y ella estaba lo bastante aislada como para interesarse por lo que podrían decir. Aunque claro, eso no quitaba que escuchara lo que conversaban.

-Es por eso que los preparativos para la presentación de Candy en sociedad están casi listos, en una semana será la fiesta- contaba Albert, animadamente. Si a alguien le molestaba el tema, sabía disimularlo muy bien -esperamos que venga gran parte de la familia, casi todos han confirmado su asistencia.

-Eso es excelente, William- Eliza, desde su lugar, suspiró. Su padre siempre consideraba bueno todo lo que tuviera que ver con Candy, como gran parte de su familia -por fin después de tanto tiempo, Candy podrá tomar el lugar de la familia que le corresponde. ¿Estás contenta?

-Oh, si, aunque yo lo considero innecesario- contestó Candy, sonriendo -he intentado convencer a Albert para que no haga la fiesta, pero es demasiado terco, está empecinado en realizarla, y la verdad, ya me rendí. Que haga lo que quiera.

-Bueno, con todos los años que estuvo haciendo lo que quiso, sabemos perfectamente lo terco que puede llegar a ser- sonrió también el padre de Eliza, ella sólo hizo ojos al cielo, fastidiada.

Estaba segura que si tendría que aguantar situaciones así hasta que se acabara su castigo, iba a morirse a la mitad de éste, sobre todo porque no soportaba a la mitad de los personajes que estaban ahí presente... apoyó su cabeza en sus brazos, sintiendo de pronto deseos de llorar. Lo único que deseaba era salir de ahí, pero no podía.

La alegre reunión que se llevaba a cabo fue interrumpida por la llegada de unas de las mucamas, que quedó mirando a los señores Leegan durante unos momentos.

-¿Ocurre algo?- les preguntó él, ella se inclinó antes de hablar.

-Hay dos jóvenes que preguntan por la señorita Eliza- al escuchar su nombre, ella levantó la cara, curiosa -dicen que desean verla unos minutos.

-Dígales que ella está castigada- replicó el señor Leegan, causando la vergüenza en Eliza, sobre todo porque lo dijera en frente de todos como si fuera lo más normal del mundo -que no puede ver a nadie hasta nuevo aviso.

Eliza abrió ligeramente la boca, para replicar, pero luego de unos instantes prefirió guardar silencio. Era mejor que eso del castigo se lo dijera a los presentes, que a los dos muchachos que fueron a visitarla (que no tenía idea quiénes eran, en todo caso). Quizás era mejor que ellos la visitaran otro día.

-Disculpe, señor, pero dicen que es urgente que la vean- replicó Mary, visiblemente incómoda porque tenía que insistir.

-Mary, ¿te dijeron cómo se llamaban?- preguntó Eliza, imprudentemente.

-Sí, Matt Johnsons y Nickolas Grayson- contestó.

-Ah...- Eliza pestañeó unas cuantas veces, confusa. Por la manera en que había tratado a ese par el otro día, pensó que jamás iban a querer verla nuevamente. Y no era que hubiera estado triste por eso, al contrario, la habían hecho pasar un rato tan malo, que era lo único que deseaba.

-¿Quiénes son ellos, Eliza?- le preguntó su madre, frunciendo el cejo -nunca antes había escuchado sus nombres en ninguna parte, ¿dónde los conociste?

-Eh... bueno...- ella se dio cuenta, después de pensarlo un poco -que mentir respecto de ellos no valía la pena, así que mejor contaba parte de la verdad... sólo una parte -fueron los chicos que me ayudaron el otro día, fue gracias a ellos que no me hicieron nada más, aparte del golpe, claro...

-¿De verdad?- su madre la miró escéptica.

-Por favor, mamá- comenzó la chica a pedir -déjame verlos aunque sea unos minutos, quiero agradecerles porque me ayudaron, y el otro día estaba tan nerviosa y asustada que no fui capaz de decirles nada agradable. Sólo será unos pocos minutos.

Sus padres se miraron ligeramente, como analizando la situación en silencio. Después de unos momentos, él habló.

-Hazlos pasar, Mary.

-Sí, señor...

Antes de salir, Mary volvió a hacer una pequeña reverencia. Eliza se quedó muda, y un poco asustada. Ni Matt ni Nickolas sabían que ella había modificado ligeramente la historia ocurrida hace dos días, lo más posible era que iban a meter la pata, y bien hasta el fondo, si que es no lograba advertirles de alguna manera lo del supuesto intento de robo, y que ellos la habían supuestamente, salvado.

Pero Eliza no tuvo tiempo ni para pensarlo tanto, porque momentos después los dos entraron, con sonrisas en sus rostros. La chica los quedó mirando y por poco no los reconoce en un primer momento. Los había conocido como dos muchachos aparentemente normales, quizás bromistas, y con un brillo de picardía que de verdad había llamado su atención.

Y los dos que se mostraban ante ellos erab bastante distinto. Sus ropas, visiblemente elegantes, les daba un aire caballeresco que Eliza no fue capaz de ver en un primer encuentro, sus cabellos, brillantes y ordenados, le hicieron recordar un poco a Archie, y sus intentos de permanecer por siempre elegante, sobre todo cuando eran más niños.

-Muchas gracias por recibirnos- Matt se inclinó, a la vez que hacía una pequeña reverencia, Nick lo imitaba, sonriendo con diversión y un dejo de picardía en sus ojos, que sólo Eliza fue capaz de ver -temíamos haber venido en un mal momento.

-No exactamente- el padre de Eliza se puso de pie, y se acercó a ellos -sólo estamos en una pequeña reunión familiar, nada más.

-¿Es usted el señor Leegan?- preguntó Nick, él asintió -mucho gusto, Eliza nos habló un poco de su familia ayer. Yo soy Nickolas Grayson, y él, mi mejor amigo, Matt Johnsons.

-Un gusto, señor...

Decir que la primera impresión que le dieron a la familia fue el encanto, es poco. Hasta Elroy se vio gratamente sorprendida cuando la saludaron y la halagaron con simpáticas palabras. Eliza los miraba entre sorprendida y molesta. La primera, porque aún no se sobreponía de verlos llegar a su casa como si fueran amigos de siempre de la familia, y la segunda, porque no habían sido capaces de mirarla, ni siquiera saludarla cuando llegaron.

Y definitivamente tuvo deseos que se fueran, cuando comenzaron a cruzar algunas palabras. Apretó los puños de rabia, pensando que por milésima vez, ella volvía a robarle la atención de invitados y conocidos suyos. Siempre había sido así, Candy tenía "algo" (su padre lo llamaba "ángel") que llamaba la atención inmediatamente y ella, simplemente, pasaba a segundo plano.

Tuvo ganas de hacer un escándalo o dejarla en ridículo diciendo algún comentario agrio, pero luego lo pensó mejor. No deseaba que le extendieran el castigo para dos meses, así que sólo guardó silencio, y volvió los ojos hacia la ventana, para dejar de sentir enojo, al menos por un ratito.

Eso, hasta que vio en frente de ella una flor que se asomaba. Confusa, volvió la vista y se encontró con Nick, que le sonreía. Se sintió perturbada durante unos momentos, hasta que logró reaccionar y la tomó en sus manos, tratando que no notara que la había sorprendido.

-¿Pasa algo?- le preguntó Nick, divertido -esperaba de ti otro recibimiento. Tenía dos opciones: la primera, que te lanzaras sobre nosotros y nos agradecieras por haberte ayudado el otro día, independiente de si fuimos los causantes o no de lo que te pasó- lo segundo se apresuró a decirlo, sobre todo cuando notó que ella estaba abriendo la boca para replicar algo -y la segunda, era un mal recibimiento, que nos hecharas de tu casa gritándonos maldiciones y todo tipo de cosas negativas... pero la verdad, jamás pensé en la indiferencia, y la verdad, es bastante más dolorosa que la segunda opción.

Sin ser invitado, Nick acercó una silla a la de ella y se sentó al frente, sonriendo con la misma frescura de siempre. Eliza buscó a Matt con la mirada, y lo encontró sentado con su familia, conversando de tal manera que pareciera ser parte de ella. Eliza frunció el cejo.

-¿Qué se supone que están haciendo?- preguntó, extrañada.

-¿Nosotros? Te vinimos a ver- contestó Nick -nos quedamos un poco preocupados el otro día, tanto por el golpe que te dieron como tu pie. ¿Te lo revisaron?, ¿se te quitó el hinchazón?

-Ya está mejor- contestó ella, un poco desconfiada -no pensé que vendrían a verme, de verdad. Pensé incluso, que se habían ido de la ciudad, como los estaban persiguiendo.

-Ah, si, eso... bueno, tendremos que irnos, pero dentro de unos días, ya estamos revisando eso. Quizás en una semana partiremos, para siempre- Eliza no supo si esas palabras eran para hacerla sentir mal o algo así, y no quiso reconocer que había sentido algo dentro de ella cuando las escuchó. Continuó con sus ojos desconfiados mirando a Nick, que no se intimidaba para nada.

-¿En qué lío están metidos?- le preguntó -¿es que acaso son ladrones y los buscan para colgarlos?

-¿Nosotros, ladrones?- Nick se mostró muy ofendido, Eliza supuso que estaba fingiendo -por favor, ¿de dónde puedes sacar algo así?

-Podría ser, quizás... porque los buscan para matarlos, y también por los trajes elegantes... cuando los conocí no los llevaba, y es bastante sospechoso- contrario a lo que esperaba, Nick se largó a reír -¿motivo de la risa?

-Analizando tus razones, puedo decirte que de esas, sólo en una tienes razón. Lamentablemente, sí, nos están persiguiendo para matarnos. Aunque en realidad, sólo a mí, Matt, como es mi mejor amigo, escapó conmigo y ahora también lo persiguen a él- Eliza miró escéptica al muchacho -sabía que no me ibas a creer.

-Quizás, es más fácil que me digas por qué intentan matarlos- replicó ella -perfectamente puede ser porque son unos ladrones desvergonzados.

-Sí, puede ser... pero no es así. No quiero contarte aún, quizás puedes preocuparte por nosotros y no dormir durante las noches, y no quiero algo así para alguien como tú, una chica tan elegante que ni siquiera es capaz de prepararse un huevo frito.

-¿Es que no eres capaz de hablar nunca en serio?- gruñó Eliza, ya algo acostumbrada a sus comentarios -contigo, nunca sé si puedo creerte o no lo que me estás diciendo.

-Te basta con creerme que no he robado y no he asesinado- contestó sonriendo a medias Nick -lo demás, no tiene importancia.

-Sí, claro...- murmuró Eliza, mirando nuevamente por la ventana. Nick esperó a que ella volviera a hablarle, y se dedicó a mirar por la ventana también. Con eso, lograron escuchar un poco la conversación que se llevaba a cabo en el otro grupo.

-Ah, claro, el robo- Matt se notaba un poco nervioso, aunque sólo Nick se dio cuenta, y eso porque lo conocía de toda la vida -no tiene que agradecernos nada, señora Leegan, cualquiera lo hubiera hecho por alguien como su hija...

Eliza torció la boca, molesta. Oh, sí, por supuesto, pregúntenle a Archie si se arriesgaría por ella igual como aquella vez en el lago, en Escocia, donde casi se ahoga y ninguno de sus familiares fue capaz de ayudarla. O quizás a alguno de sus amigos que quedaban completamente encantados con Candy, tan así, que se olvidaban que ella estaba sobre el mismo planeta, el mismo país, la misma ciudad, y la misma casa.

-¿Sucede algo?- le preguntó Nick -¿por qué de pronto estás molesta?

-Tú no lo entenderías- gruñó Eliza -no vale la pena contártelo.

-Como quieras...

Nick miró a su amigo, que cuando lo vio, terminó por asentir levemente. Ambos se pusieron de pie a la vez, el muchacho tomó la mano de Eliza y la besó suavemente, causando un escalofrío en su espalda. No era la primera vez que le hacían ese gesto, pero ella nunca lo había sentido con tanta intensidad, hasta ese momento. Sonrió levemente.

-Lo sentimos- dijo Matt a la familia -pero sólo vinimos de pasada a ver cómo estaba Eliza después del susto. Nos dejó preocupados el otro día, y ayer estuvimos bastante ocupados como para venir.

-Espero volver a conversar contigo- le sonrió Nick a Eliza -sólo depende de ti si lo quieres o no. ¿Qué dices?, ¿te molestaría si volvemos a conversar contigo?

-Mientras no sea porque están escapando de algún asesino- replicó Eliza rápidamente, arrepintiéndose después por la risa que causó en Nick.

-Si venimos, será justamente por eso- dijo, alejándose de ella.

-Adiós, Eliza, un gusto verte otra vez- le dijo Matt, sonriendo también.

El rostro relajado de Eliza fue hasta que Candy se puso de pie también, comenzando a despedirse de los presentes, diciendo que tenía que irse a su departamento porque debía arreglarse para un turno nocturno que tenía en el hospital en que trabajaba. Eliza frunció el cejo, sobre todo cuando notó que Matt y Nick se ofrecían para acompañarla.

No se movió del lugar en que estaba cuando se fueron, ni siquiera volvió a mirarlos, menos cuando Nick intentó buscar sus ojos para despedirse nuevamente de ella. Desde la ventana, pudo ver cómo los tres se iban, conversando alegremente, y sin saber la razón, Eliza comenzó a ponerse de mal humor, sobre todo cuando los vio reír, antes de salir de la propiedad.

Tuvo deseos de desquitarse con alguien, cualquier persona, tuviera que ver con ella o no. Apretó los puños de rabia pensando que nuevamente Candy volvía a jugarle mal, lo quisiera o no. Y no le costó mucho pensar en lo que pasaría próximamente.

Ellos, Nickolas y Matt, quedarían completamente encantados con Candy, tan así, que intentarían por todos los medios hablar con ella y entablar una posible amistad, incluso teniendo que recurrir a ella, Eliza, para ver si por casualidad podían volver a verla. Siempre había ocurrido eso, y no creía que en esa ocasión sería muy distinto.

Los primeros en caer bajo sus encantos había sido Anthony y sus primos, Stear y Archie... aunque claro, si no contaba a su propio padre y a los sirvientes de su casa. Ellos fueron capaces de dejarla de lado, a pesar que los conocía mucho más tiempo que Candy, y que, en el caso de sus primos, corría la misma sangre dentro de ellos. Ellos se dejaron llevar por ese rostro tan característico de ella... sabía que los tres habían estado en algún momento (aunque le costara reconocerlo) enamorados de ella. Por supuesto, al único que le había correspondido había sido a Anthony, pero aún así... desde que habían sido niños se había notado la tónica que iba a haber entre ellos.

Después, fue el caso de Terry. Ese había sido otro que cayó en los encantos de Candy, y quizás porque ambos estaban ya más grande, fue quizás más importante para Candy que lo ocurrido con Anthony, siendo sólo una niña. Y también, lo de otros muchachos... incluso ahí estaba también metido el tonto de su hermano, que se había enamorado de ella, al punto de alegrarse cuando le dijeron que iban a obligar a Candy a casarse con él.

Eliza torció la boca, molesta. Quizás a esas alturas debía estar acostumbrada a que siempre la prefirieran a ella, a pesar de todo y por mucho que le doliera reconocerlo. Siempre, todos los hombres, terminaban de una u otra manera, enamorados de esa chiquilla que sólo había sido recogida de un hogar... a esas alturas, ni siquiera se extrañaría de que el famoso William Andrey lo estuviera también.

Sin más deseos de continuar en eso, se puso de pie. El pensar en Candy hizo que su humor cambiara radicalmente, al compararlo con el que tenía con la visita de Matt y de Nickolas.

-¿Me puedo ir a mi cuarto?- le preguntó a su padre. No deseaba continuar en ese lugar, y al parecer, su padre sí se dio cuenta de ello, porque después de observarla durante unos momentos, terminó por asentir -gracias- le dijo.

-Pero tienes que bajar a cenar, Eliza- agregó él, después de unos momentos, como si se tratara de algún tipo de condición para dejarla marcharse.

-Como quieras.

Subió a su cuarto y se acostó sobre la cama, pensativa. Toda esa rabia que sentía en esos momentos en contra de Candy, Nickolas y Matt debía tener alguna razón principal.

Con Candy no era muy difícil adivinarla, ya que no era la primera vez que lo experimentaba. No le gustaba llamarlo "celos", pero si quería ser sincera, debía reconocer que gran parte se debía a ese sentimiento. Y aunque sabía que era malo y que no debía sentirlos por alguien como Candy, pensaba que estaba completamente justificado. Candy siempre le había quitado gran parte de las cosas que ella más quería, intencionalmente o no, lo hacía, y eso era algo que Eliza nunca se lo perdonaría.

¿Cómo perdonar que le robó el amor de sus primos, de Anthony, Terry, e incluso algunos de sus amigos?... y ahora lo volvía a hacer, con Matt y Nickolas.

También, estaba lo que sentía en esos momentos en contra de los dos que había conocido. Sentía rabia, quizás también algo de resentimiento... ¿por qué? No era muy difícil pensarlo, viendo lo que había ocurrido hacía unos cuantos minutos atrás.

Eliza, en su cama, apretó los puños, y aunque durante unos momentos leves le dieron deseos de llorar, no lo hizo. No se dejaría humillar nuevamente por Candy, permanecería firme.

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Hola!!

Bien, espero que les esté gustando cómo está quedando. Saludos a Baronesa de Granchester y a Azrasel, por dejarme comentarios.