Capitulo 2: Reflexiones.
La reina no se molestó en intentar ocultar su consternación ante la decisión que terminaban de comunicarle los cuatro guerreros dragones. Los cuales permanecían arrodillados respetuosamente ante el trono en el que ella se encontraba sentada.
-Entiendo vuestros motivos. Pero, ¿de verdad no hay ninguna otra solución?
-Si la hay no la encontramos, majestad – le respondió Guen cortésmente -. Si a usted se os ocurre alguna otra posibilidad, estamos dispuestos a escucharla.
La reina suspiró pesadamente, y se tomó unos segundos para meditar. Aunque en el fondo sabía que por mucho que pensara no encontraría una mejor opción. Si los guerreros dragónes habían llegado tan lejos como para hacerle una petición formal, era porque estaban convencidos de que no había otra salida.
-Mi difunto marido, el rey Hiryuu, confiaba ciegamente en vosotros. Siempre habéis hecho honor a esa confianza, incluso después de que él fuera llamado al descanso eterno– no le pasó desapercibido el modo en que se les entristeció la mirada a los guerreros ante la mención de su antiguo maestro -. De modo que si habéis tomado esta decisión, no seré yo quién me oponga a ella. Os dejaré marchar sin objeciones si es eso lo que deseáis, porque también os habéis llegado a ganar mi aprecio y respeto.
-Muchas gracias majestad – respondieron todos al unísono a la vez que le hacían una respetuosa reverencia.
-Yo no quiero que se vallan – todos se sobresaltaron por la repentina interrupción y se giraron para ver al pequeño príncipe de apenas diez años asomado por la puerta que daba a la sala del trono con los ojos llenos de lágrimas.
-Yak-Shi, ¿qué te he dicho sobre espiar en las reuniones? – le reprendió su madre, tratando de ser severa pero sin llegar a conseguirlo del todo.
-No pueden irse – continuó el niño sin prestarle atención, intentando contener sus lágrimas -. ¿Quién me enseñará a manejar la espada?
-Hay un montón de guerreros en el ejercito que estarán encantados de instruirle, príncipe – respondió Guen tranquilamente al obvio pretexto para retenerles.
-No son tan fuertes como vosotros. Yo quiero que Ryokuryuu-sama me enseñe a manejar la lanza también – insistió tercamente.
-Con todos mis respetos príncipe, yo no tengo paciencia como para enseñar a niños llorones.
Todos los presentes casi pudieron oír el pequeño corazoncito del príncipe romperse con sus palabras burlonas, pero este contuvo las lágrimas en un mudo intento por mantener su dignidad.
-Cuidado con esa bocaza, Ryokuryuu. No le faltes al respeto al príncipe – le reprendió Guen con una mirada feroz.
-Solo he dicho la verdad.
-Lo lamento mucho alteza – se disculpó Guen azorado ante la reina, dando a Shuten por un caso perdido. Si no había cambiado todavía no iba a hacerlo ya a esas alturas.
-Está bien, no os preocupéis – habló ella en tono conciliador. Acostumbrada ya a esas situaciones después de años conociendo a los guerreros dragónes -. Yak-Shi, acércate.
Este hizo lo que le pidió sin decir una palabra y sin atreverse a mirar a los guerreros. Cuando estuvo en frente de su madre, ella le hizo un gesto indicándole que se sentara en su regazo y él volvió a obedecer sin más. Obviamente aún estaba avergonzado por su anterior arrebato.
-Yak-Shi – comenzó la reina con un tono cariñoso que solo utilizaba con su hijo -. Hay veces en las que hay que tomar decisiones difíciles, aunque no nos gusten. Yo tampoco quiero que ellos se vayan, pero si les obligamos a quedarse aquí en contra de su voluntad ellos serán infelices por nuestro egoísmo. ¿Lo entiendes?
El pequeño asintió, aunque aun tenía un puchero de disconformidad en el rostro.
-Yo no quiero que ellos estén tristes, pero les voy a echar de menos.
Todos sonrieron tiernamente por sus palabras y su madre la acarició cariñosamente la cabeza.
-Nosotros también le extrañaremos, príncipe – intervino Guen, seguro de que hablaba en nombre de sus demás hermanos también -. Seguro que se convertirá en un gran rey. Siendo hijo del gran Hiryuu no podría ser de otra forma.
Yak-Shi se sonrojó feliz y algo avergonzado. Pero asintió solemnemente aceptando sus palabras. Se despidió de los guerreros dándoles un leve abrazo, que incluso Shuten aceptó a regañadientes, y se marchó de la sala del trono volviendo a dejarles solos.
-De nuevo, muchas gracias por haber aceptado muestra petición alteza – habló Guen retomando el tema original -. Si no tenéis nada más que decirnos, nos gustaría retirarnos para anunciar al resto del castillo nuestra partida.
-Solo una cosa más – intervino la reina, presintiendo que esa iba a ser la última vez que iba a ver a los guerreros dragón -. Por vuestra seguridad, es mejor que nadie del castillo sepa a dónde vais, ni si quiera yo misma. Pero por favor, cuando os establezcáis en algún sitio hacedme llegar una nota simplemente diciéndome que os encontráis bien. Os deseo todo lo mejor. Gracias por todo.
Todos agradecieron sus amables palabras con una sonrisa y se inclinaron levemente.
-Os deseamos lo mismo alteza. Cuídese – dijo Guen como despedida, para después encaminarse a la salida de la sala.
Guen miró discretamente a Abi de reojo, para asegurarse de que este no tenía ningún problema en seguirle. Pero nuevamente se sorprendió al comprobar la soltura con la que este se movía, aún con los ojos tapados. No habían conseguido que se quitara esa venda de los ojos y apenas hablaba, pero por lo menos ya había decidido poner fin a su encierro en el santuario Hiryuu y marcharse del castillo con sus otros hermanos. No cabía duda de que se recuperaría del todo. Era fuerte, tal y como había dicho Zeno. Cuando pensó en su hermano menor, se dio cuenta repentinamente de que quién no le seguía era él. De modo que se detuvo y se volteó para buscarle con la mirada, descubriendo que el rubio no se había llegado a mover de su lugar en frente de la reina.
-¿Qué sucede Ouryuu? – le preguntó sorprendido, y los otros dos también se detuvieron preguntándose qué pasaba.
-Tengo que tratar un asunto con la reina – respondió simplemente Zeno, mirándoles por encima del hombro con una sonrisa indescifrable -. Adelantaos. Ahora os alcanzo.
Todos le miraron extrañados, pero finalmente asintieron y abandonaron la sala para dejar al rubio a solas con la reina.
Guen espero a haberse alejado unos metros de la puerta antes de expresar sus dudas en voz alta:
-¿Qué demonios le pasa a Ouryuu?
-Es cierto que está más raro que de costumbre, y eso ya es decir – concordó Shuten -. No ha abierto la boca, ni siquiera con todo el alboroto del príncipe, y ahora viene con que quiere hablar a solas con la reina. ¿Es que no podía hablar igual con nosotros delante?
-¿Estará relacionado con nuestra marcha del castillo? – preguntó Guen, dándose cuenta repentinamente de que Zeno no había llegado a decir nada al respecto. No se había negado ante la idea cuando se lo habían contado a él y a Abi, pero tampoco había confirmado que estuviera de acuerdo abiertamente. Tampoco dijo nada cuando todos estuvieron hablando de los lugares que querían visitar cuando se fueran. Tuvo ganas de golpearse a si mismo con su garra de dragón por no darse cuenta de ello en su momento -. ¿A alguno de vosotros os ha llegado a decir lo que tiene planeado hacer cuando se valla del castillo o algo parecido?
-Ni una palabra. Aunque tampoco es que ese idiota y yo hablemos demasiado – respondió Shuten rápidamente.
-¿Y tu Seiryuu? – se giró a mirarle y este se limitó a negar en respuesta. Guen frunció el ceño molesto -. Maldita sea. Ouryuu nunca se ha callado lo que piensa, por eso he bajado la guardia con él.
-Sí, de hecho suele hablar de más – concordó Shuten -. A saber lo que se le estará pasando por esa cabeza de idiota.
Los tres pasaron unos segundos en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Sorprendentemente para los otros dos, al final fue Abi el que habló con un pequeño susurro:
-Ouryuu nos oculta algo.
Era la primera vez que oían la voz de su hermano desde el secuestro, pero los otros dos decidieron pasar por alto ese hecho de momento y concentrarse en la información que les había revelado.
-¿Qué quieres decir con que nos oculta algo? – preguntó Guen serio, mirando al peliazul fijamente.
Abi permaneció en silencio. La tensión entre los tres fue aumentando según pasaban los segundos hasta que al final fue Shuten el que explotó exasperado:
-No puedes lanzar la piedra para luego esconder la mano, Seiryuu. Escupe de una vez lo que sabes.
Guen le lanzó una mirada amenazante al peliverde. Reprendiéndole silenciosamente por haber levantado la voz a su hermano cuando este aún estaba en un estado emocional delicado. Aunque no contradijo sus exigencias, porque él también ansiaba conocer lo que Seiryuu sabía.
Abi les miro a la cara alternativamente, mientras parecía debatirse sobre si hablar o no. Ambos casi podían jurar que este les miraba directamente a los ojos a través de la venda, haciendo que se preguntarán de nuevo cuánto limitaba ese trozo de tela su visión realmente. Pero ese hecho pasó a segundo plano cuando finalmente el peliazul comenzó a hablar:
-Estos últimos días he estado la mayor parte del tiempo con Ouryuu. Él me ha hablado mucho, y también he tenido mucho tiempo para pensar…
-Ve al grano Seiryuu, me aburres – espetó Shuten impaciente.
-Cállate y déjale que se explique, Ryokuryuu – le reprendió su hermano dándole un leve capón en la cabeza.
En otro tiempo, Abi se habría quejado también por su falta de modales, pero ahora lo único que hizo fue continuar como si no le hubiesen interrumpido.
-Me he dado cuenta de algunas cosas sobre el comportamiento de Ouryuu en las que antes no me había fijado, y cuando le pregunté sobre ello me contó algo que me hizo sospechar. Ocurrió hace un par de días.
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Abi se encontraba, como ya resultaba habitual, en el santuario del rey Hiryuu. Zeno le estaba acompañando, pero en ese momento se encontraba arrodillado en posición de rezo en frente de la tumba del rey mientras murmuraba plegarias en lengua antigua.
Zeno le había contado que antes de beber la sangre de dragón había sido sacerdote, y que le gustaba rezar por el alma del rey Hiryuu todos los días. A Abi no le molestaba, de hecho le resultaba relajante escuchar un rato ese armonioso murmulló en vez de la habitual voz fuerte y chillona del rubio. Pero desde hacía algunos días había algo que le había comenzado a inquietar.
A pesar de tener los ojos vendados su visión era bastante buena, de hecho creía que era casi tan nítida como la visión humana que tenía antes de conseguir los ojos de Seiryuu. De modo que podía darse cuenta de la extraña mirada que Zeno le dirigía a la tumba de Hiryuu mientras rezaba. Podía distinguir una gran cantidad de emociones en ella: tristeza, nostalgia, frustración, melancolía… Pero había otra emoción, aunque al principio no podía percatarse de qué era. Al final, había determinado que era algo parecido a la expectación, como si estuviese esperando algún tipo de señal que le diera un mensaje. ¿Acaso estaba esperando que los dioses hablaran con él, como había oído que podían hacer otros sacerdotes? ¿O tal vez…?
-¿Estás tratando de hablar con el rey Hiryuu? – pronunció la pregunta en voz alta inconscientemente, y se arrepintió de que esas palabras salieran de su boca cuando su hermano detuvo su rezo repentinamente para mirarlo totalmente impactado -. Lo siento – se disculpó sin saber muy bien por qué. Tan solo tenía la sensación de que había dicho algo que no debía.
Permanecieron unos segundos en silencio mirándose el uno al otro hasta que, para sorpresa de Abi, el rubio comenzó a reírse.
-No te disculpes. No has dicho nada malo – le aseguró cuando consiguió calmar sus carcajadas -. Tan solo me ha sorprendido lo perceptivo que eres. No debí subestimar los ojos de Seiryuu. O a lo mejor soy yo el que es demasiado transparente.
-Entonces, ¿tengo razón? – se atrevió a preguntar, después de comprobar que no le había molestado.
-La verdad es que… - Zeno hizo una leve pausa y volvió a mirar la tumba. La profundidad de su mirada atormentada impresionó a su hermano, que nunca le había visto con una expresión así; de modo que esperó en silencio hasta que él mismo decidiera continuar -: El día antes de que el rey Hiryuu fuese llamado al descanso eterno, yo le hice una pregunta. Pero él nunca me contestó – suspiró pesadamente y su mirada se tiñó de resignación -. Tal vez fue porque no se atrevió, o puede que creyera que era mejor que yo descubriera la respuesta por mí mismo. No lo sé, y me temo que nunca lo sabré.
Abi tuvo la tentación de preguntar algo más al respecto, pero al final no se atrevió. Continuaron unos minutos más en silencio, que se le hicieron eternos, hasta que al final Zeno retomó sus rezos haciendo que sus murmullos volvieran a flotar por la estancia. Cuando terminó volvió a hablarle con su alegría habitual y a contarle cosas triviales que habían ocurrido durante los últimos días en el palacio, como si su seria charla anterior nunca hubiese sucedido. Por su parte Abi no estaba seguro de si debía sentirse aliviado o preocupado por este hecho.
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-¿Qué fue lo que le preguntó Ouryuu al Rey Hiryuu? – preguntó Guen meditabundo.
-Ya te ha dicho que no lo sé. No me atreví a preguntarle.
-Entonces tu historieta no nos ha servido de nada. ¿Para eso me haces perder el tiempo? – espetó Shuten con tono despectivo. Los otros dos le miraron con expresión acusadora, pero este mantuvo su actitud altiva, a pesar de que sabían que en realidad también le interesaba el asunto aunque se negara a admitirlo -. ¿Y de todos modos que tiene eso de trascendente? Todos hablabamos con el Rey antes de que muriera, y estoy seguro de que a todos nos llegó a guardar más de un secreto. A mí el primero. ¿Quién no tiene trapos sucios? Y ese ridículo Rey, a pesar de tener esa cara bobalicona, se acababa enterando de todo -. Los otros no pudieron negar sus palabras -. No es extraño que a Ouryuu le quedara algún asunto pendiente con él. Después de todo nos abandonó de una forma muy repentina. Pero eso no quiere decir que se trate de algo especial o trascendental. Ni que esté relacionado con sus últimas decisiones. Ouryuu siempre ha sido una persona simple y fácil de leer. Nada hace pensar que pueda tener un secreto más importante que cualquiera de los nuestros.
-Te equivocas – le interrumpió Abi -. Si algo he aprendido sobre Ouryuu en estos días, es que es un experto en ocultar sus verdaderas emociones.
-Y él nunca ha sido como nosotros. Desde el principio ha sido especial – añadió Guen -. Todos nosotros ya éramos expertos combatientes antes de convertirnos en guerreros dragones. Así que cuando vi a Ouryuu por primera vez, siendo como era apenas un chiquillo que no había presenciado una batalla ni agarrado un arma en su vida, pensé que se trataba de una especie de broma. ¿Por qué habían elegido a alguien como él para ser un guerrero dragón? – ninguno replicó nada. Todos se habían preguntado eso más de una vez -. Eso se podría haber solventado con un buen entrenamiento y un poderoso poder de dragón. Pero encima le concedieron un poder aparentemente inservible para combatir, y, por si fuera poco, el Rey se empeñó en mantenerle alejado del campo de batalla.
-Era tan patético que no sabía si reír o llorar – añadió Shuten con tono burlón guerrero elegido por los Dioses que terminó viéndose obligado a esconderse detrás de aquel a quien debía proteger. Si me hubiese pasado a mí, habría terminado acabando con mi propia vida para no soportar semejante humillación.
-Es cierto que parece no tener sentido – continuó Guen después de lanzarle una leve mirada asesina a su hermano dragón por sus insensibles palabras -. Pero me cuesta creer que el Dios Dragón Ouryuu hiciera algo tan aparentemente irracional e irresponsable. Se supone que se tomaron todas esas molestias para proteger a su hermano Hiryuu. No me creo que no hubiese otro guerrero en el reino lo suficientemente capaz para servir al Rey Hiryuu como para que se viese obligado a elegir a Zeno por descarte. Y además no molestarse en darle un poder lo suficientemente efectivo en combate.
-¿Y si nos lo hemos planteado mal desde el principio? – volvió a hablar Abi, sorprendiendo a los otros dos.
-¿Qué quieres decir? – le preguntó Guen curioso.
-Siempre hemos tendido a infravalorar a Ouryuu porque no es un guerrero como nosotros y ni siquiera tiene el potencial para llegar a serlo. Pero, ¿y si no era eso lo que estaba buscando el Dios Dragón Ouryuu cuando le eligió? ¿Y si estaba buscando otro tipo de cualidades desde el principio? También siempre dimos por hecho que Hiryuu había perdido sus poderes de dragón al descender de los cielos porque no mostraba ninguna habilidad extraordinaria en el combate. Pero la verdad es que siempre tuvo algo especial. Era capaz de ver el lado bueno de todas las personas, incluso de sus enemigos. Era extremadamente empático. Por eso él fue el único que pudo unir a todas las tribus de Kouka en un solo reino. ¿Y si en el caso de Ouryuu es lo mismo?
-Deja de divagar, no te entiendo.
-Deja ya de interrumpir a los demás Ryokuryuu. Deja que se explique.
-Para proteger a Hiryuu eran necesarios de guerreros que lucharan por él. Eso es lo que fuimos nosotros. Ganamos guerras que ayudaron a Hiryuu a alcanzar su objetivo. Pero ¿y si los Dioses Dragones quisieron darle al Rey algo más que fuerza bruta? Después de todo, cuando los Dioses nos dieron nuestro poder nunca nos llamaron guerreros dragones, si no hermanos dragones, su otra mitad. Dijeron que debíamos proteger a Hiryuu y serle leales, pero nunca dijo que debíamos hacerlo combatiendo – Abi apretó los puños como si se estuviese esforzando por contener sus emociones, por su parte sus otros dos hermanos comenzaron a comprender a dónde quería llegar -. ¿De verdad Ouryuu no hizo nada por Hiryuu? ¿De verdad podemos decir que es un inútil? ¿Que se trata de un error de los Dioses? La verdad es que durante mucho tiempo yo pensé eso, y ahora siento que siempre he estado ciego a lo verdaderamente importante, a pesar de haberme jactado de tener los mejores ojos del mundo. Nunca me di cuenta de por qué el Rey Hiryuu nunca apartó a Ouryuu de su lado. A pesar de que quería protegerle, mantenerle alejado del campo de batalla, nunca lo hizo. Siempre le mantuvo a su lado, aunque lo más sensato hubiese sido dejarle atrás. Pero lo hizo porque en realidad también le necesitaba. Ouryuu era el único que podía animar al Rey en sus momentos más oscuros. Cuando se cuestionaba sus objetivos o sus métodos, Ouryuu siempre estaba allí para hacerle ver las cosas desde otra perspectiva, para sacarle del pozo. Como me ha ayudado a mí durante estos últimos días, como nos ha estado animando siempre a todos aunque no nos diéramos cuenta – los otros dos no pudieron negarlo porque era cierto. El siempre sonriente Zeno siempre había puesto el bienestar de los demás por delante del suyo. Dejando de lado sus miedos y preocupaciones para apoyarlos. Siempre sonriendo y pendiente de los demás, tanto que a veces incluso resultaba molesto -. Pero, ¿y si ese no era el único propósito que tuvo el Dios Ouryuu al elegirle? ¿Y si hay algo más? Siempre que preguntábamos a Hiryuu sobre el poder de Ouryuu cambiaba de tema. ¿Qué es lo que Hiryuu sabía y nos ocultaba? ¿Qué es eso que le preguntó Ouryuu que nunca respondió? Siento que todo está relacionado de alguna manera. Pero no consigo verlo, y es frustrante.
Permanecieron en silencio unos segundos, mientras todos estaban perdidos en sus pensamientos.
-Sea lo que sea, Hiryuu se llevó el secreto a la tumba – espetó finalmente Shuten -. Y dudo que el idiota de Ouryuu nos vaya a decir nada si no se lo dijo entonces al cabeza de pájaro. Así que es una pérdida de tiempo seguir pensando en ello. Tenemos cosas más importantes que hacer ahora mismo.
Sus dos hermanos le miraron irritados por lo bruto que era siempre con cualquier cosa que decía. Aunque en el fondo tuviese algo de razón.
-Es cierto – concordó Guen a regañadientes -. No hay nada que podamos hacer por ahora. Ya hablaremos después con Ouryuu sobre sus intenciones. Ahora mismo tenemos que dar la noticia sobre nuestra marcha al resto del castillo.
-Y algo me dice que se van a poner realmente molestos cuando se enteren – aseguró Shuten con el ceño fruncido y expresión de fastidio -. ¿Por qué tenemos que lidiar con esto? Ya tenemos el permiso de la Reina, que es lo que necesitábamos. Ya se enterarán de nuestra marcha cuando ya no estemos aquí.
-Por una vez en tu vida Ryokuryuu, no te haría daño ser un poco sensato y responsable y hacer las cosas como es debido – le reprendió Guen -. Ya que es lo último que vas a tener que hacer en el castillo, por lo menos ten la decencia de dejar todo bien zanjado. Y no se te ocurra escabullirte y dejarnos todas las explicaciones a Seiryuu y a mí, que te conozco.
Shuten bufo molesto, pero no se quejó más y simplemente reemprendió su marcha por el pasillo hacia el patio del castillo. Donde ya estaría reunido la mayor parte de los habitantes del castillo esperando su anuncio.
Guen le siguió al instante después decidido. Pero Abi se quedó atrás, mirando la puerta de la sala en la que Zeno y la Reina estaban reunidos. Tuvo muchísimas ganas de usar su poder para ver lo que estaba pasando al otro lado y así poder leer sus labios para saber de qué estaban hablando. En los últimos años se había convertido un experto en eso. Pero estaba en contra de sus valores morales espiar una reunión entre su Reina y su hermano menor. Así que se contuvo y se apresuró a seguir a sus otros dos hermanos.
Ya le preguntaría a Zeno después sobre ello.
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Espero que os haya gustado. Reconozco que en el capitulo no se ha dicho nada nuevo ni que no se supiera, y que seguramente habrá resultado bastante monótono. Pero como en este fic trato de poner la historia que ya sabemos desde otro punto de vista creí necesario dejar claro lo que los demás dragones pensaban de Zeno en ese momento. En el próximo capítulo ocurrirán más cosas y será más entretenido, lo prometo.
También quiero decir que este capítulo está dedicado a mi fiel lectora Tsukiyo-san por su constante apoyo. Muchas gracias otra vez por todos tus reviews.
Sin más que decir, nos vemos en alguno de mis próximos fanfics o traducciones.
