Perdoooooon tarde en actualizar!!!no me gusta como quedo pero les debía éste capitulo.
FT no es mío pertenece a Mashima y gracias a todos por sus comentarios son lo más
Ella le había parecido hermosa pero un tanto patética al comienzo. Unirse al gremio sólo porque estaba el mago del cual estaba enamorada le parecía absurdo. Decía que le faltaba algo más a su personalidad, una chispa.
Pero esa chispa la vio cuando Freed le contó sobre su actuación en la batalla contra él, donde se sacrificó por no lastimar a Cana, ella quería ser parte del gremio, que la consideraran una más. Sin olvidar su actuación en la Tenrō Jima, dónde por proteger a ese demostró un porcentaje mayor al poder que todos conocían.
Con el tiempo su presencia en el Gremio se volvió esencial para él. La buscaba porque le intrigaba esa personalidad tan única, su sonrisa, su manera de caminar o la intensidad de sus emociones.
Pero para él, ya no era suficiente solo observarla, quería poseerla, que ella fuera suya, que tenga ojos solo para él. Odiaba verla llorar por Gray o verla reír para ese idiota.
Pero el imbécil mago de hielo ya había dejado en claro que no la quería, enfrente a todos. Eso permitía que Laxus pueda intentar acercarse a ella, ya no había nada que lo detuviese, antes no lo hizo por respeto, por más de que Gray no se mereciera, pero ahora ella era libre y él por fin la iba a tener.
La lluvia que se hacía cada vez más fuerte le molestaba, no porque no le gustase el agua, sino porque sabía que el motivo era su tristeza.
Se levantó con fuerza de su asiento, se acomodó el pesado abrigo y comenzó a emprender una caminata estruendosa directo a la puerta del gremio. Se sentía como la electricidad fluía por el suelo, estaba muy molesto, le hubiese encantado darle un puñetazo en la cara de niña que tiene, pero no podía…ella no se lo perdonaría. Nadie se atrevía a soltar alguna palabra, observaban incrédulos de lo que habían escuchado.
Laxus y Juvia, ¿Quién podría pensar en una relación así? Ella era la definición perfecta de perfección y el un hombre indomable al que nadie podía someter. Pero la princesa de agua sin dar palabra alguna termino conquistando su corazón.
Comenzaba a oscurecer, y cada vez se volvía más frio el ambiente, quería ir a su departamento pero le faltaban ganas. Ella seguía sentada en el solitario banco, dejando que las lágrimas se fundan con la lluvia y poder disimular de esa manera su tristeza.
Cayó un rayo, y ella abrumada se sobresaltó. Alguien le había colocado un paraguas negro por encima de la cabeza, no podía ver quien era, así que sólo se limitó a decir
-No es necesario, a Juvia no le molesta mojarse. Su pálida voz denotaba la tristeza en su interior.
-A mí tampoco me incomoda la lluvia- Laxus se acomodó al lado de ella sosteniendo para ambos el paraguas.
-Laxus-san?! ¿Qué hace aquí?- No comprendía que hacía él ahí, esperaba encontrar a su hermano Gajeel o a cualquiera del gremio antes que al mago.
-Te estuve buscando, estaba preocupado por ti-
Juvia se mantuvo en silencio, no tenía nada que decir y tampoco mucho que pensar. Se limitó a sollozar nuevamente en su lugar.
Laxus ya no se pudo contener, sostuvo con su mano izquierda el paraguas y con la derecha rodeo los hombros de Juvia para así atraerla hacia su pecho. Quería consolarla o decir algo pero en ese momento sabía que la mejor manera de ayudarla era dejando que llorase. Pero no sola.
Ella ya no estaría sola. Él se encargaría de que conservar la sonrisa de porcelana de la pequeña sirena rota.
