Summary: Como cada año, los tan temibles ''Juegos del Hambre'' han llegado, y con ellos, los nervios de todos los jóvenes inexpertos en los 12 Distritos de Panem. Tsunayuki no es la excepción y teme que el seleccionado sea su querido hermano mayor, también pilar de la familia, Giotto. Pero todo cambia cuando el nombre que aparece durante la cosecha es el suyo… ¡Que comiencen los décimos Juegos del Hambre!
Disclaimer: El manga/anime Katekyo Hitman Reborn! y la trilogía de libros The Hunger Games son propiedad de Akira Amano y Suzanne Collins, respectivamente. Solo los utilizo con fines de entretenimiento, sin lucro alguno.
Advertencias: Completamente universo alterno. Spoilers del manga/anime en general, hasta el arco de la batalla de los representantes. También de la película y el primer libro, nada más. Fem!Tsuna. Aparición de OoC complementario y muerte de personajes principales. Menciones de parejas como AllxTsuna, XS, B26, 6996, entre muchas otras (sí, habrá yaoi —inserte un gif de fangirlismo aquí(¿)—).
Aclaraciones:—diálogos y/o acciones—, «pensamientos y/o citas», (extras).
Tenths Hunger Games!
Segundo objetivo: Tutor.
En una de sus visitas a Kokuyo Land, Tsuna decidió intentar entrar por una de las ventanas rotas del segundo piso, ya que Mukuro se había quedado dormido y olvidó quitar el oxidado candado que bloqueaba la puerta trasera (y único acceso). Trepó por uno de los retorcidos árboles que rodeaban al lugar, para su suerte lo suficientemente gruesos e inclinados como para que caminara sobre ellos sin problema alguno. O al menos eso creía, cuando a pocos pasos de llegar se tropezó cayendo al piso; la caída no había pasado a más que un buen susto y la molesta risa de Mukuro por casi más de medio día, pero el impacto la había dejado sin aire, mareada y tumbada por varios minutos en los que pensó que moriría.
Y algo así es lo que se siente cuando te das de frente con el muro de la realidad.
Escuchaba murmullos a su alrededor, suspiros de alivio y una que otra burla, pero los oídos le zumbaban ferozmente distorsionando las palabras, como si hubiera metido la cabeza dentro de un enjambre de abejas. Lo bueno es que no tuvo que adentrarse por el mar de personas que la separaba del escenario, poco a poco los jóvenes se movían a un costado creando una especie de camino libre, para que por ahí desfilara la orgullosa tributo del Distrito 2.
—¡TSUNA! ¡TSUNA, NO! —Gritó Giotto a sus espaldas, empujando a las personas para poder acercarse a ella, más no se volvió. Continuó con su andar hasta el podio, dónde Lussuria le tomó de la mano para apresurarla. E iba a decir algo, pero se escuchó otro grito—. ¡TSUNAAAAAAAAA! ¡TSUNA! —Levantó la vista para enfrentarse a los ojos cristalinos de su hermano, quién habló de nuevo—. N-No… ¡NO! ¡Yo… iré en su lugar! ¡Seré voluntario para ser tributo!
—Mou, mou~ No sé querido… esa no es la tradición —dijo Lussuria pensativo, en la corta historia de los Juegos del Hambre nunca nadie se había presentado voluntario, ni siquiera daban esa opción, tal vez fuera en contra de las reglas—. ¿Cuántos años tienes? ¿Dieciocho? Por lo que sabemos tu nombre podría salir de siguiente —canturreó dirigiéndose de nueva cuenta a la urna, dejando a una Tsuna inmóvil como una estatua en medio del escenario—. Ahora… ¿quién será la segunda personita afortunada? —Extrajo un papel de la urna, con demasiada rapidez a comparación del anterior, casi en ese mismo instante ya estaba frente al micrófono—. Y nuestro segundo tributo será… ¡Hibari Kyoya!
El aire contenido se escapó de sus labios con un sonoro jadeo, y por un segundo se permitió sonreír sinceramente. El seleccionado no era Giotto, ¡Giotto se salvaría!
—¡TSUNAAAAAAAAAAAAA! —Volvió a chillar en ese instante su hermano. Vio como dos agentes de la paz se acercaban a él, pero unos de sus grandes amigos fueron más rápidos, y ya alejaban al rubio de la multitud; incluso divisó como Nana se apresuraba a donde estaba su hijo mayor… que tal vez se convirtiera en el único.
Pero ahora era momento de enfrentarse a la realidad, el segundo tributo subía por las escaleras.
Dios, el karma, la suerte, el destino y cualquier otra tontería mitológica que existiera…. definitivamente todos estaban en su contra.
Un joven completamente apuesto de diecisiete años, brillante cabellera negra azabache, tez pálida como la luna y unos penetrantes ojos grises con un resplandor azulado. Vestía una fina camisa blanca, pantalones y zapatos negros a juego, y sobre los hombros llevaba una chaqueta del mismo color de la cual tenía prendida una banda que delataba su puesto como jefe del comité disciplinario. El prefecto del terror, temor de todos los delincuentes del distrito y los alrededores, un aficionado a mantener el orden, y que solía morder a todos hasta la muerte… ahora también un tributo del Distrito 2, Hibari Kyoya.
Se esforzó por no salir corriendo, a pesar del enorme miedo que esa aguda mirada le provocaba y… trago saliva, alejando un recuerdo que amenazaba con apoderarse de su mente, no era momento para pensar en desagradables situaciones del pasado. No solo sería enviada a su muerte segura, ahora también iría junto con alguien que no dudaría ni un segundo en atravesarle el corazón con un cuchillo.
—¡Demos un enorme aplauso a este par de jóvenes afortunados! —Exclamó Lussuria siendo inmediatamente obedecido, casi todos los presentes lanzaban gritos eufóricos y aplausos descontrolados. Claro, era imposible que no estuvieran felices, las posibilidades de que el distrito tuviera otro vencedor habían aumentado considerablemente.
Al terminar la ceremonia fueron enviados al Edificio de Justicia para que tuvieran la oportunidad de despedirse de sus seres queridos. La habitación era amplia y lujosa, tapizada con una suave alfombra de pelo de animal, sofás y sillones de terciopelo, demasiado cómodos. Menos mal que les dieron cuartos separados, porque la pose en la que estaba recostada era todo menos digna de una señorita.
Apenas se abrió la puerta, ya tenía a un enorme rubio sobre ella.
—T-Tsuna… mi Tsuna… Tsunita… —Escuchar los sollozos de Giotto le partía el corazón, desde que tenía uso de razón su hermano siempre se había mostrado sonriente y muy pocas veces enojado, pero jamás triste. Sus abrazos la dejaban sin aire, pero esta vez no le importó, incluso se las arregló para aferrarse a él con la misma fuerza.
—Tiene cinco minutos —dijo uno de los agentes de la paz desde fuera, en cuanto Nana entró. Los tres Sawada se mantuvieron abrazador por un largo rato, hasta que la despedida no se pudo prolongar más.
—M-Mamá… —Comenzó esforzándose por mantener un tono de voz firme, pero flaqueó en la última sílaba—. Mamá… —Intentó de nuevo, pero simplemente no podía, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Nana Sawada esbozó una reluciente sonrisa que brillaba como el resplandor sol, de esas que te dejan sin palabras, la dulce sonrisa que solo puede ofrecer una madre a su hijo.
—Te extrañaré estos días Tsu-chan… piensa que todo esto será como un campamento ¿sí? Como aquella excursión escolar —no pudo evitar sonreír, el recuerdo le resultaba gracioso—. Te veré cuando regreses, mi pequeña bebé —besó su frente, y el ardor en su garganta (provocado por las lágrimas contenidas) aumentó.
—C-Cuídate mamá… —Respondió débilmente. Nana hablaba como si de poca cosa se tratara, como si solamente fueran a estar un par de horas sin verse. Ella siempre había sido un poco demasiado ingenua, pero pensándolo mejor, resultaba más eficiente vivir en la ignorancia; ya que por eso mismo no parecía afectarle la ausencia de su padre.
—Tú también Tsu-chan —le acarició los cabellos—, les daré un poco de privacidad a ti y a Gio-kun —dijo y salió de la habitación.
Se giro de cara a su hermano, quién inmediatamente la abrazó de nuevo.
—¿Por qué? —Sollozó contra su cuello—. ¿Por qué? Ni siquiera me dejaron ir en tu lugar… Tsuna… mi linda hermanita… —Sintió como su hombro se iba humedeciendo, quería llorar como él, desahogarse, patalear, chillar y huir. Pero no era el momento para eso.
—Giotto-nii… —Comenzó, pero este simplemente siguió llorando—. G-Giotto… —No hubo respuesta, solo otro sollozo—. ¡Sawada Giotto! —El rubio se sobresaltó y separó de ella, bueno, solo alejó el rostro de su cuello. —Cuida de mamá, tú eres todo lo que tiene ahora —sonrió, sonrió como nunca lo había hecho. Si se iba a ir, quería dejarle al menos un lindo recuerdo—. Sigue siendo el número uno en todo como siempre… hey, incluso deberías declararte ya a Daniela, se ve a leguas que se mueren el uno por el otro —soltó una leve risita, logrando un sonrojo en las húmedas mejillas de Giotto—. Vive, se feliz, no te deprimas… ese no es el Giotto que yo conozco, amo y admiro —acarició con las yemas de los dedos sus mejillas, eliminando todo rastro de agua— ¿de acuerdo?
No respondió, se limitó a observarla fijamente, como si fuera un extraño ser enviado del planeta Frufru.
—¿Giotto? ¿Nii-chan? G-Giotto-nii, se acaba el tiempo…
—Cierra los ojos —soltó de repente.
—¿Eh?
—Confía en mí —dijo su hermano, e hizo lo que le pedía.
Se estremeció al sentir un tacto frío contra la sensible piel debajo del cabello. La curiosidad pudo más, así que abrió los ojos para apreciar una cadena que colgaba de su cuello.
De esta prendía un objeto, que al tomarlo entre sus dedos pudo apreciar que se trataba de un anillo. La joya tenía una preciosa gema azul en el centro, y se alcanzaba a ver que dentro tenía un escrito en colores platinados, pero el texto no se distinguía con claridad, aunque le daba un brillo especial. Por lo demás era de un color gris oscuro, con pequeños relieves y detalles que lo decoraban en un mismo plateado que el texto.
—G-Giotto-nii… p-pero es tu anillo… —Si bien recordaba, ese anillo perteneció a su hermano desde que ella aún no nacía. Era el único recuerdo que albergaba de su padre.
—Lo es —asintió—, mi anillo de la suerte. Y mientras lo mantengas contigo, nada malo podrá pasarte.
Abrió y cerró la boca intentando articular palabra, pero las letras no salían.
—Confió en que lo lograrás, estarás bien —le aseguró con un tierno apretón en los hombros, en ese momento entraba un agente de la paz diciendo que el tiempo se había terminado—. Asegúrate de darle un buen susto a todos esos niños —besó su nariz—. Te quiero mucho hermanita, nunca lo olvides.
—Y-Yo también te quiero… y gracias —murmuró con apenas un movimiento de labios, y estrechó el anillo con fuerza. Giotto le dedicó una triste sonrisa antes de salir por la puerta.
La habitación quedo en silencio.
—Lo lamento Toto-niichan… —susurró con los ojos cerrados aprovechando la soledad, recordó la última vez que había llamado así a su hermano: diez años atrás cuando le regaló a su pequeño Natsu. Suspiró, tampoco tendría a Natsu y sin su pequeño leoncito de peluche le resultaba casi imposible dormir.
—Kufufu~ Hasta donde yo recuerdo mi nombre es Mukuro.
—¡Mukuro! —Exclamó sobresaltada. El aludido mantenía una sonrisa torcida, recostado cómodamente sobre uno de los sillones continuos—. ¿E-En qué momento llegaste? Se supone que solo puede entrar la familia…
—Si quieres me voy, solo tenía intención de despedirme. Pero en vista de que mi presencia te desagrada… —Se levantó de su asiento y comenzó a andar hacia la puerta, pero Tsuna se las arregló para detenerlo agarrando su muñeca.
—N-No… quédate conmigo, no quiero que te vayas… —Reconoció con un sollozo, como el mayor no se movía se acercó cuidadosamente y recargó la frente en su espalda.
—¿Oya? —No tenía que verlo para saber que alzaba una ceja, y que cambiaba su expresión de tranquilidad a una de completa diversión—. ¿Es posible que la pequeña Sawada Tsunayuki se haya encariñado conmigo? Eso sí que es interesante.
El ardor de las mejillas sustituyó por completo al de la garganta.
—C-Claro que te quiero… —Comenzó en voz baja, arrepintiéndose en el acto—. Q-Quiero decir… e-eres mi amigo y p-pues te voy a extrañar… —Repuso entre tartamudeos, si se lo pidieran, señalaría ese momento en su top ten de situaciones vergonzosas.
Mukuro no pareció haber malinterpretado lo que la castaña le decía, o si lo había hecho no le importaba.
—Lo sé, lo sé, suelo tener ese efecto en las personas —replicó egocéntrico—. A todo esto —se giró para mirarle de frente, ni se inmutó por la cercanía de sus cuerpos—, ¿no estás nerviosa? Saldrás en televisión, todos los habitantes de Panem te verán en alta definición, todos tus errores y hazañas…
—¡Mukuro, deja de decir eso! —Regañó, pero un nuevo miedo se apoderó de ella… no era buena enfrente de multitudes. Gimió para sus adentros, su mala suerte solo iba en aumento.
—Ya, ya es broma —soltó una risita—, bueno, no lo es pero da igual. ¿Preparada para convertirte en la Décima ganadora de los Juegos del Hambre?
—Sabes que mis posibilidades son de cero o menos.
—¿Y tú que sabes de posibilidades? Si mal no recuerdo eres mala en matemáticas.
—Y para todo lo demás. Ya lo sabía, gracias —un aura de depresión se apoderó de ella.
—Por eso no vas a ganar —dijo el peliazul tras una pequeña pausa. Estaba comenzando a irritarle la actitud de Mukuro, ¿acaso solo había ido a recalcarle todos y cada uno de sus defectos?—. Una persona que solo se centra en lo malo de su ser jamás llegara a nada en la vida… adéntrate en ese miedo, deja que consuma todo en ti y tal vez, solo tal vez, así te des cuenta de tu débil voluntad. ¿Cómo esperas que tu hermano y tu madre confíen en ti si ni tú misma puedes hacerlo?
Por segunda vez en el día se quedó sin habla.
—Te estaré viendo por la tele —canturreó con su fastidioso tono meloso—. Buena suerte, Sawada Tsunayuki —salió de la habitación.
Se dejó caer agotada en el sillón, sintiendo el peso de las palabras dichas. Sabía que Mukuro tenía razón, su débil voluntad no le serviría de nada. ¿Pero qué más podía hacer? Una buena para nada como ella jamás tendría ni la mínima oportunidad de ganar los Juegos, inclusive dudaba el llegar a algo en la vida. Era absolutamente todo lo contrario al maravilloso Giotto: tímida, asustadiza, tenía malas calificaciones, y lo único en que destacaba era por su torpeza a proporciones épicas. Giotto y Nana confiaban en ella, en que se las arreglaría de alguna forma para regresar a casa con bien; pero no podía, los defraudaría y eso le dolía más que el hecho de enfrentar su sentencia de muerte.
Dio un respingo al escuchar el rechinar de la puerta, supuso que serían los agentes que la escoltarían hasta el tren de los tributos, pero la persona que tenía enfrente la dejó completamente sorprendida.
Unos platinados ojos azules le miraban con aparente desinterés, el perfecto rostro no denotaba indicios de emoción alguna; este era la copia exacta de la persona que sería su compañero, a excepción de que el clon era un par de años más grande y su cabellera era de un rubio pálido; otro de los hombres más temidos y destacados del distrito, Hibari Alaude.
Pasaron varios minutos —que le parecieron horas—, cuando por fin apareció un tembloroso agente de la paz vestido de negro diciendo que era la hora de partir. Sawada hizo un ademán de incorporarse, pero los fieros ojos del mayor la detuvieron y se sentó temblorosa, como un pequeño cachorrito en medio de la lluvia. También el agente parecía asustado, ¿y quién no lo estaría? Nadie en su sano juicio se atrevería a contradecir a los Hibari, a menos que tuvieras enormes deseos de morir. Eso le hizo estremecerse más, ¿acaso había acudido para amenazarla? ¿Para decirle que no se metiera con su hermano menor? O peor, ¿la mordería hasta la muerte ahí mismo?
—Cuida de él —dijo si alegría, ni preocupación, ni tristeza, ni nada. ¿Qué cuidara de él? ¿A qué se refería con eso? ¿No era más probable que ella fuera la que necesitara protección? Sin comprender del todo la situación asintió, más como un instinto de supervivencia que por otra cosa. Alaude asintió de igual manera, dio la vuelta y se alejó a paso despreocupado del lugar.
Lo único que se escuchó en el trayecto del Edificio de la Justicia a la estación de trenes, era el parloteo de Lussuria sobre las comodidades extra de los nuevos vagones, también que con las nuevas líneas férreas podrían llegar al Capitolio en menos de dos horas. Ese dato le resultó inútil, de todas formas los viajes en tren estaban más que prohibidos, a menos que tuvieran la aprobación del alcalde y la ridícula cantidad de dinero requerido para el pasaje. Todo eso creado a partir de la rebelión, intentando cortar la comunicación entre distritos.
En la estación se demoraron cerca de media hora, para que los molestos periodistas tomaran imágenes de su salida desde todos los ángulos existentes. Hibari se mantenía con una expresión completamente aburrida, y Tsuna parecía la asustadiza niña pequeña de siempre.
Por fin subieron al tren. Pasaron directamente a un vagón-comedor, amueblado con mesas y vajillas de distintos niveles y decorados, una serie de sillas tan grandes que cabían dos Tsuna's en ellas, además de ser tan cómodas como los sillones del Edificio de Justicia. Todo estaba a rebosar de elegantes platillos; había todo tipo de carnes (pollo, pescado, res…) hasta cereales y pastas, postres saldos y dulces, ensaladas con sus respectivos aderezos y combinaciones, grasientas variedades de papas fritas… todo un buffet. En el distrito no había ningún tipo de carencia por ser de los más cercanos a la capital, pero ver tanta comida en un solo lugar resultaba intimidante. «Y pensar que los ciudadanos del Capitolio tienen banquetes más grandes que ese solo para el desayuno.»
—Mou~ ¡Pueden comer todo lo que quieran! Solo no olviden sus modales —advirtió Lussuria con un tono autoritario, como el de una madre regañona—. De momento yo iré a buscar a sus mentores —y salió por la puerta que daba a otro vagón.
Los mentores tenían la tarea de instruir a los tributos en métodos de supervivencia para la Arena, conseguir patrocinadores —personas con los bolsillos llenos de dinero, el cual podían utilizar para enviar algún objeto que significase la línea entre la vida y la muerte durante los juegos—; además de lograr con ayuda de los estilistas que sus tributos destaquen. Tenía entendido que el Capitolio asignaba a una persona para la tarea, pero Lussuria había dicho mentores, ¿acaso sería uno para Hibari y otro para ella? Si ese era el caso, esperaba de todo corazón que fuera alguna persona amable.
No sabía qué hacer, así que imitó a Hibari quién ya se encontraba sentado y mirando por la ventana, tomando asiento a su lado en silencio. La comida le hacía ojitos, pero prefería esperar a ver cómo reaccionaba su cuerpo en el viaje, no quería marearse o vomitar.
El maravilloso paisaje no tardó en inundar el cuadro de vidrio que era la ventana, se podía apreciar a todo color las montañas nevadas y toda la vegetación que rodeaba al distrito, inclusive alcanzó a ver uno que otro animal. Pero eso significaba que se alejaba de casa, y que tal vez no volvería. Ya ni se molestó en controlar las gotitas de agua dulce que corrían apresuradas por sus mejillas, ¿qué más daba mostrar sus sentimientos ahora? Mamá, Giotto y Mukuro ya no podían verla, no tenía nada de malo desahogarse un poco.
—Deja de llorar —habló una desconocida voz, seguida del disparo de un arma.
No tuvo tiempo de pensar, razonar o pestañear, simplemente saltó de su lugar.
El movimiento le provocó un leve mareo que pasó tan rápido como llegó, cuando se percató del olor a quemado, proveniente de la pila de cenizas que era la silla donde estuvo sentada hace cinco segundos.
—Primera lección… —Se escuchó la misma seductora voz de antes, hablaba con una seriedad mortal—. Cuando estés en los Juegos no debes mostrarte débil, las personas se aprovecharán de eso y lo usarán en tu contra.
En el otro extremo del vagón se encontraba un hombre, bastante guapo y… aterrador. 28 años aproximadamente, trajeado con un elegante esmoquin negro con corbata y una camisa naranja debajo; sobre la cabeza llevaba un sobrero de fieltro, proyectando una sombra que cubría la mayor parte de sus ojos, resaltando la amenazante aura asesina que le rodeaba. Sobresalían sus rizadas patillas a cada lado del rostro, que se componía de unas perfectas facciones.
Pero lo que más llamaba la atención era la pistola que sostenía en su mano.
—¿P-Pero q-qué…? —Comenzó a balbucear ahogadamente, su cuerpo temblaba de miedo—. ¿Acaso t-tú eres… n-n-nuestro… mentor? —Preguntó con un susurro apenas audible, como si el hablar en voz baja cambiara el hecho de que obtendría una respuesta afirmativa.
—Mi nombre es Reborn —respondió el adulto—. Y no seré el dichoso mentor, esa palabra está sobrevalorada… —sonrió de lado—, yo seré tu tutor —levantó levemente la solapa del gorro con la punta de la pistola, dejando ver sus carnívoros ojos—. Es hora de comenzar las clases, Dame-Tsuna.
Tragó saliva con fuerza, no había ni salido del distrito cuando ya comenzaban los Juegos del Hambre.
Reviews:
Piffle Priinces: ¿F*cking awesome? ¿Quién te enseña esa clase de vocabulario esposa? Tendré que hablar seriamente con tus amistades (¿) Aws tu siempre serás la número uno en todo —momento cursi—. Ya pues, soy feliz de que te gusten mis escritos gays :'3
Alicechan3: OMFG me alegro de que te gustara, me haces muy feliz con tu comentario T_T si te soy sincera dudaba mucho el publicar este fic, pensé que considerarían absurdo el hacer una combinación de THG & KHR! Este capítulo responde a tus dudas así que no vale explicarlo por aquí, y Mukuro no puede salir seleccionado como tributo porque… es algo que se descubrirá más adelante :B Asdfghasdk~ Yo también adoro el Fem!Tsuna, me gusta más que el Tsuna normal xD En si es un AllxTsuna y obviamente agregaré el 6927 aunque aún no me decido cual será la pareja principal… todo puede pasar kufufu~ Desde el próximo capítulo serán más largos te lo prometo, esto se podría considerar la introducción a la historia, ¡lo mejor aún está por comenzar! Gracias, espero disfrutes del fic (L)
YukiKumo27: Asdfghasdk~ Muchísimas gracias TwT haha yo también pienso eso, de hecho vi que hay un par de fics con esta idea, pero ambos están en inglés y no pasan de un capítulo así que no cuentan(¿) Me alegro de que te guste aws, espero disfrutes de los siguientes capítulos :3 ¡Saludancias para ti también! o3ó/
Luna Jones: ¡Yo también amo los dos! ¡Así que me esforzaré al extremo porque este fic le haga justicia a la genialidad de ambos! Omg prometo hacerte feliz siempre ;A; (¿) Aquí ya se descubrió al siguiente tributo huhu, espero disfrutes del resto del fic adorable personita :3
Lizprincsama: Shi, está por venir lo más intenso… ¡Gracias por dejar un lindo comentario! Disfruta los siguientes capítulos :D
Usagi Grecia Desu: Omg ser la autora me ha salvado de una posible lenta y dolorosa muerte, estoy agradecida con los dioses ;_; ¿Ya leíste los tres libros? ¿También eres tributo? ¿Real o no real? Creo que ya te amo (¿) Hahahaha x/D Lamento decirlo pero… son LJDH, así que veintitrés personas tienen que morir… pero si sirve de algo, te diré que los guardianes (Yamamoto, Hibari, Gokudera, Ryohei y Lambo) no morirán tan fácilmente~ Espero disfrutes de los siguientes capítulos :'3
Rai Jones: Espera… primosha del mal… rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida(¿) ¡me tienes jodidamente abandonada! —que tenía que ver— asdfk~ lo siento, tenía que desahogarme ;A; Bueno ya. ¿En verdad te gusta? Ains, muchas gracias ;/; aunque si comparas mis pobres escritos con tus awesome roles yo termino mal parada ;_; ¡No los leas! Te sangrarán los ojos por lo horribles que están D: —le pica los ojos(¿)— así también le hago un favor a la comunidad para que no leas lemmons, te van a pervertir… aunque bueno, sin comentarios lol 8D Te quiero más y te extraño así mucho demasiado :c
Kuromokona: Me imagino que si tu hicieras una versión también sería genial *-* Oh, ¡muchísimas gracias por el lindo comentario! Espero que disfrutes de los capítulos siguientes :D
N/A: ¡Hibari Kyoya es el segundo tributo, mientras que Reborn ha hecho su aparición! ¿Las decepcione? Ya sé que muchas querían a Giotto de tributo, pero no… son los décimos Juegos del Hambre, ¡décimos! Por eso Tsuna tiene que ser tributo si o si xD De antemano mis más sinceras disculpas por publicar apenas, tenía planeado dejar capítulo desde el domindo pasado pero por asares del destino —mi fuck internet murió y ahora estoy aprovechando la pc de un familiar— no se pudo. Comentarios, quejas, sugerencias, jitomatazos… ¡todo por review!
Sobre todo gracias a las adorables personitas que dejaron review, también a las agregaron a alertas y/o favoritos; y a todos aquellos que leen y no hacen nada(?)
Siguiente capítulo: ¡Tercer objetivo!: Capitolio.
