Hola n.n

Bueno, aquí traigo el segundo capítulo de esta historia; es un poco más largo y por fin veremos a Harry y compañía n.n

Umm, por cierto; cuando un dialogo comienza con UN guion (-) significa que hablan en ingles; cuando comienza con DOS guiones (- -) es porque hablan en francés.

CAPITULO 2: Traición

Hay que ver que los enemigos traicionan muy fino

X.X.X.X.

31 de Julio de 1997- En Algún Bosque Francés

La luz de la luna menguante iluminaba tenuemente ese claro del bosque que se encontraba repleto de personas, algunas vestidas finamente y otra con sucios trapos, pero eso a nadie le importaba, todos esperaban expectantes frente a una cueva; cueva donde su líder descansaba y a la cual un grupo de tres hombres y dos mujeres se disponían a entrar con una finalidad: que El Conde Poulsen les diera su consentimiento para salir del bosque y, de una vez por todas, sellar un tratado de paz con los magos ingleses.

Por fin las puertas de la cueva se abrieron, y los cinco miembros de la guardia de honor del Conde entraron; a pesar de que por fuera se veía tosca, por dentro la cueva era muy acogedora y llena de lujos, alfombras, finos detalles al estilo de Luis XIV; una gran cantidad de cuadros reposaban en las paredes del pasillo por el que caminaban; algunos mostraban a forzudos hombres, otros a hermosos adolescentes, todos ellos con un denominador común: En alguna oportunidad fueron los líderes del Clan Velivam: un clan caracterizado desde sus inicios por la unión en perfecta armonía por las tres razas hibridas más fuertes y despreciadas por los magos de toda la historia: Los Licántropos, Los Vampiros y las Veelas.

El líder era sumamente poderoso, poseedor de todas las cualidades de las tres razas y era elegido solo por el destino, siendo siempre un hombre. Los miembros del Clan debían toda su lealtad a él; sin importar quien fuera o que decisiones tomase.

Al fin la Guardia de Honor llegó frente a una puerta doble de roble que alcanzaba hasta el techo de la cueva y en cuyo centro, se hallaba una pintura que representaba una rosa de color rojo sangre con espinas, tras la cual la luna llena con un ligero tono rojizo, se asomaba en todo su esplendor, en la luna habían tres letras, dos V de tamaño mediano, una junto a la otra, y una L un poco más grande, tras ellas. A cada lado de la puerta había dos mujeres sumamente hermosas, de aspecto dócil, vestidas con finas botas negras, pantalones del mismo color ligeramente ajustados y camisa blanca manga larga al parecer de seda, más que guardianas parecían ejecutivas o algo así; lo único que podía decir lo contrarió era la espada sujeta a la cintura de la que se hallaba a lado derecho, o el arco que sujetaba firmemente la chica de la izquierda.

Al ver a los miembros de la Guardia de Honor, las dos guardianas abrieron las puertas, haciendo que el dibujo en ella se dividiera a la mitad; dejando ver adentro una enorme habitación iluminada por decenas de antorchas flotantes; el piso estaba cubierto por completo por una alfombra negra en el que podía apreciarse el mismo símbolo de la puerta, solo que muchísimo más grande. Casi en el fondo de la habitación y exactamente frente a la puerta había una gran silla de oro blanco con un alto espaldar y cojines de color sangre; y tras ella una puerta que podía confundirse perfectamente con la pared.

Al lado izquierdo de la silla había un hombre mayor, debía tener como mínimo unos cincuenta y cinco años, de piel negra, calvo, ojos color negro y contextura musculosa. Los cinco miembros de la Guardia de Honor lo saludaron con un ligero movimiento de cabeza que el hombre de piel negra contestó.

- -Reimond, ¿Dónde está el Conde? – Preguntó una de las mujeres con voz seria.

- -Me pidió que le avisara cuando ustedes llegaran; esta… ocupado – dijo caminando hacia la puerta tras la silla; alzó la mano y tocó tres veces, luego volvió a su lugar junto a la silla.

Cinco minutos después, salió un hombre que aparentaba unos treinta años, de piel ligeramente bronceada, cabello corto teñido de amarillo gracias a químicos muggle; ojos negros, pendientes en cada oreja y unos extraños moretones en el cuello; vestido con Jeans y camiseta sin manga, se detuvo junto a Reimond, saludando a los de la Guardia con gestos afeminados. Estos le respondieron el saludo de la misma forma que con Reimond; a la vez que de la puerta salían otros dos hombres; uno de ellos: de aparentes veintitrés años, pelirrojo con el cabello hasta los hombros recogido en una floja cola, ojos color miel, vestido de Blue Jean`s sin nada que cubriera su torso; junto a él, caminaba el otro, ataviado con una lujosa túnica color azul marino con capucha, pero que en ese momento no utilizaba.

El pelirrojo se detuvo al lado derecho de la silla central; mientras que el otro se detenía exactamente delante de la silla, de espaldas a esta. De inmediato, los cinco miembros de la Guardia hicieron una muy pronunciada reverencia, que solo dejaron con un gesto de la mano del chico de la túnica.

- -Conde Poulsen, estamos listos para partir, solo esperamos que nos dé la orden de marchar – Dijo el que parecía ser el jefe de la guardia; un hombre musculoso, alto, de piel blanca, ojos grises y cabello castaño claro; debía rondar los cuarenta años, y que al igual que los otros dos hombres de la guardia, vestía con botas militares, pantalones de cuero, franela sin mangas ajustada al cuerpo, atada a su cintura del lado derecho llevaba una espada y del lado izquierdo una daga.

- -Lo sé, Jean Marcus – Dijo el Conde Poulsen con un tono que denotaba sabiduría, mientras se sentaba en su silla – Se irán veinte minutos; a pesar de que no estoy del todo de acuerdo con…

- -Señor – dijo con tono preventivo un joven que aparentaba diecisiete años, de cabello negro, ojos color castaño claro, cuerpo bien marcado y una expresión ligeramente arrogante; vestía igual que Jean Marcus, solo que atado del lado derecho de su cintura llevaba un puñal, y a la izquierda, una pistola – La mayoría de los miembros del Clan piensan que es lo mejor.

- -Estoy consciente de eso Patrick – dijo el Conde – Y no pienso cambiar la orden de hacer el acuerdo, lo que no me da buena espina es el que solo sea con los de La Orden del Fénix; el acuerdo debería hacerse con el Ministerio de Magia Ingles, pero como ya dije, no voy a cambiar mi mandato, ya que nuestro Clan así lo quiere.

- -Conde Poulsen – lo llamó una de las mujeres del grupo; de alrededor de treinta y cinco años, extremadamente pálida, cabello ligeramente ondulado, castaño, de ojos de color gris y que vestía con botas de cuero hasta las rodillas, pantalón y chaleco sin mangas también de cuero y bajo el chaleco, una camisa blanca de manga corta; y al igual que Patrick, llevaba atados a la cintura un puñal y una pistola - Perdone la pregunta pero ¿Por qué esperaremos veinte minutos si podemos irnos ya?

- -Veraz Johana, es que antes de irse tienen que despedirse – dijo sencillamente; hizo una pausa y continuó- El viaje a Inglaterra les puede durar varios días, y sé que, con todos los preparativos, hoy no han tenido chance de ver a sus familias, así que Reimond, Richard y Francesco, salgan y le dicen a Rebeca que ya pueden pasar

El hombre de piel negra, el de los gestos afeminados y el pelirrojo, se dirigieron hacia la salida de la habitación; el primero en salir fue Reimond, seguido por el pelirrojo; cuando el de piel ligeramente bronceada se disponía a cruzar la puerta, la voz del Conde lo detuvo.

- -Y Richard, lo que es mío, nadie más lo toca ¿está claro? – El tono que había usado era frío. Richard asintió algo tenso, mientras que Patrick y Jean Marcus ponían los ojos en blanco – Pues, haz que ha tu novio también le quede claro que mientras sigas siendo mío, eso… - señaló los moretones del cuello de Richard – …no se debe repetir ¿entendido? – Richard asintió nuevamente y salió de la habitación. Casi al instante, entró Rebeca, seguida por un grupo de doce personas, entre hombre, mujeres y niños, entre los que se encontraban Sawda, François y Meiling.

François corrió hasta Johana quien era su madre y la abrazó fuertemente, tras él iban su padre y sus dos hermanos. Meiling fue hasta su hermana Jazmín, una joven de alrededor de veinte años, pelirroja, de ojos azules y con una especial hermosura, y que vestía con un hermoso vestido color celeste, hasta un poco más arriba de las rodillas, y mangas hasta los codos, terminando en un lindo faralá; además de unas botas del mismo color que el vestido, hasta las rodilla con tacón de aguja; y si no fuera por el arco y el carjac lleno de flechas que llevaba a su espalda, nadie creería que era una guerrera. Junto a la niña, iban sus padres.

Sawda por su parte corrió hasta su marido: Jean Marcus y se le aferró al cuello cubriéndole el rostro con cientos de besos. Yuichiro, un hombre de unos veinticinco años, rasgos asiáticos, pelinegro, de ojos castaño, vestido de la misma forma que los otros dos de la guardia, y con las mismas armas que Jean Marcus, recibió a su hermano, a sus dos hijos y su esposa.

El Conde Poulsen veía a todos despedirse de los suyos, y pudo notar a Patrick un poco más alejado, observándolos a todos con algo de melancolía. Con sigilo se acercó hasta el pelinegro.

- -¿Qué haces aquí solo? – le preguntó haciendo que se sobresaltara.

- -Ah, eres tú – dijo Patrick reponiéndose del susto – ¿Con quién quieres que este? – Preguntó respondiendo así a la pregunta del Conde – No tengo padres, no tengo hermanos ni esposa y mucho menos hijos… No tengo a nadie – dijo más para él, pero eso no evitó que el Conde Poulsen lo escuchara.

- -Pues, creí que te gustaría despedirte de tu mejor amigo – Dijo el Conde – Pero si él es nadie para ti… - dijo disponiéndose a darle la espalda a Patrick y marcharse, pero antes de lograrlo, el líder del Clan Velivam se vio envuelto entre los brazos del pelinegro. De inmediato, Poulsen le correspondió el abrazo

- -Gracias, amigo – dijo Patrick en un susurró separándose de El Conde; este le sonrió sinceramente, él sabía lo mucho que le había gustado ese abrazo a Patrick, ya que él, El Conde Poulsen, era la única persona a la que el pelinegro consideraba algo parecido a una familia.

- -Oye, deberías dejar de darle advertencias a tus amantes estando en medio de una reunión con nosotros – Dijo Patrick luego de un silencio de dos minutos; El Conde Poulsen lo miró con una ceja arqueada – No es por mal, pero te aseguro que a ninguno… - con la mano señaló a todos en la habitación – … nos interesa tu vida privada.

- -¿Y si no les interesa, que les importa donde lo diga? – Preguntó el Conde fingiendo estar a la defensiva. Patrick no dijo nada, solo se encogió de hombros.

Ambos jóvenes, observaron el resto de la habitación; cada uno de los miembros de La Guardia de Honor estaba con sus respectivas familias. Rebeca los observaba a todos desde la puerta doble de roble con una sonrisa algo extraña en los labios. A lo lejos pudieron ver a Sawda, la joven profesora hablaba entre cuchicheos con su esposo y de vez en cuando le daba tiernos besos en los labios; ambos con radiantes sonrisas.

- -Me gustaría saber que se están diciendo – dijo Poulsen con una sonrisa picara en los labios.

- -Si quieres puedes hacerlo – dijo Patrick- eres el Líder del Clan Velivam, tu audición en mejor que la de un vampiro, una veela y un licántropo juntos.

- -Ya lo sé, pero sería una falta de educación enterarme de esa forma de las conversaciones ajenas – Contestó el chico caminando hacía Jean Marcus y Sawda. Patrick lo siguió – ¿De qué hablan, par de tortolos? – les preguntó sonriendo, una vez hubo llegado hasta ellos.

Jean Marcus y Sawda los miraron sonriendo; para luego ser el primero quien habló:

- -Cuando volvamos de la misión te lo cuento – le dijo.

- -Solo le podemos adelantar que es algo que le va a gustar muchísimo, Señor – Dijo Sawda. Poulsen la miró seriamente.

- -¿Qué te he dicho acerca de llamarme señor? – le preguntó con voz seria – El día que aceptantes ser mi nuera, perdiste el deber de llamarme señor ¿eh? – culminó con una sonrisa; la chica iba a decir algo pero Patrick la interrumpió.

- -Créeme, no te conviene discutirle, sino mírame a mí, tengo casi de veinte recibiendo el mismo discursito: "El día que aceptaste ser mi mejor amigo, renunciaste al deber de llamarme señor" – Dijo imitando la voz del Conde, para luego agregar - Pero ni modo, esta hombre además de viejo es necio.

- -¡Ey! – Exclamó el aludido fingiendo molestia – Sigo siendo tu superior, muestra algo de respeto.

- -Como Usted diga… Señor – Dijo Patrick con burla. Todos rieron, pero el conde se puso serio de inmediato, había sentido una fea opresión en el pecho, de esas que dan cuando presientes que algo saldrá mal.

- -¿Pasa algo? – Preguntó Jean Marcus preocupado.

- -No, no te preocupes – Dijo él, luego observó su reloj, los veinte minutos ya habían pasado – Oigan todos, ya es hora de marchar – Los miembros de la Guardia se pusieron firmes esperando las últimas indicaciones de su líder- Recuerden, los primeros tres días son para cerciorarse de la seguridad del lugar donde se reunirán – Todos asintieron, los familiares de La Guardia de Honor los veían orgullosos - ¿Patrick, Jazmín, llevan sus varitas? – Inquirió, ambos asintieron, Patrick llevándose la mano derecha al interior de la camisa, donde la tenía escondida en un bolsillo especial; y Jazmín tomando un bolsillo escondido en su carjac donde se encontraba el artefacto mágico.

- -Escuchen – Continuó El Conde – Vamos en son de paz, por lo que no quiero que usen la magia a menos que la vida de alguno de ustedes este en peligro ¿Entendido?

- -Por supuesto señor – Respondieron Jazmín y Patrick a la vez.

- -En el claro los espera un traslador – Indicó el líder. – Que Sir Carlos los acompañe. – Culminó, los cinco guerreros hicieron una pronunciada reverencia y se dispusieron a salir, seguidos por sus familias. Patrick fue el último pero antes tuvo que detenerse al sentir la mano de El Conde Poulsen en su hombro.

El pelinegro se volteo y vio al Conde Poulsen con expresión sumamente preocupada.

- -¿Qué sucede? – Preguntó intrigado.

- -Patrick, tengo un mal presentimiento con respecto a esta misión – Dijo el Conde siendo sincero. El ojicastaño lo miró intrigado, por lo que su líder continuó – Quiero que protejas a mi hijo a como dé lugar.

- -Por supuesto, Señor – Dijo Patrick serio, luego hizo una reverencia y salió de la sala principal del Conde, dejando a este sentado en su silla con cara de profunda preocupación.

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31 de julio de 1997- La madriguera

- ¡Feliz cumpleaños Harry! – Exclamó Remus llegando a la Madriguera acompañado por Nymphadora Tonks, su joven esposa de veinticuatro años.

- Gracias Remus – Exclamó Harry, un chico de estatura baja, ojos de un resaltante color esmeralda, cabello color azabache extremadamente desordenado. Tonks abrazó fuertemente al chico a la vez que le deseaba un feliz cumpleaños, y luego entró a la casa, para saludar a los Weasley; dejando a Remus y Harry solos en la entrada.

- Esta noche vamos a…

- Harry, entiendo que quieras estar preparado por cualquier cosa, pero hoy es tu cumpleaños – lo cortó Remus – Te has estado escapando de aquí las ultimas quince noche, te mereces un descanso.

- Voldemort no descansa – masculló el chico.

- Quizás – Dijo Remus poniéndole la mano en el hombro – Pero no pienso enseñarte nada hoy, así que te recomiendo que disfrutes la velada – dijo sonriéndole y dirigiéndose hacia el interior de la casa; Harry se quedó de pie viendo al suelo. ¿Por qué Remus no entendía su deseo de estar preparado ante cualquier problema? – Harry – llamó el licántropo. El chico levantó la mirada – ¿Vienes? – El asintió a regañadientes; juntos atravesaron la casa de los Weasley en silencio y fueron hasta el patio donde ya habían puesto dos mesas juntas repletas de pasapalos, con un gran pastel en medio.

Alrededor de la mesa, hallaban todos los Weasley, a excepción de Percy; con quien la familia aun no se reconciliaba; además también estaban Hermione, Tonks (Que acababa de entrar) Kingsley Shalkebolt, Alastor Ojoloco Moody, Fleur D`Lacourt, Hadgrid, Neville y su abuela Augusta, Luna y su padre: Xenophillus Lovegood, Mundungus Fletcher, Minerva McGonagall y Albus Dumbledore; todos con el único propósito de celebrar la mayoría de edad de el-niño-que-vivió.

- ¿Por qué tardaste tanto para abrir la puerta? – Preguntó Ginny acercándose a ojiesmeralda y dándole un suave rose de labios que no sorprendió a nadie, después de todo, salían desde hacía un par de meses.

- Me quede hablando algo con Remus – Respondió él algo distraído. No quería quedarse ahí, quería ir a entrenarse tal como venía haciendo las últimas dos semanas, pero estaba seguro que con tanta gente pendiente de él en esos momentos, escaparse sería imposible.

Esa noche, las horas pasaron muy rápido, y antes de que Harry o alguno de los presentes se dieran cuenta, ya la Sra. Weasley había picado el pastel, y todos se estaban despidiendo del ojiesmeralda.

Harry se encaminó a la habitación que compartía con Ron, era más de media noche, y se sentía algo cansado. Al entrar, el peliazabache pudo ver a su amigo sentado en su cama intentando sacarle brillo a una, de por si brillante, espada de plata cuyo mango poseía unos rubí con un brillo como la sangre. Además, tenía grabado en la hoja un Fénix cuyo alcance de las alas cubría las iníciales R.B.W.

Esa espada, inspirada en la espada de Godric Gryffindor, aunque forjada por magos, representaba a todos los miembros de la Orden del Fénix. Dumbledore se había encargado de darle una a cada miembro de la Orden, cada una con las iníciales de su respectivo dueño; y desde hacía un mes Harry, Ron y Hermione habían recibido la suya.

- ¿Otra vez sacándole brillo? – Preguntó Harry riendo – Si sigues así la vas a desgastar, y no precisamente por usarla.

- Por lo menos yo la saco de vez en cuando – Dijo Ron – La tuya no ha visto la luz del sol desde que te la dieron.

- Esas espadas no son para jugar Ron – Le reprendió Harry poniéndose el pijama – Además…-agregó con una sonrisa – Estoy seguro de que puedo vencerte con los ojos cerrados.

- ¿A si? – Inquirió el pelirrojo poniéndose de pie – Demuéstramelo Potter – Dijo con tono divertido empuñando la espada. Harry se acostó en su cama.

- Eres mi mejor amigo, no quiero herirte – Ron iba a replicar pero Harry agregó – Buenas noches – Y con un movimiento de varita apagó las luces de la habitación.

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- -Estoy aburrido – Repitió Patrick por septuagésima vez en una hora. Ese era el tercer día de observación del claro donde se reunirían con los miembros de la Orden del Fénix al día siguiente, y hasta ese momento no había pasado absolutamente nada.

Cada uno de los miembros de La Guardia de Honor del Clan Velivam estaba colocada estratégicamente entre las ramas de algunos árboles que bordeaban el claro del bosque, y por ende, la cabaña donde se reunirían.

- -Ya cállate – Dijo Jean Marcus con tono cansino desde un roble a veinte metros a la derecha del pelinegro.

- -Todos estamos aburridos – Acotó Jazmín desde un abeto al otro lado del claro. Johana y Yuichiro asintieron pero Patrick no los observó, sino que saltando de árbol en árbol con gran agilidad llegó junto a Jazmín antes de que esta pudiera darse cuenta.

- -Si quieres puedo sacarte del aburrimiento. – Le dijo al oído con un susurro seductor.

- -Por tu bien, vuelve a tu árbol – Contestó la joven veela con un tono amenazante.

- -¿Por qué? – Inquirió el ojicastaño – Ambos sabemos que te mueres porque te haga gemir de placer – Dijo tomándola por la cintura y apretujándola contra él.

- -Diez galeones a que esta vez si cae – Dijo Marcus saltando hasta el árbol donde Yuichiro y Johana se habían reunido.

- -Veinte a que lo abofetea – Dijo Yuichiro de inmediato.

- -Treinta a que Jazmín sede al principio y luego hace lo de siempre – Dijo Johana observando a los dos que se hallaban a unos treinta metros.

- -Olvídalo – Contestó Jazmín dándose la vuelta para encarar al chico – Ni por qué fueras el ultimo ser sobre la tierra.

- -¿Estás segura? – Inquirió él acercando sus labios a los de la chica, rozándolos con los suyos. Jazmín se estremeció ante el contacto y casi de forma involuntaria, o eso quería pensar ella, convirtió ese roce en un apasionado beso.

Patrick no perdió el tiempo, se apresuró a bordearla con sus fuertes brazos y fue abriéndole paso a sus manos por la falda de la chica, quien al sentirla salió de ese éxtasis en el que se hallaba empujando al pelinegro para que se separara de ella.

- -Demonios, perdí – Se lamentó Marcus.

- -¿Qué diablos te pasa? – Gritó Jazmín – ¡Ya te dije que NO quiero estar contigo!

- -Tus labios dicen lo contrario – Dijo él. La chica frunció los labios y se dispuso a cachetearlo pero Patrick le sujetó la muñeca antes de que lo golpeara.

- -Rayos, perdí – Susurró Yuichiro desde lejos.

- -Suéltame o si no… - Antes de que el chico pudiera hacer o decir algo, ella sacó de su carjaj, con la mano libre, una flecha adornada con una plumilla blanca de aguila, que le clavó rápidamente en el muslo, a pocos centímetros de su miembro.

Patrick soltó a Jazmín quien, saltando de rama en rama, se marchó hacía otro árbol. El chico se sentó en la rama del árbol viendo como la sangre ensuciaba su pantalón.

- -¿Estás bien? – Preguntó Johana quien al ver que Jazmín se iba, se acercó a él.

- -Si – Dijo Patrick con una sonrisa. Johana lo reprendió con la mirada pero no dijo nada, solo se sentó frente a él y con un rápido movimiento le sacó la flecha del muslo del chico, la sangre brotó aun más, y la mujer la veía embelesada.

- -Recuerda que tengo genes licántropos – Dijo Patrick divertido – Sería una lástima que…

- -Lo sé – Dijo ella – Es solo que te ves apetitoso – Dijo, Patrick alzó una ceja divertido, ella lo ignoró y rajó el pantalón del chico dejándole ver su pierna que presentaba una hilera de cicatrices desde su rodilla hasta la actual herida todas muy similares. La vampira sacó de su túnica un frasquito de cuyo contenido vertió un poco sobre la herida, la cual brilló un poco para luego cerrar dejándole la cicatriz ahí. – Te recomiendo que no sigas intentando acostarte con ella, cada vez se acerca más a su objetivo.

- -Quizás tengas razón - Dijo él poniéndose de pie – Ahora tengo que coser el pantalón – dijo más para sí, luego vio a la mujer y preguntó - ¿Estas aburrida?

- -Si, algo pero… ¿Por qué me preguntas eso? – Preguntó desconfiada.

- -Por nada – Dijo él – Pero si quieres puedo sacarte del aburrimiento. – Dijo acercándose a ella con tono insinuador.

- -Olvídalo – Dijo la mujer algo insegura – Soy mucho mayor que tu y… y no puedo hacerle eso a mi esposo y mis hijos.

- -No te preocupes, ninguno tiene porque enterarse – Susurró él, besándola con pasión, ella se mantuvo rígida unos segundos, para después dejarse llevar por el chico.

- -Creo que me debes cincuenta galeones y la cena – Dijo Yuichiro sonriendo mientras él y Marcus se iban a sus respectivos lugares, Marcus asintió sin muchas ganas, no volvería a apostar nunca contra Yuichiro.

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Harry desenvainó su espada y observó su reflejo en la hoja, sus ojos mostraban sendas ojeras y su expresión se veía cansada; cuatro días habían pasado desde su cumpleaños, y sus respectivas cuatro noches se habían escapado a eso de la media noche de casa de los Weasley.

El chico bajó la espada y observó su reloj, marcaba las 12:35. Remus se estaba volviendo cada vez más impuntual y él se estaba cansando de esperar. Envainó nuevamente el arma y se sentó en el suelo a esperar, estaba en un prado a un par de kilómetros de la Madriguera.

Cinco minutos después escuchó una aparición, se puso rápidamente de pie empuñando su varita y dejando la espada tirada en el suelo, pero se relajó un poco al ver quien era:

- Al fin llegas Remus, creí que… ¡Tonks! – Exclamó sorprendido al ver a la pelirrosa - ¿Qué haces aquí? – Nymphadora lo saludó con un distraído gesto, y con la mirada comenzó a escrutar el prado como si buscara algo o a alguien.

- Tuve que traerla - Dijo Remus cansinamente, cuando su esposa se fue alejando mientras inspeccionaba cada arbusto.

- ¿Por qué? Creí que mantendríamos los entrenamientos en secreto.

- Ya lo sé Harry – Contestó el licántropo – Pero luego de casi mes y medio escapándome en las noches y volviendo entrada la mañana, cansado con golpes y rasguños…

- Harry, Remus – Escucharon la voz de Tonks que examinaba un arbusto

- Espera un momento – Dijo Harry sin voltear a verla, y luego le dijo al merodeador – Ya me imagino lo que pasa.

- Si, ella estaba empezando a suponerse cosas; hoy mismo me amenazó con dejarme, le dije que no la estaba engañando, que venía a enseñarte defensa, pero me exigió venir a comprobarlo.

- Tranquilo Remus, si es así no importa – Dijo Harry.

- Remus – Llamó Tonks de nuevo, esta vez su voz parecía algo desconfiada y retrocedía del arbusto alejándose de este

- Un minuto amor – Contestó este – De todas formas, Nym sabe mucho de defensa, ella pude ayudarnos en tu entrenamiento y…

- ¡REMUS! – Gritó la chica alarmada, ambos giraron a verla pero ya era tarde, estaban rodeados.

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El día y la hora pactado había llegado al fin, los miembros del Clan Velivam esperaban a las afuera de la cabaña a que la Orden del Fénix llegara, y no tuvieron que esperar mucho, cuando el reloj marcó la 1:30 am, escucharon el sonido de seis apariciones a unos cien metros de distancia.

Yuichiro y Marcus tomaron con precaución el mango de sus respectivas espadas, Patrick y Johana prepararon sus pistolas, y Jazmín tomó una flecha de su carjac, lista para tensar el arco en cualquier momento.

Del bosque salieron seis figuras, diferentes siluetas pero con algo en común: llevaban una capa de viaje con la capucha puesta lo que impedía la visión de sus rostros.

- -Un traidor viene entre ellos – Susurró Patrick olfateando el aire.

- - Lo sé – Contestó Marcus casi sin mover los labios. Los seis de la Orden llegaron hasta ellos, colocándose en hilera de forma que cada uno quedase frente a uno de la Guardia de Honor, y el restante, quien parecía el líder, y a su vez ser el más joven, quedara tras los ingleses; de forma que frente a Yuichiro había un hombre encorvado con profundo olor a alcohol y tabaco, a su lado estaba Johana y de quien tenía al frente solo pudo distinguir dos cosas: Que era mujer, y un mechón de su cabello que salía de la capucha, el cual era rosa chicle.

Luego estaba Jean Marcus, y frente a él se hallaba un sujeto robusto, con una pata de metal; a mano derecha del líder de la Guardia estaba Patrick quien con una sonrisa de superioridad y asco observaba al hombre frente a sí; y por ultimo estaba Jazmín, frente a ella había un hombre musculoso de piel negra.

- Es un honog estar aquí frente a ustedes para buscag el cese a las difegencias entre mi Clan y su sociedad – Comenzó Jean Marcus en ingles, con un perfecto tono diplomático.

- Lo mismo digo – Dijo el joven que dirigía a la Orden del Fénix.

- Sin embargo quisiégamos sabeg ante quien estamos…

- Además del traidor Lupin por supues… – Dijo Patrick con ligero acento ruso y marcada mofa en su voz, interrumpiendo a Marcus.

- ¡Silencio! – Rugió Jean Marcus, Patrick lo obedeció sin chistar, luego se dirigió a los ingleses – Considegamos que sería una muestra de educación ver sus rostgos.

- Sin embargo yo no lo consideró así – Dijo el jefe de la Orden – O por lo menos no aquí, entremos a la cabaña.

- Me parece bien – Dijo el hombre de ojos grises – Después de ustedes – Dijo señalando la puerta de la cabaña; los miembros de la orden entraron en orden, luego lo hicieron los del Clan Velivam, Marcus retuvo a Patrick para que entrara con él y en un susurro retador le dijo - Yo no soy mi padre que te aguanta todo niño, que no se repita, o no respondo – Dijo refiriéndose a la interrupción del pelinegro; este asintió con los puños apretados; odiaba que se refirieran a él como niño; claro, como no tenía un siglo de vida...

- Muy bien, ya estamos aquí – Dijo Johana.

- Así es, pero es imperioso que su líder revise algunos detalles con el nuestro – Dijo la voz lenta y profunda del hombre musculoso de piel negra.

- Con eso no habrá ningún problema – Dijo Marcus.

- Pero queremos que sea en privado – Pidió la voz de la única mujer de la Orden – Para evitar que alguien… - Aunque por la capucha no se podía estar seguros, era obvio que miraba a Patrick – interrumpa.

- Esta bien, pego den la cara – Exigió Jean Marcus.

El joven que liderizaba la Orden del Fénix se dirigió a la habitación contigua pero antes de desaparecer de la vista de todos se quitó la capucha dejando caer al suelo, permitiendo que todos los demás vieran la parte trasera de su cabellera azabache y alborotada.

Como si esa hubiese sido la señal, el resto de los de la Orden se quitaron sus capuchas; Jean Marcus fijó su mirara en Remus por unos segundos y luego siguió al chico hasta la habitación de al lado, cerrando la puerta tras él.

- Pero miren al traidor Lupin y sus amiguitos – Se burló Patrick, era evidente la aversión en su voz. Remus se mantuvo en silencio.

- Yo a ti te conozco – Dijo Yuichiro con acento chino, observando al hombre tosco de la pata de metal y un ojo mágico – Te he visto antes, pero no lecueldo tu nomble.

Moody gruñó sin decir palabra alguna, observó a sus compañeros, el hombre de piel negra, calvo y con un pendiente de oro en su oreja le hizo un gesto para que mantuviera la calma.

- Cre…creo que deberíamos pre… presentarnos – Dijo con voz miedosa el hombre bajo, encorvado, con sucio cabello rojizo y un imperioso olor a tabaco y alcohol.

- ¿Para qué? – Inquirió Patrick – Ya conozco a este traidor: Lupin, despreciado en nuestro Clan casi tanto como Greyback. – Remus apretó los puños e intentó abalanzarse sobre él, pero la mujer pelirrosa: Tonks lo evitó poniéndole la mano en el hombro.

- No es el momento – Susurró ella.

- ¿El momento paga qué? – Preguntó Jazmín con desconfianza. Se hizo un profundo silencio en el que no se escuchaba nada, y cuando digo nada, quiero decir NADA.

- Algo pasa – Susurró Yuichiro en una frecuencia demasiado baja para que un ser humano común pudiera escucharlo, al perecer, además de los del Clan, solo Remus lo escuchó; pero antes de que se dijera algo más, un estruendoso golpe provino de la habitación contigua; La Orden sacó sus varitas, los del Clan sus armas comenzando de repente un feroz ataque.

- ¡Cúbreme! - Exclamó Patrick a Johana, dirigiéndose hacia la puerta que daba a la habitación donde Marcus estaba, a la vez que sacaba su varita: El Conde Poulsen le había pedido algo y él debía cumplirlo.

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La Sra. Weasley despertó sobresaltada: había escuchado un fuerte golpe proveniente de la puerta principal de la casa. Se mantuvo en silencio un par de minutos a ver si escuchaba los golpes nuevamente pero nada pasó; el reloj marcaba las tres de la mañana y se dispuso a acostarse nuevamente casi convencida de que había sido solo un sueño, cuando escuchó nuevamente: Era como si quisieran tumbarle la puerta a golpes.

- ¡Arthur! ¡Arthur despierta! – Exclamó la mujer alarmada zarandeando a su esposo. El aludido despertó rápidamente.

- ¿Qué pasa? – Preguntó, pero no fue necesario que le contestaran, los golpes seguían, aunque a una frecuencia e intensidad variable. Arthur tomó su varita de su mesita de noche, Molly lo imitó; ambos se pusieron de pie, y con precaución salieron de su habitación. Ginny y Hermione salieron de la habitación que compartían ambas con cara de sueño.

- ¿Qué pasa? – Preguntó la pelirroja estrujándose los ojos.

- Vuelvan a su habitación- dijo el señor Weasley en un susurro; ambas chicas se vieron y se apresuraron a seguirlos.

Los cuatro llegaron por fin al rellano, el señor Weasley se acercó a la puerta mientras que su mujer apuntaba firmemente con su varita; las dos chicas veían con cierta preocupación.

Los golpes fueron disminuyendo, se escuchó un gemido de dolor, y otros dos golpes más. El Señor Weasley abrió la puerta rápidamente, pero un grito de sorpresa fue lo que salió de la boca de todos al ver a Harry, Remus y Tonks caer de bruces en el umbral de la puerta, los tres con feas heridas por doquier que sangraban a montón.

- ¡Vengan, ayúdenme! – Exclamó la Señora Weasley corriendo hacía ellos para ayudarlos a ponerse de pie. Arthur sirvió de apoyo a Remus quien parecía luchar por no entrar en la inconsciencia. Hermione y Ginny tomaron a una Tonks desmayada; y Molly gritó al intentar poner de pie a Harry justo cuando este votaba una arcada de sangre.

Ron bajó atraído por los gritos, y palideció al ver la escena ante sí, rápidamente ayudó a recostar a Tonks mientras sus padres se encargaban de los otros dos.

- Ron, llama al profesor Dumbledore – Gritó Ginny.

- Y sanadores – Agregó Hermione alarmada; el aludido no se hizo de rogar y se dirigió con prisa a la chimenea

- ¿Qué sucedió? – Inquirió el Sr. Weasley.

- Nos atacaron – Dijo Remus a duras penas.

- ¿Quién? – Inquirió Molly

- Mor… mortifagos – Dijo Harry para luego caer en la inconsciencia.

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- -¿Qué te parece si vienes a cenar esta noche a mi casa? – Inquirió Carolina, una de las Guardianas de la Cámara del Conde Poulsen; la chica era una hermosa rubia de ojos azules.

- -Está bien, siempre y cuando tu hermana sea el postre – Dijo con voz picara Georgette, una chica de pelicastaño de ojos de igual color.

- -Déjate de buscar algo con ella – Dijo Carolina con voz cansina – La novia de mi hermana es muy celosa, si se entera que le pusiste el ojo…

- -Tranquila, no va a pasarme nada – Dijo la castaña sonriente, sonrisa que desapareció al notar un brillo plateado salir por debajo de la puerta. - ¿Qué fue eso? – Preguntó empuñando su espada.

- -Entremos a ver – Exclamó Carolina preparando su arco, eso no le daba buena espina debido a que a esa hora el Conde estaba dormido. Con cierta precaución abrieron las puertas de roble, pero la escena que vieron ante ellas las hizo gritar.

- -¡CONDE POULSEN! – Gritó Georgette corriendo alrededor de quienes habían aparecido en el salón – ¡CONDE POULSEN! – Seguía gritando golpeando la puerta de detrás del trono con alarma. Carolina por su parte salió de la sala diciendo algo como "Avisar a Swada"

- -¿Qué sucede Georg…¡MARCUS! – Gritó el Conde alarmado al salir de su habitación y ver en el centro de la sala, justo sobre el dibujo del escudo del Clan estaban los miembros de la Guardia de Honor; pero no estaban bien: Yuichiro y Jazmín se mantenían de pie gracias a que se ayudaban mutuamente, Johana se tambaleaba de adelante hacia atrás como si estuviera a punto de caer.

Pero lo peor no era eso, en medio estaba Patrick aferrado al cuerpo de su líder Jean Marcus quien en el área del estomago tenía clavada una espada de plata y su rostro pálido tenía una clara expresión de desconcierto pero sus ojos abierto se mostraban totalmente vacios; sin duda estaba muerto. En menos de lo que tarda un pestañeo ya se hallaba junto a él, apartó a Patrick con un fuerte manotazo para ser él quien, llorando amarga y caudalosamente, callera de rodillas y se aferrara al cuerpo de Jean.

- -¡Marcus!¡Marcus! – Lo llamaba con un hilo de voz; sus manos estaban vueltas puños que se aferraban con fuerza y desespero a la camisa del occiso. – Marcus… - Su voz se quebró mientras hundía su rostro en el pecho de Jean Marcus; la sangre manchaba su lujosa túnica, pero a él no le importaba, en esos momentos nada, absolutamente NADA le importaba.

Un par de lagrimas surcaron las mejillas de Patrick quien con paso tambaleante se acerco a un par de metros del Conde Poulsen y se puso de rodillas, ladeando un poco la cabeza hacía la derecha y halándose el cuello de su camisa para dejar al descubierto el suyo propio.

- -No… Patrick – Gimió Jazmín al saber que pretendía hacer.

- -Señor, le he fallado – Comenzó en un susurro – No cuide a su hijo tal como lo pidió y estoy arrepentido; le ofrezco mi vida a cambio de mi error.

Los ojos del Conde Poulsen se alzaron rápidamente, tenían un peligroso brillo rojo y una ira infinita. Yuichiro y Jazmín se estremecieron ante lo que pasaría luego.

- -¿Tu vida? – Preguntó en un peligroso siseo mientras se ponía de pie y llegaba ante él - ¡TU VIDA NO ME SIRVE DE NADA! – Le gritó con ira golpeándolo en la mejilla con tal fuerza que el pelinegro voló por los aires deteniéndose únicamente ante el fuerte impacto de su cuerpo contra la pared de la habitación.

Yuichiro se estremeció y Jazmín tuvo que controlarse para no intervenir; Patrick por su parte se puso de pie con dificultad ayudándose con la pared, para luego acercarse con paso tambaleante al Conde; la boca le sangraba a cantidad; pero eso no evitó que volviera a arrodillarse ante su líder y ofreciera nuevamente su cuello. El Conde lo miró furioso ¿Cómo se atrevía a ponerse de pie?

- -Tu vida no es nada – Escupió golpeándolo nuevamente. Patrick volvió a volar por los aires y golpear con la misma pared, pero una vez más se colocó frente a su líder en la misma posición – No vales ni la milésima parte… - Lo golpeó nuevamente y la escena se repitió; todo el rostro del pelinegro sangraba cuando este le ofreció nuevamente su cuello al Conde- … De lo que vale… - Otro golpe - Jean Marcus – Culminó con un último golpe ten fuerte que dejó inconsciente al segundo al mando de la Guardia de Honor; el piso estaba siendo manchado por su sangre que fluía a raudales por las heridas de su cuerpo causadas por los golpes.

Georgette intentó dirigirse hacia él para intentar ayudarlo, o por lo menos llevarlo con un medico, pero la voz del Conde lo detuvo:

- -No des un paso más… Les prohíbo que lo ayuden – la ojicastaño se detuvo en el acto: Ni ella, ni ninguno de los presentes eran idiotas: no se debía desobedecer una orden directa.

El Conde Poulsen se dio media vuelta para dirigirse nuevamente hacía Jean Marcus; pero un grito desgarrador los sobresaltó a todos:

- -¡JEAN! –Sawda había entrado junto a Carolina y Rebeca; estas últimas se quedaron de pie junto a la puerta abierta de par en par, mientras ella corría con lagrimas amargas en los ojos hacía el cuerpo de su marido.

Cayó de rodillas junto a Jean Marcus y se aferró a él, levantando su cabeza para abrazarla fuertemente contra su pecho; el rio desbordante que surcaba desde sus ojos caía por su rostro para mezclarse luego con la sangre de su esposo a la vez que las palabras se atropellaban en sus labios para convertirse en sollozantes ruegos.

- -Jean… Jean – Sollozaba la joven con la respiración entrecortada – Amor… por favor… no me dejes – El Conde Poulsen se fue acercando a ella con extrema lentitud. Georgette, Rebeca, Jazmín, Yuichiro y Carolina los observaban con tristeza; hacía rato que Johana acompañaba a Patrick en la inconsciencia – Te… nec… te necesitamos… yo… tu hija… amor por…

El Conde Poulsen se detuvo en seco al escucharla ¿acaso había dicho "tu hija"?

- -Sawda – La llamó este.

- -Teníamos planes… amor por favor – Seguía sollozando la mujer separándolo de su pecho para acariciarle con un pulso tembloroso el rostro y luego rozarle los labios fríos con los suyos – Le diríamos… le diríamos a tu padre… y luego… - No pudo seguir hablando más, su llanto no se lo permitió; se derrumbó sobre el pecho de Jean Marcus llorando sin consuelo; el conde Poulsen se arrodilló junto a ella y acarició su espalda en un gesto de apoyo pero se detuvo cuando, por primera vez se fijó en la espada que aun se hallaba clavada en el estomago de Jean Marcus.

Con rapidez inhumana se puso de pie y sacó la espada de su cuerpo; luego de observarla por una fracción de segundo, susurró:

- -Un cazador… - Giró la espada y notó el grabado en la hoja con el Fénix cuyas alas abrazaban las iníciales H.J.P. – La Orden del Fénix no sabe con quién se metió, le daré casería a cada uno y matare al maldito dueño de esta espada y a quien se interponga en mi camino…

- -Yo lo ayudare – Susurró Sawda con odio y rencor en sus palabras; nadie en esa sala la había oído nunca hablar así, siempre había sido una joven amable y bondadosa – Mi señor, no le quitare el honor de matar al asesino de Jean, pero al menos permítame acabar con el primer desgraciado al que atrape…

El conde Poulsen asintió con decisión y preguntó

- -¿De quienes son estas iníciales? –la interrogante no iba dirigida a ninguno en particular.

Yuichiro y Jazmín se miraron; Rebeca se mostraba expectante y Carolina y Georgette algo intrigadas.

- -Pues vera señor – Comenzó Yuichiro – Los de la Orden nos engañaron, Dumbledore no estaba presente y no se lo valla a tomar a mal pero…

- -¡DI EL MALDITO NOMBRE! – Gritó el Conde con furia apretando fuertemente la espada; todos se sobresaltaron, incluso Sawda

El hombre de rasgos asiáticos mostraba una inseguridad que Jazmín no comprendía, por lo que fue ella quien, con voz clara, respondió.

- -Son de Harry James Potter

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Espero que les haya gustado n.n el proximo capi se llama Venganza.

No se olviden de los reviews =D

Nos leemos pronto

Besos =3