Carta a Casa II:

Maldita Mujer:

Usted me está utilizando para probar a su maldita vieja Señora que soy capaz de ser digno. Por mucho que me divierta, me molesta aún más.

La única razón para que te escribiera una maldita carta es porque no tenía nada mejor que hacer, además de tratar que no me disparen en mi jodido culo.

No puedes entender lo que jodidamente está sucediendo aquí de todos modos. Estás tan jodidamente a salvo que no tengo la maldita paciencia para hacer frente a tu maldita vieja que está diciendo cómo no debería haber hecho esto o lo otro.

Voy a dejar de escribir ya que no tiene ningún maldito sentido.

-Sargento. Y. Hiruma

Hiruma había leído la carta de Mamori unas ocho veces antes de decidirse a escribir una respuesta por la noche. Ahora que la respuesta había sido escrita se sintió mejor. Por una vez, podía darle un maldito pedazo de sus pensamientos sin preocuparse de su madre irrumpiendo en la habitación para husmear alrededor. Eso y que su carta le molestaba. Sin más indicaciones, Hiruma escribió la dirección y selló el sobre para enviarlo.

—¡Jodido canijo!— Hiruma gritó fuera de su tienda hacia el campamento. Sena y sus rápidas piernas no le defraudaron.

—¡Pre-presente, Señor!— Sena saludó, todavía temblando un poco en sus botas. El miedo que le causaba le hizo huir convirtiéndose en el mejor mensajero y arreglándoselas para mantenerse siempre lejos del enemigo.

—Envía la maldita carta. Piérdela y seré yo el único que te mate. —le dijo Hiruma con una mirada.

—¡Sí, Señor! — Sena bromeó con miedo. Él había dejado de decir "hiii" en el campo de entrenamiento y acabó diciendo "sí, Señor" cada vez que se asustaba.

—Y recuerda la orden de esta mañana. — dijo Hiruma serio mientras Sena caminaba de vuelta a su tienda.

Más tarde, esa noche, Sena descubrió la carta dirigida a Mamori.

Cuando llegó la respuesta de Mamori, Sena simplemente la metió en el bolsillo de su uniforme (como lo hizo con todo su correo) y se escondió lejos hasta la noche. Después se acercó a la tienda de Hiruma y se anunció.

—¡Soldado Kobayakawa se presenta, Señor!— Un muy molesto Hiruma salió de la solapa. Sena tendió un sobre de manila donde había escondido la carta de Mamori mientras nadie le miraba en la sala del correo. Sena libremente ató el sobre con la esperanza de que no se perdería. Hiruma simplemente asintió con la cabeza una vez y le relevó de su carga.

—¡Mierda es-!— Hiruma estaba desenliando el envío de Sena mientras abría la manila sólo para encontrar un sobre blanco en su interior.

—¿Señor?— Sena preguntó.

—Quédate a mano. — ordenó Hiruma y se retiró a su tienda para hacer frente a la carta. Una vez dentro la abrió y comenzó a leer.

Youichi:

¡No debes decir esas cosas! ¡No soy tan frágil como para romperme y me veo muy capaz de hacer frente a mi madre! ¡Además ella no tiene los medios para escribirte y desde luego no tiene los medios para contestarte en persona! ¡Necesitas relajarte y ser menos paranoico!

El otro día escuché por la radio de esa Compañía 021. Al parecer, se las arreglaron para causar algún tipo de ruptura importante a través de las líneas enemigas. ¡Ellos estaban siendo superados en número y asediados a disparos! ¡Debe haber sido increíble!

¡Apuesto a que la compañía está llena de bravos y valientes soldados! ¿Los has visto? ¡Si lo has hecho, dime cómo son!

¿Y cómo te encuentras físicamente?

Con mucho amor,

Mamori A.

—S-sí, Señor!— Sena contestó como acto reflejo al oír salir de la tienda la risa maníaca de Hiruma.

—¡Soldado Kobayakawa!— Ryokan Kurita se quedó sin aliento, un poco sorprendido de ver al soldado de pie esperando fuera de la tienda de Hiruma.

—¡Cabo Kurita, Señor!— Sena saludó abruptamente, con absoluto miedo de Kurita.

—¿Qué estás haciendo aquí, soldado?— preguntó Gen mientras rodeaba a la gran masa que formaba el voluminoso cuerpo de Kurita.

—¡A las órdenes del Sargento, Señor!— Sena respondió secamente. —En este momento está ocupado y no desea ser molestado, Señor.

—Mmm—. Gen frunció el ceño. —Se supone que iba a acabar con nosotros eso esta noche. Lo dijo antes...

—¿Hay alguna razón para este cambio de planes, soldado?— preguntó Kurita.

—No lo sé, Señor. —Sena negó con la cabeza. —Sólo estoy cumpliendo órdenes.

Gen se acercó a la puerta de la tienda y golpeó con la palma un par de veces haciendo ruido en el tejido. En el interior Hiruma detuvo el cacareo de su risa.

—¡El cabo Takekura se presenta, Señor!— exclamó Gen en voz alta.

—¡Mi-er-da!— siseó Hiruma apresurándose a poner la carta y el sobre a resguardo. Sacó el mapa en el que se suponía que trabaja y a continuación asomó la cabeza por la solapa.

—Tu maldito culo puede retirarse. —le dijo Hiruma a Sena rotundamente.

—¡Señor!— Sena dio un saludo temeroso y desapareció de inmediato.

—Vosotros dos, meted vuestros culos aquí dentro. — Hiruma señaló con el dedo pulgar a los dos hombres y procedieron a tener su reunión.