Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la trama está basada en uno de mis libros favoritos, "La Doncella de Piedra" de Susan King. Es una adaptación en la cual, los personajes de King fueron reemplazados por los de Meyer, pero la trama sigue siendo exactamente la misma. A pesar de ser una adaptación, sigue siendo una historia original, por lo cual, queda prohibida su copia parcial o total sin permiso.


Capítulo 1

Escocía, las Highlands, otoño de 1170

En el espacio silencioso y en sombras que precedía al amanecer, Isabella colocó un pequeño saco de avena y un puñado de flores silvestres al pie del pilar de piedra. Murmuró una bendición y dio un paso atrás. Más allá de la alta columna, el lago acariciaba rítmicamente la orilla y el cielo se teñía de un pálido resplandor.

Se retorció las manos con nerviosismo y después se obligó a tranquilizarse, pues sabía que la impaciencia no apresuraría al benéfico espíritu de la Doncella.

La columna llamada la Doncella de Piedra se elevaba a cuatro metros de altura, una roca de granito gris que tenía la forma de una mujer con un vestido. Mostraba unos antiguos relieves en la parte frontal y en la dorsal, ya desgastados en algunos sitios. La niebla envolvía la piedra, fría y húmeda.

—Doncella —dijo—, soy Isabella, hija de Laren de Kinlochan, hijo de Laren, hijo de Donal, hijo de Aodh... —No continuó, aunque sabía los nombres de sus antepasados hasta la propia Doncella de Piedra, con la cual ella compartía parte de un nombre, el de àlainn, hermosa, y hasta Labhrainn, el príncipe irlandés que había fundado el clan siglos atrás.

La leyenda decía que aquella piedra guardaba el espíritu de una doncella que había quedado capturada allí, mucho tiempo atrás, por el encantamiento de una hada. La Doncella de Piedra, según afirmaba la tradición, actuaba como guardiana del clan Laren. Durante generaciones, el clan había depositado ofrendas y había pronunciado conjuros para recabar su protección. Como jefe del clan desde la muerte de su padre meses antes, Isabella tenía la esperanza de obtener un designio tranquilizador que llevar a su gente.

Murmuró su hondo deseo de ver a su clan a salvo y en la prosperidad, y esperó.

El viento susurraba por encima de su cabeza, soltando hebras de su cabellera trenzada de color tierra. Oyó el canto de los pájaros, el murmullo del lago, el ladrido de su perro de caza al asustar a algún ratón de campo en las cercanías. El sol naciente arrancaba destellos a la fortaleza de madera de Kinlochan que se alzaba al otro lado del estrecho brazo de agua. Permaneció pacientemente de pie junto a la piedra, pero no se produjo ninguna señal clara.

Suspiró. Tenía que encontrar una manera de salvar el clan Laren de desvanecerse en el recuerdo de las Highlands*. La solución que necesitaba no vendría de las ofrendas y los cánticos; tan sólo una acción rápida resolvería aquella situación.

El perro llegó corriendo hasta ella y empezó a trazar círculos a su alrededor nervioso, sin parar de ladrar. Isabella escrutó la niebla y vio un ciervo rojo que hociqueaba entre el brezo.

Ach, Finan, sientes nostalgia de perseguir a los ciervos, ¿eh? —le dijo al perro al tiempo que le tocaba la cabeza, que le llegaba a ella más arriba de la cintura. El fiero ladrido del perro le provocó escalofríos en la espalda—. Finan, ¿qué ocurre?

Entonces vio un hombre que caminaba por la cima de la colina y comenzaba a descender por la ladera. Isabella lo conoció por su estatura y su fuerte constitución, por su cabello castaño claro y desaliñado y los colores rojo y marrón de su tartán*.

Era James*, el joven jefe del clan Nechtan, su enemigo, que venía hacia ella. De haber sabido que él estaba allí, que la estaba observando mientras ella estaba sola, excepto por el perro, no se habría quedado en aquel lugar.

— ¡Quieto, Finan! —ordenó, y sujetó con la mano el collar de cuero del animal. Este agitó su alargado cuerpo, emitió unos roncos gruñidos en lo profundo de su pecho, y encrespó el fuerte pelo gris azulado, pero se quedó donde estaba, tal como esperaba su dueña.

— ¡Isabella de Kinlochan! —James se detuvo a escasos metros de ella, con las piernas separadas. Su voz profunda y grave surcó el ambiente apacible que se respiraba—. Te he visto mientras cazaba con mis hombres. Quiero hablar contigo en privado.

—James MacNechtan —dijo ella—. No tenemos nada que decirnos.

—Claro que sí. ¿Están tus hombres por aquí? —preguntó, mirando alrededor.

—Lo estarán pronto —repuso Isabella, sabiendo que se pondrían a buscarla cuando se percataran de su ausencia, o cuando alguien de Kinlochan volviera la vista hacia la piedra que se alzaba en la otra orilla del lago.

Isabella conocía a James de vista, pero rara vez había hablado con él desde que era niña, cuando los caminos de ambos se cruzaban con demasiada frecuencia al recorrer ella las colinas en compañía de sus dos hermanos pequeños y su hermano adoptivo. James había demostrado ser una persona de espíritu mezquino tanto de niño como de adulto, e Isabella no quería tener nada que ver con él.

Pero James y ella eran los jefes de sus respectivos clanes enfrentados, y ella no podía rehuirlo si él quería hablarle. El comienzo de la paz entre ambos podría depender de unas pocas palabras.

Isabella permaneció erguida y orgullosa, como una hermana gemela del gran pilar de piedra, y sostuvo firmemente el collar del perro para mostrar a James que estaba protegida por el animal y también por la piedra y su leyenda.

—Calma a ese perro tuyo, o lo haré yo por ti. — James se tocó el puñal que llevaba al cinto*.

—Finan, Mór—dijo Isabella—. Finan, bonito. Cálmate. —El perro de caza se quedó quieto, pero rugiendo por lo bajo.

—Un perro de caza grande como ése es para que lo tenga un hombre, no una mujer —observó James.

—Finan es mío desde que nació.

—En ese caso, ha sido malcriado por la mano de una mujer.

Isabella miró a James sin alterarse.

—Puedes probar, a ver si es como dices.

—Estás a salvo —repuso él—. De momento. La leyenda de la Doncella de Piedra garantiza que ningún hombre del clan Nechtan puede hacer daño a una mujer del clan Laren, o de lo contrario sufrirá las consecuencias.

—Es una lástima que ninguna leyenda impida que el clan Nechtan haga la guerra a los hombres del clan Laren —replicó Isabella.

—Alimentamos un viejo rencor hacia vosotros, que es lo que nos da el derecho de haceros la guerra.

Isabella lo miró furiosa.

— ¡Vuestro odio hacia nosotros es antiguo, pero el nuestro también lo es! Nos destruiríais a todos si pudierais.

—A ti no, Isabella. Tú has de ser mía.

— ¡No te atrevas a decir eso en presencia de la Doncella!

—Ella ya no puede protegerte mucho más. El encantamiento termina en primavera, todos lo sabemos. —Miró a Isabella ceñudo. No tenía un rostro desagradable, incluso con aquella mandíbula ancha y saliente, pero la ira que ardía en sus ojos oscuros estropeaba su semblante más que ningún defecto—. Algunos dicen que el poder de la Doncella para ayudar a su gente está menguando ya.

—Nuestro bardo* dice que el poder de la Doncella aumentará cuando termine el encantamiento —repuso Isabella. En realidad, no estaba segura de lo que sucedería cuando la magia de aquella piedra terminase la primavera siguiente.

—Eso es lo que diría el viejo Billy MacLaren, ¡antes de decir que tu clan está perdido! —James chasqueó los dedos en un gesto de rechazo—. La Doncella de Piedra ya no os mantendrá a salvo, si es que lo ha hecho alguna vez. La Doncella y su clan se hundirán juntos.

—Puede que estemos debilitados por la guerra, la enfermedad y la mala suerte —dijo Isabella acaloradamente—. Puede que queden pocos que lleven nuestro apellido. Puede que estemos amenazados por un enemigo cruel —le dirigió una mirada de furia—, pero nuestro orgullo y nuestro legado permanecerán. ¡Tú no puedes destruir eso con tus incursiones ni con tu odio!

James se encogió de hombros.

—Si quieres escucharme, traigo buenas noticias para tu clan.

—Las noticias que son buenas para el clan Nechtan no pueden serlo también para el clan Laren —replicó Isabella. Volvió la vista hacia Kinlochan, al otro lado del lago. Unas finas columnas de humo se elevaban de las chimeneas; pronto sus hombres empezarían a buscarla. Si veían a James con ella, habría otra escaramuza.

—He solicitado al rey Guillermo la mano de la doncella de Kinlochan. La doncella viva, no la de piedra. —Soltó una risita ante su propio mal chiste.

Isabella dejó escapar una exclamación.

— ¡Jamás me casaría contigo!

—Ahora eres una heredera, y yo debo casarme pronto. Tu padre ha muerto y no puede acordar tu matrimonio.

— ¡Muerto por tu mano!

—Por mi mano, no, Isabella. — James sacudió negativamente la cabeza—. Por mi mano, no.

—Haya sido por la tuya o por la de otro, lo mató una espada MacNechtan, la misma que se llevó también a mis hermanos. ¡Jamás me casaría contigo ni con nadie de tu misma sangre!

—Sé que tú y tus parientes mayores deseáis poner fin a esta enemistad. Y mi gente me insta a que te despose. Ya es hora de casarme.

—Puedes casarte con la mujer a la que desposaste por el rito del apretón de manos y luego repudiaste —dijo Isabella.

—Con ella, no. Me casaré contigo. — James hinchó el pecho—. No hay ningún honor que ganar guerreando con los ancianos del clan Laren. Tú no puedes supervisar sola esta vasta propiedad. De modo que debes convertirte en mi esposa. Sé que tu padre así lo deseaba.

—Jamás —dijo Isabella con los dientes apretados. Finan emitió un ruido grave y se movió hacia delante. Ella le tocó la cabeza con dedos temblorosos—. ¡Nos quitarías nuestra tierra y hasta nuestro nombre!

James frunció el ceño en un gesto siniestro.

—El rey tiene derecho a decidir tu matrimonio, puesto que eres la única heredera y posees título y tierra. Dejaremos este asunto en sus manos. Le he enviado un mensaje con mi oferta de desposarte. Lo complacerá que se ponga fin a esta disputa de un modo tan fácil.

—Ni el rey en persona puede obligarme a hacer algo que no deseo.

—Una mujer terca es una mujer necia —musitó James—. Había oído decir que eras una muchacha voluntariosa, pero esperaba que fueras más sensata. —Hizo un gesto de impaciencia—. Los hombres del clan Laren son demasiado viejos para blandir la espada. Tu hermano adoptivo, Jacob MacGregor, es joven, pero está solo y nosotros somos muchos. —Dio un paso adelante, pero retrocedió cuando el perro soltó un ladrido—. Cásate conmigo, y la sangre del clan Laren perdurará en nuestros hijos.

— ¡No quiero tener hijos que lleven el apellido MacNechtan!

Él rió suavemente.

—Encantadora pero peleona. También he oído decir que eras fuerte. Dicen que has recibido la formación de un maestro de la piedra, como otros de tu clan, y que usas el martillo y el cincel* igual que un hombre. —Le recorrió todo el cuerpo con los ojos brillantes—. Yo tengo un martillo y herramientas que podrás utilizar cuando gustes —Su sonrisa se hizo más malvada.

—Márchate —le espetó Isabella—. Mi brazo es fuerte, pero se está cansando de sujetar a este perro.

James la miró con los ojos entornados. En ellos ardía una fría cólera.

—Doncella de piedra —siseó—. Escúchame bien: Vendrá la primavera, y con ella terminará tu seguridad. ¿Quién protegerá a tu clan entonces? No será una muchacha con un mazo. Ni tampoco unos pocos hombres ancianos.

—Mi clan te matará un día, James —murmuró ella.

James sonrió con una expresión dura y fría.

—Podría tomarte ahora mismo si quisiera, al pie de esa piedra. Ni perros ni hadas podrían impedírmelo. O también puedo hacer tiempo hasta la primavera. Yo tengo donde elegir. Tú, no.

—Sí puedo elegir. —Isabella alzó la barbilla—. No pienso casarme contigo. Y ningún rey ni ningún montañés podrá obligarme a hacerlo.

—Seré generoso y te concederé tiempo hasta el día de santa Brígida, cuando termine el encantamiento, para que aceptes. Para entonces, el rey habrá enviado su aprobación. Cásate conmigo, o verás cómo muere tu clan. —Se encogió de hombros—. Cualquiera de las dos alternativas supondrá el fin de la enemistad.

Dio media vuelta antes de que Isabella pudiera responder, y se internó a grandes zancadas en la niebla hasta desaparecer más allá de la cima de la colina. Isabella lo observó con el corazón acelerado. El perro ladró, pero permaneció junto a ella rugiendo implacable, con el cuerpo en tensión.

Acarició el frío granito de la piedra y cerró los ojos, deseando fervientemente una solución, un salvador. Un milagro. Inclinó la cabeza para rezar y susurró una antigua bendición en gaélico para complacer tanto a su herencia cristiana como a la celta.

Después se volvió y echó a andar hacia Kinlochan. Finan corrió por delante de ella a través de la alta hierba parda mientras rodeaba el extremo del lago, donde el agua rozaba pacíficamente los guijarros de la orilla.

El sol matinal había disipado la niebla, y la torre de madera de Kinlochan, dentro de la empalizada que la circundaba, resplandecía con un color rojo tierra a la claridad del amanecer. Más allá, unas oscuras montañas se elevaban a lo lejos, sus agrestes cimas coronadas de nubes. Bajo ellas, el lago estrecho y alargado se extendía como un estanque de plata.

Las puertas de la fortaleza se abrieron de par en par para dejar salir a tres hombres, con los tartanes ondeado contra sus piernas desnudas. Agitaron la mano y bordearon la orilla del lago, siguiendo el camino que había tomado antes Isabella. Esta contestó agitando también la mano y siguió andando, y estuvo a punto de tropezar cuando su pie topó con un palo que había en el suelo. Se agachó y recogió una flecha olvidada que estaba escondida entre el brezo*. Estaba raída y desgastada por la intemperie, pero la punta aún se veía afilada. Isabella se preguntó si aquello sería el presagio que estaba esperando. Si era así, era malo, porque debía significar más guerra.

Decidió tirar la flecha de nuevo, pero se detuvo al recordar su reciente sueño de un caballero dorado cuyo escudo llevaba el dibujo de una flecha. Él le había ofrecido salvar a su gente en apuros. Cautivada, Isabella había decidido gustosa acompañarlo, incluso al otro mundo.

Exhaló un suspiro, pensando en aquel guerrero hermoso y fuerte. Pero los sueños no le servirían de nada en aquel momento.

Finan ladró y echó a correr hacia los hombres. Ella lo siguió con expresión pensativa, llevando la flecha en la mano.

— ¡Isabella! —la llamó Jacob, su hermano adoptivo, que se acercaba corriendo por entre la alta hierba junto a su primo mayor Harry y Quil*, uno de sus dos tíos abuelos. El perro se abalanzó hacia ellos. Jacob tocó la cabeza de Finan con la mano al pasar y recibió a cambio una mirada de adoración.

Llegaron hasta ella, Jacob moviéndose con ágil elegancia a pesar de su constitución alta y corpulenta. Su cabello negro le flotaba suelto alrededor del bello rostro, y un tartán sujeto con un cinturón se agitaba sobre sus musculadas piernas.

—Te hemos visto con James —le dijo—. ¿Estás herida?

— ¿Podemos matarlo? ¿Adónde ha ido? —preguntó Harry, de mejillas hundidas y cubiertas de una incipiente barba, y unos labios finos y contraídos por la cólera. La brisa agitaba su cabello plateado contra su cara, y él se lo echó hacia atrás con el muñón lleno de cicatrices de su muñeca izquierda.

— ¿Estás herida? —Quil dio un paso al frente, el cabello acero y plata, los ojos negros y encolerizados—. Habría matado a James el Negro con mis propias manos si lo hubiera visto antes.

—Tus viejas piernas no habrían podido alcanzarlo —dijo Harry.

—Ya me preocuparé yo de lo que pueden hacer mis viejas piernas —replicó Quil.

—Estoy bien —los tranquilizó Isabella rápidamente—. Estaba bajo la protección de la Doncella. James jamás me habría hecho daño allí.

—Cierto, sería un necio si olvidase el encantamiento —dijo Harry.

—Ya es un necio —señaló Quil.

—Necesitas la protección de una espada fuerte, no de una piedra enhiesta —dijo Jacob. Normalmente era de carácter tranquilo, pero su rostro se veía en tensión y tenía las manos cerradas en dos puños—. No confíes en ningún hombre del clan Nechtan.

—James no se atrevería a hacerme daño —volvió a tranquilizarlos Isabella. Pero por dentro estaba temblando al recordar la amenaza de James de tomarla al pie de la piedra, con encantamiento o sin él.

—No tendrá espada, pero tiene una flecha —dijo Harry, observando el proyectil que Isabella sostenía en la mano—. ¿Dónde la has encontrado?

—En la hierba.

—Una flecha de los elfos —musitó él—. Déjala, puede que la hayan perdido las hadas.

—Está hecha por el hombre —terció Quil—. Necesita un nuevo recubrimiento, pero la punta todavía se encuentra en buen estado.

—La encontré después de hacer una ofrenda a la Doncella. Tal vez sea un presagio para nosotros —dijo Isabella.

—Una señal de que habrá un MacNechtan menos —dijo Harry—. Está bien hacer una ofrenda en un día tan bueno, pero no deberías haber salido sola.

—No gozarás de la protección de la Doncella mucho tiempo más —apuntó Quil—. Pronto llegará el final de los setecientos años de encantamiento.

—Faltan meses para el día de santa Brígida —dijo Isabella.

— ¿Y qué es lo que quería James el Negro? —quiso saber Harry.

—Llevarse tú otra mano —soltó Quil con énfasis.

Baothan —gruñó Harry—, cretino.

Jacob contuvo una risita.

—Haya paz, por favor —dijo—. Isabella ha pedido a su gente que pase el invierno en Kinlochan. Hemos de mantener la paz entre nosotros. Ella ya tiene bastante de que preocuparse.

—Así es —dijo Harry—. Isabella, anoche bajamos de las colinas después de ver a Rosalie. Se niega a venir a Kinlochan. Incluso le ofrecimos llevar su enorme telar*, pero ella quiere quedarse junto a su chimenea.

—Ojalá pudiéramos convencerla para que se reuniera con nosotros —comentó Isabella.

—Es como convencer a la pizarra* para que se convierta en mármol —dijo Quil—. Ha tomado la decisión de pasar allí el invierno.

—Aún echa de menos a su Emmett Mór, aunque ya ha pasado más de un año desde que le dijeron que había muerto. —Isabella suspiró—. Es difícil perder un amor tan profundo, tan fuerte.

—Volveremos a hablar con ella —señaló Jacob—. Dinos qué quería James, Isabella.

—Es obvio lo que quiere James, y por ello deberíamos arrancarle la cabeza —dijo Quil, apoyando los puños cerrados en las caderas.

—Habló de matrimonio —comentó Isabella.

Quil soltó un bufido de desdén. Harry parpadeó horrorizado.

— ¿Qué dijo? —preguntó Jacob bruscamente.

—Os lo explicaré mientras comemos unas pocas gachas* calientes. Tengo hambre. —Se adelantó y llamó con un silbido a Finan, que había vagado hasta la orilla del lago.

— ¿James MacNechtan está pensando en casarse con nuestra toiseach, nuestro jefe, nuestro miembro más joven?—preguntó Harry, con los demás caminando a su lado—. ¡Eso no puede ocurrir nunca!

—Nunca —concordó Quil—. Nuestros clanes necesitan la paz, y ella necesita un marido, pero no ese marido.

—Hemos hablado a menudo de ello desde que murió Laren MacLaren —dijo Jacob—. Ya es hora de que te cases, Isabella.

—No es fácil encontrar un guerrero que esté dispuesto a unirse a una guerra, y que además guste a este clan —repuso Isabella.

—Casarse con el jefe del clan Laren supone muchas ventajas —dijo Harry—: Bosques llenos de ciervos, un lago repleto de peces, pastos para el ganado, una bella muchacha de orgulloso linaje...

—Y una disputa de sangre heredada de varias generaciones —añadió Isabella con amargura.

—Tú eres la más joven, la última de nuestra sangre —dijo Quil—. Un matrimonio cuidadosamente elegido puede procurar la seguridad a nuestro clan durante varias generaciones más.

Seguridad. Isabella deseaba intensamente la seguridad para todos. Se le hizo un nudo en la garganta.

—Pero el hombre con el que me case dará su apellido a nuestros hijos. ¿Qué pasará entonces con el clan Laren?

Sus hombres guardaron silencio.

—El hombre con el que te cases podría tomar nuestro apellido —sugirió Harry.

—A veces se hace algo así, según he oído decir —dijo Quil.

Isabella frunció el ceño.

— ¿Dónde vamos a encontrar un hombre que acepte el apellido de nuestro clan, además de nuestros problemas?

—Ojalá pudieras casarte con nuestro Jacob —dijo Harry—. Él no es de tu sangre, y nos quiere mucho a todos.

—Pero es su hermano adoptivo —señaló Quil.

—Le corresponde al rey decidir con quién se casará —dijo Jacob—. Él tiene el derecho de escoger esposo para una heredera soltera. Isabella, pronto deberás rendir homenaje por tu herencia. Pide ayuda al rey Guillermo sobre ese asunto.

Ella asintió, comprendiendo que podría apelar al rey antes de que la petición de James fuese tomada en cuenta y aprobada.

—Lo haré, pero tendrá que ser pronto.

—Jacob puede acompañarte a la corte —dijo Harry.

—El rey pasa el invierno en Dunfermline, a dos días de aquí. Seguro que conocerá a algún caballero hambriento de tierras y deseoso de entrar en una disputa.

— ¿Y si sugiere un caballero extranjero?—preguntó Quil.

Harry sacudió la cabeza en un gesto negativo.

—Le diremos lo que queremos. Somos leales, y él no desea ver desaparecer un antiguo clan. Nos apoyará y nos encontrará el paladín celta que necesitamos.

—Isabella —dijo Jacob en voz baja, mirándola fijamente—. Eso es lo que tú deseas en un marido, ¿no es así?

—Lo que complace a mi clan me complace a mí —repuso ella, pero de pronto le tembló la voz.

Sabía que su deseo secreto sería imposible de cumplir. El caballero dorado que había visto una vez en sueños no existía.

Se dio la vuelta, todavía sosteniendo la vieja flecha en la mano, y se encaminó hacia la ladera rocosa que conducía a las puertas de madera de Kinlochan.


Las Estaciones

Marzo a Junio: Primavera

Junio a Septiembre: Verano

Septiembre a Diciembre: Otoño

Diciembre a Marzo: Invierno


Àlainn – hermosa

Ach – ¡Ay! ; Ah

Mór – gran ; grande

Baothan – cretino (*Esta traducción no es completamente segura)

Toiseach/Taoiseach – Primer Ministro ; gobernante


James: Según "Saga Crepúsculo: Guía Oficial Ilustrada", James tiene el cabello castaño claro y no dorado como se demuestra en la película a través del actor, Cam Giganget.

Quil: El Quil de esta novela será Quil Ateara III o mejor conocido como el Viejo Quil.

*El físico y personalidad de los personajes de Meyer serán de la manera en que se describen en el libro "Saga Crepúsculo: Guía Oficial Ilustrada". Cuando estos no sean como se demuestran en las películas o en los libros, será aclarado aquí.


Highlands: (también conocidas como Las Tierras Altas) es una región montañosa del norte de Escocia. Es un área con baja densidad de población y con un relieve muy variado.

Tantán: Tela de lana con cuadros o listas cruzadas de diferentes colores, característica de Escocia. Los clanes se identifican y diferencian entre sí gracias a su estampado y colores.

Cinto: Faja de cuero, estambre o seda, que se usa para ceñir y ajustar la cintura con una sola vuelta, y se aprieta con agujetas, hebillas o broches.

Bardo: Poeta de los antiguos celtas.

Cincel: Herramienta de 20 a 30 cm de largo, con boca acerada y recta de doble bisel, que sirve para labrar a golpe de martillo piedras y metales.

Brezo: Arbusto de la familia de las Ericáceas, de uno a dos metros de altura, muy ramoso, con hojas verticales, lineales y lampiñas, flores pequeñas en grupos axilares, de color blanco verdoso o rojizas, madera dura y raíces gruesas, que sirven para hacer carbón de fragua y pipas de fumador.

Telar: Máquina para tejer.

Pizarra: Roca homogénea, de grano muy fino, comúnmente de color negro azulado, opaca, tenaz, y que se divide con facilidad en hojas planas y delgadas. Procede de una arcilla metamorfoseada por las acciones telúricas.

Gacha: Comida compuesta de harina cocida con agua y sal, que se puede aderezar con leche, miel u otro aliño.

*Dependiendo del contenido de cada capítulo, según mi criterio, pondré el vocabulario que considere necesario para que el lector entienda mejor la historia.

**Definiciones de la RAE**


Respuesta a Reviews Anónimos

MARIANA: Si, sería increíble que pudiera actualizar todos los días, y te digo que lo haría porque tengo el tiempo suficiente, pero no sería muy justo ¿Sabes? Porque me parece que el hecho de que haya un tiempo entre capítulo y capítulo ocasiona un misterio entre estos que me parece muy importante. Gracias. Besos. :)


¿Qué opinan hasta ahora? ¿Qué me dicen de James MacNechtan? ¿De Jacob MacGregor?

Se que es un poco estresante leer a los personajes con diferentes apellidos, pero por ser una novela histórica, no quería cambiar mucho las cosas. Sin embargo, el apellido Swan, Cullen, Black o Clearwater no cuadraría mucho con la época de los clanes de Escocia.

Olvidé mencionar la anterior vez que los días de actualización serían los Miércoles, pero ahora lo saben, así que estén pendientes los lectores que no tienen alerta en el email. ;)

Espero de todo corazón que les haya gustado este nuevo capítulo.

Un beso y un abrazo,

Dani.

P.D: ¿Merezco un Review?