Ahora, Ahora…

Enamorado

Fye, Kurogane (y creo que ahora parte de mi imaginación) pertenecen a CLAMP yo solo soy admirador de tan ilustres personas, agradezco la fuente de inspiración y reitero ¿que sería del mundo sin las fuerzas vitales que nos mueven? los sentimientos miedo, odio y amor, este último inspira esta vez mi musa (espero nunca me abandone).

Eran ya cerca de las seis de la mañana y el tren acababa de arribar a Santa María, Kurogane y Fye bajaron con equipaje en mano, el lugar estaba casi vacío, era de suponerse además de la hora, estaba el hecho de que por esas fechas a mediados del mes de octubre no había vacaciones ni algún feriado significativo, a excepción claro de la fiesta del veinte de octubre en el mismo pueblo, una reunión en la plaza principal para honrar a la luna; caminaron hacia el pequeño mercado que se encontraba enfrente de la estación del tren, Kurogane llevó a su joven acompañante al lugar que el llegaba a desayunar cada que iba al pueblo en compañía de su padre.

El mercado estaba mucho más lleno que la estación del tren; en su mayoría eran trabajadores del mismo mercado como los cargadores y los dueños de los locales, el lugar no era tan limpio como Fye estaba acostumbrado en la mansión de los Suwa, pero no caía tampoco en lo sucio, de hecho al lugar al que llegó a desayunar con su joven amo estaba bastante limpio.

-Aquí venden unos guisados de lo más deliciosos -tomaron asiento en unos banquitos en la barra donde atendía una mujer mayor y su familia, el nombre de la pequeña fonda era "burritas Doña Pantera".

-Disculpe joven pero, ¿por qué doña Pantera? -preguntó Fye desconcertado por el sobrenombre.

Kurogane no pudo contener una leve risa y le contestó - ya lo veras después -les tomaron la orden Kurogane pidió ocho tacos de asada una torta grande de pierna, y una coca de medio litro, a la mujer mayor, a la que llamó señora Leonor, Fye se sorprendió mucho ante la gran cantidad de comida que había pedido el joven, él solo ordenó cuatro burritas y una taza de café; Kurogane le dedicó otra de sus seductoras sonrisas cuando notó la sorpresa en el rostro del chico rubio.

Un grito un tanto fuerte asustó a Fye, quien dio un pequeño brinco en su lugar, entonces comprendió el por que del apodo de la mujer encargada del local, "doña pantera" regañaba a una chiquilla posiblemente una de sus nietas pues se había equivocado con la orden de un cliente.

El siguiente punto al que fueron era el hotel en el centro del pequeño pueblo, el Plaza De Los Cerezos, el lugar no era muy grande pero contaba con la clasificación de cinco estrellas, la fachada denotaba la clase y el agradable ambiente que tenía el hotel, al entrar Fye se quedó asombrado ante la belleza del interior, los pisos eran de mármol y tenía hermosos candelabros de cristal, la recepción estaba en el centro de la sala, el joven Kurogane se adelantó a la misma para pedir la habitación.

-Muy bien jovencito vamonos ya -Kurogane tenía entre sus dedos la llave de la habitación que tenía el numero 302.

-Di-disculpe joven Kurogane, ¿solamente pidió una habitación?

-Así es ¿por qué, te molesta?

-No es eso pero…

-Si no te molesta entonces vamos a dejar nuestras cosas a la habitación, descansamos un poco y después vamos al pueblo a comprarte algo de ropa…

-Como cree joven Kurogane eso no sería justo…no tiene por que comprarme nada…

-Si te dije que no trajeras mucha ropa fue por que pensaba comprar prendas para ti, el señor Ishida me dijo algo que es verdad, que eres un mocoso sucio y desliñado…

Fye agachó la cabeza, no podía creer que el joven Kurogane le dijese algo tan cruel, tal vez era verdad pero no tenía que ser tan frío al decirlo.

…Y me di cuenta de que no es tu culpa, con lo que ganas no puedes comprar ropa para ti, y como no sabes manejar no puedes ir a ningún lado a comprarla y menos pagar un viaje, eres el más joven de la hacienda es por eso que te doy este trato, además me doy cuenta de cómo se porta contigo Ishida, esto será como una especie de castigo para él.

Fye sonrió levantó la cabeza y agradeció a su joven jefe

-Muy bien ahora que ha quedado aclarado todo vamos a la habitación.

Los dos jóvenes subieron al tercer piso, recorrieron un pequeño pasillo y llegaron a su cuarto, Kurogane metió la llave la hizo girar y ambos pasaron al interior, el lugar era bastante bonito, tenía dos camas matrimoniales, una mesa de noche, de madera también, cada una a su lado con sus respectivas lámparas de noche, y una de esas nuevas cosas que llamaban televisiones, además el cuarto contaba con un balcón que daba a la calle principal de la plaza del pueblo, la vista era hermosa pues la plaza estaba llena de árboles de cerezo que tanto le gustaban a Fye, una de las particularidades del pueblo pues en ningún otro lugar del país se encontraban esos árboles.

Fye acomodó sus cosas en el pequeño armario de la habitación, el joven Kurogane hizo lo propio con sus pertenencias, una vez que todo estuvo acomodado, cada uno se recostó en una cama, Fye tomó la que estaba más cercana al baño, y el joven Kurogane la que se encontraba al lado del balcón. Casi de inmediato ambos se quedaron dormidos, Fye estaba teniendo un sueño, bastante raro por cierto, en el cual él, Kurogane y un par de niños parecían estar huyendo de unas extrañas criaturas con forma humanoide.

Kurogane se despertó sin saber por que, volteó a la cama contigua y descubrió que Fye parecía estar teniendo un sueño angustiante, pues sudaba mucho y su cara tenía una ligera expresión de susto, se acercó al él y lo movió un poco para que se despertara.

Cosa que consiguió, pues Fye abrió rápidamente sus ojos, volteó a todos lados y una vez que comprobó que seguía en la habitación con el joven Kurogane soltó un suspiro de alivio.

-¿Qué te pasa Fye?-Kurogane tenía curiosidad por saber que había soñado.

-Joven Kurogane…ah…tuve el sueño más raro que recuerde…

-Quieres contarme de que se trataba, tal vez eso te ayude a tranquilizarte un poco, pues hasta estas sudando frío…

Fye no sabía que responder, tal vez el joven Kurogane pensaría que estaba loco, o que estaba inventando todo, aun así le empezó a contar lo que había vivido en el sueño.

-En el sueño usted, yo y otros chicos que no logro identificar como conocidos míos, un joven y una jovencita, estábamos en un lugar donde había muchos cerezos, como en este pueblo, pero no era aquí, parecía ser de noche, unas extrañas criaturas con forma humanoide y de color negro nos seguían, en el sueño; no se como explicarlo pero parecía que usted y yo éramos unos expertos en técnicas de combate pues nos enfrentábamos a ellos sin problemas, y parecía que éramos muy amigos también, al igual que el chico y la jovencita que le mencioné, era como si los cuatro nos conociésemos de mucho tiempo…pero al final de la batalla…usted estaba herido de gravedad y eso me asustaba bastante, pensaba que usted iba a morir…pues había perdido un brazo y yo no sabía que hacer…entonces las sombras esas o monstruos o lo que fueran, se acercaban y nos cerraban el paso…y…desperté.

Kurogane parecía extrañado ante el relato de Fye no sabía que decirle era obvio que eso jamás pasaría, pero aunque así era sentía una gran desazón, no sabía por que.

- No te preocupes era solo un sueño, nunca pasara nada de eso, y aunque así fuese, si eso llegase a ocurrir yo estaré ahí para ayudarte en lo que sea.

Fye no supo que responderle simplemente se quedó mirando el gentil rostro de su jefe, más que eso de su amor imposible.

-Pues que se le va hacer, será mejor que vayamos a la plaza para ver que comemos y de una vez hacer las compras que tenemos pendientes, si, aunque me veas con esa cara, te compraré la ropa como ya te lo había dicho desde que llegamos.

Fye se cambió de ropa para salir con su joven amo, dejaron el hotel a eso de las doce de la tarde, se dirigieron primeramente a una tienda de jeans, que estaba en los arcos que se encontraban frente a la plaza, allí Fye escogió unos cuantos, siete, los cuales el joven Kurogane pagó gustoso para desagrado de Fye, pues aun sentía vergüenza de que su jefe le comprara ropa, en otra tienda escogió unos suéteres de lana pues según le habían dicho por las tardes generalmente llovía y el clima se ponía un poco frío.

Después de las compras se dirigieron al centro de la ciudad para comer, Kurogane decidió llevar al chico a comer en el centro de la ciudad, Santa María era famosa además de por su vino, por un platillo que consistía en carne adobada con una salsa especial con especias y chiles del lugar, carne de chivo por cierto, el restaurante se llamaba, Ancora algo muy peculiar para la comida que se servía, a Fye le gustó mucho el sabor que tenía, por lo cual pidió dos raciones, luego, cuando se hubo dado cuenta de que había comido de más se sintió muy avergonzado con el joven.

-Me da gusto que comas bien Fye-dijo el joven cuando notó que el rubio se había avergonzado por haber pedido una doble ración de comida, después de una charla agradable acerca de algunos sucesos que ocurrieron en la hacienda en fechas recientes, tocaron el tema de la literatura; algo que le sorprendió de una forma agradable al joven Kurogane fue que Fye supiera de literatura en un nivel aceptable, o más bien dicho fuera de lo que normalmente sabían los demás chicos de la hacienda que tenían casi su edad, y sus posibilidades económicas, la charla fue agradable y fluida para sorpresa ya de ambos. Kurogane pagó la cuenta y se dirigieron a la plaza, se sentaron en una de las bancas cercanas al kiosco de la plaza, compraron una nieve de garrafa al hombre que pasaba vendiéndola, Fye pidió de fresa y Kurogane de chocolate, la conversación pasó de literatura a cuestiones un poco más personales como las preferencias musicales, la familia, y finalmente se llegó el momento en que tocaron el tema de las relaciones amorosas, según sabía el chiquillo su joven amo estaba comprometido para casarse con una hermosa chica, hija de el dueño de una hacienda cercana a la de los Suwa.

-Eso es verdad, Fye ¿pero sabes? Yo no estoy interesado en ella, de hecho ya alguien me interesa pero no me atrevo a decirle nada por temor a que me rechace.

Fye sentía que se le caía el mundo aunque la prometida de su jefe ya no era un problema, alguien más ocupaba ya los pensamientos y el corazón de su amo.

Kurogane se quedó contemplando el rostro de Fye para ver cual era su reacción, notó que bajó la mirada un momento y su expresión facial denotó tristeza, no sabía si decirle que quien de verdad le gustaba era él, que desde que lo vio quedó prendado de su belleza, y que después, cuando conoció lo que pensaba del mundo, quedo prendado de su sencillez y la hermosura, pero ya de su alma también , que ese viaje solo había sido un pretexto para viajar con él, y poder confesarle todo lo que sentía, finalmente decidió que sería mejor no decir nada aún.

Fye empezó a hablar entonces de otro tema, ya no quería saber nada más acerca de quien ocupaba el corazón de su amado, el tema se desvío hacia cosas más laborales, como las peleas que habían estado sucediendo en la hacienda todo por que el señor Ishida se empeñaba en hacer la vida de los obreros miserable, hasta que los tenía al limite de su paciencia y cualquier otro trabajador que se los encontrase después de un regaño por parte del hombre causaba un alboroto, y muchas veces hasta a los golpes habían llegado y sin ninguna necesidad.

"Será necesario entonces que tenga una platica muy seria con Ishida, en realidad muy seria, no permitiré que siga maltratando a los empleados, mucho menos a ti Fye".

Fye se sonrojó, no sabía como tomar lo que el joven Kurogane acababa de decir, pero le gustaba tanto, deseaba tanto creer que lo decía por que sentía algo especial por él, estaba locamente confundido, se levantaron de la banca y kurogane le pidió a Fye que se regresará al hotel que él iría a verificar que la incubadora estuviera lista, para que la mandaran a la hacienda, Fye aceptó y se regresó al hotel, decidió acostarse un rato, y sin darse cuenta se quedó dormido, en la noche llegó Kurogane, había pasado a la cantina a beber un poco, pero se le pasó la mano y se puso hasta las chanclas, entró a la habitación tratando según él de no hacer ruido para no despertar a Fye, cosa que no logró pues en cuanto entró tiró una mesita que estaba cerca de la entrada, Fye se despertó sobresaltado por el alboroto, se acercó al joven Kurogane y le habló.

"Que le pasa joven, no me diga…claro si viene hasta las manitas, se pasa - dijo al percibir el aroma a alcohol que despedía el aliento de Kurogane -ya váyase a dormir"

"No me digas lo que tengo que hacer" dijo un poco molesto ante el recibimiento que le dio Fye, cerró la puerta de la habitación y se dirigió hacia donde Fye estaba sentado, "lo que pasa es que me siento muy contento de que hayas venido conmigo", -Kurogane ya estaba hablando demás, a Fye se le subieron los colores a la cara ante la declaración de su jefe, y se alejó de él, pues se desconcertó bastante.

Kurogane estando ebrio se sintió con más libertad de acercarse a Fye y lo abrazó por los hombros, "sabes eres un chico genial…además de que eres el más lindo que he conocido" su rostro se acercaba al del otro joven, Fye estaba más nervioso que nunca, la mano de Kurogane empezó a acariciar la piel de sus hombros, cosa que le causo un escalofrío al joven de cabellera dorada. De un momento a otro los labios del joven moreno besaron el cuello de Fye, los brazos de este rodearon la cintura de Fye, el chiquillo no sabía que hacer, estaba en un estado de emociones revueltas, tenía miedo, sentía placer, sentía culpa, pero sobre todo, se sentía enamorado. El besuqueo terminó y las manos de Kurogane bajaban y subían por el cuerpo de Fye, haciéndolo estremecerse, parecía que el joven quería tener toda la acción completa, pero en ese momento el miedo le ganó al placer, y Fye se soltó del abrazo de Kurogane, este trato de insistir y jaló de manera brusca al rubio de ojos celestes, el cual hizo un segundo intento por soltarse, esa vez con éxito, corrió hasta la puerta de la habitación, la intento abrir, pero Kurogane había corrido tras el también, lo tomo en brazos, Fye asustado pataleaba pero era inútil, el joven de cabello oscuro era mucho más fuerte que él. Los besos de Kurogane se intensificaban cuando lo arrojó a la cama, parecía haberle dado nueva fuerza, Fye hizo como que iba a cooperar, es decir no ponía resistencia, pero en un momento en que su joven amo se descuidó, salió corriendo, se dirigió hacia la puerta, escuchó los pasos de Kurogane tras él, pero también oyó que este caía al piso, el jovencito rubio consiguió salir de la habitación, corrió por todo el pasillo hasta llegar a las escaleras las cuales bajó de prisa sin el más mínimo cuidado, pasó por la recepción y salió del hotel, el frío de la noche le dio de lleno en el rostro y en el resto de su cuerpo, después de todo solo llevaba puesto un suéter no muy grueso, y parecía que llovería más tarde, pues a pesar de ser de noche, las nubes eran tan espesas que le daban un tono gris al cielo, que para entonces debería ser ya negro, siguió corriendo y se dirigió a un pequeño café. Se metió de prisa y escondió su rostro a punto de las lágrimas tras una carta con el menú que se encontraba en la mesa en la que se sentó.

Pasaron cerca de diez minutos cuando se le acercó una joven mesera a pedir su orden, Fye revisó su cartera y vio que contaba con suficiente dinero para una cena decente, pero solamente pidió un té de azahar y galletas, necesitaba relajarse después del susto que le había dado el joven Kurogane. No podía creer que hubiese intentado abusar de él, aunque tal vez todo había sido ocasionado por efecto del alcohol -aun así no estuvo bien lo que hizo-pensaba Fye para si mismo.

En la habitación Kurogane se sentía como el más grande de los idiotas, decidió meterse a dar un baño de agua fría para calmar los ánimos y bajarse un poco la borrachera; cuando salió su error fue más evidente y lo sintió de mayor magnitud, Fye salió corriendo, solo, en un pueblo que no conocía, casi a mitad de la noche, y sin dinero suficiente, -me comporté como una bestia - pensaba, se cambió de inmediato, tenía que encontrar a Fye y disculparse, la presión aumentó cuando salió del hotel y miró el cielo nocturno lleno de nubes.

Kurogane se encontraba en la plaza del pueblo preguntando a la gente si no habían visto pasar a un joven delgado, de ojos azules y cabello rubio.

Io ti chiedo ancora

Perche ti amo ancora.

OK queridos lectores (si es que queda alguno) como se han dado cuenta he cambiado drásticamente las personalidades de Fye y Kurogane (creo que solo les queda el físico), es una especie de capricho mió, quise hacer algo totalmente diferente y he aquí mi resultado, en verdad no espero nada con este fic es el primero que escribo, y está hecho a manera de homenaje es un "kurofyege" a pesar de todo, y los temas de cada capitulo tienen nombre de canciones de alguien muy especial. No se si incluiré a Syaoran y Sakura, o Mokona no es mi idea hacer nada parecido a lo que hizo CLAMP, es una historia un poco más compleja de lo que esperé hacerla de hecho surgió como idea mientras escribía una historia acerca de King of Figthers, con un buen vaso de vino tinto en mi habitación, no espero que sea muy largo, no se cuanto me tome escribirla completamente, pero lo que es seguro es que no lo dejaré a la mitad, si estas palabras son leídas por alguien que gusto y si no igual, aunque la mayor recompensa de un escritor es que su obra sea leída desde un punto de vista crítico, y sea comentada; en mi caso lo que más disfruto es hacer lo que quiera con este breve relato, escribirla ya es un desahogo emocional para mi suficiente liberación de la espinita que tenía de escribir algo de Kuro-fye. Y en este caso lo estoy haciendo. (Gracias a GRavity Girl ciertamente eres mi primera crítica y muy acertada en lo que me comentaste, te lo agradeceré eternamente, a Minamino también debo agradecer pues me pareció agradable tu crítica se agradece que lo lean para motivarme a seguir, lo que puedo decir con seguridad es que habrá un poco de lemon) lo único que puedo prometer es una actualización semanal hasta que mis vacaciones terminen o mi locura acabe conmigo.