Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece. Todos los derechos reservados a su respectivo dueño.
Cap 2: Háblame de ti, bella seño…rita.
La pantalla de mi celular se encendió por enésima vez en la mañana. Habían pasado dos meses desde la boda de Erza y Jellal, y en todo ese tiempo mi amistad con Natsu había adoptado unos cuantos límites, aunque él no estaba muy conforme con ellos.
Seguía insistiendo en almorzar o cenar conmigo, buscaba escabullirse a mi departamento para charlar, me llamaba y mensajeaba durante todo el día. Quedaba claro que no pretendía dejarse ganar, pero su forma infantil de resistirse a mi alejamiento comenzaba a exasperarme.
—Lucy, ¿segura que no quieres contestar? —Preguntó mi jefe, el señor Dreyar—. Parece importante.
—No, por favor, no preste atención —guardé mi móvil en mi bolso, ignorando la risita de Loke al ver mi mueca de fastidio—. Continuemos.
—Bien —mi compañero tomó la palabra—. Entonces si no hay objeción, Lucy se encargará del nuevo libro de Freed Justine —todos asintieron—. Se ha previsto lanzar treinta mil copias para la primera edición —hizo una pausa enumerando los puntos importantes de este nuevo lanzamiento—. Dependiendo de la recepción la primer gira se realizará en el país durante Octubre y Noviembre. Si todo sale bien deberíamos estar planificando una gira internacional para la primavera siguiente —Loke me miró—. ¿No tendrás ningún inconveniente, Lucy? ¿Te dará tiempo para la boda?
—Tengo todo bajo control —sonreí con seguridad—. Los tiempos se ajustan perfectamente en ambas agendas. No hay manera que descuide la gira de Freed ni la boda de Levy, así que déjenlo en mis manos.
—Si nadie tiene algo que agregar —habló el jefe— podemos dar por terminada esta reunión —estrechó mi mano—. Contamos contigo, Lucy.
Era la primera vez que tenía a mi cargo un trabajo tan importante como coordinar el lanzamiento de un novelista como Freed Justine y no podía evitar sentirme nerviosa, especialmente porque todo se juntaba con la boda de Levy.
—Te ayudaré en lo que necesites —Loke me guiñó un ojo—. Considérame tu segundo asistente.
—Eres un editor de primera categoría —le sonreí—, nunca podría degradarte a asistente.
—Si es por ti, ten por seguro que haré cualquier cosa —estaba por reírme a sus comentarios, cuando un barullo se escuchó afuera de la sala de juntas—. Cualquier cosa, menos enfrentarme a tu dragón —golpeé mi frente con la palma de mi mano, rogándole a Mashima que ese troglodita no estuviese en la editorial.
—Dime que no es él —Loke echó un vistazo fuera de la sala de juntas y me miró con diversión—. Lo mataré…
—Me cuentas cómo te fue —revolvió mi cabeza con una risa divertida—. Sus fans ya se arremolinaron a su alrededor —Loke no mentía, Natsu causaba sensación siempre que ponía un pie en mi trabajo—. Tienes tres minutos antes de que ''el maestro'' llame a seguridad, ya sabes que no le gusta que sus empleadas dejen su trabajo por flirtear con tu dragón.
— ¡No es mi dragón! —Exclamé con las mejillas sonrojadas, dirigiéndome hasta aquel niño en cuerpo de adulto.
— ¡Ah, Luce! —Me miró con un gesto de enojo—. ¿Por qué rayos no contestas el teléfono? ¿Sabes lo preocupado que es…? —No lo dejé terminar, tiré de su saco y lo arrastré hasta mi oficina, cerrando la puerta tras de mí.
—Te pedí una cosa…solo una, Natsu —conté mentalmente, buscando contener las ganas que tenía de asesinarlo. Paz interior…paz interior…
—Estaba preocupado —tomó asiento frente a mi escritorio, haciendo un pequeño puchero, mientras se cruzaba de brazos—. No atendías mis llamadas.
— ¡Porque estoy trabajando! —Al demonio con la paz, este niño no tenía justificación.
—Hace horas que terminó tu turno —volvió a replicar con aquella voz de pequeño regañado—. Quería que comieras conmigo… —fuerza, Lucy, no te dejes vencer—. Hace semanas que ignoras mis llamadas, ni siquiera me has dejado visitarte en tu departamento y cuando llego a un lugar tú te marchas; ya no sabía qué hacer para verte.
—Te dije que estaría ocupada, Natsu —traté de no perder la compostura, alejarnos no solo era por mi bien, también era por el suyo—. Así que ve a comer con Gray —tomé la agenda color celeste y la guardé en mi bolso—. Tengo muchas cosas que hacer.
—Eso no es cierto —me miró con el ceño fruncido—. Tu asistente me dijo que tendrías la tarde libre, así que no intentes engañarme.
—No tengo trabajo de la editorial, pero si tengo toda la tarde ocupada —suspiré con frustración. Era agotador tratar con su terquedad—. Voy a reunirme con algunos encargados para la boda de Levy y Gajeel —le mostré la agenda azul—. Así que ve a casa —él bajó la mirada— y por favor…no… —vamos, solo dile que no venga más a la editorial, es muy simple.
—Iré contigo —sentenció tomando mi mano y guiándome a la salida.
—No te agradará, te vas a aburrir —él hizo caso omiso a mis palabras, abriéndome la puerta de su auto—. Natsu…
A regañadientes abroché el cinturón de seguridad, dándole las instrucciones para llegar al lugar donde se celebraría la boda de mi mejor amiga. Natsu no dijo nada durante todo el trayecto; estaba molesto, lo sabía bien, pero estar a su lado solo alimentaba mis sentimientos y yo deseaba deshacerme de ellos cuanto antes.
Como bien lo había previsto, mi reunión con los encargados había aburrido a mi acompañante, quien no hacía más que vagar de un lado otro, perturbando la escasa atmosfera de paz que tanto me esforzaba por mantener.
—Entonces levantaré el pedido y para el viernes nos reunimos de nuevo para que revisemos si las flores quedarán bien con los adornos elegidos —Hibiki me sonrió. Era el dueño de la floristería mas importante de Magnolia, además de ser un gran amigo mío—. ¿Cómo van las cosas en tu vida, Lucy? —Miró discretamente en dirección a Natsu—. ¿Algún avance?
—Mejor no hablemos de eso —traté de restarle importancia—. Al menos no ahora —le guiñé un ojo, mientras mi compañero se acercaba a mí.
—Dr. Dragneel —Hibiki estrechó la mano de Natsu con amabilidad—. Hacía tiempo que no lo veía por aquí.
—Luce no me trae muy seguido —refunfuñó él, haciendo reír a Hibiki.
—Bueno, es un gusto volver a verlo —me miró—. Lucy, ¿qué te parece si nos reunimos extraoficialmente? —Observé como el rostro de Natsu se tensaba—. Ya sabes…tratar de cosas que no tengan que ver con la boda —hizo una pequeña pausa—. En el mismo lugar de siempre.
—Claro —sonreí—. ¿Mismo día y misma hora? —Él asintió—. Te veré entonces.
—Estaré esperando —depositó un beso en mi mejilla, a lo que yo no pude evitar ruborizarme—. Hasta luego, Dr. Dragneel.
— ¿Algo que quieras compartir con la clase, Lucy? —Hacía tiempo que no lo escuchaba llamarme por mi nombre, esta vez si se había enojado.
—Para nada —anoté los últimos detalles en la libreta azul y miré a Natsu—. ¿A qué hora entras a trabajar mañana?
—Tengo guardia en la madrugada —respondió cortante, mientras tomaba mi bolso, dirigiéndose de regreso a su auto.
—Entonces ve a casa y descansa —tomé mi móvil—. Llamaré un taxi.
—Estás loca si crees que te dejaré ir sola —gruñó, apresurándome para que subiera al coche.
—Vamos a tu departamento —solté un pequeño suspiro de resignación, él me miró sorprendido—. Te prepararé algo de cenar.
— ¿Y te quedarás a dormir? —Sus ojos brillaron como si le hubiese dado la mejor noticia del mundo.
—Sí, sí, lo que digas —traté de calmar el ritmo de mi corazón—. Solo…conduce.
— ¡Si, señorita! —Sonrió ampliamente, tarareando una canción alegre.
Solo él podía cambiar de estados de animo con tanta facilidad.
La noche fue bastante agradable, mucho más de lo que llegué a imaginar. Natsu degustó mi comida como si fuese un manjar de los dioses, elogiando mi habilidad culinaria en más de una ocasión.
Era agradable volver a estar con él, lo había echado de menos que ahora comenzaba a replantearme la idea del alejamiento. No, debía seguir firme o no conseguiría olvidarlo, pero… ¿cómo hacerlo cuando mi mente y mi corazón lo adoraban tanto?
Una vez que Natsu se retiró al hospital, tomé un taxi a mi departamento. Le había prometido que me quedaría a dormir, solo que él no sabía el detalle de lo que había pasado con Gray y yo no deseaba romper la amistad que ambos tenían.
Gray era una persona maravillosa, un excelente médico y un hombre bastante apuesto; no obstante, mi amiga Juvia había estado enamorada de él desde que lo conoció y Gray solo había ignorado sus sentimientos y muestras de afecto. Lo peor vino cuando me declaró que sentía algo por mí, haciéndome sentir la peor de las personas, pues yo no deseaba que mi amistad con Juvia se viese dañada y sabía que eso la lastimaría terriblemente.
Además, Natsu y él entrarían en conflicto, eso me quedó claro la vez que me vio con una camiseta de Gray, después de que la mía se manchara con la pintura que ambos acababan de colocar en el baño del departamento. Ambos estuvieron a punto de sacarse de los ojos, mientras yo hacía lo posible por aclarar las cosas.
Al final Gray y yo acordamos que seguiríamos siendo amigos y que él haría lo posible por poner ordenar sus caóticos sentimientos, por lo que no volvimos a tocar ese tema. No sabía si realmente ya había aclarado todo, porque por muy bueno que fuese, su corazón era un desastre y yo no era la indicada para acomodar su mundo; pero hasta ese entonces no habíamos convivido solos y yo trataba de prolongar ese encuentro tanto como me fuese posible.
Instintivamente pensé en Juvia y como hacía todo lo posible por enamorarse de Lyon, pese a que todos sabíamos que Gray es y seguiría siendo su más grande amor. Ojalá algún día mi amigo se diese cuenta de lo que dejó ir y que no fuese demasiado tarde para ambos.
Me adentré en el café dónde Hibiki me esperaba, llevándome una sorpresa al encontrarlo acompañado. Era una hermosa joven de rostro amable y ojos color jade.
Mi amigo la había pasado muy mal cuando su prometida Karen falleció y siempre repetía que no creía encontrar de nuevo el amor. ¿Quién diría que llegaría la persona perfecta para él?
Hisui era el nombre de la mujer y a mi parecer ambos eran tal para cual. Me alegraba ver a Hibiki tan feliz, aunque me preocupaba lo que estuviese pensando para ''ayudarme'' en mi situación amorosa.
—Así que finalmente te diste por vencida con él —acaricio mi cabeza con amabilidad—. En ese caso, Hisui y yo tenemos a alguien a quien presentarte —la muchacha asintió, haciendo una seña con la mano a un hombre que estaba en otra mesa.
—Espera… ¿qué? —Parpadeé confundida. ¿Este había sido su plan desde el inicio? — ¿Hibiki? ¿Qué significa esto?
— ¿Eres Lucy Heartfilia? —El extraño me extendió su mano sonriendo con amabilidad—. Es un placer conocerte, me llamo Sting.
—El gusto es mío —le sonreí con las mejillas sonrojadas. Era apuesto, no lo iba a negar, pero no podía creer que Hibiki me hubiese puesto una pequeña trampa.
—He escuchado mucho de ti —se sentó junto a mí, mientras yo le mandaba una mirada asesina a la pareja de embaucadores.
— ¿Ah sí? —Hibiki y su novia sonrieron con nerviosismo—. ¿Eres amigo de ellos?
—Soy primo de Hibiki y amigo de la infancia de Hisui —hacía tiempo que una sonrisa no lograba ponerme tan nerviosa—. Fui yo quien los presentó —sentí mi corazón latir desbocado—. Háblame de ti, Lucy. Me dijeron que organizas bodas.
—En realidad trabajo para una editorial —sonreí—. Planifico bodas como pasatiempo.
—Así que no solo eres bella, sino que también eres brillante —nuevamente mis mejillas se sonrojaron—. Yo trabajo para una agencia de publicidad —eso me dio cayó como anillo al dedo.
— ¿Has trabajado en la publicidad de un libro? —Pregunté con entusiasmo.
—Nunca me han encargado algo tan grande —soltó una risita nerviosa—, pero puedo orientarte si lo deseas.
— ¡Eso es maravilloso! —Exclamé con emoción—. Verás, me encargaron la promoción de un nuevo lanzamiento y es la primera vez que realizo algo de esa magnitud, me vendría muy bien tener el punto de vista de un asesor de publicidad tan experimentado.
Nuestra platica fue tan amena que apenas y me percaté cuando Hibiki y Hisui se despidieron de nosotros. Sting era agradable, inteligente y carismático. Las horas pasaban volando mientras hablaba con él, que se me olvido por completo de que prometí que iría con Natsu a ver una película.
—Mañana en mi oficina, ¿te parece? —Anoté el teléfono de Sting en una servilleta—. Mañana fijamos tus honorarios.
—Ni hablar, esto es un favor —replicó él.
—No dejaré que trabajes en vano. Somos socios —insistí con seguridad—. Negocios son negocios.
—Cena conmigo, Lucy —parpadeé un par de veces—. Esta noche —él me regaló una hermosa sonrisa.
— ¿Noche? —Fue entonces que me digné a mirar por la ventana, notando que efectivamente era de noche—. ¡Oh por Mashima! —Tomé mi celular y mi rostro palideció al ver las 27 llamadas de Natsu y los 45 mensajes de texto—. Va a matarme…
— ¿Pasa algo? —Preguntó Sting al ver que tomaba mis cosas.
—No, es solo que… —mi teléfono resbaló de mis manos y ambos nos inclinamos a recogerlo, golpeando nuestras frentes en el proceso—. ¡Lo siento! —Noté que nuestros rostros estaban muy cerca y no pude evitar ruborizarme.
— ¡Ejem! —Ese carraspeo hizo que levantáramos la mirada al mismo tiempo.
— ¡Natsu! —Tenía esa mirada que no presagiaba nada bueno—. Y-Yo…bueno…
— ¿Quién es él? —Preguntó Sting con curiosidad.
—Permítanme presentarlos —traté de suavizar la situación—. Él es el Dr. Natsu Dragneel, mi mejor amigo —noté que el rostro de Sting se relajaba a escuchar la palabra ''amigo''—. Natsu, él es Sting Eucliff —de mala gana le devolvió el saludo, haciéndome más difícil la tarea de romper con la tensión.
—Estaba preocupado por ti —sentenció con voz severa—. Te busqué por todos lados y nadie sabía nada de ti —yo bajé mi mirada, sintiéndome fatal—. Podías al menos contestar el maldito teléfono y avisarme que estabas bien.
—Lo lamento…yo…
—Fue mi culpa —intervino mi rubio amigo—. Nos quedamos planeando la publicidad que Lucy debe realizar y no le di tiempo de hacer nada más —Natsu arqueó una ceja en un gesto dubitativo, como si no se creyera absolutamente nada de lo que él le decía.
—Te espero afuera —se despidió de Sting con un leve movimiento de cabeza y se apresuró a salir de la cafetería.
—Perdónalo —mi compañero me sonrió—. Él…es un niño en ocasiones…
—Solo estaba preocupado, es comprensible —acarició mi cabello con ternura—. Vete antes de que nos mate —ambos soltamos una pequeña risita—. Nos vemos en tu oficina mañana.
—Hasta mañana —afirmé con ilusión y me dirigí a toda prisa hasta la salida—. ¿Natsu?
Su aura asesina era bastante tétrica y por un momento pensé en salir corriendo por mi vida, pero él tomó mi mano sin decir nada, guiándome por la calle. Escudriñé con cuidado su silueta. Su camisa estaba sudada y desarreglada, su cabello estaba mucho más alborotado y podía notar las manchas de tierra en sus carísimos pantalones blancos.
Una vez que avanzamos un par de calles detuvo nuestros pasos y seguía sin dirigirme la palabra, aunque no me esperé lo que hizo a continuación. Con rapidez se giró hacia mí y me rodeó con sus brazos, escondiendo su rostro en mi cuello, mientras me estrechaba con fuerza.
—Estaba asustado… —soltó con voz débil, abrazándome aún más—. Corrí por todos lados…te busqué en hospitales, en las comisarías… —un nudo se hizo en mi garganta al escuchar su voz quebrarse—. Creí…que te había pasado algo… —acaricié su espalda con suavidad—. Temí lo peor… —supe inmediatamente a lo que se refería. Aquel recuerdo que buscábamos superar.
—Lo lamento… —fue todo lo que pude pronunciar—. Prometo que no volverá a pasar…
—Por más enojada que estés conmigo —nuevamente me descolocó al sentir sus lágrimas en la piel de mi cuello—, no vuelvas a hacerme algo así…
—No lo haré…
Caminamos hasta el cine donde Natsu dejó su auto y en ningún momento se dignó a soltar mi mano. Esta vez yo no podía negarle nada, por lo que me mantuve en silencio, mientras sus dedos se entrelazaban con los míos.
Esa noche dejé que Natsu se quedara en mi departamento. Acaricié su cabello hasta que se quedó dormido, susurrándole que no me pasaría nada malo, que aquello no volvería a suceder.
Cuando dormía parecía tan apacible, como si fuese un niño pequeño frágil e indefenso, muy diferente al hombre con el que convivía día tras día.
—Luce… —susurró entre sueños—. No se lleven a Luce…
Estaba teniendo ''esa'' pesadilla otra vez, por lo que lo rodeé con mis brazos y lo estreché contra mi cuerpo.
—Aquí estoy, Natsu —hablé con tranquilidad—. No van a llevarme…
Habían pasado quince años de ese incidente, pero en ocasiones se sentía como si hubiese ocurrido ayer, especialmente cuando las pesadillas nos atacaban.
Natsu y yo teníamos diez años y acabábamos de salir de clases. Caminábamos de regreso a casa cuando un auto nos interceptó a unas cuantas cuadras. Unos hombres bajaron del vehículo y se acercaron a nosotros, tomando mi brazo para llevarme con ellos. Natsu lo intentó, peleó con todas sus fuerzas, pero no hubo manera de evitar que me secuestraran. Pasaron tres días y mis captores hablaban de que el rescate aún no había sido pagado, y que de seguir así terminarían por venderme en el extranjero. Al día siguiente la policía dio con mi paradero y rápidamente capturaron a los secuestradores. Desafortunadamente yo no pude volver a casa rápidamente y por la deshidratación y la falta de alimentos tuve que pasar varias semanas en el hospital.
Natsu siempre se culpó de no haber sido lo suficientemente fuerte como para protegerme y al parecer esa idea todavía lo aterraba.
—Nunca voy a alejarme de ti —besé su frente y me permití quedarme dormida junto a él.
Y ahí, en la quietud de mi habitación, pude darme cuenta de algo que no había percibido.
Sin importar lo que pasara, yo siempre volvería a él…
Decidí subir juntos estos capítulos, considerando que no sé cuando la inspiración me abandonará x'D
Seguiré subiendo conforme los termine, espero terminar la historia antes de que el bloqueo venga a mí (?)
Espero les guste ^^
Harmony~
