Antes que nada, quería comentar que el resto de los capítulos se van a desarrollar en los años 1998-1999, en donde las chicas todavía seguían en el internado. Por eso va a estar en otro formato la redacción. Voy a intentar jugar con los tiempos y respetar ciertas cosas de la películas y otras no tanto. Tengo pensado en hacer esta historia no muy larga, para no perder la trama y así poder terminarla.
La escribo porque... me tocó una vez dejar al amor de mi vida y desde lejos ver cómo me reemplazaba por otra persona. Y ahora mismo, nos mantenemos en contacto pero con vidas distintas... y una historia que siempre quedó y quedará sin resolver.
Gracias por el aguante :)
Conny : Me alegra leer que te haya gustado el comienzo de la historia.. voy a intentar basarme un poco en la película pero obviamente le agregaré escenas que se me ocurran en mi mente jajaj trataré de hacer lo mejor que pueda para que la disfrutes :) Gracias por comentar! Beso!
atercio : Muchas graciaas! jajaja quédate tranquila que aquí nadie muere... trataré de hacer lo posible de actualizar algo seguido, recuerda que tengo dos historias para escribir.. no es facil! jajaj Muchas gracias por comentar fiel lectora :) Beso!
Brittany POV:
Tú lo único que hacías era seguir a Santana. En tu interior ya te estabas haciendo la idea de que la ibas a seguir en cualquier cosa a esta chica. No sabrías explicar por qué, pero desde aquellos minutos que la conociste… pensaste que era alguien en quién podrías confiar ciegamente.
Aunque tú sabías que lo más probable era que Santana se metiera en graves problemas por poner vodka al ponche que todas las demás estudiantes estaban bebiendo, tú le seguiste la corriente.
Mientras mirabas cómo ella colocaba todo el contenido de la botella en el ponche, observaste cómo un par de chicos se asomaban en bicicleta hacia donde ustedes estaban.
-Buenas tardes señoritas –un chico con un corte de pelo raro las saludó a todas y te ponía incómoda la forma en que miraba a cada una de tus compañeras.
-¿Qué haces aquí, Puck? –Quinn colocó su mano en su cintura y tú notabas que no se veía muy contenta de verlo.
-Sólo pasábamos por aquí, estoy cansado de ver piernas velludas y bolas todos los días, ¿Sabes hermanita? Podrías presentarme a .. –
-Ni lo pienses, a cualquiera le darías ganas de vomitar… primero arréglate ese nido que tienes en tu cabeza y luego hablamos –Quinn le respondió y todas comenzaron a soltar risillas.
-¿Por qué dices eso, Quinn? Tu hermano parece ser muy copado.. –una chica morena se había acercado hacia ellos mientras no dejaba de acomodarse el cabello para llamar la atención.
-Ugh, por favor… Rachel –Quinn revoleó los ojos al ver lo que la chica intentaba hacer.
-¿Qué hacen aquí fieros? No leyeron el cartel? Dice 'Bolas abstenerse' –Santana apareció justo detrás de Quinn. Sostenía dos tasas con esa mezcla de ponche con vodka, de las cuales una fue entregada a ti.
-Ugh, por favor López… me vas a negar que no quieres un poco de este pequeño Godzilla que llevo entre las piernas? –frunciste el ceño al ver cómo meneaba su zona pélvica.
-Deja de hacerme reír, ¿Quieres? Seguro que si te bajo los pantalones, me encuentro con una pequeña serpentina –Santana le contestó y nuevamente todas se empezaron a reír (inclusive tú) al ver cómo el chico se había puesto incómodo y el resto de sus amigos comenzaron a gastarlo antes de que se marcharan por donde vinieron.
-Ahora, quiero ver cómo mueven sus putos traseros! –Santana gritó para llamar la atención mientras colocaba un cassette en el radiograbador y enseguida tomó a Quinn de la mano para traerla hacia ella –Listas para la fiesta, chicas!
-Si! –se escuchó una sola respuesta unívoca. Tú te quedaste mirando cómo todo el mundo bailaba (en especial Santana con Quinn). Para ti era algo más que obvio que la amistad que llevaban ellas era muy especial, eran como carne y uña… no se despegaban para nada. Tú deseabas poder conseguir alguna amiga así.
-Que fiestita se armó, eh? Tú que crees Srita. Pierce? –Una de las profesoras se acercó hacia a ti a la vez que buscaba una tasa con ponche. Tú comenzaste a ponerte nerviosa porque sabías que aquí llegaba el momento en que Santana iba a entrar en peligro, pero no podías hacer nada para evitarlo porque la señora ya lo estaba bebiendo – Uff! Esto… Santana… me lo imaginaba –la profesora comentaba riéndose mientras continuaba bebiendo –sabes, a pesar de que siempre se mete en líos… creo que es la alegría para este colegio –la profesora comentó sonrientemente y tú simplemente asentiste con tu cabeza.
-Qué haces aquí parada! Ven! –Santana vino corriendo para tomarte de las manos y comenzar a girar rápidamente mientras se reía sin parar. Te tomó unos segundos para unirte a su risa.
Podrías jurar que nunca te habías divertido de esa forma desde que tu madre había fallecido.
…
..
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-Hey, novatita… ¿Qué te parece la Sue Sylvester? –Santana te interrumpió la escritura de tu diario. Tú estabas acostada con tu gato estirado sobre tu falda mientras escribías con lujo de detalles cada cosa que había sucedido hoy. Santana estaba acostada sobre la cama de Quinn y fumaba, mientras que la otra rubia leía una revista sentada en el suelo, pero siempre manteniéndose cerca de ella.
-¿La Srita. Sylvester? Creo que es simpática –le dijiste mientras cerrabas tu diario para prestar atención a tus compañeras de cuarto.
-Algunos dices cosas desagradables de ella –Quinn se unió a la conversación sin quitar la vista de la revista.
-Ella y Shelby? Seguro que se entienden –Santana decía entre risillas y tú frunciste el ceño ante esto.
-Santana, olvida eso… es una mujer soltera y son muy buenas amigas… eso es todo –Quinn le respondió a Santana –no seas malpensada ni homofóbica –la rubia dijo esto último un poco más despacio.
-Me pareció simpática –dijiste de la nada y ambas te miraron sonrientemente. Diablos. ¿Habías dicho algo malo? Por eso es que nunca decides hablar, siempre dices cosas que no deberías decir –Q-quiero decir… normal… es decir –
-No está diciendo que no es simpática novata, dijo que es lesbiana y está loca por Quinn –Santana te interrumpió y miró a la rubia que estaba a su lado sonrientemente.
-Quién puede culparla o no, hermosa? –Santana le dijo ampliando su sonrisa mientras tomaba a Quinn de su barbilla para que la mirara, pero ésta le corrió la mano enseguida. Podrías decir.. que estaba algo incómoda pero no sabías por qué.
-Santana! –Quinn la retó en voz baja.
-Está bien… sólo decía rubia –Santana resopló y quitó su mano -¿En qué piensas chiquita? –la latina se dirigió hacia a ti cuando vio que estabas algo perdida.
-Yo también soy liviana, ¿Y qué tiene de malo? –ambas comenzaron a reírse histéricamente y tú te sentías enormemente avergonzada.
-Lesbiana –Santana te repitió todavía riéndose –es cuando a una mujer le gustan otras mujeres –ella te explicó y tú frunciste el ceño. Nunca se te hubiera pasado esa imagen en la cabeza. ¿Dos mujeres juntas? Tus padres nunca te mencionaron que había posibilidades de que dos personas del mismo sexo pudieran estar juntas.
Cuando ibas a preguntar sobre el tema (porque eres demasiado curiosa), viste que Santana y Quinn habían comenzado una guerra de almohadas. Las miraste por unos segundos, hasta que Santana se levantó y fue corriendo hacia a ti para cargarte en sus brazos y llevarte a la cama de Quinn en donde estaban peleando.
-Bájame! –le pediste y enseguida sentiste que te había tirado a la cama y comenzaron a golpearte con las almohadas mientras se reían. Tú conseguiste otra y te uniste a ellas.
Hacía mucho que no te divertías tanto. Tal vez podías más que acostumbrarte a vivir en este internado.
…
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Te despertaste tipo tres de la madrugada porque Lord Tubbington comenzó a golpear con su patita tu rostro para que le dieras de comer. Él siempre tenía la mala costumbre de comer a esas horas tan inoportunas, pero tú como buena dueña que eres… lo complacías. Fue cuando te acercaste hacia la ventana (debajo de ésta se encontraba la latita en donde le colocabas la comida y su agua para que bebiera), que observaste a tus dos compañeras afuera del edificio. Ibas a abrir la ventana para preguntarles qué estaban haciendo cuando…
Viste a Santana inclinarse … y comenzó a besar a Quinn.
Te quedaste shockeada. Era eso a lo que se referían que era ser livianas, lesbianas o lo que sea? O solamente estaban ensayando para luego estar con los chicos y estar experimentadas. No lo sabías. Pero sí sabías que ahora te iba a resultar difícil mirarlas como si fuera normal. Te morías de las ganas de preguntarles si era eso lo que hacían, o si era algo más… qué se sentía besar… si era lo mismo con un chico que con una chica…
Millones de preguntas se te venían a la mente, porque bueno… eres una persona de por demás curiosa…
Pero decidiste dejarlas tranquilas, que continúen con lo que estaban haciendo. Tomaste a tu gato en tus brazos y volviste a tu cama. Tal vez cuando tuvieran más confianza en ti, algún día te lo dirían.
…
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-Arriba! Quinn! Es hora de desayunar! –escuchaste una voz aguda y millones de pasos dentro de tu habitación. Cuando abriste los ojos, pudiste observar que se trataban de unas cinco niñas que acompañaban a una nena rubia (muy parecida a Quinn) que estaba saltando en la cama de Quinn.
-Ugh… deja de saltar, quieres! –Quinn se quejaba mientras se despertaba –Brittany, esta es mi hermana Frannie… vas a tener que acostumbrarte a esto todos los santos días… eres una imbécil, ¿Verdad hermanita? –Quinn le sonrió sarcásticamente a su hermana quien mostraba su rostro algo enojado.
-Muevan sus asquerosos culos de aquí! Váyanse! –Santana se había despertado y comenzó a arrojar almohadones hacia las nenas.
-Ugh, se despertó el ogro –la hermanita de Quinn se quejó.
-Váyanse antes de que vaya all Lima Heights sobre sus putos traseros! –Santana comenzó a correrlas hacia fuera de la habitación y luego cerró la puerta –Ughhhh! Cuando van a dejarnos dormir tranquilas! –la morena se arrojó nuevamente en su cama y cubrió su rostro con su almohada.
-Santana, levántate! Hoy hay tocino con huevos! –Quinn comenzó a vestirse rápidamente.
-Quiiiinnnn… déjame unos minutitos más, por favor –Santana le rogaba pero su amiga quitó la almohada que cubría su cabeza y le arrojó su uniforme para que se vistiera.
-Santanaaa, por favor… sabes cuánto amo el tocino… hazlo por mí –la rubia se arrodilló a dos centímetros de Santana, mostrándole su mejor gesto para que la otra chica se compadeciera de ella. Tú te reías mientras te vestías.
-Ughh, lo hago porque te quiero –la latina se dio por vencida y viste cómo la rubia saltaba contentísima.
-Ve tú primero, enseguida te alcanzo.. –Santana le indicó y ni pasaron dos segundos que Quinn y se había ido.
-¿Qué tal tu primera noche? –Santana se dirigió hacia a ti. No comprendías por qué, pero te ponía algo nerviosa tenerla cerca de ti y… estando a solas en la habitación.
-B-bien –le respondiste –fue la primera vez que no tuve pesadillas –le confesaste algo sonrojada.
-¿Pesadillas? –la morena se acercó hacia a ti. Tú miraste hacia el suelo y asentiste levemente. Querías contarle de qué eran esas pesadillas… pero todavía no podías.
-Ven aquí… ya te irás acostumbrando y esas pesadillas desaparecerán… ya verás –tu compañera te abrazó y acarició tu cabello por unos segundos. Te congelaste al principio, pero luego comenzaste a relajarte. Te hacía recordar cuando tu madre acariciaba tu cabello cuando tú le contabas cosas del colegio de primaria mientras miraban series de dibujitos de Disney juntas. Había algo en esa chica que te relajaba tanto… y te invitaba a abrirte nuevamente al mundo.
-Hey, ¿Probaste alguna vez el tocino? –Santana te preguntó y tú asentiste –bien, creo que lo vas a amar aquí… es la única comida que logran hacerla exquisita –ella te dijo sonrientemente y te tomó de la mano para llevarte hacia el salón en donde siempre comían.
…
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Fue a medida que pasaron los días cuando comenzaste a creer que en realidad sucedía algo más que amistad entre tus compañeras de cuarto.
Empezaste a notar que casi siempre estaban en contacto, o se tomaban de la mano.. o se abrazaban.. siempre estaban tocándose. A lo mejor era de amigas… pero, desde que viste ese beso… dudabas. No era que estabas en contra de ello, para nada. Solamente observabas y admiraba cómo se trataban la una con la otra. Era algo inocente y se notaba la calidez, el cuidado y el amor que brotaban en cada acción que ellas hacían.
A veces, cuando Quinn estaba distraída hablando con otra chica durante una clase, Santana saltaba para defenderla cuando una profesora la retaba.
-Quinn Fabray, ven… ayúdame –la Srta. Corcoran le indicó no muy amablemente que pasara al frente del pizarrón. Enseguida clavaste los ojos en Santana para ver cuál era su reacción. Como siempre, la morena tenía su rostro serio, bastante enojado. Tú sabías que tarde o temprano iba a enfrentarse con la profesora.
-¿Quiere… que resuelva el problema? –Quinn preguntó tímida y nervisamente.
-Sí, ven a terminarlo –la profesora le indicó y la rubia lentamente se incorporó de pie para dirigirse hacia el pizarrón. Tú no sabías cómo hacer para ayudarla. Sabías cómo resolver esa ecuación como si fuera una tonta suma de dos más dos (sí, eras demasiado nerd, te encantaba estudiar y practicar por demás).
-¿Por qué tardas tanto Srta. Fabray?
-No lo entiendo –tu amiga confesó.
-¿Qué es lo que no entiendes? –la profesora insistía.
-Todo –Quinn volvió a contestar y el resto del aula soltó unas pequeñas risillas.
-Creo que eso te pasa por estar cuchicheando –
-O tal vez usted debería implementar otra forma de dar clases –Santana interrumpió a la Srta. Corcoran.
-¿Qué dijiste Santana?
-Lo que ha escuchado, tal vez usted es una inepta que no logra que sus alumnos mantengan su concentración en su apreciada clase…
-Santana López, le ruego que deje de utilizar ese lenguaje durante mi clase… Estoy harta de que siempre me faltes el respeto! –la profesora comenzó a gritarle enfadada mientras Santana se incorporó de pie para ir hacia el pizarrón y resolver el problema que debía haberlo hecho Quinn –Puedo saber qué es lo que pretende?
-Enseñar, Srta. Corcoran –Santana la enfrentó –lo que usted debería hacer
-Santana, basta –Quinn intentó frenarla pero ya era tarde
-Sal de mi clase y ve a contarle lo que has hecho a la Srta. Sylvester! Me has oído! –la mujer ya se encontraba descabellada –supongo que te he hablado!
-Que tenga un buen día, Shelby –Santana le respondió con tono burlón y luego se retiró de clases.
Más tarde ibas a intentar hablar con la morena para pedirle que controlara su actitud frente a las autoridades. No podía ser que Quinn provocara que ella siempre fuera la culpable y terminara en dirección. Por más que quería a la otra chica, no veías justo que Santana pagara las consecuencias por culpa de ella.
…
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Estabas saliendo de tu clase de física cuando pasaste por un enorme salón y te detuviste a ver qué se hacía allí. Para tu sorpresa, había varias parejas que parecían luchar con un estilo de espadas finitas. Cada uno tenía como un uniforme especial. Nunca en tu vida habías visto algo así. Te acercaste más para observar con detalle y quedaste incrédula al ver que Santana estaba combatiendo con un chico. No entendías cuál era el objetivo de esto, ni sabías si era un desafío.. si ella estaba en peligro.. o qué pero comenzaste a desesperarte. Ni siquiera sabías si esto estaba autorizado por el colegio!
-Santana! –gritaste y viste cómo ella se detuvo para girar su cabeza a tu dirección, pero al instante ella fue empujada por su agresor que tomó provecho de su distracción y colocó la punta de su espada cerca de su cuello.
-NO! –comenzaste a gritar y fuiste corriendo a tacklear al hombre que estaba a punto de lastimar o hasta matar a Santana.
-Brittany! –escuchaste a Santana gritar tu nombre una vez que tú te habías abalanzado sobre el chico.
-¿Qué rayos le sucede a esta chica? A caso estás loca! –el chico comenzó a quejarse mientras llevaba sus manos a su cabeza por el gran golpe que se había dado a causa de tu empujón.
-Bambi, ¿Por qué hiciste eso? –Santana te dio su mano para que tú te incorporaras de pie.
-É-Él estaba a punto de clavarte –
-Ohh, no-no-no… esto es un deporte, cariño –la morena se acercó hacia a ti para calmarte porque estabas temblando de la desesperación –él no iba a hacerme nada
-Claro que no! A caso crees que soy un asesino!? –el chico continuaba en el suelo frotándose la cabeza.
-Fue un accidente, Blaine… déjalo ya… no seas marica –Santana te defendió y te tomó de la mano para llevarte hacia un vestuario.
-L-lo siento mucho.. soy una estúpida –comenzaste a arrepentirte de lo que habías hecho. Al saber que todo el mundo había observado lo que hiciste te daban ganas de desaparecer por unos días… porque sabías que ahora ibas a ser el chiste del colegio y todos se reirían de lo estúpida que eres.
-Hey, no digas eso… no eres ninguna estúpida –Santana se acercó hacia a ti y levantó tu mentón para mirarte –es más… lo vi tierno, ¿Quién diría que la pequeña bambi sería capaz de rescatarme? –la morena te bromeaba y tú lo único que podías hacer era ruborizarte.
-Es esgrima –Santana te dijo y tú no entendías qué decía –el deporte, lo que recién estábamos haciendo con Blaine… se llama esgrima –Santana comenzó a explicarte y…
Oh.
¿Eso era un deporte? Y tú creíste que –
Realmente eres una estúpida.
-Hey, deja de pensar de lo que pasó.. –Santana volvió a llamar tu atención –Blaine es mi profesor, no vas a tener ningún problema con él… te lo aseguro –ella te sonreía –es más… podríamos practicar juntas si es que quieres
-J-juntas? –realmente odiabas cuando tartamudeabas. ¿Por qué no podías ser normal? El sólo hecho de que alguien (no cualquiera, sino SANTANA), quisiera compartir algo contigo… hacía que tus nervios volaran como cohete al espacio.
-Claro que sí! ¿Por qué no? Descuida, voy a ser generosa contigo… pero eso sí, me tienes que enseñar a tacklear… fue increíble… ¿Segura que nunca hiciste fútbol americano? –la latina te preguntaba sonrientemente y tú negabas con la cabeza sabiendo que estabas ardiendo de lo rojas que debían estar tus mejillas.
-Wow, realmente eres buena levantando a la gente –Santana te guiñó el ojo y tú querías que la tierra te tragara. Bordó era tu color de piel ahora mismo.
-E-erm… y-yo…
-¿Y? ¿Qué dices? ¿Quieres practicar conmigo? –Santana te insistía contentamente. Tú te morías de las ganas de hacerlo, ¿Qué otra cosa sería mejor que compartir algo con otra persona? Te morías por tener una amiga con la que pudieras hacer tus actividades preferidas… hablar… todo lo que hacen las amigas.
-¿Y Quinn? –le preguntaste sin poder evitarlo. Santana siempre hacía las cosas con ella, ¿Por qué te preguntaba a ti y no a su 'mejor amiga'?
-Ella odia el esgrima, piensa que es poco femenino y violento… quiere que lo deje, pero no lo sé.. es lo único que me sirve para descargar mi bronca e impotencia ante las cosas que me pasan –la morena te comentó algo triste y tú no pudiste controlarte y le tomaste la mano.
-Pienso que no deberías dejar aquello que te haga feliz, tienes todo tu derecho a hacerlo aunque a los demás no le agrade… creo que es egoísta de parte de Quinn obligarte a dejar algo que te libera las frustraciones –le dijiste tímidamente y ella volvió a sonreírte (lo que hizo que tú sonrieras).
-Entonces, ¿Aceptas? –ella te preguntó y como siempre… tú ibas a ceder ante ella, por más que en tu interior tú sabías que te lo había sugerido sólo porque Quinn la había rechazado primero. Tú eres y serás la segunda en esta amistad.
-Claro –le dijiste y enseguida sentiste cómo sus brazos te rodeaban y apretaban contra su cuerpo.
-Gracias, bambi! Vas a ver que no te vas a arrepentir! –Santana te dio un beso en tu mejilla antes de empezar a cambiarse.
Fue ahí cuando por primera vez sentiste arcoíris, mariposas y unicornios revoloteando en tu estómago.
Luego ibas a conversarlo con Lord Tubbington, porque tal vez él sabía por qué sentías esas cosas… a lo mejor él te había puesto en tu desayuno un poco de sus pastillas especiales que lo hacen viajar a las nubes.
…
..
.
-Estás muy callada, ¿Qué estás haciendo? –Quinn se sentó al lado de Santana, su mano acariciaba la espalda de la morena incentivándola a que compartiera lo que le sucedía.
-Si quieren… puedo irme, así las dejo hablar tranquilas –les sugerí al ver que Santana no comenzaba a hablar.
-Quédate, no es por ti… es que me cuesta expresarme –la morena te dijo con una leve sonrisa y tú permaneciste en tu cama –hoy se cumplen once años desde la última carta que me había dado mi madre… solíamos escribirnos cosas, aunque yo sólo tenía casi siete años… nos escribíamos cartitas para que yo practicara la redacción –la latina comenzó a explicar nostálgicamente.
-¿Quieres leerla? –la rubia le preguntó y tomó la mano de Santana para entrelazar sus dedos con los suyos.
-'Querida Santanita' –comenzó a leer Santana con su voz algo quebrada –'No tienes que tener miedo a la oscuridad. Ya casi tienes siete años y estás creciendo a pasos agigantados. Cada vez que creas que algún monstruo se te acerca por la noche, piensa que yo siempre voy a estar allí a tu lado para salvarte. Entre nosotras dos, la fuerza López se duplica y somos invencibles. Nunca olvides de lo mucho que te amo, cariño mío. Donde sea que estés, tu madre siempre estará allí para protegerte. Con todo mi amor… Mamá' –Santana cerró la carta y su rostro se mostraba rígido. Tú pensabas que estaba así porque intentaba con todas sus fuerzas no largarse a llorar. Cuando Quinn la abrazó fuertemente, escuchaste cómo tu compañera comenzaba lentamente a liberar ese llanto que tanto intentaba controlar.
-Shhh… tranquila –Quinn besaba su cabeza mientras la sostenía. Tú querías hacer lo mismo, pero creíste que era un momento íntimo entre mejores amigas… y que no te incluía.
-Sabes.. –Santana se alejó un poco de Quinn –todavía por las noches, cuando tengo miedo y no puedo dormirme… pienso que mi madre está aquí… conmigo… y eso me tranquiliza lo suficiente como para dormirme –la morena decía y al verla llorar, hacía que tú también quisieras llorar. Entendías perfectamente a lo que se refería.
-Ella siempre va a cuidar de ti, San –Quinn la miraba con compasión y ternura –siempre
-Nunca le he escrito a mi madre –Quinn confesó mientras acariciaba el cabello de Santana desde hacía muchos minutos. La morena estaba recostada entre sus piernas, apoyándose en su pecho –siempre hablamos por teléfono
-Quizás por eso nunca dices lo que piensas –Santana le respondió.
-No puedo decir lo que pienso, Santana –le contestó –cómo quieres que le diga lo que pienso en una carta? Por ejemplo…'Querida mamá, te odio… principalmente porque siempre intentas liarme con algún hijo de tus amigos y quieres que sea la chica perfecta, cristiana… me obligas a realizar cosas que detesto y yo sólo lo hago porque quiero estar cerca de ti y que tú estés orgullosa de mí… pero para lo único que me hablas es para indicarme cuántos kilos debo bajar y qué cosas hago mal… a veces me dan ganas de estar muerta…' –Quinn liberó todo lo que sentía por su madre y un gran silenció invadió el dormitorio por unos minutos.
-Vaya, vaya… He logrado que Lucy Quinn Fabray lograra expresarse sinceramente –Santana rompió el hielo con una sonrisa.
-No puedo creer que me hayas obligado a hacer esto! –la rubia se abalanzó sobre Santana y empezó a hacerle cosquillas.
-Mi madrastra siempre habla de mi cuando estoy presente … la odio –era la primera vez que hablabas de lo que sentías, de cómo te hacían sentir… con personas que no conocías –está celosa de que yo esté muy unida a mi padre –dijiste la verdad en voz alta. Lo que más te dolía era que tu padre se iba alejando de ti por culpa de esa mujer.
-La madre de Quinn está celosa de ella
-Deja de decir pavadas Santana, ¿Por qué ella iba a estar celosa de mí?
-Duuuhhh, porque eres más bonita y joven que ella –la morena le respondió y le partió la boca de un beso delante de ti. Enseguida corriste tu mirada hacia un costado.
-Santana!
-¿Qué? Ella no nos va a delatar ni nada, Q… ¿O no, Britt? –Santana se dirigió a ti y tú enseguida negaste con la cabeza. Era más que obvio que Quinn estaba incomodísima al saber que tú ya estabas al tanto de lo que ocurría entre ellas. Tal vez ella no confiaba en ti.
-¿Alguna vez le escribiste una carta a tu madre, Brittany? –Quinn cambió de tema enseguida
-No… y tampoco voy a poder hacerlo, murió cuando yo tenía diez años –dijiste mirando a tu gato pasar cerca de tu cama. Estiraste tus brazos para agarrarlo y colocarlo sobre tus piernas para abrazarlo. Necesitabas algo de contención y Lord Tubbington siempre te lo daba. Pudiste ver de reojo cómo Santana codeó a Quinn por haber metido la pata.
-Hey… puedo oírte, sabes? –escuchaste cómo Santana se movía hasta sentarse al lado tuyo.
-Y-yo –empezaste a tartamudear porque estabas nerviosa, no quería liberar las cosas que pensabas ni sentías… tenías miedo de pasar otra vez como estúpida en este día que estaba acabando.
-Vamos! Puedes confiar en nosotras, cariño… -Santana colocó uno de sus brazos alrededor de tus hombros.
-Querida madre, recuerdas lo que me pediste estando enferma? Yo te sostenía la cabeza entre mis brazos mientras te observaba morir lentamente.. –comenzaste a llorisquear al recordar ese momento. Santana apretó su embrace para hacerte saber que ella estaba allí contigo –me dijiste: 'recuérdame'… y la verdad es que a veces me olvido de tu aspecto… -fue lo último que pudiste decir antes de estallar en llanto.
-Eres muy valiente –Santana te susurró mientras tú te escondías en sus brazos –Brittany la valiente, así te vamos a llamar! –la morena te alejó de ella por un rato para intentar hacerte sonreír, lo cual siempre funcionaba cuando tú la veías sonreír.
-Así que Brittany, ¿Estás contenta de ser nuestra compañera de cuarto? –Quinn te preguntó con una sonrisa compresiva.
-Sí… no lo sé –dijiste intentando secar tus lágrimas y calmar tu respiración.
-¡Cómo que no lo sabes! Somos las mejores compañeras que en toda tu vida pudieras haber conseguido, ratita! –la latina te tiró en tu cama y comenzó a hacerte cosquillas, provocando que te rieras histéricamente.
…
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Esa noche dormiste como los dioses. Salvo que unos ruidos comenzar a despertarte a la madrugada. Al principio lo ignoraste porque creías que era tu oportuno gato… pero cuando tus oídos ya estaban un poco más conscientes y escuchaban mejor… oías respiraciones raras… movimientos… y entonces decidiste abrir tus ojos lentamente para ver a qué se debían esos ruidos.
Cuando tus ojos comenzaron a acostumbrarse a la oscuridad, distinguiste a dos cuerpos en la cama de Quinn. Tus ojos se abrieron del todo alarmados y pudiste comprobar que era Santana quien estaba besando cada parte del cuerpo desnudo de la rubia. Siempre te preguntaste cómo sería el hecho de tener relaciones… el sexo. Sabías que la primera vez siempre dolía un poco… pero claro, lo que sabías (lo justo y necesario, sin mucho detalles) era entre un hombre y una mujer. Nunca habías pensado ni imaginado ni preguntado cómo sería entre dos mujeres… y la verdad era que podías decir que la sensualidad, la delicadez, el amor… era unas de las palabras con las que podrías describir la situación. Obviamente que te basabas en lo que veías.
Quinn no dejaba de arquearse y de hundir su cabeza en la almohada, mientras Santana jugaba con sus pechos y… veías cómo uno de sus brazos se encontraba debajo de las sábanas y se movía frenéticamente.
-Santana –Quinn suspiró en una forma aguda que nunca antes habías escuchado de ella.
-Qué pasa mi amor –la morena inclinó todo su cuerpo para encontrarse a la altura del rostro de la rubia.
-Juntas –Quinn le pidió y Santana se inclinó al instante para besarla ferozmente. Sabías que algo había sucedido cuando escuchaste sus gemidos unirse. Tus ojos sólo podían mirar y admirar lo que pasaba.
-Shhh… que vas a despertar a Brittany –Santana intentaba callar los gemidos de su 'novia' o lo que fuera –Oh, dios… te amo, Quinn… mírame –la morena le indicaba y observaste cómo los movimientos se habían tornado desenfrenados.
-Huuhh! –la primera en gemir y tensarse fue Quinn. Luego Santana la siguió inmediatamente, escondiendo su rostro en el cuello de la rubia y dejando que su cuerpo coalicionara con el de la otra chica. Estuvieron unos cuantos minutos besándose silenciosamente, mientras disfrutaban de las caricias que se brindaban la una con la otra, recorriendo ambos cuerpos con sus dedos.
-No te imaginas de cuanto extrañaba hacer esto –Santana le susurró contra sus labios y como respuesta, Quinn se mordió su labio inferior.
-Te amo tanto, Santana
Observaste un poco más la manera en que se reían juntas mientras se adoraban a través de los roces que se brindaban. Veías cómo nunca se cansaban de besarse.
Fue esa noche en la que comprobaste que Santana y Quinn eran más que amigas.
No sabías si eran novias… o si eran amantes… pero sí sabías que se amaban profundamente.
Y a ti te intrigaba saber lo que era sentir ese amor.
...
..
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Review? :)
