• Autora: Ren
• Palabras: 980
• Advertencias: Posibles faltas de ortografía y gramática, OoC no intencional, mención de Bakugou x fem!Todoroki
• Prompt: New begginings | Nuevos inicios
La idea original involucraba un poco de lo que terminé escribiendo, pero no creí que me decantaría por narrar en primera persona y desde la perspectiva de Uraraka. Igual fue divertido (mucho) escribir en primera persona, siendo que no es voz narrativa favorita.
—Volveré a encontrarte —dije con tanta seguridad que ahora me pregunto cómo no salí volando de la pena, o no me explotó el corazón de tan rápido que me latía—. En esta vida, y en la siguiente. Y en la siguiente de la siguiente.
Recuerdo que él, con sus ojos carmesí y su ceño fruncido, intentaba asimilar lo que le estaba diciendo. Es gracioso ahora que lo pienso, se veía como un cachorro más de la manada, y, aunque para mí era un niño, el decirle algo así lo pudo haber hecho sonrojar más de lo que ya estaba.
—¿Q-qué harás cuando me encuentres? —preguntó. Yo solté una leve risa al ver al gran Rey Katsuki perder su semblante serio con solo mi presencia, esperando alguna respuesta mejor que esa pregunta que, hasta la fecha, me persigue.
No recuerdo qué le contesté, pero creo que fue algo que nos hizo reír a ambos.
Después de ese día, nosotros tuvimos que tomar diferentes caminos, a pesar de que estábamos casados.
Yo tuve que regresar con mi gente, los daños que había dejado la guerra fueron tantos que, aún después de tanto tiempo, nadie sabía a ciencia cierta cuántas brujas perecieron tratando de defender el reino que yo abandoné; muchas me culparon de ir y no regresar antes, yo las entendí...a pesar de que yo estuve en el frente de batalla, entendí ese sentimiento de frustración y odio que algunas habían desarrollado.
Él, el Rey de la Colina de fuego, fue obligado a contraer matrimonio con la Princesa del Palacio de Hielo como parte del tratado de paz. Recuerdo la expresión de odio que Katsuki tenía en su rostro el día que se casó con la Princesa Todoroki, no porque ella fuera una mala persona. Nosotros habíamos combatido junto a ella en la guerra, y la Princesa no era una mala persona. El problema era su padre, Enji.
Katsuki me dijo que Enji había sido desterrado de la Colina de fuego cuando su madre todavía era la gobernante de las tribus que habitan ahí, que era una persona en la que no confiaba. A todos nos quedó claro que el Rey Enji no era una persona buena, no cuando la misma Princesa nos contó todo el cruel entrenamiento al que fue sometida con el único fin de crear algo que es imposible.
Nunca más nos encontramos en esa vida. Yo morí traicionada por una de las jóvenes brujas que perdieron algo en la guerra, y él había sido ejecutado años antes por los crímenes que cometió durante el conflicto que el Rey Enji había creado entre el Palacio de Hielo, y la Colina de fuego. Recuerdo que Kirishima, el último descendiente de la aldea de los dragones me avisó que el Rey Enji se había vengado de la estirpe que lo desterró hace siglos por haber asesinado al anterior Rey de la Colina de fuego, el padre de Katsuki.
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En la siguiente vida lo busqué. Lo busqué tanto como pude, solo para descubrir que él había muerto cuando yo iba llegando al mundo.
Bastante cruel, algo gracioso si lo pienso bien. Por algún momento, creí que él no tendría oportunidad de regresar al mundo por la cantidad de sangre en sus manos. Se supone que aquellos que toman vidas inocentes no pueden volver a la vida, a veces creo que mi deseo de volver a empezar es más fuerte que todas esas leyes absurdas, y somos capaces de lograr lo imposible.
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Hubo una vida en la que nos volvimos a encontrar. Ninguno de los dos recordaba esa promesa que hicimos hace tanto.
Éramos seres tan egoístas, tan crueles que amábamos el sufrimiento ajeno casi tanto como nos amábamos el uno al otro.
Recuerdo…
que en esa vida morimos como la escoria que éramos. Sin oportunidad de pedir perdón, y con un indescriptible dolor que todavía siento en mis huesos.
«Te encontraré en la siguiente vida. Y en la siguiente de la siguiente», me dijo. Recuerdo haber llorado lágrimas que no sabía que tenía, y el dolor en mis pulmones me impidió responderle algo. Ni siquiera recuerdo cómo se veía su cara llena de frustración, ni la sonrisa rota que me dedicó antes de morir.
Para nuestra siguiente vida, y en la siguiente a esa, y en la siguiente de la siguiente, nunca nos volvimos a encontrar.
Tal vez, por el hecho de que habíamos cometido tantos pecados, y teníamos que pagar por ellos.
Hay veces en las que siento correr sangre que no es mía por mis manos, y en ocasiones todavía escucho los gritos de desesperación y dolor de aquellos a los que maté en una vida que ya no es mía.
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Ah. Hay días en los que olvido su apariencia, su voz ligeramente ronca y el bonito color de sus ojos carmesí.
Hay veces en las que olvido que lo sigo buscando, a pesar de que anhelo ver su horrible cabello rubio otra vez.
Es solo que, he vivido tantas vidas, y en muchas de ellas no lo he encontrado que me siento frustrada de no cumplir mi promesa.
Y.…ya sabes, solo quiero darme por vencida en algo que era casi imposible desde el principio.
—Volveré a encontrarte… —murmuro molesta, con todo lo que siento en mi pecho—. Claro. Siempre fui una idiota.
Pero entonces lo veo. Su horrible cabello rubio, su ceño fruncido, el color de sus ojos es el mismo que me encanta.
Hay algo diferente, su semblante se ve distinto. Como si hubiera algo que le molesta, algo que no puede controlar.
«Es...como la primera vez que nos conocimos», pienso. Y las memorias de aquella vida ahora tan lejana me embargan.
Es igual que aquella vez. Estamos las mismas personas, a pesar de que no recuerdo ni a la mitad.
— ...y entonces podremos empezar de nuevo. Como si fuera la primera vez.
