Capitulo 2
El perro.
Al otro día Alex fue la última en despertar esa noche había sido una de las peores de su vida, bajo las escaleras y se encontró con todos, estaba enfadada con ellos, por lo que no hablo en todo el rato. Los Russo se dieron cuenta que algo ocurría, pero decidieron no preguntar porque no sería la primera vez que Alex se levanta de mal humor.
—¿Alex hiciste tus maletas? — Pregunto su madre, Alex solo la miro, eso era un claro no, por lo que Theresa suspiro. —Ve a hacer tus maletas rápido, esta vez tienes permitido usar magia. —
La chica una vez más subió de mal humor, nadie le había dicho que tenía que hacer sus maletas ahora. Ni bien entro a su habitación saco su varita y las hizo en un segundo luego bajo con ellas, ya abajo se sentó y comenzó a comer su desayuno.
—Muy bien, vamos al callejón Diagon todos— dijo Jerry una vez que todos terminaron su desayuno. —Y no olviden su equipaje, se quedarán en un lugar para no perder el tren. —
La familia Russo dejo su casa para transportarse a Londres. Todos aparecieron frente a un lugar llamado el caldero chorreante, en el que Jerry entro seguido de los demás con sus cosas, ya adentro Jerry hablo con un hombre y este sonrió y con magia hizo que las maletas de los jóvenes hechiceros desaparecieran.
—Donde... — Estaba por decir Max cuando Jerry llego junto a su familia.
— Están en sus habitaciones, se quedarán aquí después de comprar sus cosas, no se preocupen este es un lugar muy famoso en el mundo mágico. – Dijo Jerry, Alex hecho un vistazo a su alrededor ni bien entraron, para ser un lugar famoso, estaba muy oscuro y en mal estado. Algunos ancianos estaban sentados en un rincón, bebiendo diminutos vasos de jerez. Uno de ellos estaba fumando una larga pipa. Un hombre de cabello rojizo que estaba hablando con el viejo barman la miro y quedo boca abierta haciendo que Alex pensara que se veía rara o algo, miro a otra parte del lugar para evitar la mirada del hombre y pudo observar que casi todo el lugar tenía el mismo cartel de se busca con la cara de un hombre que se le hacía muy familiar, aunque estaba segura de que nunca lo había visto...
La familia se dirigió a una puerta donde había un muro de ladrillos en el que su padre le dijo a Justin que tocara con la varita una serie de ladrillos hasta que la entrada se abrió revelando el famoso callejón Diagon, la castaña quedo boquiabierta al ver el lugar no podía creer lo que veía, había una larga calle empedrada llena de tiendas y establecimientos, y también repletas de personas vestidas con túnicas, todos eran hechiceros.
— ¿Dónde estamos? — pregunto Alex del asombro, también se preguntó si ella venia de allí o si alguna vez estuvo en ese lugar.
—En el Callejón Diagon— respondió Jerry empujando a Alex y a Max por las calles empedradas, ellos estaban asombrados de todas las cosas que habían en cada tienda, en una tienda había unas variedad de lechuzas en jaulas y gatos de muchos colores, grandes o pequeños, ronroneando muy fuerte, también había varias criaturas que Alex no había visto nunca todo eso estaba en una tienda llamada "Tienda de Animales Mágicos", Alex se había quedado entretenida observando a todos eso animales hasta que su padre la tomo por los hombros y la llevo con los demás.
— ¿A dónde iremos primero papá? —Pregunto Max.
— Necesitamos ir a Gringotts primero, es un banco para magos—. Respondió finalmente Jerry comenzaron a caminar hasta llegar a una alta e impresionante fachada recubierta de mármol blanco, tenía unas grandes puertas de bronce bruñido que se hayan tras unas escaleras, al travesar las puertas se encontraron en un vestíbulo, una sala pequeña que tiene otras puertas. Cruzaron las otras puertas del vestíbulo, para entra a la sala principal. Los tres hechiceros quedaron sorprendidos al ver una cámara de mármol muy larga con más de cien duendes sentados en taburetes altos tras largas mesas.
—Bien, esperen aquí mientras cambio el dinero— Dijo Jerry, estaba por irse cuando se dio la vuelta –Y no hagan nada extraño. - Volvió a decir mirando a Max.
— ¡Oye!, ¿que podría hacer aquí? — Dijo ofendido el menor de los hechiceros.
—Ah, no lo sé Max, ofender a los duendes tal vez... cualquier otra cosa que tenga que ver con molestar aquí. — Dijo Justin señalando el entorno, mientras Theresa y Jerry fueron a buscar el dinero mientras los hermanos discutían.
—Bien... los veo luego voy a explorar un poco el callejón diagon— dijo Alex cansada de escuchar la discusión de sus hermanos, Justin la miro.
—No puedes irte papá dijo que nos quedemos aquí. — dijo Justin, Alex lo miro con una mirada triste.
—Es una pena que él no sea el mío... — dijo y sin decir ni una palabra más salió de gringotts.
—Alex... —dijo Justin, "ella lo sabe..." pensó.
Al salir de Gringotts se dirigió a la entrada por donde vino y salió del caldero chorreante luego sin prestar la menor atención comenzó a caminar por las calles de Londres llegó a un pequeño parque donde no había mucha gente y decidió que ese sería un buen lugar para esconderse un rato probablemente "su familia" se enojarían mucho cuando sepan que se separó demasiado, pero a ella no le intereso, no podía creer todo lo que ocurría todo este tiempo resulto ser que era adoptada y eso le molestaba. se sentó en una banca abrazando sus piernas mientras lloraba cuando sintió la mirada de alguien en ella, lentamente levanto la vista, frente a ella estaba un gran perro negro que parecía mal alimentado, el pelaje enmarañado y con unos grandes ojos grises que la miraban fijamente.
— No tengo comida amigo…— le dijo al perro ya que noto lo mal alimentado que estaba, este solo inclino la cabeza mirándola y se sentó junto a ella, Alex miro al perro y comenzó a acariciarle la cabeza. –Te ves como si te hubieran tratado mal durante años…— El perro no hizo nada solo se recostó en las piernas de la chica disfrutando las caricias. Estuvieron un rato así hasta que Alex se olvidó de sus problemas, por alguna razón ella sentía que ese perro era lo que necesitaba, también cuando le miraba los ojos ella sentía que lo conocía, pero la tranquilidad dura poco, ya que su familia comenzó a buscarla.
— ¡ALEX! — escucho a Justin gritar, con eso el perro se levantó rápido y salió corriendo como si no hubiera un mañana.
— oye… espera ¿A dónde vas? – Dijo ella al ver el perro irse, pero era tarde el perro se había ido por lo que no le quedó otra opción que ir con su familia.
— Alex, ¿dónde has estado? – pregunto Justin, ella no le contesto solo lo miraba enojada, luego de un rato él soltó un suspiro. –Lo sabes… mira, lo siento… pero no podías saberlo se lo hicieron claro a papá, él tenía que mantenerte a salvo…— estaba diciendo, pero ella lo interrumpió.
— ¿Eso incluía mentirme sobre de dónde vengo? Ya que "papá" te lo conto, ¿Quiénes son mis verdaderos padres? – Pregunto ella mirándolo de forma seria, Justin iba a contestar, pero fue interrumpido por la llegada del resto de su familia.
— ¡Aquí están! Alex te hemos estado buscando durante un buen rato. – Dijo Jerry en un tono molesto.
—Quería conocer Londres— Dijo encogiéndose de hombros, no pensaba contarles lo del perro algo le decía que eso mejor se lo guardara para ella, además tampoco admitiría que estuvo llorando, Jerry se dio cuenta de que algo no andaba bien, pero por ahora no haría preguntas.
—Bien tenemos que comprar sus cosas ahora que tenemos el dinero, vayamos de vuelta al callejón Diagon. —Respondió después de soltar un suspiro, ambos adolescentes lo siguieron de vuelta al callejón donde los esperaba Theresa y Max.
—¡Alex! ¡No deberías escapar así! ¡Podría ser muy peligroso! —Le grito su madre, la castaña solo asintió con una mirada triste, cosa que su madre noto.
—Que tal... ¿si comenzamos a comprar sus cosas? primero a por sus uniformes. – dijo Jerry para evitar la tensión y mirando la lista.
Los Russo se dirigieron a una tienda llamada "Madam Malkin, Túnicas para todas las ocasiones" al entrar los atendió una mujer sonriente y regordeta que tenía una túnica de color malva, la verlos la mujer midió a cada uno de los magos y luego de un rato les entrego las túnicas, Alex se movía sin ganas uno diría que es normal de ella, pero no lo hacía por ser vaga, sino porque en realidad estaba realmente triste y su familia lo sabía.
Cuando salieron de la tienda de túnicas Alex se acercó a la tienda de animales que había visto antes, su madre la vio y se acercó a ella.
¬¬— Porque no entras con tus hermanos a comprar unas mascotas, mientras tu padre y yo vamos a por vuestros libros. – Dijo Theresa.
— ¿En serio puedo comprar una mascota? – Pregunto la castaña sin poder creerlo, su madre solo asintió con una sonrisa entregándole unas cuantas monedas de oro y fue con Jerry a comprar los libros de primer año para Max, de tercero para Alex y de quinto para Justin, mientras que los tres hermanos entraron a la tienda de animales.
—Según la lista solo podemos elegir entre un gato, una lechuza, una rata o un sapo. – Dice Justin mirando una lista.
— ¡Genial, quiero un sapo! ¡No, una rata! Y la llamare Roy. — Dijo Max entusiasmado.
Dentro de la tienda de animales no había mucho espacio. Hasta el último centímetro de la pared estaba cubierto por jaulas. Olía fuerte y había mucho ruido, porque los ocupantes de las jaulas chillaban, graznaban, silbaban o parloteaban. La bruja que había detrás del mostrador estaba hablando con dos chicos y una chica que se voltearon a ver cuándo los otros entraron a la tienda, la chica tenía un montón de cabello castaño espeso y ojos marrones. uno de los chicos era alto, tenía cabello rojizo, pecas, ojos azules, nariz larga y flaco. Y por último el chico que captó la atención de Alex en todo sentido, este tenía cabello azabache despeinado, ojos verdes esmeralda y anteojos redondos, al momento en el que ambas miradas chocaron los dos se ruborizaron a Alex le parecía lindo... Esos tres jóvenes parecían de la misma edad que ella por lo que eso le hacía feliz. Para evitar volver a ruborizarse la chica comenzó a mirar las jaulas.
Un par de sapos rojos y muy grandes estaban dándose un banquete con moscardas muertas; cerca del escaparate brillaba una tortuga gigante con joyas incrustadas en el caparazón; serpientes venenosas de color naranja trepaban por las paredes de su urna de cristal; un conejo gordo y blanco se transformaba sin parar en una chistera de seda y volvía a su forma de conejo haciendo «¡plop!». Había gatos de todos los colores, una escandalosa jaula de cuervos, un cesto con pelotitas de piel del color de las natillas que zumbaban ruidosamente y, encima del mostrador; una enorme jaula de ratas negras de pelo lacio y brillante que jugaban a dar saltos sirviéndose de la cola larga y pelada.
— ¡Ay! – Escucho Alex haciendo que se volteara a ver a los chicos, acción que sus hermanos imitaron.
Lo que vieron fue que grande un gato grande de color canela saltó desde la jaula más alta, se le posó en la cabeza y se lanzó contra el chico de cabello rojizo.
—¡No, Crookshanks, no! —gritó la bruja que era dueña del lugar justo cuando una rata salió disparada de las manos del chico de pelo rojo como una pastilla de jabón, aterrizó despatarrada en el suelo y huyó hacia la puerta haciendo que Alex y sus hermanos se movieran.
—¡Scabbers! —gritó el chico, saliendo de la tienda a toda velocidad, detrás de la rata; el otro chico de ojos verdes lo siguió no sin antes enviarle una tímida sonrisa a Alex.
—¡Eso fue de locos! ¡Definitivamente quiero una rata! — Dijo Max mirando hacia la puerta por donde los dos chicos acababan de salir, Alex se volteo a mirar a la amiga de esos chicos que estaba comprando el gato, "bueno... al chico de la rata no le agradara esa idea..." pensó al ver la chica salir.
Luego de todo eso los tres magos compraron sus mascotas, Max efectivamente compro una rata, Justin y Alex compraron unas lechuzas la de ella era hembra, tenía plumas de un marrón claro y plumas blancas y ojos amarillos, la llamo Asterix.
Una vez que los tres salieron se encontraron con sus padres que ya tenían los libros y más cosas.
—Bueno es momento de comprar sus varitas nuevas. — Dijo Jerry.
—¿Varitas nuevas? ¿Pero qué hay de malo con la mía? — Pregunto Alex mirando su varita.
—No hay nada de malo, solo que en Hogwarts no funcionara ya que es diferente ahora vamos. — Dijo Jerry caminando.
Todos se dirigieron a un local donde había un cartel viejo que decía "Tienda de varitas de Ollivander" ni bien entraron el lugar Alex noto que era pequeño, pero no tanto como en la tienda de animales, este lugar estaba repleto de cajas probablemente con varitas. Ella estaba admirando ese lugar cuando un hombre apareció.
—Buenas tardes ¿están aquí para comprar sus varitas? — Dijo el hombre haciendo que Alex diera un pequeño salto y lo mirara, detrás del mostrador había un hombre de edad avanzada con pálidos ojos plateados y piel blanca.
—Sí, ellos comenzaran Hogwarts este año... — Respondió Theresa con una sonrisa, el hombre les hizo una señal a los tres jóvenes magos para que se acercaran, cosa que hicieron.
—Bien ¿Quién quiere ser el primero? — Pregunto el hombre con una sonrisa, Justin fue el primero en dar un paso hacia delante con su usual forma de ser. — Antes de comenzar deben saber que la varita elige al mago puede tomar un rato en encontrar la adecuada. —
Luego el hombre procedió a preguntarle con qué mano escribía, después lo midió para después proceder a probar una serie de varitas, Justin ya había probado como tres hasta que la indicada para el hizo unas chispas.
—Interesante... Debes ser un mago muy dotado esta varita está hecha de Acacia y fibra de corazón de dragón sin duda una combinación bastante interesante. — Dijo el hombre poniendo la varita en una cajita y dándosela a Justin.
—¡Mi turno! — Grito Max empujando a Alex, ella lo miro con el ceño fruncido, pero lo dejo, Ollivander comenzó a medir al chico y solo tuvo que probar tres varitas hasta que la indicada hizo chispas como la de Justin.
—Esta varita está hecha de ébano y cabello de cola de unicornio es bastante buena para los encantamientos y la transfiguración. — Dijo el hombre.
Ahora era el turno de Alex, la chica se acercó con una extraña inseguridad que nunca había tenido, probablemente producto de todo lo que había pasado últimamente, Ollivander la miro detenidamente por un momento y sonrió al reconocer ciertos rasgos en la chica, luego procedió a medirla para traerle una varita, habían pasado varios minutos y más de tres varitas que no funcionaban "¿Qué tal si ninguna varita funciona para mí?" Se preguntó a sí misma.
—Bien... Estoy seguro de que esta será la indicada para ti. — Dijo el hombre mostrándole una varita, Alex la tomo y al instante comenzó a lanzar chispas color rojas y doradas, era esa. —Lo sabía... esta varita está hecha de sauce y tiene un núcleo de fibra de Corazón de Dragón es especialmente buena para los encantamientos y la magia no verbal. también es bastante buena para los duelos. —
La chica por primera vez en todo el día sonrió mirando a su varita y le dio las gracias al hombre, luego le pagaron las varitas, luego volvieron al caldero chorreante, donde los tres magos se despidieron de sus padres después de que estos le dieran las instrucciones de lo que tenían que hacer, luego se fueron a la habitación que tenían en el lugar, mañana tendrían que ir a Hogwarts...
