N/A (1): Aquí está la actualización de este proyecto. Lamento la tardanza pero recién salgo de parciales y de una gripe catastrófica, no había tiempo de ni respirar este mes. Desde ya muchas gracias a las personas que se toman el tiempo de dejar un comentario y ponerla en favorito u seguirla. Son ustedes los que me inspiran a continuar.

Les invito a escuchar la canción que canta esmeralda en versión varón en mi perfil. La misma no me pertenece sino a esta fabulosa persona y su increíble voz. Pueden encontrarlo en el canal de Pedro Joaquín.

Advertencias:

¡Homo fóbicos huyan! Esto es Slash sino te gusta fuera. Estas advertido. Basado en la película de Walt Disney El jorobado de Notre Dame. Si no quieren que sus infancias se arruinen salgan de esta pestaña. Puede que haya cosas que no estaban en la película. Puede haber cambios en las escenas u situaciones. Si hay gran cantidad de errores gramaticales ¡Lo siento! no tuve tiempo de revisar adecuadamente, si hay algunos los arreglare cuando pueda.

La canción escrita aquí estaba basada en la de Pedro Joaquín por si las dudas surge la duda.

Aclaraciones:

Antes de que me olvide, para evitar confusiones.

Djal (Djali): Está basado en la cabra de esmeralda en la película original. Pero como se puede ver también le cambie el sexo porque se me ocurrió en el momento.

Disclainer:

Obviamente los personajes y la historia no me pertenecen, como tampoco las canciones, sino a Walt Disney y sus respectivos creadores. La canción que aparece en este capítulo no me pertenece sino a su respectivo autor y a su compositor.

Si hay errores perdonen pero no tengo Beta.


"El Jorobado de Notre Dame"

Capítulo II

"(…) A pesar de saber que debía capturarlo no quería encerrarlo…"

Febo


—Cerquen la zona caballeros, encuéntrenlo pero no lo lastimen.

El joven pelinegro se removió incomodo en su escondite. Aun podía sentir los pasos de los caballeros tratando de encontrarlo.

Su ira no había disminuido ni un poco con el juez.

— ¡Vamos por aquí!

Se quedo como una roca cuando los soldados pasaron por su lado derecho. Se inclino mas dando la impresión de ser una persona mayor. Estaba por caminar hacia la dirección para volver a casa cuando a unos metros del estaba un caballero con la armadura dorada, demasiado rápido se dio vuelta y emprendió camino para la catedral, no podría volver con tantos soldados rondando el lugar.

Sin perder tiempo cerró las puertas detrás de él al llegar a su destino y se saco el manto que los cubría.

—Eso estuvo cerca.

Sus ojos verdes se pasearon a su alrededor maravillándose con la vista. Era la primera vez que entraba a la catedral. Usualmente evitaban salir de la corte de los milagros.

La luz iluminaba atreves de los grandes ventanales, los cuales formaban bellos dibujos de varios colores y formas.

Un ligero sonido lo alerto de una presencia que se acercaba por detrás. No dudo en girar rápidamente agarrando de la capa al caballero y a su vez sacando su espada de la funda. Un fuerte tirón y en segundos el caballero se encontró en el suelo con el apuntándole a la cara su propia arma. Sin embargo reconoció el cabello rubio y los ojos claros.

—Tu

Su voz sonó baja y amenazante, acercando mas la espada al rostro contrario el cual comenzó a arrastrarse hacia atrás aun en el suelo para evitar la afilada arma.

—Tranquilo me afeite esta mañana

Nunca espero esa respuesta pero fácilmente dos podían jugar ese juego.

— ¿Enserio?, te falto una parte.

El rubio frente a él se topo con una de las columnas del lugar lo que provoco que no pudiera retroceder más y solo para ponerlo más nervioso se continúo acercando.

—Muy bien, muy bien—el hombre frente a él levanto las manos en señal de rendición—Solo cálmate, permíteme disculparme.

Sintió como su rostro se contraía en una clara mueca y no pudo evitar que sus palabras sonaran con un claro tono de desconfianza.

— ¿Por qué?

Fue solo un segundo pero se encontró en el suelo—producto de un golpe del pie del rubio— y sin la espada en las manos, la cual había regresado a su dueño original.

—Por eso por ejemplo

La voz provoco que parpadeara y volviera bruscamente su rostro al causante de todo, el cual le sonreía de medio lado.

— ¡Tu!— su voz detono todo el enojo que debía mostrarse en su rostro — Eres una alima-…

Pero antes de terminar la frase el contrario lo interrumpió.

—Ha, ha, cuidado estamos en una iglesia.

El claro regaño y la sonrisa, provoco que se levantara con evidente enojo en su rostro y encarara al caballero. Sin duda su mano agarro uno de los apoyadores donde descansaban las levas encendidas.

— ¿Eres así de respetuoso o es mi día de suerte?—pregunto en claro tono de voz sarcástico.

Sin dudar se abalanzo contra su oponente el cual bloqueaba todos sus intentos de un bueno golpe.

—Peleas bien para no ser caballero.

—Curioso…Y tu demasiado mal para serlo— le respondió a modo de insulto.

— ¿Eso fue un golpe bajo no crees?

No pudo evitarlo y sonrió al hombre frente a él. Le había dado una idea.

—No, pero esto sí.

Sin embargo su golpe hacia las zonas bajas del rubio fue bloqueado antes de atinar a su objetivo. Sin embargo antes de que el caballero cantara victoria lo golpeo con el pie de la estructura en la frente mandándolo unos pasos hacia atrás. Claramente el contrario se había confiando.

—Touche

Aprovecho en alejarse varios pasos hacia atrás y vio como Djal saltaba envistiendo al hombre en su pecho, que aun teniendo la armadura debió dolor si la cara contraria fue un indicador.

—Y tienes un crib.

—Y no le agradan los soldados.

—Ya lo note—respondió más no retiro la mano del lugar donde su compañero había propinado el golpe.

Pronto se encontró mirando los ojos claros del rubio y el rostro de dolor se transformo en una sonrisa.

—Permíteme presentarme— debió parpadear dos veces ya que el tono del rubio cambio a uno casual con un toque ¿coqueto?—Soy Febo— la sonrisa brillante y galante acompaño la presentación del hombre frente a él— Quiere decir Dios sol.

No pudo evitar elevar una de sus cejas, ahora estaba seguro que el rubio estaba coqueteando con él. Miro de reojo a su compañero el cual también lo observo como entendiendo la situación.

— ¿Sabes que soy un hombre cierto?

Su pregunta fue acompañada de una coqueta sonrisa. Y el rostro contrario se contrajo en vergüenza antes su obvia acción.

—Si lo se

Al ver lo incomodo que estaba el contrario sonrió pícaramente y comento.

—No te preocupes no eres el primero que coquetea sabiendo que soy hombre.

El parpadeo del rubio y luego el ceño fruncido solo sirvió para que elevara una ceja ante el obvio enojo del contrario. Mas solo fue un segundo que dejo preguntándose si se lo había imaginado.

— ¿Y tú eres?

— ¿Es un interrogatorio?

—Me estoy presentando

Para su sorpresa Febo guardo su espada en su funda y no pudo evitar que las palabras escaparan de su boca antes de detenerlas.

— ¿No vas a arrestarme?

Internamente quiso golpearse ante su tono desconcertado.

—No mientras estés aquí. No puedo—Y como para dar mas énfasis abrió sus manos señalando a su alrededor, la iglesia.

Lo miro unos segundos tratando de identificar mentiras en sus palabras, pero al no encontrar algún indicio dejo su improvisación de arma en el suelo aunque nunca quito la vista de su oponente.

—No eres como los otros soldados.

Al parecer sus palabras fueron tomadas como un cumplido porque el contrario sonrió.

—Gracias

Al ver que no había peligro se acerco un poco. Y pregunto lo que obviamente paso por su cabeza.

— ¿Entonces si no vas a arrestarme que quieres?

Sus manos se cruzaron sobre su pecho para dar una pose casual.

—Me conformo con tu nombre.

Al parecer Febo seguía coqueteando sin interesarle que fuera un hombre. Sonrió, no le molestaba tanto como debería el hecho de que alguien de su mismo sexo estaba interesado en el.

—Esmeraldo

—Un bello nombre para alguien como tú— Acompaño sus palabras con una mirada profunda, y luego al parecer recordó algo porque giro sus ojos en forma de broma—Mejor que Febo en todo caso.

No pudo evitar que una risa saliera de sus labios ante la broma de Febo, y comento a modo de broma—Puede ser.

Se quedo quieto como pudo al ver que el rubio se acerco un poco más a él sin quitarle los ojos de encima. Extrañamente no se sentía amenazado.

Pero el momento se rompió cuando el ruido de las puertas abiertas retumbo en todo el lugar.

—Buen trabajo capitán. Arréstelo.

Las palabras del juez Frollo y los guardias a su lado solo sirvieron para devolverlo a la realidad. Pronto se quedo sin respiración al entender la situación. Había sido un tonto.

—Me engañaste

Sus palabras salieron con un tono dolido sin saber por qué. Y sus ojos verdes se clavaron en el hombre frente a él. Por lo que no escucho las palabras susurradas del contrario que decían "Clama asilo" o el rostro lleno de molestia—ante el juez— y la preocupación a su situación.

—Lo siento señor. Pidió asilo, no hay nada que hacer.

Solo parpadeo con incomprensión ante las palabras del rubio. Su propio corazón golpeteaba en su pecho con preocupación y listo para actuar en caso de ser necesario.

—Entonces sáquelo a la calle

Dio varios pasos cautelosos hacia atrás al ver que el juez se acercaba hacia donde él estaba. Más Febo no se movió del lugar frente a él.

— ¡Frollo, No te atrevas a tocarlo!

Una nueva voz se escucho y de pronto se encontró con una mano sobre su hombro. Los ojos llenos de calidez del arcediano entraron en su visión.

—No temas, el ministro Frollo aprendió hace años a respetar la santidad de la iglesia.

La última parte de la oración fue dicha con claro tono duro y una mirada de advertencia en la dirección del juez. El rostro lleno de furia del ministro solo sirvió para que se tensara aun si estaba a varios pasos de él. Pero respiro tranquilo cuando con una simple seña se giro y sus caballeros salieran.

Pronto el arcediano se separo de él y agarro del brazo al rubio, arrastrándolo a la puerta. Los ojos azules se clavaron en los suyos tratando de decir algo con la mirada pero su contacto visual se rompió cuando Djal salió de detrás suyo y envistió al caballero por detrás.

—Muy bien, muy bien, ya me voy.

No pudo evitar sonreír ante las palabras del soldado.

Estaba tan concentrado en las personas que acababan de salir por la puerta que no sintió que se le acercaban por detrás. Pronto se vio con ambos brazos sujetados por la espalda y una voz que reconoció provocando que se quedara duro.

—Crees que me engañaste, pero soy muy paciente.

Esmeraldo podía sentir la respiración en su oído y el cuerpo apoyado del juez en su espalda. Se removió tratando de alejarse pero sus brazos fueron apretados mas dolorosamente y no pudo evitar una pequeña mueca de dolor.

—Y los gitanos no resisten estar entre murallas.

No pudo evitar estremecerse al sentir la brusca inhalación en su cuello.

— ¿Que es lo que haces?—sus palabras sonaron con una clara repulsión en ellas.

—Tan solo imaginaba alrededor de tan bello cuello una soga.

Se estremeció cuando una de las manos del juez acariciaron su cuello, aprovechando que había suelto uno de sus brazos, con toda su fuerza clavo su codo en el estomago de Frollo. Apenas fue soltado se alejo varios pasos de él.

—Yo sé lo que te imaginabas

El odio y la aberración tiñeron sus palabras, tragando por un momento las insinuaciones que las acciones contrarias decían.

—Inteligente brujo. Es típico de tu clase torcer la verdad para confundir con pensamientos impíos—A pesar de sus palabras los ojos del juez recorrieron su cuerpo y solo fue su fuerza de voluntad lo que evito que se estremeciera de repulsión—Pero no importa , escogiste una maravillosa prisión pero es una prisión al fin. Pon un pie fuera y serás mío.

Los ojos verdes solo observaron como las puertas de la catedral se cerraron tras Frollo y el silencio resonó a su alrededor. Sin perder más tiempo se acerco por donde el contrario había salido y observo con cierto odio a los caballeros a solos unos pasos de él.

—Ordenes de Frollo un guardia en cada puerta.

Sin poder evitarlo cerró la puerta y se alejo varios pasos hacia atrás.

Sin darse cuenta sus manos fueron a sus brazos tratando de darse un poco de calor. La forma que el mayor lo miro y sus insinuadoras palabras oscuras provocaron que un miedo que no había sentido hace mucho apareciera en su mente.

La forma en que lo había observado constato que sus palabras tenían segundas intenciones.

Se acerco lentamente a la puerta y apoyando su espalda en ella se deslizo hasta el suelo.

No era inconsciente de su buen aspecto provocaba en otras personas. Clopan se lo había hecho notar desde que era adolecente, aunque no lo demostrara seguido el mayor estaba preocupado.

Para él, el gitano mayor -Clopan- era su segunda figura paterna, era quien se había hecho cargo de él y cuidado cuando sus padres fueron llevados por los soldados del juez, en ese momento aun en su inocencia pensó que los volvería a ver, pero a medida que creció, supo que los gitanos capturados por los soldados no volvían, desde ese momento aunque no conocía de vista al juez su odio comenzó a crecer hacia quien era el responsable del sufrir y terror de su pueblo, el cual no hacía nada por miedo, entonces se quedo en silencio ante la insistencia de Clopan de no tentar al juez. Pero al verlo torturar al pobre chico (porque eso era si sus ojos asustados y llenos de miedo decían) solo había hecho que su resolución y sentido común de pasar desapercibido se esfumara como el agua entre los dedos.

No se arrepentía de haber saltado en su ayuda, aunque ahora estuviera encerrado en la catedral. No se arrepentía de nada.

El joven caballero rubio había sido una sorpresa, era la primera vez que alguien había sido considerado con un gitano, si hubiera sido otro soldado estaba seguro que no habría importado que estuviera en la catedral, si fuera necesario lo habrían arrastrado fuera.

Y aunque su corazón decía que le había dicho la verdad sobre no engañarlo su mente y sentido común decía otra cosa.

Nunca se había sentido apeado u emocionado que otro hombre coqueteara con el (porque había pasado). Estaba confundido y en ese preciso era el peor momento para pensar tonterías.

Debía volver de alguna manera a la corte de de los milagros.

Los gitanos no soportan estar entre paredes

Las palabras de Frollo aunque le causaban estremecimientos eran ciertas y temía ser capturado por ese hombre al salir.

Una caricia en su mano lo devolvió de golpe a la realidad, Djal que había regresado se sentó a su lado haciéndole compañía.

—No temas Djal, si Frollo cree que nos detendrá se equivoca.

De alguna forma iban a escapar, el no los detendría.

—No hables con impudencia hijo

La voz del arcediano lo exaltaron y su vista se dirigió hacia donde el contrario estaba encendiendo unas velas en un altar cercano.

—Armaste un gran revuelo en el festival. Seria imprudente aumentar la ira de Frollo.

—Tú viste lo que hiso allá afuera—no pudo evitar elevarse indignado ante el leve reproche del contrario—Consentir que torturaran a ese chico. Pensé que si había alguien con valor para oponerse a él…

Su voz fue bajando de tono y no pudo evitar suspirar al final de su incompleta oración. La mano del anciano fue colocada sobre su hombro como un silencioso consuelo.

—No puedes remediar todas las injusticias del mundo tu solo.

—Nadie allá afuera va a ayudar de eso estoy seguro—sus palabras sonaron amargan en sus propios oídos.

—Tal vez alguien aquí dentro quiera.

Al compas de sus palabras señalo a su alrededor. Sin más el arcediano continuo con su labor de prender las velas dejándolo solo.

Sus ojos se dirigieron a las estructuras donde descansaban los santos a quienes la gente le rezaba.

Entre abrió sus labios y dejo que su canto saliera como muchas veces antes.

No sé si podrás oírme

Nose si estas hay

Mi oración es tan humilde, como hablarte a ti

Pero tienes carabaña de sangre, llanto y luz

Si soy un simple gitano… mas proscripto fuiste tú.

Aun cantando caminando frente a frente de cada uno de los santo canto con la esperanza de que lo escucharan.

Que dios ayude con su piedad

A los proscriptos y a su soledad

Toda mi gente en quien confiara

Dios nos ayude o nadie lo hará.

También podía escuchar a mucha gente hablando y pidiendo a Dios. Rezando junto a él. Por un solo momento no se sintió solo en ese lugar.

Yo pido fe

Y yo poder

Yo pido gloria, fama y saber

Yo pido amor y yo salud.

Yo pido a dios solo que me bendiga

Cerró sus ojos y continúo cantando con su corazón expuesto, esperando que sus oraciones fueran escuchadas.

No pido nada, solo seguir

Pero hay quien no puede apenas vivir

Dale a mi pueblo tu bendición

Guarda esos hijos en tu corazón

También mi gente son hijos de dios…

Al finalizar simplemente se sentó en el piso cerca de una de las estatuas y cerró los ojos tratando de calmarse.

— ¡Tu campanero que estás haciendo aquí!

El grito de un hombre provoco que saliera de su relajación dándose vuelta rápidamente y viera a un joven conocido correr.

—No causaste ya suficientes problemas

Sin esperar corrió sin darle una mirada más al hombre que había dicho esas palabras corrió en busca del joven.

— ¡Espera!

A pesar de sus palabras la persona corriendo frente a él no espero, intento de nuevo.

— ¡Espera quisiera hablar contigo!

Al no recibir respuesta y tampoco parecía que el contrario fuera a detenerse, siguió persiguiéndolo sin importar hacia donde se dirigiera.

Luego de correr un poco mas lo alcanzo, parpadeo mirando a las extrañas estatuas que estaban cerca de la entrada (que parecían que se habían quedado quietas e un mal lugar) pero no les prestó mucha atención y termino de llegar a donde estaba el campanero.

—Pude alcanzarte—comento cuando el chico se dio vuelta.

—Si... Emm. Yo... tengo mucho que hacer y me dio gusto saludarte… otra vez.

Era claro que el contrario estaba diciendo mentiras ya que se podía observar como sus manos se retorcían y no lo miraba a los ojos. El contrarío aprovechando su silencio se dio la vuelta y apurado subió unas escaleras.

— ¡Espera!— sin más lo siguió, subiendo las escaleras —Lamento mucho lo que te hicieron, no tenía idea de quien eras. Jamás te hubiera hecho-…— sus palabras se cortaron al ver las luces de colores que salían de los cristales y se reflejaban en las paredes—subir al escenario.

— ¿Qué es este lugar?

No oculto su asombro en su voz.

—Aquí es donde vivo—fue la respuesta que recibió.

— ¿Tu mismo has hecho todos estos juguetes?—pregunto asombrado al ver la cantidad de cosas que había a su alrededor. Mas lo que le llamo mayor atención fue la maqueta del pueblo que estaba frente de el.

—Casi todos

—Son hermosos—tocando los cristales de colores comento, el sonido del tintineo era relajante—Si yo pudiera hacer esto no me encontraría danzando en las calles.

Comento al ver los lugares y personas del pueblo en la pequeña maqueta.

—Pero eres un gran bailarín

Ante la respuesta que recibió sonrió levemente ante el alago y se dio vuelta tratando de ubicar al contrario.

—Bueno ayuda a poner el pan en la mesa—su interés pudo más que el al ver algo tapado al lado de las demás figuras y pregunto— ¿Qué es esto?

—Esp-...—antes de que el chico terminara la frase había destapado mostrando dos figuras sin terminar— Es que aun tengo que pintarlos

No pudo evitar parpadear como un niño y reírse antes las figuras y de quienes eran.

—El carpintero y el panadero— agarrándolas levemente las miro con una sonrisa y luego miro al creador de ellas— Eres una persona maravillosa Quasimodo y además tienes suerte, tienes todo este lugar para ti solo.

—No es solo para mi están las gárgolas y claro también las campanas—Quasimodo señalo arriba de ellos donde estaban— ¿Te gustaría verlas?

—Si claro, ¿no es así Djal?—pregunto mirando a su amigo el cual se estaba tragando una pequeña figura.

—Síganme se las presentare—pudo ver que el joven campanero antes nervioso ahora se había relajado en su presencia.

Lentamente comenzó a subir el tramo de escaleras que faltaba para deleitarse con la vista.

—Nunca creí que hubiera tantas—comento al ver a más de una docena de campanas en el lugar.

—Esta es la pequeña Sofía. Janire, Ari y Luis maría, son trillizas—hablo Quasimodo mientras se colgaba entre ellas.

— ¿Y esta quién es?— pregunto al acercarse a una de las grandes.

—Esa es Gran Marie— el impulso infantil de gritar dentro de ella le gano y eso se encontró haciendo. El "hola" retumbo en todo el lugar a su alrededor.

—Le agradas— sonrió ante el suave comentario del joven— ¿Les gustaría ver más?

Simplemente asintió emocionado comentando—Nos encantaría.

—Bien—Quasimodo exclamo—Deje lo mejor para el final.

Lo siguió fuera de las paredes y cuando el contrario señalo hacia el horizonte simplemente dejo de respirar por unos momentos. El paisaje frente a sus ojos era simplemente hermoso. La puesta de sol, las nubes, los pájaros, todo enganchaba como una pintura de museo.

—Apuesto de que ni un rey tiene una vista como esta—su cuerpo se relajo por primera vez desde que había sido encerrado en la catedral— Podría quedarme aquí para siempre.

—Y podrías hacerlo—el comentario inocente lo volvió a la realidad, sonrió tristemente.

—No, no puedo—dio vuelta el rostro para dejar de mirar tan bella vista y se sentó en el suelo.

—Si tienes asilo—Quasimodo era un chico muy amable, atento y muy inocente para entender todo aun.

—Pero no libertad y los gitanos no resisten estar dentro de murallas.

—Pero tú no eres como los otros gitanos…—la voz a su lado se volvió un susurro—los otros gitanos son malos…

Se dio la vuelta mirándolo sorprendido y no pudo evitar preguntar— ¿Quién te lo dijo?

—Mi amo Frollo. El me crio— la revelación de Quasimodo lo sorprendió y simplemente pregunto lo que surgió en su mente.

— ¿Como pudo un hombre tan cruel criar a alguien como tú?

El joven campanero se sentó a su lado evitando sus ojos.

— ¿Cruel?... No, el salvo mi vida— sin poder evitarlo poso suavemente su mano en el hombreo de Quasimodo y apretó levemente para reconfortarlo—Me acepto cuando nadie más lo hubiera hecho… Soy un horrible monstro.

Mas las últimas palabras le llegaron al corazón y no pudo evitar sentir una profunda tristeza y odio hacia el responsable de esas palabras.

— ¿Te dijo eso?—trato de mantener su furia y enojo en su interior para no asustar al chico a su lado.

—Mírame — no pudo evitar estremecerse cuando sus ojos se cruzaron con el contrario, el creía esas palabras. Espero unos segundos y hablo.

—Dame tu mano.

— ¿Para qué?—pregunto.

—Déjame verla

Cuando tuvo la mano más grande entre las suyas la estudio. Y sonrió.

—Una vida larga y a esta muestra timidez—hablaba mientras con uno de sus dedos delineaba las líneas de la palma en su mano—Que curioso…No hay ninguna

— ¿Qué pasa? ¿Ninguna qué?—pregunto el chico.

—Línea de monstro—respondió mirándolo fijamente para que le quedara claro—Ni una sola línea.

Pudo ver como Quasimodo miraba sorprendido su palma y entonces estiro su mano— ¿Ahora crees que yo soy malo?

— ¡No!— Quasimodo exclamo rápidamente y mirándolo mientras agarro su mano entra las de el—Tu eres gentil y bueno…

—Y gitano…—le recordó sonriendo ante la mirada sorprendida—Y quizás Frollo se equivoque sobre nosotros dos.

Levantándose del lugar se alejo un poco del chico para que este pensara, se reposo en la barandilla y miro tristemente hacia el sol que ya se había ocultado. Sintió a Quasimodo apoyarse a su lado.

—Tú me ayudaste— una mano se poso sobre la suya—Yo te ayudare

Lo miro sorprendido.

—Pero no hay salida, hay guardias en cada entrada y salida— respondió

—No usaremos una—el comentario y ver a Quasimodo subir a la baranda provoco que lo mirara incrédulamente al chico, con un dedo apunto abajo.

—No pensaras en…

—Claro—como si estuviera seguro de lo que hablaba—Tu lo llevas—apunto a Djal— Y yo te llevo a ti.

La sonrisa acompañada del comentario solo sirvió para que levantara las manos y negara casi cómicamente con su cabeza. Podía gustarle bailar, saltar y hacer acrobacias pero era completamente diferente bajar de Notre Dame.

—Claro que no… ¡Soy demasiado pesado para ti!

Pero todas las escusas que podían ocurrírsele se desvanecieron al escuchar la frase de Quasimodo.

—Confía en mí.

No pudo evitar sonreírle tiernamente. Usualmente no confiaba en nadie más que su pueblo pero Quasimodo se gano rápidamente un lugar en su corazón, por más cursi que sonara.

—Claro que confió en ti.

Valieron sus palabras al ver la sonrisa del joven campanero.

—Vamos Djal— su pequeño amigo subió a sus brazos y para que no se asustara le coloco su pañuelo en los ojos. De pronto se encontró siendo cargado.

Aun estaba sorprendido de que realmente lo pudiera alzar. Sin poder evitarlo se encontró sonrojándose ante la posición en la cual se encontraba y el comentario. Parecía un saco de papas puesto en el hombro. Djal también parecía incomodo en sus brazos.

—Si muero te culpare, ¿lo sabes verdad?—Comento en modo de broma tratando de relajarse cuando Quasimodo se paro justo en la orilla.

—No te preocupes, no morirás.

Antes de poder responder al contrario, este simplemente salto.

Nunca diría que el grito que salió de sus labios fuera como el de una mujer. Mientras estuviera vivo lo negaría siempre.

Después de todo tenía una reputación que mantener.


Fin de Capítulo II


N/A (2): Espero que haya sido de su agrado. Si tienen ideas respecto a la historia envíenmelas por MP, y con gusto las leeré. Como así también si dejan comentarios del capítulos en los review.

Si has llegado hasta aquí solo tengo que decirte ¡Gracias por leer!

MiuBelle