— Buenas tardes humanos — cabizbajo sonrió con sagacidad a los guerreros, ocultando una vez más su misterioso rostro con ayuda de su cabello tan lacio y blanco como el mismo estaño, la curvatura de su boca cambió y en su lugar expuso el gesto más bribón, mofándose de todos — he venido a cobrar venganza.

En el templo, nadie apartaba su respectiva mirada severa del hombre advenedizo, y aunque lo escudriñaran él no se sentía intimidado ni siquiera porque cierta aura amenazante de algunos personajes se desprendía por todo el terreno. Aquella especie de hombre se sentía satisfecho por causar antipatía.

El aire caliente del ambiente le acariciaba las mejillas y en cada ráfaga de viento se arrastraba un sentimiento de recelo tan turbio hacia él, todo aquello le sirvió como estímulo en la sangre para continuar su pronunciación con cinismo.

— Son problemas de antaño — mencionó apacible a los presentes. Luego de lo dicho la mayoría intentó identificar al sujeto o por lo menos recordar donde lo habían visto. La intriga fue formulada después de que el sospechoso les dijera que buscaba venganza, si desafortunadamente se habían topado en algún lugar del universo seguramente pasó desapercibido, porque la mayoría juraba que nunca lo conoció.

— ¿Te…conocemos? — preguntó receloso Goku, conocedor de cómo debía actuar con los rivales desconocidos hizo el ademan de acercarse cautelosamente para tantear el terreno.

— Ustedes no — aclaró con una mirada determinante — pero el desecho que le sobrevivió a su amo Freezer si — en consiguiente su mirada grisácea se clavó como estalactita de hielo en las iris acongojadas de Vegeta. El Saiyajin señalado. enfureció y tensó sus puños, sintiéndose gravemente ofendido — así que les pido de la forma más atenta que no se entrometan…sino quieren que las cosas se pongan feas en la Tierra — amenazó con un tono de voz muy ronco que penetró en los oídos sensibles de todos los guerreros quienes de inmediato se colocaron en posición de combate a excepción de Goku pues él solo arrugó la nariz resistiéndose a caer tentado en la agresión

— ¿¡Quién eres tú!? – Alzó la voz Goku plantándole cara al que había venido con hostilidad — ¿y que tienes que arreglar con Vegeta?

— Espera un momento Kakaroto — ordenó con autoridad el príncipe Saiyajin dando tres pasos seguros hacia adelante — hay algo en ti que me parece familiar — manifestó al mismo tiempo que analizaba minuciosamente cada detalle del individuo — pero no logro saber porque — confesó irritado ante su incompetencia por no poder revelar la identidad del hombre — sin embargo si tú eres él que me conoce entonces seguro fuiste de poca relevancia para mí, por eso me cuesta recordarte y te olvidé — murmuró turbado Vegeta aunque su comentario fue maquillado con cierta burla.

El desconocido torció la boca visiblemente herido pero con perseverancia siguió sosteniendo una sonrisa altanera. Goku percibió que todo esto se había convertido ya en una lucha de agresiones entre él y Vegeta — me ofendes – reconoció esforzándose por mantener intacta su cordura — pero no hay cosa que más disfrute que recordarles episodios vergonzosos a los animales — se dignó a mirar a Vegeta evidenciando su total desprecio.

Vegeta apretó los dientes con mucha fuerza, rompiéndose el labio inferior reprimiendo su furia. El intruso estaba tentando su suerte.

— ¡Escúchame maldito infeliz! — Cruzándose de brazos rugió indignado — ¡a mí nadie me amenaza! ¿Tienes idea de quién soy yo? — le preguntó prepotente alzando sus manos apuntándole con el dedo índice — ¡Yo soy el príncipe de los Saiyajin, el hijo del rey Vegeta quien alguna vez gobernó sobre gran parte del universo!

— Si — reconoció con calma cerrando los ojos. Colocó su puño en la boca carraspeando adrede — y también quien sirvió como esclavo al que destruyo su propio planeta. No tengo duda de que para no morir en sus garras te tragaste tu orgullo — sin poder más con el asunto soltó una débil carcajada.

— ¿¡Quién demonios eres!? — extendió los brazos a sus costados cansado de dar vuelta inútilmente a sus pensamientos y optó por exigir saber su identidad. Consideró la idea de matarlo pero no sin antes sacar provecho, debía de disipar sus dudas, saber el nombre del individuo que pronto haría papilla.

— Antes de continuar escúchenme humanos — volvió a adoptar una compostura y un semblante serio para pedir la atención total de los presentes — Estoy dispuesto a respetar la vida de cualquier ser vivo de su apestoso planeta a cambio de que se mantengan ajenos a lo que hay entre el cobarde orangután ese y yo — una vez más se refirió despectivo a Vegeta y lógico por el insulto el Saiyajin se crispó por el coraje — Si quise reunirlos fue para hacer formal ese tratado de paz con ustedes — explicó mientras alzaba el vuelo, solo flotaba.

— ¡No acostumbramos a hacer tratos con desconocidos! — desde su lugar le aclaró renuente Yamcha — estás muy equivocado si crees que vamos a quedarnos con los brazos cruzados mientras te diviertes asesinando a seres humanos por ahí como hiciste hace un par de días — determinó duramente. Valientemente no pudo resistirse a decirle unas cuantas verdades al alienígena porque como a todos desde luego también le dolió imaginarse el sufrimiento de las víctimas de ese canalla, pero a diferencia de ellos él no pudo seguir fingiendo como si no le incumbiera. Sabía que podría pagar muy caro entrometerse, cuando el asesino quisiera matarlo.

Una suave brisa de aire caliente acarició las zonas de piel expuestas, pero ni el repentino silencio ni el ambiente tranquilo pudieron frenar los movimientos sistólicos y diastólicos de sus corazones. A su vez, surgió un combate de miradas profundas entre todos los presentes.

Cansado de no llegar a ningún acuerdo convincente, torció la boca y esquivó la mirada, aceptando esa derrota de vistazos; si continuaba con su actitud hostil no alcanzaría convencerlos.

— Vamos no sean necios — suspirando resignado sujetó el nudo del pañuelo amarillo de su cabeza — yo solo quería llamar la atención de ustedes — reconoció su error con un dejo de ironía — además no le veo mayor problema porque si tienen las esferas del dragón a su disposición pueden revivirlos cuando puedan.

— ¿Las esferas? — Preguntó asombrado Krilin apartando de su camino a sus amigos — ¿y tú como sabes de ellas? — preguntó cauteloso más cerca de él pero a una distancia prudente.

— Porque contrario a lo creas no soy nuevo aquí — al decir esto escuchó el barullo desesperado de los terrícolas. Ahora todos estaban sacando sus propias deducciones al respecto, entendía por ese lado que ellos se sintieran perturbados luego de enterarse que él conocía la existencia de esas esferas mágicas, pero tampoco era para asustarse, al menos él nunca tuvo la intención de buscarlas para invocar al dios dragón; confiaba en sus habilidades gracias al trascurrir de los años, el tiempo lo volvió más sensato y fuerte por lo que llamar al dragón para que lo hiciera más poderoso se convirtió en una necesidad nula.

Al carajo la preocupación se dijo cansado. Flotando cruzó sus piernas en el aire tomando asiento en el vacío, cerró los ojos ya que el sueño le estaba consumiendo la energía, aquellos brazos flácidos necesitaban descansar también así que los recargó en sus muslos adoptando una pose de meditación; el hombre se mantenía ajeno a las miradas furtivas de los terrícolas, de los híbridos y de los dos Saiyajin.

La atención había vuelto a ser para él y en el instante en que se había relajado por fin, se sintió incomodo recibiendo tanto interés de ellos; no hacían otra cosa que escudriñarlo esperando que se moviera, en otra ocasión los habría ignorado pero la discusión tenía que seguir.

No abriría los ojos. El único contacto que tendrían con él de ahora en adelante sería con su voz serena.

— Llevo viviendo en su planeta muchos años y ustedes ni siquiera se habían dado cuenta hasta ahora – relató y no se inmutó, pero el resto de las personas se sorprendieron abriendo sus ojos como platos, pero le resto relevancia el indeseado visitante – se puede decir que soy como un mago que puede aparecer y desaparecer a su gusto — inhalo un poco de aire conservando inmutable su expresión facial.

— ¿Un mago? — Preguntó muy asombrado Goku — ¿cómo Babidi? — ejemplificó haciendo una mueca de desagrado

— No me malinterpretes — sacudió la cabeza negando rápido la idea errónea que se formuló Goku — yo me comparo con uno porque puedo esconder mi ki y también cualquier rastro de mi esencia de manera indefinida, como si no existiera aquí, los deje sorprendidos ¿cierto?

Los demás asintieron, comprendiendo hasta ahora porque nunca se percataron de la presencia de su enemigo.

— Habiéndose enterado un poco de mi persona, porque no das un paso adelante "guerrero"— abre desafiante sus ojos desmesuradamente clavando su pupila como daga en las retinas dilatadas de Vegeta

— ¿Qué quieres de mí? — preguntó una vez más desconcertado, pues por su cabeza no se cruzaba una idea de porque había llegado exactamente ese sujeto buscándolo solo a él.

El individuo descendió de su lugar hasta colocar los tacones de sus botines en el suelo del sagrado templo; se agitó e hizo crujir sus nudillos en un arrebato de furia ya no pudiendo contener más la emoción que le provocaba estar tan cerca de su enemigo así que literalmente gritó desahogado.

— ¡Quiero que pagues por lo que hiciste en el pasado! ¡Que me devuelvas mi orgullo! Mi tranquilidad. La que tu maldita sea ¡me quitaste mientras trabajabas para Freezer!

Una gota de agua salada resbaló por la frente amplia del Saiyajin, continuaba mirándole con la misma sorpresa de antes pero titubeó un poco, seguía sin saber de dónde lo conocía ese sujeto el cual por cierto le sabía aparentemente muchos secreto que creía olvidados; el solo hecho de que supiera algo de su pasado le llenaba de nervios.

— ¿Qué? — eso fue prácticamente lo único lo que pudo pronunciar.

— Seguro no te imaginaste que haber viajado por el universo bajos sus órdenes destruyendo planetas y galaxias te traerían algún día terribles consecuencias — le dijo con un tono crudo — ¡mírate! — Lo señaló con un dedo retándolo a escucharlo — no eres el mismo sujeto que imponía miedo hace décadas — le restregó en la cara

— ¿¡Quién eres tú!? — Insistía desesperado e intrigado — ¡Descúbrete! — le exigió reprimiendo su propio enojo. Estaba alterado hasta la médula.

Mentiría enormemente el desconocido si no admitía que no disfrutaba la confusión que en todos ellos se desarrollaba. Sus mentes eran como cuerdas que se anudaban más y más cada vez que abría él la boca.

Para el colmo de sus males, él apenas estaba empezando su juego.

— ¿No recuerdas la especie que por años abastecían de alimentos a los fieles de Freezer? — Volvió a hablar — ¿La raza pacifica que aguardaba escondida en los rincones de la galaxia que siempre esperaba la llegada de su amo para darle los mejores recursos que les servirían a sus tropas?

— ¿Cómo?… — el corazón de Vegeta empezó a sufrir de taquicardia, una pieza faltante del rompecabezas de su historia había aparecido con el fin de recordarle episodios grotescos y humillantes — no me digas que tú eres…

— Así es Vegeta — una voz jocosa cargada de remordimiento lo turbio — soy un nativo del extinto planeta que los bastardos de Freezer invadieron.

— ¿Qué?..—. De pronto empezó a entender un poco de lo que decía el sujeto, pero había algo que no encajaba y era lo más importante de todo — eso es imposible, nadie quedó vivo porque estoy seguro de que cuando me rebele contra Freezer destruí de inmediato ese planeta.

— ¿Entonces quién soy? — Rechinó sus dientes con el orgullo herido — ¿un fantasma? — empleó la ironía pero sin alegrarse esta vez — tal vez uno del pasado — recalcó.

— No, no, no, es imposible — sacudió su cabeza incrédulo — es infame; nada quedo del planeta Tazba — en sus memorias navegó profundidades recordando ese catastrófico día, en que Nappa y él recién renegados de Freezer se marcharon teniendo como primer objetivo llegar a Tazba, ese planeta tan azul como el cielo que se emparejaba con el color gris de todos los ojos de los tabbu-seijins. La verdad fue un viaje plus que hicieron los Saiyajin con la intención de pedirles a ellos que les entregaran los suministros necesarios para el largo viaje en el universo que emprenderían huyendo del poderoso y enfurecido Freezer, pero los tabbu-seijins se negaron a cooperar con ellos temiendo la eventual ira de su tirano conquistado, razón suficiente para que los dos Saiyajin destruyeran el inmenso planeta por inservibles, y podía jurar Vegeta que nadie había tenido tiempo de huir de la explosión.

— Pues no es así — determinó adivinando anticipadamente los pensamientos que llegaban a Vegeta — y si ves mis distintivos ojos te quedará claro que no miento, porque es el mayor rasgo físico que tenemos. — le respondió apuntando hacia su cornea plateada. No hay otros seres en el universo que tenga los ojos como el hielo.

— Puede ser — le cedió terreno, tranquilizándose de apoco, le daría un tanto de razón — pero de todas formas para mí no significas ningún peligro gusano — no sonrió hasta que se le ocurrió decirle algo más hiriente — así que ¿porque no mejor te largas por dónde viniste? ah no — exclamó fingiendo asombro — espera…no tienes a donde ir — se burló con cinismo y así estuvo un momento carcajeándose como demente hasta que recuperó la compostura — ¿y quieres saber algo más? — Arqueó una de sus pobladas cejas, un gesto que le acompañaba a la sonrisa diabólica de su boca — No me importa si asesine a los de tu especie, eran inferiores — certificó dando a entender que no sentía nada de culpa — De lo único que me arrepiento es de no haber completado mi tarea y que por ello estés aquí, haciéndome perder el tiempo – farfulló – ¡lo bueno es que eso se puede fácilmente arreglar! — al terminar de decir eso con una actitud orgullosa se arroja velozmente contra el adversario, intenta innumerables veces darle certeros choques brutales con las manos hechas ovillos pero el rival sin dificultad los esquivaba; en su interior el tabbu-saijin estaba consciente de que un contacto corporal de esa magnitud significaría salir seriamente perjudicado, por eso antes de que Vegeta siquiera pudiera lograr cumplir su objetivo se alejó de él y en un abrir y cerrar de ojos utilizó una técnica especial que le permitió difuminarse como el humo, prácticamente se estaba volviendo nítido y ahora Vegeta no podía tocarlo porque sus golpes atravesaban esa estela, su rival parecía un fantasma, todos los puñetazos brutales del Saiyajin traspasaban su figura.

— ¿Qué pasa? — se quedó sorprendido examinando con atención lo sucedido. Paro de golpear buscando el motivo de porque no podía tocarlo y causarle daño.

— Seguro que no conocías esta técnica…— opinó con sencillez el adversario — pero es el problema que tienen todos ustedes; creer que son los seres más superiores en el universo.

— No — objetó de inmediato retrocediendo solo unos metros por precaución ya que el tabbu-seijin no se movió de su sitio — no sabía que podías casi volverte invisible pero no tienes mucha fuerza física para defenderte. Por eso ustedes los tabbu-seijins se dedicaban en su mayoría al comerció – Aunque ahora que recuerdo — flotó en aire apartándose del firmamento, ahora veía a su rival desde arriba — supe que tu raza tenía un escuadrón élite de guerreros que se dedicaban a invadir pequeños planetas cercanos — narró haciendo un viaje en sus memorias — para tu especie la reproducción era vital para sobrevivir; ya que su planeta estaba ubicado en una zona constante de guerra, prácticamente estaban rodeados de planetas habitados por razas conquistadoras que en cualquier momento podría invadirlos, y como era imposible que ustedes les ganaran con la fuerza decidieron emplear otro método para defenderse, su plan fue reproducirse como cucarachas por todo Tazba, no recuerdo haber visto una especie tan numerosa como la tuya, lástima que nosotros la redujimos a casi nada — concluyó presuntuoso, como si todo aquello le causara satisfacción – Pero vamos – hizo una mueca burlona – ni siquiera todos sus cientos de miles de soldados pudieron defenderse de mí, todos fueron consumidos por el fuego de la explosión que provoqué — les presumió orgulloso a todos los presentes; si era necesario gritaría a los cuatro vientos la capacidad de pelea que poseyó en su juventud, no tenía por qué avergonzarse por toda la maldad incontrolada que lo consumió cuando era mercenario.

Poco le importaba los gestos atónitos de los que estaban ahí escuchando todo, ni siquiera le quitaba el aliento lo que pudiera pensar Bulma de él, o la imagen negativa que sus hijos tendrían de su padre. A final de cuentas ellos estaban enterados de la vida de conquistador que había llevado por muchos años y estaban conscientes de que en su pasado cometió millones de crímenes innecesarios que hoy en día al imaginárselos todavía les provocaba repugnancia mientras que a él le seguían excitando. El único punto a su favor es que ahora los amigos de su esposa lo consideraban diferente; a su juicio el Saiyajin ya no era el mismo narcisista criminal egoísta y despiadado al que no le importaba la vida de nadie, la prueba más clara es que aunque él no lo dijera sabía que su corazón se había ablandado lo que le permitió sin proponérselo tener una familia, a la que protegía de cualquier peligro, nada lo haría desear tener otro destino pues había encontrado su paz en esta Tierra.

— El error al final de cuentas fue de ustedes; — su actitud cambió drásticamente como con cierta indignación — cometieron el grave error de confiar en las promesas de Freezer, si no los hubiéramos eliminado Nappa y yo, ten la seguridad de que tarde o temprano ese lagarto lo iba a hacer de peor manera, porque ya había encontrado a otro planeta capaz de abastecerle de alimento y agua para la sobrevivencia de los soldados de sus tropas. Hacerse sus aliados aunque fuera en contra suya no los hacía a ustedes inmunes a los planes malévolos de Freezer, que siempre los vio como sus esclavos baratos.

— Curiosamente no fuimos las únicas víctimas de Freezer — interrumpió la narrativa de Vegeta para proseguir con la turbia historia — también los Saiyajin lo fueron en su momento, muchas décadas antes que nosotros cuando él hizo estallar a su planeta; pero en fin, las traiciones en la guerra para salir victorioso es algo común, lo que me sorprende es que me enteré que la especie más patética del la galaxia pudo dominar a los simios como ustedes dos – se refirió a Vegeta y Goku – dicen que siempre el fuerte supera al más débil — mencionó sabiamente — pero en este caso esa frase no aplica; en el pasado jamás me habría pasado por la cabeza que algún día vería a los Saiyajin sumisos ante especies mediocres como la humana; actualmente te comportas como un gorila domesticado; ya no queda nada del simio salvaje que fue a matar a toda mi raza; he de confesar que casi vomité cuando supe que sacrificaste tu vida por proteger a los terrícolas contra Majin buu.

— ¿Majin buu? — Exclamó pasmado Goku — ¿Tú lo conociste?

— ¿Que si lo conocí? — Su sonrisa se amplió considerablemente, pero Goku solo lo veía de perfil — ¡Ja! Vi toda su pelea — reiteró

Los demás se sorprendieron, al parecer el desconocido había estado vigilándolos en silencio desde hace mucho.

— ¿Cómo puede ser eso si tú no eres de este mundo? — reflexionó confundido Krilin. Había entendido que el alienígena llevaba tiempo instalado en la Tierra, y que ni siquiera alguno de ellos se percató de su llegada en su nave, pero ahora la incógnita era saber cuántos años exactamente tenía viviendo aquí a escondidas.

— Porque he estado aquí escondido como hormiga bajo las rocas durante un largo tiempo sin que ustedes se percataran de mí presencia — respondió sin titubear — He estado vigilando de cerca todos sus movimientos desde que llegaron de su viaje de Namek, de hecho por mera casualidad llegue en mi nave espacial cuando ustedes estaban ausentes en la Tierra, razón por la que nunca se enteraron de que yo estaba aquí. Para darles una idea de cómo lo hice — extendió su cuello entrecerrando sus ojos, privando de su fría mirada a todos los espectadores, su cabello largo hasta en los hombros se ondeaba por el viento — simplemente les diré que me hice pasar por un ser humano cualquiera, adopté las costumbres de este lugar por conveniencia, esperando pacientemente las décadas necesarias para encontrarme con ustedes y así llevar a cabo mi venganza; por eso mismo – clavó su afilada mirada a cada uno – haciendo uso de toda la paciencia posible que no me heredó mi raza, es que pido que no se involucren, sean ajenos al problema que mantengo con Vegeta, y manténganse en silencio — determinó tajante, exigiendo respeto.

El comentario detuvo los corazones acelerados de la gente, el murmullo del viento cobro protagonismo por la carencia de palabras en el escenario. La petición del alienígena parecía más una burla que una orden de su parte. Uno que otro terrícola tragó con dificultad sin saber qué hacer, que decir; nunca antes un enemigo les había propuesto perdonarles la vida a cambio de que no pelearan, pero aceptar la proposición solo significaría dejar a su suerte a Vegeta quien ya se había convertido en parte de ellos aunque él por dignidad no lo aceptara.

Entonces uno de los más destacados guerreros se manifestó arrogante

— Pues debes de ser muy ingenuo para pensar que te permitiremos cumplir tus rencorosos deseos — completo Trunks adoptando su posición normal de batalla

Al alienígena no le sorprendió esa reacción, después de todo era puramente la descendencia de Vegeta, eso podía deducirlo de inmediato, sus gestos rebeldes se parecían tanto a los de ese Saiyajin que solo un ciego no los notaría.

— Vaya a pesar de que por tus venas corre también sangre humana no deja de ser más dominante la Saiyajin, a los simios les gusta morir con dignidad así que te daré gusto — sentenció confiado de sí mismo pero ni aquello bastó para intimidar a Trunks que estando a más de veinte metros de distancia se lanzó volando valientemente y le atacó con diversos puñetazos y patadas rápidas como la lluvia que no lograron rosar si quiera la piel áspera del enemigo; sin dificultad este esquivaba cada uno de sus golpes brutales; hasta que finalmente se cansó de repelerlo como un cobarde y con una patada certera en el abdomen lo lanzó una treintena de metros hacía atrás estrellándolo contra la maciza pared del templo que se ahuecó por el descomunal impacto.

— ¡Maldición Trunks! — Se exaltó temblorosa Pan y observó hacia atrás a lo lejos aterrorizada el cuerpo inmovilizado del medio Saiyajin sencillamente porque el empresario no volvió a levantarse del suelo, al comprender que estaba inconsciente la rabia le ascendió a la morena hasta su cabeza echando chispas no pudiendo controlar su odio contra el alienígena — ¡infeliz voy a matarte! — se arrojó con todas sus fuerza hacía él que la ya la esperaba a la defensiva, pero justo en el instante en que paso a lado de Vegeta este la sujetó con destreza de su pie, evitando que el vuelo continuara su rápido curso, sin mucha dificultad la detuvo en el aire para enojo de ella. Gohan ya había planeado hacer lo mismo que Vegeta, así que suspiró relajado viendo que ya no era necesaria su intervención.

— ¡Alto ahí! mocosa — reprendió a Pan conteniéndola sin mucho esfuerzo — si el desterrado quiere arreglar cuentas conmigo le daré el gusto, solo porque disfruto hacer sufrir a los insectos, voy a cumplir tu último deseo antes de que mueras — aseguró al mismo tiempo que lanzaba violentamente a Pan hacía atrás desplazándola de ahí obligandola a chocar contra su madre, por lo cual las dos cayeron sentadas en el acto.

— ¡Papá! — inesperadamente a lo lejos se escuchó el grito furioso de la menor de sus hijos — ¿¡Cómo puedes decir eso con tanta facilidad!? — Le recriminó excesivamente indignada, con su habitual costumbre de colocar las manos a la cintura, aquel movimiento prometía que vendría una pelea — ¿¡Qué hay de mamá!? — Mencionó de repente a su progenitora — ¿Ya viste como esta? — Bra se volvió hacia su madre quien estaba a su espalda totalmente petrificada como una estatua observando con una expresión de shock a su hijo aun tirado en el suelo inmovilizado — ¿no te importa que este asustada? — cuestionó impaciente al orgulloso príncipe.

Vegeta increíblemente ignoró los reproches de su hija, este no era el sitio correcto para iniciar una fiera discusión con ella como regularmente lo hacían, además la adolescente siempre terminaba ganándole las peleas verbales porque sencillamente era buena oradora. Hoy haría una excepción, la ignoraría con la intención de no distraerse, le encantaba el panorama de tensión que se había formado entre él y el extraño y nada ni nadie iba a desaparecerlo.

La chica por supuesto acostumbrada a tener siempre la razón y a no ser tratada como una muñeca que no es considerada no pudo tolerar su indiferencia y continúo reprochándole más molesta que nunca, insistiendo para que se apartara del enemigo y se reuniera con su familia lo que para él era igual a huir como un cobarde del alienígena que derrotó a Trunks, y él no era ningún cobarde, era el príncipe más orgulloso del universo.

Como intuyeron los presentes, la copia en versión mujer de Vegeta no se conformó con una negativa, ella era Bra, la chica más astuta del mundo.

— ¡Este tipo no es lo que piensas que es! — opinó testaruda su hija — Derrotó a Trunks en un minuto ¿¡es que no te das cuenta!? — Reprochó a su padre más histérica que antes — ¿Porque no piensas mejor las cosas? ¿¡Tan difícil es!? — estaba de verdad enfadada con él, amaba a su padre y lo admiraba como a nadie en el mundo por ser un gran guerrero y un padre protector aunque quisiera hacerles creer a todos que tener una familia era horrible, admiraba su valor pero tenía que ser sincera con él precisamente porque lo quería, era su deber como hija advertirle del peligro que suponía desafiar a un desconocido que daba muestras de ser muy poderoso; su progenitor tenía un carácter egoísta y por lo regular actuaba de manera impulsiva cuando los sentimientos malos lo dominaban, no era un hombre frío como aparentaba más bien era emocional, podía ponerse furioso y no hablarles por días mientras desquitaba su enojo entrenando con más euforia. Cómo se sintiera su madre o sus hijos le importaba muy poco cuando se hallaba en medio de una crisis, pero en su corazón Vegeta sabía que si ahora pasaba por alto el sentir de su familia era porque buscaba protegerlas, por eso se sacrificaba.

Su familia suponía que reaccionaba impetuoso debido a su instinto Saiyajin el que reprimía cuando no habían peleas, todos admiraban esa voluntad de hierro del guerrero de controlarse y todo por otórgales sana paz, sin embargo situaciones de riesgo como esta eran las que de vez en cuando necesitaba para no volverse loco ya que necesitaba liberar toda su energía acumulada, toda la tensión para desahogarse y en consecuencia cuando se presentaba la oportunidad de liberarse había que obrar como un salvaje, había que aprovechar este momento que se presentaba para darle rienda suelta al sentimiento de adrenalina y rabia porque quien sabe cuántos años más tendrían que ocurrir para volver a tener una buena batalla.

— Solo digo…-continuó la chica pero su padre la interrumpió irritado dejándola muda y asustada.

— ¡Basta Bra! — Por fin gritó harto de escuchar sus alegatos. ya sabía que solo tratándola severamente la chica lo obedecería — ¡no me subestimes no estás hablando con un idiota! — Aclaró violentamente — me hartan tus chantajes y nada de lo que hagas me hará cambiar de parecer y le voy a demostrar a ti y a tu estúpida madre ¡que no hay cosa que pueda detenerme! — entonces una energía brillante y magnifica le cubrió el musculoso cuerpo haciendo que calientes ráfagas de viento rebeldes acariciaran las pieles desnudas de todos los que estaban cerca y en un segundo el Saiyajin salió disparado potencialmente hacia el tabbu-seijin dispuesto a repartirle golpes tan duros como para romperle los huesos, le daría una lección que nunca olvidaría ni siquiera en la profundidad del averno para que aprendiera a respetar a su raza y de paso a su familia también porque de hecho parte del coraje que sentía se debía a lo que le había hecho a su primogénito. Aunque sonara absurdo, juraba que si el alienígena le hubiera propinado más fuerte el golpe seguramente ahora el muchacho estaría cantándole música celestial a kaiosama del norte — ¡Insecto! — Le escupió con veneno al enemigo cuando medianamente cerca le enseñó un destello de luz radiante — ¡Resplandor Galick! — gritó con todas sus fuerzas y aquel resplandor imponente que lanzó pretendió cegar al enemigo para distraerlo un instante mientras él lanzaba después severos golpes a corta distancia aprovechando que tenía la guardia baja por el desoriento.

Para Pan las cosas no estaban ocurriendo de manera alentadora, el hecho de que el alienígena invasor no tuviera intenciones de acabar con ellos a excepción de Vegeta no la hacía sentir mejor, ella no se consideraba una persona ingenua que confiaba en extraños, por lo cual se imaginaba que todo ese trato amable del alienígena era mera apariencia, de seguro detrás de eso se cernía un plan oscuro para que así bajaran todos la guardia y así tomarlos luego por sorpresa.

Otra cosa que la tenía en un mar de confusiones era que no encontraba la razón del porque si el rival guardaba un ki inmenso no podía ella detectarlo; daba la impresión de que Vegeta estaba peleando con la nada. Llamó su atención los movimientos técnicos del enemigo, alzo la mirada hacia el cielo en donde estaba Vegeta luchando.

Una vez más, el resplandor Galick del príncipe se vio ágilmente bloqueado por un brazo, el enemigo había mostrado una vez más su astucia. Pan arrugó el entrecejo.

Vegeta también estaba tan sorprendido como la nieta de Goku, se suponía que los tabbu-saijin no eran peleadores fuertes ni ágiles así que no sabía de donde su rival sacaba tanta destreza, además jamás en su vida había escuchado hablar de las técnicas de bloqueo que él uso para detener su resplandor Galick y por la cara desconcertada que ponían los testigos concluyó que ellos también buscaban explicaciones.

¿Entonces a qué tipo de enemigo se estaban enfrentando?

Había noqueado a Trunks con un solo golpe tan veloz como la luz y había noqueado con su antebrazo su técnica más representativa, podría ponerlo a prueba de nuevo e intentar dejarlo ciego aunque empezaba a temer a las consecuencias. El solo se estaba cansando, y no estaba ganando ventaja.

Entonces angustiado Vegeta hizo explotar una onda de energía rugiendo como un animal herido y frustrado sufriendo por la humillación a la que era sometido por su oponente, se suponía que era el príncipe de su raza y más importante aún se suponía que era el ejemplo a seguir de sus hijos y le daba una vergüenza incomparable a cualquiera no poder vengar a su hijo y también ver el rostro decepcionado y preocupado de Bra, no podía quedarse parado admitiendo la derrota, tenía una imagen valiosa que cuidar y una reputación que reafirmar, por lo tanto aprovechó que el Tabbu-saijin se distrajo para cambiar de estrategia y crear un Super Galick Ho. Para esto cubrió su cuerpo de energía y al son de un grito de guerra que logró captar la mirada del rival abrió de par en par sus imponentes brazos de forma que quedara cada uno en un extremo, su cuerpo recuperó el doble de masa y de lo tensos que estaban se marcaron sus músculos de donde sobresalieron largas y gruesas venas, luego unió como cerradura su poderosa mandíbula, lo mismo hizo con sus fuertes y anchos brazos, los junto completamente para luego abrir las palmas de las manos de las que surgían pequeñas descargas eléctricas que poco a poco se intensificaban, su grito de guerra no paraba y los guerreros z incrédulos sabían que Vegeta buscaba el golpe final que le diera la victoria definitiva. La determinación de un verdadero guerrero y su aura asesina por fin habían salido de su encierro dispuestos a ser partícipes en la lucha. Sus manos seguían produciendo letales descargas eléctricas que se expandían contagiando al resto del cuerpo que ya empezaba a hacer lo mismo, como una escena de miedo los relámpagos le empezaron a golpear solo a él siendo una amenaza para cualquiera que se acercara ya que terminaría electrocutado; esos relámpagos se fusionaron en el centro de las palmas de las manos de Vegeta y formaron una esfera de tamaño mediano de la que aún salían descargas que alcanzaban varias millas de radio.

— Maldición no puede estar otra vez poniéndonos en peligro – desde el templo murmuró tembloroso Krilin en tanto retrocedía para alejarse del panorama suicida. No deseaba por nada que uno de esos rayos lo volvieran cenizas.

— El nivel de poder de esa técnica es impresionante — admiró boquiabierto Yamcha

— ¡Es un idiota, puede crear un agujero en la Tierra y hacer que se devoré a si misma! — como pocas veces gritó exasperado el namekusei más viejo del planeta.

— ¿Estás hablando en serio? — Preguntó temblorosa y asombrada Bra — ¿mi papá puede destruir la tierra? – esperaba que le dijeran que no porque empezaba a temer de verdad por lo que vendría.

— No te preocupes Bra — le sonrió de manera amigable Goku, era el único tranquilo en el lugar — tu papá es muy consciente de su poder y sabe las consecuencias de usar tanta energía

— Así es — completó Gohan recuperando la sensatez — ya no es la bestia salvaje que conocimos hace años. Además nunca pondría en peligro a su hija consentida — sonrió con amabilidad el primogénito de Goku.

Como predijeron los dos Son, Vegeta lanzó aquella esfera de poder electrizante directamente hacía su enemigo; como supuso el Saiyajin, el oponente no se esperó esa ténica y el tabbu-seijin se lamentó grandemente el no tener tiempo suficiente para crear una barrera amortiguadora en la chocara el Super Galick Ho pero aun así se preparó débilmente para recibir personalmente el ataque tal y como lo esperaba el príncipe. Ante eso sonrió de lado esperando que su técnica se acercara lo suficiente a la cara de su rival y al suceder esto rápido desapareció el Saiyajin de su vista apareciendo ahora a su espalda con una nueva esfera de energía.

— Muérete insecto — gritó fúrico y en un segundo arrojó esa esfera letal que tomó por detrás y de sorpresa al alienígena, de esa forma aquello se convirtió en un doble ataque uno por delante y otro por detrás, acorralándolo no había escapatoria para el rival.

Un cegador resplandor surgió de la explosión cuando hicieron contacto ambas esferas letales con el cuerpo indefenso del tabbu-saijin. El choque masivo privó de la vista a todos los presentes que se hallaban en el suelo del templo sagrado, por inercia se cubrieron la cara con sus brazos para soportar la fuerza de las ráfagas de viento y esquivar la iluminación del estallido.

Antes de que cualquiera que se hallara en el templo pudiera notarlo, Vegeta visualizó arrogante a través de las nubes de polvo la figura estropeada de su rival. Estaba maltratado su aspecto, su cuerpo magullado, debilitado y aún así eso no le daba confianza al príncipe, ya estaba atónito porque sobreviviera, pero ahora no era momento de pensar en el por qué aún estaba vivo, era hora de atacar de nuevo antes de que el tabbu-saijin recuperara la noción del tiempo y embistiera enfurecido.

El veterano Saiyajin se arrojó decidido hacía él y empezó a darle una serie de golpes innumerables veces a corta distancia, los primeros dieron al blanco pero increíblemente estando a ciegas el tabbu-saijin pronto encontró la forma de esquivarlos, el poder de intuición del alienígena era incomparable. Se convirtió en su verdadero problema, eso exasperó al Saiyajin sumiéndolo en la desesperación; estaba perdiendo la batalla, esa pérdida de control mental de Vegeta fue detectada por el Tabbu-saijin así que saco ventaja dando rápidamente un certero rodillazo a su vientre sofocándolo al mismo tiempo que sujetó del cuello al guerrero dejándolo inmóvil pataleando como un animal apresado muriendo por la falta de oxígeno debido a la escases de llegada de sangre a su cerebro puesto que las arterias de su cuello estaban siendo oprimidas, ocasionando que con el trascurrir lento de los segundos casi perdiera la consciencia.

El Saiyajin imposibilitado de poder luchar se quedó inmóvil sintiéndose abatido frente a todos; no podía respirar y estaba mareándose, en eso la alienígena recuperó la sensibilidad de sus ojos y pudo ver de nuevo.

— Por última vez; — acercándose a su oído habló con un tono profundo, en esta ocasión sin ningún rasgo de felicidad presente — esto es solo una prueba de lo que le sucederá a tu Tierra si te niegas enfrentarte a mí — aunque le dijo eso a Vegeta él observó con detenimiento los ojos profundos hipnotizadores y amenazadores de Goku desde su amplia distancia, él sabía que Goku y el namekiano estaban oyendo todo — pero todo llega a su tiempo — musitó tajante — y como quiero verte torturándote estos días buscando como aniquilarme — libero sus vértebras cervicales dañadas de su víctima dejándolo caer al vacío como un papel descendiendo lentamente — te daré exactamente 7 días a para que te entrenes y puedas ofrecerme una pelea digna no la porquería que me diste hoy — al susodicho lo fulminó cuando aviso de esto. Luego bajo discretamente la mirada observando detenidamente a Vegeta quien estaba flotando en el aire tosiendo fluidos de sangre — espero que me des un buen combate, ya que si lo haces — sonrió con malicia — te prometo ser yo quien te construya tu propia tumba — y así acabando de hablar empezó sonreír como demente para luego acumular suficiente energía en su cuerpo y salir disparado como proyectil ardiente de la escena. Ante la incredulidad de todos.


Habían pasado 3 días desde la repentina aparición del tabbu-seijin.

En medio de un problema grave que los puso de cabeza; Goku no contenía la emoción que lo embargaba. Estaba atrapado en varias incógnitas que lo instaban a tratar de descubrir el verdadero poder del enemigo porque seguro estaba de que debajo de la apariencia frágil que tenía el alienígena se hallaba su verdadera fuerza. Como muchos de sus peores enemigos el tabbu-seijin no era el típico fortachón con cuerpo de fisiculturista que imponía miedo con su tamaño y su masa muscular, no, él era un sujeto alto, delgado y con apenas unos bíceps desarrollados, probablemente su delgadez lo hiciera tan veloz como los relámpagos cosa que ya había demostrado pero su rapidez solo suponía una de las tantas cualidades que podría tener el misterioso hombre.

Para todo esto el tabbu-saijins creyó haber puesto bien las cartas sobre mesa; les hizo una oferta tentadora a todos los guerreros z, un trueque, la tranquilidad de la Tierra a cambio de la vida de Vegeta, tendría un combate cuerpo a cuerpo que se aseguraría de ganar para mandarlo al infierno porque era lo que por tantos años se había propuesto en silencio.

Y ahora que aparecía la oportunidad esperaba que nadie se entrometiera en su camino.

A partir de eso, Goku ni sus amigos dejaban de entrenar arduamente desde que apareció. Goku tenía la ferviente esperanza de que al terminar su combate contra Vegeta este se animaría a luchar luego con él.

Vegeta tenía muy bien entendido lo que significaba enfrentarse a ese individuo pero no le temía, confiaba en sus conocimientos y no podía equivocarse cuando decía que los tabbu-seijin habían sido una raza muy débil, así que no tenía caso preocuparse y estresarse porque apareció uno.

Continuaba sus entrenamientos cotidianos en la capsula de gravedad, pero puso especial atención a tratar de mejorar su velocidad, porque esa era la única ventaja que tenía claramente su enemigo.

Hace poco formuló su propia teoría del porque el sujeto hizo tanto daño a Trunks y la respuesta que encontró era sencilla: o no era un verdadero tabbu-saijins y en realidad se trataba de un engaño porque tenía un plan bien trazado detrás de todo esto, o en realidad aunque poco probable porque estaban prácticamente extintos, era un verdadero tabbu-saijins, pero Trunks se volvió tan débil por su larga falta de entrenamiento que termino siendo una víctima fácil.

Hablando de Trunks, este tocaba cauteloso la puerta metálica de la capsula de gravedad, nervioso a decir. Su padre odiaba que lo interrumpieran cuando estaba entrenando.

Vegeta renegó por la interferencia, creyó que la científica que tenía por pareja era la que estaba afuera, ella solía molestarlo intencionalmente para fastidiarlo, luego descartó eso cuando vio la silueta de la figura de Trunks detrás de la ventana de la puerta de hierro.

No le quedó de otra más que suspender la máquina y dejar los ejercicios para al rato.

— ¿¡Qué demonios quieres!? — con el entrecejo muy arrugado abrió la pesada puerta.

— Papá — susurró precavido…- yo...— murmuró titubeante.

— ¡Si no vas a decirme nada no me interrumpas! – hizo el ademán de cerrar la puerta pero Trunks la detuvo a tiempo con su mano.

— Solo quiero saber si puedo ayudarte a entrenar

— ¿Tú a mí? – se rio en su cara como un maniaco — serías un estorbo Trunks — le dijo sin pelos en la lengua y continuó insultando sin piedad — mejor ve a conseguir citas con chicas con el hijo de Kakaroto, solo para eso sirven los dos, par de debiluchos.

— Papá esto es en serio…— se metió hasta la máquina a conversar siguiendo los pasos del Saiyajin que ya iba adentrandose — hay un sujeto con el que corremos grave peligro.

— ¿Un grave peligro? — Rió sarcástico — tú no lo conoces, solo es un descendiente de pobres comerciantes, si es que es un tabbu-seijins como dice.

El mayor de sus hijos endureció las facciones. No estaba de acuerdo con él, pero le tenía un gran respeto y no lo contradeciría, tampoco desistiría de su idea de entrenar.

— ¡No me estorbes! — Gruñó con desagrado cuando se topó de vuelta con él — para lo único que podrías servirme es para actuar como mi saco de entrenamiento ¿eso quieres? ¿Salir mal herido? — le hizo una serie de preguntas crudas pero ciertas para desanimarlo de hacer lo que pretendía.

— Como veo que no podre convencerte hagamos esto…— se quedó pensando hasta que le llegó una idea — si logro tolerar una tensión de gravedad de 1500 me aceptaras como tu discípulo

— Hm — bufo molesto — está bien, pero dile primero a tu madre que prepare la camilla — sentencio dando por hecho que Trunks saldría muy lastimado de ahí con ayuda de paramédicos


Trunks en su oficina, mantenía una discusión ferviente con su amigo de la infancia.

— Nooo ya te dije que no Goten — repitió sus palabras manteniendo su postura firme, se talló los ojos, cansado.

— ¡Vamos Trunks! — Insistió con necedad su voz detrás de la contestadora de la oficina del muchacho — solo será un momento no te puedes perder esto.

— No puedo — reiteró — tengo una cita con mi papá en la máquina de gravedad — le explica a su amigo sobre sus planes pensando que así entendería.

— Déjalo para mañana — fácilmente ideo la solución, era un experto manipulando

— ¿¡No sabes como es mi padre verdad!? — Alzó la voz cada vez perdiendo su valiosa paciencia — No le puedo quedar mal, esta es de las pocas oportunidades que tengo para demostrarle que no soy solo un simple destacado empresario, también soy un peleador emprendedor.

— Ah ya entiendo — en su casa Goten se dejó caer perezosamente hacía atrás en el sillón de la sala, andaba en short y en corpiño — ¿así que estas preocupado por ese tabu-tabu? — Se trabó en el intento de mencionar esa palabra pero por lo complicado que era no pudo pronunciarlo bien — no sé qué…No me digas que estás pensando en desafiarlo…— intuyo con desagrado.

— Así es; — confirmó su sospecha el de cabello plateado — no puedo quedarme con los brazos cruzados después de lo que me hizo — apretó sus aperlados dientes cuando recordó la manera tan humillante en que fue tratado por ese despreciable sujeto.

— Entiéndelo — se puso serio el moreno desde el otro lado de la línea de teléfono — usa la lógica, no podrás derrotarlo con solo siete días de entrenamiento; ni siquiera mediante técnicas avanzadas

— Me criticas mucho Goten — con un tranquilidad peligrosa empieza a enredar el cable del teléfono entre sus ásperos dedos como si quisiera romperlos, su amigo sabía que le crispaba que subestimaran — me pregunto ¿qué estarás haciendo ahora? — Exclama con malicia — No has tomado ni siquiera tus propias precauciones supongo, sigues llevando tu ritmo de vida normal.

— Ni lo creas — resopló como un animal dando su último suspiro antes de morir — mi padre ya me convenció para que entrene con él a diario pero es inútil siempre me vence, si tu papá no puede derrotar a ese alienígena no veo por qué debo de entrenar yo hasta matarme si de nada servirá mi ayuda.

— ¿¡Cómo puedes decir eso tonto!? — se exaltó de manera abrupta por lo cual se levantó de su asiento de piel y empezó a gritar como desquiciado — ¡Ni siquiera Gohan que tiene ya una familia hecha es capaz de justificar su falta de entrenamiento con pretextos por más que estos sean comprensivos, simplemente cuando no tiene tiempo para entrenar lo dice y punto! En cambio tú tienes tiempo de sobra, no entrenas y aun así inventas pretextos para evitar que te regañen, ¡ya aplícate amigo! — le aconsejó entre dientes – Goten…ya tienes 29 años y aún no maduras.


No muy lejos de ahí, un par de adolescentes que cursaban la preparatoria recorrían interesadas cientos de locales en una lujosa plaza comercial al sur de la ciudad.

— Bra podremos ir algún día a un lugar…menos concurrido — preguntó mirando a las miles de personas que pasaban por su lado, le golpeaban el hombro o la cabeza en el camino. Además no alcanzaba a ver más lejos porque le tapaban el camino, era el problema de ser muy pequeña de estatura.

— Este es un centro comercial, de los más exclusivos de la ciudad. ¡Aprovecha y compra algo! — Empezó a sonreír de alegría, tan emocionada por ver innumerables tiendas con cosas hermosas, no había algo que más le gustara hacer que ir de compras.

— No — refunfuño deteniéndose a mitad del pasillo — ¿Qué te pasa? son cosas muy costosas — bajó los brazos ya cansada — ni en 1000 años me compraría algo así — se frustró al observar un reloj de oro que le encantó.

— No veo porque no — miró a la morena de manera incomprensiva — si tu madre Videl es hija de uno de los hombres más adinerados del país.

— Ya no es tan rico como antes — gruñó — casi todo se le fue a mi abuelo en mujeres y excentricidades.

— Aun así puedes darte el gusto de gastar mucho — opinó la menor de los hijos de Bulma.

— Mi mamá es diferente a tu mamá Bra — afirmó conforme — ella no es tan despilfarradora como la tuya, le gustan las cosas sencillas y a mi papá ni hablar; nos mantenemos solo con el sueldo de ambos, el que tiene él como profesor de una universidad y con el trabajo de ella en bienes raíces.

— ¡Mira esto Pan!— Ignorando a la chica salió corriendo emocionada a ver a través de una ventana de vidrio la joyería más reluciente — me gusta ese anillo — inmnotizada señaló un anillo de oro adornado con varias piedras de esmeraldas.

— Bah — dándole la espalda bufó la morena aburrida de estar ahí. Si tuviera en sus bolsillos una cartera llena de billetes seguramente su humor sería positivo.

— Entremos y comprémoslo — insto a entrar a la nieta de Goku sin importarle su opinión — vamos y te lo prestare después — ante esa proposición tentadora la morena acepto, después de todo era una chica también.

Ya adentro Briefs se acercó de inmediato al encargado del lugar.

— Hola disculpa — se aproximó elegantemente a la barra donde atendían a los clientes.

— ¿En qué puedo ayudarle señorita? — un joven vestido de gala le ofreció amablemente su servicio a la ostentosa adolescente.

— Puedes darme ese anillo que está en la primera hilera del mostrador — apuntó emocionada a una de las tantas joyas.

— Oh, por supuesto que sí — el mencionado se inclinó un poco, abrió la vitrina de cristal que protegía a la joya preciosa y la sacó al exterior mostrándosela a la mujer — ha hecho una excelente elección — confesó emocionado — pues es una de las joyas más hermosas y valiosas del mundo, esto debido a que es difícil de obtener estas peculiares piedras de las profundidades de las minas y la evidencia está en que solo se fabricaron 10. Y usted sin duda ha sido una de las más afortunadas por obtener una de ellas — comenzó a halagarla, siempre lo hacía con sus clientes, esa era la manera que usaban los vendedores para convencer a sus clientes de obtener algo.

— Si eso ya lo sé — no se dignó a mirarlo a los ojos, su nuevo capricho la tenía embelesada — mi mamá tiene muchas joyas hechas con esas piedras — no le dio importancia a las palabras del vendedor y continuó extasiada con su regalo.

El amable vendedor se quedó pasmado después de escuchar tremenda revelación de la joven que lo dijo con una naturalidad como si para ella tener joyas así en su casa fuera lo más común del mundo.

— Bueno…— carraspeo y recuperó la compostura, se suponía que estaba acostumbrado a ver en las tiendas de joyas a gente de las más grandes clases sociales pero esta era la primera vez que veía a una chiquilla interesada en comprar una de las joyas más costosas del mundo ya que normalmente eran los coleccionistas los que las adquirían, como sultanes, reyes, comerciantes de diamantes, políticos etc — ¿y quiere pagarlo con tarjeta o al contado? — preguntó expectante.

— Al contado por supuesto — respondió sin más dejando aún más incrédulo al que le atendía, esta era la primera vez que se enteraba de que un comprador tenía tanto dinero en efectivo a la mano y era lógico que nadie trajera mucho efectivo en sus bolsas teniendo en cuenta las olas de inseguridad que azotaban la ciudad, y esa joven que esperaba ansiosa su joya no se veía que viniera con guardaespaldas, para los delincuentes era un blanco fácil porque su misma vestimenta de la mejor marca la delataban como alguien rico — Uh oye — volvió a llamar la chica al empleado acordándose de algo maravilloso que captó su atención y que había visto a lo lejos cuando se acercó a la tienda — ¿también esta aun disponible ese brazalete? — fijó su delicado dedo hacía un cofre envuelto en hilo de oro que aguardaba celosamente en su interior una frágil pieza valorada en millones de yen.

— ¿Se refiere al brazalete de oro blanco y con un diamante de tonalidad rosa? — Intrigado supuso el empleado — no — fue su respuesta contundente — aunque tiene un valor descomunal pues se considera que el color de diamante puro es transparente con una tonalidad rosada o azulada.

— ¿Y quién aparte de mi podría comprar algo así? — disgustada puso sus manos a la cintura, arqueando la ceja y cuestionando altanera, creyendo imposible que en esa ciudad existiera alguien más acaudalado que su mamá y su abuelo. Aunque no era eso lo que le molestaba, era el hecho de que le hubieran ganado esa pieza que tanto le había maravillado.

—Yo...sin duda — a su lado una voz ronca y perfectamente refinada le penetro en los oídos. A juicio de Bra aquel tono soberbio tenía la intención de desafiarla y por tal ella no permitiría que un desconocido le insinuara que su familia no era más prominente que él, esa frasecita de "sin duda" era de doble sentido y como Bra no era precisamente una mujer tolerante que ignoraba los comentarios ácidos pues era lógico que irritada actuara.

— ¿Y quién te crees tú para humillarme así? — se volvió furiosa a él y le interrogó con un sentimiento de superioridad que incluso su padre admiraría porque precisamente esa actitud suponía ser el rasgo más notorio en un Saiyajin.

El hombre vestido de forma elegante, con un buen porte y de muy buen gusto atinó a sonreírle de lado, burlándose en su interior de la reacción infantil que ya esperaba de la adolescente.

A pesar de la exagerada reacción de su amiga que rayaba en lo absurdo y lo divertido; para Pan nada de eso tenía gracia, no cuando la expresión dura de su cara denotaba que estaba muy en alerta ya su cuerpo adoptó una posición a la defensiva. Todo en ella estaba dispuesta a arriesgar su vida si era necesario si la situación ya envuelta en una nube de tensión empeoraba; y todo debido a la presencia poco agradable de la persona que días antes había cambiado su mundo…estaba frente al tabbu-saijins.

— Demonios — maldijo Pan con el tipo de voz más mínimamente audible; la extraña reacción de la morena llamó la atención de la despampanante heredera de los Briefs quien volteó de nuevo hacía el individuo que instantes antes se burló descaradamente de ella. Al principio no le reconoció las facciones porque no traía consigo el pañuelo en su cabeza, además de que ahora vestía un traje elegante, sin embargo el color de sus ojos fue el incentivo que hizo que lo identificara. Se estremeció de terror y se apartó de él por lo menos con 10 pasos.

Como un animal buscando evitar la muerte a manos de su depredador, sus instintos de defensa se activaron tanto los suyos como los de Pan, pretendiendo de paso proteger a los humanos que estaban adelante, con uñas y dientes.

El vendedor que las estaba atendiendo amablemente no entendía esa actitud hostil de parte de las jóvenes mujeres y miraba a una parte de los involucrados y a la otra repetidas veces suplicando nervioso y en silencio que le aclararan la situación porque estaban asustando a sus demás clientes. Cualquier atisbo de paciencia que los tres tuvieran podría cortarse hasta con una hoja de papel en cualquier momento, una pelea estaba por ocurrir.

— No te alteres — volvió a reírse reservadamente evitándose la molestia de observarlas, consideraba a aquellas tipas que para nada estaban a su nivel para él eran tan poca cosa, además solo les faltaba gruñir como leones pues parecían animales asustadizos — el problema no es con ustedes — mencionó suavemente, no le importaba que las adolescentes quisieran imponerle miedo con sus miradas clavadas como dagas venenosas, él podía oler el miedo de las dos en ese ambiente, les dio lástima verlas acorraladas, si quisiera podría matarlas así provocaría la furia de todos esos guerreros ridículos que conocía, pero aunque estuviera la situación a su favor prefirió no alterarlas más de lo que ya estaban, además sus ojos fríos como un tempano optaron por entretenerse en la brillante joya costosa que se llevaría. Tenía una obsesión por ella desde que la vio detrás de ese largo vidrio resguardada dentro de una caja de terciopelo color azul, curiosamente esa joya era idéntica a los collares que utilizaban los hombres de Tazba, para su desgracia no se había llevado ningún recuerdo de su planeta así que este serviría como una réplica.

— Vete de aquí — ordenó gruñendo como un animal que iba a lanzársele encima a su cazador.

— ¿Por qué? si estoy comprando — arquea una ceja fingiendo indignación por la actitud agresiva de la Briefs — compórtate como una mujer civilizada no como un gorila como tu ascendencia — mencionó con un susurro que ambas lograron escuchar claramente. A él poco le importó lo que pensaran ese par de seres inservibles.

— ¡Maldito este no es el lugar para pelear! — lo desafió alterada Pan dando un paso adelante — si vas a luchar con nosotras salgamos de aquí – le propuso desafiante - no permitiremos que vuelvas a quitarle la vida a gente inocente

— No tengo intención de desperdiciar hoy precisamente mi energía haciendo ese tipo de deporte — le dijo desvergonzado, queriendo decir que para él era una diversión sana matar a los humanos, como para los humanos era divertido cazar con armas de fuego a animales, tan reciproco, tan cruel.

— Vayámonos de aquí Pan — le sugirió astutamente a la morena jalándola fuerte del brazo. Si era verdad que no quería causar por ahora caos, lo mejor sería irse de ahí pronto y no provocarlo o se arrepentiría, solo kamisama sabe hasta donde sería capaz de llegar alguien hambriento de venganza cuando se enojaba. Así tanto Pan como Bra se dieron la media vuelta y se alejaron lentamente ingratamente insatisfechas, sintiendo una gran humillación.

El pequeño empleado de la tienda preocupado rápido se apartó de su puesto porque un excelente cliente se le estaba escapando de las manos sin haber terminado la jugosa compra.

— Espere señorita ¿no se va a llevar sus joyas? — agitando las manos preguntó alterado el vendedor cuando notó que su la muchachita se marchaba molesta del lugar, intrigado la siguió hasta la puerta del edificio.

— ¡Ya te las pague! — volteando gritó enfurecida dándole de nuevo rápido la espalda, su brillante cabello se agitó espectacular por el brusco movimiento — envíamelas a corporación cápsula — ordenó despampanante siguiendo su camino detrás de Pan.

— ¿Co, co, corporación capsula? — tartamudeo asombrado una vez enterado del domicilio donde vivía la joven. Ahora entendía sus desplantes de niña rica y como no ser caprichosa y derrochadora de dinero si fortuna y poder era lo más tenía, esa chiquilla era pariente de la familia más adinerada de todo Japón y tenía el suficiente dinero como para poder comprarle hasta la vida.

Las adolescentes salieron confundidas, molestas e insatisfechas al mismo tiempo así que analizaron su situación detalladamente; por un lado Pan quería regresar hacia donde estaba el espécimen y pelear a muerte para conseguir hacerle un poco de daño, por lo menos el suficiente para atrasar un tiempo su batalla contra Vegeta, donde obviamente el alienígena parecía tener ventaja. No quería presenciar cómo le hacía daño tanto a Vegeta como a su padre y su abuelo mientras ella aguardaba en su lugar con impotencia.

Por otro lado estaba Bra pensativa, ella jamás antes en su corta vida había sentido tanto repudio por una criatura. En su cuerpo apenas en etapa de desarrollo se despertó ese instinto natural de querer asesinar a alguien y su boca desencajada era la prueba de eso. Lo odiaba; lo odiaba y se sentía mal por no tener la fuerza suficiente como para exterminarlo ahí mismo. Su padre estaba en riesgo y su hermano también, era su obligación cuidarlos pero la realidad es que no podía hacerlo dada su debilidad.

Y por estar ideando cuidadosamente que hacer, ni una ni otra se percataron de que alguien se dirigía hacia el exterior de la tienda que al pasar a su lado una ráfaga de viento helado les acarició la piel provocando que los vellos delgados de sus brazos se estimularan, ellas titiritaron de frío por la corriente helada que recorrió sus columnas algo raro porque estaban en pleno verano y a 30 grados. Se miraron extrañadas tratando de hallarle explicación al fenómeno, hallaron la respuesta a su incógnita al ver subir apresuradamente a la criatura a un automóvil de lujo, les causó enorme sorpresa enterarse que el tipo ese llevaba una vida cotidiana como un humano, manejaba autos, compraba cosas de valor y tenía un lenguaje muy fluido, además de que vestía de modo terrícola por lo que se cuestionaron si era verdad lo que había dicho, ¿en realidad llevaba tanto tiempo viviendo en la Tierra con un perfil bajo para que nadie se diera cuenta de su presencia? ¿Cuánto tiempo era eso? ¿Desde que los guerreros z viajaron a Namekusei por las esferas del dragón? Si hacían cuentas eso era aproximadamente 34 o 35 años

No lo entendían, no tenía sentido para ninguna de la dos que un alienígena se hubiera adaptado a la vida terrestre de una forma tan apasionada que hasta parecía gozar de la cotidianidad de la gente, y se sorprendían porque ningún extraterrestre había sido lo suficientemente capaz como para acostumbrase al estilo de vida tan aburrida de los humanos, ni Goku, ni Piccolo y mucho menos el padre de Bra podían dejar de tener comportamientos sobrenaturales que a más de un terrícola dejaba boquiabierto, como cuando Vegeta arrancó sin un mínimo de fuerza el volante de una pareja de lascivos que le habían hecho propuestas indecorosas a su hija cuando volvían de hacer compras, o cuando Goku olvidó que no debía volar frente a la gente para no asustarlas, o Goten o Trunks que pese a tratar de ser un poco más "normales" no podían ocultar el otro aspecto de su naturaleza y terminaban devorando media tonelada de comida en público, bueno aunque ella y Pan no eran la excepción, también comían como perros con tres años de hambruna pero procuraban ser discretas por ser damas y no hacerlo delante de la gente mucho menos frente a la socialité que conocían, así y más episodios vergonzosos se repetían diariamente y no había nada que hacer al respecto. La raza guerrera Saiyajin tenía una sangre tan pesada que prácticamente resultaba imposible que desapareciera el ADN salvaje de sus descendientes y sus personalidades por más nuevas generaciones que surgieran como resultado de las mezclas de los Saiyajin con otras razas.

Pero el debate mental no solo abarcaba aquello, la glamurosa pariente de los Briefs se recriminaba duramente su debilidad física. La mayor parte de su vida Bra pensó que jamás se hallaría en una situación difícil donde tuviera que hacerle frente a un enemigo poderoso y mucho menos luego de que prevaleciera una larga paz en la Tierra, reconocía la inteligencia de su papá pero no confiaba en su lucidez, siempre subestimaba al enemigo su ingenioso padre así que desconfió de él cuando dijo que la mayor ventaja del enemigo era su velocidad, la asombrosa rapidez que le permitía bloquear cualquier ataque que le hicieran como prediciendo el movimiento que harían sus adversarios.

Como real testigo de aquella cualidad su hermano dos noches posteriores a recuperarse del daño que le infligió el enemigo, le aseguró seriamente que además del Bills y Wiss, el dios de la destrucción y el guardián del universo, jamás había visto a alguien tan raudo y que no era recomendable fiarse de su aspecto físico ya que aunque no tenía una masa muscular notable tenía la ventaja de ser ágil y ligero.

Él joven empresario de CC pudo sentir en carne propia que no fue lo bastante potente la patada que le dio el alienígena, sin embargo le afectó tanto el débil impacto que fue incapaz de recuperarse de inmediato y para su mala suerte al no haber ese día semillas de ermitaño tuvieron que llevarlo a un hospital de emergencia, y fue ahí mismo que el médico de cabecera les explicó a sus familiares que el golpe fue a afectar en una zona anatómica tan delicada que de haber sido un poco más fuerte sin duda le hubiera matado al instante y no solo lo hubiera paralizado por completo.

Para él fue muy irresponsable no tomar en ese momento sus debidas precauciones y haberse confiado solo por el aspecto debilucho de su adversario, pero era de entenderse, era hijo de Vegeta y él jamás pensaba antes de atacar, solo seguía sus instintos de violencia.

La joven al escuchar la versión de los labios temblorosos de su hermano, entendió por qué su madre tan ingeniosa como siempre se le había ocurrido investigar la identidad del agresor de Trunks, ella quería descubrir quién era y que hacía en todo momento, claro que no era fácil ubicarlo porque sabía esconder su ki, pero la espera valía la pena al estar frente a la criatura más misteriosa que hubiera conocido. Su madre le había dejado claro a Gohan con quien trabajaba en conjunto en la investigación, que no creía posible que el agresor de su hijo se hubiera pasado más de 30 años solo en la oscuridad de la Tierra sin haber entrenado y aprendido algo; le sonaba patético pensar lo contrario.

Bra no estaba segura de si debía arriesgarse pero tenía que cooperar también, su sangre guerrera muy en su interior buscaba obtener algo de acción, quizás aportar un poco a la investigación de su madre fuera suficiente ya que su fuerza tan diminuta en el combate no serviría. El alienígena sería su blanco, y ella el proyectil que silenciosamente se le lanzaría, más claramente; ella pondría en riesgo su vida al acercarse a su enemigo para así poder sacarle toda información que pudiera servirle a Bulma, desde su nombre, su lugar de origen, su historia, sus mañas, sus intenciones…y con un poco de astucia…hasta sus debilidades.


Flash back Año 750

¡Boom! – el resonar estruendoso de una explosión esfumó el trance en que se encontraba el gran Freezer, sin alterarse observo su aperitivo sobre la mesa y lo rechazó, ni siquiera le interesó saber la identidad del causante de ese escándalo. Dejó su copa de cristal a un lado de mesa de oro, entrelazo sus poderosas garras apoyándolas sobre este mueble y miro con una sonrisa por demás burlesca al príncipe de los Saiyajin, o el príncipe de los monos como lo etiquetaba él a sus espaldas, al otro sujeto poco le importó que se estuviera mofando de él ya estaba acostumbrado, solo venía aclarar un asunto con él así que siguió caminando hacia delante, una vez que se acercó lo necesario hizo una reverencia a su alteza.

— ¿Qué te trae por aquí Vegeta? — preguntó con una serenidad envidiable, ocasionando que la furia de su mercenario aumentara con rapidez.

Muchos temerían a las bestias Saiyajin porque eran seres sin una pizca de consciencia pero él no, él los subyugaba, tenía la ventaja de ser tan poderoso que podía presumir que alguna vez había tenido bajo sus órdenes a todos ellos, hasta que se cansó de sus desplantes y los elimino al mismo tiempo.

Pero seguía controlando a su antojo a los pocos descendiente que quedaban de esa raza casi extinta, aquellos que dejó con vida jamás se le revelarían por temor, no serían tan tontos como para condenarse a una muerte segura y muy dolorosa si se atrevían a traicionarlo.

Los profundos ojos negros del guerrero Saiyajin se clavaron como estaca al monstruo pero aunque su molestia fuera tan evidente no olvidó por eso arrodillarse ante su amo para luego reclamarle una situación que lo tenía muy alterado.

— ¡Sabes bien que es lo que me tiene aquí majestad! — disminuyó el volumen de su tono ante su presencia, pero siguió hablando efusivo, estaba exaltado.

— No tengo idea — murmuró cínico. Por supuesto que sabía a qué se debía que su soldado estuviera tan irritado pero fingiría ignorancia porque disfrutaba de verlos tan inconformes

— Pues entonces te diré — comunicó a su jefe — ¡podrías explicarme por favor ¿porque me has enviado a mí, Nappa y a Raditz a conquistar el planeta más débil de toda la galaxia sur!? ¿Es que acaso nos estas subestimando majestad? — cuestionó enfurecido el moreno, atreviéndose a reprocharle a quien podía acabar con su vida en una milésima de segundo.

— Oh — expresó sorpresa fingida moviendo su carro motorizado hacia la ventana — así que es eso — aparentó reflexionar colocando delicadamente dos de sus dedos en su barbilla.

— Claro que si — confirmó, tratando de controlar su alteración — a Zarbón y a Dodoria incluso a las fuerzas especiales Ginyu los envías a conquistar planetas con mucha categoría y a nosotros solo nos das las sobras. Me molesta saber que no confías en nosotros gran Freezer.

Freezer volteó a verlo seriamente, posando sus rasgados ojos fríos en el cuerpo musculoso de Vegeta, imaginando como sería partirlo en dos en ese instante.

— Pero si no es ninguna sobra conquistar por ejemplo al planeta Tazba. Es uno de los planetas más importantes de toda nuestra galaxia por ser el único que me abastece gratuitamente de alimentos y agua para mis tropas. Son tan "amables" — mencionó esto último sarcástico y entre risas nada discretas pues era conocido que los habitantes de ese lugar estaban siendo forzados a cooperar con Freezer.

— Para mí si es una pérdida de tiempo hacerlo señor — replicó angustiado el guerrero — pues prácticamente los tienes en tu manos desde hace años. No entiendo porque nos ordenas que eliminemos a todos sus habitantes si los usas como esclavos.

— Veras Vegeta…— avanzó un poco más hacía la ventana de vidrió de la sala de su nave y centró su atención en el espacio infinito del universo que en ese instante recorría su transporte espacial a gran velocidad — parece ser que no estas informado de que el soldado Zarbón acaba de descubrir un planeta con las mismas características que el planeta Tazba, tiene recursos tan vitales como el agua y la hierba incluso posee más nutrientes, también hay minas de metales preciosos como el oro y el diamante y sabes bien que no es fácil conseguir planetas con esas cualidades, por lo que nos resulta una verdadero tesoro encontrar uno.

— ¿Piensa…— mencionó dubitativo acortando la distancia — eliminar a los tabbu-saijins para quedarse con su planeta y después venderlo como a los otros?

— Que inteligente eres para ser un simio renegado, soldado — no lo contradijo y sonrió dándole de nuevo la espalda

Vegeta trató de serenarse. Los tabbu-saijins reprimidos le habían estado siendo fiel desde que los conquistó. Pensó detenidamente en la idea de que así como Freezer sin compasión traicionaba a sus esclavos pese a ser obedientes así algún día terminaría traicionando a los cuatro Saiyajin que los acompañaban en su nave. No era de fiar ese lagarto sádico, habría que estar alerta para no caer en su trampa.

Se alejó lo suficiente de su presencia estremeciéndose al plantearse aquello. Sin embargo su insatisfacción seguía aumentando por culpa de las decisiones injustas que tomaba contra los Saiyajin el destructor de su planeta . Se estaba dando cuenta de que nunca reconocería sus esfuerzos, que no les daría el lugar que se merecía a los Saiyajin. seguramente el lagarto pensaba que los tenía subyugados a su merced pero el trio de sus soldados ya tenían sus propios planes gracias a que se enteraron de la verdad de cómo se destruyó su planeta Vegita, no había sido un meteorito letal como había dicho Freezer el que impactó el planeta de los ozarus y causó la inmensa catástrofe, fue él mismo con sus propias malditas garras quien lo desapareció en un instante, ese acto de traición a su raza y sus mentiras narrándole a los supervivientes aquel cuento inventado sobre un "desastre natural" para tenerlos tranquilos bajo su control.

— Pero ellos le han servido por tanto tiempo — le recriminó en la cara sin alzarle la voz, el exterminio que le quería perpetuar Freezer a los tabbu-seijin era una situación tan parecida a la que ocurrió con los Saiyajin que por eso se molestaba ante tal traición inminente que pretendía repetir, solo que con otra raza. Es decir, los habitantes de Tazba han servido con tanta lealtad por muchos años a Freezer, así como los Saiyajin lo hicieron en su momento incluso tragandose el orgullo y a base de vejaciones y maltratos, como para que ahora así como si nada decidiera el lagarto deshacerse de ellos ¿ese es el pago que recibirían por ser fieles a Freezer? Aquel monstruo no tenía piedad por nadie — los ha estado usando a su antojo para mantener a sus tropas saludables con alimentos, aparte de que sus hembras han servido para contentar a sus solados cuando están estresados, y hay que mencionar que los usa a todos como mano de obra barata ¿la muerte será el agradecimiento que recibirán de su parte?

— Lo reconozco — la sonrisa de él se amplió — pero cuando deja de servirme algo — golpeó con su poderosa cola el piso de la nave sumiendo el pedazo de mármol — simplemente estorba…— mencionó arrogante — y como ya encontré un planeta que me puede abastecer con recursos naturales como lo hacían los tabbu-saijins; pues no tiene caso mantenerlos vivos. Así que soldado Vegeta — se giró a verle despareciendo la diversión que todo eso le causaba — informa a tus compañeros que mañana mismo viajaran a Tazba, ese planeta debe estar vacío para ponerlo próximamente en venta.

...

— Maldita sea — se alejó de Freezer y salió a los pasillos de la nave estrujando sus fuertes nudillos con mucha rabia. Llego al exterior hacia un patio pequeño llamando la atención de los presentes por su aura asesina.

— ¿Qué pasa Vegeta? — le pregunto atónito Raditz, que descansaba a unos metros sentado en una roca, apartado del príncipe.

Vegeta detuvo lentamente el paso para poder pensar unos segundos en las consecuencias del nuevo problema que tenía y que empeorarian si no hacían algo pronto

— Tenemos que adelantar nuestros planes — habló firmemente y ciertamente preocupado.

Radiz se levantó abruptamente de la roca, saltó hacia abajo confundido por lo dicho y se puso de frente al pequeño guerrero.

— ¿Te refieres a que tendremos que escapar de las manos de Freezer antes de tiempo? — esperaba que hubiera entendido mal y que en realidad Vegeta le estuviera hablando de otra cosa porque él no se sentía preparado aún para enfrentar a Freezer con su nivel de pelea tan inferior.

— Así es – confirmó para mala fortuna del hombre de dos metros de estatura debido a eso tendremos que cambiar nuestros planes. Freezer quiere que ataquemos solo nosotros tres al planeta Tazba, o más bien dicho a sus ocupantes de los cuales no debe de quedar nada, solo el planeta vacío para luego poder venderlo. Pero se me ha ocurrido que podemos aprovechar el viaje para hacer otra cosa; iremos a Tazba mañana y cuando lleguemos en son de paz propondremos a los tabbu-seijin que se alíen con nosotros para vencer al estúpido arrogante de Freezer. Así no sospechara el lagarto de nuestro plan original al ver que estamos en Tazba en una supuesta misión suya.

— ¿Y que pasara con los tabbu-saijins? ¿si no quiere cooperar con nosotros? — pregunto alterado el hombre calvo, fornido y alto que había salido de una cueva de piedra que se hallaba al fondo.

Vegeta frunció el ceño además de que sus sabios delgados tiritaron de coraje

— Se podría decir que puede suceder eso — suspiró frustrado — pero tampoco deben de ponerse a la defensiva no es que tengan una mejor opción, Freezer los matará pronto aunque nosotros no lo hagamos — dio unos pasos hacia adelante y continuó contando Freezer planea mandarnos a nosotros a eliminarlos a todos mañana, por eso hay que darse prisa — comunicó desdichado la noticia a sus dos compañeros quienes se asombraron por la orden que Freezer les estaba dando.

Era absurdo enterarse hasta donde ese psicópata humillaba a ¡los gran Saiyajin! una raza de guerreros de élite del universo que eran subestimados y eran sujeto de burla de Freezer y sus soldados favoritos Zarbón y Dodoria.

Vegeta era demasiado orgulloso y rencoroso como para seguir permitiendo ser el payaso de esos maniacos, y juraba que una vez liberado de las garras de Freezer y volviéndose más fuerte, regresaría a aplastarles la cabeza a los tres sin compasión, la impresión de la noticia fue tan repentina que un dolor agudo en la cabeza atacó al príncipe y tuvo que obligarse a relajarse acariciando sus cienes para luego cruzar sus brazos en seguida.

— Saben bien que cerca de aquí no hay ningún planeta del que podamos obtener suministros para sobrevivir a nuestro largo viaje por el universo — contempló el cielo oscuro y se sintió desilusionado por la situación desfavorable que los aquejaba — y tenemos que aprovechar que Freezer nos escogió a nosotros para cumplir esa patética misión para llegar y exigirles en secreto a los tabbu saijins que apoyen nuestro plan, con la promesa de liberarlos de su represión cuando regresemos de combatir a Freezer — dijo quedándose sin aliento y apretando sus puños hasta causarse heridas que sangraban — así pasaremos desapercibidos y el maldito lagarto no sospechara de inmediato que no estamos acatando sus órdenes y que en su lugar hicimos una alianza con sus esclavos.

Sus dos compañeros notaron la histeria que comenzaba a aumentar en Vegeta pero optaron por no interrumpir sus palabras, entendían la situación, ellos se sentían igual de indignados que él.

— Para cuando Freezer se dé cuenta de que nos hemos revelado ya estaremos bastante lejos, y lógicamente que los tabbu-saijins por haber cooperado con nuestra fuga serán aniquilados por el fúrico de Freezer, pero eso no me importa — sonrió perverso — lo único que quiero es que busquemos un planeta lo suficientemente fértil para asentarnos y fundar un nuevo Vegita.

— Esa es una estupenda idea príncipe; pero necesitaremos más ayuda — preguntó consternado el Saiyajin de cabello más largo

— ¿Tú tienes un hermano no es así? — ignorándolo le contestó con otra pregunta con mucho interés.

— Sí; esta de misión en la Tierra — confesó tranquilo — seguramente ya lo conquistó ese Kakaroto — se contentó al imaginárselo así, triunfador y rebelde.

El pequeño Saiyajin escuchó aquello satisfecho y no espero para dar paso a su siguiente plan.

— Pues para cerciorarnos de que sea cierto irás tú Raditz a buscarlo cuando escapemos de aquí.

Fin del flash Back

Crush — se impactó un golpe seco bien dado por un poderoso puño sobre una roca de dimensiones exageradas, resquebrajándola esta en el acto.

— ¡Maldita sea! – gruñó de manera aterradora e inquietante — no importa que haya venido de tan lejos a vengarse — se dijo a si mismo convencido con el ceño fruncido — no me supone ningún riesgo ese idiota — alzo el vuelo y le dio un golpe seco a otra roca — pero por su maldita culpa acabo de recordar ese asqueroso pasado — pateó con fuerza una montaña y le formó un orificio gigante — que creí que había quedado enterrado — se detuvo un momento, las venas de su frente se veían alteradas, respiraba agitadamente y sudaba demasiado porque llevaba muchas horas entrenando lejos de su casa, la que compartía con Bulma — me parece que se está burlando — resopló frustrado — subestima mi fuerza el muy malnacido pese a no ser un peleador de verdad, ¿¡Qué demonios oculta!? — Gritó incontrolable y lleno de ira no voy a dejar que Kakaroto se meta en esto, es mi problema…mi lucha — sentenció decidido iniciando feroz el vuelo.


— Puede parecer muy tonto — desde la sala de color roja mencionó aturdido Gohan a su esposa, la cual estaba tranquila sentada a un lado suyo tomando su café humeante, lo contrario a su marido pues él estaba concentrando viendo su taza blanca, aún no le daba ningún trago porque había algo que lo inquietaba — pero tengo el leve presentimiento de que ese sujeto puede ser incluso más fuerte que mi padre.

— ¿He? — Lo observó confundida la hija de Mr. Satán, no creía lo que oía, su suegro era el hombre más poderoso que conocía, miró hacía la ventana pensativa, el cielo ya estaba oscuro y había un viento leve que movía las copas de los árboles — ¿más fuerte que tu padre? Pero si no hay alguien más fuerte que tu padre Gohan aseguró clavando sus negros ojos en él.

— Yo no estaría tan seguro…— expresó preocupado. Dejó su taza de café sobre la mesa y se enderezó en el sillón.

— Entonces si crees eso no te le enfrentes — dejando su café medio lleno sobre la mesa de centro se levantó del sofá para recoger la taza de su esposo, le volvería a calentar el café pues se le había enfriado por estar distraido

— ¿Cómo me puedes pedir eso Videl? — replicó ofendido.

— No es ilógico Gohan le gritó desde la cocina para que la escuchara ese extraño no quiere dañarnos ni a nosotros ni a la Tierra. Solo viene por Vegeta.

El científico estresado se masajeo los ojos cansados, suspirando en el acto y recargándose de nuevo en el costado del sofá.

— Si pero va a matarlo — murmuró entre dientes consternado. Había visto como el alienígena le había dado una paliza de la buena en cuestión de segundos a Vegeta. Lo peor es que Vegeta a su parecer era el segundo hombre más fuerte de la Tierra y si este se vio superado por el enemigo eso quiere decir que toda la esperanza de poder derrotarlo recaía en su papá, Goku. Si su padre perdía la posibilidad de deshacerse de él se reduciría la esperanza a casi nada, por esa razón estaba alterado pero eso Videl no podía entenderlo y tampoco él pretendía preocuparla explicándole la magnitud del problema, su hija y su esposa estaban bajo su protección y quería paz para ellas, que se mantuvieran alejadas del asunto.

Pero la mujer que retiró el delicioso café del microondas sintió su desesperada angustia y como la esposa comprensiva quiso apoyarlo de inmediato.

— ¿Tan seguro estás de su fuerza? — dijo colocándose atrás de él, mientras daba suaves masajes a su hombros tan tensos para relajarlo.

— Para poder confirmar mis sospechas necesito hablar con Vegeta, él más que nadie sabe quién es nuestro nuevo oponente. Mañana mismo iremos a verlo — decidió convencido dejándose consentir. Su esposa sonrió satisfecha, había conseguido que por fin Gohan se relajara.


Y tal como había planeado el semisaiyajin cumplió su palabra, por fortuna ni él ni Videl tuvieron problemas para llegar hasta ahí, hubiera sido un caos si su entrometida hija se enteraba de la razón por la que iban a CC. Ella se hallaba a esas horas de la mañana en la escuela.

Como un padre protector, no le gustaba la idea de que Pan se involucrara en asuntos serios que pudieran ponerla en riesgo pero conociéndola de seguro que ya había trazado planes para derrotar al enemigo.

¡Riiiiing! — oprimió el botón del timbre con paciencia Gohan, la inmensa residencia de la mejor amiga de su padre era la más lujosa de toda la ciudad del Oeste, sus paredes amarillas abarcaban más de 2500 metros cuadrados, adentro existían más de 100 habitaciones casi como un hotel de lujo, 8 mini salas de cine, dos gimnasios perfectamente equipados, una alberca olímpica, jacuzzis, y muchas cosas más, la infraestructura era digna de admirarse, en cambio la de él era simple, tan solo cuatro habitaciones en su interior y sin embargo estaba orgulloso de lo que tenía él y su esposa porque fue lo que consiguió el matrimonio a base de sus propios esfuerzos sin utilizar la influencia de Míster Satán a pesar de que Videl le llegó a insistir que su padre podría prestarles dinero o incluso comprarles una casa cosa que claro él se negó, ya bastante se había servido de su suegro en su juventud cuando estaba de novio con Videl, desgraciadamente en ese entonces no tenía dinero ni para invitarla a salir y era su novia la que lo llevaba a comer o a pasear al cine, a veces incluso le hacía regalos costosos aun sabiendo que a él le molestaba y por eso se lo había prohibido pero como ella era muy necia lo ignoraba. Una vez que casaron le prometió a Videl que se convertiría en un profesional muy exitoso y le daría la vida que se merecia, no como estaba acostumbrada con su padre pero por lo menos no le haría falta nada. De sus cavilaciones fue sacado cuando uno de las decenas de sirvientes a disposición de Bulma Briefs abrió la majestuosa puerta de dos hojas.

Luego de que los exigentes empleados les pidieran identificarse a Gohan y a su esposa para poder hablar con Bulma los dejaron pasar a la mansión. Bulma como era de esperarse los recibió con los brazos abiertos muy feliz de tener visitas en su casa, como la de Gohan a quien consideraba casi como un sobrino al que apreciaba mucho.

— Buenos días muchachos — saludó a la pareja de esposos — me da gusto que vengan a visitarme, díganme, ¿no quieren tomar un café o un te?

— Ah no Bulma — sonrió nervioso el más joven llevándose a la cabeza una de las manos en un gesto infantil parecido al de su padre cuando estaba apenado — oye es raro que nos hayan pedido identificaciones a Videl y a mí, ¿pasó algo malo? ¿Otra vez los delincuentes están amenazando con secuestrar a Bra? ¡Qué ilusos! — se rio de solo imaginarse a los delincuentes hechos trizas por Bra o su padre.

— Lo sé no entienden — dijo Bulma fastidiada — casi todos los días recibimos extorsiones, lo que si es que me asusta un poco el cómo reacciona Vegeta al verlos merodear por aquí, los ha mandado a volar. No quiero que un día de estos mate a alguno. Lo siento Gohan — se disculpó muy abochornada — Entonces ¿a que han venido? — cuestionó con excesiva curiosidad

— Hemos venido a ver al Sr. Vegeta, Bulma — comunicó amistosa la morena que se sostenía del brazo del hijo de Goku.

— ¿A Vegeta? — Murmuró asombrada — pero ¿qué quieren con él?, no le gusta recibir visitas se los advierto, sobre todo ahora que está últimamente irritado y no sé porqué

— Eso ya lo sé Bulma — reconoció el pelinegro, intuyendo como se debía de sentir Vegeta luego de la humillación por la que le hizo pasar ese villano — pero estoy seguro de que querrá verme cuando le hable de un asunto importante.

— A ver déjame adivinar — se llevó un dedo a la boca pensativa hasta que dio con una respuesta — quieres hablar sobre el tabbu-seijins ¿cierto?

El hombre se quedó mudo al saberse sorprendido, nunca había de subestimar a Bulma, era una genio pero sobre todo era la más astuta del planeta y la más entrometida también así que seguro la mujer ya estaba investigando a ese extraño sujeto.

— A…algo así — reconoció

— Pues si estoy en lo cierto entonces te sugiero que vayas viendo cómo convencerlo de abrir la boca, porque por más que he intentado sacarle información sobre todo lo relacionado a él ese hombre nada más no cede. Pareciera que le hablas del mismo demonio al tocar el tema — manifestó indignada con sus habituales brazos puestos en la cadera.

— He…está bien — aceptó el reto de hablar con Vegeta

— ¿Y para qué demonios quieres saber tú de ese sujeto, Gohan? — Entró Vegeta sorpresivamente por la puerta de la sala, observando de reojo a Gohan — después de todo no vas a pelear tú con él

Allá afuera en el jardín con total privacidad continuaron solo Gohan y Vegeta con su conversación.

— De eso no puedes estar tan seguro — observando a Vegeta ejercitarse contradijo inconforme el Son con una breve respuesta, la actitud arrogante de Vegeta no lo llevaba a ningún lado. Debían pensar que hacer.

— Pero si muero que es bastante ilógico — lo observó con una media sonrisa que dejo helado al medio Saiyajin — de nada serviría que te de información de él; además dijo que dejaría en paz a la Tierra, más que nada porque no puede destruirla, de eso estoy seguro.

— ¿Cómo puedes estar tan confiado? — replicó dudoso sentándose en el césped del jardín.

— Porque conozco todo de su raza — dijo con simpleza, aun dándole la ancha espalda, restándole importancia al asunto y continuando ahora con abdominales.

— Entonces ayúdame — suplicó interesado.

— Hm — refunfuño Vegeta no muy convencido — Pues bueno — resopló volteando a verle de nuevo, cedería esta vez solo para quitarse a ese estorbo de encima, pensó. — los tabbu-seijins eran originarios de un planeta cuatro veces más grande que la Tierra llamada Tazba, que se caracterizaba por ser muy rico en recursos naturales como en el agua y en áreas verdes porque tenía mucha tierra fértil para el cultivo de cualquier planta, razón por el que era muy codiciado ya que pocos planetas poseen esas características. Por lo mismo continuamente era atacado por mercenarios de las galaxias. Era hermoso ese lugar tenía un clima siempre cálido y siempre fue el anhelo de muchos conquistarlo. los tabbu Seijins eran débiles, su ki era insignificante, así que tuvieron que ingeniar una estrategia para proteger su planeta, no se les ocurrió otra cosa más que reproducirse como ratas así formarían un ejército de guerreros incontable, con ese descomunal número de de guerreros se volvió muy difícil que los mercenarios los dominaran.

— ¿Y entonces? — como un niño al que le cuentan un cuento de fantasía, alentó impaciente a que prosiguiera. La historia se volvía interesante.

— Un día, Freezer decidió expandir su poderío hacia el Sur y para eso necesitaba tener bases en distintos puntos del universo para que sus soldados descansaran mientras llegaban a sus extenuantes destinos, y uno de los lugares escogidos para servir como estación espacial fue Tazba, y por más que los tabbu-seijins se opusieron a ceder Tazba como se los había propuesto diplomáticamente Freezer ellos terminaron siendo conquistados de manera violenta tanto que incluso el mismo lagarto eliminó el 90% de su población para evitar posibles revueltas en su contra. Entonces una vez controlados bajo su poder fueron obligados a trabajar para él abasteciendo a sus tropas de alimentos, agua y combustible. Pero simplemente un día por azares del destino el muy maldito descubrió que existían una esferas capaces de conceder cualquier deseo, y él, ambicioso de poder decidió viajar muy lejos a buscarlas en cualquier rincón de la galaxia, se le ocurrió poner en venta el planeta Tazba porque no podía seguir teniéndolo vigilado pero para eso antes había que desocuparlo; fue entonces cuando me envío a mí.

Y ahí estaba de nuevo rememorando episodios desagradables que terminaron siendo la causa principal del origen del problema, y esto apenas empezaba...

Continuará...