Disculpen la tardanza, pero cuestiones de trabajo y cansancio no he podido avanzar como me gustaría, así que aquí les dejo la primera parte de este segundo capítulo, juro y perjuro no tárdame tanto en la segunda parte, ya la tengo bocetada. Por otra parte ahora si espero se noten las comillas marcando los diálogos, porque al guionado no sé qué le ocurre que me lo desaparece cuando subo el capítulo en esta página.

Musica para escuchar

Made of Stone (Evanescence)

Kizuna (Sho Ayami) del soundtrack de Zetsuai/Bronze

La pieza de piano de Mark y John es del soundtrack The Corpse of Bride de Tim Burton. El dueto de Emily y Victor.

Mark Morstan está basado en Richard Armitage y

Víctor Trevor en Tom Hiddleston, si quieren ver la imagen lo pueden ver con sus vestimentas para su nueva película que está dirigiendo Cuaron (creo). Eso sí, la subí a mi Facebook hace un par de días.

Capitulo II (Primera parte)

Había transcurrido un año desde la última cacería importante de los vampiros y ahora los habían enviado a un pueblo perdido de Alaska, y Gregory seguía maldiciendo. ¡Qué mierda!, estuvieron a punto de congelarse y es que fue una de esas ocasiones extraordinarias, donde después de múltiples monitoreos se dieron cuenta que algo raro pasaba con ese pueblo. Cuando el equipo arribo, de los cien habitantes que quedaron para resguardar ese pueblo petrolero, solo quedaban media docena, el resto había sido devorado por un vampiro o un licántropo. ¿Desde cuándo se aliaban esos dos grupos?, pero lo primero, lo primero, necesitaban barrer cuanto antes esa basura.

¡Maldito frío! Se les estaban congelando hasta las pelotas, a pesar de la ropa térmica que les había dado en la Orden, pero hacia décadas que había ocurrido esto, un festín de sangre y carne durante treinta días, eso era lo que estaba sucediendo, lo peor… era que todos eran Nosferatus, prácticamente animales sedientos de sangre, eso es lo que más enojaba a Gregory.

Fue tan común ver rastros de sangre que inútilmente la nieve intentaba cubrir. Los que le acompañaron fueron cinco compañeros más, aunque a estas alturas, tendría que haber traído otros cinco, ya que el sacerdote que los acompañaba no creía se pudiera contar, más si estaban frente a un lycano. Y hablando de diablos, estos se aparecieron frente a ellos.

Se vieron rodeados por lo menos por diez perros, odiaba que hicieran eso, los obligaban a sacar armas de alto calibre no tan fáciles de dominar, pero que remedio, tras de Gregory se colocó rápidamente John, sosteniendo la metralleta de asalto, en la otra estaba Dimmock y Donovan y en medio con una simple arma el padre Castañeda, otro novato dentro de la Orden. Lestrade se maldijo internamente por haber subestimado el impacto de la misión, pero tendrían que apañárselas.

Comenzó la pelea, la ráfaga de balas de Nitrato de Plata hacían mella afortunadamente en todos los lycanos, dejándolos derribados e instantes después veían como se convertían de nuevo en seres humanos normales, los abatieron en cuestión de minutos, pero ahora se venía lo mejor, detrás de ellos salieron los vampiros.

"Doble D, quédense con las mismas municiones, ¡John! , bastó únicamente decir esto, para sentir como eran cambiadas sus municiones por unas balas liquidas radiadas con UV, Watson sacó su propia arma y se la entregó al sacerdote Castañeda para que pudiera nuevamente defenderse. Lestrade juraba y perjuraba que no volvería a aceptar novatos, el ministro en cuestión era un manojo de nervios, sino se controlaba seguramente regresarían con él como baja, pero en ese tipo de misiones un cronista e hipnotizador era necesario. Afortunadamente sus tres antiguos discípulos los entrenó perfectamente bien, fueron efectivos y prácticamente estaban sincronizados en todos sus movimientos, como un solo cuerpo, el único que sobresalía cual mano derecha fue John, quien era más certero y preciso que Donovan y Dimmock.

Los enemigos se replegaron después de la primera ráfaga de balas, era hora de empezar a moverse y revisar las casas una a una para ir limpiando la ciudad, los sobrevivientes deberían esperar, de lo contrario difícilmente podrían llegar a tener uno, primero era la limpieza. Les esperaba una jornada bastante larga.

El látigo laser y las balas de UV y Nitrato de Plata fueron una maravilla a ojos de los Cazadores, pocos vampiros y lobos podrían resistirse. Benditas tecnologías, ya no hubo tanta necesidad de ensuciarse las manos como en otros tiempo, pero aun así no deberían confiarse. Todo lo que lograron ver, fueron los cuerpos destrozados de los lugareños. Una visión tétrica y mórbida como hacía años no se presentaba. Uno de los episodios más incómodos fue el caso de una niña no mayor a siete años que fue mordida por diversión. Sorprendió a Dimmock cuando entraron a la tienda de provisiones, logrando derribarlo a punto estuvo de morderlo; John fue quién dio cuenta de la chiquilla cuando le cercenó la cabeza con un guadaña de plata que siempre llevaban consigo. A partir de ese momento permaneció callado hasta que finalizó la misión.

Al final de la misión solo pudieron rescatar a seis sobrevivientes; teniendo que resguardarlos rápidamente porque los vampiros al final habían destrozado las tuberías de petróleo, incendiado el pueblo completamente, provocando un pequeño infierno, aumentando el terror de los lugareños restantes. Comenzaron la parte más tediosa de su trabajo la limpieza, desmembraron uno por uno, vampiro o licántropo para colocarlos en una gran pira funeraria, luego que fueran convertidos a cenizas las esparcirían al viento. Lo último que harían sería borrarles esos recuerdos a los supervivientes, Donovan y el Padre Castañeda fueron los encargados de inyectarles dosis rebajadas de Burundanga, para proceder a la hipnosis, implantando recuerdos falsos; de esta manera los secretos oscuros estarían a salvo, ya que los humanos no soportarían la verdad. Son tan felices viviendo en su ignorancia e incredulidad.

Se retiraron después de setenta y tres horas de cacería y limpieza, estaban verdaderamente exhaustos, nunca antes en la historia de los Cazadores se habían enfrentado tanto a licántropos como vampiros, era algo que tendrían que reportar al Consejo porque eso definitivamente no era normal, los seres oscuros siempre habían trabajado dentro de su mismo grupo, ahora se estaban formando alianzas y eso no le agradaba a ninguno de ellos.

Cuando arribaron a la sede de la Orden, ya había amanecido, pero lo primero que hizo Gregory y todos los miembros de su equipo fue darse un buen baño, todos sin excepción estaban salpicados de sangre, produciéndole repulsión, se había negado a ingerir alimentos durante todo el viaje de regreso, así que ya dentro de su cuarto se desnudó en cuestión de segundos para inmediatamente meterse a darse una larga ducha pero antes pasó a agarrar su botella de bourbon un buen par de tragos deberían quitarle la sensación de asco de la garganta. Veinte minutos después de estar dentro, escuchó como alguien entró a su habitación, por los sonidos de los pasos debería ser una de las hermanas, por el sonido dispar de las pisadas era sin duda la hermana Sara, que seguramente venía a limpiar; en algún momento de lo que le restase vida seguramente se tomaría la molestia de comenzar a ser ordenado, pero no creía fuera en un futuro cercano. Sin importar nada terminó de bañarse a conciencia y salió desnudo porque no metió ninguna toalla con él, así que escurriendo agua para ir directamente a su closet a tomar una, lo que provocó que alguien tirara una por la sorpresa una botella de vidrio. Se giró con una sonrisa burlona, para encontrarse con una sonrisa igual a la suya, era Natalie Servin, una mujer rusa la primera mujer nombrada Dama Cazadora después de dos generaciones, quien lo veía de arriba abajo, se sintió molesto por el escrutinio así que se apresuró a taparse con la primera toalla a su alcance, la cual a duras penas pudo rodearle la cintura.

"Nat, ¿Cuántas veces te he dicho que no entres así a mi cuarto?, menos imitando las pisadas de la hermana Sara, odio que hagas eso.

"No tienes nada que no haya visto Greg, sabes que no me inspiras absolutamente nada. Es más te faltan más atributos extras". Haciendo señas muy claras de lo que se refería, "A diferencia de los gemelos Petrov, vaya que sí tienen grandes atributos y los he disfrutado tanto…" Gregory hizo cara de aversión, provocando que la mujer riera hasta las lágrimas.

"¡Eres una guarra! No necesito tanta información", le gritó escandalizado, esa mujer y su afán por contar todas sus proezas.

"Cómo si tú no te dieras ese tipo de pequeños gustos", dijo desdeñosa y luego agregó con sorna. "¡Oh cierto!, tienes otro tipo de gustos más refinados y muy caros, al menos los míos no le hacen daño a mi hígado", señalando las botellas de Bourbon en el cesto de la basura. Se giró para salir y antes de cruzar como si recordara algo volteó para espetarle. "El Consejo se reunirá en una hora necesitan estar presentes todo tu equipo para dar el reporte de su misión". Natalie, cambió su gesto de travesura por uno de preocupación, sin dudar le preguntó. "¿Es cierto lo que paso?, ¿licántropos y vampiros juntos?, jamás en la historia se habían unido estos dos clanes. Aunque con lo que nosotros vimos en Japón, no debería sorprenderme". Antes de que pudiera cuestionarle algo Greg a Natalie, esta prosiguió. "Fue una suerte que salieras sin una baja, supongo que las últimas armas son más eficientes que las antiguas, les diré a los demás que hagan sus requisiciones para cambiar todo el armamento por los más avanzados. Le pediremos a John que nos enseñe a utilizarlo correctamente.

Gregory solo asintió, estaba consciente y aunque no quisiera admitirlo orgulloso que su antiguo aprendiz fuera uno de los mejores en el manejo de armas y como si estuviera unida a ellas podía entenderlas al segundo que las ponían en sus manos los nerds de la Orden. Además también se estaba perfilando ya como estratega.

Natalie se fue, Gregory suspiró y se sentó en su cama, dispuesto a tumbarse durante diez minutos, de verdad estaba agotado y ahora esta reunión que seguramente sería de varias horas, tendría que pasar al comedor por un gran termo de café sino de lo contrario caería de sueño en cuanto el dejara de hablar. Era verdad, durante esos tres días, no habían dormido más que un par de horas en promedio cada uno, así que la factura no tardaría en pasar. En su interior repetía, solo diez minutos, solo diez minutos, solo diez minutos. Pero esos minutos se convirtieron en la hora completa cuando alguien lo estaba zarandeando, que provocó que despertara de manera brusca, levantándose a la vez que agarraba el arma que siempre estaba bajo su almohada.

Un par de carcajadas se escucharon, ¡Maldición! Eran Dimmock y Donovan.

"Por más que quieras presumir tus atributos ante mí, antiguo maestro, no tengo intención de alabarlos, te aseguro harías bien en cubrirte porque el pobre de Phillip le dará algo, míralo ya está más que avergonzado". Volvió a reír Sally. En efecto Dimmock estaba mirando hacia el techo con las mejillas rojas.

Se giró para ir a su closet y ponerse enseguida su uniforme. Maldición, se quedó dormido, cuando vio que pasaba de la hora fijada para la reunión del Consejo. A una velocidad adquirida con la práctica estuvo listo en tres minutos, tan solo se puso el pantalón y camisa blanca oficiales. Cuando se giró, ya sus dos ex aprendices, ya no estaban, cuando salió ya no los pudo alcanzar hasta que llegó a la sala inferior donde se procedían todas esas reuniones.

Ya estaba reunido todo el Consejo y habían ya encendido los proyectores con las imágenes que habían tomado cuando habían finalizado la misión. En esos poblados difícilmente la recepción a tan grandes distancias eran trasmitidas con gran distorsión, además que era mejor no hacerlo para evitar alguna posible filtración de información, ya una vez ocurrió y tuvieron que recurrir a la persuasión del hacker involucrado. Jamás se volvió a saber de él, ya que ellos tenían a los mejores a nivel mundial, ni la CIA.

Lord Ivannov le lanzó una mirada de molestia, por lo cual solo se encogió de hombros. Alguien Dimmock y Donovan, se sentaron a su lado con grandes termos de café, estuvo a punto de tomar el de Sally cuando Phillip le pasó otro, era el suyo. Sonrió ligeramente, aun lo apreciaban los chicos a pesar de haber sido duro con ellos en sus entrenamientos. Seguramente lo sintió así porque en el caso de John al tener entrenamiento militar previo no le costó tanto adaptarse a su propia rutina.

Se había perdido en sus pensamientos cuando un codazo lo regresó al momento. Fue de Sally, alzó la vista y observó que todo mundo estaba viéndolo, algo le habían preguntado, fue Dimmock quien lo sacó del apuro al susurrarle: "Le están preguntando su opinión sobre este ataque conjunto". Era eso, soltó el aire y presto se paró para comenzar a hablar.

"En todo el tiempo de la Orden solo un par de ocasiones se ha visto un ataque de esta naturaleza y eso fue hace ocho siglos y eso fue porque los licántropos aún eran los sirvientes de los vampiros, hasta que se emanciparon (elegante palabra para decir que se independizaron a base de una guerra) y siguieron por ellos mismos. Se supone que jamás volvió a suceder debido al rencor que quedó entre ambos clanes. Me temo que ahora estaban participando por voluntad propia, además eran Nosferatus, los más sanguinarios y salvajes". Antes de que pudiera continuar Lord Kenneth lo interrumpió.

"¿Está seguro de esto Lestrade?" Oh, ahí iban los apellidos únicamente, esto solo indicaba inicio de una discusión bastante acalorada.

"Completamente su señoría". Ahí estaba el título, no caería en su provocación. "El ataque fue bastante coordinado, de no haber llevado lo último en armamento contra ellos, no podría haber estado seguro si el resultado de la cacería hubiese sido el mismo". Y era completamente cierto. De solo recordarlo lo odió, odió pensar que Dimmock, Donovan, Watson, Castañeda o él pudieran haber sido heridos o peor, muertos.

"El Caballero Watson no opina lo mismo". Tan solo esa frase hizo cerrar los ojos a Gregory, sabía que John no había salido tan bien de esa cacería, más cuando tuvo que matar a esa niña para salvar a Phillip, debió haberlo hablado a tiempo.

"Con todo respeto su señoría, el Caballero Watson jamás se había enfrentado a un infante convertido". Interrumpió Lestrade antes de que alguien más lo hiciera. "Sabemos que son raros los casos, incluso solo un par está escrito en los libros. Los pocos que hemos enfrentado a este tipo de criaturas nos ha perturbado en mayor o menor medida, ya que convertir a un infante incluso entre los vampiros es una aberración, porque es crear un monstruo sin control, solo con sed de sangre y así se moverá, además de su apariencia infantil, atrae demasiadas víctimas, por otro lado, a veces no llegan a matarlos porque como infantes no beben tanto como un vampiro adulto, por lo tanto los deja prácticamente para ser convertidos, el problema es que sabemos que estos, permanecen atados en un lazo de amo-recién nacido y si, tiene que seguir a un infante, imagínese que clase de vampiros son. Son peores que los Nosferatus, porque no tienen conciencia de nada solo de beber sangre.

Giró para ver a John, quien permanecía mirándolo fijamente, con el ceño fruncido. Siempre pasaba por alto el hecho de que todos los aprendices o Caballeros habían pasado por lo más horrendo, pero a ninguno le había tocado el caso de infantes. El entrecejo de Watson se disipó y giró su rostro para volver a poner atención al Consejo a su lado estaba Morstan había regresado hacia cinco días de una misión en Japón.

"¿Está de acuerdo con eso Caballero Watson?", preguntó Lord Kenneth. El interpelado asintió. "Bien continuemos. Según usted Caballero Lestrade los vampiros y licántropos estaban coordinados en el ataque, algo por supuesto sin precedentes; nuestros espías no han reportado absolutamente nada de esto. Así que por el momento lo pondremos como un ataque al azar con licántropos azuzados, previendo que hayan sido esclavizados nuevamente como hace siglos.

"¿Qué?, ¡No señoría!" Greg no pudo evitar alzar la voz y continuar en ese mismo tono. "¡No podemos desestimar absolutamente nada de este ataque porque está más que claro que fue planeado!, incluso desde antes de iniciar el ataque, uno de los supervivientes, el sheriff del pueblo dijo que hubo actos vandálicos antes del ataque: robo y quema de teléfonos satelitales, corte de líneas telefónicas, inutilización de radios de onda corta, vehículos inutilizados y corte de energía eléctrica, ya habían planeado atacar esta población, para darse un festín de sangre y carne y eso lo significa una cosa.

Antes de que pudiera hablar Lord Kenneth alzó su mano para impedirle seguir hablando.

"Basta Caballero Lestrade, ambos sabemos que eso es imposible, Nosferatus y licántropos no pueden tener ese grado de inteligencia.

"Quizás no lo tengan ellos mismos, así que otros más tuvieron que estar detrás del ataque como previo a algo mayor". Rebatió el argumento Greg.

"Déjese de paranoias Caballero Lestrade, es un ataque aislado", dijo con tono cercano al desdeño Lord Kenneth, mientras los otros miembros del Consejo veían a uno y otro enfrentarse.

"Yo estoy de acuerdo con el Caballero Lestrade dijo John, mirándolo detenidamente, todo mundo se silenció. "Este ataque fue más que premeditado, incluso nos estaban esperando porque nada más salir de los vehículos, a los pocos minutos fuimos atacados por la primera ola de ellos, primero los lobos y luego los vampiros, Señoría estamos desestimando algo más grande.

"¿Y solo porque usted apoya las paranoias de su antiguo mentor, lo hace más cierto?

Nuevamente ese hombre, lo estaba sacando de sus casillas, la mandíbula tanto de John como de Gregory se veía apretada, en un momento a otro volverían a discutir, fue Greg quien tomó una gran bocanada de aire para dar otro argumento.

"No es solo por apoyar, según tengo entendido en el libro de la historia de los clanes vampíricos se dice que cada determinado tiempo con la alineación de no sé qué estrellas, se realiza un festín de sangre por el nacimiento de un nuevo grupo poderoso o en este caso alianza. Me temo que estamos frente a una nueva asociación de diferentes grupos de seres oscuros para socavar nuestras fuerzas.

"Yo también apoyo esa teoría su Señoría". Esta ocasión fue el turno de hablar de Mark, Gregory se quedó mirándolo fijamente. "En mi última misión no solo di fin a un par de vampiros sino también a un par de demonios, que se habían fusionado con los cuerpos de los no muertos, fue muy difícil para los hermanos Petrov y la Dama Servín acabar con ellos, nos tomó al menos un par de días y solo eran dos. Es por esa causa de que los gemelos estén aun en la enfermería, recuperándose de la paliza que les dieron". Por primera vez Lestrade notó el cansancio de Morstan en sus ojos además que de llevaba una mano vendada y seguramente el brazo pero este le cubría las mangas de la camisa blanca.

"¿Ustedes dicen que es posible que estemos ante una nueva alianza de estos seres? Es ridículo", dijo Lord Kenneth, en el caso de Lord Ivannov se quedó viendo a todos fijamente, pensando, para un instante posterior ponerse de pie, apoyando las manos sobre la mesa a manera de finiquitar la discusión que podría durar horas.

"No dudo que han sido casos extraordinarios, pero no podemos precipitarnos en armarnos y pertrecharnos como si fuera a empezar una guerra sin precedentes, por el momento esperaremos la llegada de los otros dos equipos que mandamos a Rusia y a Sudamérica, tras sus reportes tomaremos una decisión fueron las palabras finales .

"Pero su Señoría", intentaron decir todos los Caballeros presentes, pero la mirada de Lord Ivannov los hizo callar.

"Tomaremos la decisión cuando tengamos el reporte de los otros equipos, porque de ser así, entonces todos los ataques serán de ahora en adelante de esta manera y hasta no comprobarlo no podemos movilizarnos". Había dicho el jefe del Consejo y ante eso no hubo más quien rebatiera.

Disgustados abandonaron el recinto, todos los cazadores presentes se fueron a sus respectivos aposentos, en cuanto llegó al suyo, a pesar de tener tantas preguntas en su mente, nada más posar su cabeza en la almohada Greg se perdió al mundo, el excederse esos tres días le pasó la factura y por más multivitamínicos que tomara ya pronto no harían tanto efecto como antes.

Despertó cuando su estómago le exigió alimento, no sabía cuánto tiempo había dormido, pero por lo que pudo percatarse ya era bastante tarde, no debería haber nadie ya en el comedor, así que iría a asaltar las cocinas, tenía demasiada hambre, esperaba al menos hubiera un cocinero de guardia porque sus dotes culinarias se relegaban a un sándwich de lo primero que hubiera. Pero era uno de esos días en que tuvo no corrió con tanta suerte, porque efectivamente no había nadie en la cocina, haciendo estómago fuerte recorrió la estancia para localizar una barra de pan y procedió a prepararse un baget, encontró afortunadamente todo lo que pensó podría ponerle. Cuando había finalizado ya su cena con una cerveza, alzó la mirada para ver que era prácticamente media noche, si había dormido un buen rato, tomando en cuenta que la reunión extraordinaria acabó a las doce del día. Por final se tomó un vaso de agua y salió de las cocinas, deseaba caminar tranquilamente un par de horas antes de ir de nuevo a la cama.

Cuando Greg pasó uno de los pasillos que daba hacia las salas de descanso, tuvo la idea de ir, a esta hora no habría nadie, sería perfecto para poder pensar sobre el gran problema que se les avecinaba, era más que obvio que algo no cuadraba, todos sus sentidos gritaban que algo estaba completamente mal. Cuando se acercó más escuchó a los lejos la melodía suave de un piano, era triste; curioso caminó hasta ahí, abrió la puerta lentamente y entonces los vio. Eran Mark y John, estaban sentados frente al piano, donde uno tocaba primero y el otro hacia un acompañamiento, la melodía se aceleró, prácticamente diciendo que algo le pasaba a John, mientras Mark parecía querer animarlo al tocar notas más alegres. Al final lo hizo reír con los movimientos rápidos de sus dedos cruzando frente a su pecho.

Se rieron con ganas, mirándose a los ojos, los de John mostraban una alegría tranquila y pacífica, mientras que los de Mark lo veían con ternura y hambre contenida. Se quedaron así durante varios instantes, con esa complicidad inigualable de los amantes, a Gregory que no le había agradado la cercanía entre Mark y John, ahora las miradas de ambos gritaban sentimientos que eran imposibles de ocultar, Greg no pudo evitar una mueca de asco. Ambos se fueron acercando lentamente para darse un beso, Greg se giró para quedar de espaldas al muro conservando la puerta entreabierta. Lo vio venir, pero hizo caso omiso a las señales ahí puestas, no tenía cabeza para haberlos detenido, ambos eran hombres adultos y sabían lo que hacían, no eran como él, cuando se enamoró de la persona incorrecta.

Las imágenes nuevamente inundaron su mente, ese día cumplió diecisiete años, que pasó en blanco, porque no podía salir del internado para ir a visitar a sus padres, ya que a pesar de ser considerado adulto desde los primeros minutos de ese día en Inglaterra, no le permitían ir solo a casa hasta que se acabara el ciclo y eso que era viernes. Fue entonces que ese día que en la tarde apareció Mycroft Holmes en su propio cuarto, sonriéndole de manera amable, a la vez que le extendía una caja pequeña con un envoltorio precioso de color rojo sangre con vivos dorados y un moño de listón del mismo tono, exquisitamente arreglado; pero que no tuvo empacho de abrir rompiendo todo, para ver lo que tenía su interior, al parecer Mycroft Holmes no sabía que era de buena suerte romper así el papel, porque hizo un gesto muy gracioso, frunciendo su nariz, que hizo sentir culpable a Greg.

Esa noche misma después de ver que era un reloj exquisitamente grabado de un material que no reconoció hasta que alguno de sus compañeros se lo dijo, Mycroft le invitó a salir, estuvo a punto de protestar pero le aseguró que el Decano mismo del internado había dado su venia para que lo llevara a cenar. Feliz como tal se metió rápidamente a cambiar por uno de los trajes que les obligaban a llevar los días de gala, era sencillo, con corte recto de color gris ratón y casimir del más barato. Se colocó el reloj regalado para complacencia del mayor, que cuando lo vio en su muñeca, sonrió ligeramente, satisfecho.

Los sonidos de besos apasionados, llenaban el silencio lo trajeron a la realidad; se asomó con un sentimiento ligero de incomodad y de lujuria por ambas partes iguales, observó cómo Mark tenía ya en contra de uno de los divanes amplios de la sala a John con ya la mitad de su ropa únicamente puesta, mientras parecía que deseaba succionarle cual súcubo el alma por la boca, las manos grandes de este Caballero parecía tocar perfectamente sitios que hacían estremecer al más reciente Cazador. La piel blanca de leche que siempre tenía John al ser rubio, ya se veía con marcas de mordidas y besos de diferente grado de antigüedad.

Ese mismo tipo de marcas que él llegó a ostentar desde la primera cita que tuvo con Mycroft, se volvió a recargar de la pared. Esa primera noche como adulto, hubo de todo un poco, desde una visita a un centro comercial para ir a una tienda de ropa para caballeros hasta una cama con sabanas de seda. En el centro comercial Mycroft literalmente lo obligó a probarse varios trajes hasta quedar satisfecho con uno de color azul marino, recto con un botón a nivel de la cintura para acentuarla junto con sus caderas, zapatos que jamás en su vida pensó ponerse, una camisa de seda blanca y un corbata azul marino con motivo dorados y para completar el cuadro un par de mancuernillas de oro blanco igual que el botón de su saco. Se sintió agobiado, pero todo esto desapareció cuando el propio Mycroft se colocó a sus espaldas alzando el rostro de Greg completamente sonrojado dándole una sonrisa satisfecha. Las palabras que le dijo aun las podía recordar a la perfección.

"Oh, Gregory debo decir que te ves exquisitamente perfecto.

"Pero…" fue lo único que pudo decir porque un dedo se deslizó hasta sus labios para acallarlo.

"Shh, no digas nada, este es mi regalo para ti". La voz gentil y modulada de Mycroft provocó que un escalofrío lo recorriera de pies a cabeza. Durante esos dos años que llevaba conociéndolo, siempre lo llenó de regalos útiles para un chico adolescente, desde un ordenador hasta unos convers, ahora oficialmente era un adulto y por lo tanto estaba recibiendo regalos para un adulto, quiso protestar. Un adolescente como él fue fácilmente deslumbrado, aunado a las veces que visitaba la escuela y se quedaba con él a platicar hasta que era demasiado noche para estar despierto.

En la misma tienda, aún seguía protestando. "Pero ya tengo el reloj", se sentía tan avergonzado, como si fuera una adolescente quinceañera, quiso objetar nuevamente, pero una mano en su mandíbula lo obligó a callar, para girarlo quedando frente a frente observándose a los ojos por lo que pudo ser bien unos segundos o una eternidad, pero de algo estuvo seguro esa noche, nunca se cansaría de ver esos ojos azul cielo invernal. "No puedo aceptar esto, es demasiado". Siguió en su intento vano de parecer ya un hombre adulto. Causando únicamente que su acompañante sonriera ligeramente.

Gregory maldecía cada uno de sus recuerdos, porque a pesar de tanto tiempo aún conservaba en una vieja caja de zapatos bajo una duela de su cuarto, algo de lo que le dio Mycroft, pero a la vez cosas que le hacían constancia de porque lo odiaba tanto.

Ese día no solo cenaron en un restaurant elegante sino, también lo llevó a la ópera, sentados en palco preferencial, donde cabía decir para su vergüenza se quedó dormido porque no entendió absolutamente nada, cuando despertó ya estaba prácticamente terminando la escena, pero extrañamente estaba cómodo porque el mismo Mycroft lo estaba abrazando contra su pecho para que su cuello no se torciera por el mal ángulo en que había quedado. Aun recordaba como sintió el calor extendiéndose por todo su rostro y el ligeramente burlón acento de su acompañante.

"No te apenes Gregory, te aseguro que con el tiempo llegaras a apreciar la ópera, solo es cuestión de educar tu oído". Quiso protestar y alejarse pero el agarre era firme y no lo dejó salirse de ese abrazo. Terminó de escuchar lo que se supone fue Salomé, claro Mycroft fue quien le explicó lo que estaba pasando y no comprendió como una mujer podría obsesionarse por alguien imposible. Rió con amargura por la ironía. Nunca aprendió a amar lo opera, sino todo lo contrario.

Los ruidos dentro de la sala de descanso iban en aumento, las ropas a estas alturas seguramente ya dispersadas por ahí, mientras el sonido de pieles rozándose era una sinfonía agónica para Greg, quien no pudo evitar asomarse, esa curiosidad mórbida para ponerle más ácido a su corazón.

Ahora John estaba encima de Mark besando cada parte expuesta, sus sombras se perfilaban ahí tiradas sobre la alfombra que se encontraba junto al ventanal, la luz de la luna les daba un brillo casi irreal. El sonido de los besos húmedos de John que poco a poco iban descendiendo, mimando cada parte adolorida del cuerpo del otro Cazador, hasta que finalmente llegó a su objetivo. Greg se giró nuevamente hacia la pared, eso era demasiado privado, no debería estar siquiera viendo eso, era un masoquista.

Su mente enferma le gustaba torturarlo, porque era imposible no recordar y comparar los besos que también se dio con Mycroft, el primer beso de su vida, fue de él. El escenario estuvo puesto para hacerlo caer, era nada más que texto básico de la novelas rosas de muchas jovencitas de su edad, un parque, la luz de la luna creciente, un par de cafés, un paseo platicando de cosas intrascendentes que en ese momento no lo fueron y una banca donde finalmente probó los labios de ese hombre tan misterioso, estaba seguro, lo había embrujado, hechizado, aunque este jurase lo contrario.

El sonido obsceno de la penetración y un gemido ahogado de John, le dijeron a Gregory que finalmente estaban unidos, formando un solo cuerpo, porque es lo que buscan dos amantes al hacer tal acto y cuando es la persona que más amas y la correcta se siente que finalmente lo que tanto buscaste en esta vida lo encontraste y ahora estás completo. El corazón se siente tan henchido de satisfacción y querrías quedarte así toda tu vida, para no sentirte solo nuevamente.

Greg sonrió con amargura, se levantó sigilosamente de ese piso, con cautela se giró para agarrar el picaporte y cerrar cuidadosamente sin hacer el menor ruido, aunque para esos dos, en ese momento estaba seguro que ni siquiera se percatarían si azotaba la puerta. Unidos danzando ese baile tan antiguo como la humanidad misma, John sobre Mark, cabalgándolo como si fuera lo único importante en este mundo tan lleno de miseria. No soportó más la visión y con los recuerdos entristeciendo su corazón el Cazador se fue a sus habitaciones.

Cuando llegó se aventó a la cama; a pesar de querer borrar toda la escena fue incapaz de hacerlo, parecía estar grabado a sobre la piedra. Sujetó su cabeza intentando parar los recuerdos. Dos lágrimas rodaron por sus ojos, cuando la imagen de un Mycroft Holmes, le sonreía de manera suave y única, ya recostados en una cama que era una delicia, aun sentía el tacto de las sabanas de seda azul cielo y recién había cumplido los diecisiete años. Ya no pudo más, gritó de frustración, aferrándose a la almohada prácticamente desgarrándola.

Mycroft era su maldición, la maldición que se arrojó a sí mismo cuando se atrevió a amar a un ser oscuro, nada más ni nada menos que el primer vampiro. No lo soportó más fue hasta su closet y sacó dos botellas de bourbon, una no sería suficiente. Aun a pesar de tantos años, su piel aun clamaba por el tacto de ese monstruo. Se mesó de los cabellos desesperado, intentando vanamente detener las lágrimas que salían sin control por sus ojos. De un solo golpe vació media botella de licor, pasaron varios minutos y la presteza del alcohol apenas estaba asomándose lentamente, invadiendo su mente y dejándolo sin defensas antes los recuerdos.

Dos semanas después de su cumpleaños fueron a cenar nuevamente, ahora a un restaurant sumamente elegante, tanto como al que le llevó el día de su aniversario de nacimiento, ahora con la autorización del decano del internado, para que estuviera fuera todo el fin de semana. Greg estuvo más que exultante, finalmente podría pasar todo el día junto a Mycroft, prácticamente salió corriendo del aula para ir arreglar su maleta y no olvidar nada,

Cuando salió ya el auto negro lujoso que siempre usaba Mycroft estaba ahí, eran apenas las seis de la tarde, únicamente estaba el chofer quien le abrió la puerta diligentemente, cuando se percató que no estaba dentro nadie, cuestionó con la mirada al conductor, quien solo se encogió de hombros, quizás el haber observado detenidamente a ese hombre le debió dar algún indicio de señal de que era muy raro pero como recién adulto, difícilmente llegó a percatarse de tal peculiaridad, demasiado alto, demasiados músculos, siempre con un brillo dorado en los ojos.

Llegaron a la casa, mejor dicho mansión de Mycroft al anochecer, las habitaciones ya estaban iluminadas, comenzando a llegar autos de lujo, el mismo chofer le indicó por donde entrar para acomodarse y cambiarse con la ropa que ya le había preparado en la habitación principal. Ese día se tuvo que poner un smoking negro, con una camisa de seda blanca pristisima, una pajarita de color negro, que tardó en ponerse aproximadamente media hora y aun así no estuvo conforme con los resultados. Toda la ropa fue hecha expresamente a su medida, dio un suspiro satisfecho, era tan joven que no le preocupó absolutamente nada, bendita-maldita inocencia e incapacidad para sentir el peligro, aunque todo era tan raro.

Cuando estaba por fin colocándose las mancuernillas que le había regalado Mycroft, este entró, como siempre enfundando en un smoking de tres piezas, parecido al de él, con la diferencia que llevaba una bufanda de seda color azul cielo, todo en él exudaba sensualidad y poder, suspiró, ¿cómo un hombre así, se fijó en alguien como él? Un joven completamente inexperto e ingenuo. Ese exceso de confianza la pagaría más adelante con su propio corazón. Los brazos de Mycroft lo rodearon por detrás para atraerlo, ese solo movimiento provocaba en Gregory un estremecimiento de pies a cabeza, siempre le fue imposible no hacerlo, pero al cabo de unos segundos se relajaba dentro del abrazo, colocando su cabeza en el hombro del otro, mientras este daba besos a su cuello, descendiendo hasta la base del mismo y luego subiendo hasta su mejilla para acunarla entre sus manos y girarle el rostro para besarlo plenamente en la boca, de la única manera que sabía hacer. Primero pidiendo permiso de manera suave, incitándolo a abrir sus labios para después subir la intensidad hasta dejarlo prácticamente sin aire, para ese momento sus piernas se habían vuelto gelatina. Y solo era un beso, siguieron así durante bastante tiempo, cuando sin siquiera darse cuenta alguien estaba dentro de la habitación, fue el mismo Mycroft dejó de besarlo para girarse y dejarlo a su espalda.

"Así que él es tu nueva…" pero antes que pudiera seguir fue interrumpido.

"¿Qué deseas Sherlock?", cuestionó Mycroft con un ligero tinte de irritación.

"¿Desear?, nada, solo que todo mundo te anda buscando, como si no fuera lógico que estarías aquí, pero ya sabes tus lacayos son un montón de incompetentes", dijo burlón el recién llegado.

Aún recuerda cómo se asomó para verle el rostro y fue increíble, era un hombre relativamente joven, no mayor a los treinta y cinco años, con el mismo porte y elegancia de Mycroft, vestido con un traje negro con una tela que jamás había visto, camisa blanca y sin corbata, era la misma versión que el hombre mayor pero sin tanta formalidad, claro que a diferencia de este, tenía rulos negros y pómulos altos, mientras tanto, Mycroft era de cabello rojo oscuro, sin esa estructura de cara.

"Todos han llegado, todos, así que supongo ya estás preparado", dijo Sherlock como así le llamó Mycroft seguía sonriente sin mediar palabra se giró para salir inmediatamente sin siquiera mirar atrás. El silencio se hizo presente dentro de la habitación. Mycroft volvió a centrar su atención en él, pasando un brazo por su cintura. Pero la curiosidad pudo más.

"¿Quién era?", cuestionó Greg.

"Mi hermano menor, Sherlock", dijo simple y llanamente.

"¿Tienes un hermano?". Era algo que nunca le había dicho y llevaban dos años conociéndose.

"Si, ¿Es acaso increíble que tenga uno?", retrucó la pregunta con un ligero tono divertido.

"No, solo no pensé que tenías, porque nunca lo mencionaste". Mycroft tomó su barbilla y alzó el rostro de Greg para mirarlo fijamente a los ojos, intentando buscar una excusa.

"Oh, seguramente porque no tenía caso mencionarlo". Finalizó sonriéndole de la manera que siempre intentaba tranquilizarlo, cuando intentó volver a hablar, Mycroft se separó para ir hacia la puerta.

"Por más que me gustaría quedarme más tiempo aquí solos me temo soy el anfitrión y debo recibir los invitados, seguramente estaré yendo y viniendo, así que por favor quédate cerca de Peter, cualquier cosa puedes pedírsela a él". Greg frunció el entrecejo ¿Peter? Mycroft pareció adivinar su pensamiento. "El chofer.

"De acuerdo", respondió no tan convencido. "A todo esto ¿qué celebras?" Inquirió curioso. "Lo digo porque no creo que sea tu cumpleaños, según tú me dijiste naciste en Junio y estamos en Octubre, difícilmente te me haces como alguien que celebra Halloween, porque falta toda una semana.

"Oh, eso, si, no es celebración de Halloween, solo es una reunión de varios socios míos y sus familias, esta noche un nuevo socio se incorporará y al ser de esta manera todos necesitan conocerlo lejos de un ambiente de oficina.

"Oh, no sabía. Para tener tantos socios ¿A qué se dedica tu empresa?". La curiosidad se hizo presente, algo que no agradaba del todo al mayor.

"Es una industria farmacéutica querido". Quiso volver a preguntar pero fue acallado por unos labios. "Me tengo que ir, no puedo dejarlos esperando más, así que sígueme querido.

Y lo hizo, bajó detrás de él, por las escaleras principales, siendo deslumbrado por la opulencia de los salones principales los cuales estaban más que adornados, lo más llamativo eran la personas mismas, quienes al parecer el estatus social era igual al de Mycroft, con vestimentas perfectamente elaboradas, joyas que en su vida soñaría siquiera Greg soñaría en portar. Todo en ellos anunciaba poder y riqueza.

Un cuarteto de cuerdas amenizaba el ambiente con música relajada, mientras todo mundo saludaba a sus conocidos, incluso vio como el hermano de Mycroft salió de la nada para dirigirse a la puerta y con una sonrisa de oreja a oreja recibir con un abrazo a un hombre de su misma estatura y complexión, solo que este no tenía pómulos altos, pero si cabello crespado oscuro ligeramente largo, vestía un traje completamente negro, con corbata verde esmeralda y bufanda plateada con verde a juego, llevaba un bastón con empuñadura plateada, no podía fijarse en todos los detalles por la distancia, en esos momentos sintió que alguien se posó a su lado, era el chofer Peter, quién al mirarlo solo hizo una leve inclinación de cabeza. Vaya así que ese sería el guardaespaldas, algo ridículo estando en la propia casa de Mycroft, pero en los dos años que llevaba conociéndolo sabía que podía ser bastante maniático y excéntrico con sus costumbres. Por otro lado Peter en sí era ya alguien de temer, un hombre de dos metros de altura complexión media y piel achocolatada, seguramente por su ascendencia mulata, lo delataban sus ojos azules, la mezcla casi perfecta de mestizaje.

La mayoría de ellos estaba ya bebiendo vino tinto, así que al mismo Gregory le apeteció una copa, pero cuando veía que algún camarero se acercaba y estaba por solicitarles una copa, lo esquivaban lo mejor posible, para ir directamente a las cocinas, sin volver por el mismo sitio y era urgente, ya tenía demasiados bocadillos dentro de su estómago, pero pudo evitarlos eran tan deliciosos. Aún recuerda que se sintió enfadado, por esa actitud de evitarle el vino, seguramente el mismo Mycroft se los había prohibido. No se percató cuando el propio Peter fue hasta las cocinas y el mismo le trajo una copa de vino blanco. Recuerda como le sonrió feliz de poder obtener lo que deseaba y ahí fue como comenzaron a platicar.

A pesar de ser únicamente el chofer, le sorprendió descubrir que era un hombre de amplia cultura que podía perfectamente rivalizar con los conocimientos de un catedrático, aunque no tenía especialidad, se veía bastante habituado a platicar, supuso causa directa de la influencia de Mycroft, que lejos estaba de sospechar que más del cincuenta por cierto de los invitados eran inmortales, por eso no comían y únicamente bebían vino tinto. Un par de horas más pasaron cuando finalmente el mismo Mycroft llamó la atención de todos, estaba en los principios de la escalera principal, junto a él estaba el hombre que había recibido recién comenzó la reunión. Aún recuerda como sintió un escalofrió cuando observó esos ojos tan luminosos pero a la vez tan fríos.

"Buenas noches Damas y Caballeros, esta noche es para mí un honor presentar al nuevo miembro de nuestra sociedad al Sr. Víctor Trevor, inglés oriundo como la mayoría de este salón y con un abolengo ascendente sin mancha. Dentro de poco seremos una sociedad ya que formará parte del grupo de socios de nuestra mayor empresa, Industrias Farmacéuticas Nova Lux, él junto con Sherlock han sido capaces de desarrollar uno de nuestros principales productos, que la mayoría ya conoce". Los aludidos sonrieron pagados de sí mismos, el orgullo se destilaba por cada poro de su cuerpo, vaya con los arrogantes, Mycroft prosiguió. "Deseo que todos los miembros de la junta directiva de ahora en adelante puedan tener un receptor más abierto a sus ideas". Todo el mundo rió como si se tratara de un chiste particular, porque Greg no le encontró ninguna gracia, aparentemente los otros si, a excepción de Sherlock quien tampoco rió, sino hizo una ligera mueca de disconformidad.

"Por otro lado me enorgullece mencionar que esta alianza se afianzará más cuando el mismo Víctor Trevor sea parte de la familia, ya que se casará con la señorita Molly Hooper, sobrina de cuarta generación perteneciente a mi línea materna". Todo mundo aplaudió cuando una chica de rostro y mirada inocente. "Ambos se llevarán magníficamente bien ya que se viven y duermen en los laboratorios". Mycroft se giró hacia ambos donde estaban, ella completamente sonrojada y con la vista abajo. "Espero tenga bien cerrada la puerta para no llevarnos sorpresas indecorosas cuando vayamos a visitarlos". Una sonora carcajada provino de Víctor, mientras la chica se escondía más, lo cual aprovechó el más joven para atraerla hacia él y estrecharla contra sí, aunque definitivamente ella no se veía cómoda. Sherlock por su parte solo los miraba con curiosidad casi científica. Pero en esos instantes era algo que jamás le hubiera interesado a Greg.

Molly era la única chica que jamás encajó dentro de los vampiros, además fue ella quien diseñó y creó la sangre clonal, para evitar que sus congéneres cazaran seres vivos, ella misma prefería alimentarse antes de animales menores, una genio que jamás fue perdonada por otros dos genios que se vieron opacados. Esa noche pudo darse cuenta de demasiadas cosas si no hubiese sido un chiquillo tan inexperto, pero a final de cuentas tras el discurso y las breves palabras de Víctor, comenzaron a interactuar más con los invitados, la misma Molly se acercó para sonreírle suavemente y presentarse ella misma.

"Hola soy…

"Si, lo sé, Molly Hooper la futura esposa de él", dijo señalando hacia donde se encontraba su prometido. Ella solo suspiró y asintió.

"Y tú eres Gregory Lestrade ¿cierto? Creo que tú y yo somos los más jóvenes dentro de esta fiesta". Ya que cuando mucho aparentaba veintidós años.

"Ya lo creo, apenas cumplí diecisiete años y ahora estoy en medio de esto", respondió Greg algo mortificado, no le gustaba que le recordaran su edad.

"Pero estas con Mycroft ¿no?

"Eh, si, así es, estoy con Mycroft". Ella arrugó el entrecejo, analizándolo y mirándolo fijamente a los ojos, entonces abrió los ojos ampliamente.

"¡Oh, aun no sabes…!" iba a decir algo más cuando se interrumpió porque el mismo Víctor estaba ahí abrazándola por la espalda. El cuerpo de ella inmediatamente se tensó de manera visible, pero él no hizo caso y le dijo algo al oído. Se removió más penosa, pero el agarre no cedió, así que bajando la mirada, lo presentó.

"Víctor te presento a Gregory Lestrade, es el, novio de Mycroft". El aludido le sonrió con cierto dejo de socarronería, mientras sus manos juguetonas viajaban por el cuerpo de la chica quien se removía cada vez más inquieta.

"Oh, vaya cada día los escoge más jóvenes", dijo con toda la malicia del mundo, incomodando a Lestrade. Pero este supo defenderse, retrucando.

"Si, costumbres de algunos y al parecer son contagiosas", refiriéndose a Molly, la chica parecía mucho menor que el propio Víctor quien aunque no viejo, aparentaba más de treinta años, mientras Molly apenas alcanzaba la edad de veinticinco, este le dio una mueca a forma de sonrisa feroz a la vez que se alzaba y sujetaba a la chica de la cintura para empezar a alejarla, ella solo atinó a girar su rostro y despedirse con una leve inclinación de cabeza. Gregory aún recuerda lo que pensó en esos instantes Vaya tipo posesivo. Algo que le quedó claro tiempo después, que era una característica inherente a todos los vampiros. Cuando declaraban que algo era suyo, no lo dejaban ir, antes preferían destruirlo con sus propias manos o acabar con la competencia, como sucedió con Molly, la pobre Molly Hooper; fue la única vampiro que de verdad llegó a no desagradarle tanto. Siempre comparó que ella fue como aquellas flores llenas de luz que crecen entre tanta podredumbre de un pantano.

Lamentablemente a varios de su especie no pensaban lo mismo, por eso, Molly Hooper terminó siendo asesinada en una trampa elaborada por los suyos que involucraron a varios cazadores, Greg entre ellos. Supo que murió protegiendo al mismo Víctor, señor del clan de los Toreo. Otra cuenta pendiente en la lista casi sin fin de Greg.

Cuando dieron las tres de la madrugada, llegó el espectáculo principal, una danza representada por sílfides y narcisos de la época griega, todos ellos tanto hombres como mujeres jóvenes de lo más agraciados, se movían como dentro de un trance, cuando finalizaron su baile se quedaron en el centro esperando por algo, hasta que algunos de los invitados simple y sencillamente se acercaron. Para instante Greg ya se sentía sumamente mareado por haber bebido al menos siete copas de vino blanco, cuando dieron las cinco de la madrugada casi no se sostenía en pie, por lo cual el propio Mycroft se acercó y lo abrazó, quiso reclamar pero su lengua no cooperó mucho, lo que sucedió a continuación lo recordaría como un mal sueño. Muchos de los invitados se comenzaron a retirar, porque simple y sencillamente desaparecían prácticamente como si se esfumaran en el aire, junto con alguno de los jóvenes que representaron la danza.

Curioso cómo era Greg por su juventud quiso saber en verdad que ocurría así que mejor pretexto no encontró que salir a tomar un poco de aire fresco, a pesar de la renuencia del propio Mycroft, pero al ver que Peter mismo dijo que lo acompañaría no le fue negado, aun riendo por cualquier cosa, comenzó a caminar por el sendero del jardín que conducía hacia una fuente, se sentía muy exultante así que sin medir nada, se alejó de su guardaespaldas para llegar a una parte del jardín que no conocía, un pequeño bosque inundado de viejos robles y cedros, pero lo que le sorprendió fue ver a muchos de los jóvenes del espectáculo ahí, siendo abrazados cual amantes por algunos de los invitados, pero estaba más lejos de la realidad.

En espera de que todo fuera una pesadilla, Greg cerró los ojos, pero fue un error el mareo por todas las copas de vino blanco hicieron mella en él, al grado de tambalearse y estuvo a punto de caer de no ser por Peter, quién rápidamente lo sostuvo. Esos instantes le sirvieron a Greg para comparar de manera inconsciente el aroma de Peter contra el de Mycroft, mientras uno olía a Ámbar y Sándalo que le recordaban a algo antiguo y valioso, Peter era de un aroma a Pino, signo inequívoco de libertad y aventuras. Bueno, a final de cuentas el chofer no era tan mal parecido, incluso parecía una escultura griega tallada en ébano, a pesar de que siempre estuviera con cara de pocos amigos, pero era solo para disimular, el tiempo que llevaba junto a Mycroft jamás lo había visto de mal humor, claro siempre se lo guardaba para él mismo , ya que cuando iba a recoger a Greg este siempre estaba presto a ser servicial con un chico como Lestrade, un par de ocasiones que llegó temprano, lo llevó a comer a McDonalls y luego a Búfalo, haciendo que admitiera que las mejores hamburguesas eran de la última franquicia.

Otro gran error de su juventud, Peter era un licántropo al servicio de los Holmes y lo hubiera seguido siendo toda la eternidad sino se le hubiera ocurrido coquetear con este tras una gran pelea con Mycroft, a los cuales cedió el hombre, jamás olvidaría ese día que retozaron durante un atardecer semanas después de la fiesta donde se había prácticamente desmayado en sus brazos. Algo que le fue perdonado por su juventud adujo Mycroft, pero Peter no corrió con la misma suerte, tan solo desapareció de un buen día a otro, para ser reemplazado por otro hombre de corte militar llamado Sebastián, el cual ni siquiera lo miraba o hablaba. Un par de años después supo que Peter había sido castigado por su osadía al atreverse tocar algo que le pertenecía a su amo y señor, algo que siempre cargaría en la conciencia Gregory, pero cuando no se acaba de madurar siempre se tiende a cometer toda clase de estupideces.

Para ese momento de recuerdos Greg ya había vaciado totalmente una botella e iba con una cuarta parte de la segunda, finalmente la bendita oscuridad cubría su mente y no le permitiría soñar con el toque fantasma de Mycroft cuando le hacía el amor varias veces durante las horas que estaban reunidos. Las veces que le llevó al éxtasis con tan solo besos y caricias con esas mismas manos y boca que podían fácilmente destruir como herir con sus palabras.

Finalmente la oscuridad cubrió a Greg por completo y pudo suspirar porque podría descansar sin soñar.