Los días pasaban con normalidad para Sigyn, en la tranquilidad de su morada. De vez en cuando, acudían su hermana Nanna con su esposo Baldr para pasar la tarde en los jardines, charlando animadamente. A Sigyn le gustaba mucho hablar con Baldr, pues lo consideraba como una persona culta y decente, buena, amable… y se notaba que su hermana lo adoraba, y no sin razón. Además, en muchas ocasiones traía pequeños regalos para ella, sobre todo libros, algo que agradecía mucho, porque así podría distraerse por las tardes; incluso los llevaba a sus visitas al Valhalla, y los comentaba con Loki, al que también le gustaba la lectura.

Lo peor estaba todavía por llegar… faltaba muy poco para su cumpleaños, y nada más que se celebrara, sus padres muy probablemente adelantarían los planes de boda. Ella sentía mucha vergüenza, pero su imaginación ya estaba jugándola malas pasadas. En varios de sus sueños, se encontraba felizmente casada, sentada en una hermosa habitación que refulgía con destellos dorados. Su rostro reflejaba una amplia sonrisa, mientras se frotaba con una de las manos su vientre, bastante hinchado. De pronto, la puerta se abría y entraba con paso decidido Loki. Después de darla un cariñoso beso en la frente, se sentaba a su lado y acariciaba también el vientre, mientras sonreía y la miraba con ternura. El sueño se repitió durante muchas noches, hasta el punto de sentirse avergonzada por soñar ese tipo de cosas. Con el tiempo, hasta creía que se podía hacer realidad. Nunca lo había admitido, pero en el fondo sabía que Loki despertaba en ella sentimientos que nunca antes otra persona había conseguido; y al igual que sabía eso, también se encargaba de mentirse a ella misma, diciéndose que eso era imposible. Ella pertenecía a la alta nobleza, a la familia Vanir, pero no a la realeza. Y, como siempre, no podía aspirar al amor de un príncipe, aunque fuera muy querida por sus padres y por él mismo.

A causa de todas estas cosas, empezaba a comportarse de una forma extraña con Loki, hasta que llegó un momento en el que no quería ni verlo, incluso evitaba su presencia. Acudía cada vez menos al Valhalla para pasar las tardes con él y con Thor. Ese malestar también se reflejó en su cuerpo, comiendo la mitad de lo que solía, adelgazando un poco. Sus ojos ya no brillaban como antaño, y estaba más pálida que de costumbre. Pero seguía esforzándose por mantener aquella sonrisa que siempre estaba en su rostro, su humor e independencia. Al menos de esa forma evitaría que sus padres investigaran sobre sus dolencias. Sabía que su madre la observaba con ojos preocupados, temiendo lo que la pudiera estar pasando. Y sus hermanas, que la conocían perfectamente, también empezaron a sospechar.

Uno de esos días, Theoric vino de visita a su casa. Saludando cortésmente a los señores Iwaldi y Freya, preguntó por Sigyn, pues hacía mucho que no hablaba con ella y no hacía más que recordarla todas las noches. Ellos, con cortesía, le informaron de que se encontraba en el jardín, en uno de los bancos que se encontraban bajo la refrescante sombra de unos árboles. Con rapidez se dirigió hacia allí. Sus padres le habían hablado una y otra vez de la importancia que tenía su unión con Sigyn, y en un principio el joven no sentía una atracción muy definida por ella. Pero a medida que la veía, hablaba con ella, sentía en su interior que se preocupaba por ella. Y el amor nació en su pecho, ardiente e imparable. Con el consentimiento de ambas familias, nada podía salir mal. Solo que ella también sintiera lo mismo, y todo sería perfecto. Para nada sabía de los sentimientos encontrados de la joven Sigyn, que la atormentaban también en sueños, haciendo que no pudiera dormir.

Sigyn se encontraba sentada en el jardín, con un libro apoyado entre sus rodillas, enfrascada en la lectura. Era en esos precisos momentos cuando necesitaba más que nunca la lectura, pues conseguía evadirse de la realidad que a veces se mostraba tan cruel. La lectura se convertía en su única amiga, aquella que podía calmar sus sentimientos y entretenerla. Estaba tan concentrada que no se percató de la llegada de un invitado, de Theoric, que rompió el silencio del jardín y de sus pensamientos.

Buenas tardes, mi querida Sigyn. Vuestros padres me han comentado que estabais un poco alicaída, así que decidí venir a visitaros para alegraros un poco la tarde –y esbozó una amable sonrisa, para calmar los nervios de la joven -.

¡Oh, Theoric! –dijo sobresaltada Sigyn, pues no se había percatado de su presencia –me habéis dado un buen susto. Estaba tan enfrascada en la lectura, que no me había dado cuenta de que estabais a mis espaldas. Muchas gracias por preocuparos, pero no era necesario que vinierais. Me siento mal si mi situación os ha obligado a venir aquí. No soy tan importante como para que os preocupéis así por mí – y sonrió, un poco forzadamente -.

No seáis tan dura contigo misma, Sigyn –dijo, mientras se tomaba la libertad de sentarse a su lado, sin dejar de sonreír –todos están preocupados por ti. Eres muy importante para tus padres, hermanas y… para mí. Y por favor, no me malinterpretes. No estoy interesado en los lazos matrimoniales por conveniencia, sino en las uniones basadas en amor verdadero, puro y sencillo, aquel que es capaz de traspasar cualquier barrera. Puedo asegurarte que mi preocupación es sincera. Antes erais tan alegre, tan activa… ¿qué os pasa?

Theoric… estoy algo confundida. La verdad, no sé qué hacer. Eres una de las personas en la que más confío, pues eres noble de corazón y humilde donde los haya. Siento que cuando vienes, mi corazón se llena de alegría; tu sola presencia es capaz de hacer eso. No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí en estos meses. Hay acciones que son imposibles de compensar.

Bueno, puedes compensármelo de una manera –y, tomando el libro, lo dejó a un lado –primero, apartemos la lectura, que leer tanto no es bueno –Sigyn sonrió sin necesidad de forzar sus labios. Entonces, Theoric tomó las manos de la joven entre las suyas –cuando alguien tiene problemas internos que se dedican a entrechocar y pelearse dentro de la cabeza, como una batalla, lo mejor es desahogarse con un amigo, con alguien de confianza plena. Sigyn, no voy a presionarte, pero lo mejor que puedes hacer es contarlo. Soltarlo todo.

Theoric… -Sigyn no sabía exactamente qué hacer. Su interlocutor tenía toda la razón, pero las cosas por desgracia no eran tan fáciles. Se había hecho a sí misma la promesa de no contarle nada de sus problemas a Loki o a Theoric, los centros del problema, porque sin quererlo podría causar tensiones que acabarían en problemas más graves. Quería contarlo… pero Theoric no era la persona idónea -. De todo corazón te agradezco tu preocupación, pero no puedo contarte nada. Digamos que… digamos que es el tipo de secretos que es mejor que permanezcan en el anonimato que al descubierto. Y con descubierto me refiero a que lo sepa una sola persona, no pongo en duda tu palabra.

Si ese es tu deseo, así se hará –empezó a juguetear un poco con los dedos de la diosa –y tus dedos están un poco desnudos, ¿no crees?

Desnudos –y se rio ligeramente, de forma melodiosa e inocente –no sé a qué te refieres con eso. Ya empezamos con tus enigmas y frases sin un aparente sentido. ¿No te cansas de hablar tan misteriosamente a veces? Seguro que tus compañeros de armas se quejan a cada rato de las excentricidades de su capitán… -sabía que si decía eso, la fibra sensible de Theoric saltaría, y cuando eso ocurría Sigyn se lo pasaba más que bien. Empezaban siempre a discutir, para acabar riéndose a carcajada limpia -.

Estás ante uno de los mejores guerreros de los Halcones Escarlata, siempre al servicio de Odín. Y uno de los mejores espadachines de Asgard. Puedo ser todo lo misterioso que pueda, pues mis soldados me tienen que obedecer sin rechistar –se había levantado, separando sus manos de las de Sigyn, y había desenvainado su espada del cinto. Se dedicaba a realizar giros de muñeca, estocadas en el aire, como si se enfrentara a un enemigo imaginario -. ¿Has visto? Este es el poder de un Halcón Escarlata, de un buen soldado. ¿Impresionada?

Un poco solo. Esperaba más.

¿Más? Creo que has leído demasiados libros de caballería, y crees que las hazañas de los antiguos son reales.

¿Acaso no lo son?

El toque de la exageración y la leyenda son inevitables –Theoric se encogió de hombros. Su experiencia le había enseñado de muchas de las hazañas de las que se vanagloriaban los antiguos héroes estaban tildadas con cierta fantasía, aunque no por ello dejarían de ser un modelo a seguir para los guerreros de Asgard -. Además, no puedes juzgar algo que desconoces. ¿O acaso sabes luchar?

¿Quién te ha dicho lo contrario? –Sigyn estaba de pie, ante Theoric, que seguía moviendo su espada de un lado a otro. No le temía, porque sabía que no la haría daño. Pero aunque se encontrara ante el peor de los enemigos de Asgard, no se movería de su posición. Una de las cosas que había heredado de sus padres, más concretamente de su padre, era la valentía y parte de sangre guerrera -. Si me das una espada, te demostraré de lo que soy capaz.

Sigyn en su forma guerrera, esto sí que no me lo pierdo –con un rápido movimiento desenfundó una segunda espada que tenía enganchada a su cinturón y la lanzó hacia Sigyn, que la tomó con las dos manos. El arma tenía un peso considerado, pero teniendo en cuenta que los Asgardianos pueden soportar enormes cantidades de peso, era una pluma para ella -. Tienes suerte, llevo una espada de sobra. Pero pasemos a los actos. Ya sabes, las palabras son vanas si no son acompañadas por las acciones –dicho eso, se colocó en posición de batalla, con el pie derecho ligeramente adelantado, con los sentidos alerta para cualquier movimiento de su contrario -.

Olvidas que he sido enseñada por Iwaldi –continuó Sigyn –y por el más extraño y especial de todos los soldados de Asgard, Theoric –y le dedicó una mirada burlona -. Pero no puedo negarme a un reto tan prometedor como este. ¡Qué empiece el combate!

Alzando su espada, mientras avanzaba hacia Theoric, Sigyn se sentía llena de vida después de tantos meses sumida en la más absoluta confusión y desesperanza. Estaba imbuida por un poder que había estado profundamente dormido en su interior, y se sentía joven, llena de vitalidad y sobre todo libre. Libre de cualquier dolor que estuviera alojado en su pecho; libre de las torturas mentales que se había autoimpuesto; libre para pasar un rato agradable… con una persona a la que quería de forma sincera y abierta. Quizá fue decisivo aquella espina que no hacía más que clavarse en su corazón "él es un príncipe, y tú una simple noble con pretensiones. Olvídalo, y ve a lo seguro. No sufrirás nunca más".

Lanzó una estocada, que iba directamente al corazón. El soldado la esquivó con facilidad, colocando su espada como barrera. Retrocedió unos pasos, para mantener una distancia considerable con la que poder calcular su próximo movimiento. Avanzó lateralmente, para enviar una estocada en el costado de Sigyn, a poca velocidad, pues predominaba la seguridad de Sigyn. Ella se dio rápidamente cuenta de sus intenciones, y mientras giraba de forma espléndida, como si estuviera bailando, se situó en el lado desprotegido de Theoric mientras terminaba de realizar su movimiento. Levantaba su espada para dar el golpe final en el costado de su contrincante, pero escogió un movimiento demasiado lento porque, a pesar de estar en ventaja por la sorpresa y la posición, estaba luchando contra un soldado curtido en mil batallas. Theoric hizo un brusco movimiento, agachándose mientras con su pierna derecha barría el suelo, provocando que Sigyn perdiera el equilibrio y cayera. De su mano derecha se deslizaba la espada, y su rostro mostraba una evidente sorpresa. No se esperaba ese movimiento.

Cerró los ojos con fuerza, pues el impacto contra el suelo no sería precisamente suave. De repente, sintió que se mantenía en el aire, con los cabellos colgando, y su espalda tocando algo que no era el suelo… Abrió los ojos, y vio el rostro de Theoric a escasos centímetros del suyo, observándola con una mezcla de preocupación y diversión. Una de sus manos la agarraba por un brazo, mientras que la otra estaba justo en su espalda, sirviendo de apoyo para evitar la caída. La espada de Sigyn había caído verticalmente al suelo, clavándose en la blanda tierra, mientras que la de Theoric simplemente estaba tumbada en el suelo; la había tirado velozmente para socorrer a Sigyn. No pudo evitar ruborizarse, porque jamás había tenido su rostro tan cerca. Empezó a revolverse, pues no se sentía muy cómoda, y menos si Theoric no dejaba de mirarla. El soldado la ayudó a erguirse de nuevo, mientras seguía sonriendo.

¡Has hecho trampa! –decía Sigyn. No sabía qué decir, y el silencio la resultaba bastante incómodo, sobre todo porque seguía rojísima -. En un duelo las zancadillas no están permitidas.

¿Ah, esto era un duelo? Creía que era una pelea de entrenamiento. Así has aprendido una valiosa lección: no te fíes de tu maestro, ni de nadie.

Extraña lección. Creía que los Halcones Escarlata os guiabais por la confianza en el compañero, para formar un regimiento basado en luchar codo con codo –eso lo sabía porque su padre se lo había repetido hasta la saciedad, al igual que Theoric -.

Claro, en los combates individuales.

Sí, claro –Sigyn cruzó los brazos sobre su pecho, actuando de una forma un tanto inmadura. La dolía su orgullo, porque sabía que había sido derrotada sin ningún tipo de dificultad por Theoric. Era muy débil, y eso la corroía por dentro -. Pues de haberlo sabido, habría empleado mi magia –manifestó -.

Podrías haberlo hecho. Y entonces estaría en serios aprietos, más de los que ya encarnas con un arma en tus manos.

Mientes.

¿Miento?

Sí, porque no soy una amenaza con la espada. Soy demasiado patosa –y le dio una débil patada a la espada que había dejado caer Theoric -. Y odio ser débil. Me gustaría ser tan poderosa como Sif. Ella sí que sabe manejar bien la espada, como tú, como mi padre.

Hay otras formas de ser fuerte, y no encarnan tener una espada. Me han dicho que dominas gran cantidad de hechizos y controlas los elementos naturales. Pocos pueden presumir de ello.

No es para tanto…

Conociendo tu modestia, seguro que eres buena. Y me aventuro a decir que de las mejores.

Avanzó unos pasos, acercándose a Sigyn. La muchacha se mantenía allí, sin moverse. Sus ojos se clavaron en los de Theoric. Entonces, como movida por un resorte, se abalanzó hacia el soldado, con los brazos extendidos, y la clara intención de abrazarlo. Cuando se vio envuelto en aquel abrazo tan improvisado, Theoric no sabía exactamente qué hacer, pues le había pillado con la guardia baja. Lo único que hizo fue corresponder a su abrazo. Sentía la cabeza de la muchacha en su pecho, y ella notaba y escuchaba los latidos del corazón del guerrero. Theoric apoyó la barbilla en su cabeza, mientras cerraba los ojos para sentir aquel contacto. Sigyn era reacia a aquel tipo de contactos, pues creía que violaban su "espacio personal", pero en aquella ocasión parecía que había decidido dejar pasar por alto eso. Necesitaba el contacto de alguien querido, y Theoric era uno de ellos, sin duda.

Ninguno de los dos quería deshacerse de aquel abrazo. Les hubiera encantado estar allí, unidos, sin que nadie les molestara ni tampoco que rompieran aquella paz y serenidad que los rodeaba. Parecía que de esa manera podían evadirse de todos los problemas que los rodeaban, y que nada podía afectarles. Sigyn hizo además de alzar su cabeza, y Theoric retiró su barbilla para que ella pudiera realizar su movimiento. Así se quedaron, mirándose el uno al otro, como si así se juraran una fidelidad absoluta y realizaran unos votos que no necesitaban el empleo de palabras. Cuando sentías un vínculo especial con una persona, todo es más fácil, porque puedes prescindir de las palabras. Una mirada lo dice todo, un gesto encierra un deseo fácilmente entendido por el otro, siendo una especie de lenguaje secreto que solo conocían los dos involucrados.

Desde la lejanía, una complacida y melancólica Freya los observaba. Sabía que Theoric era un chico de buen corazón, y que trataría a su hija con toda la bondad de los nueve mundos. No tenía ningún defecto aparente… pero ese no era el problema. Temía que Sigyn, al ser tan joven, no supiera escoger el camino que verdaderamente su corazón anhelaba. A veces se tomaba un rumbo porque en un principio las cosas se presentan en bandeja de plata, pero todo se tuerce con el paso del tiempo. Por eso en ocasiones es preferible entrar en un camino tortuoso, porque al final la recompensa de la felicidad es como catar una de las manzanas de la Inmortalidad. Un merecido premio a las fatigas y adversidades. Y ella, que era la diosa del amor, poco se la podía escapar. No había hablado con Sigyn acerca de sus problemas, pero podía imaginárselos perfectamente. Era su madre, y el instinto de madre nunca fallaba. Nunca.

Freya, deja que disfruten de su intimidad. Dudo que Theoric vaya a hacerla algo malo –dijo Iwaldi, mientras se acercaba a su esposa. La dio un cariñoso beso en la mejilla, mientras que con sus manos rodeaba su cintura -. Nosotros en su situación también queríamos estar solos para dejar volar nuestra imaginación de jóvenes enamorados. Qué tiempos aquellos, ¿eh?

Sí, buenos tiempos –dijo Freya, mientras acariciaba las manos de Iwaldi –un dulce recuerdo del pasado. Pero el amor no siempre es dulce. Al contrario, en general es amargo y doloroso. Y creo que Sigyn está sufriendo eso.

¿Sigyn? Es cierto que ha pasado unos meses algo alicaída, pero no es más que una etapa de la vida. Se recuperará. Sobre todo cuando esté prometida formalmente con Theoric. Es buen muchacho, sabrá cuidar de ella.

Eso no lo dudo. Solo quiero que nuestra hija sea feliz con el hombre al que ama. Nada más.

Y eso tendrás, mi dulce Freya. ¿No ves que están enamorados? Vamos, tú no te comportarías con alguien de esa forma si no es porque estás enamorada de él. ¿O me equivoco?

No te equivocas –pero siempre se puede amar a más de una persona se decía interiormente Freya, pues ves en otra persona lo que el ser amado no tiene, y también te enamoras. Lo perfecto sería encontrar a alguien que fuera una mezcla de los dos, pero no lo encontrarás. Y lo sabes. Por ello tienes que escoger; y lo que escojas determinará tu futura felicidad -.

¿En qué piensas? –inquirió Iwaldi –estás muy callada. Y la experiencia me dice que cuando ocurre eso es que andas dándole vueltas a una cosa.

Me preguntaba… si Theoric ha sido el único que ha enseñado a mi candorosa hija el manejo de la espada –se giró en redondo, con una evidente molestia, para encararse a su esposo –Iwaldi, espero que no hayas tenido nada que ver en eso.

¿Yo? Qué ocurrencias tienes, Freya. Estoy demasiado ocupado como para enseñarla eso. Ella prefiere la magia. Y es muy buena, según dicen. Me gustaría seguir discutiendo acerca de esto, pero tengo asuntos que me reclaman. Si me disculpas…

Hizo una torpe y rápida reverencia, mientras la daba la espalda y se marchara del lugar. Freya no podía sino sonreír ante la forma de actuar de su esposo. En el fondo no la importaba que le hubiera dado unas clases a Sigyn, sino que pretendía solamente alejarlo de sus pensamientos. Cuando Iwaldi quería saber algo, hacía todo lo que estaba en sus manos para averiguarlo. Solo podía esperar que todo tomara el camino adecuado. Pero eso solo lo sabían las Nornas, el destino al que estaban atados todos los dioses Asgardianos… y toda la creación en general.