Humano, demasiado humano
"La única herramienta para la manipulación de las personas son las palabras, si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a las personas quienes son las que más usan las palabras" Philip K. Dick
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Octubre, 1992
Ayame Katsuko había conocido a bastantes niños mientras era profesora de primaria. La mayoría de los infantes correspondían al estereotipo de niño que se tenía. Alegres, energéticos e infantiles. Algunos más, otros menos, pero la mayoría podía encerrarse en esa clasificación. Sin embargo, el joven Yagami era diferente. Al principio del año escolar, Ayame pensó que el niño era tímido e introvertido; al verlo por lo general callado mientras sus compañeros hablaban o concentrado en detalles triviales del salón, conversó con su madre pensando que quizás no estaba preparado para ir a la primaria. Pero Sachiko, su madre, le había dicho que el pequeño iba al jardín desde los tres años. Ayame entonces le había restado importancia, el chico solo era tímido. Pronto lo vio hacer migas con sus compañeros, formar parte de los juegos y bromear igual que ellos. Pronto lo vio siendo seguido por sus amigos, liderando los juegos y haciendo las bromas más ingeniosas. En poco menos de dos meses, Light Yagami se había convertido en el niño más notorio del salón.
Pero no solo atraía la atención de sus compañeros. Los profesores estaban encantados con él, y no era para menos, el joven sabía leer y escribir, manejaba una cantidad asombrosa de kanjis para su edad –y más aún- y un vocabulario excelente. Cuando hablaba con los maestros demostraba bastantes conocimientos en literatura, y en matemáticas estaba adelantado en por lo menos cinco años. Ayame lo conversó con su madre, platicaron sobre la inteligencia de Light, sobre como estimularla, sobre inscribirlo en alguna academia.
Pero ahora, ya casi finalizando el año, no había pasado nada.
Aún cuando el niño era espantosamente brillante. Cegador. Y más de una vez Ayame se encontró mirándolo, buscando algo que delatase que era sólo un niño de seis años, porque verlo siempre tan perfecto, como en una actuación eterna era escalofriante. Y Ayame más de una vez se golpeó mentalmente por esa clase de pensamientos; como temerle a un niño tan espléndido, cuando niños como él era lo que necesitaba el mundo para poder resurgir de tanta mediocridad.
Ayame Katsuko veía tanto futuro en el joven Yagami, tanto potencia para ser explotado. No había duda de que era un genio, las pruebas no fallaban y el niño se encargaba de demostrarlo día a día. Sólo quedaba pulirlo, guiarle en sus descubrimientos y esperar por lo que haría. Porque Light sería alguien importante, alguien notorio en cualquier campo que se dedicase.
Y por lo que podía ver en el jovencito de seis años, él también era consciente de ése hecho.
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Notas de la Autora: La segunda crónica de esta historia. Y con OC incluido xD.
Como dato curioso -para mí xD- esta es la historia número cuarenta y dos que publico. El espíritu del autoestopista siempre está conmigo :).
