La noche hizo acto de presencia y junto a ella también el silencio entre los dos. Siempre era lo mismo: prepararnos para terminar el día sin cruzar palabra alguna, como si fuésemos desconocidos. Goku solo se dirigía a mí con auténtico interés cuando tenía hambre.
Cuando ambos estábamos ya en la cama a punto de dormir, me armé de valor para enfrentarlo. Él estaba dándome la espalda y de alguna forma, no mirarlo a la cara me dio más convicción en lo que planeaba hacer. Tenía que actuar rápido, antes de que a él le ganara el cansancio y me viera obligada a soportar un día más en esa situación tan desagradable.
—Goku —le llamé. Incluso sin obtener respuesta de su parte, decidí continuar—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Claro —fue su única respuesta.
Su voz ya se escuchaba adormilada. Estaba consciente de su cansancio después de un arduo día de entrenamiento y que lo único que deseaba en ese momento era dormir hasta que su cuerpo recobrara las energías pero aun así no estaba dispuesta a dejarlo descansar y esperar más tiempo. Había comenzado y no iba a dar marcha atrás.
—¿Me quieres? —le solté.
A pesar de toda la convicción que sentía en esos momentos, mi voz fue apenas un murmullo. De momento dudé de que me hubiera escuchado porque tardó un par de minutos en responder. Fueron los minutos más largos de mi vida. El alma me pendía de un hilo.
—Milk —pronunció mi nombre con un tono de voz extraño, como si de repente le doliera algo—. Tú sabes que yo no...
«No». Había sido un no. Miré al techo y respiré profundo, en un intento de contener las lágrimas. Él, por su parte, ni siquiera se había movido. Continuaba dándome la espalda.
—Yo... —su voz me paralizó—. No sé lo que eso significa. No puedo responder a algo que no entiendo.
¿Qué era lo que significaba esa respuesta? ¿Esperanza? «Quizá siente algo pero no lo entiende todavía. No, no te engañes a ti misma. Si sintiera algo te lo diría». Comenzaba a tener una sensación de vacío en el pecho, pero aun así decidí insistir.
—Creo que puedo comprender eso —le informé—. Pero contéstame algo más, por favor. ¿Te gusto? Me refiero a..., ¿te gusto como mujer?, ¿te sientes atraído por mí?
Estaba hecho, no había marcha atrás. Su respuesta lo decidiría todo.
—¿Te refieres a que si eres bonita? —preguntó al mismo tiempo que se daba la vuelta sobre la cama para mirarme. Sus preciosos ojos negros brillaban en medio de la oscuridad de la habitación—. Claro que eres bonita —sonrió—. Todas las mujeres lo son.
—Pero...
—Por favor, Milk, deja de preguntarme cosas que no entiendo.
Dio la conversación por terminada y volvió a girarse sobre la cama. Yo me quedé inmóvil, solo observando las líneas de su fuerte espalda. Las cosas no podían estar más claras: no me quería en absoluto y lo más probable es que no lo hiciera jamás. Casarnos había sido un error. Una equivocación preciosa pero dolorosa y yo no estaba dispuesta a vivir con esa sensación por el resto de mi vida. Lo mejor sería irme y separar nuestros caminos para siempre.
