Declaimer: Los personajes pertenecen tanto a S. Meyer como a L.J. Smith, solo la historia es propia, queda completamente prohibida la copia parcial o total de ella.


Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction

Capítulo 1

POV Damon

Manejaba mi hermoso auto, mi más reciente adquisición: un porsche GT rojo. Recién salía de mi empresa de construcción, bueno una de tantas; mi padre me dejó a cargo tres de cinco de sus empresas, mi hermano estaba a cargo de las otras dos. Puedo decir que ser el primogénito sirvió de algo, aunque realmente no me interesaba mucho. La mayor parte del trabajo la realizaba mi amigo y mano derecha, Alarick. Generalmente me encargaba de algunos trámites de firmas y permisos. No soy aficionado al trabajo, bueno, ese tipo de trabajo, algo que realizaba con mi mayor fascinación era estar en una mujer.

Luego de un largo día por fin podía ir a mi casa a relajarme, es lo que más disfruto, una noche de placer… Como todo viernes hoy estaría con Tanya, ella era estupenda dando placer con la boca y nunca se ha quejado de mi manera brutal de cogérmela, de alguna manera sacaba mis frustraciones en ella, descargaba todo mi malestar y Tanya disfrutaba. A ella le encantaba que la follara duro, le encantaba mi lado salvaje, lo que hacía todo más fácil, simple y sencillo.

Pensaba en la manera de someterla, cuando el sonido del móvil me sacó de mis fantasías, el número era justamente de Tanya. Acepté la llamada y activé el altavoz mientras manejaba.

—Pensaba en ti, hermosa —le dije al momento de contestar.

—¡Qué bueno! Solo quería corroborar nuestro encuentro —contestó feliz.

—Claro, preciosa, sabes que los viernes soy todo tuyo.

—Entonces estaré esperando donde siempre, no demores, estoy ansiosa —diciendo esto Tanya colgó.

Ella es una de las pocas con la que he pasado tiempo teniendo sexo, llevaba cerca de dos meses sin despacharla, ya que me complacía. Generalmente no estaba más de tres veces con la misma mujer, pues muchas de ellas me aburrían o se colocaban muy melosas. La que me hablaba de relación, amor, hijos o familia, no volvía a saber de mí. A mis 28 años no pensaba en ningún tipo de atadura romántica, soy feliz así y planeo mantenerlo por algunos años más.

Ya era casi un ritual de todos los viernes. Tanya sabía perfectamente cómo eran las cosas, tenía todo organizado, a las ocho debía llamarme, a las ocho treinta la recogía en su trabajo y de ahí nos dirigíamos a mi departamento en el centro de Seattle, donde generalmente llegábamos a las nueve y de ahí en adelante era solo sexo. A ella le era permitido quedarse a dormir, las demás debían salir en la mañana sin que me molestaran ya que les dejaba dinero para un taxi.

Puedo decir que al llevar tiempo conmigo le atribuía ciertos beneficios, que tanto Tanya como Katherine disfrutaban. Una más que la otra, Tanya podía quedarse conmigo, tiene una tarjeta con un cupo limitado para que compre ropa o lo que ella estime conveniente, y lo más importante tiene sesiones de ejercicios en un gimnasio y en un spa de relajación y depilación. Ella lo disfrutaba y yo a ella.

Por otro lado, a Katherine la conocí en una de mis salidas de juerga hace seis meses. Me encanta su forma de ser: fría, calculadora, ambiciosa y una completa perra en la cama. Creo que por eso nos llevamos bien, somos parecidos en el carácter. Al llevar seis meses de sexo intenso tiene muchos más beneficios que Tanya, le compré un departamento cerca del mío, además tiene una llave de mi departamento pero sabe que solo debe ir los días que quedemos de acuerdo, una tarjeta con cupo ilimitado, se queda a dormir, gimnasio y el spa.

Llegué a la hora indicada donde Tanya, ella subió rápidamente en el auto y partí rumbo a mi departamento. Debo decir que el departamento era de uso exclusivo para satisfacer las necesidades carnales. Mi casa estaba en Forks, jamás ninguna mujer lo ha visto y se quedará de esa manera. La única mujer que llevaré será mi futura esposa y madre de mis hijos.

Estábamos en silencio, se escuchaba música baja, Tanya observaba detenidamente el auto, era la primera vez que lo veía.

—Lindo auto —dijo luego de analizarlo.

—Es una belleza, como yo. —Le sonreí de lado.

—¿Qué tienes en mente para mí? —susurró sensualmente en mi oído

—Espera y verás.

El resto del viaje fue en silencio, cosa que agradecía, no me gusta hablar mucho con Tanya ya que solo nos referimos al sexo, y prefiero practicarlo dedicarme a la teoría. Llegamos a la hora de siempre, aparqué el auto en el estacionamiento subterráneo del edificio. Nos bajamos sin decir nada, caminé directo al ascensor con Tanya siguiéndome. Debo decir que no soy un caballero, no se me da eso de ayudar a bajar del auto, o tomarla de la mano o cualquiera de esas cursilerías.

El silencio en el ascensor fue algo incómodo, la tensión sexual se palpaba en el aire, me estaba conteniendo en tomar a Tanya contra la pared y colocarme entre ella sin piedad alguna. Necesitaba descargar la tensión acumulada durante la semana, fue una maldita semana, llena de papeleos y estúpidas reuniones con nuevos proyectos de construcción.

Además tuve que verle la cara a mi queridísimo hermanito, nótese el sarcasmo. El estúpido de Stephan no quería asociarse a un proyecto porque según él no le convenía. El muy imbécil quería cambiar algunas cláusulas y yo no estaba dispuesto a darle la mitad de las ganancias. ¡Qué se joda! Buscaría por otro lado. Bien, no quiero pensar más en el estúpido de mi hermano.

Llegamos al nivel de mi departamento, piso nueve, era uno de los edificios más seguros en todo Seattle. Salimos del ascensor, digité mi código de seguridad y entramos. Tanya no perdió el tiempo y tiró sus cosas para luego abalanzarse sobre mí. Comenzó a besarme mientras desabrochaba mi camisa, la tomé y ella enredó sus largas piernas en mi cadera, caminé hasta mi habitación mientras que con mis manos masajeaba sus pechos y ella tiraba al suelo mi camisa.

Sin importarme, la tiré a la cama, me subí sobre ella y de un tirón le quité su falda, me estaba bajando los pantalones, cuando un carraspeo detrás de mí me llamó la atención, girándome me di cuenta de que Katherine estaba apoyada en el marco de la puerta. Se veía hermosa, tenía puesto una blusa roja, jeans ajustados negros y botines de tacón de infarto, maquillaje oscuro y su cabello suelto ondulado. Me quedé estático observándola. ¿Qué rayos hacía aquí?

—Tenemos que hablar —dijo Katherine, en tono autoritario sacándome de mis pensamientos.

—¿Qué haces aquí? Sabes que antes debes llamar… —me cortó antes de terminar la frase.

—Créeme, si no fuera urgente no te molestaría —soltó sin ninguna expresión en su rostro.

—Espérame afuera, ya salgo —le dije molesto.

—Es urgente, tenemos que solucionar un inconveniente, luego te sigues tirando a la perra plástica —diciendo esto, salió dando un portazo.

—Pensé que solo serías mío el día de hoy —dijo Tanya, claramente molesta por la interrupción.

—Era lo planeado, Tanya. Déjame solucionar esto, ya vuelvo.

Acomodé mis ropas y salí rápidamente de la habitación. Estaba molesto e indignado. Jamás nadie me había hablado así, ¿qué mierda se creía Katherine al venir acá y exigir que la escuche? No tiene ningún derecho, definitivamente los humos se le subieron a su cabeza ondulada. Escucharía su mierda de problema y luego le quitaría sus privilegios para no verla nunca más.

Entré a mi despacho, sabía que la encontraría ahí, ella estaba sentada tranquila como si todo fuera de lo más normal. Entré y cerré la puerta, caminando en su dirección la miré fríamente.

—¿Qué mierda quieres, Katherine? —cuestioné molesto.

—Podrías ser un poco más educado, tal vez un, ¿cómo estás? ¿Qué puedo hacer por ti? Entonces respondería. No estoy muy bien, vengo del médico y con resultados de un examen…

—¿Vienes a decir que estas enferma? Podías contarlo por teléfono —exclamé cortante.

—Sé cómo son las cosas, créeme, si no fuera necesario no estaría aquí —afirmó con odio

—¿Cuánto necesitas?

—Las cosas entre nosotros cambiarán, terminarás con tus juegos de placer y seré la única en tu vida. —Me miró decidida.

—¿Que mierda? No es algo que me interese y mucho menos con una perra como tú —dije sarcástico.

—Cariño, acostúmbrate a verme, mal que mal seré la madre de tu hijo y si…

—No serás la madre de mis hijos, la mujer que ocupe ese lugar será aquella que me robe el corazón y por desgracia hace tiempo que no tengo uno —respondí fríamente y claramente cabreado por su actitud.

Estaba comenzando a salir, cuando dijo:

—Estoy embarazada, tengo cuatro semanas —habló rápido y me tendió un papel.

La miré incrédulo. Tomé el dichoso papel médico y mis ojos se abrieron de la sorpresa, en el estaba detallado lo que Katherine me acabada de decir, creo que palidecí más de lo que ya era. Sentí sensaciones muy extrañas, mi respiración se agitó, me mareé y mi visión se nubló, tuve que sostenerme del escritorio para no caer al suelo. Mi mirada se dirigía del papel a Katherine, ella estaba sin ninguna expresión en su rostro, tampoco se molestó en preguntar cómo estaba, claramente sabía que estaba al borde del desmayo.

Como pude rodeé el escritorio y me senté, tiré lejos el papel como si me hubiera quemado las manos con el, luego dirigí mi mirada a ella.

—¿Cómo mierda pasó? —dije casi histérico y gritándole.

—Sabes perfectamente cómo se hacen los bebés y…

—Sé perfectamente de qué forma se hacen, lo que te pregunto es como mierda es posible. Se supone que te cuidas ¡Por ello te pago! ¡FUE LO PRIMERO QUE TE DIJE! ¿Cómo mierda se te ocurre traer a un mocoso? ¡Ni siquiera me gustan! ¡No sé cuidar de mí! ¿Crees que podré ser capaz de cuidar a un niño? ¡Jódete! ¡JÓDETE TÚ Y TU MOCOSO! Además, ¿cómo sé que es mío? —Katherine me miraba con una ceja levantada.

— ¿Terminaste? —Tan solo bufé—. Primero que todo, sí, me cuido. Segundo, sé que me pagas todos esos tipos de gastos. Tercero, lástima que estuve enferma, razón por la cual tomé medicamentos, los cuales me contrarrestaron el efecto de las pastillas, por ende, ¡tengo un maldito mocoso creciendo dentro de mí! Esa fue la respuesta de la estúpida que me atendió. Cuarto, sé que apenas puedes cuidarte, que eres un maldito libertino y que no te interesan las relaciones, pero no soy tan maldita como para abortar y creo que tú tampoco me dejarías, mal que mal es tu sangre. Y por último, sí es tuyo, acuérdate que me hiciste firma el maldito papel de exclusividad, así que desde hace seis meses que no he tenido pareja alguna que no seas tú, ¡maldito cabrón!

Luego de todo su sermón, el cual repasaba mentalmente, me tranquilicé solo un poco, ella estaba sentada frente a mí, tranquila como si no pasase nada grave. Pasaron algunos minutos sin que ninguno dijera nada. Finalmente Katherine rompió el silencio.

— ¿Alguna otra duda? Si no me crees, puedes hacer un examen de ADN, me da igual —dijo mirándose sus uñas.

—No tengo ninguna otra duda. ¿Qué se supone que debo hacer? Quieres dinero, sabes que…

—¡No quiero tu maldito dinero! —casi me gritó.

—¿Entonces qué quieres?

—¡Qué te hagas cargo! —gritó.

—Sabes que me costará y que la joderé de alguna manera, no cambiaré por un niño…

—No te pido que cambies, aunque sí lo pensé, eso de ser única, ser la madre de tu hijo, puedo vivir contigo y jugar a la familia feliz y…

—¡Para tu carro! No te daré exclusividad, un bebé no me atará a ninguna mujer, así tenga millones.

—Bien, entonces quiero dinero —dijo como si fuera algo normal.

—Me parece justo, te daré todo lo que necesites, mientras lo tengas dentro de ti, una vez que nazca, el dinero se juntará en una cuenta y contrataré a una niñera que me dirá lo que se debe comprar, pero tú no tocaras ningún centavo más.

—¡¿Qué?!

—Lo que escuchaste, no te daré mi dinero a ti, me defraudaste, ¡rompiste una regla! Perderás tus malditos beneficios, lo único que te dejaré será el departamento, no soy tan maldito para dejarte en la calle con mi sangre dentro de ti. El dinero que se te pasará será el suficiente para cubrir los gastos básicos.

—¡No puedes hacerme esto!

—Claro que puedo, no eres nada mío.

—¡Soy la madre de tu hijo! ¿Te parece poco? —me gritó histérica.

—Sí. Si planeaste quedarte embarazada para sacarme dinero, pierdes tu tiempo, Alarick te dará un dinero mensual para cubrir lo básico. En cuanto a ti, no te quiero ver jamás en mi vida, con un abogado pactaré lo necesario en cuanto al dinero y a las visitas, una vez que nazca el niño —le dije fríamente.

—¡JÓDETE MALDITO BASTARDO! —me gritó, colocándose de pie dispuesta para irse.

—¡Katherine! —la llamé.

—¡¿Qué?!

—Devuélveme las tarjetas y las llaves de este departamento.

— ¡PÚDRETE! ¡NO TE DARÉ NADA!

—Como quieras, cancelaré las tarjetas y todos los servicios que ocupas, además cambiaré la cerradura y la clave —dije fríamente. Ella me dio su mejor mirada de odio y levantó su dedo del medio—. Katherine, el abogado se contactará contigo, y te pido que cuides el embarazo, si todo sale bien se te pagará una suma de dinero, pero solo al final del embarazo, también irás a ver a un médico que yo contrataré para ver cómo va el embarazo. Hasta entonces no quiero ver ni la nariz tuya.

Diciendo esto último, ella salió dando un enorme portazo. No sé cuánto tiempo estuve sentado en el escritorio sobándome la cabeza, tenía un dolor de los mil demonios. Mis pensamientos divagaban, no tenía nada claro, solo que no quería ver jamás en mi vida a la perra de Katherine.

No cometería el enorme error jamás, me sometería a una vasectomía y así poder gozar sin ninguna preocupación, hasta entonces no más sexo con nadie, lo que me recordaba que Tanya estaba en la habitación. Miré mi rolex, que indicaban las tres de la madrugada.

Sin ganas me levanté y fui directamente al dormitorio, encontrándome con Tanya durmiendo, bufé y sin ninguna delicadeza la desperté.

—¿Qué te pasa? —gritó Tanya, quejándose de la forma brusca de despertarla.

—Quiero que me des las llaves del departamento y las tarjetas de crédito —exigí fríamente y sin ninguna expresión en mi rosto.

—¡QUÉ! ¿Por qué? —preguntó con la confusión plasmada en su rostro.

—¡No quiero volver a verte jamás en mi puta vida!

—¿Qué mierda te pasa?

—¡Todas ustedes son unas malditas oportunistas! Ninguna mujer vale la puta pena, arribistas, perras, calienta pollas… Creen que embarazándose se quedaran con ustedes. ¡MALDITAS PUTAS! —Estaba cabreado, ya no pensaba lo que decía, todo lo veía rojo y para mala suerte de Tanya me desquitaba una vez más con ella.

—¡Qué te pasa, no estoy embarazada!

—Menos mal, pero sé que te ha pasado por tu cabeza teñida, pero no te daré la oportunidad, esto se acaba, ya tengo suficiente con un bastardo de la puta de Katherine —grité hablando más de la cuenta, vi como los ojos de Tanya se agrandaron por aquella información, maldije internamente ya que ella era una maldita chismosa.

—¡Katherine está embarazada!

—No te interesa, ahora dame las cosas que te pedí y luego lárgate de mí vista, no quiero saber nada más de ti. —La agarré de las muñecas, sacándola de mi cama.

—¡Ten cuidado, maldito animal! Me haces daño —gritó por mi arrebato.

—Solo lárgate, no quiero verte, no vuelvas a llamarme, ¡LARGO!

Tanya no lo pensó dos veces, tomó sus cosas rápidamente y salió sin decir ninguna palabra de la habitación, oí como daba un enorme portazo en la puerta principal.

Cuando estuve solo, me tiré a la cama, me dolía la jodida cabeza, mi cuerpo se sentía agarrotado, mis pensamientos no eran claros. ¿Qué mierda pasaría ahora? ¿Cómo me haría cargo de un mocoso? Mi única solución era llamar a Rick, él sabría qué hacer y tendría una respuesta a mis jodidas preguntas. Él era de confianza absoluta, sabía que me putearía por el enorme y jodido desastre, pero luego tendría una maldita solución.

Tomé mi móvil, en pantalla se veían las cuatro de la madrugada, no me importaba la hora, sabía que contestaría, aunque me mandaría al demonio por llamado a tan entrada la madrugada, pero no podía esperar más, estaba hecho un desastre. Antes de llamarlo fui a la despensa y saqué una botella de whisky, lo abrí y di un buen sorbo directo de la botella, solo para darme el valor de contarle el jodido desastre de mi vida. ¿Qué mierda realicé para merecer esto? ¿Tan cabrón he sido que cada vez más se jode mi vida? ¡MIERDA, MIERDA Y MÁS MIERDA!

Mientras marcaba el número de Rick, di otro largo sorbo de la botella. Al cuarto timbre me contestó la voz somnolienta de mi amigo.

—¿Por qué jodes a estas horas, Damon? —preguntó, obviamente molesto por mi llamado. Reí internamente.

—Rick, la he cagado. ¡LA CAGUÉ BIEN GRANDE! —dije riéndome, estaba de los nervios, mi comportamiento ya no era coherente.

—Siempre la jodes bien grande. ¿Qué cagada te mandaste ahora? —preguntó con fastidio.

—Te reirás de mí

—Damon, más te vale que valga la pena, para que me despertaras a estas horas. Suéltalo luego, quiero dormir.

Tendré un mocoso —dije rápido y luego me empiné la botella de whiskey.

—¿Qué mierda dijiste? Habla claro o te colgaré —exigió un fastidiado Rick.

—¡Tendré un mocoso! —grité al teléfono.

— ¿Damon, me tomas el pelo?

—Créeme Rick, eso desearía yo. La perra de Katherine me dijo que está embarazada, tiene cuatro jodidas semanas y no sé qué mierda hacer —expliqué histérico.

—Sí que la cagaste bien grande.

—¡Ya lo sé! —Volví a beber de la botella y me jalé de los cabellos.

—Estaré en media hora en tu departamento de folladas, más te vale que me esperes con una buena botella —diciendo esto me colgó el móvil.

Quedé mirando el móvil en mi mano, luego lo tiré lejos y me senté en el suelo a beber el resto de lo poco que quedaba. Solo me quedaba esperar a Rick y ver si tenía alguna solución al jodido desastre.