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—¿Qué está pasando, Enishida?—inquirió la Emperatriz, cómodamente asentada, desde su transporte usual.

No supo responder. Parecía un alboroto; un corro de mujeres, a cada instante más numeroso, impedía que el séquito de Hebihime-sama tuviera libre marcha. Eso era una osadía, debía de tratarse de algo muy grave, sin embargo, no podía distinguir de qué se trataba. Eso no estaba bien; si no despejaba la calle se demoraría la celebración de todos los años, en la que las niñas de la tribu eran visitadas por las hermanas Boa en persona. ¡Les hacía tanta ilusión!

—¡Enishida!—le llamó la atención la Shichibukai, molesta por la tardanza con que se acataba su autoridad.

—¡Lo siento, Hebihime-sama! Haremos que se abra el paso…

—¡Sandersonia! ¡Marigold!, ¿Qué está sucediendo?—inquirió, hastiada de tanta insuficiencia.

—Parece que están vendiendo algo interesante, Onee-sama—respondió, Sandersonia, los brazos cruzados y su cabeza inclinada a un lado, como sopesando, amablemente, el peso de las circunstancias.

—Lo resolveremos, Onee-sama.

Y las dos hermanas menores, imponentes en su esbelta figura, se aproximaron a una excitada marea de cuerpos femeninos, abalanzadas unas sobre otras, intentando llegar primeras hasta una muchacha de corto pelo castaño, que sostenía un cartel, cual anuncio, en sus manos. Era un precio de venta, ¿pero qué vendía?

Fueran cuales fueran sus especulaciones de venta, Nerine no sólo acrecentó su bolsa de dinero sino que fue condecorada con grandes honores por la mismísima Emperatriz, quien, en su haber, había adquirido para sí, para su exclusivo uso y estudio, uno de los tomos de la primera edición de notas fidedignas, tomadas de un encuentro cercano, del ensayo más fascinante que se había hecho en mucho tiempo en la isla de Amazon Lily.


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Si no explicaba cómo sabía Hancock acerca de las kintama, sentía que me iba a quedar un agujero dentro del fic^^

*se va por un tobogán* (?)