GULAG
Kuh! Te quiero tanto que apenas unos días sin hablar y ya me sentía triste como Gollum y su Boria en el bolsillo. Te amo muchísimo! Y será el primer capítulo que leeremos juntas!
Advertencias del fan fic: Contiene escenas explícitas de violación, tortura, gore y asesinato. Además, sexo explícito entre hombre y hombre; y hombre y mujer.
Si considera que pudiera llegar a herir su sensibilidad, es preferible que se abstenga de leer los capítulos que contengan dichas advertencias.
Advertencias del capítulo: Ninguna
Capítulo 2
Halt
-Traemos un regalo para Kai. Ocho raciones de comida. – dijo Brooklyn.
Spencer lo pensó unos momentos, asintió y se hizo un lado. Ambos se acercaron al chico de cabello azulado. Él los volteó a ver.
-Kai… - dijo Brooklyn y se agachó suavemente, en señal de respeto, tomó la mano de Yuriy y se la mostró – un regalo de parte de éste chico, que apenas llegó ayer
Kai miró a Yuriy y su mirada se clavó en los ojos azules del pelirrojo. El mayor lo observó durante algunos momentos y le sonrió.
-Estás temblando – le dijo y Yuriy notó que efectivamente, sus extremidades temblaban por el miedo.
No supo que decir, lo único que quería era salir corriendo de ahí.
-Están repartiendo el desayuno – dijo Brooklyn. – Ve y aprovéchalo
Kai miró a Brooklyn y asintió. Se levantó de la cama y sin decir nada tomó la mano de Yuriy. Salieron del edificio seguidos de Ian, Spencer y Brooklyn.
Ninguno dijo nada hasta que llegaron a la fila. Todos se hicieron a un lado para dejarlos pasar y llegaron directamente con el que repartía la comida, la cual Yuriy vio era lo mismo del día anterior.
Kai le mostró la mano de Yuriy. En este momento Yuriy vio el número en el suéter del chico de ojos rojos, 198997039, y su insignia era un cuadro, mas no sabía qué representaba.
-Dame 5 – ordenó Kai – guardaremos las demás para la cena – le dijo a Yuriy y rió
Recibieron las raciones y se encaminaron de regreso al edificio.
Kai hizo que Yuriy le entregara las 5 raciones a Ian.
-Vengan a la hora de la cena. Y si veo una marca más, los mataré a los dos – dijo Kai y se rió, dejándolos fuera del edificio.
-¿Y ahora? – le reclamó Yuriy a Brooklyn, recuperándose del susto y bastante enojado – ¿No comeré en todo el día?
-Te compartiré de mi ración – contestó Brooklyn – puede que no comas hoy, pero ahora Kai te ha visto, y jamás olvida un regalo ni un rostro. Podría ser la diferencia entre la vida y la muerte algún día.
-¿Y realmente es quien manda aquí? –Preguntó mientras volvían a formarse
-A nivel de los prisioneros podría decirse que sí. Lleva años aquí y se ha hecho de muchas amistades entre los guardias e incluso algunos directores. – Brooklyn pidió su ración y se sentaron lejos de ahí para comer.
-¿Tú has hecho algo por él? – preguntó Yuriy
Brooklyn se atragantó con la comida y sonrió. –Sí. Pero fue algo diferente, algo más… personal.
Yuriy no estuvo seguro de lo que quiso decir, pero prefirió no corroborar lo que creía.
-¿Y él ha hecho algo por ti? – preguntó nuevamente el pelirrojo
-No. Pero sabe quién soy y estoy seguro que recuerda esa noche. Así que me siento más tranquilo.
En ese momento la comida se terminó.
Brooklyn se levantó y ayudó al ojiazul a hacerlo también.
-La cocina es hacia allá – alzó su dedo y apuntó hacia el norte – la cocina tiene acceso tanto a la zona de prisioneros como a la zona donde residen los directivos y los guardias. Te revisarán al entrar y salir, así que no robes nada porque se darán cuenta y te matarán, o te enviarán a Prisioneros Holgazanes.
-¿Qué es eso?
-Luego te digo, ya no tenemos tiempo. Te veo luego. – Brooklyn también se dirigió hacia el norte y Yuriy lo siguió desde lejos.
Tardó un poco en llegar, ya que su edificio estaba en la zona sur del campo y la cocina en la parte oeste hacia el norte.
Aprovechó el camino para trazar un mapa mental sobre la ubicación de cada cosa en Gulag, algo que podría ayudarlo a escapar si se presentaba la oportunidad.
Cuando finalmente llegó a la cocina, entendió lo que Brooklyn quiso decir. Una enorme reja y varios guardias separaban la zona de prisioneros con la otra zona, y la cocina quedaba justo en medio de esa reja, con acceso a ambas áreas. Ésta estaba en el límite de la sección oeste, colindando con un gran muro de piedra que separaba al Gulag de hombres con el Gulag de mujeres. Hacia el este, también en la sección central se encontraba la entrada a las minas.
Llegó a la entrada de la cocina y dos guardias lo revisaron, tocando cada parte de su cuerpo, todas, asegurándose de que no portaba nada. Lo dejaron pasar y entró a un gran edificio que olía a una mezcla de harina con pescado y otro olor que no supo identificar.
Empezó a caminar hacia la primera puerta que vio y entró a una enorme cocina donde fácil habían doscientos prisioneros preparando diferentes platillos, que pudo distinguir como sopa de papa y pan, una cantidad masiva de ambas.
-Tú debes ser Yuriy Ivanov, el otro chico – escuchó detrás de él y giró, encontrándose de frente con un diminuto hombre de bigote blanco – soy tu nuevo jefe, ven conmigo
Yuriy lo siguió. Esperaba que éste fuera el hombre tolerante del que le había hablado Lolly, la enfermera.
-Debes llamarme Señor Dickenson – le dijo mientras lo guiaba hacia el norte del edificio – La cocina a la que entraste se llama baja cocina y se encarga de preparar los platillos para ti y todos los demás presos, como puedes ver tenemos cupo lleno. También está la alta cocina que prepara únicamente los platillos de la dirección general, que son unas veinte personas y mande al otro chico ahí, así que nos damos abasto. Pero en la media cocina que es para los guardias, doctores, enfermeras, cuidadores de perros y demás personal, hay un lugar para ti.
Entraron a una cocina de menores dimensiones que la primera, pero bastante grande aún así, con unos sesenta prisioneros preparando alimentos más variados que en la baja cocina.
-¿Tienes experiencia previa en cocina? – le preguntó Dickenson
-Sí. – Respondió Yuriy – Se cocinar de todo, incluso se hacer pan.
-Entonces serás un buen elemento, jovencito – lo llevó hasta una gran caja, donde había varios paquetes de huevos, parecían miles de éstos – comenzarás limpiando estos huevos para que tus compañeros puedan preparar la comida. La jornada es de 9:30 a 2, y de 2:30 a 6:30, tienes media hora para comer. Pero por ahora, a trabajar.
Yuriy vio el centenar de huevo sucios, esperando por él.
-Deberás hacerlo con el mayor cuidado posible- le mostró un gran lavadero donde había varios recipientes vacíos – por supuesto que puede darse el caso en que uno se rompa o que no sirva, pero si ellos – señaló discretamente con su mirada a los guardias que custodiaban la cocina – te ven comiéndote algo o que te lo llevas… te castigarán.
-Entiendo. Una vez que termine de hacerlo… ¿Qué hago?
-Ayuda a tus compañeros. Seguro que encuentras a alguien que podría usar un poco de ayuda. -Yuriy asintió. –Una última cosa. Las reglas que no debes olvidar jamás son: No robar, no comer, no te busques problemas y se extremadamente limpio. Si alguien se intoxica con la comida nos irá mal a todos. Fuera de eso, puedes relajarte, usualmente las jornadas aquí son tranquilas y hay muy poca rotación de presos.
-Gracias, señor Dickenson – agradeció Yuriy – comenzaré con mi trabajo.
Yuriy se quedó solo.
Empezó a lavar los huevos, uno por uno, con mucho cuidado. Tenía bastante práctica, así que aprovechó el tiempo para observar el lugar. Eran sólo 3 guardias los que custodiaban, sentados cerca de la entrada, jugando cartas y sin prestar atención a las actividades de los presos. Miró a los demás prisioneros, algunos mezclaban ingredientes, cortaban queso, hervían leche, cocían y freían huevos… todos se veían bastante concentrados en su trabajo y algunos de ellos platicaban entre sí.
Cerca de Yuriy no había nadie, así que volvió su vista a los huevos. Había escuchado cosas terribles de Gulag. Decían que los presos eran torturados, que los quemaban vivos, los explotaban, entre muchas otras cosas. Sabía que era el primer día y que aún quedaba mucho tiempo, pero por el momento todo parecía irle bien. Reconocía que su suerte no lo había abandonado, e incluso le había salvado de peores trabajos.
Entonces recordó a Kai. Recordó su insignia, un cuadrado. No tenía idea de qué podía significar, le preguntaría a Brooklyn tan pronto saliera de…
-¿Yuriy? – preguntaron detrás de él
Volteó y sintió un gran alivio cuando vio a Ray detrás de él.
-Ray… qué gusto que estés aquí. Así que por eso el señor Dickenson dijo que yo era "el otro chico". Qué coincidencia que estemos los dos aquí.
-De hecho… yo estoy en la alta cocina.
-Ah, sí, es verdad… ¿Y qué haces aquí entonces?
-Se terminaron los huevos y me mandaron aquí por unos. ¿Podrías darme?
-No sé si eso se pueda… - Yuriy miró a los guardias, que tenían sus ojos puestos en Ray – el señor Dickenson no me dijo nada sobre eso
-A mi me dijo que si algo se terminaba viniera aquí. Pero no te preocupes, podemos preguntarles a los guardias…
-No hace falta, sí se puede hacer – respondió otro chico que había escuchado su conversación – cuando a la alta cocina se le acaba algo viene a robarse los nuestros. – El chico rió – es un chiste… pero si, puedes llevarte lo que quieras, siempre y cuando sea para la alta cocina
Yuriy y Ray observaron al chico, rubio, ojiazul, probablemente menor de edad. A diferencia de ellos, él no portaba uniforme de preso, sino ropa de civil.
-Soy Max – los saludó – trabajo aquí, y los de la alta cocina pueden venir por ingredientes si les hace falta.
-Gracias – dijo Ray y miró a Yuriy – necesito dos docenas
El pelirrojo miró por última vez al rubio y le entregó los huevos a Ray.
-Ojalá te transfieran a la alta cocina – le dijo el de cabello negro a Yuriy – allá somos menos y la cocina está más limpia, además de que los platillos son mejores, incluso tienen pescado y carne de res.
Yuriy alzó la ceja. ¿Los jefes comían carne y pescado mientras a ellos les daban agua con papas? Vaya que eran humildes.
-Espero que sí – Yuriy lo acompañó hasta la entrada – espero verte pronto – se despidió de él
-Sí, vendré a visitarte cuando se me dé la oportunidad – dijo Ray antes de voltear e irse.
Yuriy regresó a lavar los huevos y el rubio fue hacia él para tomar unos.
-Dices que trabajas aquí… eso quiere decir que no eres un preso – dijo el pelirrojo
-No, y bueno tampoco me pagan… mi madre trabaja aquí y como están cortos de personal yo ayudo al señor Dickenson en la cocina. Y por lo mismo, soy como su mano derecha.
-Pero… ¿Cuántos años tienes? Pareces un niño.
-El próximo mes cumplo diecisiete. ¿Cuál es tu nombre?
-Soy Yuriy Ivanov. Llegué ayer apenas… ¿Puedo preguntarte algo? – Max asintió y Yuriy continuó – escuché cosas terribles en este lugar… pero aparentemente no son ciertas. Lo peor que me ha pasado fue cuando marcaron mi número – se descubrió el pecho y le mostró el tatuaje, aprovechó para ver el pecho de Max, quien no tenía tatuaje, por lo que su historia era cierta – y ni siquiera me dolió. ¿Todo son mentiras? ¿O si torturan a los presos?
Max miró a los guardias de la entrada, quienes estaban perdidos en su juego.
-No deberíamos hablar de esto – susurró Max – pero es verdad.
Yuriy miró a los guardias también, pero ellos estaban en sus propios asuntos.
-Yo no he visto nada…
-No es a todos – Max hizo que Yuriy continuara lavando los huevos – no se habla de eso por aquí, debes de tener cuidado con esos temas. Sobre todo con los que… trabajan en Presos Holga…
-Max
En ese momento el señor Dickenson se acercó a ellos y ambos dieron un respingo, Yuriy sintió un escalofrío, pero al parecer él no había escuchado nada.
-Necesito tu ayuda allá –el señor Dickenson hizo un ademán con su cabeza, señalando al edificio más al norte que Yuriy podía ver – ¿Cómo te va, Yuriy?
-Bien, hace rato vino un chico de la alta cocina por huevos y le di dos docenas… - le comentó solo para corroborar que no se metería en problemas por eso.
-Oh sí, sí, está bien. Vamos Max.
-Adiós Yuriy
Max se despidió de él y ambos salieron de la cocina.
Después de ése momento Yuriy no habló con nadie más hasta que dieron las 2. En ése momento las campanas empezaron a tocar y todos sus compañeros dejaron sus labores para ir a comer.
Yuriy estaba hasta el fondo de la cocina, así que se quedó sólo cuando todos salieron, incluso los guardias. Iba de salida pero se detuvo junto a una mesa, donde estaban cortando queso. No había nadie. Nadie podía verlo. No había cámaras, ni nada… así que tomó un gran pedazo y se lo metió a la boca. Era el queso más delicioso que había probado en su vida, o al menos eso le hacía creer su hambre.
Salió de la cocina y se formó para que lo revisaran antes de salir. Aprovechó para asomarse un poco a la alta cocina, que estaba al lado de la suya, hacia el norte, cerca de la otra puerta que daba a la zona de los directivos. O como fuera que se llamara.
Yuriy regresó su atención a la fila y fue su turno de ser revisado. El guardia le dijo que alzara las manos y tan pronto éste obedeció, el guardia empezó a tocar sus piernas, cintura, pecho, y entonces le agarró los glúteos y se los apretó. Eso no era necesario, pensó el pelirrojo, pero se quedó callado, con los colores subiendo a su rostro por lo inesperado del asunto.
-Limpio – dijo el guardia, quien ni siquiera lo miró.
Yuriy vio que justo afuera de la cocina había varios puestos de comida y se formó en uno, miró hacia la zona de los directivos y pudo divisar a Max entrando al edificio de éstos con un carrito lleno de comida.
Entonces fue su turno, y en ese momento recordó a Kai.
"Vengan a la hora de la cena. Y si veo una marca más, los mataré a los dos"
Yuriy no tomó el plato que el joven le ofrecía y se salió de la fila, con el corazón latiéndole con fuerza.
Miró hacia su derecha, hacia la entrada de la mina. Había más puestos de comida y los presos se aglomeraban en ese lugar, se dirigió hacia allá, buscando a Brooklyn, pero jamás lo encontró.
Buscó durante media hora tanto a Brooklyn como a Ray, pero jamás logró dar con ellos. Resignado, regresó a la cocina justo cuando las campanas sonaron nuevamente. Miró el dorso de su mano y vio las 6 marcas en ella.
Sentía su estomago arder por el hambre, pero ya no estaba solo, así que no podía tomar nada de la cocina. Se concentró en lavar nuevamente los huevos, tratando de no pensar en comida, lo cual era difícil, sobre todo con el olor de los platillos siendo cocinados a sus espaldas.
Mientras seguía con su trabajo, empezó a pensar en sus padres. Recordó cómo se había enterado de Gulag.
Yuriy y su madre se encontraban hirviendo leche para venderla en la pequeña comunidad de Listvyanka. Ella siempre había sido muy trabajadora, al igual que su padre, por lo que Yuriy había crecido con fuertes principios y valores. Sabía que para conseguir algo debía trabajar duro por ello.
En ese momento, una vaca había escapado del rebaño y Yuriy había ido a buscarla, perdiendo casi todo un día de trabajo, pero cuando regresó, el ejército había arrasado con el pueblo, robando suministros y abusando sexualmente de sus habitantes.
De eso tenía como medio año, y poco a poco, muchas personas habían sido detenidas y empezaron a tener más información de dicho lugar.
Les decían que era la Dirección General de Campos de Trabajo, y que todos estaban obligados a ir y prestar sus servicios.
Yuriy y su familia pensaban que estaban seguros, hasta que un día su vecino, Tala, había sido secuestrado. Para el pelirrojo, fue un golpe muy duro, ya que ambos eran de la misma edad y habían crecido juntos, por lo que se consideraban hermanos.
Ahora que él recordaba, iba a buscar a Tala, aunque tenía ya medio año que había sido capturado y dudaba que hubiera logrado sobrevivir. Aún así, decidido, se propuso a encontrar a su amigo.
Tan pronto terminó con los huevos sonrió al ver la caja, ahora vacía, y todos los huevos limpios en trastes que eran tomados por sus compañeros. En eso sonó la campana y se sorprendió de lo rápido que pasaba el tiempo.
Salió de la cocina de la misma forma que la vez anterior, siendo revisado y manoseado por el mismo guardia.
Se dirigió hacia su edificio a buscar a Brooklyn para preguntarle si conocía a Tala.
Iba sobre la misma avenida que conducía al edificio de Kai, hacia el sureste del campo, cuando escuchó un revuelo en esa zona y se dirigió hacia allá.
Un grupo de presos estaban congregados alrededor de dos chicos que se enfrentaban a golpes. Uno de ellos era alto, fuerte, moreno, de cabello negro y el otro era muy alto también, sólo un pedazo de cabello en su cabeza lo retenía de estar calvo y era extremadamente fornido, probablemente trabajaba en las minas. Frente a ellos se encontraba Kai, de brazos cruzados, riéndose de la pelea al lado de los chicos que siempre lo seguían. Yuriy también vio a varios guardias detrás de Kai, parados ahí sin detener la pelea, solo viendo y riendo como los presos se agarraban a golpes.
Yuriy vio como el chico moreno le rompió la nariz al otro, quien quedó tumbado en el piso, sujetándosela y retorciéndose de dolor.
Kai se acercó al chico de cabello negro y le dijo algo que Yuriy no pudo escuchar, pero el otro lo miró con sorpresa
-¿Quieres que lo mate? – Escuchó Yuriy- Pero es mi mejor amigo
Kai se empezó a reir y los demás le hicieron segunda, el tipo de cabello negro miró al del piso.
-Hazlo o los dos morirán – dijo seriamente el ruso de ojos rojos – y ya sabes que aquí nadie se anda con juegos
Todos guardaron silencio y vieron como Spencer le entregaba una navaja al joven de oscuro cabello.
-Lee – le dijo el chavo del piso –hermano…
-Perdóname, Gary… pero si no te mato… moriremos los dos…
Lee pateó el estómago de Gary y cuando este se retorció para calmar el dolor tomó la navaja y cortó su cuello. El otro muchacho empezó a ahogarse en su propia sangre, y Lee comenzó a llorar mientras clavó la navaja de nueva cuenta en su cuello, rematando a su víctima.
-Maldito…
Lee se levantó y miró a Kai, quien estaba riéndose de lo que acababa de hacer.
Se dirigió hacia él, empuñando la navaja, su objetivo: el cuello del peli azul.
Yuriy quiso gritarle a Kai para prevenirlo, por algún extraño motivo, pero su grito fue inaudible por las exclamaciones de los demás.
A partir de ahí todo sucedió como en cámara lenta.
Lee alzó la navaja y atacó a Kai, dirigiéndose específicamente al lado izquierdo de su cuello, se impulsó contra el piso, utilizó toda la adrenalina en su cuerpo para dar ese golpe y cortar lo más profundo que pudiera, para matar a aquel que lo había obligado a asesinar a su mejor amigo, con quien había sobrevivido a los horrores de Gulag. Ése sería el fin de Kai Hiwatari.
Cuando la navaja estaba a escasos diez centímetros de Kai, éste, en un rápido movimiento, se agachó y giró, utilizando la inercia de su giro para tumbar a Lee, le arrebató la navaja y se la clavó en la frente.
Lee cayó muerto al piso y Kai se levantó, como si nada hubiera pasado.
Spencer tomó la navaja de la frente de Lee.
-Que les quede claro a todos – vociferó Kai – nadie puede matarme. Y los que se atrevan… - señaló a Lee y a Gary – éste es su destino
Se dio la vuelta y se dirigió a su edificio, seguido por su escolta.
Los presos empezaron a dispersarse, pero Yuriy se quedó parado, casi en shock, con los cuerpos de los chicos tirados, sin nadie que los recogiera ya que a nadie le importaba.
Decidió marcharse de ahí antes de que surgieran problemas.
Avistó un reloj, que marcaba 6:45, y recordó que a las 7 tenía que ir con Kai para que reclamara los otros tres platos que aún podía exigir. Se decidió a buscar a Brooklyn rápido para que lo acompañara.
Ingresó a su edificio, y afortunadamente, su amigo estaba ahí.
-Debo preguntarte algo – le dijo Yuriy – ¿Conoces a un chico llamado Tala Safina?
-No me suena, ¿Y cómo te fue? ¿Qué hiciste?
Yuriy se acostó en su cama a descansar un poco, sintiendo la más deliciosa sensación después de estar tantas horas parado.
-Me fue bien, me tocó en la media cocina. Sólo limpié huevos. –Brooklyn soltó una carcajada- ¡Oye! Es en serio, sólo los lavé y ya. Ah y… hace rato… vi como Kai obligaba a un chico a matar a su amigo y luego él trato de matar a Kai, pero fue increíble… pudo evadir el ataque y contraatacó en menos de un segundo… Lee no tenía oportunidad
-Te lo dije. Kai no es cualquier cosa. Ese tipo… créeme, es mejor tener cuidado con él. Y ahora, debemos de ir a buscarlo para ir por esas raciones… ¿Aún tienes las tres, verdad?
-Claro. Ya me metiste en esto y valoro mi vida. –Yuriy cerró sus ojos- Está loco. Yo jamás sería capaz de matar a nadie. Espera… - Se levantó- Tú… ¿Tú lo has hecho? ¿Por eso te llevas con Kai?
Brooklyn frunció el ceño, indignado.
-No. No he matado a nadie. Y no me llevo con él. Sé quién es y por mi propio bien pretendo ayudarlo cada vez que puedo. Una vez me ayudó a conseguir algunas cosas, pero hasta ahí.
-Lo siento, no te enojes – dijo Yuriy- Es sólo que… - empezó a tallar sus ojos – tengo muchísima hambre.
Brooklyn se levantó de su cama.
-No te preocupes – respondió él – creo que es hora de ir a verlo.
Yuriy apretó aún más sus ojos, y cuando los abrió no podía ver nada más que muchos colores.
-Vamos – respondió él y se levantó
Ambos se dirigieron al edificio 1989. Yuriy vio por primera vez a todos los presos salir a divertirse, algunos bailaban alrededor de fuego que habían encendido, otros jugaban cartas, lavaban su ropa…
-Mañana nos despertarán más temprano para la ducha. A las 7. Tenemos una hora para asearnos y de ahí lavar nuestro uniforme.
-¿Y mientras se seca? ¿Qué nos ponemos? – preguntó, adentrándose al edificio de Kai
-Nada. Esperas a que se seque con el fuego. Con suerte no quedará tan húmedo.
Llegaron hasta donde se encontraba su objetivo, rodeado de sus amigos, bebiendo Vodka.
-Miren quien regresó – dijo Ian - ¿Tienes las tres marcas?
Yuriy le enseñó el dorso de su mano.
Todos empezaron a silbar y emitir sonidos de provocación.
Yuriy había tratado de evitar la mirada de ésos penetrantes ojos rojos durante todo el rato, pero al final, se atrevió a observarlo. Éste tenía su mirada clavada en los ojos del pelirrojo, quien empezó a tener problemas para pasar la saliva, poniéndose nervioso ante la fiera, pero hermosa, mirada de Kai.
Los ojos rojos siguieron clavados en él un largo rato, mientras los demás seguían con sus ruidos. Él se levantó y llegó hasta Yuriy, justo en el momento en que empezaron a sonar las campanas.
-Vamos – Kai lo tomó del brazo y lo sacó del edificio – tienes unos ojos preciosos – le comentó a Yuriy - ¿Cuándo llegaste?
-Ayer – respondió Yuriy, nervioso, y Kai notó lo angustiado que estaba el menor
-La cocina eh… - le dijo mirando su insignia – creo que tienes bastante suerte. Iré a visitarte un día de estos, a ver que me invitas.
Maldición pensó Yuriy.
Sección Norte de Gulag.
Los directores de cada área se encontraban sentados alrededor de la mesa rectangular, esperando al director general para poder comenzar a cenar.
En ese momento, la puerta fue abierta y Bryan Kuznetzov entró por ella, sin fijarse en nadie, simplemente dirigiéndose a su lugar.
-Vaya. Creo que llegamos un poco tarde
Bryan alzó su mirada y noto que Boris se encontraba en su lugar, en la cabecera.
-Oh, lo siento, creo que estoy en el lugar del rey. – Se disculpó Boris
-Quédate ahí – respondió y se sentó en otro lugar, a un costado de la mesa, donde se sentaban los demás directivos – el poder lo tengo yo, no la silla, y éste estará en el lugar que yo ocupe, sea cual sea.
El comedor quedó en silencio y todos agradecieron la astucia de su director para poner al loco de Boris en su lugar.
-Buenas noches. ¿Podemos comenzar a servir? – preguntó Max
Max se encargaba de las operaciones de la cena, ya que éste era hijo de la directora del hospital, Judy Mizuhara, y era un trabajador de confianza.
-Sí – respondió Bryan
Una vez que todos habían empezado a comer, éste habló.
-Hemos tomado la decisión de cerrar la subdivisión de veterinaria – todos dejaron de comer – y enfocar los recursos que antes de destinaban a ésta a cocina. Así como reducir un 20% a recursos humanos y dirigir 10% a Cocina y 10% a Extracción. –Hizo una pausa- Enviaremos a todo el personal y a los perros a Moscú. Ya hablamos con los representantes de la Fuerza de Trabajo allá y tendrán un empleo tan pronto arriben.
Boris sonrió. Sabía que Bryan no se metería con él. Su Volty no lo permitiría.
El resto de la cena fue discutir sobre los cambios, al final Voltaire asistió para aseverar la importancia de que los cambios se dieran rápido, y sin más percances, concluyó la asamblea extraordinaria.
Todos se retiraron, dejando solo a Voltaire. Boris notó que él se había quedado en la mesa pensando en algo y decidió rezagarse, haciendo que los demás se fueran sin notar que él había permanecido en el comedor.
Max y sus ayudantes ya estaban terminando de recoger las cosas y se sentó a un lado de Voltaire.
-Sabia decisión, Volty – le comentó Boris – se que fue tuya, Bryan amaba a esos perros
-Gracias
-Buenas noches, con permiso – se despidió Max y los demás asistentes se retiraron, dejándolos solos finalmente
Boris miró a Voltaire, quien tenía ambos brazos extendidos en la mesa, relajándose – Te ves cansado…
El médico ruso tomó la mano de su superior y le dio un beso en el dorso de ésta.
-Sabes que yo siempre estaré a tus órdenes – dijo Boris mientras le daba otro beso a la mano de Voltaire, dirigiéndose a su brazo
El Director Supremo no hizo nada, solamente tenía su mirada fija en la chimenea que calentaba el comedor. Reaccionó hasta que sintió el calor de Boris en su cuello, mientras éste le daba pequeños mordiscos.
Boris se levantó de su silla y se colocó a un lado de Voltaire, agachándose para besar sus labios pero éste giró el rostro, evitando el beso. El otro siguió su trayectoria y continuó besando su cuello. Empezó a desabotonar el abrigo negro de Voltaire, quien no opuso ninguna resistencia. Boris se lo quitó totalmente, dejándolo a un lado, entonces giró la silla y se colocó frente al otro, hizo una reverencia y se arrodilló frente a él.
Voltaire sintió como las manos de Boris abrían su pantalón. Llevó una de sus manos al cabello morado, acariciándolo, éste se sentía áspero en las puntas y en las grasoso en las raíces. Soltó su cabello y arqueó la espalda cuando él tomó su miembro en su boca y se lo metió totalmente.
A pesar de que el hombre no le ocasionaba emoción alguna, debía admitir que la humedad y calidez de su boca se sentían deliciosas alrededor de su hombría. Además, no podía negar que Boris sabía lo que hacía, y empezó a suspiras ante las potentes corrientes eléctricas de placer que viajaban por su cuerpo.
Boris continuó satisfaciendo a Voltaire con su boca durante casi media hora, durante la cual, el superior permanecía con los ojos cerrados, disfrutando, bloqueando de su mente el hecho de que era ese hombre quien le brindaba tanto placer.
En ese momento, tomó a Boris por los hombros y lo separó de su pene, levantándolo totalmente, le abrió el pantalón, bajó sus bóxers y le dio la vuelta, abriendo sus piernas a la vez que escupía en su mano y cubría su miembro con saliva.
Boris se agarró de la mesa al sentir como Voltaire introducía su hombría dentro de su peludo ano, llegando hasta el fondo con la primera embestida. Empezó a gemir con fuerza, mientras Voltaire descargaba contra él toda su pasión, moviéndose dentro y fuera sin compasión alguna. Aceptaba que dolía, pero también, que era exquisito.
Voltaire no tardó mucho en venirse, y cuando finalmente lo hizo, mordió el hombro de Boris, el único contacto que tuvo con él más allá de su pene, para ahogar sus gemidos y llenó al hombre con su semen, mientras él aún temblaba por la liberación del estrés.
Salió de él y se dejó caer en la silla, cansado.
-¿Nuevamente me vas a dejar así? – Preguntó Boris - ¿No harás que yo termine?
Voltaire lo miró unos segundos y lo ignoró, girando su rostro para encarar a la chimenea.
-Bien. Pues entonces nos vemos luego, Volty. – dijo Boris y se colocó frente a él, tomó su rostro pero Voltaire golpeó su mano, para que no lo tocara
-Ya te lo dije, Boris. Esto no es más que sexo para mí. No esperes nada más que eso.
Se levantó de la silla y le dio la espalda al médico, retirándose del comedor.
Boris se quedó ahí, limpiándose. Más que humillación, era sumamente satisfactorio haber tenido a Voltaire dentro de él, y a pesar de su semblante de indiferencia, sabía que el viejo ruso también lo había disfrutado.
Sección Este-Central del área de prisioneros.
Kai había hecho que Yuriy se sentara a su lado mientras cenaba dentro de su edificio. Notaba que el pelirrojo temblaba, ya fuera de los nervios o del frio, y que su mirada evitaba cruzarse con la suya.
-¿Tienes hambre? – le preguntó el chico de ojos rojos
Yuriy lo miró por primera vez y asintió sin dudarlo.
-¿Sabes? – Kai el dio una mordida a su pan – Tal vez si haces algo por mi… yo podría hacer algo por ti
El ojiazul alzó una ceja – ¿Más de lo que ya he hecho? No he comido en todo el día por darte mis raciones a ti.
Spencer e Ian miraron a Yuriy, incluso Brooklyn, quien lo esperaba en el círculo se sorprendió de la audaz respuesta, pensando que el joven ruso era un cobarde. Qué mal estaba.
Kai tomó el mentón de Yuriy y éste tembló de miedo al sentir el contacto con su piel por primera vez.
-¿Crees que me importa eso? – Kai se acercó a él, sin soltar su rostro – Si quieres comer tendrás que meter algo en tu boca antes
Kai soltó su mentón y lo tomó por la nuca, agachando su cabeza hasta un poco más arriba de su entrepierna.
-Hazlo – dijo Kai – si es que quieres cenar hoy
Yuriy se soltó y se levantó.
-Prefiero morir de hambre antes de meterme ese asqueroso pedazo de carne en mi boca
Todos se quedaron en shock, incluso Kai se quedó anonadado ante la respuesta de Yuriy.
Me va a matar pensó Yuriy.
Kai se levantó y lo encaró.
Spencer e Ian sujetaron con fuerza a Yuriy, quien no se resistió al agarre.
-Kai, por favor… - dijo Brooklyn, acercándose
El peli azul fijo su mirada en los ojos azules de Yuriy. Se acercó peligrosamente a él, Yuriy incluso podía oler el aroma a alcohol emanando del otro ruso.
Spencer sacó la navaja, listo para apuñalar al pelirrojo en el momento en que su líder se lo ordenara. Yuriy notó un rápido reflejo en los ojos del joven frente a él. Iba a morir. En ese momento estuvo seguro. Pero el movimiento que Kai hizo a continuación nadie se lo esperaba.
Kai tomó la insignia de Yuriy en su mano y de un solo movimiento la arrancó.
-Ian… – ordenó el ruso peli lavanda
-Sí
El chico de corta estatura soltó a Yuriy y se alejó, el pelirrojo no supo a donde se dirigió pero regresó con una lata, donde almacenaban distintas insignias. No vio cuál fue la que Ian tomó y cosió en su uniforme, sin embargo, la sonrisa de Kai lo puso nervioso.
Cuando Ian terminó, Spencer lo soltó, y Yuriy finalmente logró ver lo que habían cosido en su ropa.
Una insignia cuadrada.
Fin del capítulo
Adelanto del capítulo 3
-Si no te mato aquí… ¿Me matarás después? – le preguntó
-Obviamente – respondió Kai – y de una manera aún más dolorosa
