-Hermano, allá en el norte yace una tierra sobre la que aún pesa el ominoso yugo del maligno…

La tormenta arreciaba sobre el mar encabritado, erizadas las crestas y rugiente el abismo bajo las turbias oleadas parecía prefigurar las profundidades del averno.

-…sobre una raza de hombres tan feroz, tan fiera como la escarcha que les roe los huesos y las tinieblas que hacen lo propio con su corazón…

En tiempos de las bárbaras legiones mantuviéronse firmes frente al león y el acero un millar de mártires a quienes jamás el miedo turbó en la hora final, a quienes el infinito amor que ardió en sus corazones abrigó ante el gélido abrazo de la eternidad. ¿Qué sería él, pues, si bastaran para amedrentarlo de su imperiosa labor los indignos bramidos del adversario, temeroso de perder éste bastión?

-La Europa se ha perdido: el Papa y el Emperador se debaten a hierro y sangre sobre las migajas de un reino abatido bajo la peste y el hambre, por el flaco premio que es hoy el otrora trono de San Pedro, mancillado por las vulgares ambiciones de una curia degenerada y corrompida. Satán nos disputa palmo a palmo el que fuera su dominio y en esta lucha…estamos perdiendo.

Aúlla el maligno céfiro sobre la mar embravecida, calando su helado silbido los huesos y el alma. Pero mientras haya vida en estos huesos, seguirán mis brazos bogando y mis labios adorando al hacedor.

-Pero fuera bajo el imperio del demonio que nuestro Señor diera a doce hombres la labor de salvar el mundo y sin más que sus sayales y su amor, dieron a la humanidad su redención. Hoy somos nosotros quienes recogemos éste deber.

El espíritu está dispuesto, pero la carne, la maldita carne es débil, siempre débil. Ya no alcanzan mis dedos a sujetar el remo, lamen ya las aguas el interior de mi canoa. Si es esta tu voluntad, sea pues servido tu designio. Pero pensé, en mi tremendo orgullo, que quizás, quizás sería para mí el honor de ser tu instrumento. ¡Ay de mí! Vanidad de vanidades y todo es vanidad.

- Será esa tierra, hoy lugar de obscuridad donde habrá de erigirse la Nueva Jerusalén. Serán las espadas de ese reino, que hoy sirven al mal, las que mañana habrán de recuperar para Su Majestad el que hoy se pierde en la miasma del pecado. La noche nunca llega sin salir el sol en otro lugar y cuando mañana vuelva a amanecer sobre Roma, lo hará esta vez por el norte.

En rocoso médano ha dispuesto su voluntad que terminen mis días. Afilados pedruscos serán para mí lo que para otros fueron los dientes del león o el cuchillo del gentil. Agradezco igual la gracia que su Majestad me ha concedido en servirle, dulce et decorum est pro Deo mori.

-Dios mora al interior de cada uno de nosotros y es nuestra alma Su Reino inmortal: pero el alma no habla, su voz se oye de otro modo así que escúchala con atención y quiera Dios que nunca alcance el maligno a confundir su murmullo en tu espíritu el bien con el mal.

Cierro los ojos. Siento sus manos tomarme y elevar mi cuerpo al cielo, alto, muy alto a las regiones etéreas. Pero no veo nada: al hermano Aidan, a Aisling, a Kells… a mi tío. Todo es oscuridad. Poco importa.

-Ve, hermano, llevas contigo la divina palabra que convierte en luz las tinieblas más espesas, predica la verdad a todos, que tus discípulos se multipliquen como las flores. Guíe Su mano tu camino a cada paso y esté siempre contigo, en tus manos y en tus pies.

Qué curioso, nunca pensé que las manos del Creador fueran tan… filosas.

-Amén.

"Por aquel entonces yo montaba a Tragasangres: que primor de dragón y muy mal hacíamos en llamar a tan graciosa criatura Pesadilla Monstruosa. Que noble y cuán amorosa siempre fue. Dios premie tanta lealtad; porque llevan sus otras creaciones el mismo sello que en nuestras almas tenemos nosotros."

"Bueno fuera que por aquel entonces fuera la disposición del jefe Abadejo asistir a cualquier náufrago que se presentara en nuestras costas y para mí será siempre prueba de Su sabiduría que hayamos visto al hermano Brendan en el momento justo en que enfilaba su cuerpo directo al roquedal. Bonito amasijo de tripas habría quedado hecho de haberse estrellado contra él. Pero como dije, Tragasangres era un prodigio de criatura y antes de que eso pasara, ya llevaba entre sus garras al pobre Brendan. Admito que fue de mala gana que lo hicimos, pero todo pasa por una razón y todos los malos pedimos perdón."

Nota del traductor: del mismo modo que el mentado San Brendan, no he hallado en los vastos tratados de zoología de la época, tanto fantásticos como (proto) científicos, referencia a criatura ninguna que sea llamada en ningún contexto "Pesadilla Monstruosa" ni mucho menos que reúna los atributos que el cronista concede a esta criatura tales como el vuelo o la capacidad de incendiar su propio cuerpo. A juzgar por la tónica general de la obra me atrevo a conjeturar que se trata de un recurso alegórico de alguna clase utilizado por el autor con fines morales.

"A regañadientes hice a Tragasangres volar el tramo que mediaba aún del roquedal a una cueva cercana donde tomamos refugio. Buena falta que nos hacía pues en todos los años que me quedaban por vivir en Berk no volvieron mis ojos a ver semejante tromba. El caso es que cansado como estaba, ninguna gracia me hacía tener que cargar con un desconocido: ya bastantes problemas nos habían dado en años anteriores Crogan, Dagur y sus animalescos compañeros como para recibir extranjeros con los brazos abiertos. Pero como dije, eran las órdenes de Abadejo y a ellas me remití."

"No sé cuánto tiempo pasé debatiéndome entre degollar al extraño o abandonarlo a su suerte allí. No se me ocurre, a la fecha, que me detuvo a mí, que pese a llevar el sobrenombre de Haragán, mi cualidad capital antes de ver la luz fue siempre una desmedida ferocidad. En cualquier otra situación no habría tardado más que un instante, pero algo frenó ese día mi mano ávida de terror y de sangre. Dios es grande"

"Finalmente lo vi abrir los ojos. La tormenta no amainaba aún."

"Cuando era niño, siendo temporada de Snuggletug, un huevo de Grunckle estalló en mi casa, a escasos metros de mí. No era yo aún avezado guerrero, era sólo un niño educado para temer al fuego y al dragón. Corrí llorando a buscar a mi madre a la plaza sólo para encontrar mi hogar y mi pueblo envuelto en llamas. Luego supe que un grupo de hermanos había sembrado esos huevos en varias casas creyéndolos inofensivos y esperando con ello dar una bonita sorpresa a los demás, pero en aquel momento era yo presa de la desesperación. Y sentí miedo, miedo como no lo sentí ni aun encarando un Ala Acorazada enfurecido o teniendo media espada hundida en la carne"

"Miedo como sólo una vez más lo he vuelto a sentir: al verlo abrir los ojos."

"Juro que cuando me vio, sondeó en un instante todo el contenido de mi alma, me tuvo sujeto con su sola mirada y de no haber sido preso de sus ojos habría dado media vuelta y lanzado al mar sin pensarlo. Tal fue la primera impresión que de él tuve"

"Pero no lo hice y él siguió mirándome hasta que rompiendo el silencio se dirigió a mí"

-"Paz, hermano"

"Y el hechizo se rompió. Volví a ser Ragnar Dientes Rojos y como para vengar ante mí mismo la afrenta de la que me creí objeto, me dispuse a darle un mal rato a mi carga: puse la sonrisa más torva de la que me creí capaz, silbé a Tragasangres para que se posicionara junto a mí y con la tormenta al fondo debí parecer todo un demonio. Y sin contestar desenvainé mi espada para colocarla bajo su barbilla. Él ni se inmutó, sólo se irguió, se puso en cuclillas…y me sonrió.

"Menudo chasco que me llevé: no sólo no moví un ápice de aquel titánico espíritu, sino que antes me volvió el terror a helar la sangre y no acerté sino a quedarme quieto. De nuevo, fue él quien me sacó del bochornoso trance."

- "Hermano- dijo suave y mesurado- gracias."

"Acto seguido, se puso en pie y como si fuera yo amigo de tiempo atrás me abrazó. Yo seguía paralizado, presa del pánico y si no grité fue porque temí escuchar mi propia voz quebrarse frente al extraño. Gracias Dios y a Ser Brendan, me fue evitada esta vergüenza y por tercera vez, fue él quien puso en marcha los acontecimientos"

- "Hermano, ya mucho has hecho por mí- dijo soltándome- pero, tengo hambre. ¿No traerás contigo algo que quieras compartir?

"Y entonces lo pensé. Todavía hoy, viejo y achacoso como soy, me retuerce el corazón y llevo a mi rostro ambas manos de vergüenza al recordar lo que hice. Urgido por deshacerme de este ser de ultramar y de ultratumba me vino a la mente algo que creí salvaría mi pellejo y honor: era aquella cueva guarida de un Cremallerus de triste fama por la resistencia que había opuesto a todo intento de domesticación y por el gusto que en el proceso había cogido a la sangre humana. Ya no es mi cuerpo otra cosa que un gran callo curtido por la espada y reseco bajo el sol, pero, aun así, nunca deja de asombrarme como guarda todavía lágrimas cada vez que lo recuerdo."

"Adentro -le dije arreglándomelas hasta para sonar risueño- bulle de sabrosos peces una corriente subterránea y crecen alrededor robustas raíces. Ahí tendrás lo que buscas, forastero."

"Me dio las gracias: "Traeré algo para ti también, hermano"-dijo y se internó en la caverna"

"Soy de Dios criatura/ de Él, parte soy/ Siento su amor/ Abrir mi corazón"

"Escuchaba su dulce voz cantar estas y otras estrofas, difuminándose con el eco; a medida que avanzaba se imponía por sobre el rabiar de la tormenta y era como escuchar el lamento de un fantasma en la soledad del campo. Debía estar helando allí afuera pero yo sudaba a mares sin atreverme a soltar la espada o alejarme un solo centímetro de Tragasangres. Finalmente sentí el terror disiparse cuando al canto lo interrumpió un rugido corto y seco."

"Finalmente me creí salvo y solté una larga y estúpida risotada catártica, me reí y me reí hasta que otra vez sentí disipados mis temores. Y la risa resonó por toda la montaña, al interior de la cueva y de mis oídos y me sentí tranquilo, orgulloso de haber sido tan listo, sí, y escuché con placer las carcajadas…hasta que me di cuenta que no eran las mías.

"No lloré cuando a mi padre lo devoró su propio dragón, fue culpa suya por borracho y estúpido; no lloré al nacer mi primer hijo, sólo sonreí y le sostuve en brazos; no lloré el día que perdí la pierna izquierda, ya entonces sólo cabía en mi corazón la dicha de saberme cristiano. Pero ese día corrieron por mis mejillas lágrimas de terror, de impotencia al presentir tan próximo mi fin a manos de quien fuera yo tan ingenuo para creer mi víctima cuando en realidad había sido yo la presa burlada una y otra vez por quien habría de ser mi verdugo. Y me hice un ovillo al escuchar de vuelta los pasos, acompañados ahora de los de algo más grande."

"Cerré los ojos y sin poder controlar mi llanto fue que me encontró. Tragasangres me lamía sin poder consolarme. Fue ella, mi amiga, a quien debí escuchar: todo el tiempo en que a mí me dominó el terror a ella nada le inquietó. Debí saber por ella que nada tenía que temer."

"¿Qué pasa hermano? Por favor no llores, te trajimos algo de comer."

"Yo seguí gritando como una niñita sin, atreverme a abrir los ojos hasta que sentí su mano en mi hombro. Tragsangres era muy protectora, mi dulce niña, y a cualquier otro le hubiera arrancado la mano de un mordisco de haberme puesto un dedo encima, pero ella lo dejó aproximarse como si nada. Sólo entonces abrí los ojos. Sobre mí cernía sus suaves iris azules y fue la paz en mi interior. Tras de sí el sádico Cremallerus las toscas sandalias lamía, baja la cabeza y coritos los ojos, igual que un can de caza o como un cordero."

"No podía encontrar las cosas que me decías allá adentro y comenzaba a pensar que quizás alguna broma me habrías jugado cuando el hermano dragón vino en mi ayuda"

"Ante esta sola mención, la bestia agitó la cola cual cachorro y cerró los ojos al acariciar con su mano libre el Santo su nariz."

"Me dijo, jiji, me dijo que me habías enviado allí dentro para, jaja, para que me devorara. Qué fantasías ¿no?"

"Como si fuera el chiste más ocurrente que hubiera oído nunca se echó a reír de nuevo. No sentí miedo entonces al verme descubierto por medio tan increíble, no, fue vergüenza. Debí ponerme rojo como botón de rosa y no me atreví a levantarme."

"-Por favor hermano, acompáñanos. Elegí para ti la mejor trucha que el hermano dragón me trajo."

"Abrió la bestia una de sus dos bocas, erizada de afilados dientes, manchados algunos todavía con el carmesí apagado de sangre vieja: del paladar hasta la dentadura rebozaba la cavidad de gordos peces. Sin atisbo de miedo introdujo Ser Brendan su mano entre los horribles cuchillos, tomó una trucha bien cebada y de aspecto suculento y me la extendió con una sonrisa. No supe cómo responder y me quedé quieto"

"Pero que grosero –dijo formándosele un leve rubor en las mejillas- Discúlpame hermano, no puedo esperar que te la comas, cruda como está. Hermano dragón, ¿me ayudarías?"

"El escuchar su voz y hacer fuego fueron una misma cosa para el Cremallerus y apenas hubo iluminado la entrada el fuego, no tardó mi compañero en disponer todo para cocinar. Para este momento ya había recuperado la suficiente compostura como para ponerme en pie: nunca me habían humillado tanto en toda mi vida y no atinaba a decir palabra. Cuán poco importaba esto al hermano Brendan que de inmediato me invitó a sentarme.

"¿Cómo te llamas hermano? Yo soy Brendan, Brendan de Kells"

"Ra-Ragnar, Ragnar Dientes Rojos"

"Hermano Ragnar, entérate que de hoy en más será para mí tu nombre siempre precioso y será para ti mi última plegaria, pues hoy me has salvado. Dios te bendiga, yo ya lo hice."

"Acto seguido, se levantó y me besó la mano"

"Muchas cosas había ya hecho con mi vida por entonces, pero fue la primera vez que me sentí orgulloso de haber salvado algo y no de destruirlo. Fue nuevo, fue mágico y hasta el día en que cubra la tierra el lugar de mi sepulcro, será para mí el más querido entre los recuerdos que guardo."

"Fue entonces que supe que no corría peligro, que estaba con un amigo y en ese momento, el miedo desapareció, me sentí feliz al calor del tosco hogar y ambos nos sentamos frente a la fogata. Tragasangres y el Cremallerus se aproximaron también y mansos comieron de nuestras manos lo mismo que a nosotros nos tocó."

"Hermano, llegué aquí esperando verme recibido a golpes e insultos: perdóname por pensar tan mal de los tuyos. Yo he venido aquí esperando poderles dar algo precioso y creo que es justo, habiéndome salvado la vida, que seas tú el primero en recibir el tesoro que vengo a ofrecer. Acepta por favor, hermano, que te cuente una historia."

"Y enmudecía el trueno y la tormenta para escuchar una vez más aquella historia plena de belleza y poesía, tesoro de nobleza y amor, la historia del más grande de los hombres, del Hijo del Hombre.

No sé cuánto tiempo pasó, si fueron horas o días; bajo el influjo de Ser Brendan bien podían ser una hora y un día la misma cosa. Allí lo escuché como un niño al abuelo que cuenta las hazañas de sus mocedades: los ojos como platos y apoyando sobre mis manos la cabeza"

"- ¿Quieres, hermano, renacer como uno de nosotros? Dijo finalmente."

"Nublados de lágrimas los ojos caí de rodillas frente al apóstol y quitándome el casco, asintiendo, incliné la cabeza"

"Sea pues, hermano- dijo y acercándose al borde del acantilado, donde daba la lluvia, dejó caer en sus manos el agua hasta que colmó el cáliz que hizo con sus manos; se aproximó lento y al quedar frente a mí pronunció"

"He aquí, hermano Ragnar, que yo te bautizo con el nombre de Ragnar El Gentil"

"Y así, en medio de la tempestad más atroz, bramando a toda furia el Pandemonio, no bastaron su furia y su rencor para turbar ese pequeño, pequeñísimo pero sagrado rincón donde se oyó por primera vez la Buena Nueva en el Norte; donde yo, Ragnar Dientes Rojos, Ragnar el Haragán, Ragnar el Gentil, nací a la vida eterna de la mano de Ser Brendan de Kells, santo y casto varón de augusta memoria, pues nadie, muy seguro estoy de ello, entendió nunca como él que ningún rico entrará jamás por las puertas del Cielo si no es de la mano de un pobre y el día que sea llamado ante el Altísimo, estoy seguro que habré de verlo tomado de las manos, no de uno sino de un millón de pobres que como yo, conocieron por él el divino tesoro de la Gracia."

Nota del Editor: Si bien la presencia de misioneros cristianos en el Mar del Norte y sus inmediaciones no eran un fenómeno particularmente raro para la época en que se data este escrito, sí resulta desconcertante el nombre de Brendan en un área tan culturalmente ajena y más aún, considerando los antecedentes sincréticos de la tradición evangelista en el área, la facilidad con que el apóstol (ya se verá) tenía para hacer conversos en un pueblo como aquel al que se dirigía: la ausencia de analogías o intentos de congraciar la cosmogonía nórdica con la cristiana en su prédica es de todo punto asombrosa si se toma en cuenta el supuesto éxito con que se encontrara el críptico apóstol.

Fin de la parte Segunda.