Capitulo 2: Sus lágrimas
Es la 1:00am y Artemis está dormido, tal y como he hecho las últimas semanas, estoy leyendo un manga yuri, regocijándome en aquel imposible amor que siento por mi princesa ¿Por qué no puede ser tan fácil como en estas historias? Básicamente tropiezan, se enamoran y se besan. Casi parece como si estuviera destinada a un amor no correspondido.
La vida es una mierda.
Desearía poder cambiar de lugar con Darién.
Guardé mi manga y salí a mi balcón para refrescarme, fue entonces que la vi. Mi princesa corría por las peligrosas calles de Tokio como si hubiera visto un espanto. Sin pensarlo me coloqué mis zapatos y empecé a correr en su dirección para verla tropezar contra un poste de luz.
-"¿Por qué tengo que ser tan inútil?" Se quejó para recostarse contra el poste de luz, y fue entonces que corrí hacia ella como si mi vida dependiera de ello. "¿Mina?" Preguntó con voz entrecortada y fue entonces que la vi, usaba un hermoso vestido plateado strapless de falda corta, visiblemente desordenado al punto detener la falda casi completamente arriba y sus senos visibles, casi fuera del vestido; y zapatos de tacón negros de los cuales uno se encontraba sin tacón. Su rostro dejaba mucho que desear, sus ojos rojos por las lágrimas, al igual que sus mejillas y un hilo de sangre resbalaba de su frente a su boca. Finalmente sus dedos estaban cubiertos con banditas.
Aun sin escucharlo, sabía que se trataba de Darién.
En silencio me agaché y organicé su vestido sin hablar, haciendo mi mejor esfuerzo por contener mi llanto. Al terminar mi tarea vi sus ojos cerrados, besé su cabeza y la alcé en mi espalda. Fue algo difícil saltar hasta mi balcón con ella en mi espalda, pero lo logré y pude dejarla sobre mi cama. Le quité los zapatos de tacón de sus pies, bajé la cremallera del vestido y lo sustituí por una de mis camisas sueltas, limpié la sangre en su rostro con un pañuelo húmedo y dejé un vendaje sobre su frente, a continuación cubrí nuestros cuerpos con mi cobija, finalmente la abracé disfrutando del calor y la suavidad de su cuerpo.
Todo era perfecto, el tranquilizante sonido de su corazón, su aroma dulce, su calor y su piel tan suave que parece irreal y mi cuerpo sencillamente encajaba a la perfección alrededor del suyo, aprisionándola. Tal vez la vida no es tan injusta como parece.
Desearía poder dormir así todos los días de mi vida. No pasó mucho hasta que cerré mis ojos, sin embargo como es de esperarse la tranquilidad no duró lo suficiente.
-"Mina". Abrí mis ojos al escuchar la voz de Artemis. Ya era de día y yo seguía abrazando el cuerpo de mi princesa, tardé un poco en ver a Artemis, quien se encontraba sentado en el piso viéndome.
-"¿Qué sucede, Artemis?" Pregunté a medio dormir apretando mi agarre sobre mi princesa.
-"¿Qué hace aquí Serena?" Finalmente la pregunta esperada.
-"Me desperté a la 1 para cerrar el balcón porque estaba haciendo frio y la vi corriendo, se estrellarse contra un poste de luz por estar llorando, se desmayó, la traje y ahora intento dormir". Respondí con simplicidad, mintiendo un poco sobre lo que hacía antes de encontrar a Serena. Sinceramente creo que lo último que el gato desearía escuchar es sobre mí, leyendo las historias de romance entre dos mujeres para luego ver al amor de mi vida, cambiarle la ropa y dormir en la misma cama que ella.
Sé que Artemis no tiene problema con la preferencias de Haruka y Michiru, nadie del grupo tiene problema con ello, no estoy segura de mi sexualidad aún. Lo sé, estoy enamorada de una chica, pero yo no encuentro atractivas a otras chicas y no podría siquiera imaginarme tener un romance con una mujer diferente a mi princesa. Es más facil para mí encontrar a un chico apuesto, que encontrar atractiva a una mujer diferente a mi princesa. Es complicado, no sé si puedo clasificarme abiertamente como lesbiana como Haruka y Michiru, tal vez bisexual, pero tampoco me veo teniendo una relación con un chico. ¿Siquiera hay necesidad de clasificar eso? Prefiero olvidarme de todo eso y aceptar que me enamoré de una persona que pasa a ser una chica. Existen cosas en las que no es necesario pensar tanto y esta es una de ellas.
-"¿Está bien?" Preguntó en voz baja.
-"Va a estar bien, yo me encargaré de ella." Respondí con seguridad y el gato finalmente se fue diciendo que dejaba a nuestra princesa a mi cuidado. Así debería ser siempre. Me levanté por un segunda para poder apreciar la belleza de mi princesa, era simplemente perfecta.
Su cabello dorado brillaba con el sol del amanecer tomando un color intenso que hacía resaltar su hermosa piel, sus pechos abundantes y su cintura reducida destacaban en la camisa blanca que le puse anoche, tal vez por el hecho de que ahí había reposado mi cabeza. No podía evitar sonrojarme ante aquel último pensamiento y recordar su suavidad. Finalmente, estaba su hermoso rostro, sus ojos cerrados y un pequeña sonrisa en sus labios color carmín, rasgos finos, dignos de una diosa, su rostro ahora era el de una adulta. La única cosa fuera de lugar era la bandita en su frente, en silencio maldije el poste de luz causante de esa pequeña herida, no importa si está vivo o no, nada debe lastimar a mi princesa.
Besé su frente con cariño y luego, con algo más de valor, acerqué mis labios a los suyos hasta sentir algo de presión sobre mis labios. Sus labios eran realmente suaves, los más suaves que había besado en toda mi vida, era incluso mejor que lo que había imaginado. Suaves como el pétalo de una flor y esponjosos como un malvavisco.
No se parece en nada a las veses que he tenido citas con chicos apuestos y los beso, esta vez estaba ese sentimiento de calidez en mi pecho. Es el mejor beso que he dado, el más suave y cálido de todos. No sé si sea porque realmente nunca me enamoré de ninguno de esos chicos con los que salí o porque sus labios sean en realidad tan grandiosos por ser de ella, mi hermosa princesa. Lo único que sé es que desearía poder besar estos labios todos los días y ver sus ojos abiertos cuando lo haga.
Me acosté nuevamente, mi cabeza ahora estaba contra su cuello, mis abrazos envolvían su pequeña cintura y mis piernas se entrelazaban con las suyas. Sin importar la posición todo es perfecto, nuestros cuerpos encajan a la perfección. Nuevamente cerré mis ojos y me dispuse a dormir con mi princesa.
-"¿Mina?" Al escuchar esa voz angelical inmediatamente me desperté. "¿Estás despierta?"
-"Si, ¿Estás bien?" Pregunté sin salir de mi posición.
-"Si, gracias a ti". Respondió en voz baja, visiblemente triste. "Mina, ¿Crees que soy una inútil?" Al escuchar esa pregunta no pude evitar sentir deseos de asesinar a ese maldito príncipe ¿Cómo se atreve a hacerla sentir de esa forma? Siempre hace lo mismo.
-"Si lo fueras, ninguno de nosotros estaría vivo en estos momentos. Puede que seas algo torpe y descuidada, pero aun así eres más fuerte que todas nosotras juntas y tienes el corazón más cálido y puro de todos. Eres perfecta. Si te llamas a ti misma una inútil, significaría que nosotros 100 veces más inútiles que tú, quizás más". En ese momento mi princesa me abrazó y empezó a llorar en mi pecho mientras yo simplemente acariciaba su cabello en silencio, hasta calmarse. "¿Ahora puedo saber lo que ocurrió?" Mi princesa asintió levemente para volver a acostarse al lado mío.
-"Ayer quería tener una cita con Darién por su cumpleaños, fui a su apartamento y cociné algo de comida para él. Sabía que él terminaba turno a las 7:30, así que esperé en su apartamento para darle una sorpresa, mientras esperaba vi una carta diciendo que lo habían aceptado en una universidad en USA y él no me había dicho nada. Él no me dijo, nuevamente decidió decírmelo la semana antes. Intenté olvidarlo y seguí esperando, él seguía sin llegar a las 11:00pm. Yo estaba muy preocupada. Finalmente llegó a las 12:30, estaba completamente cansado y no quería hacer nada. Se molestó cuando se acercó a la cocina y tropecé con la ensalada que había preparado, cayó encima de él y empezó a gritarme. Me dijo muchas cosas y terminó echándome de su apartamento".
Sentí ira al escuchar su historia. Ella simplemente quería darle un regalo y el bastardo, para variar la trató como basura. Tomé sus manos y vi las banditas en sus dedos, tenía por lo menos unas 4 en su mano derecha y unas tres en su mano izquierda. Mi princesa se había esforzado cocinando una gran comida ella sola, y él se atrevió a menospreciar su trabajo. Él no la merece.
-"No es tu culpa, él es el culpable". Dije con seguridad sin separar la vista de sus manos.
-"Desordené su cocina y lo cubrí con ensalada, él estaba muy cansado…" Mi princesa iba a seguir excusándolo pero la detuve. Ella siempre se siente culpable de todo a pesar de que no sea su culpa, es demasiado noble y frágil.
-"No debió reaccionar así. Querías darle un regalo, ¿Cierto? Él debió valorarlo en lugar de actuar como un patán". Después de unos cuantos minutos de silencio pude ver una sonrisa en los labios de mi muy amada princesa.
-"Gracias Mina. Siempre eres la que me malcría. Seguramente si hubiera ido con Rei, ella me hubiera regañado por ser tan tonta". Me abrazó nuevamente haciéndome sentir muy feliz por el afecto que me estaba dando.
-"Eso es porque Rei es una tonta envidiosa." Comenté y empezamos a reír juntas. Me levanté y busqué banditas y desinfectante para cambiar las banditas de mi princesa, quien me miró con curiosidad. "Necesito cambiar las banditas para evitar que se infecten". Mi princesa me miró con algo de nerviosismo e insistió que no era necesario, sin embargo fui yo quien ganó el argumento.
Quité la banda de su frente y al hacerlo vi algo extraño, la zona que ayer tenía una herida sangrante de unos 2cm, ahora simplemente se encontraba cubierta de sangre al igual que el algodón en mi mano, al limpiar la zona no había ninguna herida en su frente, solo un pequeña y muy delgada línea blanca. Con confusión retiré las banditas de sus dedos, ni siquiera había cicatrices en ellos, los cuales parecían estar en perfecto estado, a pesar de que los algodones tenían sangre.
-"Siempre he sanado muy rápido, especialmente las noches de luna llena." Comentó con timidez, evitando verme a los ojos por alguna razón.
-"¿Quieres comer algo?" Cambié de tema y mi princesa asintió enérgicamente al escuchar la mención de comida.
Si fueras mía te mimaría y a diferencia de él, yo jamás jugaría con tu corazón.
