Cena para cuatro

Crónicas de un mal entendido

"Te escribí a la dirección de mail que tengo aquí ¿qué paso?, Ha respondido tu esposa ¡y no tú! ¡Dice que! esta noche ella me espera, que en tu casa habrá una cena medianamente cordial…"

Hace una semana

Si tenemos que describir el día de Seeley Booth, la verdad es que no podrías decir que fue "perfecto".

Algo había ocurrido en su casa la noche anterior que provoco un corte de luz, su móvil no cargó, el de su esposa tampoco, la alarma no sonó y simplemente el matrimonio se había levantado a la hora del níspero.

Agradecía a Camile Saroyan, que había llamado a su casa para saber porque la Brennan no había llegado a trabajar, fue que saltaron de la cama como alma que lleva el diablo y corrieron a preparar a sus hijos, bañarse, servir el desayuno, cambiarse; y todo en tiempo record, estaban listos para las olimpiadas.

Por su parte el agente Especial Seeley Booth, se atrasó aún más, porque debió dejar a su hermosa princesa Christine a la guardería y recoger a su hijo Parker, que tenía el examen de fin de semestre y Rebeca no podía llevarlo a la escuela, tenía que ir a la corte ipso facto a defender a uno de sus clientes ricos y mafiosos de no ir por enésima vez a la cárcel.

Al final llegó a su oficina bordeando las 11 de la mañana, provocando al ya muy enojado Andy Hacker. El muy rencoroso aún no le disculpaba que se hubiera quedado con la antropóloga, así que Seeley pensó que simplemente el día no podía ir peor... ¿o sí?

Booth sabía de antemano que su jefe era un ogro, pero lo que vino después no se lo esperó por nada del mundo.

Agente Booth, póngase en contacto con el Jeffersonian y que la doctora Brennan venga inmediatamente, necesitamos su asesoría para otro departamento – expresó Hacker y luego salió de la oficina, no con muy buena cara, cuando el agente se disponía a tomar el teléfono, se devolvió y lo fulminó con la mirada – dígale que no se demore, el sub-director Skinner la desea ver.

Al Jefe de Crímenes mayores se le cayó el maxilar hasta el escritorio.

El sub-director Skinner, era uno de los rechazados de la oficina hasta el año pasado, pero paradójicamente, luego del retorno de un par de agentes que estaban suspendidos desde el año 2002, se había posicionado siendo ahora uno de los más temidos en el tercer piso, eso sin contar que a su asignación le habían otorgado una serie de recursos extra, colocando como jefes de área a Fox Mulder y Dana Scully y acomodando en el sótano a 10 agentes más en apoyo de la nueva asignación o departamento de Asuntos Paranormales, y eso porque se rumoreaba que su querido amigo, no quería dejar el agujero ese.

Para Booth era de película, Fox Mulder era único en su área, realmente todos creían que ascendería rápido, un tipo único dinámico e inteligente, pero las circunstancias habían dicho lo contrario. Una verdadera deschavetada del FBI.

En fin, un grupo de gente con gustos extravagantes, encerrados en el piso más bajo del Hoover, buscando enanitos verdes y encima encabezados por su "amigo del alma" Tendría la mejor oportunidad para burlarse largamente de su Huesos. Sonó una buena carcajada en la oficina de Seeley Booth y los agentes del pasillo voltearon a ver si su jefe no había perdido la cordura.

Para Huesos no sería precisamente la mejor situación involucrarse con esa gente... sonrió con humor y tomó nuevamente el teléfono – Amor, te han asignado a sucesos paranormales – dijo en voz alta e imagino la cara y el discurso que ella le lanzaría.

Luego de un par de horas de burlas y demás juegos entre ellos, Brennan había llegado a la oficina del sub-director Skinner. Llego de la mano de su esposo y compañero Seeley Booth, pero la secretaria del dichoso hombre le detuvo con el fin que revisara unos expedientes, que por azahares del cosmos llegaron a su departamento, revisó rápido y con sus encantos logró pasar la barrera justo a tiempo, para encontrarse con algo que no le gustó.

¡Oh agente Booth, adelante! – dijo Skinner

Le estaba presentando a la doctora, su asignación temporal, Doctora Brennan él es el agente Especial Fox Mulder, encargado del departamento y perfilista – expresó con toda seriedad el hombre, mientras que el agente sentado al final de la oficina miraba con una sonrisa amplia en su rostro y le ofrecía cordialmente la mano a la antropóloga.

Es todo un placer Dra. Brennan... he escuchado tantas cosas acerca de usted que estoy realmente impaciente por trabajar a su lado... – algo comenzó a burbujear en el estómago de Booth, pero hasta ahí pudo ver la escena, pues su teléfono vibró, señal inequívoca que un caso estaba en pleno desarrollo y debía concurrir rápidamente si no quería que Hacker lo vapuleara de nuevo.

El caso fue rápido, un loco que intentó pasar de un edificio a otro por medio de una escalera. Un chico de 25 años drogado que no previó el peligro y que terminó lanzándose desde el piso 10 sin quererlo y sin darse cuenta que paso antes de dar con sus huesos en el suelo.

Para cuando la investigación había concluido, se dirigió a su oficina y llamó a su esposa. Ya era tarde y quería saber si la pasaba a buscar o no al instituto, estaba deseando pasar un rato a solas con ella antes de llegar a casa.

Para su mayor sorpresa, al llamarla se dio cuenta de que su móvil estaba apagado. Intentando no alarmarse llamó a Camile.

Hola Booth ¿Qué tal? – Está bien parecía algo maniaco, pero necesitaba saber de su adorada esposa.

Hola Cam, ¿está Huesos por ahí?– preguntó rápidamente, no quería perder el tiempo.

No Booth, se fue temprano contigo y no ha regresado aquí – respondió la morena, Booth se despidió cordialmente de su amiga y cortó la comunicación.

Era hora de hacer un poco de espionaje. Llamó a Ángela.

Dime tigre… ¿Qué necesitas? – tan ella como siempre, las preguntas y los comentarios al hueso, así que no sacaba nada con ocultar lo que pasaba.

¿Puedes rastrear el móvil de Huesos? – El grito ensordecedor del otro lado de la línea, lo dejó sin tímpano – Tranquila Ángie, está bien, es solo que no la encuentro…

Bien tigre, si ella pregunta yo jamás te dije su paradero – en un par de minutos la mujer había lanzado un reseteo al móvil, prendido el aparato de forma remota, y ubicado en cuestión.

¿Y? - pregunto Booth, Ángela rio.

Soy la emperatriz del laboratorio… Tigre he hecho un cruce de tu señal con la de Brennan, te he mandado un archivo a tu móvil, ábrelo y te dará la mejor ruta para llegar a donde ella está y ya sabes… Yo no dije nada – la mujer cortó la comunicación y el hombre aplicó el programa.

La vida te da sorpresas, sorpresas te la vida, Brennan recordó la canción al igual que la corrida maratónica de la mañana, después de despertar con la llamada de Camille y darse cuenta que se había quedado dormida como un tronco junto con su marido, obviamente después de pasar casi toda la noche despierta y muy entretenida.

Recapitulando, la mañana fue rápida entre la repartición de los chicos y la despedida vikinga que se dieron en la entrada principal, por algo la muy práctica Dra. Brennan tenía un jardín frontal que parecía el Central Park metido dentro de su casa, la protegía de miradas indiscretas...

Volviendo al tema, la llegada al instituto fue caótica, habían llegado nuevas osamentas al limbo, debían clasificarlas, decodificarlas y agregar gavetas, tuvo que llamar a todos los internos disponibles y además prácticamente chantajear a Camile para que pagara sus refuerzos.

Luego de forma estrepitosa fue sacada de sus labores y llamada al FBI, no logró entender las burlas de su esposo, hasta que se quedó sola con el tal Mulder.

Bien Doctora, necesitamos su experiencia, pues hemos encontrado una serie de osamentas "que supuestamente" tienen malformaciones, pero que yo creo de buena fe, no son humanas – y ahí había comenzado su calvario, una cantidad de teorías conspiranoicas dignas de su queridísimo Jack, que el gobierno había encubierto en fenómeno OVNI durante décadas y ahora comenzaba un experimento a gran escala con invasión alienígena incluida y más cosas locas y disparatadas que verdaderamente no quiso escuchar, pues bloqueó su mente a piedra y lodo, mientras le mostraba los expedientes y se concentró en derribar cada una de las teorías con respecto a esos huesos.

Este de aquí ciertamente no es humano – expresó Mulder, dándole un vaso a la antropóloga.

Agente Mulder, este corresponde a un deterioro facial por el síndrome de Parry-Romberg, deteriora los tejidos y carcome el hueso en sus etapas más avanzadas – respondió frustrada, no debía dar tanta explicación desde que comenzó a trabajar con Booth.

De un momento a otro fue tan abrumador lo que veía ante sus ojos, que tomó al seco el vaso, luego de unos minutos y de un picor familiar en la garganta logro saborear un tequila de los buenos. Considerando que no había probado bocado en todo el santo día, y que Mulder seguía vomitando teorías locas y viendo conspiraciones hasta en la mosca que pasaba volando, informándole que la nanotecnología había llegado a niveles insospechados y esa inocente mosquita era en realidad un sofisticado aparato de recontra espionaje, plantado por los entes extraterrestres, su buen juicio fue nublado llegando prácticamente a anularse y comenzando a fijarse en la buena estructura ósea que tenía Mulder...

Este último seguía hablando como loro borracho de extraterrestres, el gobierno, el apocalipsis y los cuatro jinetes cabalgando en el cielo de fuego y azufre, cuando se dio cuenta de que la Dra. Brennan le estaba prestando demasiada atención y mirándolo de pies a cabeza.

Pensó que por fin había logrado interesarla en el tema, este último se acercó a la doctora, medio entusiasmado por la audiencia y ella al sentir su cercanía, alargo su mano tocando su pecho y dejando al ufólogo pasmado y con los ojos abiertos como huevo de frito.

Brennan quería sentir por mano propia como estaba acentuado su hueso maxilar, omoplatos y esternón.

Cuando estaba por negar, que si bien el hombre estaba para comérselo, no era como su esposo…

Si tengo que hacer una comparación entre tú y Booth… te quedas corto mi estimado conspiracionista, pues Booth tiene… Satisfactorias… - las palabras habían muerto en su boca, cuando vio entrar a su marido por la puerta del hueco ese. Ella estaba con las mejillas rosadas pegada al pecho de Mulder que si no la sostenía, la veía caer como ficha de domino al piso por lo borracha que estaba.

Presente

Temperance Brennan jamás se había sentido entre la espada y la pared, ¿Así se sentía la gente cuando hacía cosas que no debía?, ciertamente Dana era una especie de mentora y ciertamente Mulder no era para nada de su gusto, pero las relaciones humanas eran aun complejas para ella. El nivel de comunicación que logro llegar a tener con Booth, se debe principalmente a que ella lo deseaba con toda su racionalidad, Booth no era la demás gente, Booth no le haría daño, Booth era único entre todos.

Aunque debía reconocer que en estos últimos tiempos, ella había estado más al pendiente de los casos y de los chicos que de su marido.

Booth jamás se quejaría del poco tiempo que le estaba dando... Pero eso no le impedía sentirse... ¿culpable?

- ¡Por haberte tenido olvidado! ¡Por dejar que muriera el amor! Por haberte negado mi mano! - Brennan no podía creerlo y se encontró con la boca abierta de espanto mientras escuchaba la estrofa delatando sus íntimos dilemas. ¿Había escuchado bien?

- ¡Por favor no te sientas culpable... Culpable soy yoooooo! - Ahí sí que se sintió en el ojo del huracán, entre la seudo traición con Mulder y el pensar más en su carrera y en ser madre que mujer, amante y esposa, Temperance se iba derritiendo en el sillón de su escritorio, cocinándose a fuego lento en la hoguera del remordimiento.

- ¡Culpable soy yo... Culpable soy yoooooo! – La voz se acercaba a la puerta de su oficina.

- ¡Si maldita sea! ¡Está bien! ¡No tienen que rimármelo con poesía para entender lo que hice! -No se dio cuenta que había gritado sola como demente hasta que Daisy entro con cara de "¿y ahora que hice?" a su oficina.

- ¿Todo bien, Dra. Brennan? Lo siento si le molesto la canción - dijo bajando los ojos y con una mueca de niñita castigada - Es que mi Lance se está preparando para la fiesta del Hoover y canta por todos lados, así que supongo que me contagio la fiebre musical.

La escritora recordó la maldita cancioncita de Lance en el sótano y palideció... Todo se prestaba para dar a entender lo peor.

El alejamiento súbito aun antes de empezar a trabajar con Asuntos Paranormales, la oportunidad cerca de otro macho alfa, el abrazo, la cercanía, ella toqueteándole el pecho a Mulder en plena borrachera, el tequila, ¡el maldito tequila!... Reprimió un grito en la revelación. Su esposo tampoco era una santa paloma, Booth iba a matar a Mulder en cualquier momento.

- ¡Oh Dios me siento como Helena de Troya! – Pegó de súbito la cabeza en el teclado de la computadora, dejando que esta comenzara a emitir un pitido que convino a la perfección con alguien que entraba cantando.

- ¡Me engañaste! ¡Me mentiste! ¡Me dijiste que no lo querías y lo conseguías! ¡Me usaste! ¡Y seguiste no solo en su vida como compañía! ¡Me fallaste! ¡Me pediste que espere por ti y hoy te quedas con eeeeeel! - Jack Hodgings ingresa con su bella voz de tenor a la oficina de la ya muy aturdida mujer de los huesos.

- ¿Dra. B? ¿Qué te pasa? ¿Porque esa cara? ¡Parece que hubieras matado a alguien sin querer! – esbozó el hombre con toda la simpatía que cargaba, hace solo unos minutos la había pasado descriteriadamente bien, con su esposa en la cama de Cleopatra.

- ¡No si puedo evitarlo! - dijo cogiendo sus cosas y saliendo como rayo al sótano del Hoover, dejando a su interna y su amigo entomólogo con un palmo de narices y pensando que el espécimen arácnido que se había fugado en la mañana, había picado a su amiga.

- Y yo que venía a decirle que ya tengo las pruebas biológicas del caso para Booth... - lo pensó un momento y luego se le ilumino el rostro - ¡iré a dejárselo al Hoover a G-Man!

Brennan iba a mil por hora en su Piryus Azul.

Si Mulder seguía con vida, tenía que explicarle que rayos le dijo a Dana para esa invitación a cenar tan convenientemente sospechosa...

Y debía hablar con Booth, sí eso haría primero, ir al cuarto piso y asegurarle que él era el único hombre en su vida y que nadie podría ni soñar en ocupar su lugar, aun después de muerto… Para luego pasar a los hechos y comérselo vivo sobre el escritorio de la oficina de Crímenes Mayores.

¡Que le importa si le impedían el pase dentro del FBI por impúdica! Ella amaba a su marido en cuerpo y alma y francamente en este momento y con las situaciones desesperadas en las que estaba metida, le tenía sin cuidado donde lo demostraba. Iba a recuperar la confianza de su esposo y punto.

Skinner era por decir lo menos un hombre paciente... oh sí.

Debió serlo durante todos los años que tuvo como agentes a cargo a Dana y Fox, siempre habían sido una pareja única, unos verdaderos hijos de su madre cuando deseaban encontrar la verdad y así era bueno, donde los dos se ponían a trabajar simplemente el señor y la señora Spooky daban increíbles resultados. Aunque también debía reconocer que aunque los alejaran de los archivos X, siempre en sus asignaciones se encontraban con algún caso raro y esta vez, no fue la excepción.

Pero considerando los avances tecnológicos y las nuevas alianzas de FBI, era un tremendo aporte ocupar a la doctora Brennan en algunos casos del departamento de asuntos paranormales, así que sin mediar la problemática que esto podría desatar, habló a Hacker y pidió en préstamo a la científica. Solo que jamás se imaginó que después de tantos años, tendría a Dana Scully, a la Reina del Hielo, con un ataque de celos nivel Dios, en frente de su escritorio.

Dígame sub-director, ¿desde cuándo avala romances dentro de las instalaciones del FBI? – soltó la pelirroja sin pensar en la respuesta que recibiría.

Desde que te tengo a ti y a Mulder en el sótano – esa respuesta no la vio venir de su ecuánime jefe, por unos instantes le dio un poco de vergüenza y se quedó sin saber que decir a ciencia cierta, pero se recompuso inmediatamente y contratacó con fuerza.

Mi relación con agente Mulder, se dio mucho después que dejáramos el FBI... usted lo sabe perfectamente – respondió cínicamente, a sabiendas que la primera vez que se besaron fue para el año nuevo del año 2000.

Si, si... lo que usted diga agente, ahora si no tiene nada más que decir con respecto al caso, le pido que vaya a tomar algo que le baje la ansiedad - sinceramente el hombre no sabía que decir, Scully jamás se salía de su libreto, pero ahora era una mujer enamorada y celopata. Suspiro viendo cómo se alejaba la mujer sabe Dios a donde.

Debía avisarle a Mulder o terminaría siendo un X file de los buenos o una nueva osamenta en la sala de Huesos de la doctora Brennan.

Como nunca lo pensó el agente Especial Seeley Booth, como desearía estar ahora en ese sótano con su esposa y no ahí en su linda oficina del cuarto piso, talvez pediría un cambio de piso.

Ese fue el último pensamiento antes de ver pasar por afuera de su puerta a una pequeña enana pelirroja, de altos tacones y que dejaba una estela de frio sepulcral.

¿Has visto? – Escuchó decir a una secretaria – La leyenda era cierta, la reina de Hielo ha regresado – No supo si era buena, o mala señal.

¡Me has enseñado tú… Tu haz sido mi maestra para hacer sufrir, si alguna vez fui malo lo aprendí de ti! - ¿Pero qué demonios estaba pasando aquí?, Entraba el loquero a su oficina, cantando a voz en cuello una canción de Alejandro Sanz. Otra vez... otra vez Lance... maldita sea la hora en la que se le ocurrió cantar al condenado loquero, respiró intentado calmarse

¡Lance, gran hijo de tu madre! ¿Pero porque te la pasas cantando por los rincones del Hoover? ¿Qué es esto? – pregunto voz, en voz de súplica.

¡Oh agente Booth!, solo estoy practicando para el Cheker Box, ya sabe, anoche le pregunté – Y era verdad, lo llamo única y exclusivamente para eso. Seeley no lo recordaba porque la escenita del sótano acaparo totalmente su atención.

Está bien Sweets, solo procura no cantar esa canción por ahora – miró la diana que tenía preparada en su escritorio, se iría a dar una vuelta por la sala de tiro, la fotografía de Fox Mulder era muy buena para practicar.

¡Escandalo, es un escándalo! – Sweets salió corriendo en tanto Booth tomó su arma de servicio y se disponía a vaciar el cargador en su cabeza.