Disclaimer. Los nombres de los personajes siguen perteneciendo a Stephenie Meyer. Pero los Edward, e Isabella de esta historia son míos, creados para vuestro disfrute.
Capítulo 2
DE PENSAMIENTOS ...
E.P.O.V
Cuando llegué a mi apartamento me tumbé directamente en la cama con una sonrisa de oreja a oreja, estaba exhausto y emocionalmente agotado. Ni siquiera me desnudé, solo saqué su pañuelo de mi bolsillo y lo apreté con fuerza contra mi nariz y mi boca...
Cuando me desperté era de noche, estaba aturdido, debía haberme quedado dormido nada mas acostarme. Hacía meses que no dormía tanto y tan seguido, sin pesadillas ni sobresaltos. Me sentía extrañamente relajado y tranquilo. Opté por una buena ducha y me preparé algo de cena. Vi una película y me tumbé en el sofá. Me quedé nuevamente dormido, tampoco hubo pesadillas ni sobresaltos, su pañuelo estaba en mi mano. Esa fue la tónica del fin de semana, salir a correr, comer, descansar, leer, dormir, no pensar...
Con la llegada del lunes volví a mis obligaciones. Fui a clase por la mañana y adelanté mi entrenamiento en el gimnasio, quería llegar pronto a casa y procesar todo lo que había pasado el sábado para decidir qué iba a hacer de ahora en adelante.
Por un lado estaba eufórico y contento. Ella era algo nuevo en mi vida. Se había mostrado como una persona dulce, compasiva, desinteresada, tranquila, aparentemente en paz con ella misma y con el mundo. Alguien capaz de emocionarse con la belleza de las cosas más sencillas y naturales pero también con el sufrimiento de los demás. El hecho de que se hubiera fijado en mi y mis heridas, en mis estados de ánimo, el que deseara mi felicidad, que quisiera cuidarme y curarme con ternura y delicadeza, que ella me mirara como si yo realmente le importara y fuera alguien digno de su atención y devoción, me ponían de manifiesto que ella era una persona especial, esencialmente buena, un ser luminoso y vital capaz de hacer resurgir en mi la esperanza de una mejor vida. El sentimiento ya olvidado de la amistad y la confianza en los demás, la esperanza de una existencia normal, apacible, con mi trabajo, mi chica, mi familia, mis amigos...sin peleas, sin odios, sin violencia, sin mezquindades ni intereses espurios. Alguien como ella, podría llevarme de nuevo de regreso a la vida tal y como yo la había planeado antes de Rose. Ella era el rayo de luz que necesitaba para indicarme el camino de vuelta.
Por otro lado, no quería hacerme demasiadas ilusiones. Su actitud hacia mí me hacía pensar que existía una predisposición por su parte a conocerme, que yo le gustaba y le interesaba, pero... ¿Y si solo era algo físico? ¿Y si solo era pena? ¿Y si intentaba acercarme más y ella no quería? ¿Y si ella me temía? ¿Cómo no iba a temerme? Estaba seguro de que la intimidaba. Si yo viera a alguien durante dos meses siempre lleno de heridas, solo, ocultando lo más posible su rostro, ni siquiera me acercaría, pondría distancia de por medio.
Yo era un bonito envase pero lleno de veneno, el contenido era tóxico.
No tenía nada para ofrecerle a cambio de su cariño y su amistad, solo problemas. Yo no sabía si sería capaz de confiarle mis problemas y mi situación, si sería capaz de confiar realmente en otra persona, si le importaría lo suficiente como para no salir corriendo ante semejante panorama, si no me utilizarían de nuevo, ...a lo mejor solo quería acostarse conmigo y nada más. Joder, no quería volver a pasar por eso.
Realmente mi alma estaba enferma, todas estas reflexiones únicamente me demostraban que me había vuelto un cabrón egoísta, si aquí alguien necesitaba a alguien y estaba pensando en utilizar al contrario era yo. La veía como una tabla de salvación en medio del océano, me quería aferrar a ella porque estaba agotado de tanto luchar, ella era lo único parecido a algo bueno que me había pasado en casi dos años y encima desconfiaba de ella. Lo tenía que intentar, ella me gustaba, muchísimo, tenía que ser sincero con ella, era mi gran oportunidad porque presentía que era alguien inusual, única y especial, me parecía alguien fuerte a pesar de su aparente fragilidad, como un talismán contra la adversidad. Y además, la deseaba.
A pesar de que en mis estudios volvía a funcionar y comenzaba a retomar mi carrera profesional, moralmente estaba arruinado, mi cabeza y mis sentimientos estaban jodidos, muy jodidos. Desde aquel fatídico día de mi venganza sexual con Rose, no había vuelto a estar con ninguna mujer, lo había intentado con una compañera de la universidad, pero cerré los ojos y solo vi a Rose debajo de mi y me entraron ganas de vomitar, mi erección y mi libido se vinieron abajo.
Únicamente mi cuerpo respondía, aunque aún con timidez, cuando la veía a ella los sábados en el parque. Desde el primer momento que la vi me pareció muy bonita. Después, sábado tras sábado, cada la vez la iba encontrando mas irresistible, cuando desaparecía cerraba los ojos y la imaginaba conmigo en una enorme y blanquísima cama, acariciándonos despacio, besándonos despacio, amándonos lentamente, delicadamente...y no veía a Rose.
El sábado cuando vi que no aparecía me inquieté, mi estómago se revolvió de pensar que tal vez nunca volvería a verla, pero cuando apareció ante mí, con ese halo de belleza y bondad que la rodeaba, mi corazón comenzó a latir furiosamente y mi entrepierna también. La evidencia de que aun era capaz de tener sentimientos por alguien me hizo derribar parte de mis barreras y permitir que entrara a asomarse. Deseaba que llegara a mi corazón y me tocara, necesitaba sentirla y deseaba tocarla yo también. Ver su mano apoyada delicadamente en mis heridas, tocar la suave piel de su muñeca, besar sus dedos y rozar la comisura de sus labios, fue como una experiencia mística que me hizo levitar y ascender los primeros peldaños de una luminosa escalera hacia el deseo. Después de eso, necesitaba seguir subiendo esa escalera, deseaba llegar al final de ella y encontrarme allí con Isabella.
Tras evocar este último recuerdo, de repente un claro de luz se abrió en la oscuridad de mi mente, ahora lo tenía claro. Quería a Isabella en mi vida, la deseaba, la necesitaba.
No iba a ser fácil, tenía muchos demonios que matar, sacar esqueletos y fantasmas de mi interior. Mi corazón, mi alma y mi mente eran como una mansión del terror llena de armarios, pasillos y recovecos. Era hora de abrir puertas y ventanas, tirar paredes y reformar la casa, instalar la luz, pintar interiores y fachadas y acondicionarla para sus nuevos inquilinos, Isabella y el nuevo Edward. Sabía que eso llevaría tiempo y esfuerzo pero, ¿quién dijo miedo? Era joven, inteligente, tenía un futuro por delante, no podía decepcionar a los pocos que lo habían dado todo por mi, que me habían ayudado, mis padres, Jake ...sobre todo no podía decepcionarme a mi mismo. No podía pasar toda la vida lamentándome, detestaba la autocompasión porque eso llevaba irrevocablemente a la desidia y la falta de acción, era hora de volver a luchar, era un luchador nato, no solo era capaz de romper caras, también podía romper recuerdos. Y debía empezar por Rose.
El resto de la semana me dediqué a deshacerme de todo lo que aun mantenía de ella en mi apartamento: fotos, libros, regalos que ella me había hecho,... rompí todos los recibos de su estancia en la clínica que aún guardaba, jamás se los iba a reclamar, no deseaba recordar lo que me había visto obligado a hacer por ella. La bilis comenzó a subir y bajar de nuevo por mi tracto digestivo e intenté calmarme, sólo unas pocas peleas más, solo unas pocas y volvería a intentar ser dueño de mi mismo, otra vez, sin necesidad de dañar a nadie más.
Establecí tres objetivos primordiales en mi hoja de ruta:
- Olvidar definitivamente a Rose, ya no la amaba, no la echaba de menos, pero la seguía odiando por todo lo que me había hecho y el odio me agotaba emocionalmente, si quería forjar una nueva vida debía eliminar todos mis sentimientos hacia ella.
- Asesinar en mi última pelea ilegal a la bestia inmisericorde que se había forjado dentro de mi, el último puñetazo que diera debería ser para protegerme de mi adversario y para aniquilar al tipo deshumanizado, inmisericorde y violento que habitaba en mi interior. Eliminando el odio y las deudas ya no habría excusas para la ira, solo debería seguir el camino trazado, arduo pero camino al fin.
- Y acercarme a Isabella, sincerarme con ella, lograr su confianza y su compañía, traerla a mi vida, ganarme su corazón y hacerla participe de mi deseo.
Con esta auténtica revolución en mi vida encaré mi semana hasta el sábado. Algo en mi interior me decía que ella no me iba a fallar, que no me iba a decir que no por lo menos hasta que empezará a desnudarle mi alma.
El viernes se desencadenó una imponente tormenta sobre la ciudad, mi pelea fue tan violenta como los truenos que restallaban en la noche , mi oponente me había pillado con la guardia baja, estaba distraído, desconcentrado, pensando en mi reencuentro con ella. Jake me tuvo que llamar la atención dos veces para que me concentrara. El efecto Isabella comenzaba a filtrarse por mis poros. Intenté defenderme lo mejor que pude sin querer inflingir demasiado daño a mi adversario, pero él me cascó de lo lindo, estaba claro que una cosa eran las buenas intenciones y otra la bondad del contrincante. Así que procuré noquearle rápidamente antes de que me dejara la cara como un mapa, no quería asustar más de lo debido a Isabella.
Solo quería salir de allí corriendo y llegar al parque, necesitaba verla, acercarme a ella, tocarla, pero me aterraba el hecho de que ella no fuera, de que se hubiera echado atrás, que la hubiera asustado con mi acercamiento.
Apremié a Jake para que curara mis heridas, me duché y salí de aquel tugurio como una exhalación rumbo al parque. Pero antes, cogí su pañuelo y lo até alrededor de mi muñeca. Era como una señal que quería que ella viera, para que supiera que la había echado de menos y que la estaba esperando.
I.P.O.V
Durante toda la semana me enfrasqué concienzudamente en mi trabajo y en mis obligaciones personales. Puse al día todos mis papeles, limpié la casa a conciencia, podé, regué, coloque y arreglé las plantas dando a mi terraza un nuevo aspecto. Ordené mi armario de arriba a abajo, también mi biblioteca, mi fonoteca y mi videoteca colocando por orden alfabético todos los títulos. Todo lo que fuera necesario para que no quedara libre un solo segundo de mi tiempo que pudiera dedicar al libre pensamiento.
El problema era cuando caía rendida en la cama, aun no había apoyado mi cabeza en la almohada y ya estaba dormida. En ese momento, el recuerdo de Edward aprovechaba cualquier rendija de mi subconsciente para colarse en mis sueños.
Solo había visto sus ojos durante cinco malditos minutos y eran mi paraíso perdido, volvía a ellos una y otra vez, preciosos, grandes, de un color tan intenso que te cortaba la respiración, sus pestañas largas y negras, cada vez que parpadeaba era como si coquetearan con mi corazón…y esa mirada, tierna, dulce, arrebatadora…pero con un matiz de dureza y desarraigo que a priori pasaba desapercibido, aunque sospechaba que habitaba en sus pupilas con carácter permanente.
Sus ojos me miraban en mis sueños, fijamente, con ternura a veces y con odio… otras.
Pero lo que se repetía continuamente en esos mismos sueños , como un tic nervioso, eran sus labios pasando fugazmente una y otra vez por la comisura de mis labios, casi sin rozarme pero produciéndome escalofríos de placer y de miedo al mismo tiempo.
En diez escasos minutos a lo largo de varios sábados una sombra compleja y bella había desencadenado una turbia tormenta en mi apacible y simple vida, si bien es cierto que desde el primer sábado que le vi, sentado en ese banco del parque, llorando, se desató mi curiosidad y compasión por él, ahora no sabia exactamente que se había desatado tras nuestro primer contacto. Me provocaba sentimientos contradictorios.
Por un lado, un sentimiento de piedad y afecto desmedido. Su tristeza y sus heridas me desgarraban, pensaba en sus ojos y en como me miraba cuando le curaba y mi instinto me decía que él no podía ser malo. Simplemente era un hombre que sufría, y sufría atrozmente, era como si le hubieran privado del aire, de la luz y del derecho a disfrutar de una apacible vida y ser feliz, como si no estuviera acostumbrado a recibir gestos de cariño, me recordaba a los perrillos que han sido abandonados y golpeados, era como si tuviera miedo a confiar en las personas, miedo incluso al contacto físico. Era obvio que no estaba rodeado de afecto, de ahí su reacción ante mi pequeño gesto de empatía y ternura hacia él. El hecho de que me dijera que mi sola presencia le tranquilizaba, que le hacía bien, confirmaba mis sospechas de que le habían hecho mucho daño y necesitaba serenidad, el hecho de que besara la punta de mis dedos como un acto reverencial me hacia pensar que estaba falto de cariño, el hecho de que se llevara mi pañuelo y deseara volver a verme, que se hubiera acercado por fin a mí enseñándome una pequeñísima fracción de su yo, llenaba mi corazón de optimismo. El necesitaba imperiosamente a alguien en quien confiar, que le cuidara y escuchara y ese alguien podía ser yo.
Pero por otro lado, me atemorizaba iniciar ni siquiera una simple relación de amistad con él, algo me impedía confiar plenamente. Proyectaba violencia, oscuridad, desconfianza, una actitud perturbadora, me intimidaba su sola presencia, siempre escondido bajo su capucha y sus gafas de sol. A pesar de su belleza su aspecto tenía algo siniestro, parecía un luchador, un púgil. Estaba claro que se apellidaba problemas, era obvio que esos golpes sábado tras sábado en su cara no presagiaban una vida normal. Sus posturas y ademanes, su llanto del primer día en que le vi, su desconcierto ante mi actitud, todos esos signos eran un indicador luminoso de una vida cuajada de problemas, serios problemas. Necesitaba conocerle, deseaba saber quien y como era, el porqué de esos golpes, de esa tristeza, de esa pesadumbre, pero me aterraba la respuesta. No sabía si estaba preparada para lidiar con ello. Su oscuridad me atraía en la misma proporción que la necesidad de cuidarle y protegerle, con la misma intensidad que su belleza. Yo era ahora una mujer valiente y fuerte acostumbrada a luchar por mí misma, pese a mi aspecto frágil, no me asustaba ni amilanaba fácilmente. Mi empatía hacia los seres que sufren, los atormentados... y mi carácter compasivo, me empujaban con fuerza hacia él.
Pero tampoco me podía engañar y ahora venía lo mas espinoso. A pesar de todas mis reticencias y recelos, Edward había hecho aflorar en mí un intenso deseo, me moría porque me tocara. Desde el primer día que le vi, me llamó la atención, ejercía una extraña fascinación sobre mí. Cuando me descubrió su cara y sus ojos me dejó anonadada, nunca había visto una belleza tan devastadora, pero desde el preciso instante en que él cogió mi muñeca y besó, con esa devoción, la punta de mis dedos, yo era otra persona, desde que sus cálidos labios habían rozado fugazmente la comisura de mi boca, mi piel se enardecía con su mero recuerdo . Estaba claro, mis sueños eran el escaparate de mis deseos y el mostrador de mis dudas.
Necesitaba respuestas, necesitaba acercarme a él. Y... que locura, necesitaba que me tocara de nuevo.
El viernes por la noche hubo otra vez tormenta, el ambiente asfixiante previo a su desencadenamiento se enroscaba en mi garganta….en mi cuerpo, estaba nerviosa, tenia miedo, estaba expectante….y deseosa.
No pegue ojo en toda la noche así que a las seis de la mañana estaba en la ducha preparándome para esa especie de cita, mis diez minutos semanales en el parque habían pasado de ser un momento tranquilo y de relajación personal al que acudía todos los sábados confiada y feliz, a ser algo que me tenía ansiosa porque me daba miedo pensar con cuantas heridas vendría esta vez. Me daba miedo pensar como o quien se las hacía, o aun peor que no viniera porque le hubiera pasado algo. También me daba miedo que me ignorara, su rechazo, que no me volviera a mirar ni a tocar con esos largos y delicados dedos, con la tibieza de sus labios.
Así, con los nervios enroscados por todo mi cuerpo como una hiedra, salí corriendo rumbo al parque, sabía que era demasiado temprano, seguro que él no habría llegado todavía, pero necesitaba verle y que él me viera, que supiera que estaba allí esperándole, dispuesta a conocerle y cuidarle.
FIN DEL SEGUNDO CAPITULO.
Bueno ha tardado pero ya ha visto la luz este capítulo, el siguiente será un poco mas largo y vendrá muchísimo antes. Espero que os guste.
Sección de agradecimientos: Como no, a mis queridas La Rosa de Rosas y Elena GL, beta y resignada pre-reader respectivamente. A Ssil Agau por el maravilloso banner que me ha regalado para esta historia. A Ely por deambular siempre conmigo en el salón de los pensamientos perdidos y las ideas locas.
A todas mis amigas y a las chicas que me han apoyado con sus comentarios, mensajes y alertas: Lou, Kira, Nani, Carmen, Partisan Once, Belewyn, Ninna Riva, JustSu, Albadolores, Vero Cullen, Vicbek, Dukkessa, Dog Rebel, Enichepi, Nora Bells, Nessie Masen, Ini Marvel, Crismery, Karla Cullen, Ale Javi, Claudi 17, Dulce Fresia, Camile Elizabeth Cullen, Nere 73, Caro Bere Cullen, Maricoles, Vane santos, Caniqui, May Cullen, Danii Belliner, Sita, Lore 562, Herms Malfoy Granger, Sylea, Me 3, Despatz y a las chicas de Amigas por RP y Dr. Cullen Save Me. Mi mas sinceras disculpas si no puse el nombre de alguien, soy nueva en esto y me despisto. En cualquier caso, GRACIAS a todas.
