II
Neville gastó mucho de su tiempo durante la siguiente semana haciendo cosas para sentirse mejor. Visitó sus plantas en el jardín y en el pequeño invernadero que su abuela había construido para él años atrás. Su abuela había atendido y mantenido admirablemente su jardín, pero el invernadero era otra historia.
La mayoría de las plantas del invernadero estaban completamente muertas, imposibles de ser revividas con agua o por algún medio mágico. Esto deprimió a Neville de volver a trabajar con las plantas que había atendido con amor en lo que parecía otra vida. Sin embargo, una pequeña parte de si mismo estaba esperanzada en que si todas aquellas plantas retoñaban significaría un nuevo inicio.
Estaba aliviado de haber encontrado algunos tallos de Ivy amarrilla los cuales habían crecido con vitalidad. Era casi noviembre y estaba agradecido de que el invierno no hubiera llegado con fuerza, por lo que pudo obtener unos buenos tallos para George. Los plantó en una pequeña caja para cargarlas fácilmente atraves de la red Floo y las puso en el marco de su ventana donde permanecerían hasta el sábado. A ratos se encontraba a si mismo observando la planta y pensando en George, preguntándose lo que el chico había vivido y el como se había sentido.
Las noche todavía eran malas.
Neville aún sufría de serios ataques de insomnio. Todos aquellos cálidos sentimientos del día se disipaban rápidamente en el atardecer y se encontraba a si mismo, cada noche, impávido en su cama, observando el techo con visiones de los cuerpos de Tonks, Lupin, Colin Creevy, Fred Weasley, y todos los demás cruzando por su mente. Cuando se cansaba de observar el techo, el chico se volvía hacía alguno de los lados, observando las desnudas paredes, o apreciando la puerta de la habitación. Cuando esto no lo ayudaba a dormir, ponía su almohada sobre su rostro y apretaba hasta que sus mejillas le quemaran y no pudiera aguantarlo más. Entonces removía su almohada dando grandes bocanadas de aire. Casi siempre después de hacer esto, se levantaba y salía de la casa para tomar una caminata para aclarar su mente. Generalmente volvía a su cama antes del amanecer, caía rendido y menos de cuatro horas después se despertaba para tomar su desayuno.
El noche del viernes anterior a la del viaje a Hogsmeade con Ron, Neville le preguntó a su abuela si podría hacerle una poción para dormir. Mirando el rostro de su nieto, cadavérico después de seis meses de luchar con sus demonios internos, y con profundas ojeras bajos sus ojos, ella no pudo negarse.
Su abuela no era fanática de los pociones para dormir, porque creía que ellas curaban un síntoma, pero no las causas de dichos desvelos. Sin embargo, era lo suficientemente astuta para saber que sólo el tiempo podría curar las causas del insomnio de su nieto. Mientras eso sucedía, si necesitaba una pequeña asistencia para tener un sueño decente cada cierto tiempo, ella no iba a privarlo de ello. Además, observándolo trabajar en el jardín y el invernadero, estaba segura que seguía el camino de recuperación y que muy pronto no necesitaría ninguna ayuda para dormir.
De esta manera el viernes en la tarde, cuando las luces de la casa apenas se encendían, Neville se acostó y su abuela le brindó la poción. El chico la bebió y en unos minutos fue consumido en un glorioso sueño libre de imágenes. Durmió como nunca antes lo había hecho.
El sábado llegó nublado y frío pero con la luz del sol brillando. Neville se despertó después de nueve horas de sueño, sintiéndose tan descansando como no podía recordar sentirse en más de un año. Incluso antes de la guerra había tenido problemas para dormir. sentir miedo de ser atrapado mientras estaban en la sala de los menesteres del colegio no le propiciaba una larga noche de descanso.
Se sentó e su cama, bostezado, desperezándose y moviendo su cabeza en círculos, trabajó con ella hasta que escuchó un chasquido en su cuello. Recordó su planta puesta en el alfeizar de la ventana y se levantó inmediatamente. Hoy era el día. Hoy iba a entregarle la planta a George. Y también ir a Hogsmeade. Pero primero, George y su planta.
Neville se vistió rápidamente y corrió escaleras abajo. Su abuela estaba preparando el desayuno, y le regaló una gran sonrisa.
—¿Buena noche?—. Preguntó
—La mejor—. El chico se dirigió a ella y le dio un beso en la mejilla. —Gracias por la poción abuela.
—Necesitas esto.
Deslizó los huevos cerca del pan en un plato que estaba listo con tostadas y rebanadas de melón. Le tendió el plato a Neville. Él comenzó a devorar su desayuno.
—Hoy voy a volver al callejón Diagon—, le dijo a su abuela. —Le llevaré algunas plantas a George Weasley quien podría necesitarlas para uno de sus productos. Entonces iré con Ron a Hogsmeade, donde nos encontraremos con Harry, Ginny y Hermione.
—Eso es realmente excelente, Neville. Estoy tan contenta de verte salir—. Su alegría era increíble.
Comieron en silencio hasta que sus platos quedaron limpios. Entonces Neville recogió su plato fue al fregadero y empezó a lavarlo.
—Vete—. Le repuso su abuela posando su mano en su hombro. —Yo limpiaré. Tú vete a encontrarte con sus amigos.
Neville corrió arriba, se lavó sus dientes y se observó en el espejo. Ciertamente él se había visto mejor, pero ya no se veía tan terrible. Se observó el cabello, ahora tan crecido que llegaba cerca de sus hombros. Corrió sus dedos por el cabello pensando que podría dejarlo largo. Solamente tenía una cicatriz visible en su mejilla, recuerdo de los abusos de los hermanos Carrows. Corrió sus dedos sobre ella y suspiró, recordando todas las veces que había sido castigado por Amycus, quien solía usar un anillo cuadrado con la marca tenebrosa. Neville sabía de sus otras cicatrices, una de ellas en su espalda. Pero para alguien que lo observara sólo lograría ver una pequeña cicatriz en su mejilla. Las cicatrices decían mucho de los Carrows, al menos habían utilizado el cerebro y le habían dejado marcas en lugares que cubría la ropa, sin contar por supuesto, con las cicatrices emocionales.
—¿George?—. Llamó Neville y caminó dentro de la tienda de Sortilegios de los Weasley.
La puerta de la oficina se abrió y George Weasley pasó por ella. El sonrió ampliamente cuando notó que era Neville. Era todavía muy temprano en la mañana y Neville era el único en la tienda. George lo invitó a pasar atrás y el chico lo siguió.
En la pequeña oficina, Neville puso la caja con el Ivy amarillo en el escritorio y con una pirueta de sus manos dijo:
—Aquí está, el Ivy amarrillo.
—Brillante—. Dijo George. —¿Cómo funciona?
Neville carraspeó.
—No tengo idea como funciona para humanos. Pero las personas que usan esto para los pájaros toman los botones los secan, pulverizan y los ponen dentro de las comidas de las aves. Así que supongo que sólo debes usar los botones. ¿En quien vas a probarlo?
George le regaló una mirada de loco.
—Conmigo por supuesto. Fred y yo siempre probábamos los productos en cada uno de nosotros primero.
Neville no dijo nada por un momento, pensando en Fred.
George continuó
—Por supuesto ahora necesitaré a alguien más. Tú sabes, en caso de que algo salga mal. ¿Qué piensas acerca de esto Neville?—. George parpadeó un poco y cuando lo hizo, el corazón de Neville dio un vuelco.
—¿Tu quieres que probemos juntos esto?—. Preguntó. Sus ojos se abrieron sólo un poco.
—¡Claro!—. George estaba todavía sonriendo y mirando directamente a Neville a los ojos. —Alguien tiene que hacerlo. Ron no confía en mi. Alguien debe aventurarse conmigo, alguien que me conozca y confíe en mí.
Neville rió por lo bajo y George continuó.
—Pero tú Neville, tú no sabes la mitad de lo que soy capaz de hacer.
En aquel preciso momento, Neville contestó:
—Seguro. Yo te ayudaré a probar éste material contigo—. Estaba ansioso por ver la mitad de las capacidades de George.
—Excelente—. Contestó juntando sus manos. —Vamos a comenzar.
Apenas salieron aquellas palabras de su boca, Ron llegó del apartamento de arriba. Tenía un pedazo de tostada en la boca.
—¡Hey, Neville!—. Dijo. Trozos de tostada salieron de su boca.
Mantuvo su dedo en alta hasta que finalmente tragó. Cuando masticó el último trozo preguntó:
—¿Listo para irnos?
—Oh, si. Claro.
Temporalmente se había olvidado del asunto de Hogsmeade, y su ansiedad súbitamente retornó. Se volvió hacía George.
—Me detendré de nuevo aquí más tarde, antes de irme a casa.
George cabeceó y le entregó una pequeña bolsa en la mano.
—Polvos Floo. Para cuando te sientas enfermo de estar mirándolo—. Apuntó hacía Ron. —Y para cuando Hermione suelte cantaletas y Harry y Ginny se pongan muy animosos. Entonces tú podrás venir aquí.
Neville cabeceó, manteniendo su mano extendida hacía George. Él la mantuvo así hasta que Neville se alejó. Al salir el chico pudo mirar de nuevo a George.
Ron le ofreció su hombro, Neville guardó la bolsa de polvos Floo en su bolsillo y se agarró. En un segundo se sintió presionado hacía la oscuridad antes de aparecer en el centro de Hogsmeade.
—¡Ron! ¡Neville!—. Llamó una voz excitada.
Ambos voltearon para ver a Hermione Granger corriendo hacía ellos, su cabello castaño despeinado por el viento. Ron abrió sus brazos, pero Hermione corrió derecho y envolvió a Neville con un abrazo de oso. Ron carraspeó.
Lágrimas corrían por el rostro de Hermione.
—Neville, te hemos extrañado—. Su voz se volvió un susurro. —¿Que has estado haciendo?—. Demandó.
Neville se soltó un poco de su abrazo.
—Culpándome—. Le susurró en la oreja. —Pero no le digas a nadie. Déjalos pensar que estaba teniendo fantásticas aventuras.
Hermione suspiró y rió por lo bajo, sin dejarlo ir todavía.
—¿Estás bien?—. Preguntó. Su voz se filtró lentamente, mientras sus dedos corrían sobre la cicatriz de su mejilla.
El corazón de Neville se encogió.
El toque de Hermione era confortable, había sido bendecido con su amistad.
—Estoy en eso—. Le aseguró.
Cuando finalmente se separaron, Neville miró alrededor y vio a Harry y Ginny caminado rápidamente hacía ellos, tomados de la mano y sonriendo.
Neville los abrazó y cambiaron saludos, mientras iban de camino a las tres escobas, que a esa hora de la mañana no estaba tan atestado de estudiantes como lo estaría a la hora del almuerzo. Neville pensó en el cabeza de cerdo y se dijo que debía ir a visitar a Aberforth en algún momento.
Tomaron una mesa en una de las esquinas y Hermione fue a la barra a ordenar cervezas de mantequilla para todos. Neville estaba disfrutando el momento y la relajante conversación, aunque no se sentía completamente bien. Se preguntaba como Harry Potter podía levantarse cada mañana. Después de todo, Harry se había enfrentado a cosas peores que él. Había perdido a su padrino y muchos buenos amigos: Remus, Tonks y Fred, por nombrar algunos. Y parecía manejarlo todo de la mejor manera. Neville se preguntó acerca de la forma en que las personas manejaban los traumas.
George no estaba bromeando acerca de que la relación de Ron y Hermione fue construida en momentos difíciles y de que Harry y Ginny no podían mantener sus manos lejos del otro. Incluso cuando Harry le explicaba a Neville sobre la investigación histórica que estaba realizando de cada bruja y mago enterrado en el cementerio de Godric Hollow, buscaba maneras de mantener un constante contacto físico con Ginny; sosteniendo su mano o agarrando sus brazos de manera posesiva o incluso jalando las puntas de su cabello. Quizás eso era. Quizás tener ese tipo de pasión por otra persona motivaba a Harry a salir de la cama cada mañana.
Después de diez minutos, Luna Lovegood entró en el tres escobas.
—¡Luna!—. Clamó Hermione. —Ven y siéntate aquí.
Hermione movió su cuerpo para hacer un lugar a la derecha de Neville.
—Hola Neville—. Dijo Luna. —¿Cómo te estás sintiendo?
—Un poco mejor esta semana, Luna—. Neville sonrió. —¿Cómo estás tú?
—Oh, tú sabes. Las cosas son básicamente iguales.
Hermione intercedió.
—¿Neville sabías que Luna fue nombrada prefecta? ¿Y que tiene las más altas notas en herbología?
Neville alzó sus cejas.
—¿En verdad? Bueno, es muy impresionante—. Contestó educadamente.
—Luna—, Hermione persistía, —¿tú sabes que Neville siempre ha tenido un interés especial en herbología?
—Si, lo sabía—. Dijo Luna serenamente.
Ella se volvió hacía Neville.
—Yo pienso que Hermione desea que tengamos una conversación sobre herbología, Neville.
Todos en la mesa rieron y el rostro de Hermione se volvió rosa. Incluso Neville rió, pensando que era obvio lo que Hermione estaba haciendo, y aquello lo hizo sentir incómodo. Ella realmente deseaba que él y Luna salieran juntos. Entonces podrían ser un pequeño six-pack. Tres adorables y cariñosas parejas. Pero eso nunca sucedería. Luna no era su tipo.
Neville suspiró y Luna se volvió hacía el y lo invitó a la barra. Se levantaron, y Neville notó como había un brillo de deleite en el rostro de Hermione.
Neville se llevó su cerveza de mantequilla y pidió otra cerveza para Luna cuando se terminaron de acomodar en las butacas de la barra, tan lejos de la mesa como les fue posible.
—Yo pienso que Hermione quiere que nosotros seamos una pareja—. Comentó Luna con la misma calma con la cual siempre hablaba.
Sus observaciones directas hacían que muchas personas se sintieran incomodas, pero Neville siempre las había encontrado encantadoras y placenteras. Luna tenía la cualidad de hacer sentir a la gente como debían sentirse, y no como deberían hacerlo. Su cualidad de ser completamente honesta hacía sus conversaciones muy interesantes.
—Puedes tener razón—. Dijo Neville.
El puso uno de sus dedos en el cuello de su cerveza de mantequilla y se concentró en el liquido restante de su botella.
—Pero no te ofenderías si no te invito a una cita, ¿cierto?
—No. No me ofendería. De hecho sé que eres gay—. Dijo Luna simplemente.
Neville puso su botella en la barra y se volvió hacía ella.
—¿Cómo es posible que tú sepas eso? Nunca se lo he dicho a nadie.
Luna le sonrió.
—No tenías que haberme dicho nada para saberlo. Yo sólo presto atención a mis amigos, y noté que nunca mirabas a ninguna chica bonita. Pero observabas más de una vez a los chicos apuestos. Algunas veces más de dos.
Neville se sonrosó.
—Bueno, eso es muy característico de ti. ¿Crees que alguien más lo haya notado?—. Trató de sonar calmado.
—No. Hermione no podría notarlo a menos de que recientemente se haya leído un libro llamado "Comosabessiunmagoesgay" o algo así. Ella es inteligente, pero le falta un poco de perspicacia. Y Ron y Harry… bueno… tú sabes que los chicos heteros no son muy detallistas. Me preocupa sin embargo Ginny. Podría saberlo. Pero ella últimamente no piensa en nada más que en Harry y el Quidditch.
—Siii—. Neville cabeceó. —Buena suerte a esos dos.
Se pusieron a observarlos por un momento, acaramelados en una esquina, mientras Ron y Hermione permanecían ligeramente juntos uno del otro. Neville notó cuando la mano de Ginny desapareció bajo la mesa rumbo a la pierna de Harry.
—Harry le dejó a Ginny la capa de invisibilidad y el mapa del merodeador y se escapa de la escuela un par de noches a la semana para encontrarse con Harry en la habitación del segundo piso del cabeza de cerdo—. Comentó Luna mientras seguían observando a esos dos.
—¿De verdad?—.
A Neville le fascinó aquella información. Él había sido muy cercano a Ginny durante el séptimo año. Ellos dos habían sido el blanco favorito de los Carrows, quienes estaban convencidos de que Ginny y Neville sabían donde estaba Harry Potter.
El chico se volvió hacía Luna, y por la esquina del ojo vio a Harry y Ginny levantarse. Volvió la vista y los vio caminar fuera de las tres escobas, con una saludo hacía ellos. Neville les devolvió el saludo y sonrió.
Bien por Ginny, pensó Neville, contemplando la posibilidad de contarle a George aquello o no.
George.
Neville realmente quería regresar con él.
—Espero que no te ofendas si me voy ahora Luna.
—No vas a irte a deprimir de nuevo.. ¿O si?— Preguntó.
Incluso sus preguntas eran muy honestas.
—No—. Negó con su cabeza. —Voy a ir a ayudar a George Weasley con algo.
—Oh, eso es bueno—. Luna bebió de su cerveza de mantequilla. —Dile a George que le envío saludos. Yo voy al Caldero Chorreante, creo que una colonia de jóvenes escarabajos espinosos rondan por allí. Quiero encontrarlos.
Neville se despidió de Luna y la beso en la mejilla.
Por primera vez en mucho tiempo mientras Neville salía, no sintió aquella conocida presión en sus hombros.
La tienda estaba a reventar con los típicos compradores de fin de semana cuando Neville regresó. George estaba en el mostrador, realizando algunas cuentas pero notó inmediatamente cuando Neville atravesó la puerta. Hizo un seña con su mano, pidiendo al chico esperar un momento.
Neville caminó por el almacén, sonriendo ante los recuerdos que le causaban muchos de los productos para la venta, cajas mordedoras, pigmeos rosados y otros más. El chico notó que Angelina Jonson estaba detrás del mostrador ayudando a George. Se preguntó si habría algo entre ellos dos. Los pensamientos de Neville corrieron sin querer al ocasional encuentro que habían tenido Angelina y Fred en la esquina más oscura de la sala común de Griffindor.
Pasaron algo más de veinte minutos hasta que finalmente el gentío se disperso. George salió de detrás del mostrador.
—¡Neville! ¿Tan rápido regresaste?
Neville cabeceó.
—Fui y los saludé, pero no tenía mucho que hacer por allá.
George sonrió.
—Vamos.
Invitó a Neville a seguirlo hacía la oficina detrás del mostrador. Cuando llegaron allí, George tomó el Ivy amarrillo y caminó escaleras arriba hacía su apartamento.
—Angelina puede cuidar la tienda por un rato.
—¿Cómo está Angelina?—. Preguntó Neville esperando obtener algo de información sobre la naturaleza de la relación que George mantenía con ella.
George balanceó su cabeza.
—Bien. Ella siempre ha sido muy activa y viene aquí a ayudarme cuando Ron no puede.
Aquella no era el tipo de información que Neville estaba buscando, pero decidió dejarlo así. Lo siguió hasta el final de la escaleras.
En la cima de las escaleras había una puerta de estilo antiguo. Obviamente tenía su puerta sin seguro, porque abrió la puerta apenas giró la manija. Neville cruzó aquella puerta y observó alrededor. El lugar era una larga y cuadrada habitación, había en ella una acogedora chimenea donde unas pocas brazas todavía chispeaban. Un sobrecargado sofá rojo se hallaba frente a la chimenea. El resto de cosas de la habitación se hallaban apiladas sobre una gran mesa de trabajo en una larga columna que parecía basura vista de lejos. Allí habían algunas plantas secas, escarabajos y dixxies disecados, elementos sospechosos, empaques y cápsulas vacías, hojas de trabajo y otra cantidad de piezas similares. Todo ello se hallaba cubierto por una capa de polvo, lo que le sugirió a Neville que Ron había estado en lo correcto al decirle que George no había estado trabajando es sus productos.
—¿Te gustaría tomar un tour? Preguntó George.
—Seguro.
—Ésta es mi habitación de trabajo, Obviamente.
Neville siguió a George a lo largo del pasillo lejos del cuarto de trabajo. George abrió la primera puerta.
—Éste es el despacho.
Abrió la segunda puerta.
—Ésta es mi habitación—. George cerró rápidamente la puerta y no le permitió una buena ojeada a Neville.
Entonces George abrió la tercera puerta.
—Ésta es.. era la habitación de Fred.
El pasillo se terminó en una puerta que mostraba una brillante y soleada cocina. George empezó a buscar en los cajones de los cubiertos y finalmente sacó una copa y un mortero.
—Debería mantenerlos siempre en mi mesa de trabajo—. Dijo pensativamente. —¿Así que… que vamos a hacer?—. Dijo George después de haber regresado al cuarto de trabajo y haber removido con su varita el polvo de la mesa.
—Ni idea—. Admitió Neville.
—Bueno…—. Expresó George afablemente. —Sólo debemos arriesgarnos a la prueba y el error, ¿Correcto?
Y empezó a arrancar los botones de la Ivy amarrilla y triturarlos con el mortero en la copa. En instantes un claro líquido amarillo empezó a salir de los botones.
—¿Se supone que esto debe sucedes?—. Preguntó George a Neville.
Neville soltó una carcajada.
—Ni idea.
George no pudo resistirse y se rió también.
—Correcto entonces.. supongo que yo seré el primer conejillo de indias—. George le dio a Neville un cronómetro. —Toma el tiempo en cuanto se tardan mis plumas en caer.
George tomó una de las cajas de cremanario de debajo de la mesa y la abrió. Tomó una profunda respiración "Aquívamos" murmuró y se tomó toda la caja en un instante. Masticó lentamente, y aún con la boca llena dijo:
—Tiene un sabor realmente bueno.
Y se cubrió de plumas amarillas en todo su cuerpo.
Neville pulsó el botón del cronómetro. Ambos se mantuvieron en silencio. Después de dos minutos y treinta y siete segundos las plumas empezaron a caer y George estaba libres de ellas veinte segundos después.
—¿Algunas personas se quedan emplumadas?—. Preguntó Neville
George cabeceó y abrió otro cremanario.
—De acuerdo, el tiempo otra vez.
Neville reseteó el cronómetro y esperó mientras George comía la segunda crema. Por segunda vez en aquel día, plumas amarillas cubrieron el cuerpo de George. Ésta vez inmediatamente después de tragar la crema, coló el contenido de la copa y lo vertió directo en su boca, haciendo horribles gestos en el proceso. Tan pronto como George tragó aquel líquido, las plumas empezaron a caer de su cuerpo.
Neville detuvo el cronómetro.
—¡Cuarenta y dos segundos!—. Exclamó el chico. —Caray George… Yo creó que funcionó.
George saltaba arriba y abajo.
—¡SI!—.
Tomó a Neville de sus hombros.
—Lo hicimos Neville.
Se acercó al chico y le plantó un húmedo beso en los labios.
Neville estaba tan asombrado que no tuvo tiempo de devolverle el beso. El beso terminó unos pocos segundos después y George dio la vuelta y volvió a su trabajo sobre la mesa, hablando rápidamente como un maniático.
—Nosotros podríamos hace algo, ¿Tú sabes? Con esta Ivy amarilla. Pienso que debería llamar a los compradores que tuvieron problemas con las plumas y ofrecerles algún incentivo dorado para que vuelvan a probar el cremanario con Ivy amarilla. Quizá podría ofrecerme a pagar por sus estadías en San Mungo si no funciona. Es mejor obtener más Ivy amarilla supongo.
En el momento en que George ya balbuceaba, Neville se acercó a la puerta. Se recostó en la puerta mientras se paseaba los dedos sobre los labios. ¿Qué exactamente había significado aquel beso de George?
Cuando George se tranquilizó, notó el nerviosismo de Neville. Entonces habló desde la mesa de trabajo
—Lo lamento Neville.
Lo dijo en un susurro y Neville no estuvo seguro de haberlo escuchado correctamente.
—Está bien—. Neville le contestó con una voz tenue y quebradiza, haciéndolo sentir avergonzado. —Tengo que irme—. Habló un poco más alto.
George se volvió hacía él.
—¡NO! Espera… Lo lamento… yo solo… no lo haré de nuevo. ¿bueno?
—¿Acaso eres...?—. Neville no pudo continuar.
—¿Qué?—. George repentinamente miraba a todas partes menos a Neville.
—¿Te gusta eso? ¿Te gustan los tipos?
El sonrojo en el rostro de George fue tan inmediato que dejó a Neville fuera de guardia. Cabeceó comprensivamente.
—Oh…—. Neville habló lentamente.
Se escuchó a si mismo diciendo: ¡Yotambién!.Luna fue la primera persona a quien se lo admitió. No pensó que lo tendría que admitir de nuevo tan rápidamente.
—Creo..—. Dijo George.
Ambos se mantuvieron allí, congelados en el momento. No hablaron, sólo se miraban uno al otro. Las manos de George en sus bolsillos mientras se mecía adelante y atrás. Neville todavía estaba recostado en la puerta. Ambos querían decir algo, pero estaban aterrados de decir nada.
—Así que…—. Dijo George.
—Así que… —. Repitió Neville.
Se miraron a los ojos y empezaron a reír en medio de la incomodidad. Neville decidió hacer algo completamente extraño viniendo de él. Sólo habló.
—Puedes hacerlo de nuevo.. bueno, si tú quieres.
—¿Si?—. Preguntó George.
—uhmmmm… —. Neville cabeceó.
—Muy bien, entonces.
