Mai Notes: OMFG! xD gente, así de verdad verdad… no pensé que se acordaran de mi vil existencia, ni MENOS que esperaran mi regreso ; ; son lo más bonito de este planeta, lo digo en serio. Muchas gracias por el recibimiento que tuvo mi nueva parida, y bueno, sé que Byakuya está bastante OOC pero ya no lo puedo volver a encasillar en un rol serio, no después del destrozón que le di en "7 Days of Love" . además las cosas no se vienen sencillas, no no noooo… más de alguna querrá matarme por la horrible revelación de este capi, pero bueno… ya se compondrán las cosas así que… ¡paciencia xD y mesura en sus pensamientos sádicos! Que si muero ya no hay más fic ni lemon ni ná.
Agradezco los primeros reviews de esta retorcida historia: Raven Granger, RukiaxUchiha, tsubaki-nee-chan, Wafffles, yoxxa, LadySc -Maaya-, Euphrasie Elessar, lilith, Shiro-Chappy, fairy amatista, aLeKuchiki-zr, metitus, Sakura-chan, Ariadnai, Hikari Evans y Ghost iv. Me encantan sus comentarios y sus alerts :) trataré de contestar directamente si es que me da el tiempo, si no, igual les doy las gracias por aquí… ya iré mejorando estas irregularidades con el tiempo xD.
Disclaimer: Bleach no es mío y asdf… -pain- ;O;
Session II
Fatídico
Había salido de su casa dos horas antes de lo previsto. En llegar a la consulta del doctor se demoraría 20 minutos, así que tenía que dar vueltas y más vueltas hasta hacer tiempo durante una hora y cuarenta minutos.
—Soy una soberana estúpida, no sé ni lo que hago —se recriminó Rukia, sin saber cómo ocupar todo ese tiempo.
Pensó por un rato en ir a ver a Renji. Luego se dijo que no tenía ningún caso ver lo mal que le había dejado. Pero el lado que pesaba con la conciencia le recomendó hacerlo, darle una buena explicación por su cobarde acto del día anterior y hacer las cosas como corresponde.
—Sí, eso suena más propio de mí que seguir huyendo.
Pasó los quince minutos más angustiosos de la vida mientras caminaba en dirección al departamento de su ex. Hundió el dedo en el timbre igual que el día anterior, y por un momento deseó escuchar el silbido que usaba para reconocerla. Pero nada sucedió. Tras unos tres toques más, Rukia se rindió. ¿Qué habría pasado? ¿Estaría de ánimo nulo, y por eso no quiere ver a nadie?
Comenzó a alejarse, y no había dado diez pasos cuando una mujer la detuvo.
—Si busca al señorito Renji, creo que llega tarde.
Rukia puso cara de panoli. ¿A dónde habría ido?
—Ayer me entregó las llaves del departamento y me dijo que lo pusiera en venta. Se marchaba con maletas y todo, no quiso decirme dónde. Insistió en que él se contactaría para saber cómo iba todo.
—Oh, gracias por avisarme —respondió la morena, sin inmutarse un pelo. —Ya averiguaré la manera de encontrarlo.
Y siguió caminando.
Bueno, le había destrozado la vida a trece hombres antes, pero esta era la primera vez que, verdaderamente, lo sentía.
Decidió llegar temprano a la consulta de Kurosaki, después de todo.
.·oOo·..·oOo·..·oOo·..·oOo·.
Sentada en la sala de espera de la clínica Kurosaki (un nombre MUY original teniendo en cuenta que la mayoría de los médicos de allí se apellidaban así, lo había comprobado en recepción, donde estaba el listado de especialistas), parecía que el tiempo transcurría más rápido.
Y fuera de toda expectativa, la enfermera la llamó veinte minutos antes de la hora designada.
Rukia la siguió, pensando que ella iba a conducirla hacia lo del médico, pero…
—¿No sabe llegar? —le preguntó ésta, con tono molesto.
—Es mi primera visita. —se excusó ella.
—Se nota, de otro modo sabría que la oficina del doctor Kurosaki se encuentra fuera de este recinto.
—¿Cómo? No entiendo…
—Ah, dios… Sígame.
La morena hizo lo que la odiosa y antipática enfermera le pidió. Y para su sorpresa cruzaron un largo pasillo muy propio de clínica, doblaron hacia la izquierda, luego hacia la derecha y salieron hacia un jardín inmenso. También lo cruzaron de punta a cabo y, tras una arboleda, encontraron una amplia oficina, bastante oculta y ajena a todo el ajetreo de la ciudad, de la calle y hasta de la propia clínica.
—Ahí —indicó la mujer de blanco.
—Gracias.
Bastante poco agradecida, Rukia engulló la distancia que la separaba de la puerta. Y luego de un par de toques, entró.
La estancia era de un blanco inmaculado, iluminado. No era un recinto especialmente espacioso, pero algo en el ambiente le hacía parecer acogedor, en cierto modo. Un escritorio, un diván, un sillón, algunos estantes y muchos papeles diseminados por todos lados eran el inusual decorado de la salita, y Rukia ya estaba empezando a preguntarse dónde estaban las paredes acolchonadas y las camisas de fuerza, cuando una voz profunda y afable le habló, llamando su atención.
—Siempre es bueno tener una paciente puntual… —fue el saludo que Kurosaki Ichigo, un hombre de menos de treinta años, con el pelo naranja chillón y una sonrisa entre burlona y acogedora, le brindó. —Bienvenida.
Rukia miró al médico pasmada. Se había imaginado a un anciano con barba, lentes y pipa. Esa era su idea aproximada de un psicólogo que se precie de tal, así que la primera visión de su nuevo terapeuta la dejó algo decepcionada.
Aunque en realidad… este igual estaba bueno. Bueno para otras cosas… no para ser psicólogo, no sé si me entienden. Sonrió brevemente, tal vez las sesiones no tenían que ser necesariamente una tortura…
—¿Esperabas a alguien más viejo? —inquirió él, al ver la cara de su paciente.
—N-no, no es eso, es que…
—Bueno, yo también tenía en mi mente a alguien mayor… Byakuya me dijo que tenías problemas con tu matrimonio, ¿no?
"¡Maldito hermano!" pensó la Kuchiki, enfurecida. ¿No podía haberse guardado el detallito?
—Yo no estoy casada. —siseó ella. Había decidido hacerse un tratamiento con el mejor de los ánimos, pero ya estaba pensando que iba a ser un pelín más vergonzoso de lo presupuestado.
Y si a eso le sumamos un ligero enojo salido de quién sabe dónde…
Bueno, sí se sabe de dónde. Cuando vas y tienes un problema más o menos estúpido, vergonzoso, que no puedes solucionar por ti misma, esperas contar con alguien; ojala tu mejor amigo, un vecino, un compañero de trabajo… Pero ahora, a la humillación de requerir ayuda especializada, tenía que sumarle ser sincera con este churrazo. Mala cosa.
—Bueno, siéntate y me cuentas —dijo el hombre, agarrando unos papeles. —Kuchiki Rukia… ¿Puedo llamarte Rukia?
Ella le miró feo.
—¿Puedo llamarte Ichigo?
—Desde luego.
Maldito hombre. No se dejaba vencer. Bueno, si estuviera dispuesto a perder, no sería terapeuta.
—Entonces llámame Rukia, si eso te hace tan feliz.
—Me hace inmensamente feliz —respondió él, notando la antipatía de la chica. —Ahora cuéntame, ¿Cuál es el problema si no estás casada? Tu hermano me dijo que…
—Sí, sí, ese tonto Byakuya no puede callarse nada. —pegó un suspiro. Debía retomar su buena disposición hacia el tratamiento. —Le tengo fobia al matrimonio. —dijo, así sin más.
Ichigo la miró sorprendido.
—Normalmente son hombres los que vienen aquí diciendo que tienen fobia al matrimonio, y que temen que sus mujeres se transformen en brujas desquiciadas y celópatas… —expresó. —¿Y por qué ese temor?
—No sé —contestó escuetamente.
—Algún antecedente podrás darme, ¿no? Cuéntame algo.
"¿Algo? ¿Tan sólo ALGO? La que te voy a contar…"
—He pateado a catorce hombres. Casi todos me han propuesto matrimonio. —Rukia decidió sincerarse de todo lo que le había pasado, desde que escuchó por primera vez aquella palabra tan infame de los labios de un hombre. —Las primeras trece veces fue fácil, supongo que no había estado verdaderamente enamorada… Pero ayer terminé con mi último novio, y me dolió hacerlo. Lamento que me haya pedido matrimonio, de no ser por eso…
—¿Aún estarías con él?
—Por supuesto. Creo que Renji ha sido el primer hombre especial en mi vida.
Ichigo anotó unas cuantas cosas que Rukia prefirió no saber. Ese hombre estaba haciendo inventario de su vida, y eso le desagradaba bastante.
—Cuéntame cómo era tu relación con el tal Renji. —pidió amablemente.
—Pues… entretenida.
—Mmmh… ¿Algo más especifico?
—No. Con decirle que era entretenida basta.
—¿Te sentiste amada?
—Claro.
—¿Y por los trece novios anteriores?
—También. No me quejo por eso.
El hombre siguió anotando. La paciente se sentía invadida, pero todo era por el bien de una futura victima.
—¿Tuviste relaciones con Renji? —preguntó Ichigo sin arrugarse un pelo.
Claro, para él estas cosas eran pan de cada día, pero Rukia prefirió hacer como que no había escuchado o, al menos, quiso pensar que el médico no se refería a lo que ella estaba pensando.
—¿A qué tipo de relaciones se refiere? —inquirió, con pánico de tener que contarle a Ichigo las increíbles cosas que hacían Renji y ella en la cama. Empezó a divagar, recordando cómo las poderosas manos de su ex novio se manejaban de manera experta y posesiva con su cuerpo, siempre innovando alguna cosita que le agregara picardía al asunto. Que en la ducha, que en el baño, que encima de la lavadora, con ropa, sin ropa, con disfraces, con látigos y mucha cuerina de por medio…
Mierda, empezaba a hacer calor.
—Relaciones sexuales, claramente. —acotó el médico, dudando mucho de que su paciente no hubiera comprendido la pregunta. Llevaba la palabra SEXO escrita en neón en la frente, la muy cochina.
—N-no tengo por qué contarle esas cosas. ¿Tienen algo que ver con mi diagnóstico acaso? —Rukia iba levantando la voz a medida que iba escandalizándose.
—Por supuesto —dijo el pelinaranja, con ojo clínico. —Me sirve para descartar algún indicio de tendencias lésbicas…
Ah, no. Eso Rukia no iba a soportarlo.
—¿P-perdón? —dijo, con la voz temblando de ira. —¿Insinúa que soy lesbiana?
—No he dicho eso, Rukia. Estoy barajando posibilidades.
—¡¡Maldita sea, hablemos en serio, Kurosaki!! ¡Estoy pagando para que soluciones mi problema, no para que barajes idioteces! —gritó al fin ella, indignada.
—¿Podrías hacerme el favor de calmarte? —dijo tranquilamente él, sin perder un poco siquiera los papeles. —Viniste aquí buscando soluciones, y mi trabajo es indagar en tus antecedentes para encontrarlas. ¡Y yo también soy un hombre serio!
—Pues no lo parece…
—Dios… de verdad que me cuesta creer que catorce hombres hayan querido casarse contigo…
—¡Fueron diez, joder!
—Ajá. ¿Y los otros cuatro? —pregunta capciosa.
—…Los deseché antes de que llegaran a eso —aclaró ella, intentando calmarse. —Eran odiosos. Como usted.
—¿Te parezco odioso?
—Claro. Al igual que esos cuatro, usted no es mi tipo.
—Perfecto. ¿Cómo te gustan los hombres, Rukia?
—Al contrario que usted.
—No pensé que fueras de gustos mediocres…
—Y yo no pensé que fueras tan majadero… —se inclinó hacia la ventana, para ver si los pajaritos y los árboles le traían un poco de tranquilidad.
Respiró hondo. A Rukia no le gustaba perder el control de las situaciones, y este hombre había conseguido sacarla de sus casillas… Tal vez sí había sido un error venir.
Pero mientras estuviese sentada en aquel sillón, iba a demostrarle a ese engreído medicucho quién era ella, por qué los hombres la deseaban y le pedían compartir la vida entera.
—Basta de hablar de mí. Preguntas muchas estupideces. —volteó de nuevo hacia él y le clavó su mirada más intimidadora y sexy.
Tenía la necesidad de hacer que ese animal con bata de psicólogo se rindiera.
—Oh… ¿quieres hablar de mí entonces, eso insinúas?
—Justamente. Dime, ¿tienes novia?
—Afirmativo, señorita Kuchiki. —bien por él, pensó Rukia. —Olvide preguntarte algo. ¿Quieres sentarte en mi puesto mientras me interrogas? Y yo me ubico en el diván.
—No, gracias. Puedo dominarte desde aquí, Kurosaki.
—Bueno, siga preguntándome.
—A ver… bueno, tienes novia. A nadie le falta dios… Cuéntame, cómo es ella, qué edad tiene, cómo se llama, cosas así.
—¿Planeas sicopatear a mi chica?
—No. Es sólo que yo ya te conté mucho de mí y quiero saber algo de ti, es todo. ¿No se puede?
—Desde luego.
Le empezaba a molestar esa frase. "Desde luego", sonaba tan clínica, tan precisa… no daba pie a nada más, y encima, era afable.
Rukia odió a Kurosaki Ichigo entonces, desde luego.
—Bueno, te escucho.
—¿Qué quieres saber primero, Rukia?
Ella pensó una respuesta. En realidad no estaba ni ahí con la vida del estúpido que tenía delante, pero por cotillear, le preguntó la edad y el nombre.
—Inoue Orihime. Tiene dieciocho años.
Rukia dejó escapar una exhalación de sorpresa.
—¿Dieciocho? ¿Y cuántos años tienes tú? ¡De seguro eres un maldito viejo pervertido! —espetó, a ver si conseguía hacerlo sentir mal.
Pero no. Ichigo seguía impasible como siempre.
—No soy un maldito pervertido —se excusó, de manera afable. —Es una leve diferencia de edad que a nadie le importa.
—¿Cuántos años tienes, viejorro?
—Veintisiete. Pero no me digas viejo, eso duele.
—¡Veintisiete! Eres un maldito pedófilo, tal vez tú necesites más ayuda que yo…
—Hey, no me digas que nunca has estado con alguien menor…
Epa! Ichigo había dado en un punto.
—B-bueno… Renji era dos años menor que yo…
—Ajá, dos años…
—No mezcles mis peras con tus manzanas, Kurosaki. Dos años no son nueve.
—Y mis problemas no son los tuyos, y aquí yo soy el doctor. Retomaremos la terapia.
En aquel momento, un reloj despertador sonó estrepitosamente, interrumpiendo a los jóvenes.
—Pero tendrá que ser en una próxima sesión, no puedo darte más tiempo, Rukia.
—Claro, temes que te domine con mis preguntas.
—No es eso, es que tú no eres mi única paciente.
La chica se disgustó un poco. Ahora que comenzaba a gustarle eso de la conversación terapéutica, el viejo pedófilo va y la echa. Si es que todos los hombres son iguales… unos malditos cobardes, estúpidos e insensatos.
Y había ido a parar a la consulta del peor de todos.
Mientras ella pensaba, Ichigo había escrito en una receta la hora y la fecha de su próxima visita, y se la extendió a la paciente.
—Será un gusto verte de nuevo, Rukia.
—Lástima que no pueda decir lo mismo… —susurró ella, insegura de querer que el hombre la escuchara.
Agarró el papel airadamente y, de un portazo, se marchó.
Al fin podría respirar aire puro.
"Siento que vine a puro perder el tiempo" se dijo finalmente, mientras recorría de vuelta los recovecos de la clínica para hallar una salida a la bendita selva de cemento. "Hasta esos cuatro novios insufribles fueron tiempo mejor utilizado…"
Y mientras concluía que Byakuya tenía la culpa por recomendarle un terapeuta tan inepto, optó por botar la receta que le había quitado a Kurosaki a la basura.
No tenía planeado volver a pisar esa consulta por su propia voluntad.
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Ichigo había quedado sentado en el diván donde antes había estado Rukia. ¡Kuchiki Rukia, qué mujer más espantosa! Colérica y experta en malinterpretar acciones, no comprendía cómo habían hombres dispuestos a compartir toda una vida con ella.
Había terminado agotado, y las caóticas vibraciones que su paciente había depositado en la oficina no le estaban ayudando en mucho. Así que se dirigió a su escritorio y, pulsando el botón de un pequeño intercomunicador, preguntó cuántas pacientes quedaban por ser atendidas ese día.
—Dos. —respondió una voz femenina, precisa. —Una tercera canceló su cita ayer.
—¿Sabes qué, Karin? Cancélalas. Me largo. No soporto a ninguna loca más por hoy.
—Ooooh, muy profesional, doctor Kurosaki. ¿Algún teléfono donde pueda ubicarte? Digo, por si acaso…
—No.
Apagó el celular inmediatamente después, mientras se sacaba la bata y la tiraba por ahí. Necesitaba relajarse, respirar aire puro y distenderse de todo este ambiente psicótico.
—Pásame las citas mañana a la misma hora. Cambio y fuera.
—P-Pero Ichigo…
—Chaooooo, Karin.
Cerró el intercomunicador. Se le había ocurrido el panorama perfecto para entretenerse y darse tiempo de ser feliz.
Iría a ver a su novia. Después de todo, aún era temprano, podría convencerla de dejar el trabajo para más rato.
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Inoue Orihime era una chica normal y corriente con una vida algo peculiar. A sus dieciocho años era una mujer tremendamente madura y responsable, y es que realmente la vida no le había dado muchas posibilidades. Vivía sola en un departamento en el centro de Tokio desde que tenía uso de razón, aunque antes su hermano mayor cuidaba de ella. Pero él, lamentablemente, falleció en un accidente automovilístico, hecho que la dejó profundamente marcada.
Hubo un tiempo en que no quería nada con la vida. Veía pasar los días a través de una ventana desde su cama, sin ánimos de comer, ni de levantarse ni de respirar. Hasta que un día decidió que la cosa no daba para más, buscó en la guía de teléfonos el número del psicólogo que le quedara más a mano, y…
…Terminó enredándose con él.
Su vida cambió en 180 grados. Terminó la secundaria, y con ayuda de unos parientes lejanos, abrió una florería cerca de la consulta de su novio. Se metió a estudiar Técnico en Enfermería por consejo de él en horario vespertino, y así ha llegado el día de hoy. Día en que el trabajo ha cundido bastante y que la gente ha sido amable con ella; día en que salió a la acera a regar las macetas al sol, cuando vio llegar a lo lejos a su novio.
Lo reconoció a la distancia por el brillante cabello naranjo, igual al de ella.
—¡Ichigo! —salió gritando hacia él, con una amplia sonrisa en los labios. —¿Qué estás haciendo acá a esta hora? —preguntó, mientras él la tomaba de la cintura y se dejaba besar.
—Respiro aire… los pacientes andan más pesados que de costumbre hoy.
Ella le invitó a pasar mientras recogía la regadera.
—¿Mal día?
—No del todo, es sólo que… —se acordó de Kuchiki, la altanera que no tenía nada de paciente, pero que había acudido a su consulta en busca de ayuda profesional. Optó por guardarse el comentario acerca de ella, finalmente. —Hoy llegó una chica a mi consulta para tratarse una fobia.
—¿Algo muy complicado?
—Complicado no; más bien inusual —dijo el joven, sonriendo de medio lado. Le causaba gracia la bajita pelimorena esa. —Tiene fobia a casarse.
Orihime abrió mucho los ojos, al tiempo que también esbozaba una sonrisa más bien burlona.
—¿Hay alguna chica que tema al matrimonio? —preguntó, incrédula.
—Sí. Algunas no sueñan con el príncipe azul, ni con miles de hijos, ni con la cabaña en la pradera… —Ichigo empezó a enumerar en tono irónico para molestar a la muchacha.
Inoue era una de esas que creía en que el amor era para siempre y así de perfecto.
Y dándose cuenta de que su novio hacia hincapié en todas sus creencias ingenuas, le golpeó con el ramillete que estaba armando.
—¡Ouch! …eso dolió tremendamente.
—Seguro… —la colorina, al fin dejando su labor, le ofreció algo de beber a su novio.
Y pasaron a una especie de salita que había al fondo de la florería, donde usualmente se almorzaba.
—¿Qué tal tu jornada? —preguntó el médico, bebiendo un trago de jugo de naranja.
Era una de sus bebidas favoritas. Había terminado por identificarse con ese color que tantos problemas le acarreó en la juventud, puesto que nadie de común anda con el cabello así…
Pero ya qué más da, los adultos son algo más racionales y no se molestan por ese tipo de tonteras.
Los conflictos de la infancia, en más de una conversación, habían terminado por unirlo más a Orihime. No concibe otro modo para haberla llegado a conocer tan bien.
—No creo que haya sido tan mala como la tuya… —respondió ella riendo, mientras se sentaba sobre las rodillas del hombre. —Mucho trabajo, muchos encargos, nada especial.
—¿Almorzaste?
—Sip, un sándwich enorme de hamburguesa de soya, con tomate, palta, chucrut, pasta de judías, mayonesa, orégano, pimienta y salsa golf. —enumeró con los dedos, como si fuera lo más normal de la vida.
A Ichigo le resbaló una gota por la nuca. Sí, eso era almuerzo para Inoue.
—Y pensar que con esas cochinadas mantienes ese cuerpazo… —ella sólo se rió tímidamente, dándole un beso cariñoso en la mejilla.
—Pero si quieres llevarme a comer algo, según tú, más decente, pues… Dale, acepto.
Conocía bien la personalidad del chico. Las preguntas que hace siempre van con dobles intenciones, intentando averiguar algo más… Preguntas capciosas, como les decía él.
—¡Perfecto! —se levantó después de dar el último trago de su refresco. —Puedes cerrar el local por mientras, tardaremos mucho en regresar.
—Creí que tenías apenas un tiempo de relajo, no que habías terminado el turno.
Ichigo no dijo nada, sólo esbozó una sonrisa pícara. Le vio en el rostro algo de inseguridad, así que la rodeó con su brazo, mientras le acariciaba el rostro con la punta de la nariz, aspirando su fragancia a vainilla.
—No te preocupes… no pasa nada —susurró, mientras sentía que las manos de la chica se enredaban en su pelo color mandarina, provocándole escalofríos en la espalda.
Unos agradables y cálidos escalofríos… subiendo y bajando por toda su espina dorsal…
—Y si quieres… podemos tomarnos un aperitivo antes… —esbozó una sonrisa maliciosa mientras hacía su propuesta, cogiendo a la chica por las caderas y sentándola en la mesa.
—Me parece una buena idea… Kurosaki-kun.
Anda que le iba a parecer mala la idea... si la muy perversa ya jugueteaba con los botones de su camisa, intentando hacerla desaparecer, mientras que sus manos comenzabab a colarse por debajo de la falda de ella...
La tarde había empezado a caer recién.
Aunque, cuando ambos comenzaron a besarse, manoseándose bajo las recientes sombras, comprendieron que no iban a salir de allí en un muy, muy largo rato.
C o n t i n u a r á . . .
Tareas para el lector:
1.- Dejar un review hermoso. Hay mucho que comentar xD
2.- Votar en la poll de mi perfil. Sí, a las finales igual hice la poll con respecto al lemon de "7 Days…" y ya tiene 5 maravillosos votos a favor. ¡¡Sigan así! :D Me haré de rogar un poco, si todo sigue como hasta ahora, EL LEMON SERÁ SUBIDO JUNTO CON EL CAPÍTULO CUATRO DE ESTE FANFIC! Pero si quieren presionarme y esas cosas, la poll sigue vigente ;) so, mensaje subliminal: VOTEN! XD
3.- Esperar el próximo capi con ansias. Mira que si éste venía cargadito al desastre… el siguiente está que no vean. Actualizaré más o menos regularmente cada 10 días, les aviso para que estén pendientes y deseosos xD
¡Los quiero! ¡Besos!
Maichula.
